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Texto de globalizacion, Guías, Proyectos, Investigaciones de Globalización de Medios

Texto de globalizacionTexto de globalizacionTexto de globalizacionTexto de globalizacion

Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones

2025/2026

Subido el 05/05/2026

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34 LOS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN hombro al insobornable combatiente político que ha sido y sigue siendo a sus 70 años nuestro homenajeado hoy. Pues a ellos mismos les resultará mucho más difícil con. vertirse en paladines y apologetas de un orden económi- co-social injusto y miserable. le. 4 allas (2002), Los en > CHOMSKY, , Diúsules de la alobabrancion Ñ Bruclova - Awmel. CAPÍTULO 4 LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA?: EXCLUSIÓN SOCIAL, DIVERSIDAD Y DIFERENCIA CULTURAL EN LA ALDEA GLOBAL DoLoRs COMAS D'ARGFMIR La globalización: ¿unidad del sistema? Los términos que utilizamos no son neutros: evocan determinados aspectos de la realidad y no otros; tienen sentido en determinados contextos y no en otros, y así ocurre con el término globalización. Este concepto hoy se halla incorporado a nuestro lenguaje cotidiano y forma parte del vocabulario habitual de políticos, periodistas O académicos. Cuando Marshall McLuhan acuñó el térmi- no de «aldea global» eslaba expresando muy nítidamente el cambio de escala en la conciencia de cuál es el con- texto en que vivimos, y es que los medios de transporte, las nuevas tecnologías de la comunicación y la informa- ción, el sistema de mercado y los flujos financieros han hecho de nuestro planeta un solo mundo, en que todo se halla interrclacionado. El término globalización evoca la unidad del sistema y deja en un segundo plano las formas de poder y de desigualdad existentes en él a pesar de que, ellas también, cristalizan a escala mundial. Hace unos años se hablaba de «imperialismo» o de «subdesarrollo» y se ponían así en primer plano los mecanismos de do- 86 LOS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN minación política y económica que conforman la interre- lación entre sociedades. El cambio de acento resulta evi- dente y su sola constatación justifica que hagamos un en- sayo de deconstrucción del término globalización y que pongamos entre interrogantes una de las ideas-fucrza que evoca: ¿unidad del sistema? Esta reflexión surgió de forma inevitable cuando revi- saba los escritos de Noam Chomsky sobre lernas políticos y sociales. Y esto mismo me condujo a echar una mirada retrospectiva hacia el pasado porque me ayudaba a re- construir los cambios de contexto histórico y, con ellos, la genealogía de los conceptos que utilizamos. Recordé así los años en que estaba estudiando cn la Universidad de Barcelona, que es cuando tuve el primer contacto con la obra de Chomsky, Era finales de los sesenta y princi- pios de los setenta y vivíamos entonces los últimos ester- tores del franquismo, un régimen que nos había sustraí- do la capacidad de ser adultos como pueblo, siempre tutelados por la mano [érrea de los que se consideraban poseedores de la verdad y reprimían cualquier divergen- cia. Entonces el movimiento estudiantil estaba en pleno auge y actividad y los jóvenes universitarios ansiábamos respirar aires de libertad en el ámbito académico, el po- lítico y el personal. Buscábamos referentes más allá de nuestras fronteras y, por ello, nos ilusionamos con la «re- volución de los claveles» que reinstauró la democracia en Portugal y nos daba un hálito de esperanza, de la misma manera que nos deccpcionamos enormemente con los golpes de estado de Chile y de Argentina, que dieron lu- gar a nuevas dictaduras. Llegaron hasta nosotros los ecos del «maya del 68», y aunque era difícil conocer qué ha- bía ocurrido exactamente en las calles de París, nos iden- tificábamos con los valores que reclamaban los estudian- tes y constatábamos que sus movilizaciones habían logrado colapsar la mayor ciudad de Francia y mante- nían en tensión al gobierno del país. También fueron un referente importante en aquellos años los movimientos pacifistas desarrollados en los Estados Unidos contra la guerra de Vietnam. Nos llenaba de satisfacción compro- bar cómo el país más poderoso de la tierra estaba reci- | + : H k LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA? 87 biendo serias derrotas en la guerra, que iban acompaña- das de una fuerte contestación interna, encabezada por miles y miles de jóvenes que abogaban por la paz y por valores distintos a los hegemónicos. Es en este cantexto donde tomé contacto con la obra de Noam Chomsky. En las clases de Lingúística y de Se- mántica nos introdujeron a sus aportaciones a la pramá- tica generativa y a la teoría del lenguaje y nos destacaron su figura como lingúista y como filósofo. Me admiró comprobar poco después que este académico de primera fila se distinguía también por ser un activista político, lí- der de los movimientos