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Una reseña detallada del desarrollo económico y político de españa durante el franquismo. Se abordan temas como la reinserción de españa en el contexto económico internacional, el éxodo rural y la emigración, el aumento de los desequilibrios regionales y la crisis económica de finales de la década. Además, se analiza la evolución política, desde la promulgación de la ley de sucesión hasta la transición a la democracia.
Tipo: Apuntes
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El Plan de Estabilización de 1959 puso en práctica varias medidas orientadas a controlar la inflación, tales como, reducción de los créditos, supresión de subvenciones, ajuste de los gastos del Estado, etc. Esta política económica permitió romper con el modelo autárquico y corregir el desequilibrio de la balanza de pagos, pasando a un modelo económico liberal e iniciando una década de crecimiento vertiginoso. El Plan de Estabilización tuvo enorme éxito, con importante proceso de industrialización , aunque los capitales y la tecnología procedían de Europa. Las inversiones extranjeras buscaban mercados nuevos, se beneficiaban de los bajos salarios, escasa conflictividad, etc.; hubo demanda creciente de mano de obra que originó gran éxodo rural. A la agricultura, la emigración la privó de mano de obra pero también se modernizó, y la mecanización y mejoras tecnológicas permitieron el crecimiento de la producción. Sin embargo no hubo cambios políticos. Durante la década de los 60 la economía española experimentó un espectacular crecimiento, se completó la modernización y la industrialización del país y aumentaron los niveles sociales de bienestar y consumo. La renta per cápita pasó de 3000 a 7000 $ entre1960-73 (13.511$ en 1991, 17.300 en 2000 y 32.000 en 2009), las exportaciones se duplicaron y se pasó de exportar productos agrícolas a vender buques y manufacturas. España dejó de ser un país agrícola y se transformó en un país industrial y urbano (en 1960 el sector agrario era el 24% del PIB, y en 1970 el 13%). En la actualidad la distribución de la población activa es la siguiente: primario 6’1%; secundario, 3 0 ’2%; terciario, 63’7%. El PIB procedente de cada uno de ellos supone el 4%, 31% y 65% respectivamente. El gobierno intentó coordinar y orientar este proceso con los “PLANES DE DESARROLLO” (1963), cuyo responsable fue López Rodó (director de la Comisaría del Plan de Desarrollo). Se fijaban objetivos y procedimientos para estimular la producción a través de: inversiones públicas y ayudas a empresas privadas, programar el sector público, seleccionar actividades y zonas, informar a los inversores. La agricultura se moderniza y se va adaptando a las nuevas demandas urbanas de alimentos. Aumentó la producción de lácteos, carne y frutas. La concentración industrial se incrementó sobre todo en tres regiones (Cataluña, País Vasco y Madrid), al tiempo que se intentó mejorar la estructura de las empresas, incrementando sus dimensiones y producciones; habrá más sectores y dejará de coincidir la propiedad con la dirección. La construcción experimentará un “boom”, ya que la mayor capacidad adquisitiva provocará una mayor demanda; este sector estuvo muy vinculado al éxodo del campo a las ciudades, donde muchas personas vivieron en barracas y chabolas. Pero la demanda también provocó especulación inmobiliaria y crecimiento urbanístico caótico, favorecido por la entrada de turistas que revolucionaron la costa española. Crecerán sectores como los transportes, empezando a prevalecer el privado sobre el público (y los desplazamientos por carretera frente al ferrocarril), desapareciendo el tranvía en las ciudades. También crecieron las comunicaciones, servicios públicos (educación y sanidad) etc., y se desarrollará la producción de bienes de consumo, así como la industria química, la siderúrgica y la alimentaria. Entre los factores que explican este rápido desarrollo están: la favorable coyuntura económica internacional; las inversiones de capital extranjero (unido a innovaciones tecnológicas y gestión empresarial) y la actividad de las multinacionales (sobre todo en automóviles, química y electrónica); los ingresos por turismo (nº de turistas: de 4 a 22
millones entre 1959-69; se generan divisas y puestos de trabajo); las remesas de emigrantes, que ayudaron a compensar el déficit comercial exterior; los reducidos costes laborales (salarios bajos); y las inversiones estatales en obras públicas. Sin embargo, las importaciones siguieron superando a las exportaciones, aunque éstas se diversificaron. En conjunto los Planes harán que España tenga la 2ª tasa de crecimiento entre la OCDE durante los años 60 (la media anual fue de un 7%), aunque el nivel de partida era más bajo. Se reforzará la intervención estatal pero con rasgos diferentes a la autarquía. También habrá problemas, como la inflación, el déficit de la balanza de pagos o la resistencia a la liberalización, que hicieron que se adoptaran medidas restrictivas y proteccionistas. El poder económico siguió estando muy concentrado, con gran interconexión entre banca e industria y entre la oligarquía terrateniente y la burguesía financiera. Para el gobierno la mejoría económica tenía una finalidad política, para limitar la tensión social y crear una nueva imagen del régimen. El discurso de la época combinaba valores como el éxito, la profesionalidad, etc. con el puritanismo moral.
