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Un análisis introductorio sobre las cuestiones éticas en ciencia y tecnología, incluyendo bibliografía. El autor aborda la promoción moral y la duda moral en relación con la ciencia y la tecnología, así como la necesidad de ética social para los científicos. Además, se discute la importancia de la ética ambiental y la historia de la bioética. El documento incluye referencias a obras clave en el campo.
Tipo: Apuntes
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El Escorial, julio 2004
i
Carl Mitcham
La Ética implica el estudio de, y el juicio sobre, la conducta humana. Todas las discusiones tradicionales en política suponen ciertas conclusiones acerca de la naturaleza y conducta humanas, aunque sólo se trate de la negación de tal naturaleza, y proceden a examinar qué se deriva para la vida común de tales conclusiones.
La Ética a Nicómaco de Aristóteles, por ejemplo, comienza con un intento de identificar el bien en la acción individual, observando que, aunque todos dicen que el bien es la felicidad, no todo el mundo está de acuerdo acerca de qué constituye la felicidad. Algunos consideran que es placer físico, otros honor y otros conocimiento. En su intento de resolver este desacuerdo, Aristóteles considera las diversas conductas humanas y sus perfecciones o virtudes. Estas son las virtudes de la vida en común o política (coraje, templanza, justicia, etc.) y de la vida intelectual (ciencia y capacidad). La legislación o el establecimiento de instituciones sociales, argumenta Aristóteles, son necesarios para conseguir la realización de cualquiera de estas virtudes con alguna regularidad. De un modo similar, es necesario un conocimiento del bien para emprender el examen crítico de las políticas. La Política de Aristóteles, por tanto, pone en práctica y realiza referencias explícitas a las ideas centrales de la Etica.
Desde sus comienzos, la reflexión ética también ha involucrado con frecuencia discusiones sobre ciencia y tecnología (incluyendo la medicina) --normalmente asociando, y ocasionalmente disociando, las esferas técnica y moral. En la Etica a Nicómaco , ciencia y téchne (la raíz griega de "técnica" y "tecnología") se describen como virtudes intelectuales, tomándose ejemplos de las artes y la medicina al explorar la naturaleza de tales cualidades. Durante el mismo periodo, el juramento hipocrático presenta formulaciones de principios éticos generales para la conducta médica profesional.
En contraste, 2.000 años más tarde, cuando Immanuel Kant consideró la relación de la ética con la ciencia y la técnica, trató de distinguir radicalmente entre el conocimiento ético y el conocimiento científico, y entre los imperativos morales o categóricos y los imperativos técnicos. Los imperativos morales auténticos exigen nuestra lealtad bajo toda circunstancia. Por ejemplo, siempre se debe decir la verdad. Los imperativos técnicos son obligatorios de una forma meramente hipotética. Debería construirse una casa de tal y tal forma sólo si es necesario cumplir tales y tales especificaciones.
El Escorial, julio 2004
Sin embargo, hay fundamentos para identificar históricamente dos actitudes éticas generales respecto a la ciencia, la técnica y la medicina. Desde Platón y Aristóteles hasta el Renacimiento, la ciencia y sus correlatos técnicos eran objeto de restricciones religiosas y políticas ampliamente aceptadas. La sociedad y el estado eran considerados como la guía apropiada para decidir si se impulsaba o no el desarrollo de la astronomía, o el modo en que debían construirse las casas. La ciencia y la tecnología sin algún tipo de guía política o cultural eran juzgadas como formas deficientes de conocimiento y actividades socialmente desestabilizadoras, si no moralmente perniciosas.
No obstante, desde el Renacimiento, y especialmente en la época de la Ilustración, las restricciones políticas y culturales fueron suprimidas efectivamente, siendo reemplazadas por un nuevo compromiso ético respecto al desarrollo sin trabas de la ciencia y la tecnología para "el bienestar de la humanidad" ( the relief of man's estate -- Francis Bacon). El Estado, simplemente, debería invertir todo lo posible en la ciencia. Los científicos deberían gozar de autonomía en el ejercicio de su profesión, mientras que la economía de mercado, como una especie de proceso neutral para la promoción de las tecnologías más eficientes, guiaría el desarrollo técnico. La ciencia se presentaba como la única forma verdadera de conocimiento; y sus aplicaciones en medicina y tecnología industrial, como fuentes de ilimitados beneficios materiales para todos.
