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Una introducción a los principios y conceptos básicos en psicofisiología, enfatizando en la activación, la labilidad y la especificidad situacional. El texto explica los diferentes tipos de actividad psicofisiológica, la relación entre la activación fisiológica y el comportamiento, y el concepto de especificidad situacional. Además, se discuten los efectos de la habituación y la especificidad individual de respuesta.
Tipo: Apuntes
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Antes de considerar los procedimientos y condiciones del proceso de eva- luación psicofisiológica, se precisa recordar una serie de principios y conceptos previos en psicofisiología, que son de máximo interés para orientar la evalua- ción y asegurar una correcta interpretación de los datos que se obtengan de la misma. Estos principios constituyen una serie de generalizaciones a las que se ha llegado tras muchos años de investigación psicofisiológica y que permiten no sólo entender mejor que indican los registros obtenidos, sino que alertan sobre la posible presencia de otras variables extrañas que pueden influir sobre los datos obtenidos. Por otra parte, permiten a los no iniciados tener presentes una serie de conceptos básicos y de criterios de interpretación que aseguran la correcta planificación de registros (i.e. qué medir para obtener qué tipo de datos que permitan determinar qué tipo de conclusiones) y la adecuada interpretación de los resultados obtenidos.
Son principios generales sobre el funcionamiento de las diferentes señales que habitualmente se registran y que están presentes en la propia definición operativa de las mismas, determinando todo el modo de proceder, desde su detección hasta la interpretación de los resultados de las diferentes tareas expe- rimentales. Estos principios tienen su fundamento tanto en mecanismos fisioló- gicos que subyacen al funcionamiento de cada órgano como en principios de regulación de la conducta, mediados por la actuación del sistema nervioso y fundamentados en los principios de conducta conocidos por la psicología expe- rimental.
En primer lugar, debe recordarse que los parámetros fisiológicos, en cuanto indicadores del funcionamiento habitual de órganos y aparatos, no son estables. La afirmación contraria es un equívoco frecuente no sólo entre las per- sonas ajenas a estas disciplinas sino entre muchos profesionales de la salud y
la psicología en particular. Existe la creencia de que estos parámetros fuesen invariantes a lo largo del tiempo e independientes de las condiciones de registro o de lo que el sujeto esté haciendo en el momento de efectuar la medición, atri- buyéndose los cambios sólo a determinadas alteraciones patógenas.
Sin embargo, si se realiza un registro de estas respuestas a lo largo de un periodo de 24 horas se puede apreciar que experimentan importantes fluctua- ciones, sin que exista ningún tipo de alteración o enfermedad. Algunas de estas fluctuaciones pueden ser debidas al ritmo circadiano y a los procesos metabóli- cos, pero también debidos a la actividad cognitiva, motora y emocional del sujeto en el momento de llevar a cabo la medición. En la Figura 2.1. se pre- senta, a modo de ejemplo, el registro de la presión arterial en un mismo sujeto a lo largo de un día completo horas, donde pueden apreciarse los cambios fre- cuentes de ambos tipos de presión, en gran medida relacionada con la actividad general del sujeto.
Por otra parte, y para entender claramente el fundamento de la evaluación psicofisiológica aun en contextos clínicos, es preciso recordar que los índices psicofisiológicos no son índices fisiopatológicos, pues no reflejan disfunciones biológicas estables, en ausencia de la mediación de los procesos psicológicos, si bien puede ocurrir que puedan actuar como índices fisiopatológicos en algu- nos casos. Lo que hacen es poner de manifiesto las relaciones funcionales e interacciones entre procesos cognitivos, motores y/o emocionales y procesos
FIGURA 2.1. Registro de la presión arterial durante 24 horas
Son respuestas asituacionales, que indican el grado de labilidad (intestabi- lidad) y de activación general del sujeto. Como la anterior, es una medida rela- tiva.
La actividad tónica hace referencia al nivel absoluto de una determi- nada señal, normalmente asociada a unas condiciones de medida que tie- nen un efecto mayor en el tiempo.
Aunque las valoraciones de esta actividad se realizan en valores absolu- tos, no se interpretan independientemente de los valores basales previos para ese sujeto en cuestión, de modo que se hace necesaria una línea de base pre- via sobre la que efectuar las comparaciones posteriormente. La medición está determinada por el nivel promedio de la respuesta en un periodo amplio de registro.
