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Texto Eduardo Menendez, Apuntes de Antropología

Texto en base a antropologo eduardo menendez

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 09/04/2019

Jemmaling
Jemmaling 🇦🇷

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ALTERIDADES,
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Definiciones, indefiniciones y
pequeños saberes
EDUARDO
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MENÉNDEZ*
Pocas profesiones existen tan
completamente academizadas como la
antropología,
tal vez con la excepción de
la
paleografía
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del estudio de los
quenes.
CLIFFORD GEERTZ,
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Antropología social: un saber diferenciado
o una disciplina autónoma
Intentaré discutir aquí dos procesos que en realidad
constituyen aspectos complementarios de una mis
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problemática. En primer
lugar comentaré la po
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ibilidad
de legitimar a la antropología social como ciencia
diferenciada,
y ulteriormente analizaré la supuesta
crisis actual de nuestra disciplina.
1
El primer problema podría desglosarse en toda una
serie de interrogantes: ¿Qué es la antropología social;
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cuál es su legitimidad epistemológica y qué garantiza
su diferenciación en cuanto disciplina au
tónoma; cuáles
son sus problemas específicos; cuál es su aproximación
teórico
-metodológica particular; cuáles son los sujetos
sociales supuestamente exclu
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descripción y análisis? Y podrían extenderse, pero los
consideramos suficientes para el desarrollo de nuestros
objetivos.
Aun cuando en términos técnico
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metodológicos no
pueda establecerse con precisión la especificidad de la
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atañen no pueden diferenciarse de los de la
Investigador del CIESAS.
Sociología,
de determinadas áreas de la geografía
humana, de la psicología social, de la psiquiatría social,
de la historia social (sobre todo en su variante de la
denominada "historia oral"), etc.-,
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no puede negarse su
existencia fáctica como disciplina. No sólo hay quienes
nos asumimos antropólogos sociales, sino que hay
departamentos docentes de antropología social,
institutos de investigación dedicados a la antropología
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o esta constatación no legitima, en términos
epistemológicos, la existencia de una disciplina. Para
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posibilidad de establecer su diferencia
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autonomía radica en toda una serie de proce
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desarrollo.
Desde luego, no significa negar el proceso de
constitución del conocimiento antropológico a partir de
su propia producción. Lo que sostenemos es que tal
producción no basta pa
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tanto no puede ser escindida de la construcción del
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establecieron y diferenciaron durante los siglos
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Y este proceso, a su vez, resulta incomprensible si
no es remitido al contexto históri
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En este trabajo me limitaré a señalar en términos
sumamente esquemáticos los siguientes puntos:
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ALTERIDADES, 1991 1 (1), Págs. 21-32.

Definiciones, indefiniciones y

pequeños saberes

EDUARDO L. MENÉNDEZ*

Pocas profesiones existen tan completamente academizadas como la antropología, tal vez con la excepción de la paleografía y del estudio de los líquenes. CLIFFORD GEERTZ, 1988

Antropología social: un saber diferenciado o una disciplina autónoma

Intentaré discutir aquí dos procesos que en realidad constituyen aspectos complementarios de una misma problemática. En primer lugar comentaré la posibilidad de legitimar a la antropología social como ciencia diferenciada, y ulteriormente analizaré la supuesta crisis actual de nuestra disciplina. 1 El primer problema podría desglosarse en toda una serie de interrogantes: ¿Qué es la antropología social; 2 cuál es su legitimidad epistemológica y qué garantiza su diferenciación en cuanto disciplina autónoma; cuáles son sus problemas específicos; cuál es su aproximación teórico-metodológica particular; cuáles son los sujetos sociales supuestamente exclusivos de ella para su descripción y análisis? Y podrían extenderse, pero los consideramos suficientes para el desarrollo de nuestros objetivos. Aun cuando en términos técnico-metodológicos no pueda establecerse con precisión la especificidad de la antropología social con respecto a la mayoría de los cuestionamientos propuestos -puesto que los sujetos, unidades, problemas, teorías, metodologías, etc. que le atañen no pueden diferenciarse de los de la

Investigador del CIESAS.

Sociología, de determinadas áreas de la geografía humana, de la psicología social, de la psiquiatría social, de la historia social (sobre todo en su variante de la denominada "historia oral"), etc.-, 3 no puede negarse su existencia fáctica como disciplina. No sólo hay quienes nos asumimos antropólogos sociales, sino que hay departamentos docentes de antropología social, institutos de investigación dedicados a la antropología social, publicaciones especializadas en esta rama del conocimiento. Es decir, pese a la dificultad o imposibilidad de establecer criterios epistemológicos que avalen su diferenciación, la antropología social existe como institución y/o profesión. Pero esta constatación no legitima, en términos epistemológicos, la existencia de una disciplina. Para nosotros la posibilidad de establecer su diferenciación y autonomía radica en toda una serie de procesos sociales e institucionales que condujeron a su emergencia y desarrollo. Desde luego, no significa negar el proceso de constitución del conocimiento antropológico a partir de su propia producción. Lo que sostenemos es que tal producción no basta para legitimar su diferenciación, en tanto no puede ser escindida de la construcción del conjunto de disciplinas sociohistóricas que se establecieron y diferenciaron durante los siglos XIX y XX. Y este proceso, a su vez, resulta incomprensible si no es remitido al contexto histórico-social que lo sobredeterminó. En este trabajo me limitaré a señalar en términos sumamente esquemáticos los siguientes puntos:

a) La antropología social y todas las ramas principales de la antropología se constituyen a partir de