A pesar del triunfalismo, esta expansión resultó desequilibrada e insuficiente, provocando problemas: a) desigual crecimiento por sectores ; la industria y el terciario experimentaron fuerte impulso, pero el desarrollo agrario fue insuficiente, con escasas inversiones y baja rentabilidad. b) éxodo rural masivo hacia ciudades (para trabajar en industria, construcción y servicios) y emigración a Europa, sobre todo a Francia, RFA y Suiza; 3500000 personas se movieron en el interior; la emigración hacia Europa afectó a los sectores sociales con rentas más bajas de las zonas rurales de Andalucía, Castilla y Galicia; emigraron 1500000 trabajadores, pero esta emigración ocultó las importantes limitaciones de la economía nacional para generar empleo. c) aumento de los desequilibrios regionales ; se acentuó la tendencia a la concentración del crecimiento económico y la riqueza en torno a determinadas zonas. El intento gubernamental más notable para fomentar la industrialización en las regiones deprimidas y contrarrestar los desequilibrios económicos regionales fue la creación de los “Polos de desarrollo y de promoción” (Burgos, Huelva, La Coruña, Sevilla, Valladolid, Vigo y Zaragoza), con resultados poco eficaces; las medidas fueron: declaración de industria de interés preferente, exenciones fiscales, subvenciones. d) deficiente sistema de prestaciones sociales y servicios estatales; el gasto social estaba limitado por los escasos ingresos fiscales y por el fraude, con lo que se destinaba a este apartado la mitad del gasto de los países de la OCDE. e) crecimiento desordenado de las principales ciudades, con suburbios y aparición de chabolismo. f) mantenimiento de un sistema fiscal regresivo e injusto, puesto que la mayor parte de los impuestos recaudados eran indirectos y existía un elevado grado de evasión y fraude fiscal; dominaba la especulación y los intereses de los grupos dominantes. La España franquista se caracterizó por una lamentable escasez de bienes públicos (carreteras, viviendas, infraestructuras) y servicios sociales (hospitales, escuelas). g) desastres ecológicos (vertidos y construcción cerca de las costas). El primer plan duró de 1964 a 1967 y fue seguido de 2 más, hasta 1975. España que en 1960 era, junto a Portugal, el país más pobre de Europa, dejó de ser un país subdesarrollado al final de la década. La economía española se convirtió en importadora de capital para el reequipamiento industrial, financiado con las inversiones y el turismo
Al mismo tiempo, el porcentaje de población dedicada a las actividades primarias descendió del 50 al 21% entre 1950 y 1975 (pero con grandes diferencias regionales) , y además esta población campesina mejoró su calidad de vida. Ese éxodo provocó problemas humanos (salarios, desclasamiento) y urbanísticos (carencia de infraestructuras, sobre todo viviendas ; en este sentido se procedió a la urbanización del suelo de las localidades próximas a los grandes centros urbanos industriales, surgiendo las ciudades dormitorio ). También aumentó el nº de obreros del secundario (del 25 al 38% de población activa en las mismas fechas) y la diversificación dentro del mismo. Más aumentó la población activa del terciario (del 25 al 41%). Surgió así la clase media , de la que formaron parte un número importante del mundo obrero (cualificados) y casi la totalidad del mundo de los servicios (actividades terciarias y profesionales cualificados doblaron su peso; seguían siendo un número reducido pero con gran influencia socio cultural). Pequeños propietarios que abandonaron sus tierras y artesanos que se asalarizan o que impulsan pequeños talleres relacionados con la industria, también formaron parte de este grupo. Este grupo aumentaba sus ingresos pero eso no implicaba movilidad vertical. Todos estos aspectos dotaron al país de gran estabilidad social, ya que esta clase media estaba escasamente radicalizada (la conflictividad social se trasladó a las grandes fábricas) Notable fue también la creciente presencia de la mujer en el mundo laboral, aunque su emancipación (en consonancia con los valores tradicionales del país) había retrocedido en torno a 20 años durante el