En la Figura 2.2. se representan estos tres tipos de actividad tomando como ejemplo el ejemplo la conductancia electrodérmica (SC). Los valores ini- ciales corresponden al valor promedio del sujeto durante un tiempo de registro. Evidentemente se producen oscilaciones pero estos valores oscilan en torno a un valor que determina la actividad tónica. En este caso, se indica el nivel de conductancia (SCL), es decir, el grado de actividad de las glándulas ecrinas mediadas simpáticamente durante el periodo de registro, sea éste un tiempo de reposo o durante la realización de una tarea de cierta duración. Las res-
FIGURA 2.2. Diferentes tipos de actividad psicofisiológica
A. espontánea LABILIDAD
A. tónica NIVEL A. fásica RESPUESTA
puestas espontáneas (SCResp) son cambios fásicos, breves, puntuales que suceden en el nivel de la señal pero que no están provocadas por ningún estí- mulo conocido ni controlado. Indicarían oscilaciones debidas a la labilidad del órgano que está siendo medido. En este caso particular, se hablaría de labili- dad de las gándulas ecrinas y, por su mediación y el carácter de índice de esta señal, de labilidad del SNSimpático. A pesar de que este ejemplo no lo recoge, la actividad espontánea también puede ser un cambio más prolongado, no tan fásico, si bien su duración nunca es elevada. En cambio, la última respuesta, de mayor intensidad por lo general que las respuestas espontáneas, corres- ponde con la presentación de un estímulo (E) por parte del experimentador. El tamaño de la respuesta y otros parámetros de medida indicarán el grado de responsividad, de reactividad del sujeto ante presentación del estímulo en cuestión.
En la evaluación psicofisiológica se emplearán uno u otro tipo de actividad como los índices más adecuados en función del parámetro que se desee medir. Por lo general, la actividad espontánea se mide cuando se desea conocer el grado de estabilidad de una señal, mientras que la actividad fásica es un indica- dor de la reactividad ante estímulos o tareas breves, fásicas. La actividad tónica refiere el valor de señal en reposo, con lo que suele emplearse para determinar los valores del línea de base, si bien también es posible comparar la actividad tónica de un sujeto en reposo con la que presenta durante el desempeño de una tarea prolongada: en ambos casos, se obtendrán valores promedios que indican el grado de activación de la señal durante un periodo de tiempo.
El concepto de activación hace referencia a
la liberación de energía por parte de los diferentes sistemas fisiológicos como preparación para la acción manifiesta. A esta dimensión de activación o movilización de energía se debe añadir la dirección (acercamiento o reti- rada).
Lacey (1967) propuso que había, al menos, tres formas diferentes de acti- vación: (1) cortical, (2) autonómica y (3) conductual, siendo cada una de ellas algo más complejo que un simple continuo, de manera que la evaluación de una forma de arousal no siempre puede ser un indicador válido de otras formas de arousal, tal y como se desprendía de la teoría de ataque/huida propuesta por Cannon (1915) y desarrollada posteriormente por Duffy (1957).
La Figura 2.3. muestra un caso de habituación, en el que los cambios en tasa cardiaca ante la presentación de un estímulo auditivo de moderada intensi- dad disminuyen ante la presentación repetida del mismo.
En algunas áreas básicas y aplicadas, resulta de particular interés la deter- minación del número de presentaciones del estímulo que son necesarias para que se produzca habituación, como indicador de la magnitud de la respuesta aprendida o como índice de su adquisición y mantenimiento. En este sentido, debe presentarse siempre el mismo estímulo, en intensidad, duración y forma, para determinar cuántas presentaciones son necesarias para la habituación total o parcial. En muchos casos, este paradigma experimental se emplea para la determinación del nivel de recuperación espontánea y de deshabituación (Yela y Gómez, 1996).
El concepto de homeostasis es particularmente importante en evaluación psicofisiológica y hace referencia
a la autorregulación que tiene lugar en el organismo, y cuyo objetivo es mantener a éste dentro de unos límites de funcionamiento adaptativo.
FIGURA 2.3. Habituación de la tasa cardiaca (lpm) ante la presentación de un tono de intensidad moderada: efectos de los ensayos 5, 10 y 15
Cuando el equilibrio homeostático se rompe por alguna circunstancia, se ponen en marcha una serie de mecanismos de feedback negativo para devolver al organismo a los niveles previos (Fernández-Abascal y Roa, 1993). Es por tanto un término que hace referencia a los límites funcionales de las respuestas fisiológicas.
