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aborigenes continentales, Monografías, Ensayos de Historia del Mundo Contemporáneo

historia de los pueblos que habitaron el territorio

Tipo: Monografías, Ensayos

2025/2026

Subido el 08/06/2026

damaris-gonzalez-45
damaris-gonzalez-45 🇦🇷

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INTRODUCCIÓN
Cuando los españoles llegaron a América, se encontraron con pueblos que habitaban
el continente desde hacía miles de años. Descubrieron, además, que estos pueblos eran muy
diversos entre sí: mientras algunos tenían formas de vida más simples, otros habían
desarrollado civilizaciones complejas y organizadas. En sus orígenes, muchos de estos
grupos eran cazadores-recolectores, es decir, obtenían de la naturaleza todo lo necesario para
vivir, como alimentos, materiales para sus viviendas, vestimenta y herramientas.
Con el paso del tiempo, estos pueblos fueron evolucionando y adaptándose a los
distintos ambientes del territorio, desarrollando formas de vida propias. En el actual territorio
argentino surgieron numerosos pueblos originarios, como los diaguitas, guaraníes, wichís,
tehuelches y mapuches, entre otros, cada uno con su propia cultura, organización social,
economía y creencias.
El presente trabajo tiene como objetivo conocer y valorar la diversidad de los pueblos
originarios de Argentina, analizando sus características principales, sus modos de vida y la
forma en que se relacionaban con la naturaleza, comprendiendo así la riqueza cultural que
existía antes de la llegada de los europeos.
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INTRODUCCIÓN

Cuando los españoles llegaron a América, se encontraron con pueblos que habitaban el continente desde hacía miles de años. Descubrieron, además, que estos pueblos eran muy diversos entre sí: mientras algunos tenían formas de vida más simples, otros habían desarrollado civilizaciones complejas y organizadas. En sus orígenes, muchos de estos grupos eran cazadores-recolectores, es decir, obtenían de la naturaleza todo lo necesario para vivir, como alimentos, materiales para sus viviendas, vestimenta y herramientas. Con el paso del tiempo, estos pueblos fueron evolucionando y adaptándose a los distintos ambientes del territorio, desarrollando formas de vida propias. En el actual territorio argentino surgieron numerosos pueblos originarios, como los diaguitas, guaraníes, wichís, tehuelches y mapuches, entre otros, cada uno con su propia cultura, organización social, economía y creencias. El presente trabajo tiene como objetivo conocer y valorar la diversidad de los pueblos originarios de Argentina, analizando sus características principales, sus modos de vida y la forma en que se relacionaban con la naturaleza, comprendiendo así la riqueza cultural que existía antes de la llegada de los europeos.

PUEBLOS ORIGINARIOS DE ARGENTINA

DIAGUITAS (CALCHAQUÍES)

En el centro del Noroeste argentino, en la zona de valles y quebradas se erigió esta civilización. El nombre de “diaguitas” se cree que se lo dieron los incas del Perú, quienes llamaban así a todos los habitantes de la zona pues la palabra significa “serranos”. Esta gente vivía precisamente entre las sierras y montañas, en los valles ubicados entre 1300 y 3000 metros sobre el nivel del mar. En realidad, no eran un solo grupo sino varios, cada uno con su territorio, su jefe y un nombre que los identificaba, pero con un denominador común que los aglutinaba: la lengua, el cacán. Entre los grupos estaban los Quilmes, cafayates, yocaviles, capayanes y varios más. UBICACIÓN GEOGRÁFICA: habitaban el Noroeste argentino (NOA), asentándose principalmente en los valles Calchaquíes y zonas montañosas de las provincias de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, norte de San Juan y el extremo noroeste de Córdoba. Desarrollaron una cultura andina sedentaria, caracterizada por la agricultura en terrazas y la construcción de fortalezas (pucarás)

