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Apuntes sobre Nietzsche, Resúmenes de Historia de la Filosofía

Contenido sobre Historia de la filosofía

Tipo: Resúmenes

2023/2024

Subido el 07/04/2026

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sofia-nicole-quishpe 🇪🇸

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NIETZSCHE
METAFISICA
Frente al optimismo ilustrado N. elabora una filosofía de la sospecha para intentar desenmascarar los motivos de nuestro racionalismo
y nuestra moral. Su obra es una afirmación del vitalismo y del valor del individuo. Su filosofía se aproxima al Romanticismo
(sentimiento y pasiones individuales frente a la razón). Schopenhauer y Richard Wagner ejercieron en N. una influencia decisiva.
La realidad es voluntad: fuerza primigenia e irracional. Se ve en todo lo vivo en su deseo de vivir y perpetuarse. Y más allá de la vida
es la voluntad que sustenta todo lo que existe. En todo lo que existe hay una fuerza impulsora que hace que tienda a perpetuarse en
su existencia. La música y el arte en general sería una manifestación privilegiada de la voluntad. La contemplación estética puede
acercarnos a la esencia última de esta fuerza cósmica. En el ser humano además se presenta una forma de deseos concretos que se
tratan de alcanzar pero que crean el desasosiego e inquietud para conseguirlos y llevar al egoísmo y la maldad. Pero no desaparece la
desazón cuando se alcanza la meta, sino que se inicia otro nuevo deseo y así es la vida: un perpetuo estado de insatisfacción. Este es
el origen del sufrimiento humano (como en el pensamiento oriental). Y no son elegidos de forma libre: son parte de la voluntad
cósmica. El sufrimiento es una dimensión inevitable de la realidad humana.
Para mitigar el dolor hay dos caminos posibles:
- Entregarse al arte para poder escapar de la esclavitud a la que nos somete la voluntad.
- o practicar el ascetismo y la renuncia a los deseos.
Solo con la muerte se supera este dolor. Por eso su pensamiento es un profundo pesimismo, sin esperanza de alcanzar la plenitud y la
felicidad.
Mundo griego clásico: Homero, Esquilo, Heráclito reflejan una forma de vida a la vez trágica y heroica caracterizada por su rigor y su
intensidad. Sus obras de arte plasman su manera de ver la vida.
El nacimiento de la tragedia pretende explicar la creación dramática en Grecia. Se asocia al dios Dioniso (dios del vino y el desenfreno),
pero para Nietzsche además muestra rasgos asociados a Apolo (la armonía y el equilibrio). Para entender el mundo griego hay que
asociar estos dos principios:
- Lo dionisíaco (exceso, pasión, penumbra, lo irracional). Asociado a lo particular, difuso e indefinido, como en estado de ebriedad o
de éxtasis. Todo pertenece a la misma realidad cósmica.
- Lo apolíneo (mesura, luz, racionalidad) lo claro, nítido, definido). Permite individualizar y distinguir unas realidades de otras.
Estas dos fuerzas se expresan perfectamente en el mundo del arte. La pintura y la escultura serían apolíneas por su racionalidad y el
principio de individuación. La música sería dionisíaca porque en ella prima lo irracional y lo oscuro. El género griego consistió en
reconocer y aceptar estas dos grandes dimensiones de la vida humana. En la tragedia clásica la presencia del coro refleja la unión
primordial de todas las cosas, con sus voces que recitan al unísono y con su evocación de lo irracional. Pero también se encuentra la
racionalidad apolínea de los diálogos y la definición concreta de los distintos personajes que protagonizan la acción. Pero a partir del
s.V los griegos dieron más importancia a los elementos apolíneos.
Según Nietzsche la influencia de Sócrates es la explicación: su obsesión por valorar la razón sobre todas las cosas y su rechazo a los
excesos y la desmesura. Las tragedias de Eurípides reflejan la influencia racionalista con el desprecio a la dimensión dionisíaca.
N. creía ver en Wagner una reconciliación entre lo apolíneo y lo dionisíaco por su innovación. Pero esta amistad con W. acabó porque
Nietzsche se decepcionó porque vería que Wagner se ocupaba más del éxito comercial de sus óperas que por impulsar una nueva
forma de arte. Nietzsche creyó ver en Wagner una evolución hacia posturas cristianas opuestas a su vitalismo.
El vitalismo le da valor a la vida del individuo. La vida hay que vivirla plenamente. Los griegos pensaban así cuando afirmaban sus
valores vitales. Homero alaba a los héroes que destacan por su valor, fuerza, belleza, pasión /Aquiles) lejos de lo que fuera mediocre y
vulgar.
A lo largo de la historia ha habido muy pocos momentos en que los valores vitales hayan sido realmente apreciados. Uno de esos
momentos fue la Antigüedad clásica griega, y otro se correspondió con la época del Renacimiento. Pero Nietzsche sostenía que
nuestra cultura occidental rechazaba el valor de la vida, poniendo por delante de ella otros valores diferentes. Por eso, para afirmar con
toda rotundidad el vitalismo, es preciso revisar críticamente toda la cultura occidental, ya que en ella la vida ha sido sometida y
menospreciada durante siglos.
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NIETZSCHE

