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Análisis crítico SANDEL, Apuntes de Teoría del Derecho

Asignatura: TEORIA DEL DERECHO, Profesor: Pilar Giménez, Carrera: Dret, Universidad: UAB

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 28/10/2013

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“Justicia ¿Hacemos los que debemos?” es un libro en el cual el autor abarca algunos de los
dilemas morales que se ciernen sobre la sociedad actual desde una perspectiva filosófica aunque
lo suficientemente clara como para poder ser comprendida por quien lo lea. Sin embargo,
cuando entra a divagar sobre las reflexiones de otros autores, la lectura puede resultar más
complicada aunque gracias a los clarificadores ejemplos, que ponen en tela de juicio nuestros
principios, se puede adquirir una perspectiva diferente de la usual. Esta obra se dirige en gran
medida a cuestiones sociales y su análisis mediante diferentes doctrinas (utilitarismo,
libertarismo, liberalismo, comunitarismo…) que de un modo u otro han hallado refugio en las
políticas de algunos partidos de países occidentales, es por ello, que muchos de los ejemplos
que plantea M.J. Sandel en su libre presentan connotaciones ideológicas que aluden a ciertos
principios propios de algunos partidos, especialmente los del entorno del propio autor; es decir,
el partido Demócrata y el partido Republicano en los Estados Unidos.
A todas las doctrinas que menciona, el propio autor menciona sus puntos ideales y, a su vez,
contradictorios o inequitativos. Sandel busca poner de relieve aquellos aspectos de las doctrinas
que trata que a corto o largo plaza significan un coste social alto que deriva en un sistema
inadecuado para sus ciudadanos.
Un ejemplo del tratamiento de doctrinas es el que hace del liberalismo. Sandel inicia su
planteamiento de la doctrina liberal mencionando al filósofo John Rawls y el ejercicio que el
mismo encomienda a sus lectores, el imaginarse a cada individuo en un estado originario
igualitario con la libertad de elección de unos principios básicos lo que él denomina “velo de
ignorancia”, en un primer instante se descartan igualitarismo y libertarismo ya que ambos se
muestran renqueantes en algunos aspectos y según la suerte del sujeto pueden resultar ser un
privilegio o bien una “maldición”. Todo ello planteado con el fin de determinar las condiciones
para la validez de un contrato; es decir, esclarecer si debemos o no someternos a unas normas
dictadas por unas autoridades con las cuales no hemos tenido ningún tipo de interacción y, por
consiguiente, sumando a ello la no existencia de un acuerdo. La problemática que abarca Sandel
en su libro se refiere, en términos generales, a la necesidad de conocer aquellos factores
decisivos en una decisión consensuada ya sea la confianza, reciprocidad, beneficio, etc.
Haber acordado algo no garantiza su equidad es aquello que Sandel plantea mediante sus
argumentos puesto que en determinados casos se puede hacer un contrato en el cual una de las
partes vea menoscabado su patrimonio, por ejemplo, sin ser consciente de ello y por
consiguiente viéndose dolosamente afectado en pro de aquél que aprovechándose de su
situación hiciese negocio. Del mismo modo el consentimiento no basta para crear obligación
moral puesto que, de modo similar al caso anterior, el desconocimiento de las cláusulas de un
contrato o un mal criterio a la hora de otorgar el consentimiento acarrearían unas consecuencias
desiguales para ambas partes. A continuación hallamos un ejemplo, entre tantos otros, que dice
cómo tuvo una breve discusión con un mecánico durante un viaje con sus amigos, este ejemplo,
que puede resultar incluso cómico es una herramienta que usa el autor de una manera muy hábil
que nos hace comprender los conceptos que desea tratar. Para ello; sin embargo, realiza un
análisis superficial de las doctrinas, tratando de ellas aquellos rasgos más elementales, puesto
que el ampliar cualquiera de ellos requiere la lectura de infinidad de obras de muchos autores.
Respecto a la postura de Sandel cabe decir que si formase una teoría de la justicia, ésta sería
ecléctica; es decir, se compone de elementos de diferentes doctrinas y se nutre de sus puntos
más básicos para dar forma a una moral ideal que si bien es casi utópica, resulta atrayente. Es
este, precisamente, el dilema que se plantea ante la teoría de la justicia de Sandel, que es
utópica, el hecho de tomar aspectos de uno y otro autor impide la formación de un cuerpo moral
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“Justicia ¿Hacemos los que debemos?” es un libro en el cual el autor abarca algunos de los dilemas morales que se ciernen sobre la sociedad actual desde una perspectiva filosófica aunque lo suficientemente clara como para poder ser comprendida por quien lo lea. Sin embargo, cuando entra a divagar sobre las reflexiones de otros autores, la lectura puede resultar más complicada aunque gracias a los clarificadores ejemplos, que ponen en tela de juicio nuestros principios, se puede adquirir una perspectiva diferente de la usual. Esta obra se dirige en gran medida a cuestiones sociales y su análisis mediante diferentes doctrinas (utilitarismo, libertarismo, liberalismo, comunitarismo…) que de un modo u otro han hallado refugio en las políticas de algunos partidos de países occidentales, es por ello, que muchos de los ejemplos que plantea M.J. Sandel en su libre presentan connotaciones ideológicas que aluden a ciertos principios propios de algunos partidos, especialmente los del entorno del propio autor; es decir, el partido Demócrata y el partido Republicano en los Estados Unidos.