Desde mediados del siglo XVIII, y como reacción a las ideas científicas modernas y, más tarde, al impacto social de la Revolución Industrial, surgieron una serie de re- evaluaciones éticas de la ciencia y la tecnología, y después, de la medicina. La idea central de estas re-evaluaciones es observar que, aunque la ciencia y la tecnología son formas poderosas de conocimiento muy atractivas para la sociedad, y que con frecuencia, a primera vista, parecen promover el progreso, en muchas ocasiones se hallan también íntimamente ligadas a efectos colaterales no deseados o a resultados de segundo o tercer orden que están lejos de ser beneficiosos.
Es posible resumir estas tres actitudes --que pueden llamarse "escepticismo moral", "promoción moral" y "duda moral"-- por medio de la siguiente tabla:
Escepticismo moral
La ciencia y la tecnología son formas defectuosas de conoci- miento y formas de acción humana social- mente desestabilizado- ras.
Promoción moral
La ciencia y la tecnología son verdade- ras formas de conoci- miento y son social- mente beneficiosas
Duda moral
La ciencia y la tecnología constituyen formas poderosas de conocimiento y acción que son muy atractivas pero que a veces tienen efectos colaterales no deseados.ii
El Escorial, julio 2004
ciencia moderna, los científicos deberían adoptar alguna forma de ética social, entrando así en el campo del análisis de la política pública.
Si dejamos de lado el primer enfoque, que tiende a ser fundamentalmente teórico, el segundo y el tercero pueden describirse, respectivamente, como un análisis internalista y otro externalista sobre la ética en ciencia. Con respecto a los enfoques internalistas, el sociólogo Robert K. Merton identificó en 1940 lo que denominó el " ethos de la ciencia" o un "complejo de valores y formas que [son vividos] como imperativos para el hombre de ciencia". Cuatro principios se suponen centrales en este ethos : el universalismo o compromiso con la objetividad; el comunismo o la disposición a compartir el conocimiento; el desinterés, estrechamente relacionado con el universalismo y la objetividad; y el escepticismo organizado. Merton suponía que los científicos, especialmente en las sociedades democráticas, se rigen en general por estos ideales.
Durante la Segunda Guerra Mundial y la posterior guerra fría, la existencia de tal ethos fue con frecuencia esgrimida para defender la imposibilidad de que los regímenes fascistas o comunistas pudiesen promocionar la ciencia y beneficiarse de ella. En efecto, la oposición de científicos como Albert Einstein a la Alemania nazi o la crítica de Andrei Sajarov a la Unión Soviética fueron consideradas como una confirmación de este análisis. Además, en respuesta a las críticas de la ciencia por la creación de armas nucleares y su contribución a la contaminación ambiental, apologistas como Mario Bunge han defendido una distinción radical entre ciencia y tecnología. Para Bunge, la ciencia como conocimiento es neutral con respecto a la acción y, por tanto, moralmente inocente; sólo las acciones de la ciencia aplicada o la tecnología son susceptibles de juicio ético, siendo así capaces de culpabilidad moral.
Sin embargo, durante las últimas tres décadas, y especialmente durante los años 80, un cierto número de casos bien conocidos han comenzado a revelar públicamente que los científicos, incluso en occidente, con frecuencia fracasan en vivir de acuerdo con sus propios estándares éticos. La historia de James T. Watson en The Double Helix (1968)iv^ acerca de la carrera intensamente competitiva hacia el descubrimiento de la estructura del ADN, mostró que los científicos suelen estar poco dispuestos a compartir el conocimiento cuando éste puede ayudar a otros a arrebatarles un descubrimiento, y que la búsqueda del prestigio científico no es en absoluto desinteresada. La posterior lucha de David Baltimore, Premio Nobel y presidente de la Universidad Rockefeller, para invalidar las sospechas sobre presuntos datos fabricados en un artículo del que él era coautor, así como la disputa sobre el descubrimiento del virus del SIDA entre Robert Gallo, del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, y Luc Montangier, del Instituto Pasteur en París, sólo han conseguido aumentar el escepticismo acerca de la existencia de una rígida ética internalista de la ciencia que sea diferente de las otras élites que sirven a sus propios intereses. Los conflictos de intereses, la mala conducta y el fraude parecen en ocasiones tan comunes entre los científicos como entre otros muchos grupos. Esto ha dado lugar a que algunas organizaciones científicas respondan con esfuerzos específicos para promover una conducta más ética en la ciencia. La Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS -- American Association for the Advancement of Science ), por ejemplo, creó un Comité especial sobre la Libertad y la Responsabilidad Científica que en 1980 hizo público un informe titulado "Actividades de Etica Profesional en las Sociedades Científicas e Ingenieriles".v^ Pero el hecho de que sean los periodistas y políticos quienes han continuado sacando a la luz una buena parte de la conducta no profesional de la comunidad científica
El Escorial, julio 2004
pone en cuestión la tan repetida frase de que la ciencia es capaz de corregir sus propios errores.