pacifistas, autor de diversos es- critos de carácter histórico y político. En aquellos años corrían por nuestras manos (aparte de los textos de lin- gúística) un par de libros suyos que mostraban esta otra faceta de Chomsky: ¿Porqué estamos en Vietnam? y Co- nocimiento y libertad. Recuerdo especialmente las Con- versaciones con Chomsky, en que habla de la ciencia del lenguaje y expone sus ideas en torno a ideología y políti- ca, medios de comunicación y manipulación de la opi- nión pública en los Estados Unidos; y me interesó mucho en su momento la lectura de American Power and the New Mandarins y sus análisis críticos sobre al papel de los intelectuales. Me ha fascinado siempre (y actualmente va- loro aún más) esta capacidad de Noam Chomsky de com- paginar la vida académica y la política, por lo absorben- tes que son ambas y por lo difícil que resulta despuntar en cada una de ellas, y también que haya cultivado inin- terrumpidamente esta doble dimensión. Hay que desta- car que mientras Noam Chomsky continúa siendo una fi gura relevante de la lingúística, sus ensayos filosóficos y políticos ejercen por su parte una profunda influencia en el pensamiento social de la actualidad.! Me he referido a este contexto, el de los años setenta, porque entonces, cuando nos referíamos a lo que pasaba en el mundo, no utilizábamos el término globalización, sino otros. Hablábamos de «imperialismo» y en los ám- 1. Véanse en las referencias algunas de sus publicaciones más recientes relativas a temas políticos. 90 LOS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN este nuevo significado englobaba a toda una serie de pa- íses mucho más numerosos y diversos.* El concepto de «sistema mundial», por su parte, pro- cede de 1. Wallerstein (1979). Él considera que la expan- sión del mercado es lo que provoca la creación de una economía-mundo capitalista.¿ Su peculiaridad es que se trata de una unidad económica que integra múltiples sis- temas políticos y que, por primera vez en la historia, abarca toda la superficie del planeta. En un sistema de esta clase existe una extensiva división del trabajo, que no es meramente funcional, sino también geográfica. Las ta- reas económicas no se distribuyen uniformemente y esto conduce a una jerarquización del espacio, al intercambio desigual a través de la fuerza del centro que se impone sobre la periferia. Esta expansión geográfica se realiza por medio de la coerción política, la búsqueda de merca- dos y la búsqueda de mano de obra barata, llegando a producirse una verdadera polarización entre las distintas zonas del mundo. Wallerstein no fue el primero en plan- tear esta dinámica expansiva del capitalismo ni su reper- cusión mundial, pero su obra tuvo mucho impacto en el momento en que se publicó, al menos en los ámbitos aca- démicos, porque vinculó los planteamientos históricos con preocupaciones existentes en aquellos años, especial- mente las relacionadas con los procesos que contribuían a crear desigualdades a escala mundial. El concepto de globalización resalta la idea de inter- dependencia a nivel mundial. Esta interdependencia no es nueva, ciertamente, pero lo que sí es nuevo y sin pre- 4. Este significado predominantemente económico es el que actualmente se aplica al concepto de Tercer Mundo. Hay que se- ñalar que hoy tiende a substituirse por otras denominaciones, como «países empobrecidos» para eliminar el sentido jerárquico implícito a las denominaciones que incluyen términos numéricos. 3. Esta idea de que la economíia-mundo, de carácter capitalis- ta, se origina con la expansión del sistema de mercado es discuti- da por otros autores, que consideran que el capitalismo se funda- menta en las relaciones de producción y no solo en el mercado (Wolf, 1987). LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA? 91 cedentes es la amplísima escala que posee la intercone- xión entre sociedades, la inmediatez de la comunicación a distancia, así como el aumento exponencial de la rapi- dez de los medios de transporte. Todo ello ha significado una ruptura respecto a la forma de concebir y de organi- zar el tiempo y el espacio. Hoy concedemos mayor importancia a lo efímero que antaño, porque todo evolu- ciona muy deprisa; además, se ha ampliado considera- blemente nuestro universo de experiencias, ya que en po- cas horas podemos desplazarnos a cualquier rincón del mundo, en pocos minutos podemos ver en nuestros tele- visores sucesos ocurridos a miles de kilómetros y en po- cos instantes podemos conectar con alguien situado en nuestras antípodas. Hoy en día lo lejano está tan próxi- mo como lo cercano y la información que se genera cada día es ingente, tanto que un solo número del The Neve York Times contiene tanta información como la que podía acumular una persona del siglo XvII1 durante toda su vida (Ramonet, 1997). Esto ha producido sin duda una am- pliación enorme del campo de experiencias de la gente. Así lo expresaba uno de nuestros informantes en Ando- rra, refiriéndose al enorme