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vinculos afectivos, Apuntes de Psicología del Desarrollo

Asignatura: PSICOLOGIA DEL DESARROLLO, Profesor: HECTOR HECTOR, Carrera: Psicología, Universidad: UAM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 29/04/2014

jeleshurmii23
jeleshurmii23 🇪🇸

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40 115 PadresyMadres diciembre 2013
Muy pocas veces se habla del vértigo. Esa sensación que
te llega al estómago cuando recibes a tu hijo en brazos por
primera vez. Esa sensación de amar a alguien que no cono-
ces pero con quien irás, poco a poco, generando una rela-
ción hasta sentirlo como parte de tu propia piel. Aprende-
mos a amarlos, y en ese aprendizaje nuestros hijos e hijas
fundamentan su desarrollo y su modo de estar en el mun-
do. Y les enseñamos una forma de establecer sus propias
relaciones afectivas, una forma de amar. La consciencia de
esa responsabilidad es la que encoge el estómago y como
familias a veces nos asusta.
Definamos qué es un vínculo afectivo positivo, y cómo se cons-
truye. Por utilizar un símil, un vínculo afectivo es como los mo-
tores de un cohete, los que le dan la fuerza para llegar a la at-
mósfera y luego lo sueltan para que no se caiga. Brindar al niño
o niña la capacidad para que salga al mundo, explore, juegue,
tenga relaciones profundas con otras personas es tan parte de la
vinculación como acariciarle, consolarle, acompañarle, contarle
cuentos o jugar con él. En este aspecto diferenciar vínculo de de-
pendencia se vuelve clave. Un vínculo positivo es una relación
afectiva que proporciona la seguridad necesaria al niño para
llegar a ser autónomo y lograr su pleno desarrollo.
Los vínculos afectivos
y el desarrollo infantil
DESARROLLO INFANTIL
Pepa Horno Goicochea
Psicóloga y consultora en infancia, afectividad y protección
www.espirales.es
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¡Descarga vinculos afectivos y más Apuntes en PDF de Psicología del Desarrollo solo en Docsity!

40 115 Padres y Madres diciembre 2013

Muy pocas veces se habla del vértigo. Esa sensación que te llega al estómago cuando recibes a tu hijo en brazos por primera vez. Esa sensación de amar a alguien que no cono- ces pero con quien irás, poco a poco, generando una rela- ción hasta sentirlo como parte de tu propia piel. Aprende- mos a amarlos, y en ese aprendizaje nuestros hijos e hijas fundamentan su desarrollo y su modo de estar en el mun- do. Y les enseñamos una forma de establecer sus propias relaciones afectivas, una forma de amar. La consciencia de esa responsabilidad es la que encoge el estómago y como familias a veces nos asusta.

Definamos qué es un vínculo afectivo positivo, y cómo se cons- truye. Por utilizar un símil, un vínculo afectivo es como los mo- tores de un cohete, los que le dan la fuerza para llegar a la at- mósfera y luego lo sueltan para que no se caiga. Brindar al niño o niña la capacidad para que salga al mundo, explore, juegue, tenga relaciones profundas con otras personas es tan parte de la vinculación como acariciarle, consolarle, acompañarle, contarle cuentos o jugar con él. En este aspecto diferenciar vínculo de de- pendencia se vuelve clave. Un vínculo positivo es una relación afectiva que proporciona la seguridad necesaria al niño para llegar a ser autónomo y lograr su pleno desarrollo.

Los vínculos afectivos

y el desarrollo infantil

DESARROLLO INFANTIL

Pepa Horno Goicochea

Psicóloga y consultora en infancia, afectividad y protección

www.espirales.es

diciembre 2013 Padres y Madres 115 41

¿Cómo construimos ese vínculo positivo? Es necesario defi- nir los vínculos desde el día a día cotidiano, porque es justo ahí donde se tejen los esquemas de relación básicos de los niños y niñas. Y visibilizar las cuatro pautas o estrategias para construir ese vínculo.

La primera estrategia es el afecto expreso. No generamos un vínculo positivo sólo queriendo al niño sino logrando que se sienta querido. Si no expresamos ese amor, los niños y niñas no sabrán que les amamos y no construiremos un vínculo con ellos. Hemos de expresar el afecto para que le llegue al niño a través de su inteligencia somato sensorial, su cuerpo y sus emociones, no sólo como una idea. Estas expresiones afectivas explícitas pueden ser de palabra (decir “te quiero”, halagos, piropos...), con acciones (detalles, regalos, llamadas...) o con el contacto físico amoroso (abrazos, caricias, besos...). Y durante la construcción de un vínculo, los cauces de expre- sión de afectos de adulto y niño se van ajustando entre sí hasta lograr un estilo propio e único.

La segunda estrategia es generar un sentimiento de perte- nencia, haciendo sentir al niño único, elegido e imprescindi- ble para nosotros tal cual es. La vivencia que define un vín- culo afectivo para cualquier niño es la incondicionalidad. No necesitan hacer siempre lo que les da la gana, pero sí tener la certeza de que, sean cuales sean sus decisiones y opciones, van a ser queridos y aceptados. Necesitan tener claro que nuestro afecto y nuestra presencia como figuras vinculares no vienen condicionadas a sus características o acciones. Esta incondicionalidad es la base de la seguridad afectiva del niño.

La tercera estrategia es el tiempo y el conocimiento mutuos. Sin tiempo compartido es imposible generar un vínculo. Ge- nerar un vínculo va unido a la presencia física y el tiempo compartido. Durante ese tiempo y actividades compartidas se desarrollarán dos aspectos clave para la generación del vín- culo. Conoceremos al niño y nos daremos a conocer, compar- tiendo nuestra intimidad, dialogando y escuchando. De ese modo, aprenderán a abrirse, forma parte de la reciprocidad que debe presidir la intimidad afectiva vincular. Y afrontare- mos los conflictos que esa intimidad puede conllevar.

Y la cuarta y última estrategia es el compromiso y el cuidado del otro, que conlleva la protección y el acompañamiento en las dificultades y malos momentos así como generar un pro- yecto de vida en el que el niño tenga un papel protagonista. Todos necesitamos para entregarnos una cierta seguridad so- bre la permanencia y el cuidado que vamos a recibir: los niños y niñas también.

¿Por qué es necesario aprender a generar vínculos positivos, a amar bien a nuestros hijos e hijas? Porque en el modelo de relación que les brindamos, les enseñamos también un modo de vincularse a otros, de amar. Les proporcionamos una serie de guiones internos sobre sí mismos y sobre los demás, los llamados “modelos afectivos internalizados”. Esos modelos son como unas gafas desde las que mirar el mundo. Unas gafas que les hablan de quiénes son ellos, de si son dignos o no de ser amados. Unas gafas que les descri- ben el mundo que en teoría pueden esperar y si los demás pueden quererles o no.

Pueden ser unas gafas que les enseñen a mirar el mundo como un lugar que merece la pena, en el que pueden explo- rar, salir y desarrollarse sin miedo (modelo seguro), o como un lugar amenazante (modelo desorganizado), o como un lugar donde tengo que ganarme mi lugar constantemente y el afecto de los demás (modelo ambivalente) o simplemen- te que me recuerde que no puedo contar con el apoyo o la ayuda de los demás, que es mejor salir adelante solo (mo- delo evitativo). Esas gafas, nuestra propia visión del mundo y los afectos, determinarán su manera de relacionarse con los demás.

Tengamos presente que los modelos construidos en la infan- cia podrán modificarse, sobre todo a lo largo de las primeras décadas de vida, en función de nuestras experiencias en rela- ciones con otras personas distintas a nuestras figuras paren- tales: familiares, amistades y parejas. No obstante, la mayoría de estudios encuentran bastante continuidad en los modelos vinculares durante todo el ciclo vital.

Nuestro modo de querer a nuestros hijos e hijas, la calidad de la vinculación afectiva que establecemos con ellos es la base de su desarrollo psíquico, pero además les enseña un modo de amar a otras personas. Aprendiendo a amarles nosotros les enseñamos a amar a ellos.

Si quieres saber más... Horno, P. (2004) “Educando el afecto” Ed. Grao. Siegel, D. (2011) “El cerebro del niño” Ed. Alba.

DESARROLLO INFANTIL

“Nuestro modo de querer a nuestros hijos e hijas, la calidad de la vinculación afectiva que establecemos con ellos es la base de su desarrollo psíquico, pero además les enseña un modo de amar a otras personas. Aprendiendo a amarles nosotros les enseñamos a amar a ellos.”