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En este documento, el economista eric chaney de la harvard university critica el libro 'economic growth in the malthusian era: evidence from the 1609 spanish expulsion of the moriscos' de acemoglu y robinson, argumentando que sus interpretaciones sobre el economic imperialismo y la historia económica están desactualizadas y en ocasiones erróneas. El documento también aborda el papel de la instituciones extractivas en la españa medieval y temprana moderna.
Tipo: Apuntes
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La explosión del economic imperialism A grandes rasgos, se suele denominar economic imperialism a la expansión de los modelos de análisis matemáticos propios de la econometría a otras áreas de estudio académico. Si bien se trata de una meta de largo recorrido en la historia intelectual, su actual vigencia tiene su origen en los trabajos de Gary Becker de la Universidad de Chicago y, especialmente, en su obra de 1976 The Economic Approach to Human Behavior. Dicho libro, sin embargo, no aportaba nada nuevo o significativo más allá de reforzar los reduccionismos propios del individualismo metodológico que había detrás de la economía neoclásica y no era más que otra actualización más del utilitarismo. De hecho, su publicación coincidió en un momento en que el mismo K. J. Arrow empezaba expresar sus dudas hacia las limitaciones de los enfoques economicistas tras las críticas planteadas por Amartya Sen^1 o con la publicación de la primera monografía que desmontaba la pretensión de validez científica de la economía neoclásica mediante el uso sistemático de argumentos epistemológicos^2. Es decir, justo cuando la naturaleza científica de la disciplina empezaba a ser objeto de una controversia académica y el armazón empirista reforzado con positivismo lógico de B. M. Friedman era sometido al
(^1) Screpanti, Estensto; Zamagni, Stefano: Panorama de historia del pensamiento económico , Barcelona, Ariel, 1997, pp. 355-413 2 Nell, Edward; Hollis, Martin: Rational Economic Man , Cambridge, Cambridge University Press, 1975
escrutinio de los filósofos de la ciencia, Gary Becker dio un salto hacia delante e inició una campaña expansiva de la economía hacia otras áreas de conocimiento. Hay dos razones para el éxito de dicha operación. La primera fue fundamentalmente política: en 1974 Robert Nozik publicaba Anarchy, State, and Utopia, mientras que las interpretaciones de F. A. von Hayek sobre la ilustración escocesa se popularizaban entre los intelectuales conservadores. Surgía de este modo el ultraliberalismo de los fundamentalistas de mercado que negaba la misma existencia de vínculos culturales o morales entre las sociedades políticas modernas y defendía el hedonismo ultraindividualista como modo de vida. La primigenia idea del mercado como origen de la sociedad civil de Adam Ferguson se transformaba en la sociedad no existe, sólo hay individuos de Tatcher. El paso siguiente era afirmar que la sociedad era el mercado y, en consecuencia, todos los ámbitos de la vida humana eran equiparables a una competencia por recursos escasos. A partir de estas premisas, Arrow, Buchanan y Becker introdujeron la idea de que si el modo de producción más eficiente es la economía de mercado, sólo había que equiparar todas las situaciones sociales a una economía competitiva perfecta para lograr un óptimo social. La familia, la escuela o la parroquia eran equiparables a situaciones de mercado, por lo tanto, debían analizarse mediante la metodología de los economistas y todo debía funcionar como una empresa para garantizar el progreso. Nada era nuevo. El propio J. S. Mill intuyó rápidamente las implicaciones del utilitarismo y se distanció de su racionalismo y materialismo desde 1836, cuando escribió su Essay on Bentham. Sin embargo, a finales del siglo XX, el idealismo de Mill, que sostenía un orden metafísico moral que imponía límites a la economía de mercado y a la búsqueda de la eficiencia, había desaparecido. Esto significaba que el economic imperialism estaba legitimado políticamente, porque en nuestras sociedades políticas posmodernas no podía haber ningún límite moral a la ciencia. Esto permitió una gran acogida entre los políticos conservadores del trabajo de estos científicos, a pesar de la amoralidad e irreligiosidad de sus planteamientos metodológicos. La siguiente causa de su éxito fue estrictamente académica: en 1976 Richard Dawkins publicaba The Selfish Gene , divulgación de los trabajos de genética de poblaciones de W. D. Hamilton. A pesar de las críticas de Stephen Jay Gould, The Selfish Gene fue aceptado como una verdad revelada que justificaba el egoísmo del ser humano. Su éxito se debió a que aportaba a la economía una justificación científica, un principio de causalidad fuerte, para el comportamiento del hombre racional: éramos
la honestidad y sentido de su método de trabajo. Por otra parte, gran parte de los sociólogos y la casi totalidad de los historiadores carecen de una formación estadística equiparable a la de los economistas y, por esa razón, ante el despliegue de fórmulas y tablas se sienten intimidados e incapaces de hacer un análisis crítico de sus trabajos. Asimismo, los partidarios de los enfoques cuantitativos suelen optar por temas de interés marginales o desconocidos para aplicar sus métodos de trabajo, pero luego publican en revistas de economía para evitar en la revisión por pares historiadores o potenciales expertos en la temática que analizan que pudiesen cuestionar su metodología. Esto significa que una parte fundamental del consenso que alimenta el economic imperialism es una relación de poder jerárquica de las disciplinas que exige a los economistas mantener un status de preeminencia sobre el resto de disciplinas, al mismo tiempo que debe evitar el debate intelectual abierto para lograr que la superioridad de sus métodos, la razón de su hegemonía, se mantenga incólume.
El economic imperialism desembarca en España Sin lugar a dudas, los blogs pseudoacadémicos Nada es Gratis o Politikon son el lugar desde el que se promueve el economic imperialism en España. Como mínimo, fue donde yo entré en contacto con las malas prácticas académicas que lleva aparejadas. Fue hace más de un año cuando se produjo el Affaire Balcells , un acto de censura en la red que tenía como principal propósito proteger la autoridad académica de la doctora por Yale Laia Balcells. Como varios científicos sociales se mostraron comprensivos ante estas prácticas poco democráticas, decidí leer trabajos previos de dicha autora y encontré una publicación sobre la Guerra Civil española. El artículo consistía en un análisis del conflicto mediante la teoría de juegos y su principal conclusión era que la investigación anterior de su director de tesis sobre la Guerra Civil griega quedaba validada empíricamente de nuevo al analizar el caso español. El artículo era un despropósito que incluía errores y ejemplos de mala praxis en el uso de fuentes y lo denuncié vehementemente porque se había publicado en una revista de sociología mediante una revisión por pares que pretendía evitar el escrutinio de cualquier historiador^4. Se trataba de publicar para promocionar y promocionar al director de tesis. De hecho, no había ninguna conclusión novedosa ni nada que justificase su publicación,
(^4) La crítica se puede consultar aquí: http://www.academia.edu/2438212/Neofranquismo_con_enfoque_estadistico_politologico
más allá de hacer un alarde estadístico innecesario, si bien ese andamiaje matemático intimidaría a los legos de realizar una lectura atenta. Este fue el inicio de una sincera preocupación ante este fenómeno y sus repercusiones que me ha motivado a escribir en eso que se llaman los medios de comunicación^5 y a ocuparme de un blog pseudoacadémico titulado Historia versus Economía. Un académico contra el imperialismo económico^6. Este intento de abrir un debate epistemológico con los partidarios del economic imperialism me ha supuesto, básicamente, censura, insultos e intimidación por parte de algunos economistas y sus colaboradores, prácticas que creía prohibidas por nuestro código deontológico^7. No es un tema menor, porque si este es el modo de operar conmigo, que soy Doctor pese serlo por una universidad de provincias y tengo un poco de prestigio, me alarma pensar cómo se construirá el consenso científico dentro de los centros universitarios dirigidos por estos científicos sociales. Me temo que para algunos admiradores del darwinismo social estos deben ser los modales propios de la opinión pública, pero mi concepto de democracia deliberativa aspira a unos requisitos más civilizados. Por otra parte, mi crítica a la extensión de los modelos matemáticos de análisis no aspira a invalidarlos per se. Principalmente, está dirigida a tres problemáticas que son conocidas y no pueden omitirse, que resumiré a continuación con la esperanza de poder tratarlas más extensamente algún día:
(^5) Dos artículos en el diario.es: http://www.eldiario.es/zonacritica/enemigo-cultura_6_193940618.html, http://www.eldiario.es/zonacritica/Futbol-egoismo-vocacion_6_203039697.html 6 7 http://simicar.blogs.uv.es/ A este respecto: https://www.academia.edu/3718585/El_Efecto_F- V_de_interaccion_entre_la_autoridad_academica_el_debate_abierto_y_el_elitismo_como_fraude, http://simicar.blogs.uv.es/2013/11/12/torpes-economistas-positivo-y-normativo/, http://simicar.blogs.uv.es/2013/11/13/modos-modales-y-modelos-cientificos/
porque sólo de este modo es explicable el éxito de los simplismos de Acemoglu y Robinson. Para resumir rápidamente qué están diciendo, que no es mucho y menos aún nuevo, Acemoglu y Robinson han tomado la clásica teoría de la modernización de Rostow con su determinismo economista ampliada por Huntington con su añadido proveniente de la escuela del elite settlement y le han dado una dimensión histórica de mayor cronología al gusto del tiempo largo de la etapa estructuralista de la escuela de los anales. Es decir, si la teoría de la modernización era marxismo sin lucha de clases, pero contaba con elites paretianas gracias a Huntington, el análisis histórico hecho por Acemoglu recurre a un instrumental conceptual y unas explicaciones causales que remiten a un materialismo histórico presentista y ahistórico que simplifica su carga sociológica a unas relaciones sociales de producción entre elite y trabajadores. Aunque parezca increíble, es más reduccionista y determinista que el marxismo ortodoxo que refutamos hace ya más de sesenta años. Imagino que todo esto es la consecuencia lógica de tener a un politólogo haciendo historia, pero lo sorprendente son los aplausos cosechados, si bien todavía es más sorprendente el intento de validar sus teorías mediante el estudio de casos como el de la expulsión de los moriscos en Valencia que, como veremos a continuación, es un cúmulo de despropósitos notable. A este respecto, la mejor explicación sobre la razón de esta popularidad se debe a Peter Temin, discípulo de Charles P. Kindleberger y el último profesor de Historia Económica del MIT^8. Según su cualificada opinión, como los economistas no saben nada de historia y toda su formación se centra en las matemáticas, porque la Historia económica ha sido eliminada de los itinerarios curriculares por ser poco científica, el refrito de Acemoglu les ha supuesto una impactante novedad, a pesar de sus incoherencias y carencias. En las propias palabras de Peter Temin (pp. 13-17):