METAFISICA

Frente al optimismo ilustrado N. elabora una filosofía de la sospecha para intentar desenmascarar los motivos de nuestro racionalismo y nuestra moral. Su obra es una afirmación del vitalismo y del valor del individuo. Su filosofía se aproxima al Romanticismo (sentimiento y pasiones individuales frente a la razón). Schopenhauer y Richard Wagner ejercieron en N. una influencia decisiva. La realidad es voluntad: fuerza primigenia e irracional. Se ve en todo lo vivo en su deseo de vivir y perpetuarse. Y más allá de la vida es la voluntad que sustenta todo lo que existe. En todo lo que existe hay una fuerza impulsora que hace que tienda a perpetuarse en su existencia. La música y el arte en general sería una manifestación privilegiada de la voluntad. La contemplación estética puede acercarnos a la esencia última de esta fuerza cósmica. En el ser humano además se presenta una forma de deseos concretos que se tratan de alcanzar pero que crean el desasosiego e inquietud para conseguirlos y llevar al egoísmo y la maldad. Pero no desaparece la desazón cuando se alcanza la meta, sino que se inicia otro nuevo deseo y así es la vida: un perpetuo estado de insatisfacción. Este es el origen del sufrimiento humano (como en el pensamiento oriental). Y no son elegidos de forma libre: son parte de la voluntad cósmica. El sufrimiento es una dimensión inevitable de la realidad humana. Para mitigar el dolor hay dos caminos posibles:

  • Entregarse al arte para poder escapar de la esclavitud a la que nos somete la voluntad.
  • o practicar el ascetismo y la renuncia a los deseos. Solo con la muerte se supera este dolor. Por eso su pensamiento es un profundo pesimismo, sin esperanza de alcanzar la plenitud y la felicidad. Mundo griego clásico: Homero, Esquilo, Heráclito reflejan una forma de vida a la vez trágica y heroica caracterizada por su rigor y su intensidad. Sus obras de arte plasman su manera de ver la vida. El nacimiento de la tragedia pretende explicar la creación dramática en Grecia. Se asocia al dios Dioniso (dios del vino y el desenfreno), pero para Nietzsche además muestra rasgos asociados a Apolo (la armonía y el equilibrio). Para entender el mundo griego hay que asociar estos dos principios:
  • Lo dionisíaco (exceso, pasión, penumbra, lo irracional). Asociado a lo particular, difuso e indefinido, como en estado de ebriedad o de éxtasis. Todo pertenece a la misma realidad cósmica.
  • Lo apolíneo (mesura, luz, racionalidad) lo claro, nítido, definido). Permite individualizar y distinguir unas realidades de otras. Estas dos fuerzas se expresan perfectamente en el mundo del arte. La pintura y la escultura serían apolíneas por su racionalidad y el principio de individuación. La música sería dionisíaca porque en ella prima lo irracional y lo oscuro. El género griego consistió en reconocer y aceptar estas dos grandes dimensiones de la vida humana. En la tragedia clásica la presencia del coro refleja la unión primordial de todas las cosas, con sus voces que recitan al unísono y con su evocación de lo irracional. Pero también se encuentra la racionalidad apolínea de los diálogos y la definición concreta de los distintos personajes que protagonizan la acción. Pero a partir del s.V los griegos dieron más importancia a los elementos apolíneos. Según Nietzsche la influencia de Sócrates es la explicación: su obsesión por valorar la razón sobre todas las cosas y su rechazo a los excesos y la desmesura. Las tragedias de Eurípides reflejan la influencia racionalista con el desprecio a la dimensión dionisíaca. N. creía ver en Wagner una reconciliación entre lo apolíneo y lo dionisíaco por su innovación. Pero esta amistad con W. acabó porque Nietzsche se decepcionó porque vería que Wagner se ocupaba más del éxito comercial de sus óperas que por impulsar una nueva forma de arte. Nietzsche creyó ver en Wagner una evolución hacia posturas cristianas opuestas a su vitalismo. El vitalismo le da valor a la vida del individuo. La vida hay que vivirla plenamente. Los griegos pensaban así cuando afirmaban sus valores vitales. Homero alaba a los héroes que destacan por su valor, fuerza, belleza, pasión /Aquiles) lejos de lo que fuera mediocre y vulgar. A lo largo de la historia ha habido muy pocos momentos en que los valores vitales hayan sido realmente apreciados. Uno de esos momentos fue la Antigüedad clásica griega, y otro se correspondió con la época del Renacimiento. Pero Nietzsche sostenía que nuestra cultura occidental rechazaba el valor de la vida, poniendo por delante de ella otros valores diferentes. Por eso, para afirmar con toda rotundidad el vitalismo, es preciso revisar críticamente toda la cultura occidental, ya que en ella la vida ha sido sometida y menospreciada durante siglos.

Para comprender el combate de Nietzsche contra la cultura occidental, conviene distinguir los diversos ámbitos a los que se dirigieron sus críticas. En primer lugar, Nietzsche rechaza el modo en que la tradición europea ha interpretado el conocimiento. Esta crítica a la gnoseología está íntimamente unida al ataque nietzscheano contra la metafísica occidental, forma de pensamiento descarriada que lleva siglos recorriendo caminos equivocados. La crítica nietzscheana se extiende, en segundo lugar, al ámbito de la religión, y sobre todo al cristianismo, al que considera culpable de los peores extravíos. Por último, Nietzsche denuncia con dureza la moral que ha prevalecido en Occidente, a la que considera inaceptable y muy perjudicial por el modo en que ha condenado y ha rechazado la vida Para occidente es alcanzar la realidad verdadera que se esconde detrás de las apariencias. Desde Platón con su distinción entre doxa y episteme se ha interpretado toda la realidad en dos planos (dualismo). El conocimiento genuino se capta por medio de la razón que da sentido a lo dado por los sentidos. Esto es posible por el uso de conceptos que permiten englobar las percepciones sensoriales para hacerlas manejables y comprensibles. Como en Platón, Aristóteles, Descartes o Kant los conceptos sirven para entender y manejar la realidad. También ocurre en la ciencia moderna que trata de expresar las leyes de la naturaleza empleando fórmulas matemáticas. Y lo mismo para la vida cotidiana, la filosofía, la investigación... ¿Qué problema ve en esto Nietzsche? Los conceptos son instrumentos útiles y eficaces para manejarnos en el mundo. El problema no está en su uso sino en creer que nos abren el acceso a una dimensión superior de la realidad, más auténtica y verdadera que la que se puede percibir por los sentidos. Para N. no hay más que un mundo que es múltiple y cambiante (Heráclito). No es la razón sino la intuición la que nos permite percibir de forma directa la realidad sensible, formada por individuos particulares y concretos en continua transformación (individualismo). Los conceptos racionales fueron inventados para tratar de contener el vértigo que nos produce ese imparable y continuo cambio. Esos conceptos pretenden expresar la esencia permanente e inmutable de la realidad, pero la realidad no es así, la realidad es devenir constante formada por cosas individuales. ¿Cómo nace un concepto? El origen de los conceptos está ligado al uso de las metáforas y al intento de encontrar una manera sorprendente y original para describir algún aspecto de la realidad. Esa metáfora, cuando fue propuesta por primera vez, actuó como una imagen insospechada, capaz de iluminar de forma novedosa lo que estaba nombrando. Así pues, en nuestra manera de referirnos mundo, late escondida una profunda dimensión de creatividad poética. Sin embargo, si estas metáforas se emplean repetidamente, acaban por perder el brillo que tenían cuando fueron propuestas por primera vez. El término deja de sorprendernos y acabamos por olvidar que un día fue una original y sugerente metáfora. Con el uso rutinario, la metáfora fosilizada puede acabar por convertirse en uno de esos conceptos con los que nos parece estar describiendo un ámbito de verdades inmutables y una dimensión trascendente de la realidad. Pero la creencia en ese presunto espacio supremo y eterno surge más bien como consecuencia del modo en que usamos las palabras, cuando nos olvidamos de su origen poético y cuando les otorgamos un valor de verdad absoluta que estaban muy lejos de tener el día en que fueron inventadas. Pero si estas metáforas se repiten acaban por perder el brillo que tenían cuando fueron propuestas por primera vez. El término deja de sorprendernos y acabamos por olvidar que un día fueron metáforas. Con el uso rutinario la metáfora se fosiliza y se convierte en un concepto con el que creemos estar describiendo la realidad. Usamos las palabras sin recordar su origen poético y les otorgamos valor de verdad, pero están muy lejos del día en que fueron inventadas. Para los positivistas la ciencia es la única vía rigurosa y fiable de acceso al conocimiento porque su método se basa en la comprobación experimental y porque su único interés consiste en alcanzar la verdad. Para Nietzsche la ciencia es un camino más para el saber, pero no el camino privilegiado. El arte y la música ofrecen maneras mucho más directas, intuitivas y adecuadas para describir la auténtica realidad, que es individual, particular y cambiante. N. creía que el arte es una forma de conocimiento mucho más rica y valiosa que la ciencia porque nos proporciona imágenes continuamente renovadas para expresar el perpetuo devenir de la realidad. No existe ninguna verdad única ni universal porque la verdad es solo un punto de vista sobre la realidad. El conocimiento depende de la perspectiva, ya que las metáforas que empleamos para describir el mundo condicionan nuestra manera de entender la verdad. La gnoseología occidental, empeñada en la búsqueda del concepto, está estrechamente ligada a una determinada manera de entender la metafísica que Nietzsche consideraba equivocada. La ontología que ha predominado Occidente está basada en el dualismo platónico, que distingue la realidad aparente de la auténtica realidad. Para Platón, que fue el primer filósofo exponer esta teoría, el mundo sensible, con su cambio incesante y su variabilidad ilimitada, es engañoso porque lo verdaderamente real solo puede ser permanente, eterno e inmutable. Por eso, Platón creía que el mundo de las esencias constituye la auténtica realidad originaria, mientras que el mundo de los sentidos es una copia limitada e imperfecta.

