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Este documento analiza la variedad lingüística en relación con el registro coloquial y formal. Se explica cómo los rasgos coloquializadores y los rasgos propios de cada registro contribuyen a la determinación de la coloquialidad o formalidad de un discurso. Se discuten también los géneros y cómo estos pueden estar envueltos en lo coloquial o lo formal.
Tipologia: Appunti
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Universidad de Valencia. Grupo Val.Es.Co. A mi buen amigo, José María Enguita, al que nada en los temas de la variación le es ajeno. La variación lingüística tiene carácter gradual. Los registros, los sociolectos, los dialectos, los géneros, los medios de producción-recepción son modalidades, realizaciones, estilos comunicativos, formatos y modos de transmisión escalares. Y esta escala es única, si bien su distribución no es lineal. En otras palabras, esta variedad puede entenderse de modo aislado y, de este modo, afirmar que los registros resultan de la variedad situacional o diafásica; los sociolectos, de la variedad diastrática; los dialectos, de la diatópica; y los géneros, presentados a menudo aparte de la variación anterior, derivan de las posibles realizaciones discursivas. Incluso, pueden dividirse y distinguirse objetivos, disciplinas y métodos para enfrentarse al análisis de cada uno de estos tipos de variedad, sobre todo porque la división en partes justificadas metodológica y funcionalmente despeja el bosque discursivo, que buena falta hace. Pero esta visión, sin duda, estática, distorsiona en parte la realidad, puesto que la variación es un hecho global, gradual (escalar) y jerárquico que ha de entenderse de modo dinámico. Jerárquico, puesto que la situación y los registros que esta favorece determinan el grado de variedad sociolectal y dialectal, así como también los géneros adecuados y las realizaciones en la transmisión. Así nos lo muestra el análisis empírico, al menos, sobre corpus orales: lo coloquial y lo formal se constituyen en centros o ejes de la variación. Global, porque los cambios situacionales afectarán al conjunto de variables y al conjunto de las variedades citadas. Gradual, pues en la periferia de esa única escala, necesariamente, una modalidad será más o menos coloquial/formal, presentará un mayor o menor reflejo de las características de los usuarios, tendrá un carácter más o menos conversacional o un carácter más o menos oral/escrito. Dicho lo cual se entenderá que nuestra aproximación es dinámica. Coincidimos en buena medida en el modo de entender la variación (diafásica) con Oesterreicher (1994 y 1996), Narbona (1996), López Serena (2007), etc. [ 125 ] En efecto, es cierto que las características de los usuarios a priori perfilan en un sentido u otro los registros (el español coloquial de un andaluz se diferencia del de un valenciano; y el de mi madre se diferencia del mío), pero lo es también que
en el proceso comunicativo, es decir, cuando hablamos, por ejemplo, coloquialmente, afloran más las características dialectales (más: otra vez la gradación) y las sociolectales de edad, sexo y las del medio oral y las de género, que en ese caso sería más conversacional (sí, otra vez más). Y, al contrario, tienden a neutralizarse o nivelarse las sociolectales de nivel sociocultural. Esta es la visión dinámica y contextualizada a la que nos referíamos antes. De acuerdo con la caracterización que realiza el grupo de investigación Val.Es.Co. (Briz, coord., 1995; Briz y grupo Val.Es.Co., 2002) el registro coloquial o, más exactamente, el prototipo de lo coloquial (+coloquial), como variedad de uso en situación, responde a los siguientes rasgos:
familiar es adoptar una visión estática; la visión dinámica vincula el grado de cotidianidad espacial al grado de relación de los participantes con el marco espacial en el que se sitúa la interacción, de modo que un juzgado es una escena poco cotidiana para quien escribe, y no lo es para un juez en el desempeño de su actividad profesional. Y lo mismo sucede con la mayor o menor cotidianidad temática: desde una visión estática no podría hablarse coloquialmente los lenguajes de especialidad, lo que a partir de análisis empíricos estamos mostrando actualmente que no es así. [ 127 ] LO COLOQUIAL Y LO FORMAL, EL EJE DE LA VARIEDAD LINGÜÍSTICA 2 Sobre la variación oral y escrito, véase Biber (1988); sobre el concepto de planificación, comp. Ochs (1979). Por otro lado, el prototipo de lo formal (+formal) está marcado por los rasgos:
Y no solo esto, tales rasgos afectan de modo dinámico a la determinación de los géneros. Cierto es que una conversación que se desarrolle en esos parámetros situacionales de producción y recepción discursivas será + coloquial o + formal: una conversación entre jóvenes amigos, en casa de uno de ellos hablando de sus salidas nocturnas responde al prototipo de lo coloquial, una conversación entre colegas durante un congreso sobre pragmática responde al prototipo de lo formal. E igual de cierto es que algunos géneros discursivos se vinculan a estas modalidades lingüísticas o registros ; en principio, por ejemplo, una conferencia o un debate aparecen en la escala de lo formal. No obstante, si los rasgos se mueven, los géneros se mueven y se imbrican con otros. Por eso, una conversación cara a cara, aun a pesar de ser un género (oral, dialogal) asociado a lo coloquial prototípico (el género en el que más auténticamente se manifiesta el registro informal) puede ser igualmente asociada a los rasgos de lo formal. [ 128 ] ANTONIO BRIZ 3 Véase en Narbona (1996: 160) el esquema sobre la variación de géneros a partir de dos ejes, el de lo oral y lo escrito y el de la situación de monólogo o de diálogo, siguiendo a Charaudeau (1995). Los géneros son envoltorios de lo coloquial o de lo formal, es decir, modos o formatos en que se puede realizar lo coloquial o lo formal: +/- oral, +/- inmediato, +/- dialogal, +/- dinámico (retroalimentado y cooperativo) +/- alternancia de turno predeterminada (Briz, coord., 1995: 27-30). En efecto, una conversación es un discurso oral, en tanto se produce a través de un canal fónico. Es inmediato en cuanto a su ejecución en una coordenada espacio-temporal aquí, ahora y ante ti. Su dinamismo viene dado por la sucesión de intercambios ; así pues, se obra conjuntamente con otro(s), gracias a lo cual se (retro)alimenta y progresa, es decir, existe alternancia de turnos, si bien dicha alternancia no está predeterminada de antemano. Es este, precisamente, el rasgo definidor y exclusivo de la conversación, frente a otros géneros orales, dialogales, retroalimentados, cooperativos y dinámicos como el debate o la entrevista, no tan libres en la conducta interaccional, ni en la progresión textual, pues en el caso de la entrevista esta responde al esquema general de pregunta- respuesta, y en el caso del debate es un moderador el que reparte la vez entre los varios asistentes, al menos
posición más estática según la cual (ver nota 3) el género favorece, en principio, el uso de un registro u otro; en efecto, la conversación, el coloquial; la conferencia, el formal. Pero este principio estático, sin ser falso, puede alterarse, como se ha señalado, en el proceso de producción y recepción. Me gustaría acabar este trabajo reproduciendo el final de otro que todavía está en prensa, «Esbozo de la propuesta del grupo Val.Es.Co. sobre las variedades diafásicas», y sobre el que he vuelto en estas breves líneas dedicadas a mi buen amigo José María Enguita: Cada vez que pienso y leo sobre el conjunto de la variación de registros, sociolectos, dialectos, géneros, medios orales y escritos, etc., me imagino un artilugio que rueda sobre un eje (lo coloquial/lo formal) y que en dicho movimiento arrastra a todo el engranaje, constituido por cada una de esas piezas citadas (los rasgos implicados en la determinación de las diferentes escalas de registros, sociolectos, dialectos, géneros, medios, etc.). Si la rueda de los rasgos de la coloquialidad y de la formalidad comienza a moverse, todo entra en movimiento y «colisiona». La imagen del dial la tengo, pero no tanto el dibujo exacto que demuestre la certeza de esta propuesta de la variación; quizá, nos falta la imaginación de Ramón Llull en la creación de un ingenio mecánico que, con todos los datos dispuestos sobre figuras geométricas, se mueva y ruede mediante una manivela (ahora sería una tecla o un botón) y se pare cada vez que como usuarios de la lengua o como analistas queramos seleccionar la opción exacta y más adecuada o determinar lógicamente en qué punto de la escala de coloquialidad, de discurso, de oralidad, etc., nos encontramos. Ars Magna et ultima capaz de explicar el conjunto de «verdades» sobre la variedad como una sola «verdad». A falta de esta máquina ideal, valga la argumentación hasta aquí. Y el cuadro siguiente que dejo como final: [ 130 ] ANTONIO BRIZ [ 131 ] LO COLOQUIAL Y LO FORMAL, EL EJE DE LA VARIEDAD LINGÜÍSTICA
COLOQUIAL PROTOTÍPICO