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Asignatura: Patrimoni cultural, Profesor: Maria José Albert Rodrigo, Carrera: Turisme, Universidad: UV
Tipo: Apuntes
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Podemos entender el Patrimonio Cultural como el llegado de la historia que ha perdurado. Desde sus orígenes hasta hoy ha ido transformándose y adecuándose a las nuevas demandas y necesidades. Este concepto de patrimonio integra en la actualidad el patrimonio artístico, arquitectónico, natural, arqueológico, etnológico… Se trata de las distintas ramificaciones que comprende el patrimonio cultural. El patrimonio es un concepto muy amplio, se estudia desde distintas ramas de conocimientos: geografía, arqueología, antropología, historia, educación, el arte, etc. Y depende de quién estudie el patrimonio, lo hará desde su rama de conocimiento (ejemplo: foto catedral BCN, en la que podemos encontrar desde sociólogos, historiadores e historiadores de arte, antropólogos, geólogos y arquitectos). El enunciado del patrimonio cultural se articula sobre dos conceptos:
La entrada de la primera modernidad activará el pasado como base para la construcción del patrimonio clásico o histórico. El patrimonio aparece entonces como una respuesta para articular y vincular el pasado con el presente. Permite la identificación con una tradición y con una continuidad en el tiempo, es decir, el pasado da sentido al presente, dotándolo de una suerte de continuidad espacio-temporal que permite tanto situar nuestros orígenes, como generarnos un sentimiento de pertenencia a un grupo. Con la entrada de la segunda modernidad o la modernidad avanzada (80’), con la celeridad de los cambios históricos y el proceso de globalización hemos asistido a una segunda ola intensiva de patrimonialización de la cultura. El peligro de la homogeneización provocada por la globalización y el riesgo de perder la memoria por la sucesión vertiginosa de acontecimientos ha tenido como respuesta la activación tanto de nuevos patrimonios locales como mundiales. Respecto a las propuestas para definir el patrimonio cultural, en principio, consideramos patrimonio como la herencia cultural que relaciona y conecta los seres humanos de ayer con las personas del presente. Y lo hace en beneficio de su riqueza cultural, de su sensibilidad y de su sentido de la identidad. También podemos apostar por reconocer las necesidades de una reformulación del patrimonio cultural con una visión más crítica del mismo: “La reformulación del patrimonio en términos de capital cultural tiene la ventaja de no presentarlo como un conjunto de bienes estables neutros, con valores y sentidos fijos, sino como un proceso social que, como (igual que) el otro capital, se acumula, se renueva, produce rendimientos que los diversos sectores se apropian en forma desigual”. A partir de las distintas propuestas, y apostando por la reformulación del patrimonio, podemos definir y apuntar que, el patrimonio cultural se construye en los procesos culturales a través de diversas técnicas, instituciones, prácticas y discursos como un campo de disputa (sobre bienes simbólicos y materiales) y un espacio de poder (construcción de hegemonías). Y es necesario atender a los mismos para llegar a una comprensión mayor de lo que representa el patrimonio cultural en nuestras sociedades.