franquismo. Las nuevas necesidades económicas de la familia y la mejor preparación cultural de la mujer permitieron esta integración, que tuvo repercusiones en el ámbito familiar y en los comportamientos sociales: desde 1961 se termina la subordinación de la mujer al hombre; ya no será necesario abandonar el puesto de trabajo al casarse, ni pedir permiso al hombre para que la mujer pueda trabajar. Los medios de comunicación facilitaron mejor información y más amplia cultura. Como consecuencia la sociedad se hizo más secularizada, abierta y tolerante. El mayor poder adquisitivo (extensión de la jornada laboral para aumentar los ingresos) de las familias dio lugar al consumismo y a una mayor semejanza con las formas de vida europeas (contacto con el exterior, tolerancia, permisividad moral, frente a conservadurismo oficial). La vivienda propia, el coche, los electrodomésticos se generalizan en los años 70, al igual que el veraneo; los bienes son sinónimo de éxito y de status social. Faltaron sin embargo servicios colectivos que acompañaran a estas mejoras individuales. Hasta 1964 no se alcanzó el porcentaje de estudiantes de primaria y secundaria de 1935, y hasta 1960 no se recuperó el impulso por crear nuevos institutos y plazas docentes. La Ley General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa (1970) hizo obligatoria la escolaridad hasta los 14 años , de tal forma que la mayor parte de los jóvenes españoles accedió a estudios que hasta entonces se habían considerado de tipo medio. Aumentó el nº de estudiantes y el de titulaciones y desapareció el analfabetismo. Continuaron, a pesar de todo, las diferencias por sexos, el analfabetismo en los adultos, los bajos presupuestos para educación, y en definitiva la vinculación entre acceso a enseñanza y procedencia social. También se homogeneizaron los comportamientos y se produjo la masificación de los espectáculos. El crecimiento económico y el bienestar fueron las bazas de la propaganda oficial para legitimar al Régimen, a pesar de lagunas como la inflación, evolución económica irregular, desarrollo desigual y concentrado en determinadas zonas. Las comodidades de una sociedad de consumo comenzaron a formar parte de la vida cotidiana (luz eléctrica,
agua corriente, el “600”, los electrodomésticos). Estas circunstancias fueron dinamitando los valores tradicionales que el franquismo representaba y defendía; el cambio de mentalidad contrastó con el régimen político y social y sus instituciones, que se convirtieron en obsoletas.
Relevantes personalidades mantuvieron la brillantez de la Edad de Plata de la cultura española. Entre 1951-57 se produjo una apertura hacia los pensadores liberales en el exilio, casi todos discípulos de Ortega. Se flexibilizó la censura, lo que permitió que Jaume Vicens-Vives renovase el campo de la Historia poniendo en cuestión los valores del antiguo imperio español; ese cambio también lo siguió Miguel Artola. La Filología se abrió a nuevas formas de entender el lenguaje y tuvo sus maestros en Lázaro Carreter y Emilio Alarcos. En Ensayo, Laín Entralgo, Marañón, Dámaso Alonso o Caro Baroja rompieron con una cultura vulgar y ramplona; cabe destacar la reaparición de la Revista de Occidente y Cuadernos para el diálogo. La novela tendió al realismo (años 50), como en La Colmena, o hizo una crítica de la brutalidad y el sinsentido de la Guerra Civil (como J.M. Gironella), o denunció a la sociedad del momento (Delibes). En los 60 la novela abrió nuevos rumbos (mundos fantásticos, contraste mundo objetivo y subjetivo). En poesía se siguieron caminos muy similares (crítica social, pesimismo, intimismo). En pintura se mantuvo el surrealismo. Antonio López recreó el realismo; Juan Genovés representó el descontento y desconcierto de las masas. La escultura tendió a la monumentalidad. En arquitectura la sustitución del urbanismo tradicional hizo que se llegase a obras más funcionales y de precio asequible; más tarde, además se buscó la belleza exterior. En cine convive la tradicional línea católica (Ladislao Vadja) junto al neorrealismo de Berlanga o Bardem. En el final del franquismo el cine manifestó su disidencia política.
