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MARKUS GABRIEL YO NO SOY MI CEREBRO FILOSOFÍA DE LA MENTE PARA EL SIGLO XXI YO NO SOY MI CEREBRO Filosofía de la mente para el siglo xxu Para Marisa Lux ¡Sé quien eras! recordando que ninguna época ha producido mitos del intelecto de forma tan ágil como la nuestra, que pro- duce mitos, justamente por el afán de exterminar todos los mitos. SOREN KIERKEGAARD, El concepto de la angustia 1 YO NO SOY MI CEREBRO Losefía del espíritu, o de la mente, según los idiomas, y es la que “vamos a desarrollar con cierto detalle aquí. Actualmente es más relevante que nunca, Muchos consideran que la naturaleza de la conciencia cs uno de los últimos grandes misterios sin resolver. ¿Por qué debería hacerse la luz, por decirlo así, en determinado produc- to natural? ¿Y qué relación existe entre la tormenta eléctrica neuronal que tiene lugar en nuestros cerebros y y nuestra con- ciencia? Preguntas como estas se tratan en su inas de la filosofía de la mente, en concreto las que se ocupan de la con- ía y la neurofilosofía. Se trata pues aquí de nosotros mismos. Para empezar pre- sento algunas de las principales consideraciones de la Filoso- fía del espíritu en relación con congeptos centrales como la y conciencia, la Egnciencia.de.sí y el'Yo, de los que se habla mucho pero en general sin conocer su trasfondo filosófico, lo que lleva a la confusión. Por eso explico ese trasfondo con la menor cantidad posible de presuposiciones, dado que consti- tuyen la base para el segundo objetivo principal de este libro: la defensa de nuestra libertad (de nuestro libre albedrío) con- tra la noción corriente de que alguien o algo nos condiciona a nuestras espaldas, ya sca Dios, el universo, la naturaleza, el cerebro 0 la sociedad. Somos absolutamente libres porque somos seres espirituales. Pero eso no significa que no perte- nezcamos de algún modo al reino animal, No somos ni una pura máquina de copia de genes en la que se ha implantado un cerebro, ni ángeles extraviados en un cuerpo, sino las criatu- ras espirituales libres por las que nos tenemos desde hace má léñiós y que también nos debatimos politicamente por nues-_ tras libertades. INTRODUCCIÓN 13 PARTÍCULAS-MATERIALES Y ORGANISMOS CONSCIENTES Una de las exigencias de nuestra época consiste en dar suste to cientifico a la imagen humana. Queremos obtener por fin un conocimiento objetivo sobre quién o qué cs realmente el ser humano. Sin embargo, en medio del camino aparece el es- píritu humano, que hasta ahora se sustrae a esa investigación científica. Para hacer frente a este problema, desde hace unas décadas se intentan presentar las neurociencias como ciencias de la mente o del espíritu humano. ¿Pero no les estamos pidiendo así más de lo que realmente pueden ofrecer? Hasta hace poco casi nadic pensaba, por ejemplo, que un neurólogo o un neurobiólogo tuviera que ser un especialista en el espíritu humano. ¿Podemos esperar real- mente que las neurociencias en general o la investigación del cerebro en particular, pos den una información cabal sobre nosotros mismos? Este libro pretende abrir de manera comprensible —ba- sándose en ideas antiguas — nuevas perspectivas para la filo- sofía del espíritu. El conocimiento de uno mismo está desde hace mucho tiempo en cl centro de la filosofía y la historia nos ayuda a comprender mejor de dónde vienen tanto los problemas reales como los pseudoproblemas que nos preo- cupan. ¿Hasta qué punto debemos ajustar nuestra imagen del ser hurnano al progreso tecnológico? Con el fin de abordar sig- nificativamente cuestiones clave como esta habría que poner baja la lupa conceptos de nuestro autorretrato _COMO..COn- ciencia, espíritu, mente, o, e al menos examinarlos con mayor precisión «dela que-acos».. tumbramos. Solo entonces podemos intuir adónde nos lleva ese terreno resbaladizo cuando se pretende asegurar que en realidad no hay libre albedrío u que el espíritu humano (la conciencia) no es más que una especie de tensión superficial miento.0.laHbertad, o 14 YO NO SOY MI CEREBRO del cerebro o como pensaron por un tiempo Francis Crick y Christof Koch: descargas neuronales sincronizadas en el rango de los 40 Hz (una suposición que más tarde restrin- gieron).' A diferencia de la corriente principal de la filosofía actual de la conciencia (Phtlosophy of. Mind) -—a veces conocida erró- neamente en alemán como Phúlosophic des Geístes (del espíri- tu) — la propuesta seguida en este libro es anti-natralista. El haturalismo asume que todo lo que hay, todo lo qué cxisté; se puede i investigar. en última instancia científicamente. También supone en general, al menos implícitamente, que el materialis- mo es correcto, y por tanto la tesis de que solo existen objetos materiales, solo cosas que pertenecen inexorablemente a una realidad material-energética inexorable. ¿Pero qué de