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La evolución social y tecnológica en Europa y China: un comparativo - Prof. Baldó, Apuntes de Historia

Este texto discute la evolución social y tecnológica en europa y china a lo largo de la historia. Se analizan las transformaciones anatómicas y el aumento del tamaño del cerebro, la selección natural del bipedismo, la nueva forma de vida y su impacto en la desarrollo de armas y refugios, la organización social y la autoridad centralizada, la ausencia de china en el comercio a larga distancia y su impacto en la organización social europea, y la construcción navale de china y su decadencia. El texto ofrece una comparativa detallada de los desarrollos sociales y tecnológicos en ambas regiones.

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 03/12/2014

kobo93
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Textos sobre la
transformació social
Introducció a la història, grup A
Marc Baldó Lacomba
Introducció a la història
2013-14
1) MORFOGÉNESIS MULTIDIMENSIONAL DEL HOMO
SAPIENS
Ante todo, el homínido se distingue del chimpancé no por el peso de
su cerebro, ni probablemente por sus aptitudes intelectuales, sino por la
locomoción bípeda y la posición vertical... La verticalidad es el elemento
decisivo que liberará a la mano de toda actividad locomotora. En este
aspecto no debe olvidarse que la oposición del pulgar, acrecentando la
fuerza y la precisión de la prensión, convertirá a la mano en un instrumento
polivalente. De golpe, el bipedismo abre la posibilidad de evolución que
conduce hasta sapiens. La posición vertical libera a la mano, la mano libera
a la mandíbula, la verticalización y la liberación de la mandíbula eximen a
la caja craneana de las tensiones mecánicas que hasta entonces pesaban
sobre ella y ésta puede ensancharse en benecio de un inquilino de mayor
volumen.
Pero tal esquema (enderezamiento anatómico – desarrollo tecnológico
liberación craneana) en modo alguno puede haber sido casual ni lineal,
sino resultado de la intervención de factores de los más diversos órdenes
interaccionándose entre sí.
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Textos sobre la

transformació social

Introducció a la història, grup A

Marc Baldó Lacomba

Introducció a la història

1) MORFOGÉNESIS MULTIDIMENSIONAL DEL HOMO

SAPIENS

“Ante todo, el homínido se distingue del chimpancé no por el peso de su cerebro, ni probablemente por sus aptitudes intelectuales, sino por la locomoción bípeda y la posición vertical... La verticalidad es el elemento decisivo que liberará a la mano de toda actividad locomotora. En este aspecto no debe olvidarse que la oposición del pulgar, acrecentando la fuerza y la precisión de la prensión, convertirá a la mano en un instrumento polivalente. De golpe, el bipedismo abre la posibilidad de evolución que conduce hasta sapiens. La posición vertical libera a la mano, la mano libera a la mandíbula, la verticalización y la liberación de la mandíbula eximen a la caja craneana de las tensiones mecánicas que hasta entonces pesaban sobre ella y ésta puede ensancharse en beneficio de un inquilino de mayor volumen. Pero tal esquema (enderezamiento anatómico – desarrollo tecnológico

  • liberación craneana) en modo alguno puede haber sido casual ni lineal, sino resultado de la intervención de factores de los más diversos órdenes interaccionándose entre sí.

Presupone, en efecto, mutaciones genéticas que llevarán a cabo las necesarias transformaciones anatómicas y el aumento del tamaño del cerebro, una ‘selección’ del bipedismo efectuada por un medio natural adecuado (la sabana) , un nuevo tipo de vida que, convirtiendo a ese animal en presa y predador a la vez, desarrollará aptitudes cerebrales hasta entonces no explotadas sistemáticamente por el chimpancé en una dialéctica pie-mano-cerebro para compelerlo a la utilización de armas defensivas y ofensivas, así como a la construcción de refugios, a iniciar su desarrollo tecnológico en el seno de una nueva praxis y, finalmente, a impulsar un despliegue de la propia complejidad social desarrollada por el nuevo tipo de vida, la nueva praxis, la actualización de virtualidades cerebrales, y desarrollándolas a su vez. Son pues las múltiples interrelaciones, interacciones e interferencias existentes entre los factores genéticos, ecológicos, práxicos (la caza), cerebrales, sociales y culturales los que nos permitirán concebir el proceso multidimensional de hominización que acarreará finalmente la aparición sobre nuestro planeta de homo sapiens.

Edgar Morin, El paradigma perdido: ensayo de bioantropología , Barcelona, Kairós, 1974, pp. 63-64.