III. INMOVILISMO POLÍTICO Y ANTIFRANQUISMO
Franco a lo largo de los 40 años de su régimen tuvo que ir acomodando las instituciones a la realidad nacional e internacional, así como a sus propios intereses, pero manteniendo la concentración de poder, el partido único, el aparato represivo y propagandístico y suprimiendo artículos de los Fueros (libertad de residencia, expresión reunión). Estos “parcheos” originaron una profunda contradicción interna ( desarrollo económico/subdesarrollo político ) y contraste con la evolución internacional (se iniciaron negociaciones para la entrada en la CEE – 1962-, supeditada a la democracia y con las siguientes condiciones: instituciones democráticas, garantía de derechos, reconocimiento de las comunidades naturales, libertades sindicales y derechos de los trabajadores, legalización de partidos políticos). Dos preocupaciones eran constantes: la “cuestión sucesoria” y la adaptación a los nuevos tiempos. En 1959 el régimen franquista promulgó la Ley de Orden Público , que le permitía perseguir “legalmente” a todos los disidentes o adversarios. Esta ley fue acompañada por la creación de un Tribunal de Orden Público, que limitaba las atribuciones de la jurisdicción militar, al tiempo que se suprimía el Tribunal Especial de represión de la masonería y el comunismo. Se seguía en la línea de mejorar la imagen y hacer frente a nuevas formas de conflictividad. En 1964 se celebraron los “25 años de paz”, con gran
También en 1969 el Caso Matesa deterioró la imagen del Régimen, al estar implicadas varias personalidades del Opus Dei en un escándalo financiero y de corrupción; los implicados y los que propagaron el escándalo fueron apartados del gobierno. En estos últimos años (1969-75) la principal preocupación del Régimen fue la continuidad tras la muerte de Franco , pero se tropezó con la oposición democrática, las huelgas, el distanciamiento de la Iglesia, la actividad de ETA, la formación del FRAP. El orden público era un problema básico, considerando rebelión militar la difusión de noticias tendenciosas, unirse, conspirar, y hasta 1971 no se derogó este decreto (en vigor desde 1960). En las elecciones orgánicas continuaba el absentismo e iban entrando antifranquistas en las estructuras de representación de los obreros. La decadencia física de Franco era irreversible. En diciembre de 1970 se celebró en Burgos un consejo de guerra contra miembros de ETA, como forma de intentar demostrar la firmeza del gobierno, pero los resultados fueron negativos para él y se declaró el estado de excepción y se organizó una manifestación de apoyo a Franco. Las protestas interiores y exteriores contra la dictadura aumentaban: proseguía el proceso de descolonización, con la independencia de Guinea Ecuatorial -1968- y la cesión de Ifni a Marruecos -1969-. En diciembre de 1973 el almirante Carrero fue asesinado por ETA, desapareciendo con él la persona clave de la continuidad; el entierro se convirtió en una manifestación de la ultraderecha, que pedía la ocupación del poder por el ejército. El entorno familiar de Franco impuso a Arias Navarro (continuismo). Dos problemas tuvo que afrontar inmediatamente Arias: el orden público y la crisis económica; a ello se añadía la sucesión de Franco y la reforma del Régimen. Las primeras actuaciones fueron una sorpresa; se anunció la promesa de la liberalización, hecho bien recibido por la opinión pública y por la prensa (más libre); además hubo cierta tolerancia cultural, con la oposición no legalizada pero tolerada. Se proponía elección de alcaldes, asociaciones políticas, más libertad sindical. Pero las propuestas no se llevaron a la práctica y todos los hechos se vieron desmentidos por otros 2: Monseñor Añoveros fue arrestado (luego liberado) y se ejecutó al anarquista Salvador Puig Antich (con la repulsa europea por no conmutar la pena de muerte). Se veía así frenada la “liberalización” del régimen. Posteriormente, Areilza y Fraga, con mejor bagaje cultural y político que Arias, le convencieron para abrir el régimen, pero la revolución de los claveles (1974) hizo que los inmovilistas se reforzasen. Los ultras criticaron el tímido aperturismo y comenzó a organizarse el “bunker” (1971), aglutinando a los más fervientes partidarios del franquismo. El escepticismo dominaba a la oposición y la desconfianza a los inmovilistas; la apertura se centraba en la prensa y la represión se incrementaba. En julio de 1974 empeora Franco y traspasa interinamente el poder a Juan Carlos. Habrá 2 crisis: octubre de 1974, cesa el ministro de información (por apertura de prensa); febrero de 1975, problemas del ministro de trabajo por la regulación de huelga. La regulación de estos problemas era tardía e insuficiente. Además, en 1975 el Estado de excepción era casi permanente, y frecuentes las penas de muerte.
