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Asignatura: prehistoria, Profesor: Alvarez Sanchis, Jesus, Carrera: Historia, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Torralba y Ambrona (Soria, España)
Introducción:
Los yacimientos de Torralba y Ambrona se encuentran situados en el valle del río Mansegal, en las estribaciones de la Sierra Ministra, al Sur de la provincia de Soria.
Su localización está distante 3 Kms., incluyéndose dentro de los límites territoriales de las localidades de Ambrona y Torralba del Moral, que pertenecen respectivamente a los términos municipales de Miño de Medinaceli y Medinaceli.
Los yacimientos constituyen un completo y singular conjunto arqueo-paleontológico, que cronológicamente se sitúa en el Pleistoceno Medio, quedando caracterizado, junto con la fauna y restos de madera, por una interesante industria lítica y ósea característica del Achelense Medio.
Historiograficamente este yacimiento es y ha sido uno de los más importantes del Paleolítico Inferior de Europa tanto por la calidad de la información que ha aportado, como por la espectacular concentración de restos que ofrece al visitante.
Esqueletos fósiles incompletos de elefantes (E lephas antiquus ), restos de otros animales, así como de hachas de mano. Parte de los restos permanecen en el propio yacimiento, correspondiente al Paleolítico inferior, pero otros están depositados en diversos museos de la Península Ibérica (Museo Arqueológico Nacional, Museo de Ciencias Naturales, Museo Numantino de Soria; un pequeño lote en el Museo Nacional de Washington). Por último hay que hacer referencia a los restos óseos que permanecen en el propio yacimiento de Ambrona.
Las excavaciones descubrieron restos de una abundante fauna de mamíferos (uros, caballos, panteras, megaceros, ciervos y otros), destacando un tipo de elefante de defensas rectas ( Elephas antiquus ) de hace 300.000 años, cuyos fósiles se muestran en el Museo de Ambrona. Se recuperó también un conjunto de útiles líticos (bifaces, raederas, cuchillos) y algunos objetos realizados en hueso y madera.
Los restos de la cultura material en Ambrona y Torralba corresponden al Homo heildelbergensis encuadrado culturalmente en el Paleolítico Inferior, con una datación de en torno a los 300.000 años.
Interpretaciones sobre este yacimiento. A comienzos del siglo XX autores como el Marqués de Cerralbo interpretaron este yacimiento como un cazadero de elefantes, en los que los seres humanos aprovechando la orografía del terreno y las lagunas del entorno asustaban a las manadas de elefantes con palos de fuego, provocando que muchos quedaran atrapados en las zonas pantanosas del yacimiento. Una vez inmovilizados los animales, a los seres humanos les sería más fácil cazarlos lanzando piedras y lanzas. Interpretaciones parecidas fueron propuestas por Howell y Freeman durante los años ochenta y noventa, sin embargo nuevos trabajos propusieron interpretaciones alternativas. Los trabajos de Santonja, Pérez González y otros demostraron que Torralba y Ambrona son dos yacimientos independientes y que los animales allí documentados no se deben a la acción humana, sino a un cúmulo de factores que implica episodios de muerte natural, acción de carnívoros y débil evidencias de actividad humana. Las marcas de corte documentadas en diversos animales indican que las poblaciones humanas intervinieron en el yacimiento, pero también sabemos que lo hicieron un bajo grado de intensidad según se desprende de las pocas piezas líticas encontradas en los yacimientos. Numancia
1. Situación
mangas y capucha, muy apreciado por los romanos que lo exigían como impuesto de guerra. Asnos, mulos y rápidos caballos, preferidos a los itálicos. En el bosque caza abundante de ciervo, jabalí, liebre, conejo, oso y lobo. La agricultura estaba poco extendida en la zona numantina, frente a la zona central del río Duero, habitada por los vacceos, donde el grano era abundantísimo. Las excavaciones de Numancia atestiguan cebada y trigo, de donde obtenían también la caelia , especie de cerveza de cereal. Del subsuelo se explota el hierro del Moncayo desde el s. IV a.C., aunque fue monopolizado más por las tribus de la Citerior, lo que marcará más las diferencias entre ambas Celtiberias.