Eduardo L. Menéndez

una división del trabajo intelectual que remite por una parte a las sociedades "complejas", "civilizadas", "desarrolladas" respecto de las cuales se instituyó la sociología y en gran medida la historia. Por otra parte, remite a las sociedades "primitivas", "no complejas", "no desarrolladas" para las cuales se instituyó la antropología. b) Algunas sociedades particulares impulsan antro- pologías nacionales cuyas características se veri- fican en las problemáticas y teorías diferenciales desarrolladas por las mismas. No debe considerarse como un accidente el hecho de que la antropología alemana impulse sobre todo concepciones teóricas cíclicas, morfologistas y fenomenológicas frente al funcionalismo y estructuralismo de las corrientes anglosajonas, y de que estas tendencias dife- renciales se expresen también a través de las otras disciplinas sociológicas e históricas. c) El proceso de institucionalización y de profesiona- lización de la antropología condujo necesariamen te no sólo a reforzar la identidad antropológica, sino a subrayar las diferenciaciones respecto de las otras disciplinas. La antropología, como cualquier otra actividad institucionalizada, está obligada a garantizar su reproducción, lo cual no necesariamente se complementa con la racionalidad científica para favorecer la convergencia entre disciplinas. Los antropólogos, tanto como "otros" profesionales, se vieron "obligados" institucional- mente a afirmar su diferenciación y no su semejanza con respecto a otras prácticas profesionales institucionalizadas. d) Tanto el desarrollo histórico-social global, como la dinámica interdisciplinaria condujeron en los hechos no sólo a la "desaparición" de los antiguos sujetos de investigación y a su reconversión en otro tipo de entidades, sino también al surgimiento de antropologías "nacionales" en los países periféricos que proponían una concepción y una relación diferentes en lo que toca a los sujetos. Además, esto tuvo lugar dentro de un juego interdisciplinario en el cual la sociología y la historia se apropiaron de los antiguos sujetos de la antropología social y los antropólogos se proyectaron sobre "sociedades complejas" y sobre sujetos de su propia sociedad. Esto supuso un intenso proceso de dispersión y difusión de teorías, técnicas y prácticas que persiste en la actualidad. (Menéndez 1968, 1970, 1975a y 1975b.)

Ahora bien, la dificultad para establecer dicha diferenciación y autonomía en términos epistemoló- gicos no niega la existencia de algunos núcleos fuertes, tanto en aspectos teórico-metodológicos como del objeto de estudio, que han sido utilizados con

mayor frecuencia e intensidad por nuestra disciplina. La antropología social se ha caracterizado, en términos comparativos, por haber sido casi la única en sostener la pertinencia metodológica de un enfoque holístico; por una particular preocupación por las descripciones y análisis de tipo cualitativo; por utilizar más que ninguna otra disciplina sociohistórica una aproximación personalizada con larga estadía en campo por parte del investigador; por enfatizar que el analista debe ser el mismo que obtiene la información en forma directa; por haber sostenido la importancia y frecuentemente la mayor relevancia de la dimensión ideológico-cultural; por haber considerado la pertinencia metodológica de trabajar con unidades micro en el "entendimiento" de que las mismas expresan al nivel macro, etcétera. Pero tales rasgos no implican suponer exclusividad alguna de esta disciplina en el uso de dichos instrumentos, conceptos y teorías. No obstante debe reconocerse que en términos comparativos ha habido una mayor incidencia de la antropología con respecto a tales características, hasta casi identificarse con alguna de las mismas. Este proceso ameritaría su descripción, pero dados los objetivos de este trabajo no me detendré en ello. Mas, lo que importa destacar sobre cuanto nos ocupa es que para la diferenciación de la antropología social no existen criterios epistemológicos, sino énfasis diferenciales que, por lo demás, no sabemos hasta cuándo seguirán valiendo como límites. Un balance que forzara la identidad diferencial revelaría tres características fuertes en que aún basaría su diferenciación la antropología social:

a) La aproximación personalizada a los problemas y sujetos de investigación basada en una compara- tivamente larga y permanente relación en el campo del "otro". b) La negación a aceptar una división entre el inves- tigador que obtiene información y el que la analiza (o interpreta). Es decir, negar la legitimidad de la antigua escisión etnógrafo-etnólogo o en versión sociológica entre "encuestador" y "sociólogo". c) El desarrollo de investigaciones sobre sujetos que constituyen "otros culturales".