cambio que había experimen» tado este pequeño país pirenaico: «Semblava que vivícn en un món molt gran iara, pues, amb tot aixó se'ns ha fet petit. Ha crescut per una part, perú se'ns ha fet petit per laltra.» A medida que aumenta la escala de referencia, el mundo resulta más pequeño, y esto va acompañado por la conciencia de pertenecer a un mismo mundo que nos engloba a todos. Así es como Roland Robertson (1992:8) define este fenómeno: «La globalización se refiere tanto a la compresión (el empequeñecimiento) del mundo como a la intensificación de que el mundo es una totali- dad». El término globalización denota algo que existe, cier- tamente, pero tenemos que reconocer que tiene un con- tenido mucho más «light», más «descafeinado» en com- paración con los términos anteriores. En efecto, la 92 LoS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN globalización evoca la unidad del sistema, como resulta- do de que se hayan incrementado las conexiones, lo que nos hace tener hoy a nuestro alcance cosas muy lejanas, y, por tanto, hay más proximidad, más sentido de comu- nidad, más reciprocidad. Es como una especie de idilio a escala mundial. Y el mundo no es asi. Hay deterrninados aspectos que quedan en un segundo plano y que son im- portantes para la comprensión de lo que sucede en esta «aldea slobal» en la que habitamos. En los próximos apartados me propongo comentar al- gunas dimensiones asociadas a la globalización que rom- pen con la idea de unidad del sistema. Intentaré mostrar que la globalización comporta: 1) la creación de desi- gualdades; 2) se manifiesta de múltiples formas; 3) in- crementa la reivindicación de la diferencia cultural. Y esto no es contradictorio con la existencia de interco- nexiones de alcance mundial. Hay un sistema unitario, es verdad, pero hay también desigualdades, diversidad y fragmentación cultural. Se trata de dos caras de la mis- ma moneda, dos partes constitutivas de una misma rea- lidad. Discutiré por último el dogma básico del neolibe- ralismo, a saber, la economía domina todo el sistema, para centrarme en el papel de la política como factor que define cl carácter y dirección de estos procesos. Desigualdades: la globalización ha incrementado la exclusión social La globalización implica que nuestras vidas están cada vez más influidas por hechos que ocurren lejos del entorno en que desarrollamos nuestras actividades. Todo el mundo forma parte de un único sistema, en el que todo está relacionado. Todos los pueblos del mundo forman parte de este sistema: incluso la existencia de tribus re- motas y ancladas en sistemas de vida primigenios debe explicarse en términos de sistema plobal, Veamos un ejemplo. En la provincia de Veraguas, en Panamá, viven diver- sas comunidades de campesinos mestizos empobrecidos. LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA? 93 Se trata de una región de bosque húmedo tropical y es- tos grupos practican una agricultura de tala y quema orientada a la autosubsistencia, que al cabo de unos po- cos años les obliga a desplazarse a otras zonas de la sel- va y a roturar nuevas parcelas. Al observador externo puede parecerle que estos grupos representan las típicas formas de vida tradicionales intocadas durante siglos, y que se hallan fuera de las corrientes de la globalización. Adentrándonos en la lógica de su existencia a partir del estudio realizado por Stephen Gudeman (1978), se des- cubren algunos aspectos muy significativos. Así, por ejemplo, resulta que las tierras que cultivan estas comu- nidades no son suyas, sino de grandes hacendados gana- deros, aunque antiguamente habían sido comunales. És- tos permiten que los campesinos vivan en sus tierras y que vayan abriendo nuevas parcelas por el sistema de ro- zas, obligándoles, a cambio, a sembrar hierba cuando de- clina la fertilidad, lo que les permite utilizarlas después como lugar de pasto para el ganado, La carne producida por las grandes explotaciones ganaderas se dirige a la ex- portación hacia los Estados Unidos. Así, aunque no lo se- pan, los agricultores panameños están conectados con los norteamericanos que consumen hamburguesas y, como ellos, forman parte también del sistema global. Podemos extraer algunas conclusiones de este ejern- plo. La economía de subsistencia de estas comunidades no es un rasgo prototípico de su particular cultura, sino una expresión de su relación desigual con los propieta- rios ganaderos, que son los que obtienen beneficios subs- tanciales a expensas de que quienes viven como indíge- nas se mantengan al límite de la supervivencia. Esta relación desigual (de clases) se inscribe en otra de alcan- ce más amplio, que también es desigual: la gran deman- da de carne de un país rico influye en lo que sucede cn los países o regiones pobres que la suministran (es lo que en antropología social se ha denominado como la «lesis de la hamburguesa»). Todo ello tiene repercusiones eco- lógicas negativas, puesto que la deforestación de esta zona de bosque tropical se produce de forma muy acele- rada. La degradación ambiental incrementa la pobreza 96 LOS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN existían antes sociedades totalmente independientes y aisladas. Ha habido en la historia de la humanidad mu- chos sistemas globales (Imperio Romano, la antigua Chi- na, o cualquiera de las grandes civilizaciones: andina, maya, azteca, india...). Lo que es nuevo es el alcance pla- netario de las conexiones. Es la expansión de la economía de mercado lo que le ha dado uma dimensión mundial y son los nuevos medios de comunicación y de transporte los que han hecho adquirir conciencia de globalidad. 