en- , tonces.con.la. conciencia, que hasta ahora no ha podido, ser científicamente explicada, y con respecto a la cual ni siquiera es imaginable cómo podría hacerse eso? Esto se aplica tanto más cuando ese espíritu humano es investigado por las huma- nidades y las ciencias sociales. ¿Significaría eso que por ejem= plo la República Federa] Alemana, los mundos novelísticos de Houellebecq, el luto por los muertos, los pensamientos y sen- timientos en general, así como el número spi» son en realidad objetos materiales? ¿Lo son v no lo son verdaderamente? Los naturalistas tratan de demostrarlo disipando la impresión, para ellos errónea, de que hay realidades inmateriales. De eso hablaremos más adelante, Como ya he dicho, la perspectiva adoptada aquí es antina- turalista, con lo que se supone que no todo lo que hay es mate- rial o científicamente examinable. Afirmo también que hay realidades inmateriales y lo mantengo en concreto para cada 1. Francis Crick y Christof Koch, «Towards a neurobiological theory of consciousness, en: Seminars in che Neurosciences, 2, 1990, Pp. 263- 275. INTRODUCCIÓN 15 versión accesible del sentido común. Cuando veo a alguien como amigo, y por tanto tengo determinados sentimientos hacia él a los que se acomoda mi comportamiento, no quiero decir con ello que la amistad entre él y yo sea una cusa mate- rial. Tampoco me considero a mí mismo como una cosa ma- reríal, aunque por supuesto no sería lo que soy sino tuviera un cuerpo adecuado, que por otra parte no podría tener si las le- yes naturales del universo fueran diferentes o la evolución biológica hubiera transcurrido de otro modo. La cuestión de si el naturalismo o el antinaturalismo están acertados en última instancia tiene cierta importancia, no solo para la disciplina académica llamada filosofía, sino para la re- lación mutua entre las ciencias naturales y las humanidades. Nos concierne a todos, especialmente en una época de regre- so, como muchos han observado, ¿de la religión, considerada con razón como bastión de lo inmaterial. Si se hace: so demasiado apresuradamente de las realidades intangibles (como sucede con el naturalismo de nuestro tiempo), al final no se puede ni siquiera entender la religión, considera por adelantado como una especie de superstición o historia de fan- tasmas. Parece haber deficiencias en la idea de que podríamos entender todos los procesos interpersonales sobre el progreso científico, tecnológico y económico y ponerlos bajo.control. mediante tal comprensión. Ya en el siglo pasado muchos pensadores y filósofos* de diferentes tendencias querían poner límites a la Ilustración y el racionalismo. Así pensaban por ejemplo Theodor W. Ador- no (1903-1969) y Max Horkheimer (1895-1973) en su libro Dialéctica de la Ilustración, considerando la modernidad en úl- o omi- * Permítaseme que en lo sucesivo, y en aras de la brevedad, utilice en. casos como este la forma masculina. Cor elfo no pretendo sugerir que en. tilosofía haya únicamente escritores y pensadores y no escriloras y pensa- doras.. 18 YO NO SOY MI CEREBRO Por eso yo, George Bush, presidente de los Estados Unidos de América, proclamo en este momento la década que comienza el 1 de enero de rg9o como la Década del Cerebro. Hago un Hla- mamiento a todos los funcionarios y al pueblo de los Estados Unidos para acometer esta década con los programas, ceremo- nias y actividades adecuadas. * Un decenio después, baja los auspicios del entonces presi- dente de Renania del Norte-W estfalia, Wolfgang Clement, se adoptó en Alemania una iniciativa similar llamada Década del Cerebro Humano, que impulsaron en el marco de un Congre- so en la Universidad de Bonn varios científicos importantes. Resulta un tanto irritante que el comunicado de prensa con el que se dio a conocer aquella iniciativa comenzara con una frase que en esa forma no se puede dejar pasar sin comentario: «Hace tan solo diez años habría sido una pura especulación que se pudiera observar cómo piensa el cerebro».5 Esta frase implica que ehora ya es posible «ver cómo piensa el cerebro», ó lo que en rigor resulta una declaración bastante sorprendente, porque en última instancia es una idea absurda que se pueda ver un acto de pensamiento. Los hechos de pensamiento no son observables, como mucho lo son las áreas cercbrales que se suelen considerar relacionadas con ellos. ¿Debería enten- derse literalmente la expresión «observar al “cerebro pensan- do», esto es, que se puede ver cómo procesa el cerebro los 4. Esta es mi traducción de: «Now, Therefore, I, George Bush, Pre- sident of the United States of America, do hereby proclaim the decade beginning January 1, 1990, as the Decade of the Brain. I call upon all pu- blic officials and the people of the United States to observe ¡hat decade with appropriate programs, ceremonies, and activities», 3. Brigitte Stahl-Busse, «Dekade des menschlichen Gchirns», en idw-dnformationsdienst Wissenschafi, 5. 