De estas tres son más coherentemente reconocidas las dos primeras; la tercera constituye parte del inconsciente cultural de la antropología de los países centrales y sigue estando presente en el nivel profundo del discurso dominante en dicha antropología, incluso en las aproximaciones críticas. 4 Ninguna de las características supone un corte de nivel epistemológico; la posibilidad de que lo constituyan no puede estar basada en la "tradición" disciplinaria,

Eduardo L. Menéndez

sociedad vigentes y posibles, en la medida en que nuestra disciplina se constituye en relación con la descripción y análisis, o si se prefiere con los modos de pensar los modelos de sociedad.

Crisis eran las de "antes"

Desde el punto de vista de la sociedad global, durante el primer periodo la crisis se manifiesta tanto a través de la situación económico-productiva como de la emergencia ideológica de los fascismos y del estali- nismo como movimientos que se expresan no sólo en el poder de una cúpula burocrática, sino en las prácticas sociales y en las representaciones ideológicas de la sociedad civil. La complejidad y las contra- dicciones de este proceso se reflejan en la producción de conocimiento. Debe asumirse que gran parte de la reflexión antropológica de este periodo está referida a los grupos étnicos, pero pensada para las sociedades de los países "centrales". En el caso de la antropología social la crisis tiene como síntoma particular el deterioro "final" de las concepciones evolucionistas y el descrédito de los modelos macrosociales; en la emergencia dominante de escuelas ahistóricas tanto de raíz funcionalista como fenomenológica; en el desarrollo de tendencias teóricas denominadas entonces "irracionalistas". Durante este lapso se constituyen nuevos problemas y si bien algunos de ellos no tuvieron continuidad, la mayoría se conformaron como núcleos fuertes de la identidad profesional de los antropólogos. Una parte de estos conceptos y problemas ponen de manifiesto la articulación existente en dicho periodo entre la investigación antropológica y algunas de las problemáticas socioideológicas centrales de la sociedad global. En ese contexto no es casual que determinados problemas teóricos se constituyan en ejes de la reflexión antropológica. Así, la relación entre lo cultural y lo biológico, lo normal y lo patológico, el relativismo cultural, los procesos que luego fueron denominados "micropoderes", la importancia de lo ideológico-cultural como estructurante, etc., no constituían sólo temas antropológicos sino que eran núcleos ideológicos centrales respecto de los tipos de sociedades posibles. Será esta producción antropológica la que, en función de una lucha teórico-ideológica generada contra las teorías étnico-racistas, propondrá a la diferencia cultural como uno de sus ejes práctico-teó- ricos. El relativismo e historicismo antropológicos, el énfasis en la racionalidad cultural, el extremo parti- cularismo y el "empirismo" de gran parte de la pro- ducción antropológica deben ser referidos al recono- cimiento de una diferencia cultural que pretendía no

sólo ser cuestionada teóricamente, sino eliminada biológicamente por el nazismo. 7 Durante los treinta las influencias teóricas deter- minantes procederán de Durkheim, Freud y en un segundo nivel del historismo alemán. Los conceptos y/o palabras clave fueron cultura, necesidad, ethos, personalidad, ritual, tema cultural, mito, comunidad, aculturación, socialización. etc. El conjunto de las tendencias dominantes consideraron a la cultura (o sociedad) como una realidad objetiva que se expresa a través de sujetos hipersocializados (o endocultura- lizados). Sólo la antropología social estadounidense intentó generar una teoría de la reproducción social que asignara al microgrupo y al sujeto un papel dinámico, pero en la práctica ello condujo al dominio de una concepción sicologista. Comparativamente debe subrayarse que en las otras tendencias no emergieron como entidades teóricas relevantes ni las prácticas ni los sujetos. Como ya se indicó, aun cuando los antropólogos sociales en su mayoría investigaban "sociedades et- nográficas", los nuevos problemas propuestos enfocan centralmente a las sociedades de pertenencia de los antropólogos y sus relaciones con las "sociedades etnográficas". Y esto no sólo en términos de antropo- logía aplicada sino de teorización sobre la sociedad. Esta aproximación es válida tanto para la antropología estadounidense y británica como para la alemana, italiana y francesa. 8 Durante este periodo la antropología social aban- dona casi definitivamente el término "primitivo" y comienza a reemplazarlo por otros referidos a carac- terísticas culturales y/o actividades productivas, y de los cuales los mas extendidos y utilizados inicialmente fueron los de "folk", "grupo étnico" y "campesinado". Correlativamente, durante este lapso se inicia la aplicación de la antropología social al estudio de las sociedades complejas, así como al establecimiento de relaciones de determinación entre éstas y las entidades étnicas. Los trabajos de los Lynd, Warner, los Gardner, Klukhohn, el grupo británico de Observación de masas, Redfield, etc., constituyen la avanzada de un proceso caracterizado por su

discontinuidad, pero que se constituyó en este lapso, en gran medida por efecto de la crisis señalada. Puede construirse un modelo teórico más allá de la diversidad de escuelas y tendencias teóricas an- tropológicas de este periodo opuesto a los modelos teóricos provenientes del biologismo, por una parte, y de la economía política marxista y no marxista, por la otra. El modelo antropológico, al igual que los otros modelos, constituirá una expresión ideológica además de teórica. Pese a las modificaciones ulteriores, este modelo "alternativo" seguirá vigente y constituirá uno de los factores propiciantes del "eterno retorno" de la antropología. Durante los años treinta se estructura una an- tropología para la acción, a la que se dará el epíteto de aplicada y cuyo desarrollo inicial implicaba el uso de criterios similares a los que se pusieron en marcha en lo que se denominó investigación-acción. En este lapso la disciplina antropológica "anticipa" parte de los problemas y explicaciones que se desarrollarán en las décadas siguientes. Más aun, toda una serie de temáticas que algunas tendencias actuales consideran haber "reinventado" fueron parcialmente estructuradas en este periodo crítico. Por ejemplo, la negación en los hechos de una historia universal no sólo tendrá que ver con su relativismo pragmático, sino con el énfasis colocado en los "nuevos mundos encontrados". De ahí que la negación de la historia aparezca como parte de un modo de pensar común a otros campos de reflexión y acción dominantes en esos años. Pero la teoría antropológica no coloca su alternativa en las mitologías reemplazantes de la historia, sino que la refiere a la actualización de "cada mundo" particular. Y es en esta referencia particularizada que se fue configurando la importancia de lo obvio en la descripción y el análisis del "otro cultural". La práctica antropológica se propone así un estilo distinto de investigar que implica ya la consideración de la antropología "como modo de vida". Quiero indicar que varias de las características de esta antropología se vinculaban a formas de pensar la realidad generadas también desde otros enfoques. El relativismo cultural, por tomar un solo concepto antro- pológico clave, no sólo cobra un notorio desarrollo debido a la lucha científica e ideológica generada con respecto a las propuestas fascistas, sino que dicho concepto expresa al mismo tiempo "la crisis de la idea de progreso" o "la desilusión respecto de la técnica", tan frecuentemente pensados fuera del mundo "marxista" o liberal". Un último punto a señalar es que el marxismo juega un papel muy secundario durante este periodo de crisis. Constituye una indudable referencia ideológica, pero no aparece incluido en el desarrollo teórico e institucional de la antropología social.

Definiciones, indefiniciones y pequeños saberes

La crisis en el seno de la antropología supuso un fortalecimiento disciplinario en torno a determinados marcos teóricos, problemáticos e instrumentales, así como una mayor estructuración de su identidad no sólo académica sino profesional. La integridad de la antropología fue puesta a prueba en mayor medida que en el caso de las otras disciplinas histórico-sociales, dado que las determinaciones ejercidas desde la sociedad global refirieron directamente a uno de sus principales ejes problemáticos: las relaciones entre raza y cultura. La integridad de nuestra disciplina se conservó no sólo por su organización en torno a determinados marcos teóricos y por el reforzamiento del proceso de institucionalización, sino además porque asumió las propuestas de las antropologías estado- unidense y británica que se convirtieron en hegemónicas a partir de este lapso. Este proceso es en parte responsable de que la intencionalidad crítica de la antropología social no se manifestara a través de la impugnación económico-po- lítica, sino del cuestionamiento de las formas y estilos de vida generados por las sociedades "civilizadas".

La pérdida de la virginidad colonizadora: los años sesenta

Durante la década de los sesenta se manifiesta una situación de crisis socioideológica a nivel de los países centrales y de una parte de los periféricos, y al igual que en el lapso anterior dicha crisis se expresará no sólo por la producción científica, sino también mediante procesos sociales de masas. Las expresiones ideológicas de este periodo pueden ser referidas a los diferentes marxismos, incluidos los "anarco- marxismos" y los enfoques autogestionarios, pero también a tendencias y organizaciones populistas y "comunitaristas". El disparador de la crisis no será económico sino de signo ideológico-cultural e ideológico-político. y bajo tales premisas es importante subrayar el papel que desempeñó el marxismo como aglutinador contradictorio de propuestas notoriamente disímiles, incluso al interior de la producción antropológica. Tampoco nos detendremos aquí a revisar la so- ciedad global; trataremos de profundizar en algunos aspectos de la producción antropológica. La influencia de esta nueva situación se observa en la recuperación de la historia, pero también de la "evolución" por una parte significativa de los enfoques antropológicos; se verifica en el reconocimiento frecuentemente culpabilizado de que la teoría y la práctica de la antropología se constituyeron por las relaciones del tipo colono/ colonizado; explotador/explotado; hegemonía/ subalternidad; etc.; se observa en la expansión de la antropología sobre nuevos sujetos sociales,

desarrollo del marxismo en la antropología social de los países centrales debe ser relacionado con la crisis ideológica y teórica que opera a nivel de la sociedad global y de la particularidad antropológica, pero su irrupción no lo convirtió en tendencia hegemónica ni mucho menos, salvo tal vez en Francia y en menor grado en Italia. La mayor parte de la producción etnográfica y teórica publicada en las revistas espe- cializadas se orientó hacia otras tendencias. No obs- tante, debe subrayarse que las concepciones marxistas se articularon momentáneamente con la "tradicional" crítica antropológica al productivismo y formas de vida de la sociedad dominante en comparación con las "sociedades etnográficas". Relacionado estrechamente con esta convergencia está el cambio propuesto para la intervención antropológica; a una antropología aplicada de referen- cia colonialista se propone una práctica que debe tomar en cuenta la acción política. Esto comenzará a denominarse en algunos contextos como investiga- ción-acción. El "descubrimiento" del saber como po- der y de la institución como control fundamentan en parte dicha alternativa de acción. Los conceptos clave utilizados en este tiempo fueron los de estructura, modo de producción, relación estructura/superestructura, ideología, cambio estructural, relación sujeto/estructura, símbolo, etc. Si bien la problemática del sujeto fue recuperada a nivel teórico por diversas tendencias, por otro lado siguió siendo liquidada en beneficio de la cultura o de la estructura. Los sujetos sociales pasaron a ser pensados en términos de clases sociales, de proletariado,

Definiciones, indefiniciones y pequeños saberes

de campesinado (como clase), de nacionalidades, pero se reforzó la concepción de que es la sociedad lo constitutivo y de que el sujeto es a lo más un vehículo de la cultura o de la estructura. No obstante, una parte significativa de la antro- pología social propondrá que los sujetos portadores de cultura (o de la estructura) constituyen sujetos sociales de la transformación. Así, el proletariado, el campesinado o los grupos étnicos son analizados en términos de agentes sociales activos del cambio, lo cual constituyó una modificación que no afectó sin embargo el lugar pasivo que la subjetividad guarda para el conjunto de las concepciones teóricas domi- nantes. Esta crisis originó una situación de incomodidad ideológica, de desconfianza instrumental, de negación del saber, que fue controlada parcialmente por el proceso de institucionalización profesional. Pero este proceso que asegura en gran medida la reproducción social de la antropología no impidió la continuidad de un "malestar" disciplinario que dura hasta la actualidad. Mientras que en el primer periodo de crisis puede señalarse una ausencia comparativa de la antropología social producida en América Latina, esta situación se verá afectada de manera particular durante el segundo lapso. En México es donde este fenómeno se expresa con mayor claridad. 11

El cólera ¿es sólo una metáfora?

En la actualidad, ¿qué procesos en general, y en relación con la antropología social en particular, per- mitirían hablar de crisis en los términos propuestos? En lo general, destacan la crisis de los sistemas denominados "socialistas", el rápido cambio de algu- nos de ellos hacia formas capitalistas y un proceso de reconstitución de sus estructuras burocráticas. Como consecuencia sustantiva asistimos a la quiebra ideológica de estos sistemas como referencias de una posible reorganización de la sociedad, y correla- tivamente al fortalecimiento de la hegemonía y domi- nación de los países capitalistas centrales sin pro- puestas críticas alternativas a nivel global. 12 Asistimos también a una explosión de las nacionalidades, etnicidades y religiosidades que en forma particularista pretenderían constituirse en opciones "societarias" específicas. Tal como hicimos con respecto a los lapsos ante- riores, no analizaremos la situación general, sino el estado de nuestra disciplina. Una primera mirada permite concluir que no hay nuevos sujetos, no hay nuevos conceptos, no hay casi nuevos problemas. La mayoría de los "nuevos" conceptos, por ejemplo, son tomados de la fenomenología, del existencialismo