2) EVOLUCIÓN Y DEVOLUCIÓN

“Considérese, por ejemplo, la prehistoria de Europa noroccidental. Los arqueólogos pueden trazar un vago esbozo de las estructuras sociales desde poco después del 4000 a. C. hasta poco antes del 500 a. C. (cuando la Edad de Hierro introdujo enormes cambios). Se trata de un plazo larguísimo, más largo que toda la historia ulterior de Europa. Durante ese período, con una o dos excepciones los pueblos de Europa Occidental vivieron en sociedades relativamente igualitarias o de rangos , no en sociedades estratificadas. Sus ‘Estados’ no han dejado huellas de

Hill. Renfew especula que fueron resultado de jefaturas supremas parecidas a las halladas entre los indios cherokees, que comprendían 11.000 personas repartidas en 60 unidades aldeanas, cada una de las cuales tenía un jefe y que podían movilizarse para la cooperación a corto plazo. Pero había algo dentro de esta estructura que impedía que se estabilizara. En el caso de Stonehenge, tenemos algunos conocimientos de la prehistoria. Me baso agradecido en las obras recientes de Shennan (1982,

  1. y de Torpe y Richards (1983). Estas revelan un proceso cíclico. Stonehenge estaba ocupado antes del 3000 a. C., pero su mayor período monumental se inició hacia el 2400. Este período se estabilizó y volvió a empezar hacia el 2000. Una vez más se estabilizó para reanudarse, aunque con menos vigor, antes de 1800 a. C. Tras esta fecha, los monumentos fueron quedando progresivamente abandonados y para el 1500 a. C. parece que no desempeñan ningún papel social importante. Pero la organización basada en los monumentos no era la única de la zona. La cultura del ‘vaso campaniforme’ se difundió a partir del continente poco antes del 2000 a. C. Sus restos revelan una estructura social centralizada y enterramientos ‘aristocráticos’ que contienen ‘bienes de prestigio’, como cerámica de buena calidad, dagas de cobre y muñequeras de piedra. Estos enterramientos afectaron a la actividad monumental, pero acabaron por socavarla y sobrevivirla. Pocos sugieren hoy que se tratara de pueblos diferentes; más bien dos principios de organización social coexistieron en medio de la misma agrupación flexible. Los arqueólogos interpretan la organización monumental como la dominación absoluta de rangos por una élite de linaje centralizada que monopolizaba el ritual religioso y la organización del vaso campaniforme como la dominación relativa de rangos por élites imbricadas de linaje y de hombres grandes con una autoridad menor basada en la distribución de bienes de prestigio. Naturalmente, el hablar de linajes y de hombres grandes es una mera suposición basada en razonamientos analógicos a partir de pueblos neolíticos modernos. Es posible que la cultura monumental no estuviera centrada en absoluto en el linaje. Igualmente resulta plausible considerarla como una forma centralizada de democracia primitiva en la cual eran los ancianos de las aldeas quienes ostentaban la autoridad ritual. Pero esas discusiones no pueden oscurecer el aspecto central. En la competencia entre la autoridad relativamente centralizada y otra

descentralizada, fue la última la que ganó, pese a los asombrosos poderes de la organización colectiva de la primera. La autoridad nunca se consolidó en un Estado coercitivo. Por el contrario, se fragmentó en grupos de linajes y de aldeas, cuyas élites poseían una autoridad precaria. Esto no se vio acompañado de una decadencia social. La gente fue prosperando algo. Shenann sugiere que la descentralización entre los pueblos europeos como un todo fue la respuesta al crecimiento del comercio a gran distancia. Y la circulación de bienes de prestigio. Su distribución aumentó la desigualdad y la autoridad, pero no de un tipo permanente, coercitivo, centralizado.”

Michael Mann , Las fuentes de poder social. I: una historia del poder desde los comienzos hasta 1760 d. C. , Madrid, Alianza, 1991, pp. 100-103. Stonehenge Avebury, Silbury Hill Naveta dels Tudons Vaso campamiforme

3) HISTORIA DE CHINA: CONTRAFACTUAL Y PESO DE

LA TRADICIÓN

“Sobre la expansión comercial y política europea en el océano Índico y el este de Asia se cierne una pregunta de lo que podría haber sucedido. ¿Qué habría ocurrido si el siglo XVI no hubiera sido un período de confusión política en Asia, de guerras en la India entre los estados nativos y los invasores turcomanos y de aislacionismo chino, por no decir depresión, que expuso a Asia a los embates despiadados de los invasores? La ‘ausencia’ de China resultó determinante. Entre 1405 y 1331, los chinos emprendieron como mínimo siete grandes expediciones navales para explorar las aguas de Indonesia y del océano Índico. Con estos viajes se quería hacer ondear la bandera china, conocer a los bárbaros la gracia de contemplar y admirar el imperio celeste, recibir demostraciones de pleitesía y tributos, y recoger para el emperador las escasas rarezas que no se hallaban dentro de sus confines. Entre otras cosas, las naves trajeron de vuelta especimenes zoológicos exóticos: jirafas,