Este proceso se acentuó con el cristianismo que llevó a cabo una completa inversión de valores que ha configurado la moral de Occidente durante cerca de dos mil años. Para los cristianos lo bueno es la humildad, la resignación, el poner la otra mejilla y la mansedumbre. En el Sermón de la montaña Jesús dirigió sus palabras a los pobres, a los débiles y a los enfermos anunciándoles que serían los primeros en el reino de los Cielos (contra los valores heroicos). Con el triunfo del cristianismo los débiles consiguieron imponerse a los fuertes consumando una total inversión de los valores. En nuestra cultura se impuso una moral de esclavos que es antinatural y monstruosa porque es contraria a la vida. Para N. la destrucción de la moral cristiana es la que permitirá afirmar de nuevo la importancia de la vida. Para ello hay que hacer una transvaloración de los valores que devuelva las cosas al lugar que les corresponde: lo bueno debe corresponder a lo que impulsa, acrecienta e intensifica la vida. Lo malo ha de asociarse a lo que disminuye, entorpece o debilita la plenitud vital. Muchos artistas, pensadores e intelectuales ya saben que Dios ha muerto porque el hombre occidental tradicional vive sin él. La muerte de Dios tiene enormes consecuencias. Un creyente que reconoce la muerte de Dios se ve perdido y desorientado. Si no hay Dios la base sobre la que se apoyaban nuestras antiguas creencias y seguridades se derrumba, dejando atrás un enorme vacío. De pronto vemos que nuestras más profundas convicciones estaban sustentadas en algo que no existe. De este modo caemos en el nihilismo, una etapa de pérdida y de confusión en la que parece que nuestra vida ha perdido su sentido. Sin embargo, el nihilismo no solo tiene una vertiente negativa, sino que puede interpretarse como una fase necesaria para poder desprenderse de las antiguas mentiras y emprender un nuevo rumbo vital. Para poder empezar de nuevo hay que destruir las viejas y equivocadas creencias. MORAL/ANTROPOLOGIA Una vida auténticamente plena requeriría afirmar la voluntad de poder incluso bajo el pensamiento del eterno retorno. Esto solo es posible para el superhombre. Una vez asumida la muerte de Dios y superada la etapa negativa del nihilismo, el hombre tiene la posibilidad de reinventar libremente su futuro en busca de una mayor plenitud e intensidad vital. Frente al pesimismo de Schopenhauer si somos capaces de adueñarnos de nuestra propia vida y reconocer su valor se abre un horizonte lleno de optimismo y de esperanza. Esta nueva forma de vivir basada en la afirmación e intensificación de la vida individual es la voluntad de poder (frente a la voluntad de verdad de la tradición platónico-cristiana). La v. de p. equivale al deseo de incrementar la plenitud vital para vivir de una manera más auténtica. Los personajes nobles y heroicos que son capaces de decir “sí a la vida” son un buen ejemplo de ello. Y también quien aspira a la excelencia o quien persigue el éxito asumiendo riesgos y afrontando peligros. Esta es la única manera digna y valiosa de vivir. [El poder al que se refiere N. no es el poder sobre otras personas sino más bien sobre nuestra propia vida y sobre nosotros mismos. Afirmar la v. de p. es empeñarse en vivir una vida mejor, más intensa, más plena, más noble y más digna de ser vivida] Todo lo que intensifique la v. de p. es bueno y lo que lo obstaculice es malo. Esto no siempre es fácil porque quien acepta la vida tal y como es debe asumir su lado doloroso, trágico y absurdo. Nietzsche se refiere ahora al amor fati o amor al destino, aceptar nuestra propia vida tal y como es, decir sí a la vida. ¿Serían capaces los hombres de aceptar la vida si supieran que está condenada a repetirse de la misma manera una y mil veces? Esto se conoce como eterno retorno, la propuesta más atrevida y profunda de su filosofía. Cada uno de los errores y momentos perdidos en los que no se ha vivido con plenitud estarían condenados a repetirse del mismo modo una y otra vez en un proceso infinito. Y de la misma forma cada uno de los aciertos. Esto significa que cada decisión personal y cada instante vital tienen un valor extraordinario. La idea del eterno retorno sirve para determinar si somos capaces de decir sí a la vida pues hace que nos preguntemos ¿soportarías que cada instante, incluso el más feliz de tu vida, se repitiese sin fin? Esta idea también hace que Nietzsche rompa con la visión lineal del tiempo tradicional en occidente desde el cristianismo. La idea del eterno retorno era un pensamiento terrible, escalofriante, abismal. Es imposible evitar un sentimiento de vértigo como ante el precipicio. Se puede convertir en un peso abrumador. La responsabilidad es enorme porque nuestros aciertos o nuestros

