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Visita virtual al museo arqueológico.
Tipo: Ejercicios
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ISMAEL REQUENA GÓMEZ – 1º GRUPO C
En esta visita virtual al Museo Arqueológico Nacional de Madrid vamos a conocer la sala de Próximo Oriente y la de Egipto y Nubia, pero antes de nada vamos a conocer un poco mejor la historia del Oriente Próximo Antiguo. Comenzamos en la sala 32 con un breve resumen de dicha historia: La historia de Oriente Próximo Antiguo es el relato de la vida de los pueblos que habitaron desde el Egeo al valle del Indo, y desde Asia Central y el Cáucaso hasta la Península Arábiga. Hará unos doce mil años, en la región conocida como Creciente Fértil nacieron la agricultura, la ganadería y las primeras aldeas, que pronto se expandieron. En torno a 3500 a.C. se desarrolló en Mesopotamia la primera cultura urbana y el Estado. Surgieron entonces la realeza y las ciudades-estado con los sumerios, extendiéndose el proceso de urbanización por todo Oriente Próximo. En 2350 a.C. el rey Sargón de Acad fundó el primer gran estado territorial, y la ciudad de Ur y su III Dinastía se declararon en 2100 a.C. herederas de las tradiciones sumerias y arcadias. La Babilonia de Hammurabi (1792-1750 a.C.) y de sus sucesores se convirtió en un centro neurálgico del poder político hasta que surgieron grandes potencias como Mitanni o Hatti. Y durante el I milenio, antes y después de Cristo, hasta la llegada del Islam en 636 se volvió el pujante y sucesivo desarrollo de los grandes imperios asirio, babilonio, aqueménida, parto y sasánida, y la integración de partes de Oriente en el mundo helenístico y romano-bizantino. Hoy sabemos que todos esos pueblos y otros, como cananeos y hebreos, arameos y fenicios, urarteos, frigios y lidios, árabes, bactrianos y sogdianos participaron en esa misma historia porque todo Oriente fue un mismo mundo. Si avanzamos en esta misma sala, la cual está dividida en puntos, en el primero encontramos una imagen de la obra de Pieter Brueghel, el viejo “La torre de babel” de 1563. Junto a una vitrina con el título “Las fuentes escritas. La glíptica”. La cual explica que la escritura cuneiforme fue realizada mediante la impresión de un cálamo triangular sobre arcilla, sirvió para transcribir muchas lenguas y dialectos de Oriente Próximo: sumerio, acadio, babilonio, asirio, hitita, persa y ugarítico. También dice que los escribas utilizaban tablillas de arcilla, conservadas por millares de archivos y bibliotecas, para anotar dominios, establecer contratos, entablar correspondencia y realizar cálculos y transacciones. Dentro de esta vitrina podemos ver un ladrillo de arcilla con inscripción cuneiforme en lengua sumeria del Periodo neobabilónico (604-586 a.C.), una estatuilla hecha en bronce, de Harpócrates con inscripción en lengua y caracteres fenicios de los siglos VI-V a.C. o también un fragmento de de piedra de inscripción cuneiforme en lengua persa de la época aqueménida (539-331 a.C.). Más adelante (32.3) vemos la “Cabeza de Gudea” de 2144-2124 a.C. Gudea, rey de Lagash, fue una de las principales figuras del renacimiento sumerio (período Neosumerio). Se han documentado multitud de esculturas talladas en diorita y otros materiales, de características muy similares. Se trata de esculturas que representan a este rey casi siempre sentado, de forma serena y con rasgos
faciales homogéneos en casi todas ellas. A su lado hay un ladrillo de fundacional de Gudea, que conmemora la edificación del templo de Eninnu. (2144-2124 a.C.). Detrás de la anterior vitrina, ahora en la 32.4, se puede observar que únicamente encontramos objetos realizados en arcilla, un material abundante, poco costoso y fácil de trabajar. Fue esencial en las edificaciones mesopotámicas, y su uso se remonta a finales del quinto milenio. También fue materia prima para la fabricación de recipientes, con o sin policromía, de figurillas y útiles agrícolas. Aquí encontramos distintos útiles, como por ejemplo platos, una botella que pudo contener aceite, una jarra, un collar, figurillas esquemáticas de toros, cuencos, un vaso, o el mazo de un martillo. Todos ellos hechos de arcilla y de diferentes periodos. En la 32.5 vemos una vitrina dedicada a la religión y el templo. La religión mesopotámica perduró durante largo tiempo y nunca tuvo inconveniente en adoptar nuevas divinidades y sus deidades fueron numerosas, y todos se comportaban como señores a los que se debía rendir culto y procurar alimentación y vestido. Aquí está la escultura de Orante (2550-2520 a.C.), de piedra caliza que representa a un personaje sumerio, del que se desconoce el nombre. Se muestra de pie, con los brazos cruzados, un largo faldellín, y la cabeza rapada. Este tipo de figuras se repitió durante varios siglos en Mesopotamia, y aunque el estilo evolucionó las vestimentas, los tocados y las actitudes de hombres y mujeres