El poder de Franco se mantuvo mediante el apoyo de los militares, pero no les dio un protagonismo total y recurrió a 3 grupos ideológicos (falangistas, católicos y monárquicos). Ningún grupo pudo atribuirse la dirección política del país. A) MILITARES. Todo el poder de Franco venía del nombramiento que le hicieron los militares en 1936, primero como Generalísimo de los Ejércitos, después Jefe del
Gobierno del Estado (para unir esfuerzos en la guerra). En los momentos de mayor apuro del régimen, Franco siempre contó con la adhesión de los altos mandos militares, a los que les otorgó gran prestigio e influencia, pero poco poder real. Solo al final del régimen, un pequeño grupo de jóvenes oficiales quisieron mostrar su disidencia con la Unión Militar Democrática (UMD). B) Franco se sirvió de las personas y símbolos de la FALANGE para hacerse con un ideología y una parafernalia que aglutinase su poder personal. Franco seguiría una actitud semejante a la tenida con los militares: pequeño poder a escala local, uso y abuso del simbolismo falangista, pero ningún poder decisorio. C) Inicialmente D. Juan de Borbón quiso alistarse en las fuerzas franquistas e incluso en el primer gobierno. Terminada la guerra le pidieron a Franco que restaurase la monarquía; los MONÁRQUICOS recibieron largas y fueron apartados del poder. Cuando en 1947 Franco promulgó la Ley de Sucesión (España: reino), el conde de Barcelona supo ver que la restauración no se produciría jamás, pero no pudo cortar sus lazos con Franco puesto que éste jugó con la educación en España del príncipe y porque sabía que dependía de la voluntad de Franco el que la monarquía volviese a ser una realidad. D) Los CATÓLICOS, tuvieron un importante papel en los gobiernos de Franco, pero siempre a título personal , no institucionalmente. Cuando a partir de 1962 entraron en el gobierno 2 miembros del Opus Dei, tampoco pudo hablarse de un gobierno católico. A partir del Concilio Vaticano II la Iglesia española empezó a romper puentes con el franquismo, y al final la mayor parte de la Iglesia (Cardenal Tarancón) se había alejado del régimen.