La regulación homeostática tiene que ver, principalmente, con la equilibra- ción constante del Sistema Nervioso Autónomo (SNA), a través de sus dos ramas, entre las que existe, en condiciones normales, un equilibrio o balance (i.e balance autonómico ). A su vez, el SNA está regulado por estructuras supe- riores, entre las que puede destacarse el hipotálamo. El hipotálamo controla la homeostasis tanto de forma directa –inervando las diferentes glándulas y vísce- ras a través de las correspondientes cadenas de fibras simpáticas y parasimpá- ticas– como de forma indirecta, a través del sistema endocrino, dirigiendo, en gran manera, la producción de hormonas por parte de la hipófisis. El hipotá- lamo, a su vez, recoge información eferencial de otras áreas corticales y subcor- ticales (e.g. sistema límbico), de manera que se puede afirmar que actúa como el mediador entre los procesos superiores (i.e. cognitivos, perceptivos, afecti- vos, etc.) y la expersión fisiológica de las emociones y la motivación. En este sentido, y aunque se presentará con más detalle en el Capítulo 3, se puede decir que el hipotlamo actúa como intermediador entre la conducta y los proce- sos mentales y gran parte de la expresión fisiológica de los mismos (todas aque- llas señales mediadas por el SNA).
El concepto de especificidad situacional o especificidad estímulo/respuesta hace referencia a la
existencia de patrones de activación propios de determinadas situacio- nes particulares: determinados estímulos provocan una determinadas res- puestas o patrones de respuesta en todos los sujetos.
Un tipo particular de patrón de especificidad situacional viene determinado por el fraccionamiento direccional , según el cual diferentes señales muestran respuestas en direcciones también diferentes: hay activación de un sistema de respuesta pero no sólo no se activan en la misma dirección todos los subsiste- mas sino que lo hacen en direcciones opuestas (Fernández-Abascal y Roa, 1993; Lacey et al., 1963).
diferentes tareas y estímulos desde el supuesto éstos provocarán los efectos deseados sobre las respuestas. Ahora bien, en muchas de las investigaciones de psicología diferencial o al menos donde se pretenden establecer patrones individuales de respuesta que determinen el porqué de modos diferentes de res- ponder ante las mismas demanadas, se impone hablar de estereotipia de res- puesta o patrón individual de respuesta.
La estereotipia individual de respuesta o especificidad individual se refiere a la idiosincrática forma de responder de cada sujeto.
En contraste con el concepto anterior, éste muestra que cada sujeto parti- cular tiene una forma de responder con independencia del tipo de estímulo o situación. En este caso, diríamos que los sujetos tienden a responder mos- trando mayor grado de activación en un determinado subsistema fisiológico: sis- tema cardiovascular, electrodérmico, sexual,... ante diferentes estímulos, lo cual indica cierto fallo homeostático (i.e. falta de efectividad de los sistemas de feed- back negativo) lo que no supone en absoluto un proceso adaptativo, pues la misma respuesta aparece ante los más diversos estímulos, que, en principio, podrían estar requiriendo diferentes respuestas para su afrontamiento.
La detección de estas estereotipias es uno de los objetivos más importan- tes de la evaluación psicofisiológica en contextos clínicos y de la salud, ya que esta especificidad individual no será otra cosa que la especificidad de la sinto- matología del trastorno del sujeto.
Aunque pudiera parecer que estereotipia de respuesta y especificidad situacional son conceptos mutuamente excluyentes, realmente no es así. La especificidad estímulo/respuesta indica la tendencia de respuesta ante un estí- mulo por parte de un amplio número de personas, mientras que la estereotipia de respuesta refiere la tendencia de respuesta de un sujeto ante un grupo amplio de estímulos (Fernández-Abascal y Roa, 1993). En general, la especifici- dad situacional alude al valor que tienen ciertos estímulos para provocar ciertas respuestas, de manera que suele ser entendido como la norma general, de ahí su denominación como especificidad entre estímulo y respuesta. En cambio, la estereotipia de respuesta alude a la tendencia de respuesta que presentan cier- tos sujetos. Normalmente estos patrones están en la base de disfunciones psi- cofisiológicas debidas a la “sobrecarga” del órgano o sistema de respuesta (e.g. la activación cardiovascular y el fraccionamiento cardiosomático en los hiperten- sos borderline ) (Marwitz y Stemmler, 1998; Sternbach, 1966).
Un problema importante en todo el proceso de registro e interpretación de cambios fisiológicos asociados a la conducta es la atribución de tales cambios a los estímulos presentados a los sujetos. En este sentido, se denomina como artefactos al conjunto de
factores ajenos a la estimulación que pueden alterar los registros psi- cofisiológicos.
En función de su procedencia , puede clasificárseles en: