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Una reflexión sobre la dignidad humana y el origen de los derechos humanos a través del estudio del derecho natural y derecho positivo. El texto aborda la importancia de la dignidad humana, sus rasgos fundamentales y cómo se han concebido los derechos a lo largo de la historia. Además, se incluyen preguntas para la comprensión y un enlace a un video que ilustra las características básicas de ambos conceptos.
Tipo: Apuntes
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Luego de la lectura del texto, respondan con sus palabras a las siguientes preguntas:
El ser humano ocupa un lugar central en el mundo viviente. Si bien comparte ciertas características con otros seres, presenta capacidades distintas y exclusivas que conforman lo que llamamos dignidad humana. A lo largo de la historia, y desde distintas perspectivas, se han ido señalando los rasgos de esa dignidad. En primer lugar, el ser humano es persona: actúa libremente, por sus propios medios y según sus propias elecciones. Como persona es una singularidad, alguien único que no se repite. También es consciente y libre: aunque esté condicionado por su cuerpo y por su entorno natural, es capaz de encarar un proyecto de vida personal, con sus propias opciones y valores. El ser humano posee libertad, voluntad e inteligencia. Es aquello que algunos llaman espíritu, una dimensión que no se reduce a procesos naturales y que le permite transformar el mundo. Gracias a él, el ser humano crea cultura, el patrimonio colectivo de las comunidades humanas. El ser humano es también un ser con historia, porque las culturas no son estáticas y evolucionan. La dignidad humana es el núcleo de nuestra condición. Un ser humano no es un engranaje o un simple número, sino una persona con derechos. Es decir, un ser con ciertas facultades naturales para hacer legítimamente lo que conduce a los fine de su vida. Los derechos de las personas no surgen de una ley o como un regalo de alguien, sino de la propia naturaleza humana. Todos los humanos somos sujetos con derechos. Cada ser humano, de cualquier condición y en cualquier lugar del mundo, por el solo hecho de ser persona, está llamado a conocer y a disfrutar de ciertos derechos, que deben ser respetados por sus semejantes y por las instituciones sociales. Por eso, cuando no se respetan los derechos de las personas se está atentando, ni más ni menos, contra la
dignidad humana.
Reconocer que la persona es un sujeto con derechos no ha sido fácil. Lamentablemente, en muchas ocasiones (des pasado y del presente) no todos los seres humanos se han sentido respetados en su dignidad. Por eso es importante subrayar que todo orden social legítimo debe basarse sobre el respeto a la persona. Las sociedades que pretenden ser justas se ordenan jurídicamente. Quieren que su organización se atenga a normas claras, conocidas por todos los habitantes. Estas normas deben basarse sobre la ética, la libertad, la responsabilidad y la justicia, es decir, en valores que las sustentan. El conjunto de normas jurídicas conforma el Derecho. El derecho es un ordenamiento necesario: el ser humano no puede dejar de vivir en sociedad y necesita reglas de convivencia. Estas normas deben acatarse para que la sociedad funcione y las personas puedan desarrollarse. Ahora bien, si el Derecho es necesario y sus disposiciones deben acatarse, es muy importante determinar con precisión sus orígenes.
Si el fundamento fuera el poder de un grupo sobre otro, las leyes favorecerán la opresión. Si fuera a voluntad de una persona (por ejemplo, el Rey) o de un organismo social (por ejemplo, el Estado), es muy probable que apareciera la autocracia o la tiranía. Ninguno de estos ordenamientos favorece el respeto por la dignidad humana. Buscando fundamentos sólidos para el orden jurídico, los romanos afirmaron la existencia del Derecho natural, un orden común para todas las personas, de cualquier época o cultura. Uno de los juristas romanos más famosos, Cicerón, lo definió como “aquello que llama a los hombres al bien”. Los pensadores cristianos de la Edad Media profundizaron este concepto. Santo Tomás de Aquino afirmaba que el Derecho natural permitía “discernir lo que es bueno y lo que es malo”. La doctrina del Derecho natural permite basar el orden jurídico sobre principios superiores a la voluntad de alguna persona o grupo de personas. Estos principios pueden surgir de la naturaleza o de Dios. De esta forma, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, no está dictado por ningún poder humano, sino que está presente en la conciencia de todo ser humano. Sin embargo, esta doctrina no alcanza a abarcar todo el orden social.