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Apuntes de Filosofía sobre Francis Bacon, Filosofía de Bacon, Principios Filosóficos, Crítica a la Lógica Aristotélica, Novum Organum, Corriente Filosófica, Los Ídolos de la Mente, El Método Inductivo.
Tipo: Apuntes
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Francis Bacon es conocido como el más influyente y versátil escritor inglés del siglo XVII, sus obras abarcaban un gran número de materias, incluidas la ética, filosofía, ciencia, derecho, historia y política.
Bacon fue un hombre decisivo para el alcance del pensamiento científico moderno, al desarrollar un proceso de razonamiento llamado inducción, este proceso consiste en obtener conclusiones generales a partir de situaciones particulares.
Las obras filosóficas de Bacon estaban influidas por Montaigne y Maquiavelo y gira en torno a su proyecto de reformas de las ciencias Instauratio Magna. La base para esta renovación la centro en su Novum Organum, que hizo contraste con al Organon Aristotélico, como una nueva forma de lógica inductiva. Además escribió utopías como la Nueva Atlántida , basada en una ciudad gobernada por sabios. También realizó una nueva división de las ciencias en base a las facultades del hombre: la filosofía responde a la razón, la historia a la memoria y la poesía a la imaginación.
Nació el 22 de enero de 1561 en York House en el Strand de Londres, hijo de Nicholas Bacon quien era el guardasellos de la reina Isabel I, y de Ann Cooke, de confesión protestante y emparentada con el primer ministro de la corona Lord Burghley.
En 1573, junto con su hermano Anthony ingresa en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, donde las influencias filosóficas que allí recibirá le apartarán pronto del aristotelismo al cual clasificará posteriormente como un pensamiento estéril. En 1576 con el fin de cursar la carrera de derecho ingresa en el Gray's Inn, pero en 1579 la muerte de su padre lo obliga a regresar súbitamente a Londres debido a los problemas económicos que esto provocó.
En 1584 siendo ya abogado, Bacon da comienzo a su carrera política, siendo miembro de la Cámara de los Comunes.
Como estadista, Francis Bacon alcanzó los puestos más altos en la gobernación de Inglate-rra. Pero si en conseguirlos desplegó su capaci-dad intelectual, no intervino menos su capacidad para la intriga, su deslealtad para con los amigos y su inmensa ambición. Precisamente su actua-ción en la vida pública inglesa ha perjudicado su reputación en sus otros aspectos de filósofo y escritor y a nadie, mejor que a él, se puede aplicar lo del moralista que no sigue sus propios consejos.
Más de la mitad de su vida pasó Bacon tratando de alcanzar lo que su ambición le dictaba. Su turbio proceder no le sirvió para alcanzar el tan ansiado favor de la reina. Cuando ésta murió, Bacon tenía 42 años. El sucesor, Jacobo I, le fue más propicio y con él consiguió los máximos cargos ambicionados. Pero no supo, una vez en la cima como Lord Canciller, ser leal a la confianza depositada en él. Se le acusó de haber cometido en su cargo veintitrés delitos de corrupción. Cierto es que Bacon, según iba ascen-diendo, perdía las amistades y llegó a tener muchos más enemigos que amigos. Bacon se re-conoció culpable y apenas pudo, con su defensa, aminorar la gravedad de las inculpaciones. Des-pués de la condena y de la pérdida de todos sus cargos, se retiró a una posesión familiar y se dedicó al estudio y a sus tareas filosóficas y lite-rarias.