2) La globalización no es un fenómeno constante ni homogéneo: avanza y retrocede. Es importante insistir en esta dimensión, porque de otra forma se transmite una imagen simplificada de un proceso que es muy complejo. Además, la expansión de la economía de mercado no solo ha afectado a las economías locales, sino también a la or- ganización social, las formas de vida y la identidad de los pueblos. Además, podría discutirse cuál es el nivel de abs- tracción que sitúa como parte de un mismo sistema glo- bal a sistemas económicos y sociales muy diversos. Wors- ley (1990), por ejemplo, discute que el Segundo Mundo, el bloque comunista, haya formado parte de la «econo- mía-mundo». Wallerstein (1974) o Godelier (1991a), por su parte, consideran que el capitalismo no solo ha absor- bido para su propia lógica distintos sistemas económicos y sociales, sino que además es hegemónico incluso para los que no ha logrado absorber, ya que necesariamente se confrontan con él y no pueden prescindir de él. 3) La globalización, ya lo hemos dicho, supone un in- cremento de las conexiones, pero éstas no son homogé- neas ni tienen la misma intensidad. Así, por ejemplo, el grado de conexión de los agricultores panameños es muy débil, si lo comparamos con quienes dominan los circuitos comerciales del mercado internacional de la carne, Éste factor se relaciona con los mecanismos que generan desi- gualdades y, con ellos, las formas de poder y posibilidades de aprovechar el sistema de oportunidades existente. Es muy difícil, por ejemplo, que un chamán amazónico pue- da llegar a patentar sus saberes; sí es posible, en cambio, que estos saberes le sean expropiados y que las industrias farmacéuticas los integren en los circuitos mercantiles. LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA? 97 4) Las conexiones son múltiples y de distinta natu- raleza. Debe pensarse más bien en flujos, en conjuntos de interconexiones que sobrepasan las configuraciones so- ciales. Podemos pensarlo, como sugiere Appadurai (1990), en forma de conjuntos, sin límites fijos ni delimi- tados, de alcance diferente, que conforman una especie de «paisajes» diferentes: económicos, tecnológicos, cultu- rales, mediáticos, étnicos. El mundo de la Ópera no inte- gra al mismo conjunto de personas que el mundo de las finanzas; o, en otro orden de cosas, el alcance e influen- cia de la CNN no puede compararse con el de una emi- sora de televisión local. 5) Quiero resaltar especialmente la enorme diversi- dad de formas que adopta la participación de distintos pueblos del mundo en la globalidad. No hay sólo expan- sión del mercado, no hay sólo occidentalización del mun- do o modernización, en una especie de influencia en una sola dirección y con la recepción pasiva de los flujos eco- nómicos y culturales hegemónicos. Woll (1987) hizo una importante contribución en este sentido, al advertir que cuando se habla de economía-mundo (o de su equivalen- te hoy, globalización) hay la tendencia a considerar que existe un sistema hegemónico que sc impone de forma unilateral y anula a los demás. En su obra, él pone al des- cubierto la historia de aquellos grupos y pueblos que ha- bitualmente han sido considerados meros agentes pasi- vos, víctimas y testigos silenciosos de la expansión de la economía de mercado, Muestra que no solo la expansión europea ha cambiado la vida de muchos pucblos del mundo, sino que ellos mismos han contribuido también a forjar tales cambios. La imposición de la economía de mercado no deriva de fuerzas unilaterales, sino que de- ben considerarse las historias específicas de los grupos concretos para entender que existe, de hecho, una gran diversidad y multiplicidad de respuestas. Y esto no anula que existan al mismo liempo procesos de dominación y dependencia. Veamos como ejemplo el caso de los baruya, Se trata de un pueblo de Nueva Guinea, que fue descubierto por 98 LOS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN los blancos en el año 1951, fue sometido al orden colo- nial en 1960 y se integró al estado de Papuasia cuando se formó en 1975, En el transcurso de estos años se produ- ce un proceso de occidentalización de los baruya, con- cretado en la monetarización de su economía, la pérdida de soberanía política sobre su territorio y la evangeliza- ción por parte de diversas iglesias cristianas. Se ha pro- ducido, pues, una