11. 1999 (hteps: /idwe-online.de/ pages/ de/news15426). 6. /bid, INTRODUCCIÓN 19 pensamientos? Significa eso que ahora los pensamientos ya no solo se tienen O se entienden, sino que también se pueden verd ¿O se trata únicamente dea aspiración más modesta de ver al cerebro trabajando, sin que se pueda deducir de eso que se pueden liér de alguna manera los pensamientos? George Bush no es un neurocientífico, por lo que su éxito puede ser como mucho político, o posiblemente consistirá en que se dediquen más recursos públicos a la investigación del cerebro. ¿Pero qué tiene que ver eso con que se pueda «obser- var cómo piensa el cerebros? Las técnicas de imagen como la resonancia magnética fun- cional, a la que alude la declaración alemana, representan un progreso absoluto en la medicina. A diferencia de muchas de las tecnologías anteriores, ni siquiera son inyasivas, Así pode= mos visualizar el cerebro vivo sin intervenir masivamente en el órgano real, mediante modelos generados por ordenador (y no directamente!), Sin embargo, el progreso.médico se re-. .. laciona en este caso con, una.nueva. promes la. de hacer visible el pensamiento, Y esta promesa no se puede. cumplir..Estricta- mente hablando, es un sinsentido, Siuno entiende concretamen- té por úperisar» tener pensamientos conscientemente, eso.im-. plica mucho más que los procesos cerebrales que se pueden hacer visibles mediante las técnicas de. imagen, Aunque-dos - procesos cerebrales se pueden hacer visibles en cierto sentido,-.- no sucede así con los pensamientos: Durante las dos Décadas del Cerebro que llegaron oficial- mente a su fin en diciembre de 2010, era típico que no se qui- sieran límitar a los avances médicos, sino que nos ofrecieran la esperanza del antoconocimiento. En ese contexto, a las neuro- ciencias se les ha atribuido durante un tiempo la pretensión de servir como disciplina principal para el autoestudio del ser hu- mano, ya que se creía que la mente humana, la conciencia, el Yo, nuestro espíritu como tal, se podrían localizar e identificar con una cosa espacio-temporalmente observable: el cerebro o 20 YO NO SOY MI CEREBRO el sistema nervioso central. Esa idea, que pretendo criticar y rechazar en este libro, es lo que llamo para resumir neurocen- trismo. El eurocentrismo, es decir, la vieja concepción colonia- Esta de una superioridad cultural europea sobre el resto del mundo, dejó de ser tomado en serio con la llegada de otras superpotencias. Ahora queda por desmontar el neurocentris- mo, igualmente inducido por una fantasía de omnipotencia (por cierto, no muy científica). Así como el eurocentrismo pensaba equivocadamente que la mente humana había llegado a su apogeo en un continente (Europa) a un punto cardinal (Occidente) el neurocentrismo sitúa ahora el pensamiento hu- mano en el cerebro. De esa forma se espera poder controlar mejor el pensamiento cartografiándolo, en lo que Barack Obama ha presentado como propuesta de un «Mapa de la acti- vidad cerebral». La idea básica del neurocentrismo es que ser una criatura espiritual consiste en disponer de un cerebro adecuado, de modo que se puede resumir en pacas palabras diciendo que Yo soy mi cerebro. Si se quiere entender el significado de «Ya», «conciencia», «mente», «voluntad», «libertad» o «espíritu», no se puede preguntar a la filosofía, la religión o al sentido co- mún, sino que hay que aplicar al cerebro los métodos de la neurociencia, a lo sumo complementada con la biología evo- lutiva. Yo lo niego y presento así la tesis principal de este li- bro: ¡el Yono es el cerebro! Además de la serie de conceptos básicos ya mencionados de la filosofía del espíritu, también examinaré detalladamente el del «libre albedrío», ¿Somos realmente libres o hay buenas razones para dudarlo y consideramos como máquinas bioló- gicas impulsadas por el anhelo de vida que alienta en sus ge- nes? Yo creo que somos libres para actuar y que esto se debe principalmente al hecho de que somos seres espirituales. Para ilustrar esta situación con más detalle, vale la pena retomar algunas reflexiones de la Alosofía del espíritu antigua INTRODUCCIÓN 21 y reciente, ya que hasta el momento apenas ha legado al pú- blico que esta disuade del neurocentrismo. La filosofía ha intentado durante algún tiempo dar una base teórica a la idea fundamental del neurocentrismo, partici- pando con entusiasmo en la Década del Cerebro, durante la que se ha puesto de manifiesto que no es nada evidente que el Yo sea el cerebro. La filosofía del espíritu ha vivido entretanto una historia en la que se introdujeron conceptos como «Yo» o el propio «espíritu», que luego han llevado una carrera por se- parado en otras áreas (como la psicología). Frecuentemente conceptos como «el Yo» o «el sujeto en sí» han sido abordados (incluso por filósofos profesionales), sin tener en cuenta de dónde provenian realmente y qué relación mantenían con ellos los pensadores que los introdujeron, Muchas consideraciones y resultados de la filosofía del es- pírita durante los últimos doscientos años se oponían ya a la idea básica del neurocentrismo, por lo que me referiré abun- dantemente a pensadores muertos desde hace mucho tiempo, porque en filosofía se cumple que alguien no está necesaria- mente desacertado solo por haber vivido en el pasado. La fi- losofía del espíritu de Platón no pierde nada por el hecho de haber nacido en la antigua Atenas, en concreto en el contex- to de una civilización a la que debemos algunas de las ideas más profundas acerca de nosotros mismos. Homero, Sófocles, Shakespeare o Elfriede Jelinek pueden enseñarnos más sobre nosotros mismos que las neurociencias que se ocupan de nues- tro cerebro a nuestro sistema nervioso central y su funciona- miento, sin los que ciertamente no habría mente, Para ello es una condición necesaria vivir una vida consciente; pero no es idéntica a nuestra vida consciente. Una condición necesaria está lejos de ser una condición suficiente. Tener piernas es una condición necesaria para ir en bicicleta, peto no es suficiente, ya que además de saber manejarla hay que disponer de una, etc. Pensar que se entenderá por completo nuestra mente en 24 YO NO SOY MI CEREBRO la concepción científica del mundo del estructuralismo y el postestructuralismo. A veces parecerá como si de los descu- brimientos empíricos de la investigación del cerebro se dedu- jera que el Yo y el cerebro son idénticos. Los representantes de lo que designo aquí críticamente como «neurocentrismo» se muestran a menudo como si pudieran basarse en descubri. mientos científicos incuestionables y hechos así reconocidos por los expertos. Sin embargo, junto a sus hipótesis de largo alcance formulan aserciones genuinamente filosóficas, es de- cir, que no se pueden delegar 4 ninguna otra ciencia; pero como no lo hacen explícitamente, quedan inmunizados en cierto modo frente a las críticas. También el neurocentrismo utiliza términos tales como la conciencia, el pensamiento, el Yo, el espíritu, el ibre albedrío, etc., que son y permanecen en su carácter absoluto, no esta- blecido empíricamente, como conceptos filosóficos que nos permiten indagar sobre las relaciones entre nuestra biología y el universo, que muestro hábitat, el planeta Tierra, recorre con velocidad vertiginosa desde tiempos inmemoriales. Nuestra comprensión de los conceptos con los que nos des- cribimos a nosotros mismos como seres espirituales se ha ido configurando a lo largo de milenios de historia cultural, huma- nística y lingúística. Ha evolucionado de manera compleja en campos de tensión entre nuestra comprensión de la naturaleza, nuestra literatura, la jurisprudencia, las artes, las religiones, las experiencias socio-históricas, etc. Estos desarrollos no sc pue- den describir simplemente en el lenguaje de las neurociencias. Disciplinas como la neuro-teología, la neuro-germanística o la neuro-estética son «horribles Golems teóricos», como las lla- mó iogeniosamente Thomas E. Schmidt en un artículo sobre el nuevo realismo en. DIE ZETT." Siuna disciplina obtuviera real- 12. Thomas E. Schmidt, «Die Wirklichkeit ¡st andersl», en: D/E ZEIT, Nt. 15420%4, 3. 4. 2014 (http:/ /www.zeitde/ 2014/15/neuer- INTRODUCCIÓN 25 mente con ello legitimidad para observar el cerebro en la ex- ploración de sus objetos, probablemente necesitaríamos en- tonces una neuroneurociencia. Si habría entonces que elaborar una neuroneuroneutociencia y así sucesivamente, es algo que solo el futuro nos dirá... ¿Es realmente una coincidencia que la Década del Cerebro de George 11.W. Bush fuera proclamada poco después de la caída del Muro en 1989, cuando se atisbaba el inminente final de la Guerra Fría? ¿Se trataba únicamente del apoyo político a la investigación médica? ¿Apunta la idea de poder observar cómo piensa el cerobro —y por lo tanto los ciudadanos—, a una nueva opción de control para la sociedad de la vigilancia (y el complejo militar-industrial)? Es sabido que desde hace tiempo se esperan, de una mejor comprensión del cerebro, mayores posibilidades de control de los consumi- dores. Quizá se creen nuevos mecanismos de manipulación mediante medicamentos basados en la neurociencia (así como un uso «más científico» de la publicidad). Como sugería plausiblemente Felix Hasler (*1965) en su libto Veuromythologie: Eine Streitschrift gegen die Deutungs- macht der Hirnforschung, la Década del Cerebro también con- dujo a la formación de nuevos grupos de presión, por lo que en las universidades de Estados Unidos hay ahora más estu- diantes colgados de los fármacos psicotrópicos que del taba- co.'