El proceso de normalización e institucionalización del patrimonio responde a un largo periodo de gestación que se inicia a finales del siglo XIX con la definición del concepto (patrimonio histórico artístico y monumental), se desarrolla a principios del XX con la aparición de las primeras legislaciones que reconocen el uso y disfrute del patrimonio para todos (patrimonio social) y culmina a mediados del siglo XX con la redefinición del concepto (bien cultural) y la creación de numerosas instituciones especializadas. Durante la primera mitad del siglo XX, encontramos que las constituciones europeas reconocen el derecho al patrimonio (cultural) y, por tanto, el deber de protegerlo, lo que favorece la aparición de numerosa legislación. En la esfera internacional podemos ver cómo ese proceso de institucionalización va cuajando a lo largo del siglo XX, sobre todo, a partir de la segunda mitad. Las primeras tentativas y la necesidad de proteger y conservar el patrimonio cultural, surgen después de la Primera Guerra Mundial. Tras los desastres de la guerra, se hacen patentes y se organizan a partir de la Comisión Internacional para la Cooperación Intelectual dentro de la recién creada Sociedad de Naciones, es decir, la Comisión Internacional es fruto o surge a partir de la Sociedad de Naciones, y su objetivo fundamental o prioritario es defender y proteger el patrimonio cultural. Dicha comisión estaba integrada por el Instituto de Cooperación Internacional y la Oficina Internacional de Museos, y el objetivo de estos organismos era proteger y conservar el patrimonio cultural. Para ello, la Oficina Internacional de Museos, intentó establecer criterios de protección de patrimonio en caso de conflicto bélico y sus esfuerzos se vieron plasmados en el Pacto Roerich (1935). Un pacto sobre la necesidad de evitar el expolio y saqueo en estado de guerra pero que de poco sirvió visto lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial. Pese a todo, quizás, la tarea más sobresaliente de la Oficina Internacional de Museos fue la organización de la Conferencia de Atenas en 1931, a la que podemos considerar como el arranque de la normalización e institucionalización patrimonial. La Conferencia de Atenas supuso, por primera vez, el intento de establecer las bases de qué se debía proteger y de qué criterios aplicar para la conservación y la restauración. En este sentido, la Carta de Restauro de Atenas, es “el inicio de un amplio movimiento internacional para la conservación del patrimonio”,
Históricos en Venecia (1964). Su primera medida fue la elaboración de la Carta Restauro de Venecia que está reconocida internacionalmente como el principal documento doctrinal en materia de restauración y conservación de bienes. El ICOMOS es el principal asesor de la UNESCO en cuanto a la conservación y restauración de bienes.
criterios internacionales sobre la conservación y protección de los bienes patrimoniales. Y hay que distinguir y tener en cuenta que las convenciones son tratados multilaterales, con carácter vinculante para los estados firmantes tanto en periodo de paz como de guerra, es decir, que los países que firman el convenio tienen que cumplirlo obligatoriamente; frente a las recomendaciones que son documentos jurídicos no vinculantes, por lo que tan sólo tienen un carácter orientativo para los países. Y entre las distintas Convenciones y Recomendaciones celebradas destacamos, a modo de ejemplo, las siguientes más relevantes respecto a la protección de bienes culturales:
El patrimonio tiene una dimensión simbólico-identitaria, es decir, la cultura equivale a una producción simbólica de significados. Asimismo, el concepto de cultura es polisémico, se le ha dado distintos significados. Hay que remitirse a su trayectoria, evolución histórica y contextos históricos. Y es a partir de la modernidad cuando hay que ver los usos y significados que se le han dado al concepto de cultura. Pero antes, hay que tener en cuenta una serie de precedentes. La palabra “colo” proveniente del latín significa cultivar, en un sentido sinónimo al de crianza o también de educación. Es decir, etimológicamente, “cultura” proviene del latín colo (cultivar). Se trata del concepto clásico de cultura, donde ésta se traduce como el cultivo del alma. En la Roma clásica, se asoció con el perfeccionamiento de las capacidades del ser humano, mediante la educación. Y con el Renacimiento, el término de cultura tendrá tres significados. Se entendió la cultura como un bien poseído por la mente, un hábito de la mente o como una virtud que posee (sabiduría o conocimiento, individuo-educación), como el resultado de un proceso de elaboración (obras de arte, objeto artístico creativo) y como el estado o grado de desarrollo de una sociedad (civilización/naturaleza), éste último lo equiparamos a cultura sinónimo de civilización, y en algún caso se habla de naturaleza. Ya por entonces, se concibió la cultura como algo que distinguía a las elites cultas de las masas ignorantes. Asimismo, podemos establecer tres concepciones socio-históricas de cultura: humanista, antropológica y sociológica o multidimensional (desde las ciencias sociales):