A todas las doctrinas que menciona, el propio autor menciona sus puntos ideales y, a su vez, contradictorios o inequitativos. Sandel busca poner de relieve aquellos aspectos de las doctrinas que trata que a corto o largo plaza significan un coste social alto que deriva en un sistema inadecuado para sus ciudadanos.

Un ejemplo del tratamiento de doctrinas es el que hace del liberalismo. Sandel inicia su planteamiento de la doctrina liberal mencionando al filósofo John Rawls y el ejercicio que el mismo encomienda a sus lectores, el imaginarse a cada individuo en un estado originario igualitario con la libertad de elección de unos principios básicos lo que él denomina “velo de ignorancia”, en un primer instante se descartan igualitarismo y libertarismo ya que ambos se muestran renqueantes en algunos aspectos y según la suerte del sujeto pueden resultar ser un privilegio o bien una “maldición”. Todo ello planteado con el fin de determinar las condiciones para la validez de un contrato; es decir, esclarecer si debemos o no someternos a unas normas dictadas por unas autoridades con las cuales no hemos tenido ningún tipo de interacción y, por consiguiente, sumando a ello la no existencia de un acuerdo. La problemática que abarca Sandel en su libro se refiere, en términos generales, a la necesidad de conocer aquellos factores decisivos en una decisión consensuada ya sea la confianza, reciprocidad, beneficio, etc.

Haber acordado algo no garantiza su equidad es aquello que Sandel plantea mediante sus argumentos puesto que en determinados casos se puede hacer un contrato en el cual una de las partes vea menoscabado su patrimonio, por ejemplo, sin ser consciente de ello y por consiguiente viéndose dolosamente afectado en pro de aquél que aprovechándose de su situación hiciese negocio. Del mismo modo el consentimiento no basta para crear obligación moral puesto que, de modo similar al caso anterior, el desconocimiento de las cláusulas de un contrato o un mal criterio a la hora de otorgar el consentimiento acarrearían unas consecuencias desiguales para ambas partes. A continuación hallamos un ejemplo, entre tantos otros, que dice cómo tuvo una breve discusión con un mecánico durante un viaje con sus amigos, este ejemplo, que puede resultar incluso cómico es una herramienta que usa el autor de una manera muy hábil que nos hace comprender los conceptos que desea tratar. Para ello; sin embargo, realiza un análisis superficial de las doctrinas, tratando de ellas aquellos rasgos más elementales, puesto que el ampliar cualquiera de ellos requiere la lectura de infinidad de obras de muchos autores.

Respecto a la postura de Sandel cabe decir que si formase una teoría de la justicia, ésta sería ecléctica; es decir, se compone de elementos de diferentes doctrinas y se nutre de sus puntos más básicos para dar forma a una moral ideal que si bien es casi utópica, resulta atrayente. Es este, precisamente, el dilema que se plantea ante la teoría de la justicia de Sandel, que es utópica, el hecho de tomar aspectos de uno y otro autor impide la formación de un cuerpo moral

sólido ya que dentro de él mismo se encuentran, enfrentadas, diversas doctrinas. Aun así, aquello que esgrime para desmontar muchas corrientes ideológicas es muy convincente puesto que da relieve al ser humano dejando de lado los aspectos económicos y filosóficos en determinados apartados otorgando al pensamiento aquél carácter humano del que parecen prescindir en muchas ocasiones, muchas teorías. Es, por lo tanto, positiva la aportación de Sandel a la sociedad en este sentido, el humanizador, y además, la tendencia del propio autor de no mostrarse claramente simpatizante de una corriente política determinada le da la credibilidad que puede restar a un humanista el inmiscuirse en asuntos que no se corresponden con su doctrina. Ello no implica la desvinculación total del ámbito político ya que lo que plantea en este libro se podría considerar de izquierdas, aun así, a ellas plantearía también una crítica cuando trata el comunitarismo, pero también crítica a la derecha cuando trata el libertarismo o liberalismo. En todo caso Sandel aboga por aquellos aspectos positivos, como ya he dicho anteriormente, de modo que lo que formula en términos generales resulta del agrado de muchas personas aunque, obviamente, puede suscitar discrepancias aunque es justamente eso lo que pretende, dar paso a un debate de aquello que es más conveniente para todos.

Estoy especialmente a favor de aquello que implica una mayor igualdad social como son las políticas redistributivas y difiero de un modo parcial de la defensa de la libertad del individuo ya que hoy en día esto es imposible, no por ello se ha de dar paso a sistemas totalitarios ni totalmente descontrolados como el libertario sino que ciertos organismos de control han de garantizar el orden. La problemática se sitúa en saber quiénes serían aquellos que ordenan tal como se dice en el utilitarismo o cuáles serían los valores considerados como virtudes dentro de una sociedad como dice en el comunitarismo. Es aquí donde Sandel supone en mí el debate que él busca.