What is the cost of not having economic history at MIT? It can be seen in Acemoglu and Robinson, Why Nations Fail (2012). This is a deservedly successful popular book, making a simple and strong point that the authors made originally at the professional level over a decade before (Acemoglu, Johnson and Robinson, 2001). They assert that countries can be “ruled by a narrow elite that have [sic] organized society for their own benefit at the expense of the vast mass of people” or can have “a revolution that transformed the politics and thus the economics of the nation … to expand their economic opportunities (Acemoglu and Robinson, 2012, pp. 3-4).”
(^8) Agradezco a Manuel Campos la referencia a este working paper : http://dspace.mit.edu/bitstream/handle/1721.1/79063/Temin13-11a.pdf?sequence=
The book is not however good economic history. It is an example of Whig history in which good policies make for progress and bad policies preclude it. Only transitions from bad to good are considered in this colorful but still monotonic story. The clear implication is that if countries can copy the policies of English-speaking countries, they will prosper. No consideration is given to Britain’s economic problems over the past half-century or of Australia’s relative decline for a century. The book takes a shotgun approach to economic history, and many of the pellets go astray. In the areas I know about, their interpretations are out of date and misleading. For example, they quote research into the records of Hoare’s Bank to illustrate that “loans would be available to all” as a result of Parliament’s reform of finance after the Glorious Revolution (Acemoglu and Robinson, 2012, p. 195). This inference has two problems. It was taken from a paper by me and Hans-Joachim Voth about the micro economics of what we called goldsmith banking (Temin and Voth, 2008). But Acemoglu and Robinson ignored our earlier paper that used the records of Hoare’s Bank to explore the macro economics of British economic growth (Temin and Voth, 2005). There we showed that financial changes in the early eighteenth century retarded the growth of incomes during the Industrial Revolution. In addition, goldsmith banks originated before the revolution noted by Acemoglu and Robinson. Their growth—like the country’s growth a century later—was shackled by Parliament’s financial actions after the Glorious Revolution. Acemoglu and Robinson also pluck low-hanging fruit in Africa, Asia and Latin America. They discuss China briefly in their discussion of current events, but they ignore the gorilla on the basketball court: the United States (Kahneman, 2011). The United States is in danger of becoming a failed state, and Acemoglu and Robinson miss the chance to relate their survey of human history with an important lesson about the present. The distributions of income and wealth have been getting worse since the 1970s, and political power has been concentrating more and more in the very wealthy. The income Gini coefficient for American families stayed under .38 and moved slowly downward from the end of the Second World War until the late 1960s when it began to rise. It has now reached .45, among the highest national income Gini coefficients in the world (United States Department of Commerce, 2012). This process has gone on for a generation and was widely noticed in the literature, including major contributions by Thomas Piketty, one of the young economists hired with Acemoglu in 1993 (Piketty and Saez, 2003, 2006). The election of 2000 went Republican because citizens who have completed prison sentences are not permitted to vote in Florida. There were enough disenfranchised felons in 2000 that the state would have gone Democratic if voting had been a universal right. As it was, the vote was contested, and the Supreme Court— nominally a bastion against corrupt politics— gave the election to the brother of the Florida governor (Manza and Uggen, 2006; Overton, 2006). More recently, the Supreme Court decided in Citizens United (2010) that corporations are people with full political rights, even though people who have passed through the criminal judicial system are not (Alexander, 2012). The United States government is barely functioning at the moment, and it is a very interesting question whether the United States could become a failed state in the near future. It is a shame that Acemoglu and Robinson did not use their erudition to confront what may be the most important question of how nations fail today. Acemoglu has raised this question in interviews about the book, but the book itself presents a picture of an Olympian America looking down on a multitude of failed states.