Los distintos pueblos diaguitas se fueron organizando para aprovechar todos estos recursos. Si bien cada pueblo tenía su aldea, no todos los parientes vivían allí todo el tiempo. Unos se iban a las tierras más altas y se ocupaban de cultivar las papas y la quínoa y de criar las llamas y las alpacas. Otros se instalaban cerca de las salinas de la Puna en invierno y cosechaban sal. Y así, por grupos o familias, iban y venían por senderos polvorientos y pedregosos con sus productos. Siempre con pendiente, hacia arriba o hacia abajo, transportaban la carga en el lomo de las llamas. Así llevaban lo que producían a los parientes y recibían de ellos lo que necesitaban. Además, intercambiaban algunos productos con sus vecinos. A cambio de maíz, por ejemplo, obtenían caracoles y pescados de los pueblos de la costa del Pacífico; o plumas, miel y frutas de los pueblos de la selva. El encargado del reparto de las tierras era el jefe, quien además se ocupaba de organizar y controlar la construcción de las terrazas de cultivo en las laderas de las montañas. El trabajo de la tierra era colectivo y el producto era guardado en los depósitos comunales. Entre los principales cultivos se contaban la quinua, el zapallo, los porotos, ajíes, papa y maíz. Realizaban además la recolección de frutos silvestres, principalmente algarrobo, chañar y copao que era lo que más abundaba. El algodón era cultivado para procesarlo y elaborar con él los trajes. Al algarrobo criollo le daban varias utilidades: usaban la madera para leña o fabricación de enseres, la corteza y la raíz para el teñido de lanas y telas y con los frutos hacían harinas para cocinar el pan que llamaban patay. Para tomar como refresco elaboraban una bebida parecida a la cerveza, el alojo, u otra a la que llamaban añapa. Utilizaban canales de regadío para garantizar los cultivos; la papa y la quínoa la sembraban en las zonas más altas, valiéndose de terrazas y andenes de cultivo. Cultivar en la zona de montaña donde vivían tiene dos dificultades muy importantes. Una dificultad es que el espacio a cultivar es escaso porque los terrenos tienen mucha pendiente. Por eso los diaguitas aplanaban la ladera de las montañas y construían terrazas o andenes de cultivo. Así resolvían el problema y lograban producir alimentos en abundancia.

La construcción de andenes de cultivo: los diaguitas usaban piedras apiladas prolijamente para construir muros bajos en la ladera de los cerros y rellenaban el espacio con tierra fértil. De este modo, lograban obtener superficies planas y contener el deslizamiento de la tierra por la pendiente. Así, multiplicaban la superficie para cultivar. La otra dificultad es que en las tierras de los diaguitas llueve muy poco, es una zona árida. Solo entre los meses de diciembre y marzo puede haber nubes y algunos chaparrones. El agua de esas lluvias de verano escurre hacia los arroyos y los arroyos la llevan a los ríos. El resto del tiempo la tierra está seca, los arroyos se quedan sin agua, las plantas se ponen más amarillentas… Entonces, para retener el agua del verano, los diaguitas construían reservorios con piedras. Luego la iban distribuyendo a lo largo del año: para consumir ellos, para dar de beber a sus animales y para regar los cultivos.

la zona cordillerana. Para completar la alimentación los diaguitas de Chile recurrían al mar. De allí extraían peces, mariscos y mamíferos marinos. Ingresaban al mar en balsas de cuero de lobo marino y cazaban de esta manera peces mayores, incluso ballenas. ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL: La autoridad era ejercida por un jefe cuyo poder posiblemente haya sido hereditario, y cuyo mandato se extendía sobre varias comunidades, de manera semejante a lo que ocurría con los cacicazgos. Aunque la familia era básicamente monogámica, los jefes practicaban la poligamia. Con una organización comunitaria basada en el núcleo familiar extenso, cuando la familia por medio de las uniones se extendía demasiado, generaba una nueva estructura de macro familias. Las macro familias tenían la ventaja de hacer más dinámico el trabajo agrícola por la diversidad de tareas, desde la construcción de las defensas, la irrigación y el trabajo en los andenes de cultivo, tareas que superaban la capacidad de las familias y hasta de las familias extensas. Los jefes o curacas se encargaban de organizar todas las tareas agrícolas. También dirigían la construcción de las aldeas (con su pucará y sus murallas) y el trabajo de los artesanos especializados. Entre los especialistas estaban los alfareros que trabajaban la cerámica para hacer recipientes (platos, vasijas, ollas, urnas); las tejedoras, que producían textiles para sus ropas o bolsas para trasladar sus cosas; los metalúrgicos, que fabricaban objetos de metal como discos, brazaletes, hachas o adornos. Otros artesanos se especializaban en el pulido de la piedra, por ejemplo, para la confección de adornos. Además, cada cacique estaba al mando de sus guerreros en las campañas militares y era el responsable de organizar los rituales y las fiestas religiosas. El cacique podía ser hijo o sobrino del jefe anterior pero no alcanzaba con eso: para ser elegido, debía ser un muy buen guerrero y también tener capacidad para la negociación. Los jefes se vestían con ropas especiales y usaban adornos y objetos solo reservados para ellos, como tocados de plumas de colores, brazaletes, tobilleras o discos de metal. Vivían con sus familias en lo más alto del cerro, la zona más protegida de la aldea.

COSMOVISIÓN: Eran adoradores del sol, el trueno y el relámpago, algo típico de la cultura andina. Para propiciar la fertilidad de los campos celebraban rituales. Los ritos funerarios expresaban su culto a los muertos, considerando la muerte como un paso fundamental en el ciclo de vida. Para ellos el alma se convertía en estrella, en tanto el cuerpo del muerto quedaba en la tierra y por eso era enterrado con alimentos y bebidas. Alejados de los lugares en que enterraban a los adultos se encontraban los cementerios de párvulos en urnas. En el cuerpo de los niños habría vestigios de sacrificios propiciatorios de la lluvia. Es que la lluvia era decisiva para pueblos que como este, basaba su subsistencia en la producción agrícola, por eso los sacrificios realizados en lugares especialmente construidos para ello, los “zupca”, que estaba a cargo de los chamanes. Según el mito andino la Pachamama podía estar acompañada de Pachamac, el dios del cielo, a quien también se conocía como Viracocha, y por sus hijos, el Sol y la Luna, considerados héroes civilizadores. Pachamac o Viracocha presenta particularidades que lo asemejan a algunos personajes del Noroeste argentino, aquellos que llevaban los símbolos astrales. Como en Perú y Bolivia, los diaguitas participaban del culto a Pachamama, la Madre Tierra. La consideraban la dueña de la tierra y a ella le rogaban por la fertilidad de los campos, por el viaje de un peregrino, por los partos y la felicidad de todas las empresas. Ofrecían sacrificios de sangre y también ofrendaban el primer trago, el primer bocado y el primer fruto de la recolección. CULTURA: Recibieron un importante bagaje cultural proveniente de los Andes Centrales, del llamado horizonte Tiawanaku, del que nutrieron sus creencias religiosas, el estilo de cerámica y otros aportes que sumaron su propia cultura, la del linaje de los huárpidos, pámpidos y andinos. Muchos etnógrafos separan a los diaguitas propiamente dichos de los atacamas, o alpatanas, pues si bien tenían culturas de tas similares, en especial lo lingüístico, los atacamas, que habitaban en la Puna eran de lengua cunza. VIVIENDA Y ARQUITECTURA: Los pueblos diaguitas vivían en aldeas ubicabas en los cerros, valles y quebradas del noroeste del actual territorio argentino, en tierras que hoy corresponden a las provincias de Jujuy, Salta, La Rioja, parte de Tucumán y Catamarca.

provincia de Corrientes, en Argentina y el guaraní cambaque es un acento boliviano del idioma español oficial en el departamento de Santa Cruz. ECONOMIA: La economía guaraní tradicional se basaba en una agricultura itinerante (roza y quema) centrada en la yuca (mandioca), la batata (jety), la calabaza (andai), el zapallo (kurapepê), el maíz (avati), el poroto (kumanda), el maní (manduvi) y el algodón (mandyju). Las hierbas medicinales, los frutos como la guayaba (arasa), la banana (pakova) y la yerba mate (ka’a) eran obtenidos directamente del monte o selva, complementada con caza, pesca y recolección Su sistema era comunitario, gestionado por el cacique y basado en la cooperación recíproca (motirô) y la división sexual del trabajo. Las familias poseían un lote exclusivo en las plantaciones comunitarias y, a su vez, cada esposa tenía un huerto personal. Trabajaban en grupo y los parientes se ayudaban unos a otros. Cultivaban parcelas de selva desmontadas (chacras), moviéndose cada pocos años cuando el suelo perdía fertilidad. En cuanto a la división del trabajo, los hombres realizaban el desmonte y la siembra de maíz, mientras que las mujeres se encargaban de la siembra de porotos y la cosecha. Uno de los más reconocidos logros de la cultura guaraní es sin duda el conocimiento de las propiedades y usos de las plantas medicinales. Su capacidad de observación les permitió conocer en profundidad la utilidad de las plantas medicinales. En la actualidad, la ciencia ha confirmado muchos de estos conocimientos ancestrales que le permitieron una mejor calidad de vida a los guaraníes. ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL: La organización política guaraní se basaba en comunidades autónomas denominadas tekoa, lideradas por un cacique o mburuvicha, quien ejercía un liderazgo basado en el consenso, la sabiduría y la mediación. Esta estructura comunitaria, fuertemente ligada a la tierra, incluía un jefe espiritual (paje o chamán) y tomaba decisiones clave en asambleas.