e) Eduardo L. Menéndez

sartreano, de Gramsci, de Foucault, de Freud, etc. Tanto esta concepción como algunas aproximaciones teóricas venían siendo elaboradas dentro y fuera de la antropología y afectarían a la producción de cono- cimiento social general y no sólo antropológico. Desde un punto de vista de "historia interna" se retorna en gran medida el programa antropológico" de los años treinta que tuvo continuidad hasta los sesenta. La crítica a las teorías generales explicativas, la necesidad de producir enfoques sintéticos no dogmáticos, la concepción de que la "gran teoría" opera como un cierre a la explicación de las particu- laridades, el énfasis colocado en propuestas que observan la diferencia y no sólo la desigualdad, etc., 13 constituían parte de dicho "programa". Lo que ocurre ahora es que se constituye como reacción, pero no sólo como una reacción antimarxista sino también anti- durkheimiana, antilévistrausiana e inclusive anti- weberiana, en la medida en que emergen como cuestionamiento de todo sistema global al que consideran cerrado, no procesal, hiperestructural, normativo, etcétera. En esta reacción operan algunas extrañas síntesis donde, por ejemplo, el sujeto es recuperado en nombre de la intencionalidad fenomenológica (los discípulos de Schultz), mientras que por otra parte aparece negado en nombre de la perspectiva foucaultiana, y viceversa. Pero ésta y otras discusiones, y ello debe subrayarse, venían desarrollándose fuera de la antropología social desde los treinta y en parte fueron recuperadas durante los sesenta. Las "nuevas perspectivas" no sólo desconfían de los discursos cerrados, sino de los sistemas demasiado coherentes, dado que, se supone, dicha coherencia es más que nada una exigencia de un sistema teórico que al buscar su autovalidación clausura no sólo las diferencias y contradicciones sino sobre todo el papel de las prácticas, de lo "espontáneo", de lo no controlable o integrable en la norma, etc. Pero el desarrollo de las "nuevas perspectivas" es paradójico además de contradictorio, y así observamos que una de las aproximaciones más influyentes, constituida a través de una de las etnografías más sutiles de las prácticas -me refiero a la producida por Goffman- nos permite concluir por ejemplo que la "espontaneidad" no existe, sino que está microestructurada. Ya hemos señalado previamente que toda una serie de concepciones "actuales" como la recuperación del relativismo, la crisis de la idea de progreso o la negación de la historia universal, al igual que determinados estilos de escritura, ya estaban desa- rrollados dentro y fuera de la antropología social a partir de la década de los treinta. Desde nuestro punto de vista una parte significativa del planteamiento actual ya había sido propuesta y desarrollada,

y los nuevos discursos no consiguen, hasta lo que puedo observar, convertirla en un nuevo problema, en cierta medida por desconocimiento del proceso histórico que la constituyó. 14 Si hiciéramos un esfuerzo de síntesis encontra- ríamos que en la antropología social, pero también en el conjunto de disciplinas sociohistóricas, existen dos líneas que tratan de llevar adelante una suerte de "programa" teórico. Tenemos una vertiente a la que podemos denominar "teoría de las prácticas", que incluye en su aparato crítico la mayoría de los criterios ya expuestos y cuyos conceptos clave serían los de proceso, duración, estrategias, reproducción, carrera, transacciones, relación hegemonía/subalternidad, etc. La sociedad y/o la cultura son entendidas como estructuraciones provisorias constituidas a través de prácticas sociales asimétricas en un proceso de transacciones constantes. Junto a ésta tenemos otra línea a la que podemos denominar "teoría del discurso" y cuyos conceptos básicos son los de textualidad, descentramiento, conciencia fragmentada, contingencia, desconstruc- ción, desfamiliarización, discurso, etc. En forma mu- cho más militante que la línea anterior genera un enfrentamiento con la perspectiva "positivista" a la que opone la aproximación ("experiencia") antropológica no fragmentada, y pone un énfasis particular en toda una serie de cuestionamientos que dan

Eduardo L. Menéndez

de diferentes concepciones marxistas en por lo menos algunas especialidades y subespecialidades de la antropología social. Desde esta óptica cabe subrayar que la crisis socioeconómica e ideológica de los "socialismos re- ales" no implicó la convalidación social ni ética ni la negación del mantenimiento de condiciones estruc- turales y subjetivas negativas tanto en las sociedades capitalistas centrales como en las sociedades depen- dientes. Un sector significativo de la antropología social estadounidense ha asumido el marxismo y lo ha articulado con otras perspectivas teóricas para describir y analizar las consecuencias actuales de una crisis que alude conjuntamente a procesos eco- nómico-políticos y culturales (ver Baer, Singer y Johensen, 1986; Singer y Baer, 1989; Morgan, 1987; Scheper Hughes y Lock, 1986; Frankemberg, 1988; Morsy, 1988; J. Sinkind, 1988). La revisión de las "crisis" deja ver la imposibilidad de sostener la diferenciación de la antropología social en términos epistemológicos; la convergencia e inte- racción disciplinaria es lo dominante, por encima de las fuerzas de institucionalización académica. Por otra parte, la actual situación de esta disciplina en