Como es obvio, nos detendremos en este segundo artículo porque es el único indicio de prestigio como experto en la expulsión de los moriscos que tenemos de ambos autores. Además, Afers es una revista que depende del Servei de Publicacions de la Universitat de València. Más concretamente, de Vicent Olmos, el editor de mis dos monografías académicas Cuando el futbol no era el rey y Un título para las clases medias. Por lo tanto, el prestigio como experto de este profesor de Harvard proviene del reconocimiento concedido a su trabajo por mi universidad. Es más, los números 62 y 63 de Afers son dos monográficos coordinados por el tristemente fallecido profesor emérito Manuel Ardit, que es quien facilitó a estos autores la información de archivo que analizan en su working paper. Es decir, Manuel Ardit que ya conocía a Eric J. Chaney por su interés en la expulsión de los moriscos lo invitó a escribir un artículo al respecto. Un artículo dirigido a la comunidad de historiadores que hacía un uso deslumbrante del análisis cuantitativo y que el mismo Manuel Ardit valoraba del siguiente modo en 2010:
Molt recentment l’historiador nord-americà Eric Chaney ha estudiat amb una metodologia no habitual en aquesta mena de treballs, la de la història economètrica, les conseqüències de l’expulsió dels moriscos. El seu estudi corrobora el predomini de l’hàbitat muntanyenc dels moriscos i la forta incidència de l’extracció senyorial com a factor limitador del creixement econòmic. Però també testimonia que «les institucions d’extracció que van romandre a les antigues localitats morisques després de l’expulsió van frustrar el desenvolupament del sector no agrari en aquests territoris» (Chaney, 2009). Aquesta conclusió donaria la raó a aquells historiadors que pensaven que les conseqüències de l’expulsió dels moriscos sobre l’economia valenciana van ser duradores degut al manteniment d’elevades taxes de fiscalitat senyorial. La problemàtica morisca és, doncs, complexa, i probablement som encara lluny d’haver contestat a tots els reptes que planteja^12.
Es decir, sus tesis se incluyen en un debate más amplio y no son precisamente definitivas. Este es el rango que tienen entre la comunidad de especialistas, que somos los historiadores, si bien en sus working papers no se mostrarán prudentes en la exposición de sus tesis, porque el economic imperialism exige ante todo asertividad.
Economistas oportunistas promocionando acientíficamente La primera incongruencia que tiene un historiador al leer Economic Growth in the Malthusian Era: Evidence from the 1609 Spanish Expulsion of the Moriscos^13 es que no pretenden estudiar el régimen feudal, sólo aspiran a estudiar las dinámicas malthusianas:
(^12) Ardit, Manuel; “Els moriscos valencians: una panoràmica historiogràfica”, Manuscrits , 28, 2010, pág.
For the millennia prior to the demographic transition, models of economic growth focus on capturing Malthusian dynamics. (1Theoretical mechanisms for the transition from the Malthusian era to the modern era have been examined by Galor and Weil (1999, 2000); Jones (2001); Galor and Moav (2002); Hansen and Prescott (2002); Clark (2007); Galor (2011), and others). In this Malthusian era, technological growth or population declines are generally predicted to cause temporary increases in output per capita that dissipate as population grows and the land-to-labor ratio declines (pág. 1).
