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El contexto histórico que condujo a la fundación del regionalismo catalán en el principado de cataluña a principios del siglo xx. Se detalla la frustración económica y política de los catalanes, la importancia de la identidad catalana y la separación de poderes en españa. Además, se menciona la creación del partido 'la lliga regionalista' y la figura de enric prat de la riba. Se destaca la importancia del sufragio universal masculino y la implantación de la escuela moderna.
Tipo: Apuntes
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La catástrofe colonial de fin de siglo provocó una protesta general en el Principado contra el desgobierno del estado. Los elementos económicos pusieron su confianza en el general Polavieja, que había regresado de Filipinas y prometía un programa de reformas, algunas de tendencia descentralizadora o regionalista. Al fracasar la casi totalidad de estos elementos se funda la Unión Regionalista.
El regionalismo catalán tiene importancia en las Cortes y en los Ayuntamientos, pero no lo suficiente como para influir decisivamente en el poder. La existencia de este regionalismo se debe a la sensación de marginación que tienen algunos catalanes. La burguesía catalana quiere la política proteccionista, pero los gobiernos españoles (conservadores o liberales) se niegan. Hecho éste que genera el sentimiento de marginación que hemos mencionado antes. También es fundamental la separación de los poderes que hay en España (Madrid: centro del poder político / Barcelona: centro del poder económico).
A lo largo del siglo XIX (sobre todo al final) hay un proceso por el cual se identifica los intereses de clase de la burguesía catalana con los intereses regionalistas de toda Cataluña. Todo esto se mezcla con el renacer de una identidad catalana, ligada a la lengua y la literatura: Romanticismo, que en Cataluña se llama “Renaixença”.
El desastre del 98 es impresionante. Todo el mundo en contra de España nación. Tanto para la burguesía catalana como para la vasca, la idea centralista de España era una rémora para el desarrollo industrial de esas instituciones.
Hay un antes y un después del 98 en el regionalismo catalán y vasco. La crisis de la concepción unitaria y centralista de España genera unos movimientos de replanteamiento entre España y la periferia. El regionalismo catalán quiere un reequilibrio y el reparto del poder. A partir de ahí, en el regionalismo catalán surge un regeneracionismo. Esto requiere que Cataluña, como la región más avanzada de España asuma su reconstrucción desde la periferia, porque el edificio construido hasta al siglo XIX se estaba desmoronando.
Esto cuaja en 1901 con la creación del partido “La Lliga regionalista” cuyo líder será Enric Prat de la Riba. Quieren que Cataluña tenga cabida en España desde la modernización y la descentralización del estado.
En el sistema canovista había una gran anomalía política: la no correspondencia del poder político con el económico. Hay una cifra exigua de ministros y presidentes españoles de origen catalán.
La Lliga, a pesar de ser un partido conservador, se ve presionada muchas veces a jugar la baza del radicalismo, formando coaliciones electorales y frentes de oposición que integran a sectores importantes de la izquierda, especialmente en 1907, cuando la Liga vertebra la coalición “Solidaridad Catalana” para las generales y que obtendrá 41 de los 44 escaños en juego.
Esto fue un grave aviso a Madrid del poder que encarnaba la Lliga. La Lliga se debate entre su afán por la participación en la reconstrucción de España y el énfasis puesto en la Autonomía Catalana.
La concurrencia a las elecciones generales del 19 de mayo de 1901 - las primeras del flamante siglo XX ofreció, en la circunscripción de Barcelona, dos novedades significativas. Una de ellas era la entrada en liza de una candidatura catalanista -llamada «dels Quatre Presidents» - que iba a ser el hito fundacional de la Lliga Regionalista. La otra fue la presentación de una lista de confusa amalgama republicana en cuyo seno, junto a dos ilustres septuagenarios (Francesc Pi i Margall y Nicolás Salmerón) y a otros dos respetables cincuentones (Tiberio Ávila y Josep Maria Vallès i Ribot), aparecía un personaje de treinta y siete años recién cumplidos, periodista de extrema izquierda y presidente a la sazón de la Juventud Republicana de Madrid: su nombre era Alejandro Lerroux García.
La implantación del sufragio universal masculino en 1890 y la unificación del Plano de Barcelona, que creó una entidad municipal de medio millón de personas, variaron de manera sustancial el panorama político en la capital de Cataluña y, de rebote y progresivamente, en el resto de Cataluña.
La celebración de elecciones municipales limpias, en 1901, dio como resultado en Barcelona el arrinconamiento de los partidos dinásticos y el primer esbozo de un sistema de partidos específico, con la Liga Regionalista y los republicanos como fuerzas hegemónicas. A partir de este triunfo electoral, revalidado en 1903, las Diputaciones provinciales, hasta ahora denostadas por los regionalistas, se convirtieron en objetivo a conquistar, como segunda plataforma – después del municipio de Barcelona- para reconstruir la personalidad política de Cataluña.
Francesc Ferrer i Guàrdia fundó en 1901 la Escuela Moderna, centro que sacó de su temario la asignatura de religión y destacó por sus avances pedagógicos, como proclamaba su propio nombre. "Fue el