El desarrollo propició bienestar pero surgió gran conflictividad ; la ley de prensa proporcionó información más fluida. La universidad vivió en permanente protesta desde 1964, denunciando la carencia de legitimidad democrática. Las huelgas obreras , prohibidas y reprimidas, se hicieron cotidianas. El nacionalismo volvió a emerger y sectores de la Iglesia manifestaron su disconformidad con la falta de libertades (clero vasco, sacerdotes en contacto con mundo obrero); se va observando un proceso de secularización, “crisis de vocaciones”, y mayor defensa de los derechos civiles; Iglesia y Estado se separan. De hacer caso a los comunicados de los gobiernos de Franco, la única oposición existente era la del PC; todo aquel que de una forma u otra se manifestaba contra el régimen era tildado de comunista. Realmente, la oposición era más amplia, aunque poco eficaz por la división. Muchos sectores reclamaban libertades democráticas, pero el régimen respondió con la creación de Tribunales especiales, condenas, cierres de universidades, estados de excepción. A) MOVIMIENTOS ESTUDIANTILES. En febrero del 56 se inició la recogida de firmas para celebrar un Congreso de Estudiantes sin contar con el oficialista SEU. Los dirigentes fueron detenidos y Franco, tan dado al equilibrio, cesó al Ministro de Educación (el democristiano, Ruiz Jiménez) y al Secretario General del Movimiento (falangista). Las manifestaciones estudiantiles no supusieron peligro para el régimen, pero tuvieron gran valor simbólico. La represión hizo que la oposición estudiantil no volviese a manifestarse abiertamente hasta los 60. En febrero de 1965 hubo manifestaciones contra la falta de libertad en la universidad encabezadas por profesores (separados de la cátedra). Se produjo una
El PCE relanzó en 1957 las huelgas como elemento desestabilizador (mineros asturianos, huelga general), participó en todos los movimientos reivindicativos y defendía un frente común unitario; además se benefició de la escasa actividad de los otros grupos y de las responsabilidades que le imputaba el franquismo. La desestalinización, la invasión de Hungría, la represión del “comunismo de rostro humano”, el eurocomunismo, provocaron una profunda división. El anarcosindicalismo estabas en declive, por la falta de comprensión de los cambios socioeconómicos. El PSOE (dirección en el exterior) mantenía posiciones ancladas en la II República y la Guerra Civil; pero los miembros del interior eran más realistas y propuganaban la colaboración con todos los grupos políticos, y la monarquía parlamentaria como opción más viable. En el Congreso de Suresnes (1974), Felipe González fue elegido Secretario General. Aparecía una oposición liberal, generada en torno a personalidades; tenía escasa organización pero un notable protagonismo. En 1959 nació ETA como movimiento de liberación vasco ante la que consideraban tibieza del PNV (éste recupera la movilización desde 1964 – Aberri Eguna-); se fue radicalizando y en 1968 cometió el primer atentado; su estrategia se basaba en el antagonismo metrópoli/colonia y su violencia provocó una dura represión que aumentó la identidad comunitaria. En 1970 hubo un juicio contra los acusados, pero la actuación de un tribunal militar, en vez de civil, y la falta de garantías procesales movilizaron a toda la oposición en el País Vasco. Ante la imposibilidad de secuestrar a Carrero Blanco, atentaron contra él (diciembre 1973 ). En Cataluña se dio un movimiento cívico-cultural de gran proyección social; se unió el antifranquismo, el catalanismo y el progresismo, pidiendo amnistía, libertades fundamentales y el Estatuto de 1932, además de coordinación con los otros pueblos peninsulares. El mismo año 1973 apareció el terrorismo del FRAP , a la izquierda del PCE y con la república como objetivo, al igual que el GRAPO , que nació en 1975. Entre 1970-75 aumentó la coordinación entre los enemigos del régimen. En julio de 1974 se constituyó en París la Junta Democrática , integrada por el PCE, el PSP, el Partido de los Trabajadores de España y un grupo de independientes sus peticiones eran: amnistía, legalización de partidos, libertad sindical, de reunión y manifestación, personalidad de los pueblos, integración en Europa y movilización popular. En 1975 el PSOE animó la formación de la Plataforma de Convergencia Democrática (contra la hegemonía comunista, y buscando una posible negociación con los reformistas) con Izquierda Democrática, los socialdemócratas y parte de la extrema izquierda. A finales de ese año ambas organizaciones formaron la Coordinación Democrática , que no llegó a funcionar porque los acontecimientos políticos no transcurrieron como esperaban. Ante todos estos movimientos la respuesta fue siempre la represión, con la creación en 1963 del TOP y los correspondientes consejos de guerra y ejecuciones, que se convirtieron en escándalos internacionales: fusilamiento de Julián Grimau, líder comunista; el proceso de Burgos contra ETA-1970- y el proceso 1001 contra dirigentes de Comisiones -1973-. La extrema derecha organizó provocaciones y atentados para que el régimen no cediese. En conclusión, el Régimen se declaraba católico, pero era condenado por la Iglesia; las huelgas seguían prohibidas, pero se multiplicaban; los partidos políticos y el liberalismo eran denostados, pero el régimen buscaba salvar su imagen con salidas seudodemocráticas.