Como filósofo, a Bacon se le suele considerar fundador de la filosofía moderna, en su tenden-cia empírica, y padre de la moderna investiga-ción científica; pero ambas cosas resultan exage-radas. Bacon tuvo el mérito de considerar insu-ficiente el escolasticismo y tratar de exponer un nuevo método de investigación mediante el co-nocimiento minucioso de la naturaleza, prescin-diendo de todos los prejuicios que procedieran de las ideas
aceptadas sin comprobación o de opiniones de autoridades antiguas tenidas como dogmas. Pero él mismo no fue demasiado conse-cuente con sus propósitos, y, en su filosofía, hay todavía mucho de escolasticismo y de pre-juicios aceptados sin examen. Aspiró a superar, en su Instauratio Magna, la autoridad (entonces casi absoluta) de Aristóteles, cuya influencia, sobre todo en las ciencias naturales, impedía investigar libremente. Con ese mismo fin escribió su Novum Organum, en el que exponía un nuevo método de razonamiento inductivo me-diante la observación minuciosa que sustituyera al método deductivo basado en la abstracción y en las autoridades antiguas. Trató de que el co-nocimiento se bastara en la experiencia sensible ayudada por el intelecto, pues la observación había de completarse con la reflexión metódica y con la experimentación. Negaba la existencia de las ideas innatas. Los prejuicios de los que debía huir el investigador eran clasificados por Bacon en cuatro grupos a los que llamaba idola (ídolos) y eran los prejuicios procedentes de la propia especie humana; de la personalidad indi-vidual; de las relaciones con las demás personas y de las autoridades antiguas y contemporáneas.
El inconveniente de la labor filosófica de Bacon, de indudable valor en su intención, es que su autor no profundizó suficientemente y nunca pasó de ser un simple aficionado en sus investi-gaciones, en las que ni siquiera aplicó los méto-dos que propugnaba. No sintió demasiada curio-sidad por la ciencia de su tiempo y así ignoró o desdeñó los trabajos decisivos de Copérnico, Kepler, Galileo y Vesalio.
Gran parte de su fama descansa, sobre todo, en sus Ensayos. La denominación de Essays (ensa-yos) no tiene del todo la acepción que moderna-mente se da a ese género, sino la de reflexiones e intentos de sopesar y valorar un tema cual-quiera. Los ensayos abarcan temas muy di-versos, desde los proyectos ideales para la cons-trucción de un palacio o la de unos jardines, hasta los aspectos característicos del matrimonio y la soltería, con otros tradicionales sobre la ira, la envidia, etc., y otros muchos dedicados a temas políticos y de gobierno.
Los Ensayos de Bacon están escritos en la prosa inglesa más condensada y sencilla que jamás se haya escrito; por eso su lectura requiere mucha atención. Aunque Bacon rechazaba el escolasticis-mo y la dogmática aceptación de autoridades an-tiguas, sus ensayos están cuajados de citas lati-nas; pero en sus tiempos eso no era tina dificul-tad para el lector culto, ya que el latín seguía siendo el idioma científico y filosófico y de cuantas obras pretendieran un mínimo nivel de seriedad en el mundo del saber.
La Filosofía de Bacon
En una época de reformadores, Bacon quiere ser también un reformador. Pretende reformar la sociedad a través de la ciencia aplicada (éste es el mensaje de su utopía, La Nueva Atlántida); pero ello presupone reformar antes la ciencia, en sus objetivos y en sus métodos.
El proyecto fundamental de Bacon es, pues, éste: «Establecer y extender el dominio de la raza humana sobre el Universo, [...] lo cual depende, por entero, tanto de las artes como de las ciencias. Porque no podemos dominar la Naturaleza sino obede-ciéndola» (Novum Organum, I,129). Hay que utilizar la Naturaleza para hacer feliz al hombre: se trata de un humanismo «técnico» (o industrial), puesto que Bacon afirma que «la introducción de famosos descubrimientos ocupa, con mucho, el primer lugar entre las acciones humanas» (Novum Organum, I,129 ), y beneficia más que las reformas sociales o políticas. Con razón se ha llamado a Bacon «el filósofo de la revolución industrial» (Farrington). Ahora bien, sólo se puede dominar la Naturaleza obedeciéndola, es decir, adaptándose a su estructura y sus leyes. La técnica requiere, pues, un previo conocimiento de la realidad: la ciencia. Sin ella, los inventos no son sino casualidades.