Estos interrogantes respaldan la importancia de las perspectivas externalistas sobre la ética en la ciencia. El "contrato social" típico del siglo XX entre la ciencia y el estado consistía en que el estado debería proporcionar a la ciencia un gran apoyo económico, dejando a los científicos (al menos nominalmente) decidir entre ellos sobre su distribución, y que la ciencia a su vez debería proporcionar al estado armas poderosas y otros beneficios tecnológicos. La "ciencia pura" se veía como algo bueno en sí mismo y, a la vez, como algo que con el tiempo produciría numerosos beneficios prácticos. Pero los beneficios prácticos de la "ciencia aplicada" sólo podían alcanzarse si la ciencia recibía un apoyo y autonomía considerables, sin presiones para producir resultados con demasiada rapidez. Este contrato social, que tiene sus orígenes en la Primera Guerra Mundial pero que recibe su formulación más articulada en la obra Science- The Endless Frontier: A Report to the President on a Program for Postwar Scientific Research (1945) de Vannevar Bush, consejero científico de Estados Unidos, ha sido socavado por al menos cinco factores interrelacionados:
Muchos proyectos científicos (tales como la exploración espacial, los grandes aceleradores, y la investigación sobre el genoma humano) son tan caros que la financiación puede llegar a superar el PNB de un alto porcentaje de países industrializados avanzados, produciendo resultados (como el descubrimiento de un agujero negro o una nueva partícula subatómica) con poco valor práctico inmediato. El fin de la guerra fría ha privado a la ciencia del apoyo derivado de la rivalidad entre las superpotencias, al tiempo que otras necesidades sociales como la atención médica y la educación, así como los problemas de la degradación ambiental y la competencia económica global, contribuyen a desafiar al estado para renegociar su apoyo a la "investigación pura". Todo ello ha conducido también a una nueva discusión acerca de la clase de responsabilidad ética que deberían tener los ingenieros no sólo respecto a su profesión sino también con relación a la sociedad.
De este modo, algunas de la cuestiones éticas fundamentales con respecto a la ciencia pueden resumirse como sigue:
El Escorial, julio 2004
Ramírez, Edgar Roy (ed.) (1985), Ciencia, Responsabilidad y Valores , Cartago: Editorial Tecnológica de Costa Rica. 92 pp. Cinco ensayos críticos sobre la idea de que la ciencia es valorativamente neutral.
Ética nuclear
"La guerra moderna, la bomba y otros descubrimientos se nos presentan [...] no como un problema de física sino de ética."
-- Albert Einstein (1946) vi
Tanto para los científicos como para el público en general, el compromiso práctico de la física teórica respecto al uso de la energía nuclear en la fabricación de armas y la producción de energía eléctrica ha constituido el mayor estímulo individual para la revisión de la fe ilustrada en la ciencia moderna. Pueden distinguirse dos fases principales en la discusión resultante.
En primer lugar, los científicos e ingenieros nucleares de finales de los años 40 y pricipios de los 50 demostraron una creciente preocupación por las implicaciones políticas de las armas nucleares. Para Einstein y otros científicos, las armas nucleares alteraban esencialmente la condición humana y demandaban "una nuevo modo de pensamiento".vii^ Los intentos de promover esas nuevas formas de pensamiento pusieron en marcha el Bulletin of Atomic Scientists y el movimiento Pugwash. El Bulletin (que entre 1970 y 1974 cambió su nombre por el de Science and Human Affairs ) comenzó su publicación en 1945, inmediatamente después de la explosión de la primera bomba atómica, y continúa siendo una referencia necesaria (dos colecciones del Bulletin están incluidas en la posterior lista de referencias). El movimiento Pugwash, que recibe su nombre de la serie de conferencias original en Pugwash (Nueva Escocia) en 1957, ha tenido intereses más generales, aunque tiene su punto de partida en un manifiesto hecho público en 1955 por Albert Einstein y Bertrand Russell como respuesta a las pruebas nucleares con bombas de hidrógeno. A finales de los 50 y principios de los 60, ambos movimientos contribuyeron a la protesta pública contra las armas nucleares, que finalmente condujo al tratado de limitación de pruebas nucleares de 1963.
La "nueva forma de pensamiento" que hizo posible este tratado, sin embargo, dependió en gran medida de lo que podemos denominar el "apaño tecnológico", esto es, buscar una solución tecnológica para un problema social. Los principales partidos fueron en principio incapaces de llegar a un acuerdo acerca del tratado, dado que Estados Unidos comenzaba a transformarse en una sociedad más abierta, y se exigía más en los sistemas de inspección que en la Unión Soviética. El desarrollo de la ingeniería de los sistemas de control remoto, que no requerían inspección directa in situ , fue lo que ayudó a salvar las diferencias políticas. En efecto, muchos científicos nucleares comenzaron a defender que la fuerza disuasiva del poder nuclear era en sí misma un apaño tecnológico ante la amenaza de la guerra. Esta idea de que los problemas sociales, como el de la superpoblación, pueden abordarse no con cambios en la conducta humana, sino con inventos tecnológicos (no con la castidad, sino con anticonceptivos artificiales) se convirtió en una nueva manera de pensar acerca de muchos problemas éticos.viii
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En segundo lugar, a finales de la década de 1970 se produce un movimiento, relacionado con el movimiento ambiental, de reacción contra la energía nuclear y una protesta renovada contra el desarrollo de una nueva generación de armas nucleares. El tema de la energía nuclear fue dramatizado por el accidente en la central nuclear de Three Mile Island (Estados Unidos) en 1979, así como por el desastre más serio que tuvo lugar en Chernobyl (ex-Unión Soviética) en 1986. El tema de la armas nucleares recibió ímpetu por el hundimiento de la distensión, por la Iniciativa de Defensa Estratégica o "guerra de las galaxias" del presidente Reagan (anunciada en marzo de 1983), y por una epístola pastoral de la conferencia de obispos católicos de Estados Unidos criticando las armas nucleares (mayo de 1983) con el apoyo de la encíclica Pacem In Terris (1963) del Papa Juan XXIII.
Con el fin de la guerra fría (1989), la discusión entra en una tercera fase y el énfasis se desplaza hacia los problemas de desmantelamiento y destrucción de las armas nucleares, las amenazas de la proliferación nuclear, y de nuevo hacia los peligros y presunta necesidad de la energía nuclear.
Las cuestiones éticas fundamentales que reaparecen con diversos énfasis en todas las fases de estas discusiones, pueden resumirse como sigue:
Referencias
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Born, Max y Hedwig Born (1971), Ciencia y Conciencia en la Era Atómica , Madrid: Alianza, 206 pp. Reflexiones personales de Max Born y su esposa.
Cohen, Avner y Steven Lee (eds.) (1986), Nuclear Weapons and the Future of the Humanity: The Fundamental Questions. Totawa; NJ: Rowman. xii + 496 pp. Las dos "cuestiones
El Escorial, julio 2004
Ética ambiental
Las primeras éticas han tratado el tema de las relaciones entre los individuos; el Decálogo de Moisés es un ejemplo [...] La Regla de Oro ha sido tratar de integrar lo individual en lo social [...] Es como si aún no hubiera una ética que trate de las relaciones del individuo con la tierra y con los animales y plantas que crecen sobre ella [...] Nuestra relación con la tierra es aún estrictamente económica, entrañando privilegios, pero no obligaciones. La extensión de la ética a este tercer elemento en el entorno humano es [...] una posible evolución y una necesidad ecológica. --- Aldo Leopold (1949) ix
En contraste con la crítica ética de las bombas nucleares, que a menudo ha sido promocionada por, e identificada con, el cristianismo, la ética ambiental ha estado asociada durante su periodo de concepción disciplinar con un intensa crítica de la tradición cristiana. En "The Historical Roots of Our Ecologic Crisis" (1967), un artículo que se convirtió en grito de guerra de los primeros movimientos ecologistas, el historiador medieval Lynn White Jr. defendía que la creencia judeo-cristiana en los seres humanos como seres creados a imagen y semejanza de Dios para dominar la tierra, creencia especialmente manifestada en la tradición cristiana occidental, ha sido un factor decisivo que contribuyó a la explotación de la naturaleza "con total indiferencia respecto a los sentimientos de los objetos naturales". Como resultado, "el cristianismo posee gran parte de la culpa" de la degradación del medio.x
El dictamen acerca del cristianismo de White se halla anticipado por la tradición literaria norteamericana que parte de Henry David Thoreau (1817-1862), pasa por John Muir (1838-