errores no solo afectan al momento en que actuamos, sino que quedan multiplicados hasta el infinito. ¿Hay alguien capaz de asumir esta forma de vivir? No, ese ser no ha existido aún y estaría sobrepasando las capacidades humanas, sería alguien sobrehumano. Nietzsche lo llama superhombre: su fuerza, su voluntad de poder y su afirmación de la vida estarían muy por encima de las posibilidades humanas. Aún no ha aparecido sobre la tierra porque aún no ha llegado su tiempo. Los seres humanos actuales son demasiado débiles para este pensamiento abismal y para esta forma de vida, somos aún una etapa intermedia previa al surgimiento del superhombre. El paso desde el hombre actual hasta el superhombre se realiza por las tres transformaciones:

  • Camello, abrumado por el peso de la carga que transporta. Representa el espíritu del ser humano doblegado por los valores contrarios a la vida que ha impuesto el cristianismo. Su existencia está marcada por el peso del “tú debes” que lo somete imponiéndole obligaciones. Si como el camello el hombre cree en Dios y acepta la moral cristiana está arrodillado y abrumado por el peso de una carga que no le permite vivir en plenitud.
  • León. Resultado de la transformación del camello. Busca la libertad destruyendo los viejos valores y sustituyendo el “Tú debes” por el “yo quiero”. Pero no crea valores nuevos, aún están los antiguos.
  • Niño. Es el símbolo de la inocencia, del desconocimiento tanto del bien como del mal. El niño toma el instante como un juego, como un fin en sí mismo. Representa la capacidad de inventar una nueva manera de vivir, libre de cargas y ataduras, capaz de proponer valores nuevos basados en la afirmación de la vida. Esta será la tarea del superhombre: afirmar la vida con un “santo decir sí” a la realidad.