sociedad y quienes no tienen cultura están en estratos más bajos. La cultura se entiende como la herramienta legitimadora de la posición de las personas. Y todo lo que se asocia a la clase alta se relaciona con la estrategia de distinción social. En este contexto, en el proceso de cambio después o a partir del renacimiento, nos encontramos con el ascenso de la clase social, la burguesía, que busca las herramientas que legitimen su ascenso social y económico. Por su parte, los ilustrados franceses, usaban más bien el concepto de civilización con un sentido también de distinción entre los seres humanos que habían progresado en el conocimiento y la perfección y los que no. En definitiva, a partir de la revolución francesa se habla de la cultura como sinónimo de civilización y se designa esta conciencia de superioridad cultural en Europa. Cambiamos de una sociedad del antiguo régimen a la modernidad. En algunos de sus contenidos la noción humanista de cultura sigue esa pauta de distinción social, pero su surgimiento tuvo lugar con la Revolución Industrial. La cultura era el desarrollo de las cualidades y facultades que mejor caracterizaban al ser humano (la literatura, el arte, el pensamiento, y en general, los extraordinarios conocimientos que sólo algunos humanos poseían). La industrialización suponía un obstáculo a aquel desarrollo y, por lo tanto, al perfeccionamiento de la humanidad. La cultura así definida, es procesal (se aprende), jerárquica (la posee una élite), selectiva (sólo incluye algunas actividades humanas), normativa (sólo los resultados de algunas actividades merecen ser consideraras “cultura”), frágil (puede resultar degradada o desaparecer) y carismática (algunos de sus productos se relacionan con las cualidades de genios y particularmente artistas). La cultura en el sentido humanista distingue, pues, a grupos y personas dentro de una escala jerárquica. Quienes tienen cultura son los que se encuentran más cerca de la perfección humana, como meta a alcanzar, a través del adiestramiento y/o la creatividad. Este concepto de cultura excluye la mayor parte de productos humanos y también a muchos seres humanos, con lo que acaba siendo altamente restringido. Si aplicáramos al patrimonio semejante concepción, la noción de “patrimonio cultural” se limitaría a las obras de arte y los monumentos históricos. En definitiva, con la revolución industrial se desarrolla un progreso y un cambio en los modos de producción y de vida (entre otros). Esos cambios conducen a que en la población se perciba un rechazo por el cambio de sus antiguas formas de vida, y se empieza a entender y a conocer la cultura como el cultivo de la creatividad y espíritu,
anterior, una “fábrica de significados”. En definitiva, E.Tylor, equipara cultura y civilización, como los humanistas, pero luego hace referencia a las costumbres, hábitos y capacidades adquiridas por el hombre en una sociedad, dignifica a todas las culturas y las pone al mismo nivel, no hay culturas superiores ni inferiores. Esta definición antropológica de cultura se presenta como algo universal e inclusivo (de todos los seres humanos), que conlleva códigos y símbolos (información), que es aprendida (no genética), compartida (común a más de un individuo), colectiva y pública (transmitida públicamente), práctica (cotidiana), plural (hay más de una) y relativa (de un grupo concreto y particular). Desde esta concepción, el patrimonio cultural puede incluir cualquier producto humano. De hecho, esta es la noción que ha guiado durante la segunda mitad del siglo XX la ampliación del concepto de patrimonio. En la concepción antropológica, se emplea la cultura como modo de vida y, engloba todas las manifestaciones y expresiones propias de cualquier grupo. Ninguna cultura está más desarrollada que otra, ninguna es mejor y no se puede imponer una cultura como modo a seguir. Esta concepción antropológica de la cultura es un avance. Se trata de una dignidad equivalente de todas las culturas. La limitación que podemos encontrar en esta concepción antropológica es que no diferencia y estratifica dentro de una misma cultura. Encontramos una armonía entre la sociedad y la cultura, aunque con exceso de relativismo. Todos los seres humanos tienen la misma dignidad, pero todas las actividades no son reconocidas con la misma dignidad. Desarrollos posteriores superarán en cierto sentido esta concepción antropológica. Por último, podemos señalar que en esta concepción antropológica de la cultura, se entiende el patrimonio cultural como patrimonios diversos.