  • El Tekoa (Comunidad/Aldea) era la unidad básica de organización. Eran aldeas sedentarias formadas por grandes casas comunales (tapýi) donde convivían varias familias bajo la autoridad del mburuvicha.
  • El Mburuvicha (Jefe Político), líder de la aldea, generalmente hereditario, encargado de administrar el trabajo comunitario, organizar la defensa y distribuir los bienes. Su poder no era autoritario, sino que se basaba en el prestigio y el consenso.
  • El Paje (Jefe Religioso): Chaman o líder espiritual que guiaba la vida ritual de la comunidad.
  • Las decisiones importantes se tomaban en conjunto, a menudo con un consejo de jefes de las familias o ancianos.
  • El conjunto de comunidades locales formaba una organización mayor, a veces llamada "Capitanía Grande" o tenta guasu.
  • Las mujeres desempeñan un papel crucial en la esfera social, cultural y espiritual, siendo fundamentales en la vida de la comunidad. VIVIENDA Y ARQUITECTURA: Las casas tradicionales guaraníes, conocidas como oga guasú (casa grande) u oga , eran construcciones comunales, circulares o rectangulares, hechas de paja, barro (técnica de quincha) y madera, diseñadas para albergar a múltiples familias emparentadas. Vivían en aldeas donde las casas estaban dispuestas en torno a una plaza grande de forma cuadrangular y rectangular; allí se desarrollaba una gran actividad social. Eran casas comunales de bases rectangulares, conformadas por una sola habitación y cuyo techo descendía hasta el suelo; las mismas se denominaban ogaguasu o tapyî individualmente, y en conjunto, táva. Cada familia vivía en una casa comunal donde habitaban entre 60 y 120 personas, presidida por un jefe que ocupaba la parte del centro. A su vez, la aldea estaba dirigida por un jefe político llamado mburuvicha, y un jefe religioso llamado paje. Su organización social estaba encabezada por un cacique (tuvicha) cuyo liderazgo era hereditario. CULTURA: Dentro de las costumbres y tradiciones se pueden mencionar las siguientes: practicaron la poligamia, pero sólo los sectores que podían darlas comodidades a las mujeres; celebraban fiestas anuales en honor a los muertos. Utilizaban grandes tinajas como urnas, donde colocaban a los muertos junto a sus pertenencias y luego procedían al entierro.

tras ésta a fines del verano austral venía la estación lup ("luna de las cosechas"), siguiéndole la fwi yeti(up) ("luna de las heladas"). La época de mayor abundancia de recursos era el verano, donde las distintas bandas de Wichis se reunían para realizar rituales, fiestas y alianzas. En invierno la disminución de recursos provocaba la dispersión de los grupos. Posteriormente, se asentaron en las orillas de los ríos y se transformaron prácticamente en sedentarios. ORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA: La sociedad wichí tradicional se organizaba en comunidades relacionadas por parentesco. Cada aldea, o huef (o huet ), era administrada por un jefe anciano y un consejo comunitario de varones. Varias comunidades formaban parcialidades. La unidad básica, sin embargo, era la familia, que generalmente era monógama, aunque los caciques podían tener más de una mujer. Estas familias se agrupaban en bandas o hordas que se desplazaban en busca de recursos, bajo la autoridad de un cacique. Se instalaban preferentemente en lugares altos y cerca de fuentes de agua como ríos y lagunas, lo que facilitaba su modo de vida basado en la pesca y la recolección. VIVIENDAS: El pueblo wichí, con una rica historia y profunda conexión con el territorio del Gran Chaco, ha adaptado su forma de vida a los ciclos de la naturaleza, basando tradicionalmente su subsistencia en la caza, la pesca y la recolección. Aunque inicialmente eran un pueblo nómada, para el siglo XVI ya habían adoptado un sedentarismo casi completo, estableciendo paraderos y asentamientos a orillas de los ríos. Esta transición influyó directamente en sus estructuras sociales y, por supuesto, en el tipo de viviendas que construían. Dentro de esta estructura social y patrón de asentamiento, las viviendas jugaban un papel fundamental, sirviendo como refugio para la unidad familiar. Según la información disponible, sus viviendas tradicionales eran chozas. Estas construcciones, llamadas huep en su idioma, eran sencillas y funcionales, diseñadas para el estilo de vida semi-sedentario que habían adoptado. Las huep se construían principalmente con ramas, un material abundante en su entorno natural. Tenían una característica forma de cúpula. El tamaño de estas chozas variaba, pero se