PRINCIPIOS FILOSÓFICOS
Crítica a la Lógica Aristotélica
El fallo de la lógica aristotélica es que «sirve más para fijar y consolidar errores fundados en nociones
vía de investigación y de descubrimiento de la verdad que par-te de las sensaciones y de los hechos particulares para elevarse rápidamente a las proposiciones más generales y, basándose en estos principios, cuya verdad se supone inmutable, descubre las proposiciones intermedias. A esta vía que se sigue de ordinario, Bacon opone una nueva forma de acceso a la verdad, que parte igual-mente de las sensaciones y de los hechos particulares, pero que «obtiene de ellos proposiciones, ascendiendo de un modo continuo y progresivo la escala de la gene-ralización hasta llegar a los principios más generales». Esta vía propuesta por Bacon es la verdadera, aun cuando nadie ha intentado ir por ella.
El Novum Organum comienza, como se ve, con una auténtica declaración de principios por parte del autor, de la que es inseparable la crítica de la tradición, esto es, del significado de la ciencia recibida, de su validez, de las dificultades que han trabado su progreso y de las perspectivas que ofrece el porvenir. Bacon reconoce que la ciencia europea tiene su origen en los griegos, y que otras civilizaciones, como la romana o la árabe, prosiguieron el esfuerzo de aquéllos. Pero esto no es obvio para que critique el escaso interés por la ciencia de la naturaleza que predomina en el pensamiento anti-guo y medieval. Y para que despoje a la idea de la antigüedad de una doctrina de cualquier garantía de so-lidez científica.
La crítica del pensamiento recibido, de sus prejuicios y de sus errores ocupa la parte principal del primer li-bro del Novum Organum, a modo de preliminar de la filosofía de la ciencia que Bacon desarrolla en el segun-do libro. Se trata de la pars destruens, que constituye una especie de fenomenología del error, y en la que se expone la célebre teoría baconiana de los idola.
Los «ídolos» (mencionados anteriormente) son, para Bacon, las tendencias del in-telecto humano que dan lugar a los errores y a los prejuicios, y que ocultan, por tanto, el verdadero sa-ber, de igual manera a como los ídolos entorpecen la visión del verdadero Dios. Bacon distingue cuatro tipos de ídolos.
La segunda parte de Novum Organum desarrolla pro-piamente el método inductivo de Bacon; es la pars ad-struens, en la que se trata de construir el saber, una vez se ha procedido a la crítica de los «ídolos» o errores. De acuerdo con la segunda vía de acceso a la verdad anteriormente referida, para Bacon lo más importante es colmar el vacío que el aristotelismo había dejado en-tre la observación empírica de los hechos y la precipita-da generalización que luego sirve para deducciones fal-sas. Hay que proceder, por tanto, al establecimiento de las reglas que ha de seguir la experimentación, a fin de que la observación empírica sea rigurosa; y permita escalonadamente la formulación de unos axiomas intermedios y luego de unos principios más generales.
En el método inductivo de Bacon es esencial, en pri-mer lugar, confrontar los hechos que se observan por medio de unas «tablas» que aseguren un orden a la ex-perimentación. Las tablas más importantes son las de presencia (tabula presentiae), las de ausencia (tabula absentiae) y las de grado (tabula graduum). Las tablas de presencia se elaboran con el objeto de consignar en ellas los casos en que se verifica un determinado fenó-meno. Las de ausencia, por el contrario, registran los casos en que, contra lo esperado, el fenómeno no se produce. La tabla de grados registra, finalmente, el au-mento o la disminución del fenómeno. Otras tablas, co-mo las de proximidad, desviación, etc., tienen el mismo objetivo que las mencionadas.
CORRIENTE FILOSÓFICA
Los Ídolos de la Mente
Los «ídolos» son nociones e imágenes falsas que se apoderan de la mente y tienden siempre a reaparecer.