posición, pero que en cualquier caso siempre se produce en un contexto socio- histórico concreto. Además, desde el conjunto de las ciencias sociales se tratan dos sentidos culturales, ésta puede ser concebida en un sentido manifiesto (disuelto) y en otro latente (sólido). En sentido latente, la cultura es un sistema significante que abarca toda producción humana. Es decir, que aunque no nos demos cuenta, absolutamente todo lo que hacemos es cultural. En definitiva, cultura en sentido latente es ese todo cultural. Todos formamos parte de una cultura. Se trata del concepto o sentido antropológico. Pero además, en sentido manifiesto, la cultura es algo reconocido en forma de rasgos o productos calificados explícitamente como culturales. A través de la diferencia y la identidad, consideramos que son culturales nuestras prácticas y las de otros. Es decir, en sentido manifiesto, nos referimos a un campo y actividades específicas, aquello que consideramos cultural. Cuando se hace referencia a costumbres, tradiciones, relatos míticos o históricos, creencias u otros elementos que se atribuyen a un colectivo, se está aplicando una concepción de lo cultural, en su sentido manifiesto. Es decir, se están produciendo símbolos para hacer alusión a un colectivo, con la etiqueta de “cultura”. La vertiente manifiesta de lo cultural está, entonces, directamente relacionada con la construcción de identidades. Aunque debemos hacer una advertencia sobre ello: tanto lo que reconocemos como cultura, como las identidades no son algo inmutable y natural, sino todo lo contrario. En definitiva, la particularidad de la definición sociológica o multidimensional, (además del establecimiento de varias dimensiones analíticas) sería la consideración de un campo de producción cultural especializado que incluiría arte, medios de comunicación e ideologías como contenidos significativos producidos en contextos de dominación y desigualdad. En relación y frente al etnocentrismo, se opone el relativismo cultural. No podemos juzgar otra cultura desde nuestros propios parámetros. Desde una posición radical esto puede tener y conllevar matices o problemas éticos o morales. A partir de la declaración de los derechos humanos, se pretende hacer universal los derechos fundamentales de las personas sin tener en cuenta la cultura, lo que ha conllevado problemas. ➢ ¿Cómo afecta la globalización en la cultura?
El patrimonio cultural es un sistema de mediación y reflexividad negociada entre agentes sociales. Dada la complejidad del patrimonio cultural, hay que considerarlo como un fenómeno de carácter moderno que presenta múltiples dimensiones interrelacionadas. Y como fenómeno multidimensional, se compone de una dimensión simbólica e identitaria, una dimensión política, una dimensión económica, y una dimensión científica y técnica. Podemos mencionar otras dimensiones, como la pedagógica, social, jurídica, etc., pero no tienen la envergadura de estas cuatro dimensiones que hemos nombrado.
productos o bienes patrimoniales que ofrece son considerados como una fuente fundamental en la industria o actividad turística. Por último, hay que destacar que la concepción capitalista del patrimonio, con su acento en los intereses y el consumo, ha provocado un fuerte impacto medio ambiental. En muchos casos, los intereses turísticos e inmobiliarios han primado sobre otro tipo de intereses sociales y han hecho un uso del patrimonio a su medida, ocasionando una grave degradación ecológica y patrimonial.