describe con un diámetro de entre 2 y 3 metros. Lo más importante de su función social es que en cada una de estas chozas convivían los integrantes de una familia, reforzando la unidad familiar como pilar de la sociedad wichí. CULTURA: El pueblo wichí desarrollaba diversas técnicas artesanales utilizando otros materiales de su entorno. Sus utensilios y artefactos eran a menudo de madera, como los "palos de labranza". También eran hábiles en la cestería, la cerámica y el trabajo de la piedra pulida. Un material particularmente importante era el caraguatá (o chaguar), una fibra vegetal que utilizaban para confeccionar textiles. Con el caraguatá elaboraban las yika, que eran bolsas o morrales, muy reconocibles por su elegancia y uso funcional. Aunque la información proporcionada no detalla el proceso de construcción de las chozas más allá del uso de ramas, la habilidad en el manejo de materiales naturales para otros fines sugiere un conocimiento profundo del entorno y sus recursos. RELIGIÓN: El sistema de creencias de los wichís han sido incluidos por los antropólogos en el animismo y el chamanismo, rendían culto a los seres de la naturaleza y poseían la noción de un ser superior (Tokuah o Tokuaj) que regía al mundo. Muchos de los wichís han sido convertidos al protestantismo de los grupos llamados evangelistas, pentecostales y bautistas. TEHUELCHES O PATAGONES Los Tehuelches, también conocidos como Aónikenk o Patagones, son un grupo indígena semi nómada de la Patagonia argentina. UBICACIÓN GEOGRÁFICA: Ocuparon históricamente la Patagonia, desde el río Negro y Limay por el norte hasta el estrecho de Magallanes por el sur, abarcando las actuales provincias de Chubut, Santa Cruz, Río Negro y zonas de la pampa argentina. Eran nómadas, migrando estacionalmente entre la costa atlántica y la cordillera. LENGUA: Este pueblo indígena hablaba la lengua Tehuelches, Aonikenk o Aonekken (gente del sur), que pertenece al tronco lingüístico chon (tshon), un grupo de lenguas indígenas habladas en la Patagonia de América del Sur.

Cada banda tenía un jefe llamado Gownok o Yank, con escaso poder, encargado de organizar las migraciones y la cacería; a su vez, las bandas que convivían en una misma región obedecían a un cacique general. Aunque tenían un modelo matrifocal, el hombre era quien ejercía el poder del grupo. Del mismo modo era una sociedad exogámica por lo que los hombres debían buscar esposa en otros grupos y practicaban el trueque de mujeres e incluso el rapto, lo cual podía terminar en guerras intraétnicas. Con la llegada del caballo, los grupos cobraron importancia y prestigio pues, quién era dueño de uno o varios animales de estos, era visto como un integrante de mayor jerarquía dentro del grupo y con mejores recursos económicos y de intercambio. RELIGIÓN: La sociedad Tehuelches creía en la existencia de un Dios creador del universo llamado “Kooch“, diversidad de espíritus terrestres que pueden ser buenos o malos y un ser espiritual maligno llamado Gualicho. Creían en la vida después de la muerte y por ello enterraban a sus muertos en la cima o puntos más elevados del terreno, en cuclillas, en forma fetal y con todos los objetos que pudieran necesitar en el viaje al más allá, alimentos, utensilios, armas, entre otros. Le hacían sacrificios de sangre al espíritu del mal, con yeguas u otros donativos aunque fueran de poco valor, para aplacarlo. Raspaban los huesos de fósiles desenterrados y se lo daban a beber a los niños para que crecieran fuertes y sanos. La figura religiosa era el Chaman (hombre) y la Machis (mujeres) quien también ejercían la medicina con la ayuda de los espíritus que invocaban, utilizando hierbas y productos naturales. VIVIENDA: La vivienda tradicional del pueblo Indígena Tehuelche era una especie de tienda de campaña llamada “toldo”, cuya construcción es bastante sencilla, hecha de varas de madera enterradas en el suelo y sobre ellas una cubierta de grandes capas formadas por unos 50 o 60 cueros impermeables de guanacos y caballos, unidos entre sí.