Notas

1 Este artículo está pensado desde el desarrollo general de la antropología social. En un trabajo futuro esta línea de análisis será aplicada a su situación en América Latina. 2 Nuestros comentarios no sólo se refieren a la antro- pología social, sino también a la antropología cultural, a la etnología, a la etnografía, etc., en la medida en que consideramos que estas "disciplinas" no son tales, sino tendencias o momentos en el desarrollo de la antropología. Debo indicar también que el problema de la legitimación debe ser referido no sólo a la antropología social, sino también a la arqueología, a la antropología física, a la etnohistoria, a la lingüística. 3 En una enumeración más exhaustiva deberían incluirse otras preguntas, algunas de las cuales nos conducirían a problemáticas de otro orden de interés. Así, por ejemplo, podrían incluirse interrogantes como los siguientes: ¿puede la antropología ser reducida al placer de un sujeto determinado por hacer antropología?, o ¿puede ser considerada como un modo más de ganarse la vida? 4 Según G. Balandier existen varias perspectivas teóricas para el análisis de la situación actual, pero la mayoría opera a partir de la sociedad de pertenencia y no permite el distanciamiento necesario: El verdadero camino es el que lleva a cabo la antropología, Única aportación de la inteligibilidad de los 'otros' grupos sociales y culturales, durante tanto tiempo ignorados o desconocidos, única preparación para una ponderación cognoscitiva que permita una comprensión a la vez desde dentro y fuera (Balandier, 1988 (1985):18). 5 No hemos podido desarrollar aquí esta afirmación por falta de espacio, pero debe recordarse que no sólo desde

los países centrales con producción antropológica significativa no es de crisis, según nuestro análisis, sino que, perdida la virginidad antropológica en los sesenta se instaló en la antropología social un nivel diferente de relación con su producción -y sobre todo con los sujetos/objetos de investigación-, que no permite la "tranquilidad teórica ni metodológica". En nuestro entender, tanto la quiebra de los "socialismos reales" como el nuevo nivel de conflictividad posibilitaron en algunos países el desarrollo de perspectivas más problematizadas y complejas teóricamente. Y ello operó positivamente dentro de una tradición disciplinaria preocupada por la etnografía y por las prácticas. Este proceso se da, sin embargo, dentro de un contexto de especialización y fragmentación que puede conducir a una reorganización de los campos de interés, orientándose en función de problemáticas y no de los comportamientos disciplinarios, lo cual a su vez puede permitir encontrar un nuevo enfoque holístico a partir de las especializaciones. Pero ésta sólo es una posibilidad abierta, en permanente fricción con los ya establecidos procesos de institucionalización. 20

el lapso 1920-1930 existe un proceso de mutua influencia entre la antropología y las otras ciencias históricas y sociales, sino que determinadas tendencias teóricas de ambos espacios disciplinarios asumen como referencias centrales a los mismos autores. Durkheim es el principal referente de la sociología francesa y uno de los principales de la sociología estadounidense al mismo tiempo que es el autor más influyente en el desarrollo de la antropología francesa, pero también de la británica a partir de los años treinta. A su vez Talcott Parsons no sólo constituyó la referencia teórica más significativa del estructural-funcionalismo sociológico, sino que, por ejemplo, es la principal referencia teórica para uno de los antropólogos de moda, como es el caso de C. Geertz. No pueden entenderse los planteos de Mead, Kluchohn o Devereux sin referirse al psicoanálisis, pero tampoco son inteligibles teóricamente Boas, Kroeber, Lowie o Benedict sin tocar al historicismo o al morfologismo alemanes. Debe asumirse que autores como Durkheim, Weber, Marx. Malinowsky o Lévi-Strauss han influido sucesivamente tanto en antropólogos como en otros científicos sociales. 6 Nuestra propuesta de continuidad/discontinuidad del conocimiento en periodos de crisis no tiene que ver con las de Khun, a las cuales no reconocemos pertinencia, sobre todo para el análisis del desarrollo teórico en el campo de las ciencias sociales y antropológicas. Su "modelo" justamente tiende a excluir las "prácticas" ya cerrarse sobre lo institucional y "teórico". 7 Se ha vuelto a poner de moda la discusión sobre el nazismo de Heidegger, pero los antropólogos parecen querer olvidarse del fascismo declarado y asumido de numerosos