* La mayor resolución y un conocimiento más detallado de nuestra imagen del cerebro prometen una contribución a las transformaciones sociales que Christoph Kucklick resume acertadamente como «revolución del control». Se caracteriza tealismus). Comp. también las demás contribuciones a la serie sobre el nuevo realismo en DIE ZEIT del 16.4.20140l 16.7.2014 (1ÓMS. 17/2014 Y 28/2014). También se puede echar un vistazo a la situación del debate en Markus Gabriel (ed.): Der Neue Realismus, Berlín, Suhrkamp, 2014. 12. Felix Hasler, Neuromythologie. Eine Streitschrifi gegen die Deu- tungsmacht der Hirnforschung, Bielefeld, transcripción, 2013, PP. 159 Y SS. 26 YO NO SOY MT CERPRRO, entre otras cosas por el hecho de que ahora ya no seremos úni- camente «explotados», sino también individual y precisamen- te «interpretados», en lo que Kucklick designa como «socie- dad granular». 3 La cuestión de quién o qué es en realidad el ominoso Yo, aparece no solo coma un tema filosófico, sino también, en últi- ma instancia, políticamente significativo, y afecta a cada uno de nosatros al nivel cotidiano, como cuando se dice que el amor es en realidad idéntico a cierto «neurocóctel» o que mues- tra conducta y apegos en la vida social se remonta a tiempos prehistóricos, en cuanto que nuestros antepasados evolutivos nos prescriben todavía determinados parrones de comporta- miento. Tras esas afirmaciones se ocultan en mi opinión fanta- sías de exoneración, al ser tan pesada la carga de ser libre y te- ner que aceptar que los demás también lo son. A veces nos gustaría cludir la necesidad de tomar decisiones y que la vida transcurriera como una hermosa película ante muestro ojo espi- ritual interno. Como dice el filósofo estadounidense Stanley Cavell (* 1926): «Nada hay más humano que el deseo de negar la propia humanidad». 4 Pero yo lo impugno y presento en este libro la idea de que el concepto de espíritu está ligado a un concepto de libertad, tal como se utiliza en el marco de la política. La libertad no es solo un valor muy abstracto que defendemos, sin saber real- mente lo que queremos decir con eso. No es solo nuestra li- hertad, garantizada por la economía de mercado, de elegir como consumidores entre los distintos productos ofrecidos, En última instancia, la libertad humana reside en el hecha de que somos seres espirituales que no pueden ser plenamente 13. Christoph Kueklick, /Xie granulare Geselischafi. Mie des Digitale nnsere Wirktichkez auflóst, Berlín, Ullstein, 2014, p. 11- 14. Stanley Cavell, The claim of Reason: Wingensteín, Skepticisim, Moralizy and Tragedy, Oxford, Oxford University Press, 1999. INTRODUCCIÓN 27 entendidos si se intenta basar nuestra imagen humana en el modelo de las ciencias naturales. Y así entramos ya en el tema, puesto que se traza, en defi- nitiva, de pensar en nosotros mismos, algo que forma parte de nuestro modo de vida. Somos conscientes no solo de muchas cosas de nuestro entorno, y no solo tenemos impresiones y ex- periencias conscientes (incluidos los sentimientos), sino que también tenemos conciencia de la conciencia. Los filósofos llamamos a eso conciencia de sí, que no es lo mismo que la au- toestima como confianza en uno mismo. Hoy en día nos vemos casi abrumados por los aparentes conocimientos sobre nosotros mismos. Las neurociencias, la psicología evolutiva, la antropología evolutiva y muchas otras disciplinas científicas (o algunos de sus representantes) afir- man casi a diario haber realizado grandes avances en el campo del conocimiento de uno mismo, o estar a punto de lograr el descubrimiento decisivo. En el espacio radiofónico «La filosofia en el escáner cere- bral» se especula «si no es el espíritu humano, sino el cerebro» el que «gobierna las decisiones» y se afirma que «el libre albe- drío es demostrablemente una ¡lusión»."* Otro programa quie- re demostrar que la investigación del cerebro corrobora una supuesta tesis de Immanuel Kant, a saber, que no podemos conocer el mundo tal cual es.** El filósofo de la Universidad de Mainz Thomas Metzinger (* 1958), partidario de un acer- camiento de la filosofía a la neurociencia, explica: 15. Martin Hubert, «Teil 1: Des Menschen freier Wille», en: Sender relhe Philosophie im Himscan, 18. 4. 2014 (www.deutschlandfunk.de/ Philosophie-im-hirnscan-manuskript-teil-1-des-menschen.740. de.htmi?dramiarticle_id=283 145). 16. Volkart Wildermuth, «Die Welt, wie siescheinta, en: Sendereihs Philosophie im Hirnscan, 295-2014 (hup:/ /www.deutschlandfnk.de/ sendereiho-philosophie-im-hirscan-manskript-die-welr-wie.740. de.htmldrameartcle_id=287724). 