2.3. Trazado General de la Ciudad “La ciudad, organizada en retícula, y con su centro ligeramente desplazado hacia el Oeste, se estructura en torno a dos largas calles paralelas dispuestas de noroeste a suroeste, cruzadas por otras 11, también paralelas entre sí, de dirección Este-Oeste, formando una retícula uniforme, sin dejar espacio libre como plaza o lugar de encuentro. Esta cuadrícula queda circundada al occidente por una calle paralela a la muralla” (Jimeno, 1990, p.19). La cuidad está bien planteada para evitar las inclemencias del tiempo. En las intersecciones el trazado de las calles es quebrado para cortar las corrientes de aire y por ello tan pocas calles tienen orientación norte. Aunque algunos historiadores clásicos suponían un gran perímetro para Numancia, debió contar entre 22 y 24 Has. Salvo construcciones ocasionales, la ciudad se mantuvo dentro del recinto murado en época celtibérica. Su ocupación se remonta al s. III-II a.C. y continuó desde el s. I a.C. hasta época medieval, con un posible período de interrupción tras su conquista en 133 a.C. La ocupación más continuada es de época romana: manzanas, casas y aceras que hoy contemplamos. De época celtibérica queda su trazado, señalado por los arroyos de las calles, lo que explica la diferencia de nivel entre arroyo y aceras. Desde la fundación presenta una regularidad de trazado y perfecta distribuciónurbana, lo cual invita a pensar que sea un trazado y una ciudad que se organice en un momento ya avanzado, cuando se conocen bien las influencias griegas y romanas de la ciudad en retícula, que podría ser a principios del s. II a.C., cuando, en función del enfrentamiento con los romanos, fuese elegida por su carácter estratégico para concentrar el contingente celtibérico.
2.4. La Muralla Aunque algunos historiadores antiguos hablaron de ausencia de murallas en la ciudad celtibérica, su perímetro, según Apiano, era de 4.400 m. Muy expoliada como provisión de piedra, en el s. XVIII todavía se distinguían tres cercos o vallados de piedra sin argamasa y en lo alto un murallón de 140 m de ancho, si bien las excavaciones sólo testimonian un cerco, ofreciendo menos consistencia en los lados SE y O, donde el cerro ofrece mejores defensas naturales; en la zona NE presentaba casas adosadas. Los tramos descubiertos muestran una muralla de sección trapezoidal con una base entre 3,5 y 4 m en el NE y 5,7 en el NO, construida a base de cantos rodados, lo mismo que el interior, unidos con barro y una altura de 6 m. Sólo se han detectado dos puertas formadas por una simple interrupción del muro. La más al Sur está protegida por una torre triangular, que conserva restos de las escaleras de acceso.
2.5. Costumbres Celtibéricas Los celtíberos comían básicamente carne y pan y bebían vino con miel, como nos indica el texto de Apiano: “Comen carnes variadas y abundantes y como bebida toman vino con miel, pues la tierra da miel suficiente y el vino lo compran a los mercaderes que navegan hasta allí”. A través de este texto se pueden apreciar las relaciones de esta zona con los vacceos del Duero Medio. La falta de vino era sustituida por la denominada caelia , su bebida preferida, que, según Orosio, se hacía de trigo fermentado, extrayendo por medio del fuego el jugo del grano de la espiga humedecido, seco después y reducido a harina y mezclándolo con un jugo suave, cuyo fermento le daba sabor áspero y un calor embriagador. “Cenan sentados en semicírculo en unos bancos construidos contra la pared; dan el primer asiento a la edad y al honor; comen en rueda...”: aunque Estrabón refiere este texto a los montañeses del Bajo Duero, es aplicable a los de esta zona. De hecho, esta costumbre -de comer en círculo en torno a un recipiente único por riguroso orden con una cuchara de hueso o madera y un pequeño cuchillo o navaja, con la que pinchaban la carne y se cortaba sobre el pan- ha sido característica en los pueblos de esta zona. Los hombres vestían túnica corta, sujeta con cinturón y encima, como ropa de invierno, se cubrían con el sagum. Las mujeres llevaban túnica larga con mangas y tocaban su cabeza con mantilla. Una costumbre de los celtíberos, que fue tachada de bárbara y salvaje por los romanos, es la que refiere Posidonio: “Siendo cuidadosos y limpios, en su modo de vida tienen un
Los celtíberos, aparte de la exposición del cadáver de los guerreros muertos en combate, tenían la costumbre de incinerar los cadáveres en piras o ustrinium , y sus cenizas se enterraban directamente en pequeños hoyos en el suelo o introduciéndolas en urnas o vasos de cerámica” (Jimeno, 1990, p.34). Sólo se han encontrado restos humanos en la ciudad: vasos con restos de incineración junto a la muralla, huesos dispersos y un niño inhumado bajo el suelo de una casa, costumbre que arranca en el Neolítico y se ha mantenido hasta épocas recientes.