piratas. La flota se componía incluso de buques cisterna cargados de agua, que garantizaban un suministro de agua fresca durante un mes o más. La primera de estas flotas, la del almirante Zheng He (Cheng-ho) de 1405, se componía de 317 naves y transportaba 28.000 personas. Entre 1404 y 1407, se apoderó de China el frenesí de la construcción y renovación naval. Se hizo participar a provincias litorales enteras en el esfuerzo, mientras se talaban los bosques interiores. Centenares de hogares de carpinteros, herreros, constructores de velas, cordeleros, calafates, carreteros y transportistas, incluso anotadores de los tiempos de ejecución, fueron trasladados por decreto agrupados en equipos, albergados en corralones cercanos a su lugar de trabajo. Dado que los carpinteros de ribera y sus aprendices solían ser analfabetos, el aprendizaje se realizaba mediante el ejemplo, utilizando maquetas hechas a mano cuyas partes encajaban perfectamente sin necesidad de clavos. Ningún detalle por pequeño que fuera, escapaba a la planificación de estos constructores: tablones superpuestos, capas múltiples, las juntas entre tablones calafateadas con yute y cubiertas con cal tamizada y aceite de aleurites, clavos de hierro impermeabilizados contra la herrumbre, maderas especiales para cada uso, incluso ‘grandes ojos de dragón’ pintados en la proa para que el barco pudiera ‘ver’ adonde se dirigía. Dichos ojos, además de un timón popel bien equilibrado y de u8n lastre pesado, guiados por la experiencia náutica y sabiduría popular, llevaban a las naves de un puerto a otro. El trabajo en sí se realizaba en inmensos diques secos (en esto China se adelantó a la tecnología europea en varios siglos) que desembocaban en Changjiang. De este modo, en un período de tres años, los chinos construyeron o rehabilitaron 1.681 barcos. La Europa medieval no hubiera podido imaginar siquiera una armada de ese calibre. Con todo, esa apertura china al mar y al ancho mundo se quedó en nada, de hecho fue reducida deliberadamente a la nada. En el decenio de 1430, un nuevo emperador, que ‘no temía nada’, ascendió al trono en Pekín. Un grupo de presión, los confucionistas, competía por los favores y la influencia ante el rey: se trataba de mandarines que se mofaban y desconfiaban del comercio (para ellos, la única verdadera fuente de riqueza era la agricultura) y detestaban a los eunucos que habían planeado y llevado a cabo los grandes viajes. Durante varias décadas ambos grupos rivalizaron por la influencia, y la balanza se inclinó ora de un lado ora del

otro. Pero la fiscalidad y los más altos valores morales chinos estaban del lado de los confucionistas. La campaña marítima había agotado las finanzas del imperio y debilitado su autoridad sobre una población exangüe por los impuestos y los trabajos comunales públicos. La decisión (que data de principios del siglo XV) de trasladar la capital a Pekín empeoró las cosas: hubo que construir nuevas murallas para la ciudad, un palacio con más de nueve mil habitaciones y los campesinos, sujetos en principio a la obligación de prestar servicios durante treinta días, fueron mantenidos en el tajo durante años consecutivos. Tan sólo la factura de transporte -de trasladar la corte de Nankín a su nuevo emplazamiento, a 1.300 kilómetros aproximadamente– hizo aumentar los recargos fiscales. Algunos funcionarios concienciosos protestaron, pero los cortesanos imperiales ahogaron sus voces con sanciones severas y humillantes. Un perfecto que se opuso a estas exacciones fue metido en una jaula y conducido en desgracia hasta la capital, para que lo interrogara el emperador. Todo un desprecio del sentido del deber. Entre tanto, en la frontera noroeste, un grupo de invasores, cambiante y al mismo tiempo siempre igual, no daba tregua al imperio, apurando los recursos y reclamando una atención constante. De modo que, tras varias décadas de tira y afloja, de celebraciones y conmemoraciones un día y oprobio y repudio el siguiente, se tomó la decisión no sólo de abandonar la exploración marítima, sino incluso de erradicar el mero recuerdo de lo que había ocurrido, para evitar que las generaciones posteriores tuvieran tentación de volver a cometer esa locura. A partir de 1436, las solicitudes de asignación de nuevos artesanos a los astilleros fueron rechazadas, así como las de renovación de donaciones habituales en beneficio de extranjeros, en ambos casos presumiblemente por motivos económicos. A falta de construcciones y reparaciones, las flotas públicas y privadas fueron mermando. Floreció la piratería en aquellas aguas desprotegidas (los japoneses se mostraron especialmente activos), y China dio aún más importancia al transporte por canales interiores. En 1500, quien construyera una nave de más de dos mástiles era amenazado con la pena de muerte y, en 1525, se instó a las autoridades costeras a destruir todos los barcos que bogaban por el mar y a arrestar a sus propietarios. Por último, en 1551, echarse a la mar con un barco de varios mástiles,