30 YO NO SOY MI CEREBRO más adelante. No se trata de que los seres humanos nos em- briaguemos triunfalmente por nuestra libertad y debamos brindar como amos del planeta por el 4niropoceno logrado, como se denomina esta época de dominio del hombre sobre la tierra. Se trata sobre todo de iluminar el espacio de nuestra li- bertad intelectual en lugar de continuar trabajando por su apa- gón marginando a las humanidades en la vida pública de las sociedades democráticas. Muchas de las principales conclusiones a las que ha llegado la filosofía del espíritu en el siglo xx y lo que llevamos del xx1 siguen siendo relativamente poco conocidas por el público en general. Una de las razones para ello es el hecho de que los métodos, así como los argumentos que se utilizan, se remiten en parte a premisas complicadas y son presentados con una terminología técnica muy especializada. Cierto es que la filo- sofía, como la psicología, la botánica, la astrofísica, la lingúiísti- ca 0 la investigación social estadística, es también por supues- to, en ese sentido, una ciencia especializada. Eso es bueno. Sin embargo, la filosofía contribuye a una tarea que Im- manuel Kant llamó «Ilustración», lo que significa que tam- bién desempeña un papel en la esfera pública. Kant distinguía explícitamente entre un «concepto escolar» y un «conecplo mundial» de la filosofía,'? con lo que quería decir que los fi- lósofos no solo intercambiamos argumentos lógicamente agudizados, desarrollando así un lenguaje técnico. Ese es el concepto escolar, o si se prefiere, la filosofía académica. Pero por otra parte estamos obligados a ofrecer al público la visión más amplia posible de las consecuencias de nuestras consideraciones para nuestra imagen del ser humano. Ese es el concepto mundano de la filosofía. Ambos conceptos van 19. Immanuel Kant, Kritk der reinen Vernuafe, Hamburgo, Meiner, 1998, p. 865 [en cast. ción bilingiie, FCIS, 2009]. úítica de la razón pura, Madrid, Tecnos, 20043 edi- INTRODUCCIÓN 31 de la mano, de modo que se pueden criticar mutuamente, lo que se corresponde con la idea básica de la Ilustración kan- tíana y es también el papel desempeñado por la Alosofía cn la antigua Grecia. Er, Yo como MEMORIA USB A pesar del juicio que ya ha trascendido a la opinión pública de que las posibilidades de conocimiento de las neurociencias en lo que se refiere a nuestra imagen humana son limitadas, el Pro- yecto Cerebro Humano financiado por la Comisión Europea con más de mil millones de euros, por muy criticado que haya sido, debe al parecer resumir el conocimiento actual sobre el cerebro humano y simular su funcionamiento mediante la in- teligencia artificial de los ordenadores. Las correspondientes expectativas (totalmente exagera- das) con respecto a la capacidad eficaz de la inteligencia artifi- cial marcan el espíritu de la época. En películas como Her de Spike Jonze (2013), Lucy de Luc Besson (2014), Trascendence de Wally Pfister (2014), Chappie de Neill Blomkamp (2014), o Ex Machina de Alex Garland (015), cerebro y ordenador se fusionan imaginativamente. En ¿7er el protagonista se ena- mora de un sistema operativo informático, aparentemente muy inteligente, que desarrolla uma personalidad con proble- mas existenciales; en Trascendence el protagonista se hace in- mortal y todopoderoso al subir su Yo a un sistema informáti- co, que huego se extiende a través de Internet; en Lucy la Protagonista consigue transferir su Yo a una unidad USB des- pués de que, bajo la influencia de una nueva droga elaborada en Asia, consiga controlar conscientemente el cien por cien de su actividad cerebral. Alcanza la inmortalidad convirtiéndose en un conjunto de datos almacenados en un disco. 32 YO NO $0Y MI CEREBRO Además de la fantasía de querer identificar nuestro ser con el cerebro bajo nuestros cráneos, en la cosmovisión actual jue- ga un papel crucial nuestro deseo de inmortalidad e invulnera- bilidad. Internet se presenta como una plataforma de la in- mortalidad a la que, una vez subidos, ajustamos la mente para poder navegar para siempre como información fantasma a través del espacio binario infinito. Los científicos del Proyecto Cerebro Humano, un poco más sobrios, esperan avances médicos gracias a una mejor comprensión del cerebro. Por otra parte, en su página web humanbrainproject.eu, el proyecto lambién anuncia que una neurociencia artificial basada en modelos informáticos, que ya no tiene que trabajar con verdaderos cerebros (lo que plan- teaba, entre otros, problemas éticos), «tiene el potencial de revelar los mecanismos detallados que llevan de los genes a las células e interconexiones y en último término al cono- cimiento y comportamiento, la biología que nos hace hu- manas».?* Los avances científicos y tecnológicos son bienvenidos, sin duda, Sería completamente irracional condenarlos solo por- que han generado problemas como las armas nucleares, el cam- bio climático y una vigilancia más estricta de los ciudadanos mediante la recopilación secreta de datos. A los problemas de la modernidad ocasionados por nosotros los humanos solo les podemos hacer frente mediante nuevos avances. 