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Asignatura: Historia de España antigua, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UGR
Tipo: Apuntes
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a. La crisis tardorrepublicana y la solución augústea La muerte de César no podía signficar la restauración del régimen señorial, falto de poder real, que se encontraba en manos del ejército, dirigido por los lugartenientes del dictador, Marco Antonio y Lépido. Fue Marco Antonio, colega de César en el consulado quien tomó las riendas de la situación con una serie de maquinaciones para mantener la línea política del dictador, basada en una acumulación de poder personal con una fuerte base militar. Sin embargo surgió un factor inesperado: la llegada a Roma del joven Cayo Octaviano, nombrado por su tío-abuelo hijo adoptivo y heredero y resuelto a asumir la herencia. El senado, dirigido por Cicerón, pretendía restaurar plenamente la República e intentó utilizar a Octaviano para combatir a Marco Antonio. Sin embargo, no hubo acuerdo: Octaviano exigió ser investido cónsul y no tuvo escrúpulos en marchar contra Roma con su poderoso ejercito y forzar la elección en el 43 aC. Era lógico un acercamiento entre el joven César y Marco Antonio, gracias a las manipulaciones de Lépido: materializado en una dudosa magistratura legal por la que los tres jefes cesarianos formaron el denominado “segundo triunvirato”, que colocaba a sus titulares durante 5 años por encima de todas las magistraturas, con un reparto de todas las provincias y legiones. El nuevo régimen, una vez exterminados los candidatos con el terrorismo de las proscripciones, venció en la batalla de Fhilippos al ejército republicano, que estaba acaudillado por los asesinos de César, Bruto y Casio. Tras la victoria, Antonio y Octaviano remodelaron las provincias a espaldas de Lépido: Antonio se ocuparía de Oriente y Octaviano en Italia ejecutaría los prometidos repartos de tierra a los veteranos. En Oriente, la relación sentimental y política de Antonio con la reina de Egipto, Cleopatra tensó las relaciones con Octaviano hasta el
límite del enfrentamiento directo; la batalla decisiva fue en Accio, 31 aC, que concluyó con la derrota y el suicidio de Marco Antonio y Cleopatra. Octaviano, en la larga lucha por el poder, consiguió monopolizarlo en su persona.
b. Principales componentes de la crisis y su manifestación en el caso hispano. c. Augusto, precursor de la importancia estratégica de las provincias hispanas en el Alto Imperio.
Entretanto, las provincias de Hispania permenecieron en gran medida al margen de los acontecimientos que culminaron en Accio. Estaba bajo el mandato de Polión y Lépido. En el acuerdo de Bolonia (II triunvirato), a Lépido le fueron confiadas la Narbonense y las Hispanias. Sin embargo, tras la victoria en Fhilipos sobre los asesinos del César, los dos generales victoriosos, Antonio y Octaviano, desconfiaron de Lépido por intentar pactar con Sexto Pompeyo, por lo que la Narbonense pasó a manos de Antonio y las dos Hispanias a Octaviano, quedándose Lépido con África. La guerra entre Antonio y Octaviano apenas afectó a la Península, que se plegó obedientemente a los legados del joven César. De todos modos, Hispania se incluía en la estrategia general de la guerra, como atestigua una inscripción que menciona un prafectus encargado de defender la costa levantina durante la campaña que culmina en Accio.
a. La división provincias senatoriales/provincias imperiales En general, la política administrativa de Augusto se basó en el debilitamiento de las magistraturas republicanas y en la simultánea creación de una administración paralela, confiada cada vez más al orden ecuestre. En lo referente a la administración provincial, se contemplaba la división de las provincias entre Augusto y el pueblo; el princeps asumía el control de las regiones precisadas de una defensa militar mientras el senado, en nombre del pueblo, administraba las que no
guerra que habían participado en las recientes guerras de norte de la Península. Augusto también participó en la política de promoción de determinados centros urbanos indígenas al estatuto de municipio de derecho romano o latino. Todo ello en el marco de una nueva red viaria que cohesionase social, económica y políticamente los correspondientes ámbitos regionales.