Es una contradicción incomprensible querer estudiar cómo funcionan las elites extractivas y omitir del análisis el marco jurídico, la condición de feudal del sistema. El problema, claro, es que al llamarlo feudal las elites extractivas se transforman en señores feudales y la llamada renta extraída, pues los clásicos derechos señoriales. Este simple desatino es el que invalida el trabajo y lo hace imposible de publicar en cualquier revista criteriada. Por otra parte, este intento de hacer un análisis demográfico y económico no es una novedad, los historiadores lo llamamos neomalthusianismo y fue una corriente historiográfica que generó un intenso debate académico. No obstante, este debate es obviado por los autores, que nos relatan:
Conditions in the Malthusian era influenced the historical development of institutions, which can impact institutions and economic outcomes even today (e.g., Engerman and Sokolo_, 1997; Acemoglu, Johnson and Robinson, 2001, 2002; Banerjee and Iyer, 2005; Dell, 2010). Sudden labor scarcity may create an historical \critical juncture" that pushes institutions in one of two directions, depending on the initial institutions and the distribution of political power (Acemoglu and Robinson, 2012). For example, while labor scarcity following the Black Death is believed to have led to greater peasant freedom in Western Europe (Habakkuk, 1958; Le Roy Ladurie, 1977), this large population shock brought increased labor coercion to Eastern Europe (Brenner, 1976). Acemoglu and Wolitzky (2011) develop a theoretical framework that helps reconcile these different institutional responses to labor scarcity. A key feature is how much initial institutions allow workers to leverage their improved outside options during periods of labor scarcity (North and Thomas, 1971), compared to how much labor scarcity raises landowners' returns from labor coercion (Domar, 1970).
El historiador atento ya se habrá percatado que en la bibliografía hay un salto de 40 años. Pasamos de clásicos estudios de la década de 1970 a las más recientes e impactantes contribuciones de Acemoglu (la moda, la tiránica moda). Más interesente es obviar toda la controversia que esas publicaciones clásicas de la década de 1970 generaron, conocido como debate Brenner^14. Esto se debe a que referir dicho debate obligaría a contextualizar la problemática transición del feudalismo al capitalismo, el
(^14) Aston, Trevor Henry: The Brenner Debate: Agrarian Class Structure and Economic Development in Pre-industrial Europe , Cambridge University Press, 1987
propiedad privada y plena para la tierra y las deudas durante el régimen feudal y omite la problemática del dominio útil y del dominio directo. La consecuencia de esta negación del problema del señorío jurisdiccional lleva a los autores a escribir (pp. 10- 11):
Extractive institutions persisted through the 18th century in former-Morisco areas. One contemporary noted that inhabitants of former-Morisco areas “are loaded with seigniorial tributes and appear to only work to fill the coffers of their lords” (Cavanilles, 1958, p. 202). Popular opposition to this institutional framework appears to have intensified in the late of the Spanish Ancien Regime. In 1808, Napoleon declared the abolition of the Spanish seignorial regime (De Moxó, 1965, p. 16). The independent Spanish government made a similar pronouncement in 1811. In 1811, one Valencian representative cited the Moriscos expulsion as when “all the evils that Valencia suffer today began” (Ardit, 1977, p. 181) and noted in 1813 that those who repopulated the formerly Morisco areas “substituted the expelled in their slavery” and sarcastically asked whether “after receiving illegal and exorbitant tributes for over two centuries have the nobility finally been compensated for the losses that they claimed [following the expulsion]?" (De Moxó, 1965, pp. 206-207).