varió muy poco, tal y como muestran las más antiguas esculturas de Tell Ashmar y las más recientes de Mari. También hay una jarra con representación de la diosa madre en el asa, hecha de arcilla. (2650-2400 a.C.). Y un fragmento de ídolos oculados. (3500-2900 a.C.) Otros cientos de idolillos como este fueron descubiertos en el Templo de los Mil Ojos de Tell Irak (noreste de Siria). Los ídolos varían en tamaño entre 3 y 6 cm de altura y están hechos de alabastro blanco o negro. Al llegar a la 32.6 vemos solamente objetos iranís realizados en cerámica, fundamentalmente recipientes de pasta blanquecina, negra o grisácea bruñida, con decoraciones geométricas pintadas en color ocre, procedentes de Tepe Hissar, Tepe Giyan y Tepe Sialk. Destacan por su belleza los jarros con pico muy largo, llamativos por sus formas y decoración pintada sobre fondo cremoso. Estos recipientes rematan el pico con caballos o pájaros. Y por último, en la 32.8 encontramos un espacio dedicado a la Península Arábiga, en concreto a Las Necrópolis de Luristan, una zona central de los montes Zagros, en la que se desarrolló una importante cultura que destacó por una avanzada tecnología del bronce. En las tumbas de hombres y mujeres aparecieron lujosos elementos de adorno y vasijas (los denominados bronces de Luristan) en los que se percibe el alto grado de sofisticación. Y su iconografía, muy característica, incluye la imagen del llamado Señor de los animales y refleja también la importancia del caballo en esta cultura. En esta vitrina encontramos armas, alfileres, vasijas o figurillas con forma de caballo por ejemplo, todos del I milenio a.C. Al continuar nuestra visita nos adentramos en las salas destinadas a Egipto y Nubia (de la 33 a la 35). En la 33.2 hay una zona dedicada a las misiones arqueológicas españolas en Egipto y Nubia de entre mediados y principios del siglo XX. Podemos destacar la construcción de la presa de Asuán en 1959, que se hizo para proteger los monumentos y restos arqueológicos de la Baja Nubia que habían quedado sumergidos. España se sumó pronto a esta tarea y envió un grupo de arqueólogos, dirigidos por Martín Almagro, que trabajó en este proyecto durante 6 años. Y como agradecimiento Egipto y Sudán donaron más de 3.000 objetos hallados en las excavaciones. Entre ellos la falsa puerta de Shedy y Heryshefnakht, una estela de falsa puerta de la dama Shedy, con
como velar por su culto. Este se situaba en la cima, ya que la sociedad egipcia estaba estratificada. Por ello se hicieron miles de obras dedicadas a esta divinidad; como la Estatua real en la que representa a un faraón joven en actitud de marcha sobre una base rectangular. La escultura es una muestra idealizada de un soberano egipcio, cuya atribución exacta desconocemos al no poseer ninguna inscripción; este rey aparece investido de la dignidad faraónica: la cabeza está cubierta con el nemes estriado y la uraeus sobre la frente, viste el faldellín corto, la cola de animal y sus manos sujetan el signo de la vida y el pañuelo plegado. Esta es la indumentaria con la que el Faraón solía aparecer en las ceremonias públicas, pudiendo combinarse con otras coronas o cetros. También vemos varios ushbeti dedicados a diferentes faraones, todos ellos de la dinastía XXI y hechos de fayenza. Por último en esta sala nos encontramos con una vitrina dedicada a las monedas, ya que Egipto tuvo moneda propia hasta la conquista de Alejandro Magno en 332 a.C. Y Ptolomeo I el primer griego vivo que decidió poner su retrato en las monedas, hacia 305 a.C., cosa que se hizo hasta la conquista por Roma en 31 a.C. Aquí se pueden observar un tetradacma de Ptolomeo I con el retrato de Alejandro Magno. Está hecho de plata y data de 310-305 a.C. pero lo más destacable es el Cuaternión de Augusto , una gran pieza de oro equivalente a cuatro áureos. Es un ejemplar único, y era un objeto de ostentación, utilizado para obsequiar a personas cercanas al emperador, funcionarios y oficiales de alto rango. La leyenda del reverso conmemora la conquista de Egipto y en la cara principal está el retrato de Augusto a los 36 años. En último lugar llegamos a la zona del mundo funerario, y vemos la explicación de las necrópolis nubias: Son tumbas o kushitas que presentan dos tipos de estructuras. El primero consiste en un túmulo rodeado en ocasiones de bucranea (craneos de bóvidos) que tapaban la fosa donde yacía el difunto en posición fetal junto a su ajuar. En algunas sepulturas reales han aparecido armas, perros, caballos y, a veces, servidores sacrificados. En segundo tipo de tumba real, influido por el vecino Egipto, se caracteriza por una superestructura en forma de pirámide con pendiente acentuada: bajo ella se situaba la cámara funeraria, a la que se accedía por una escalera y, al este, la capilla con la estatua-ba. Estas sepulturas reales han sido encontradas en El Kurru, Nuri y Meroe. Se puede ver una maqueta que reproduce un túmulo de forma elíptica. También vemos la tumba meroítica, que eran cámaras sepulcrales que podían acoger a una o varias personas de la misma familia y los cuerpos reposaban directamente en el suelo, sobre una cama o una banqueta de piedra. Con frecuencia se colocaban amuletos, joyas y ajorcas, y el ajuar suele componerse de uno o varios recipientes cerámicos, como jarras o botellas. En esta vitrina vemos una estela funeraria tallada en bajorrelieve en piedra arenisca (300-350 a.C.) y el ajuar de una tumba: una jarra, un vaso con flores de loto y una copa con decoración “a la borbotina” todo hecho de arcilla (300 a.C.