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Asignatura: Introducción a la Ciencia Política., Profesor: no dire su nombre po, Carrera: Ciencias Políticas, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Contexto histórico del 23.F
El año 1981 se puede definir como un año de descontento y de crispación general.
Desde el verano de 1980 la crisis del país era cada vez más profunda, el estado de la economía era pésimo, la descentralización del estado estaba lo estaba desarbolando, con lo que eso estaba exasperando a los militares, además de que Suárez se mostraba incapaz de gobernar mientras su partido se disgregaba , todo ello ayudado por el papel de hundirlo por parte de la oposición, la creciente violencia de la banda terrorista ETA, la desintegración de la UCD, la balbuceante democracia y la impaciencia de los militares por imponer "estabilidad" a cualquier precio, dibujaba un panorama algo más que preocupante. Podemos llegar a la conclusión de que aquel encanto inaugural de la democracia parecía haberse desvanecido en pocos años. Prueba de ello era la mezcla de inseguridad, pesimismo y miedo de la sociedad española.
Tanto para la derecha como para la izquierda Suárez no era bien visto puesto que no eran capaces de olvidar algunas acciones de éste. La izquierda no quería olvidar que aunque Suárez se proclamó en un determinado momento como un político progresista, durante muchos años fue un leal colaborador del franquismo. Por otro lado, la derecha también fue incapaz de olvidar que Suárez nunca aceptó su adscripción a la derecha y que muchas de las políticas que propugnó no eran de derechas, con lo que se convirtió en uno de los políticos de la segunda mitad del siglo XX que más enfadó y exasperó a la derecha.
Durante el otoño e invierno de 1980 los dirigentes políticos se entregan a maniobras políticas para derribar del gobierno a Adolfo Suárez. El análisis del golpe nos muestra dos cosas diferentes, por un lado encontramos las operaciones políticas contra Suárez aunque no en contra de la democracia o no en principio, y por otro, lado, encontramos las operaciones militares contra Adolfo Suárez y contra la democracia. Ambas operaciones apenas se comunicaban con lo que nadie o casi nadie era conocedor de ello en el hemiciclo y por supuesto fuera de él mucho menos. Lo que si era conocido por todos es que en aquel invierno de 1981 se respiraba una atmósfera de golpe de estado. Un claro ejemplo de ello que nos muestra el libro, es un artículo escrito por Ricardo Paseyro (corresponsal de Paris Match en Madrid) tres días antes del golpe donde tras informar de forma alarmante y catastrófica del estado de España concluye con la significativa frase : ”En el aire se huele el golpe de estado, el pronunciamiento”. Todo el mundo sabía que
terminaría ocurriendo. Lo que nadie sabía era el cuándo, el cómo y el dónde. De hecho mucho antes de que Suárez abandonase el poder, él ya temía que algo así pudiese suceder, cabe a destacar que Suárez tenía más motivos que cualquier otro presidente para temer un golpe de estado, puesto que en un principio su propósito era cambiar algo para que todo siguiese igual, es decir, prolongando el franquismo de una forma encubierta, algo que no se correspondía con lo que realmente estaba realizando, que era restaurar un régimen político similar en lo esencial del franquismo.
Es necesario señalar que desde el verano de 1980 políticos, empresarios, dirigentes sindicales, eclesiásticos y periodistas exageraban de manera realmente llamativa la gravedad de la situación, haciendo crearse un descontento y miedo en la población española de aquel momento.
La mayoría de la sociedad española conspiraba contra él. Si hablamos en el campo del periodismo es claro y notorio que muchos periodistas ultraderechistas de la época atacaban a Adolfo Suárez puesto que creían que atacándole lo hacían también a la democracia. Es cierto que no eran muchos, pero eran importantes porque eran sus periódicos y revistas los que llegaban a los cuarteles persuadiendo así a los militares de que la situación que había era mas grave de lo que parecía y que tarde o temprano si no querían participar en esa política indigna deberían intervenir para salvar a la patria en peligro. Todas esas propuestas de golpe eran constantes desde el inicio de la democracia, pero desde el verano de 1980 ya no eran tan insignificantes: el numero del 7 de agosto del semanario Heraldo Español exhibía en portada un enorme caballo encabritado y un titular a toda pagina:” ¿Quién montará este caballo? Se busca general”. Algo también muy significativo fue las últimas semanas antes del golpe donde el periódico El Alcázar publicó tres artículos en los que se reclamaba la interrupción de la democracia por parte del ejército y el Rey.
No sólo conspiraban contra Suárez periodistas de ultraderecha, también lo hacían periodistas demócratas. La relación entre Suárez y los periodistas no había sido siempre así, puesto que al principio de la democracia la gran relación existente entre los periodistas y políticos permitió a los informadores sentirse protagonistas de primer orden en el cambio de la dictadura a la democracia, pero fue a la altura de 1980 cuando esa complicidad se resquebrajó o al menos entre Suárez y la prensa, que se sentía manipulada y utilizada por el poder. Uno de los casos mas conocidos y significativos fue el de Emilio Romero, periodista que tras ser desposeído de su puesto de privilegio en la prensa del Movimiento
muy amigos hasta que en otoño de 1980 esa relación se rompió a causa de la ley del divorcio. Podría decirse que la iglesia no actuó contra Suárez sólo le abandonaron a su suerte.
Un gran detractor de Suárez en aquellos años fue el principal partido de la oposición: el PSOE. A partir del otoño de 1979 la ofensiva hacia el gobierno que desempeña Suárez es despiadada, le acusan de estar destruyendo el proyecto democrático, de analfabeto, de golpista en potencia, entre otros muchos calificativos. Fueron ellos quienes dieron un golpe de efecto cuando en mayo de 1980 presentan en el congreso una moción de censura contra Adolfo Suárez, aunque el líder socialista Felipe González no consigue los suficientes votos. Durante el otoño los socialistas hacen unas averiguaciones sobre el animó en el ejercito. Solo cabe decir que durante el otoño e invierno de 1980 no conspiraron contra Suárez pero sí a causa de su inexperiencia en el poder, creyendo que maniobraban contra Adolfo Suárez acabaron maniobrando sin saberlo a favor de los enemigos de la democracia.
Uno de los grandes conspiradores o quizá el más importante para minar el ánimo de Adolfo Suárez es su propio partido: Unión de centro democrático (UCD).
Cuando tuvieron épocas estelares todos apoyaban al presidente. De hecho, en 1979 todo era perfecto para los integrantes de UCD puesto que en diciembre se aprobó la constitución, en marzo ganaron sus segundas elecciones generales, en abril sus primeras municipales y así hasta que a fines de marzo de 1980 con la mala marcha del país y el pesimismo en la sociedad de ese momento, en UCD comienzan a aparecer ambiciones insatisfechas y un halo de negatividad y rechazo contra Suárez, aunque hubo un intento de solución cuando Suárez formó nuevo gobierno pero la disgregación de UCD era ya próxima.
Por último, cabe destacar que el gran conspirador y el que lo llevó a la práctica fue el ejército. Todos los cuarteles fueron alterados por la propaganda interesada que llegaba; además es necesario decir que en el juicio por el golpe de estado salió a la luz un informe realizado por el CESID, donde analizaban los posibles golpes que podían acaecer sin demasiada demora. Un dato muy relevante y curioso es que tras el juicio del golpe, el CESID no resultó perjudicado. De hecho, informaron que ellos nunca habían tenido indicios de un golpe de estado, pero sin embargo como previamente hemos remarcado fue el propio CESID quien realizó un informe sobre los posibles golpes de estado.