5i vamos a resolverlos o si la humanidad se va a precipitar en poco tiempo en el abismo, llegando incluso a autodestruirse, es algo que no se puede predecir. Esto también depende de que seamos capa- ces de examinar los problemas y describirlos adecuadamente, 20, Europische Kommission, 2013. Traducción de: «New ín si/ico neuroscience has the potential to reveal the detailed mechanisms lea- ding from genes to cells and circuirs, and ultimately to cognition and be- haviour - the biology thar makes us human». INTRODUCCIÓN 3 Suhestimamos muchas dificultades, como la sobreproducción de plástico o la devastadora contaminación del aire y el medio ambiente en general en China, que sufren ya cientos de millo- nes de personas. Ótros apenas los entendemos todavía, como por ejemplo la compleja situación socio-económica en el Oriente Medio. Con seguridad no queremos volver a la Edad de Piedra, vi siquiera a las condiciones tecnológicas del siglo xix. Los la- mentos críticos por el progreso no aportan nada a nadie, ex- cepto quizá a quienes anhelan el fin de la civilización, lo que probablemente refleja sus propios miedos a la civilización, su «malestar en la cultura» (Freud). Para nosotros, los digital na- vives, resulta hoy día casi impensable escribir una carta no electrónica a alguien. Si no hubiera mensajes de correo elec- trónico, ¿cómo organizaríamos nuestro mundo laboral? Hay, como siempre, temores a las nuevas tecnologías y al potencial de su explotación ideológica, que suscitan debates sobre la re- volución digital y el mal uso de los datos y su control en nues- tro mundo de Internet. El progreso tecnológico general no solo promete desven- tajas. Por el contrario, me alegro de poder escribir mensajes de correo electrónico y de estar vinculado electrónicamente con mis amigos de todo el mundo. También me alegro de no tener que ira una tienda de videos a alquilar películas. Me ale- gra a menudo poder pedir una pizza o reservar mis vacaciones en línea y disponer de información anticipada sobre los hote- les, playas y exposiciones de arte. Nuestra civilización tecno- lógicamente equipada y científicamente progresiva no es en sí misma un «plexo de ceguera total» como dicen algunos críti- cos culturales pesimistas, siguiendo al filósofo Theodor W. Adorno. Así y todo existen hoy día, como en todo momento, Cegueras a las que hay que prestar atención, Es evidente que el progreso científico y tecnológico de huestros dias tiene inconvenientes, problemas de magnitud 36 YO NO SOY MI CEREBRO plorables por la biología evolutiva entendida como la supervi- encia de las especies biológicas. Aunque el dervinismo no surgió, obviamente, hasta la se- gunda mitad del siglo xxx, algunas ideas básicas del darvínis- mo social son mucho más antiguas, habiendo sido discutidas incluso por los antiguos griegos, por ejemplo Platón en una de sus obras más importantes, el primer libro sobre £/ Estado, donde presenta al antiguo filósofo Trasímaco definiendo la justicia como «la ventaja del más fuerte». En la primera mi- tad del siglo x1x Arthur Schopenhauer comenzó a describir el comportamiento específicamente humano de un modo proto- socialdarwinista en El mundo como voluntad y representación, Explicaba, por ejemplo, circunstancias como el enamoramien- to, o incluso todos los eventos sociales que rodean la sexuali- dad humana, como ritos de apareamiento, lo que en su caso iba de la mano con una acentuada misantropía general y en particular con una notable misoginia. El propio Schopenhauer tenía dificultades —por decirlo suavemente— en el trato con el sexo opuesto, Declaraciones de ese tipo se pueden encontrar en todas partes hoy en día. En particular, con respecto al comporta- miento y las relaciones humanas que nos conciernen a todos cada día de una manera u otra, se apela a las categorías bioló- gicas para explicar sus estructuras básicas. Creemos haber descubierto por fin que el ser humano «solo» es también un animal, y no vamos a ser tan ingenuos como para creer que caemos totalmente fuera del reino animal. Tal vez una mala conciencia sobre los otros animales (que contemplamos en zoológicos y en agradables noches de verano asamos alegre- mente a la parrilla con una botella de cerveza en la mano), quiere hacernos creer que el hombre no es una excepción en el 22. Platón, Politetia (La República), en: Diálogos. Obra completa en 9 volúmenes. Vol. IV, Madrid, Gredos, 2003. 