-350 d.C.) En siguiente lugar nos encontramos el mundo funerario de Egipto. Sabemos que la muerte constituía un tránsito para alcanzar el Más Allá, lugar donde el difunto, convertido en Osiris, continuaría viviendo eternamente si cumplía ciertos requisitos: poseer una tumba con ajuar funerario, conservar y momificar su cuerpo y recibir el culto funerario. Vemos muchos ejemplos de ataúdes, como el del Sacerdote Amenemhat, hecho de madera policromada, es un Ataúd antropomorfo masculino perteneciente a un gran sacerdote del templo de Amón que porta los títulos de sacerdote"uab" y sacerdote "entrante " en el santuario del templo de Amón Los temas iconográficos que se han dibujado en ambas tapaderas y en la caja recogen aspectos esenciales de la religión egipcia como el juicio del alma ante Osiris, la escena de la creación con Nut y Shu, etc., todos ellos vinculados a la resurrección del difunto. Es de inicios de la Dinastía XXI.
Si avanzamos llegamos a las necrópolis egipcias, que generalmente estaban construidas en el Oeste, por donde cada noche se oculta el sol. La tumba estaba construida por una capilla, accesible a los familiares, donde se celebraba el culto funerario, y la cámara subterránea, separada de la anterior por un pozo, donde se colocaba el cuerpo del difunto. Las tumbas reales evolucionaron con el tiempo y las pirámides de los Reinos Antiguo y Medio dieron paso el el Reino Nuevo a los hipogeos del Valle de los Reyes y de las Reinas, decorados con textos funerarios y religiosos. En la sala 35 hay una zona dedicada a los sarcófagos y ataúdes, ya que tan indispensable como la momificación era la posesión de un receptáculo para proteger el cuerpo. Los tipos (rectangulares y antropomorfos) y la decoración de los sarcófagos y ataúdes variaron de una época a otra; se realizaron en piedra, y en madera policromada, con mayor o menor profusión en su decoración, pero en todos ellos predominan las imágenes religiosas y las divinidades funerarias. Un claro ejemplo es el que vemos; el ataúd de Taremetchenbastet, hija de Ptahirdis. El rostro está cubierto con una lámina dorada sobre la que se reflejan los rasgos convencionales del difunto: ojos grandes, nariz ancha, labios gruesos y orejas ligeramente despegadas. Una peluca tripartita de rayas verdes y doradas le cubre el pecho y parte de la espalda. La barba postiza cae sobre el collar "usej". Es de madera policromada y data de la Dinastía XXVI. Si continuamos hay una explicación de la cámara sepulcral, que era una estancia, generalmente subterránea o excavada en la montaña, aislada del mundo de los vivos, era la última morada del difunto, su lugar de descanso, donde de depositaba el cuerpo en su ataúd rodeado de vasos canopos y su ajuar, consistente con objetos de uso personal y cotidiano. Todo ello iba a permitir al finado llevar en el Más Allá una vida semejante a la que había tenido en la tierra. Los vasos canopos servían para depositar las vísceras del difunto ya momificado, eran cuatro, ya que representaban a los cuatro hijos de Orus. Al lado vemos un ejemplo de unos vasos canopos de la Dinastía XXII, hacia 800 a.C. hechos de piedra caliza, junto con un ataúd de una cantora de Amón, de madera policromada (980 a.C.) Podemos avanzar y ver más ejemplos, como el sarcófago de Ankhefenkhonsu, Un sarcófago antropomorfo de madera policromada del sacerdote-puro, Ankhfenkhonsu. Tiene dos tapaderas, la interior, que se colocaba directamente sobre la momia y la exterior que cerraba el sarcófago. Sus superficies se hallan profusamente decoradas con temas y motivos de alto contenido simbólico y mitológico: divinidades, escarabeos, fórmulas funerarias etc. En ambos laterales de la caja se ha representado al difunto formando parte del cortejo sigue a la barca divina ocupada por el dios sol Re. (Dinastía XXI). Y por último nos encontramos ante un disco de 6 cm de diámetro realizado en cartonaje que representa el disco solar, donde se ha dibujado la imagen del escarabeo Kepri en el centro. Este animal estuvo estrechamente vinculado con la creación del mundo, personificando el dios sol de la mañana, y como tal se vinculó con la resurrección, ya que al igual que el sol renacia cada mañana en el horizonte tras su periplo nocturno. Está hecho de estuco policromado y data de 1539-1077 a.C.