Estas carpas que medían unos 7 metros de diámetro, albergaba el núcleo familiar y algunos parientes cercanos, ocho a diez individuos probablemente, y se podía montar y desmontar con facilidad para llevarla a cada lugar donde se trasladaban. CULTURA: La cultura de los tehuelches era un universo mucho más complejo y profundo que el de simples cazadores nómadas. Su visión del mundo, sus rituales y su arte conformaban un sistema de creencias que daba sentido a cada rincón de la región patagónica.

  • Su arte se manifestaba en la pintura corporal y en la vestimenta, sobre todo en el interior de sus mantos. Una de las primeras descripciones que se conoce de estos indios patagones proviene de Antonio Pigafetta, el cronista del viaje de Magallanes. Él y otros españoles quedaron asombrados por su presencia, dejando los primeros registros escritos sobre su cultura.
  • Una de las ocupaciones más importantes de las mujeres en las tolderías era la fabricación de mantas de piel.

ORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA: Su organización y estructura social está basada principalmente en el núcleo familiar, y las relaciones establecidas con otras familias. La familia mapuche tradicional estaba conformada por el padre, sus mujeres y sus hijos. Las conductas matrimoniales que permitía este sistema de parentesco fueron interpretadas por los españoles como moralmente reprobables, otorgándoles un sentido negativo. Actualmente la poligamia tradicional ya no existe entre los mapuches, aunque pueden persistir ciertas formas de vida conyugal compartida. Las relaciones de parentesco, como parte de la articulación de las comunidades, reciben nombres específicos: tuwün refiere a la ascendencia materna, küpan a la paterna y reñma a la red extendida a partir de la línea paterna. Los grupos de familias relacionados en torno a un antepasado común se denominaban los lof , a menudo escrito lov , levo o caví por los historiadores. Las familias que conformaban un lof vivían en rucas vecinas y se ayudaban entre ellas; cada uno tenía como jefe a un lonco ('cabeza' en mapudungun). En tiempos de guerra se unían en grupos más amplios denominados rehues , que eran formados por varios lofs, que conformaban un grupo equivalente al de una tribu, a cargo de cada rehue existía un jefe militar llamado toqui. En tiempos de grandes calamidades como sequías, epidemias, invasiones u otros grandes problemas que afectaban una gran extensión de territorio; se reunían varios rehues y conformaban unas agrupaciones denominadas aillarehues. Su jefe era el Mapu-toqui ('jefe militar de una comarca en estado de guerra'). Los aillarehues adquirieron gran importancia para enfrentar a los españoles.

VIVIENDAS: La vivienda tradicional de los mapuches es una construcción de gran tamaño denominadas rucas ( ruka ), con superficies que varían entre los 120 y 240 metros cuadrados; las cuales estaban formadas por paredes de adobe o tablas o de varas de colihue, reforzadas por dentro con postes de madera y se tapizan con totora. El techo es de junquillo o de algún pasto semejante a paja brava. Usualmente no tienen ventanas. En el centro de la vivienda se encuentra un espacio destinado a encender el fuego ( kütralwe ). Sobre ese espacio, en la techumbre, se practica un hueco destinado a la salida del humo. El interior de algunas rucas puede estar subdividido mediante paneles a fin de conformar espacios más pequeños o incluir plataformas horizontales que amplían en un segundo nivel el espacio destinado al almacenamiento. El telar se ubica cerca de la entrada, a fin de aprovechar la iluminación natural. Las camas y otros objetos del mobiliario se distribuyen cerca de los laterales. Las vigas de la techumbre y otros elementos estructurales se utilizan para colgar diversos objetos, como riendas, sogas o bolsas de cuero. Construida a partir de troncos de árboles, una estructura ritual importante es el rehue ( rewe ), que consiste en un altar sagrado utilizado por los mapuches en muchas