a. Augusto, pater hispaniarum
I. Los primeros contactos de Augusto en la Península Ibérica, 46-29 a C: Las fuentes mantienen corrido velo de los acontecimientos en Hispania durante estos años, aunque se conoce de forma limitada que los ejércitos romanos luchaban en la frontera del dominio provincial. Gracias a las “fasti triumphales” sabemos que todos los legados de Octavio en Hispania, desde el añ039, alcanzaron el honor del triunfo por sus éxitos militares sobre los indígenas, posiblemente del norte del Duero. Sin embargo, las verdaderas guerras de sometimiento no comienzan hasta el 29 a. C. Con la campaña dirigida por Estatilio Tauro, coronada por el éxito, como prueba la concesión del triunfo; es posible que los pueblos cercanos a los cántabros: várdulos y caristios fueran sometidos por Roma para permitir la comunicación entre la Hispania del norte y la Aquitania. Es posible que Roma hubiese sufrido algún revés, según se desprende en el testamento político de Augusto, que proclama haber recuperado en Hispania varias insignias militares perdidas por sus jefes.
II. Las guerras cántabras desde el 27 a C y la propaganda augustea.
Las guerras cántabras, tan ensalzadas por la propaganda de Augusto, no comenzaron pues en el año 26 con la participación activa del emperador como general en jefe. Se prolongaban ya varios años, cuando el princeps decidió intervenir en ellas. La causa del sometimiento de cántabros y astures fueron realmente la necesidad de hacer realidad la concepción del
administrativa de los pueblos prerromanos que habitaban el Bierzo. En el sector occidental, el año 22 estalló con una rebelión generalizada de los astures. La creciente presión sobre las poblaciones indígenas aún precariamente sometidas fue sin duda la causa de la revuelta. Se consiguió de nuevo la sumisión de los astures con fuertes represalias en la forma de reducción a la esclavitud de grandes contingentes de la población. Los cántabros, por su parte, prefirieron incendiar sus castros y suicidarse en masa antes de caer vivos en manos del enemigo. Todavía en el 19 muchos cántabros vendidos como esclavos lograron escapar y regresaron a sus lugares para rebelarse de nuevo. Agripa, yerno y heredero de Augusto respondió con otra guerra de exterminio.
b. Las reformas de Augusto en la Península Ibérica
I. Reformas militares: fundaciones coloniales, repoblación, construcción pública y presencia militar II. Vertebración territorial y explotación del territorio Augusto continuó la obra de colonización de su padre adoptivo, con un carácter casi exclusivamente militar, proveyendo tierras a los miles de veteranos de la guerra civil (unos 300 000 ciudadanos). Roma se apoyaba desde comienzos del siglo II en la construcción en el tipo de ciudad griega “polis”, por lo que se fundaron centros urbanos de nueva creación, como puntos de apoyo de gobierno y administración. La vieja calzada que comunicaba la Península con el exterior desde levante, costa meridional hasta Cadiz fue provista de un nuevo firme y señalización, denominada a partir de ahora Vía Augusta. Una gran vía transversal conducía de Emerita a Caesaraugusta. Por el norte, se comunicaron nuevos centros urbanos del noroeste con la capital Tarraco y con Gades y Emerita con la Vía de la Plata. Se obligó a los indígenas a abandonar sus castros fortificados para establecerlos en el llano. Se aprovecharon los campamentos de la conquista para fundar nuevas ciudades con un marcado carácter militar. Se explotaron también nuevos recursos mineros por el territorio
III. La reforma provincial: provincias y conuentus Además de dividir la Ulterior en dos provincias: Baética y Lusitana, dividió judicialmente territorios, denominados conuentus
IV. La política cívica: colonización y municipalización. La colonización no tuvo como objetivo recompensar a partidarios ni castigar enemigos. El objetivo era acomodar a los veteranos de las recientes guerras del norte peninsular. La municipalización consistió en promocionar centros urbanos indígenas al estatuto de municipio de derecho romano o latino. Ejemplo: carta de ciudadanía Bilbilis (Calatayud).