Este impulso recibió fundamentación filosófica gracias a ensayos como el de Arne Naess "The Shallow and the Deep, Long-Range Ecological Ethic?" ( Inquiry , 1973) y el de Holmes Roston III ( Ethics , 1975). Pero la fundación de la revista Environmental Ethics (en 1979) fue el punto de inflexión en la emergencia de una reflexión disciplinar sobre ética ambiental. Desde entonces, la ética ambiental se ha desarrollado enormemente, junto con una multitud de estudios en ecología natural, explosión demográfica, disminución de recursos, contaminación y cambios climáticos globales. Pero los elementos éticos básicos implican las siguientes cuestiones claves:
El Escorial, julio 2004
Un punto central para comprender los debates en torno a estas preguntas es la distinción entre conservación y preservación. La primera de ellas procura administrar los recursos naturales con el fin de maximizar los beneficios humanos, precisamente porque son útiles para los seres humanos, mientras que la segunda trata de proteger la naturaleza de la contaminación humana, no a causa de su utilidad, sino porque la naturaleza, especialmente entendida como estado salvaje, tiene un valor intrínseco. De hecho, el término "ética ambiental", por su propio énfasis en lo que se encuentra en torno a los seres humanos, tiende a implicar la primera acepción. Pero la crítica ambiental del cristianismo también se ha ampliado a un ataque contra gran parte de la tradición secular occidental, llegando a formular una serie de propuestas de "ecología profunda" sobre nuevas formas de pensar acerca de la naturaleza que justificarían la delimitación y restricción del uso humano de todo aquello que posee un valor intrínseco en la naturaleza. Dos versiones distintas de esta ecología profunda son los programas de ecología social neo-marxista (Murray Bookchin) y el ecofeminismo (Carolyn Merchant).
El reconocimiento de una distinción entre cuatro tipos de impactos ambientales resulta también de gran ayuda a la hora de reflexionar sobre esos elementos básicos. El primero es la simple sobreutilización de la naturaleza: exceder la tasa de caza de un bosque, la de pesca de un río, la de pasto de un terreno. En general, la respuesta a este tipo de problemas ha sido siempre la de desarrollar métodos de gestión más eficaces. El segundo tipo de impacto es el de una excesiva concentración local de productos de desecho naturales tales como excrementos animales o humanos. "La solución a este tipo de contaminación es la disolución". En tercer lugar, se halla la introducción en el medio de materiales que no forman parte de ningún ecosistema establecido en cantidades que tienen como consecuencia un impacto ambiental estrictamente local. Podemos citar como ejemplos muchos productos químicos sintéticos, desde el DDT a los plásticos, algunos de los cuales constituyen serias amenazas para los organismos vivos, en especial los humanos, y son de esta manera clasificados como tóxicos. La respuesta suele ser o bien regular la producción de estos productos químicos o bien buscar modos de reducirlos, reciclarlos o aislarlos.
En cuarto lugar, está la introducción de productos naturales o sintéticos en tal cantidad que causen ya no sólo cambios ambientales locales, sino globales. Algunos ejemplos son el incremento en la atmósfera de gases invernadero como el CO 2 (un elemento natural) y la emisiones de CFCs (un compuesto sintético que destruye el ozono de la estratosfera). Los desechos radioactivos de las armas y plantas nucleares constituyen otro ejemplo de este cuarto tipo de contaminación debido a su impacto a largo plazo y su potencial catastrófico. La respuesta a estos impactos ha sido un esfuerzo intensificado por controlar el cambio ambiental global (por ejemplo, mediante una ciencia del sistema tierra) y la creación de procedimientos internacionales que se ocupen, e.g. , de los productos químicos tóxicos y los residuos nucleares.
A la luz de la oposición entre conservación y preservación, este estímulo hacia una gestión verde global es a un mismo tiempo irónico y cuestionable. Una de la ironías es que fue precisamente el alunizaje del Apolo en 1969, un gran logro del "proyecto de dominación", el que nos llevó a los ojos las imágenes de una tierra azul y verde frente a un desolado paisaje
El Escorial, julio 2004
Rolston, Holmes III (1989), Philosophy Gone Wild: Essays in Environmental Ethics , Prometheus Books, 269 pp. Se trata de un conjunto de ensayos publicados previamente entre los que se encuentra "¿Existe una ética ecológica?" ( Ethics , 1975) un artículo pionero en la materia.
Sachs, Wolfgang (ed.) (1993), Global Ecology: A New Arena of Political Conflict , Londres: Zed Books, xvii + 262 pp.
Stone, Christopher (1988), Should Trees Have Standing? Toward Legal Rights for Natural Objects , 2ª ed., Palo Alto, CA: Tioga, xxi + 102 pp. Se trata del clásico argumento acerca de que los seres no humanos poseen derechos naturales y por tanto "entidad" frente a los tribunales legales.
Van der Veer, Donald y Christine Pierce (eds.) (1986), People, Penguins and Plastic Trees: Basic Issues in Environmental Ethics , Belminot (Ca.): Wadsworth. Una buena recopilación general de lecturas.
White, Lynn Jr. (1973), Machina ex Deo: La Tecnología y la Cultura , México: Editores Asociados. Incluye el famoso artículo de White "The Historical Roots of Our Ecologic Crisis" ( Science , 1967).
Wilson, Edward O. (1984), Biophilia , Cambridge, MA: Harvard University Press. "La biología moderna ha proporcionado una forma genuinamente nueva de contemplar el mundo [y] en la medida en que lleguemos a entender a otros organismos, les otorgaremos más valor, a ellos y a nosotros mismos".
Zimmerman, Michael E. et al. (eds.) (1993), Environmental Philosophy: From Animal Rights to Radical Ecology , Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall. x + 437 pp. Una serie de ensayos sobre enfoques generales en ética ambiental, ecología profunda, ecofeminismo y ecología social. Incluye un trabajo de Arne Naess.
Ética medica y bioética
[La bioética es] la respuesta de la ética tradicional a las tensiones y urgencias que se han originado en virtud de los nuevos descubrimientos y tecnologías. La ética se ha visto obligada, no a encontrar nuevos principios o fundamentos, sino a extraer todas las implicaciones relevantes de los que ya posee.
--- K. Danner Clouser (1978) xii
Los países desarrollados gastan cada año más dinero en sanidad que en armas nucleares, plantas energéticas o cualquier otra fuente de contaminación ambiental. La medicina es también el campo en el que los avances tecnológicos tienen un impacto más inmediato sobre un gran número de personas. No es sorprendente entonces que la ética biomédica sea el área más desarrollada de interacción entre la ética y la tecnología.
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La ética biomédica es un campo con muchos y excelentes manuales, revistas especializadas, su propia enciclopedia y una extensa bibliografía anual. A causa de su necesaria implicación con la ética médica profesional, la bioética también se caracteriza por poseer una raíces históricas más importantes que las del resto de disputas y discusiones contemporáneas sobre ética en otros campos de la tecnología.
El campo de la bioética podría dividirse en diferentes cuestiones morales relacionadas con los diversos estadios de la vida humana. El aborto, la fertilización in vitro , la experimentación fetal o las madres de alquiler son todos ellos temas relacionados con el comienzo de la vida. Las relaciones médico-paciente, junto con aquellas cuestiones relacionadas con la privacidad, confidencialidad y consentimiento informado, afectan al cuidado médico de los adultos. Los trasplantes de órganos y la eutanasia son temas asociados al final de nuestras vidas. Cubriendo todos los estadios de la vida se encuentran las preguntas acerca de la política de sanidad o la distribución de los escasos recursos médicos, los procedimientos de la investigación biomédica (incluyendo la experimentación con animales) y las perspectivas especiales de enfermeras, psicólogos y asistentes sociales.
En cada una de estas áreas, las cuestiones bioéticas tienden a estructurarse en términos de afirmaciones en conflicto que apelan de formas diversas a los derechos de la persona, la utilidad social y la ley natural. A diferencia de lo que ocurre en ética nuclear y ética ambiental, la inclinación no es la de formular nuevos modos de pensar, sino la de intentar aplicar y reaplicar principios éticos tradicionales. Una serie de cuestiones relacionadas podrían formularse de la siguiente manera:
El Escorial, julio 2004
Referencias
Debido a la gran cantidad de literatura en este campo, el presente conjunto de referencias es el más selectivo de todos los facilitados en este artículo. No se ha intentado ni siquiera mencionar material alguno de las perspectivas sobre enfermería, psiquiatría, nutrición y otras especialidades biomédicas.
Beauchamp, Tom y James F. Childress (1994), Principles of Biomedical Ethics , 4ª ed., Nueva York: Oxford University Press, xv + 284 pp.
Callahan, Daniel (1985), The Tyranny of Survival: And Other Pathologies of Civilized Life , Lanham, MD: University Press of America, xv + 284 pp.
Engelhardt, H. Tristam (1986), Foundations of Bioethics , Nueva York: Oxford University Press, xvi + 398 pp.
Gracia, Diego (1989), Fundamentos de Bioética , Madrid: EUDEMA (ediciones de la Universidad Complutense), 620 pp. Se trata de un cuidadoso estudio de la historia de la bioética y la bioética fundamental (la fundamentación, el método y una bioética mínima) con numerosas referencias a casos de estudio.
Glover, Jonathan (1986), El Hombre Prefabricado: Problemas Eticos de la Ingeniería Genética , Barcelona: Ariel. Defiende la modificación de la naturaleza humana.
Hottois, Gilbert (1991), El Paradigma Bioético: Una Etica para la Tecnociencia , Barcelona: Anthropos, 205 pp.
Illich, Ivan (1975), Némesis Médica: La Expropiación de la Salud , Barcelona: Barral, 218 pp. Una crítica exhaustiva del estamento médico e implícitamente de toda la empresa bioética.
Häring, Bernard (1978), Etica de la Manipulación: En Medicina, en el Control de la Conducta y en Genética , trad. de E. Lator, Barcelona: Herder, 290 pp.
Jonsen, Albert R. et al. (1992), Clinical Ethics: A Practical Approach to Ethical Decisions in Clinical Medicine , 3ª ed., Nueva York: McGraw-Hill, x + 197 pp. Un libro de referencia práctica para los médicos.
Kieffer, George H. (1983), Bioética , trad. de E. Sánchez-Monje, Madrid: Alhambra, 495 pp. Traducción de un manual estándar norteamericano.
Lugo, Elena (1984), Etica Médica , Mayagüez (Puerto Rico): Librería Universal, 173 pp. Una perspectiva general de una filósofa que confía plenamente en el trabajo norteamericano.
Nelkin, Dorothy y Laurence Tancredi (1989), Dangerous Diagnostics: The Social Power of Biological Information , Nueva York: Basic Books, x + 207 pp. Expone cómo se utilizan el sondeo genético, la cartografía del ADN, las pruebas del SIDA, la tomografía por emisión de positrones y las evaluaciones psiquiátricas en los lugares de trabajo, escuelas y tribunales.
El Escorial, julio 2004
Reich, Warren T. (ed.) (1978), Encyclopedia of Bioethics , 4 vols. Nueva York: Free Press, 1933 pp.
Sanmartín, José (1988), Los Nuevos Redentores: Reflexiones sobre la Ingeniería Genética, la Sociobiología y el Mundo Feliz que nos Prometen , Barcelona: Anthropos, 206 pp. La introducción más completa a las cuestiones bioéticas de la ingeniería genética.
Suzuki, David y Peter Knudtson (1990), GenEtica , trad. de J. Sanmartín y M. Vicedo, Madrid: Tecnos, 1991.
Veatch, Robert M. (1983), A Theory of Medical Ethics , Nueva York: Basic Books, 1983, xi + 387 pp. Un contrato social entre el paciente y el médico como iguales es necesario para conseguir el mejor cuidado médico posible.
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Waters, LeRoy et al. (1975-1994), Bibliography of Bioethics , vols. 1-6, Detroit: Gale (1975- 1980); vols. 7-9, Nueva York: Free Press (1981-1983); vols. 10-presente (con Tamar Joy Kahn como coautor), Washington, DC: Kennedy Institute of Ethics (1984-1994). Los primeros volúmenes tienen aproximadamente unas 200 páginas cada uno, los últimos en torno a las 600. Cada volumen está dividido en aproximadamente 50 secciones y subsecciones con índices por disciplinas y temas.