antropólogos alemanes, italianos, franceses, españoles, rumanos y latinoamericanos. Una parte significativa de la producción antropológica alemana e italiana se adhirió a las concepciones fascistas, como también lo hizo una parte de la élite científica en biología, física, medicina de dichos países. Como también se adhirió al estalinismo gran parte de la producción científica rusa. Pero lo que me interesa destacar es que la antropología además de adherirse constituyó un protagonista central, dado su papel como productor de materiales etnográfico-etnológicos y de explicaciones que sustentaban parcialmente a las concepciones fascistas. Esta situación particular colocó en crisis a nuestra disciplina, pero también a la arqueología, a la antropología física y a la lingüística, pues el conjunto de las ciencias antropológicas estuvieron complicadas en esta colaboración Ideológica. 8 Debe recordarse que varios de los temas de investigación centrales de la antropología italiana y sobre todo de la alemana se referían a problemas ideológicos y sociales básicos para la sociedad de pertenencia. La preocupación especial por ciertos aspectos de la mitología, de los grupos de edad (en particular de la juventud), de la dinámica del cambio social estaban estrechamente ligados a las modificaciones sociales y énfasis ideológicos operados en dichas sociedades bajo el dominio del fascismo. 9 No puede olvidarse que en esta polémica estuvieron complicados e Implicados en forma antagónica algunos de los principales antropólogos sociales estadounidenses que trabajaron sobre América Latina, en particular G. Foster, R.Adams, E, Wolf o R. Beals. La "desregulación ideológica" actual, así como la deshistorización del proceso cognoscitivo ha conducido a un extraño olvido de esta etapa crítica que afectó notoriamente a la antropología de los países hegemónicos, y en particular a la producción sobre Lati- noamérica (ver Menéndez, 1970). 10 La importancia que en su momento cobró la "inven- ción" de Castaneda sólo pudo darse por la articulación que operó entre determinada producción antropológica y de- terminadas necesidades de una parte de la sociedad global. En relación con esto, tampoco es un azar que "otro" novelista de éxito, como es el caso de I. Wallace, por la misma época publicara una obra donde la antropología, y sobre todo el antropólogo, expresan un determinado "estilo de vida". 11 Como ya señalé antes, en otro trabajo analizaré en particular la "crisis" de la antropología social en América Latina. 12 Existe una diferencia significativa en cuanto a la emergencia y consecuencias de la crisis con respecto a los lapsos anteriores. Mientras que en los dos primeros la crisis opera en y a partir de la situación dada en los países capitalistas centrales, en el tercero la crisis emerge y expresa las contradicciones económicas e ideológicas de los denominados "socialismos reales". Debe subrayarse que esta emergencia crítica ha relegado en términos no sólo teóricos sino éticos la profundización de la crisis económica e ideológica en los países capitalistas dependientes. 13 Una "abierta genealogía del saber antropológico" detectaría que gran parte del bagaje teórico de las líneas críticas dominantes en la actualidad remiten no sólo a

Definiciones, indefiniciones y pequeños saberes

determinadas propuestas de Durkheim, Mauss o Weber sino sobre todo a determinadas propuestas de la antropología cultural norteamericana. Una relectura de Sapir, Redfield. Linton, Kluchohn o Mead permitiría observar esto que, por otra parte, debe estar no conscientemente integrado en la producción de dichas corrientes críticas. 14 Los planteos historicistas desarrollados desde fines del siglo XIX condujeron a que toda una serie de autores en el lapso 1920-1930 propusieran el advenimiento de una "conciencia histórica", pero en la práctica dicha posibilidad fue casi disuelta por el triunfo de las diferentes mitologías. 15 Debe indicarse que pese a esta apropiación, "el" antropólogo se convirtió en un interlocutor comparativamente privilegiado. Esto ocurrió en nuestro entender por tres factores: la puesta a prueba de la teoría de "los otros"; la verificación existencial en la "larga duración" del trabajo de campo y la desconfianza metodológica a los sistemas teóricos cerrados, pese al interregno estructuralista. 16 Ya hemos señalado en otros trabajos que pese a la preocupación por el sujeto, a partir de la década de los setenta se configura una tendencia que cuestiona la concepción del sujeto social como transformador radical, y lo reduce a un portador de cultura que trata de sobrevivir. La teoría de la plasticidad del hombre culturalmente constituido alcanza con el concepto de estrategia y de otros similares una de las mismas expresiones de la ideología antropológica. 17 Ver, por ejemplo, la polémica generada por la inter- pretación de la expansión del Sida a partir de concepciones raciales (J, Rushton y A. Beaert. 1989; J.P, Ruston, 1990; Ch. Leslie. 1990; C. Owen, 1990; P. McEwan, 1990). Las concepciones biológicas y / o racistas han venido avanzando sostenidamente en los últimos años y así puede observarse que no sólo el Sida, sino el alcoholismo, determinadas enfermedades mentales, determinadas "patologías sociales" vuelven a ser explicadas por la constitución biológica no sólo de los sujetos sino de los grupos étnicos y sociales. 18 El desarrollo del proceso de especialización y de subespecialización en la antropología social sobre todo en Estados Unidos está afectando de hecho no sólo la concepción holística sino al proceso de comunicación científica entre antropólogos. Así, por ejemplo, el debate en torno a la antropología clínica además de importar relativamente poco a otros campos de especialización, es difícil que sea entendido por aquellos que no están especializados en el campo de la antropología médica (ver Baer, 1990; McLean. 1990; Morgan, 1990; Press, 1990; Chrisman y Maretzki, 1982). 19 Debe quedar lo suficientemente claro que el proceso de expansión antropológica se genera a partir de la apropiación de nuevos temas/problemas, sobre todo a través de las especialidades, pero teniendo como trasfondo la matriz institucional que estructuró nuestra disciplina. Esta situación también se refleja en la actual producción teórica, así como en sus dificultades para "hablar" en nombre de "la" producción antropológica global y especializada. Es interesante observar, por ejemplo, que los especialistas en antropología política suelen hacer escasas referencias a la masa de investigación y de teorización