Uno sabe que los profesores de Harvard son superhombres capaces de conocer la última y más definitiva bibliografía, además de contar con un sexto sentido que les permite entender la problemática de áreas ajenas su campo de especialización. Por eso, sorprende que el tema de los señoríos jurisdiccionales, clave del feudalismo y punto de batalla de las revoluciones liberales y del mismo concepto de soberanía, no despierte cierta inquietud en estos autores, que lo solventan con una referencia tan escueta a un clásico de la historiografía española de 1965. ¿No se habrá escrito más sobre la cuestión? ¿Puede que su abolición fuese algo más problemático? ¿Puede que estén metiendo la pata? ¿Puede que sea imposible hablar de elites extractivas sin explicar qué es el señorío jurisdiccional? ¿Puede que en vez de elites extractivas no tendría más sentido hablar de nobleza y corporaciones religiosas? El tema de si el Rey era también elite extractiva se lo dejaremos a Jovellanos. No obstante, la falta de rigor permite a los profesores de Harvard afirmar (pág. 11): The Moriscos' expulsion is generally considered to have lowered economic output in former-Morisco areas, even contributing to the economic decline of Spain in the 17th century. The extractive institutional framework in former-Morisco areas may have had longterm effects even after its final dissolution, contributing to the delay in Valencian industrialization. (García, 1974). En primer lugar, como ya hemos comentado al citar anteriormente la valoración de Manuel Ardit sobre el trabajo previo de uno de los autores, esa visión catastrofista de la
expulsión de los moriscos no está generally considered. Pero, a día de hoy, nadie mantiene que hubiese un longterm effects que retrasase la industrialización española. Pero bueno, como uno es de Harvard puede sostener sus incomprensibles delirios en bibliografía de 1974, escrita bajo la influencia de Braudel y su tiempo largo de la escuela de los anales. ¡Toc, toc! Estamos en 2014 e incluso publicamos mucho en revistas norteamericanas sobre esta cuestión, aunque los economistas top no se enteren^15. ¿No hubiese sido aconsejable actualizar la bibliografía antes de sentenciar tan grandilocuentemente que nuestro backwardness se debe a la intolerancia religiosa? ¿No estaremos repitiendo lugares comunes de la leyenda negra y metiéndole unas estadísticas para que todo tenga un aspecto más científico? ¿En Harvard hacen ciencia o reproducción de prejuicios ideológicos? Sin embargo, abandonemos por un momento la falta de formulación teórica de este trabajo y vayamos a su análisis cuantitativo. Este consiste en estimar la caída de la producción agrícola por la expulsión de los moriscos mediante el delme. Los autores deben confesar que se trata de una fuente incompleta, pero la consideran una aproximación válida. No obstante, cuando tienen que referirse a la información demográfica (pág. 13) olvidan comentar que también muestra los mismos sesgos y dificultad para homogeneizarla. La asumen como una fuente fiable y homogénea cuando no lo es y eso es fundamental para dar validez al trabajo estadístico. Se trata de un proxy peor que el delme. De igual modo, su pretensión de comparar las poblaciones de moriscos con otras poblaciones cristianas subestima la naturaleza geográfica del territorio y su productividad, otro elemento que condiciona la validez de sus proyecciones estadísticas. De todas formas, todo el extenso andamiaje estadístico sólo permite llegar a estas conclusiones nada novedosas (pág. 25): The persistence of extractive institutions in former-Morisco areas is an interesting feature of this historical context. Facing increasing labor scarcity, landowning nobles and other Valencian elites collaborated with the Spanish Crown to restrict worker mobility and tighten extractive institutions. These coordinated efforts allowed elites to maintain much of the previous institutional structure, mostly overcoming initial concerns that labor scarcity would empower workers and force the relaxation of labor coercion. These institutional responses
(^15) De nuevo, me remito a mi polémica con Jesús Fernández-Villaverde: https://www.academia.edu/3718585/El_Efecto_F- V_de_interaccion_entre_la_autoridad_academica_el_debate_abierto_y_el_elitismo_como_fraude,
tu campo, porque los historiadores no nos hemos constituido en un grupo profesional que lucha por el reconocimiento social y, en consecuencia, no empleamos los mismos métodos que economistas y politólogos. A este respecto, este caso es paradigmático. El blog NeG , desde el que he sido censurado e insultado, promociona este artículo en base a la autoridad que confiere ser profesor en Harvard. El problema es que el único reconocimiento académico como expertos de dichos autores es la revista Afers de mi facultad, en la que yo mismo no publicó porque, injustamente, tiene el rango C en el Catálogo Integrado de Revistas Científicas y, por lo general, suelo mandar mi trabajo a publicaciones que sean, como mínimo, de nivel B. Los apologetas del economic imperialism que suelen apelar a criterios cuantitativos para medir la calidad científica, que insultan a los heterodoxos por no publicar en revistas Q1, en esta ocasión han otorgado prestigio académico a dos oportunistas que sólo han sido reconocidos como especialistas en la materia por una revista de una universidad de provincias. Así se construye socialmente el consenso científico en la economía.
Dr. Carles Sirera Miralles 1 de abril de 2014