El carácter aleatorio del programa –hoy sí, mañana no– se acrecentaba por su carácter oficial. En Europa, la participación de la iniciativa privada, que se daba incluso en proyectos monárquicos como la búsqueda de una ruta marítima a las Indias, propiciaba una financiación mancomunada, lo que constituía una garantía de racionalidad. Algo impensable en China, donde el estado confucionista abominaba del éxito comercial. La apertura del mar, además, conllevaba gastos ingentes de defensa contra la piratería: cuanto más activas eran las naves, mayor la tentación para los corsarios. Según el gobierno chino, por consiguiente, los comerciantes actuaban por libre, enriqueciéndose a expensas del imperio. De ahí la decisión de darle la espalda al mar. En 1477, un poderoso eunuco llamado Wang Zhi, jefe de la policía secreta, pidió los diarios de navegación de los grandes viajes, con la idea de resucitar el interés por las expediciones navales. Como respuesta, el vicepresidente del Ministerio del Ejército confiscó los documentos y los escondió o quemó. Cuando le dieron explicaciones de esa desaparición misteriosa, tildó los diarios de ‘falsas exageraciones de cosas extravagantes, sin ninguna relación con lo que ve y oye el pueblo; no merecedoras, por tanto, de crédito. En cuanto a las mercancías que los barcos del tesoro traían a casa, los beteles, cañas de bambú, cepas, granadas y huevos de avestruz y absurdeces de este tipo’ no aportaron obviamente nada a China. En estos viajes al océano Occidental se habían dilapidado ‘sumas exorbitantes de dinero y grano’, por no mencionar las ‘sumas exorbitantes’ de vidas. No había nada más que hablar. Uno sigue preguntándose qué habría ocurrido si los chinos no hubieran abandonado el comercio y las exportaciones, si los portugueses hubieran llegado al océano Índico cuando las gigantescas naves chinas señoreaban los mares. O si China, en lugar de detenerse en un lugar cercano al canal de Mozambique, hubiera rodeado el cabo de Buena Esperanza para internarse en el Atlántico, estableciendo así vínculos marítimos con el África occidental y Europa. Este tipo de hipótesis negativas fascinan a los historiadores y economistas, no tanto por la imposibilidad de encontrar respuestas, como por su valor heurístico. Mirando hacia atrás, creemos saber qué ha ocurrido. Si lo hacemos hacia delante, debemos prever resultados dispares. Ese tipo de preguntas que se entran en las causas y los efectos nos ayudan a distinguir entre influencias principales y

accesorias, directas e indirectas, y sugieren posibilidades que de otro modo habrían pasado desapercibidas. En cuanto a la hipótesis de una extensión marítima interrumpida de China, por ejemplo, hay que contemplar la posibilidad de un estallido de violencia, y de una competencia dictada por la fuerza. Exteriormente los chinos eran inconmensurablemente más poderosos y ricos. ¿Quién podía hacerles frente? Y, sin embargo, en realidad sucedía lo contrario. Los chinos habían aprendido el secreto de la pólvora antes que los europeos, pero estos tenían mejores cañones y mayor potencia de fuego, especialmente de lejos. Los chinos tenían naves mayores, pero los europeos eran mejores navegantes. Comparando ambos bandos en torno a 1400, es probable que los chinos hubieran acabado por imponerse, cuando menos en el océano Índico o el mar de China meridional. (Hasta los animales fuertes tienen problemas para imponerse a presas más débiles cuando están cerca de su guarida). Pero, cincuenta años después, los europeos hubieran mareado a los navíos chinos, incluso en aguas asiáticas. Naturalmente, los chinos podrían haber aprendido de su experiencia y estar un día en condiciones de enfrentarse a los europeos con armas y flotas semejantes. Es uno de los inconvenientes de la hipótesis: tienen un final abierto y el grado de confianza disminuye cuanto más se especula. Es aislacionismo era lo que más se ajustaba a la situación de China. Rotundo, íntegro, aparentemente sereno, inefablemente armonioso, el imperio celeste se deslizó ronroneando a lo largo de varios siglos, impenetrable e imperturbable. Pero el mundo lo estaba dejando atrás”.

David S. Landes, La riqueza y la pobreza de las naciones , Barcelona, Crítica, 2000, pp. 99-103.

4) LES PRIMERES CIVILITZACIONS