Bacon los distribuye en cuatro tipos, señalando que algunos son innatos y otros pueden ser adquiridos:
Ídolos de la tribu: analizados en primer lugar, son los más importantes, por su carácter generalizable a todos los hombres. Se expresan, por ejemplo, en la tendencia intelectual a considerar que las cosas existen en un gra-do de orden y de igualdad mayor del que en realidad se encuentran, un ejemplo de esto es el error de asignar a todos los astros órbitas perfectas. De esta tendencia se deriva la búsqueda de una falsa analogía entre fenómenos que por su carácter irregular escapan a la formulación de leyes. Los «ídolos de la tribu» están presentes también en la tendencia conservadora de la mente humana, por la cual el hom-bre se resiste ante cualquier novedad, y la asimila, dis-torsionándola, a algo que ya conoce; actitud que tiene por consecuencia el otorgar un carácter preeminente a la afirmación antes que a la negación (importantísima para Bacon a la hora de formular un axioma). Estos ídolos conducen, final-mente, a la falsedad porque se apoyan en los datos en-gañosos que proporcionan los sentidos. Estos impiden, a menudo, la captación de los delicados y sutiles cam-bios que se producen en la naturaleza.
Ídolos de la caverna: Son propios de cada individuo, el cual es como una caverna en la que se quiebra la luz de la Naturaleza. Proceden del temperamento, edu-cación, lecturas y experiencias particulares de cada uno. Unos se entusiasman con todo lo nuevo, y otros prefieren lo antiguo; unos prefieren la especulación y le someten las experiencias (Aristóteles), pero otros dan preferencia a los expe-rimentos y derivan de ellos absurdas especulaciones (la alquimia), etc.
Ídolos del foro: Proceden de la relación entre los hombres, y radican en la fuerza de las palabras, que transmiten nociones fantásticas y perturban La mente. Según Bacon, son los ídolos más peligrosos. Las palabras substituyen a la realidad, y aunque se intenta dominarlas por medio de definiciones, «las definiciones mismas están hechas de palabras, y las palabras engendran palabras» (1, 54).
Ídolos del teatro: Proceden de los sistemas filosóficos anteriores, y de sus mé-todos y lógica (todos los cuales son «como mundos ficticios y teatrales»). Son, por un lado, «los principios y axiomas de las ciencias que siguen prevaleciendo gracias a la tradición, la credulidad y la negligencia»; pero también «las malas reglas de la demostración» (1, 49). Por eso, el método propuesto por Bacon deberá luchar contra un poderoso enemigo que está en la misma mente: el ídolo de la lógica vulgar y de la lógica aristotélica.
El Método Inductivo
Hay que recordar que para Bacon la ciencia debe tener un objetivo práctico: trans-formar la Naturaleza para ponerla al servicio del hombre, lo cual supone conocerla bien. Por tanto, también el método tiene finalidad práctica (y teórica, por supuesto).
Bacon utiliza aquí una terminología particular. Todo cuerpo, escribe, posee múl-tiples naturalezas (propiedades, cualidades), las cuales tienen como causa inmanente una forma (esencia y ley inmanente). Bacon pretende que su concepto de «forma» nada tiene que ver con el concepto aristotélico correspondiente, lo cual no es del todo cierto. En cualquier caso, la «forma» siempre está oculta, y debe ser descubierta. Y lo interesante es esto: si descubrimos la «forma», podremos modificar las propiedades (o «naturalezas») de las cosas de un modo seguro, y no sólo por el azar de experimentos no dirigidos (como en la alquimia o la magia). Bacon perseguía fines prácticos como hacer un cristal más transparente, un hierro más ligero y resistente, etc. Así pues, el objetivo del método era conseguir «engendrar en un cuerpo una nueva o nuevas naturalezas, transformar unos cuerpos en otros, en la medida de lo posible».
El método para descubrir las formas es la inducción. Y tiene las siguientes partes:
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