inserción a los mecanismos asociados a la globalización que se traduce en una subordinación económica, política y cultural de los baruya a la lógica de Occidente. Los baruya no desaparecen como sociedad, incluso aumentan en número y conservan parte de sus raseos culturales, pero, nos dice Godelier (1991b), ya no dominan los mecanismos de reproducción de su propia sociedad y, además, pierden su autonomía cultural. Son fuerzas exteriores las que penetran, someten y dirigen un proceso de cambio que es irreversible y que sitúa a los baruya en una relación de subordinación. La reproduc- ción de los baruya como sociedad es una reproducción dependiente. Pero los baruya no se quedan pasivos ni in- diferentes ante los cambios y hay que señalar que algu- nos cambios incluso los propician ellos mismos, lo cual no es contradictorio con que, al mismo tiempo, se re- fuercen los mecanismos identitarios y hagan esfuerzos por mantener o recuperar costumbres ancestrales y ras- gos distintivos de su cultura. Lo que guardan, lo que con- servan se combina con las prácticas e ideas venidas de Occidente, de manera que el sistema social y cultural re- sultante es único y diferente del que acontece cn otros pueblos y en otras partes del mundo. La globalización, por consiguiente, no es un fenóme- no unitario y homogeneizador: genera también variedad y diversidad, iniciativas y estrategias localizadas (Friend- man, 1990). Por consiguiente, no se puede considerar la transformación de las sociedades sólo en su sentido ne- gativo, enfatizando todo lo que han «perdido», sino que hay que tener en cuenta también todo lo que permanece, se crea y se reformula. No podemos ignorar las comuni- dades preexistentes, los valores y tradiciones que se ree- laboran en una síntesis entre lo viejo y lo nuevo y que ge- LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA? 99 neran sentido de comunidad, por fraccionada y jerarqui- zada que ésta sea. Lo cual no niega el que prácticamente ninguna sociedad en el mundo actual puede reproducir- se sin incorporar algún elemento proveniente de Occi- dente; útiles, armas, técnicas, ideas o relaciones sociales, y esto es así incluso para aquellos pueblos que defienden vigorosamente su identidad (Godelier, 1993:54). Ni niega tampoco la preponderancia de la economía de mercado y el que la expansión del capitalismo se haya hecho a ex- persas de cercar centros y periferias, dominación y su- bordinación entre sociedades. Pero que el centro sea mo- tor de los cambios no presupone que las periferias scan meros agentes pasivos a ellos. Tal como advierte Ortner (1984:143) suponer cso implica reducir otras realidades culturales a la experiencia y a la historia de Occidente. 6) Finalmente hay que destacar otra clase de diver- sidad. La globalización no impide sino que, por el con- trario, propicia el reforzamiento de los ámbitos locales (entendidos como comunidades localizadas de diferente amplitud: municipios, regiones, naciones) y que las ciu- dades adquieran un nuevo protagonismo, tal vez porque son los referentes inmediatos y concretos ante unas rea- lidades globales que son abstractas y alejadas de las ex- periencias cotidianas. Es a partir de esta complementa- ción que Borja y Castells (1997) otorgan una gran importancia estratégica al ámbilo local como centro de gestión de lo global en el nuevo sistema tecno-económi- co en tres ámbitos principales: el de la productividad y competitividad económicas, el de la integración socio- cultural y el de la representación y gestión políticas. Fragmentación: la globalización incrementa la reivindicación de la diferencia cultural El sistema global es el contexto en el que emerge la conciencia de diferencia, la identidad de grupos humanos como pueblo. Es el marco, pues, en el que surge la con- figuración de lo que denominamos «culturas». La especi- ficidad cultural, por tanto, nunca puede ser explicada 102 LOS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN rias y en un cruento conflicto étnico todavía inacabado. Evidentemente, los nacionalismos no responden a una única causa o factor y pueden ser de naturaleza muy dis- tinta. Etiquetarlos burdamente como emancipatorios o como excluyentes es una simplificación y deben interpre- tarse en el contexto en que se originan: , El racismo y la xenofobia, por su parte, son fenóme- nos que en los últimos años han aumentado en Europa de forma preocupante. Están relacionados con la etniza» ción de la fuerza de trabajo y la integración de trabaja- dores inmigrados en un mercado de trabajo segmentado que los sitúa en los últimos tramos de la escala laboral. Hoy puede hablarse de nuevas formas de racismo que se esconden bajo la idea de una supuesta irreductibilidad cultural, pues no se apela tanto a los rasgos físicos como factor de diferenciación como a los factores religiosos y culturales. La diferencia cultural se aduce como meca- nismo legitimador de la exclusión social y salvaguarda de determinados derechos económicos, sociales y políticos. También se ha incrementado la «indigenización» y, con ella, se han multiplicado los movimientos indígenas. En Estados Unidos, por ejemplo, la población indígena se dobló entre 1970 y 1980, pasando de 700.000 a 1.400.0000 y en este período se crearon también nuevas tribus, lo cual no se debe a razones estrictamente demo- gráficas, sino que en muchos casos está relacionado con la reivindicación de los derechos como pueblo y, con ellos, poder alcanzar reconocimiento, obiener derechos de propiedad, recuperar el lugar que históricamente les ha sido negado o salir de la marginación. Lo mismo ha sucedido en algunos países de América Latina, donde el reconocimiento de los derechos de los pueblos indigenas ha contribuido a que hayan conservado e incluso aumen- tado su dernografía, puesto que su estatuto como indígo- nas les sitúa en una situación más favorable que la de los Testizos. a Un ejemplo significativo de esta reindigenización la podemos mostrar en el caso de los záparo, habitantes de la Amazonia ecuatoriana (Espinosa, 1998), Este pueblo consiguió que le fueran reconocidos sus derechos de pro- LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA? 103 piedad sobre una vasta extensión de la selva tropical amazónica (250.000 km?) después de que se efectuara la denominada Marcha por el Territorio y la Dignidad que contó con el apoyo de los movimientos indígenas del país. La comunidad que finalmente ocupó el territorio asignado cuenta con un total de unas 120 personas de as- cendencia diversa, que integra hablantes de záparo, qui- chua, shuart y achuar. Hay que destacar que sólo tres personas eran hablantes de záparo, tres ancianos que ac» tualmente están enseñando la lengua a las jóvenes gene- raciones. Se está produciendo así una «zaparización» de este grupo, porque sólo la continuidad como záparos da derecho al territorio del que eran originarios. Los zápa- ros viven según las antiguas formas de explotación de los recursos, la agricultura de tala y quema. Y esto mismo es lo que permite a los záparos contar con una fuente adi- cional de recursos: los que obtienen del «canje de bonos de CO)», es decir, de la asignación procedente del merca- do de emisiones que se instauró a partir del Acuerdo por el Cambio Climático. Y es que el bosque húmedo tropical es un área protegida, como depositaria de bienes estraté- gicos como son los recursos genéticos y la biodiversidad, así como de servicios ambientales (fijación de CO,, pro- visión de agua dulce y humedad ambiental). La «zapari- zación» no solo deriva de ser indígenas, sino también de vivir como indígenas, lo que en la Amazonia constituye un recurso valorado por las nuevas políticas ambientales relacionadas con la sustentabilidad.* Es éste un ejemplo más de cómo se articula la especificidad cultural con las fuerzas derivadas de la globalidad. La reivindicación de derechos e identidades se sitúa 6. La preocupación internacional por los problemas ambien- tales hace que en la Amazonia se hayan desarrollado numerosas in- tervenciones públicas y privadas de carácter conservacionista. Así, de los 180 proyectos que se estaban ejecutando en la Amazonia ecuatoriana en el año 1998, 64 son proyectos de conservación. De los 92 millones de dálares que se invirtieron en Proyectos en cste mismo año, el 38 % se dedicaron a tareas de conservación y ma- nejo de áreas protegidas (Espinosa. 1998:29). i 104 LOS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN frecuentemente en el marco de la globalización. Hoy en día cs cada vez más corriente que los pueblos que inten- tan promocionar derechos locales (nacionales) incremen- ten las relaciones globales y buscar apoyo en la opinión mundial. Existen muchos ejemplos que permiten ilustrar lo que decimos. Hace unos diez años, un líder indígena kayapo, Raoni, hizo una gira por el mundo acompañado por el popular cantante Sting para sensibilizar a la opi- nión mundial acerca de los peligros de deforestación de la selva amazónica y de la destrucción de las comunida- des indígenas. El movimiento zapatista, en Chiapas, uti- lizó desde sus mismos inicios los recursos que propor- cionan las nuevas tecnologías de la información para difundir sus reivindicaciones y para que el conflicto fue- ra seguido más allá de las fronteras del estado mexicano. Y al igual que los kayapos y los zapatistas, otras movi- mientos indígenas buscan en la opinión mundial un re- fuerzo a sus luchas. También algunos nacionalismos si- guen esta estrategia. Sin ir más lejos podemos citar cómo la celebración de los Juegos Olímpicos en Barcelona el año 1992 fue una plataforma para dar a conocer al mun- do y legitimar una determinada imagen de la especifici- dad catalana. El papel de la política en los procesos de globalización Enfatizo el papel de la política porque ésta suele que- dar en segundo plano cuando se habla de globalización. Efectivamente, el concepto de globalización reposa en dos paradigmas que estructuran la forma de pensar y nos hacen ver unas determinadas cosas y no otras. Uno de es- tos paradigmas es el mercado, la idea de que la economía posee el máximo poder y protagonismo en los sucesos contemporáneos. El otro paradigma es la comunicación, ya que el control de la información está sustentando nue- vas formas de poder. El protagonismo que se asigna a la economía se asien- ta en la evidencia de que los estados han ido perdiendo LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL. SISTEMA? 105 poder frente a la actividad transnacional de las grandes empresas o los Hlujos de capital, o frente a los gigantes de la informática, la telefonía y la televisión. Además, se ha ido instalando la idea que frente a estas. fuerzas econó- micas tan poderosas poco pueden hacer los gobiernos de cada país y que, por tanto, no hay grandes diferencias en la práctica entre lo que puede hacer un gobierno de iz- quierdas o de derechas, debido al escaso margen de ma- niobra que tienen para desarrollar su política. Ésta es la base del denominado «pensamiento único», que es el nuevo catecismo de nuestro tiempo. Frente a todas estas evidencias, y frente al fracaso de las experiencias comu- nistas, ¿no parece imponerse la lógica del mercado? Se sienten así legitimados quienes hoy afirman que debe ha- ber más economía y menos Estado, más concurrencia y eficacia y menos obstáculos derivados de lo social. Y esto mismo, ¿no tiene nada que ver con la política? ¿No res- ponde a los viejos principios del liberalismo formulados con un nuevo lenguaje? Pero vayamos por partes. De hecho la política nunca ha perdido su papel, ni siquiera en los países o en los pe- ríodos en que se ha dado mayor protagonismo a las fuer- zas del mercado, porque tanto papel tiene la política por acción como por omisión. En cl dibra Lucha de clases, Chomsky muestra de forma nítida que los Estados Uni- dos, donde ha reinado la ideología del liberalismo, han sido siempre pioneros y bastión del proteccionismo prac- ticado, eso sí, de forma selectiva. El estado protege y sub- venciona a los miás poderosos mientras deja a los pobres al arbitrio del mercado. Y es que se sabe muy bien que la política de libre mercado es un desastre. Lógicamente esto tiene en sí mismo un trasfondo eminentemente polí- tico. También la política ha jugado un papel decisivo en la escena mundial. No olvidemos justamente el papel de- sempeñado por los Estados Unidos en la construcción del sistema global, tal como analiza Noam Chomsky en El miedo a la democracia. Con la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se convirtieron por primera vez en una potencia global con influencia decisiva en el mundo 108 LOS LÍMITES DE LA GLOBALIZACIÓN rogeneidad y fragmentación son actualmente componen- tes indisociables de la globalización. De ahí la necesidad de reflexionar acerca de la naturaleza de un proceso con vertientes aparentemente tan contrapuestas. En términos específicamente económicos la globaliza- ción se corresponde con el proceso de expansión del mercado, relacionado con la implantación hegemónica del capitalismo como sistema económico y social. La eco- nomía de mercado ha penetrado en distintos pucblos del mundo, ha impregnado la lógica de distintas formas de producción y ha modificado, a menudo substancialmen- te, la vida de la gente. No se trata de un fenómeno ho- mogeneizador, ya que si bien el mercado es global y, por tanto, de alcance mundial, la fuerza de trabajo no lo es, pues está dividida en múltiples fragmentos en base a su adscripción a determinados países, origen cultural o ra- cial, diferencias de sexo, clases sociales, elc. No se trata tampoco de un proceso en una sola dirección, sino que existe una gran variedad de respuestas locales, que supo- nen una síntesis particular y distintiva entre las grandes corrientes cconórnicas y las propias tradiciones cultura- les existentes en cada lugar. Se trata, además, de un pro- ceso que incrementa la reivindicación de la diferencia cultural, que es el contrapunto a las tendencias homoge- neizadoras. La expansión de la economía de mercado supone, por otro lado, modificaciones importantes en el uso de los re- cursos naturales y esto comporta un impacto ambiental considerable, ya que el incremento del consumo y la ló- gica de la ganancia a corto plazo llevan a que muchos re- cursos se destruyan a un ritmo superior a su capacidad de regeneración. Los problemas derivados de la contami- nación ambiental, la deforestación, el calentamiento del planeta o los accidentes nucleares han obligado en estos últimos años a cuestionar las bases de un crecimiento eco- nómico ilimitado y a plantear la idea de sustentabilidad. Los fenómenos de degradación ambiental, amenazan gra- vemente las formas de producción y las condiciones de vida de distintos pueblos del planeta y se relacionan con factores sociales y políticos. Es significativo el surgimien- LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA? 109 to de una conciencia global de los problemas sociales y de los problemas