Ética de los ordenadores y otras tecnologías electrónicas de tratamiento de información
Los avances en las tecnologías de la comunicación y computación de datos han dado como resultado la necesidad de reevaluar la aplicación de principios éticos y establecer nuevos acuerdos sobre las prácticas éticas. [Se trata de una tarea ardua por diversas razones] En primer lugar, los ordenadores y la comunicación de datos alteran las relaciones entre las personas [...] En segundo lugar, la información conservada y transmitida en forma electrónica, magnética u óptica es mucho más frágil que la información sobre un papel [...] Finalmente, las relaciones comerciales se basan en firmas hechas a mano y casi todas las relaciones electrónicas tienen lugar sin firma alguna.
--- Donn B. Parker (1990) xiv
Las dos tecnologías que presentan los desafíos éticos más profundos y generales son las de la biología y de la información, las bases física y espiritual de la vida y cultura humanas. Del mismo modo que la ciencia y tecnología biomédicas han transformado y transforman el pensamiento y las prácticas humanas en relación al cuerpo, las tecnologías de la información están alterando el pensamiento y la práctica en relación a lo que una vez fue llamado el espíritu. De hecho, la sustitución del término "conocimiento" (y su correlato "sabiduría") por el término "información" es un caso sintomático de esta transformación.
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pueden, sin embargo, relacionarse con los desafíos más generales señalados por Weizenbaum. De hecho, el término "ética de los ordenadores" es innecesariamente restrictivo, ya que los temas más candentes respecto a los ordenadores pueden asociarse con los suscitados en torno a otros medios de comunicación, desde los medios de comunicación impresos a la TV. Entre estos temas se encuentran:
El primero de los casos, esto es, las amenazas a la vida privada, la confidencialidad y la seguridad, ha dado lugar a nuevas formas de pensamiento, no sólo en la sociedad en general (el reconocimiento general del derecho a la privacidad), sino también dentro del conjunto de los profesionales del ordenador. Por ejemplo, una de la sociedades de profesionales informáticos más importantes, la Association for Computing Machinery (ACM), ha añadido a su código de conducta profesional la siguiente cláusula (canon 5, consideración ética 2):
"Un miembro de la ACM, siempre que esté manipulando datos concernientes a individuos, deberá considerar el principio de la privacidad individual y tratar de:
Tales esfuerzos profesionales para tener en cuenta los intereses sociales generales en torno al derecho de privacidad constituyen claramente intentos no sólo de reevaluar la aplicación de ciertos principios éticos tradicionales, sino también de establecer nuevos acuerdos acerca de los principios y las prácticas relacionadas con la presencia de los ordenadores y otras nuevas tecnologías del tratamiento de información.
Referencias
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El Escorial, julio 2004
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Marías, Julián (1985), Cara y Cruz de la Electrónica , Madrid: Espasa-Calpe, 103 pp. Una introducción general a los cambios sociales debidos a la introducción de los medios electrónicos de comunicación.
Parker, Donn B., Susan Swope y Bruce N. Baker (1990), Ethical Conflicts in Information and Computer Science, Technology and Business , Wellesley, MA: QED Information Sciences, ix
Pylyshyn, Zenon W. (ed.) (1975), Perspectivas de la Revolución de los Computadores , Madrid: Alianza, 695 pp. El capítulo 8, "Consecuencias éticas y morales" incluye los artículos: "Las responsabilidades sociales de las personas que trabajan con computadores" de C. Berkeley, "Seguridades legales para garantizar la intimidad en una sociedad de computadores" de Alan F. Westin y "Un Ethos para la era de la cibercultura" de Alice Mary Hilton.
Roszak, Theodore (1988), El Culto a la Información , Barcelona: Crítica, 277 pp. Se trata de una crítica popular.
Turkle, Sherry (1984), El Segundo Yo: Las Computadoras y el Espíritu Humano , Buenos Aires: Galápago, 349 pp. Se ocupa de los impactos psicológicos del uso de los ordenadores.
Weizenbaum, Joseph (1978), La Frontera entre el Ordenador y la Mente , Madrid: Pirámide, 230 pp.
Ética ingenieril
Todas las personas listadas en el registro de FEANI [Federación Europea de Asociaciones Nacionales de Ingenieros] tienen la obligación de ser conscientes de la importancia de la ciencia y la tecnología para la humanidad y de sus responsabilidades sociales en el desempeño de sus actividades profesionales.
--- Código de Conducta Feani (1988) xix
El papel central y la responsabilidad de los profesionales técnicos en los problemas de ética de la ciencia y la tecnología, tal como se ejemplifica en el código ético de la ACM, ha sido desarrollado fundamentalmente por la profesión ingenieril. Además, la ética ingenieril, más