del país. Asimismo, hay ya una crítica y “extrañamiento” del pasado, y se va imponiendo la razón, el conocimiento, el progreso, la ciencia, etc., y sobre todo empieza a imponerse una visión y concepción del tiempo laica y secularizada, y empieza a desarrollarse la tutela estatal del patrimonio, aunque se consolida en el siguiente siglo. Será a partir de la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII, y con todo lo que ella supone, cuando se gesta un aparato administrativo jurídico. En este momento ya encontramos una protección administrativa, jurídica y técnica del patrimonio. En la construcción del estado-nación que se gesta en este periodo, los monumentos antiguos se consideran como patrimonio de la nación. Además, con la ampliación napoleónica en Europa, es decir, con las guerras napoleónicas, se extienden el planteamiento ilustrado francés, y a partir del descubrimiento de las ruinas arqueológicas de Pompeya y Herculano, comienza a considerarse también la vida cotidiana de la gente como cultura cotidiana, no sólo de los nobles. En el siglo XIX ya vemos como el monumento histórico-artístico nacional se consolida de forma muy importante y, sobretodo animado por el romanticismo y el nacionalismo. El romanticismo se caracteriza por la rememoración nostálgica del pasado y critica a los cambios que la modernidad ha conllevado. Tanto el romanticismo como el nacionalismo que dominan en ese momento son los que se verán reflejados y consolidarán de forma importante el monumento histórico-artístico nacional. Este periodo también se caracteriza por la aceleración de la historia y la reflexividad, acerca de la necesidad del pasado, la reivindicación del mundo y el arte medieval. Asimismo, también se desarrollan políticas de protección patrimonial, aparecen libros de viajes y repertorios pintorescos, y se lleva a cabo la invención de tradiciones en este periodo de nacionalismos y estado-nación. Durante el siglo XIX, aumenta el intervencionismo estatal en el patrimonio cultural. Se desarrolla en la modernidad la concepción pública y colectiva del patrimonio, aquello que nos identifica como nación, como pueblo. Es en la modernidad cuando hablamos de patrimonio, anteriormente se hablaba más de objetos, arte, etc., antes eran colecciones privadas. Y los museos como contenedores patrimoniales, contienen todo aquello con lo que nos identificamos como estado nación. En la primera mitad del siglo XX, se producen dos guerras mundiales. Con ello, encontramos destrucciones patrimoniales de la Primera Guerra Mundial, así como
destrucciones patrimoniales de la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, encontramos la excepción en el avance de la sensibilización y legislación con el patrimonio, surgen las primeras leyes e instituciones que empiezan a proteger el patrimonio nacional. Y además de las dos guerras, es interesante tener en cuenta la utilización del patrimonio cultural por los fascistas europeos, quienes se apropian de un patrimonio que identifican con su ideología política, sirviendo para identificar a la ciudadanía. En la segunda mitad del siglo XX, se produce una ampliación cultural del patrimonio cultural, así como también surgirá la descolonización, la antropología y una nueva historiografía. En este momento es cuando ya hablamos y surge el concepto de Bien Cultural, definido en la Convención de la Haya (1954), como: “Los bienes muebles o inmuebles, que tengan una gran importancia para el patrimonio cultural de los pueblos, tales como los monumentos de arquitectura, de arte o de historia, religiosos o seculares, los campos arqueológicos, los grupos de construcciones que en su conjunto ofrezcan un gran interés histórico o artístico, las obras de arte, manuscritos y otros objetos de interés histórico, artístico o arqueológico, así como las colecciones científicas y las colecciones importantes de libros, de archivos o de reproducciones de los bienes antes definidos. También los edificios que tengan como destino la de conservar y exponer los bienes culturales muebles tales como los museos, las grandes bibliotecas, los depósitos de archivos y los refugios destinados a proteger en caso de conflicto armado”. A continuación, cabe destacar que el patrimonio cultural está formado por el conjunto de todos los bienes culturales, tanto si se exteriorizan en forma de uno (cultura material) o muchos soportes corpóreos (obras literarias, etc.), en forma de actividad (folklore, tradiciones y manifestaciones etnográficas en general), o en forma difusa, a través de todos ellos indistintamente (lenguas), que conforman el acerbo de un pueblo y son conservados para transmitirlos a las generaciones futuras. II. LA ELABORACIÓN JURÍDICA DEL CONCEPTO DE PATRIMONIO CULTURAL Las primeras apariciones del término Patrimonio Cultural se remontan a 1773 con la fundación de la Real Academia de las Nobles Artes, encabezada por Fernando VI. Después, la Real Academia de la Historia y de las Bellas Artes se dará con Carlos III (Órdenes de Carlos III, siglo XVIII). En 1779, se elabora la primera orden real, referente a la prohibición de bienes de artistas españoles muertos y, se permite la exportación de bienes de los artistas