ambientales, lo que caracteriza la for- ma de reflexividad social de nuestro contexto contempo- ráneo (Giddens, 1996). Actualmente hablar de imperialismo o de dependen- cia parece anticuado y apenas se utilizan estos términos. Se insiste, en cambio, en la interdependencia y la unidad global del mundo y se deja en segundo plano las formas de dominación y de desigualdad existentes en el sistema global, a pesar de que ellas también cristalizan a escala mundial. Se imponen así los paradigmas de la idcología neoliberal, que es la que modela el pensamiento único, afirma el fin de la historia, da todo el protagonismo al mercado y a sus leyes, y relega el papel de la política a un segundo plano. Estos paradigmas constituyen el rear- me ideológico del neoliberalismo. De ahí la importancia de desvelar las caras oculta de la globalización: la desi- gualdad, la fragmentación, la diversidad. Estas consideraciones no suponen rechazar el térmi- no globalización, pues no se trata de ser nominalistas: no cambiamos las cosas por cambiar el nombre. Es nccesa- rio, en todo caso, que cuando lo utilicemos tengamos presente que la globalización no comporta hoy integra- ción política ni supone la igualdad social ni la unidad cultural. Hay que destacar además el papel de la política como factor de translormación de las situaciones de injusticia y desigualdad existentes en el mundo. Porque en esto no hay inevitabilidad, ya que los procesos históricos no si- guen una dirección preconfigurada y porque, además, también se han conseguido conquistas sociales que anta- ño podían parecer objetivos utópicos. Pero esto hoy en día significa nuevos retos para quienes intentan romper con la hegernonía de las posturas neoliberales y obliga a nuevos comprornisos entre la lógica del mercado y la in- tervención pública garantizada por el estado. De hecho se demucstra constantemente el fracaso del funcionamiento libre de mercado, y el caso más reciente ha sido la crisis financiera que hace pocos mescs afectó a los denomina- dos tigres asiáticos y repercutió gravemente en las econo- 110 LOS LÍMITES DE La GLOBALIZACIÓN mías de América Latina.” La urgencia hoy es la regula- ción del mercado no su desregulación y asegurar a través de la política los mecanismos de redistribución de la ri- queza para garantizar la cohesión de las sociedades. Los principios y reglas de la globalización no pueden ser ignorados. Las posibilidades abiertas por la mayor in- terrelación entre pueblos y cl mayor acceso a la informa- ción son un potencial que puede orientarse hacia la con- secución de una mayor igualdad y progreso social en el mundo. Pero esto implica avanzar en una política elobal, hacia instituciones supranacionales dotadas de la fuerza moral y jurídica necesarias para resolver los problemas que afectan a la seguridad y a la paz, regular los movi- mientos especulativos de capital, incidir en la mejora de las condiciones de vida, y velar por la preservación am- biental, los derechos humanos y los derechos democrá- ticos. La globalización es un proceso inacabado y hoy no sa- bemos en qué dirección irá. Y por ello quiero acabar este artículo con unas palabras de Noam Chomsky, de quien me he dejado impregnar pasando del discurso académi- co al político como discursos complementarios y no in- compatibles. «No sabemos si el instinto de libertad es o no real», dice Chomsky, al final de El miedo a la demo- cracia (1992:401), después de exponer los movimientos de lucha por las libertades. «Es difícil —ontinúa— ha- Tlar o no motivos para afirmar una u otra perspectiva. Y, por tanto, no podemos hacer nada mejor que elegir de acuerdo con nuestra intuición y nuestras esperanzas. Las consecuencias de tal elección están claras. Negando el instinto de libertad, demostraremos que los humanos son 7. Hay que destacar que esta crisis financiera no tiene prece- dentes por su tamaño, por la celeridad con la que transmitió a los países implicados y por su extensión geográfica. Puede decirse que es la crisis financiera global, que ha puesto de manifiesto, además, la necesidad de regulación de los mercados de capitales a fin de frenar los comporlamientos especulativos de los grandes inverso- res internacionales. Por ello constituye un ejemplo del fracaso de la política neoliberal basada en la libertad de mercado. LA GLOBALIZACIÓN, ¿UNIDAD DEL SISTEMA? 111 una mutación letal, un punto muerto evolutivo. Alimen- tándolo, si es real, podemos hallar maneras de abordar tra- gedias y problemas humanos de enorme magnitud». Per- sonalmente me inclino por la segunda opción: la elección por las libertades, que confía en el progreso social y en las potencialidades de la acción humana. Es la opción que permite pensar que la globalización ofrece un horizonte abierto a la posibilidad de resolver problemas substancia- les, y que permite tener la esperanza de que la interdepen- dencia mundial sca la base de la emancipación global. Referencias Appadurai, A. 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