37 reino animal, y solo casualmente también una criaturas espiri- tuales, que por otra parte es quizá el único ser vivo que sabe que lo es. Que yo sepa, somos al menos las únicas criaturas que destruimos maquinalmente a otras criaturas, que prensamos sus costillas y luego las hacemos rodar hacia atrás y adelante en la rejilla de la parrilla mientras charlamos sobre la prepara- ción más elaborada. MENTE - CEREBRO - IDEOLOGÍA Una de las tesis principales de este libro es que los procesos hasta ahora solo esbozados para delegar nuestro autocono- cimiento a las disciplinas científicas de nueva creación, son ideológicos y por tanto fantasías equivocadas. Lo que yo eriti- cu aquí como ideología es, en este caso, un sistema de ideas y deseos de saber en el campo del conocimiento de uno mismo, que entienden equivocadamente productos de la libertad espi- ritual como acontecimientos naturales, biológicos. Visto así no es de extrañar que esta ideología actual tenga especial inte- tés en proscribir el concepto de la libertad humana, Dentro de lo posible no debería haber productos de la libertad espiritual, Ese objetivo se lograría si se hubieran reconstruido el .4m- Phitryon de Heinrich von Kleist, la Missa Solemmís de Gioachi- no Rossini, el hip-hop de los noventa o la construcción del Empire State Building como variantes algo más complejas de la propensión al juego tan extendida en el reino animal, de la Que nuestras ciencias, fácilmente se concede, están infinita- Mente alejadas, Así, por ejemplo, dice hacia el final de Das Manifest, Elf fúhrende Neurowissenschaftler ber Gegenwart und uf der Hirnforschung, publicado en la revista Gehira und est 38 YO NO SOY Mi CEREBRO Aun si finalmente hemos limpiado todos los procesos neuro- nales que subyacen a la compasión humana, su enamora- miento o su responsabilidad moral, permanece sin embargo en pie la autonomía de esa «perspectiva interna». Porque tna fuga de Bach no pierde nada de su fascinación cuando uno ha entendido la forma en que fue compuesta. La investigación del cerebro debe distinguir claramente lo que puede decir y lo que queda fuera de su jurisdicción, del mismo modo que la musicología —para seguir con el mismo ejemplo—, si tiene algo que decir sobre las fugas de Bach, debe permanecer en silencio en lo que se refiere a la explicación de su singular belleza.* Como ejemplo representativo del neurocentrismo —y por tanto de la tesis “Yo = cerebro” puede señalarse el libro del investigador neerlandés del cerebro Dick Swaab (* 1944) titulado Pi Zijn Ons Breín.2* Ahí leemos al comienzo de la Introducción: Todo lo que pensamos, hacemos y dejamos de hacer, sucede en nuestro cerebro. La constitución de esa fantástica máquina de- cide sobre nuestras habilidades, nuestras fronteras y nuestro carácter; somos muestro cerebro. La investigación del cerebro ya no es únicamente la búsqueda de las causas de los trastornos cerebrales, sino también la búsqueda de una respuesta a la pre- gunta de por qué somos como somos: Una búsqueda de noso- tros mismos.?7 23- Christian E. Elger et al., «Das Manifest. Elf fihrende Wissens- chaftler iiber Gegenwart und Zukunft der Hirnforschung», en: Gehim und Geist, Nr, 6/2004, pp. 31-37 Cwsrwsspektrum.de/thema/ dasmani- fest/852357). 24. Dick Swaab, Somos nuestro cerebro: cómo pensamos suftimos y amamos, Madrid, Plataforma Tdirorial. 2014. 25. Ibid, INTRODUCCIÓN 39 Se ve así pues que según los neurocéntricos la investigación del cerebro no debe ser únicamente la investigación sobre el funcionamiento de un órgano muy útil. Ahora quiere ser, al me- s así piensa Dick Swaab, la «búsqueda de nosotros mismos». Yo, por cl contrario, defiendo la tesis de que la búsqueda de nosotros mismos, el proyecto de «uto-conocimiento, va completamente equivocado si se piensa que cada uno es su ce- rebro. Sin cerebro sano, sin duda, no existiríamos, no podría- mos pensar, estar despiertos o ser conscientes. Pero de eso no se sigue, sin tomar el desvío de muchos argumentos adiciona- e somos idénticos a nuestro cerebro. Una primera distinción que ayuda a dejar claro que no ne- esitamos aceptar ser idénticos a nuestro cerebro, aunque sin él no seríamos nada, es la diferencia entre las condiciones nece- arias y suficientes. Por ejemplo, para que yo me pueda prepa- rar un sándwich de mermelada es necesario que disponga de ermelada y pan. Pero eso no es en absoluto suficiente. Si engo la mermelada en la nevera y el pan en la panera, no ten- go un sándwich de mermelada. Para ello tengo que poner la ermelada y el pan en una relación correcta, por ejempla me- diante mantequilla, Algo parecido sucede con el cerebro. Una razón por la que no somos idénticos a nuestro cerebro consiste simplemente en l hecho de que tenemos, primero, un cuerpo que no se com- pone solo de neuronas, sina que tiene muchos más órganos e están hechos de otros tipos de células. Además, no nos fcercaríamos siquiera a lo que somos si no mantuviéramos na interacción social con otras personas. No tendríamos nin- a lengua y probablemente ni siquiera seríamos capaces de sobrevivir, porque los humanos somos todo lo contrario de se- es solipsistas, que pueden tener una conciencia sin tener que omunicarse con los demás. stos hechos culturales no se pueden explicar por tener un cerebro, Hay que tener en consideración al menos una plurali-