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aronson, Apuntes de Psicología

Asignatura: Metodología Experimental, Profesor: Juan Delgado Sánchez Mateos, Carrera: Psicología, Universidad: USAL

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 03/06/2013

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EL EFECTO DE LA SEVERIDAD DE LA INICIACION SOBRE LA INCLINACION POR UN GRUPO
ELLIOT ARONSON
Stanford University
y JUDSON MILLS
U.S. Army Leadership Human Research Unit, HumRRO
Artículo publicado en Journal of Abnormal and Social Psychology, 1959. Vol. 59, 177-181.
Es frecuente observar que las personas que atraviesan por una
gran dificultad o dolor para lograr algo, tienden a valorarlo
más que las personas que alcanzan esa misma cosa con un
mínimo esfuerzo. Por ejemplo, podría esperarse que quienes
han de viajar a través de grandes distancias para ver una
película quedasen más impresionadas por ella que aquellas
que ven la misma película en un cine cercano. Del mismo
modo, individuos a los que se somete a una iniciación dura,
desagradable, severa, para conseguir ser admitidos en un club
o en una organización, tienden a valorar más esa
organización que aquellos que no pasan por una iniciación
dura para ser admitidos.
Hay dos problemas relevantes en este punto: 1. ¿Es valida
esta "observación cotidiana", es decir, seguirá siendo cierta
cuando se la someta a prueba bajo condiciones controladas?
2. Y, si la observación es válida, ¿cómo explicarlo?. Las
relaciones pueden ser simplemente el resultado de diferencias
iniciales de motivación. Siguiendo con el tema de las
iniciaciones, las personas que originalmente tienen un fuerte
deseo de ingresar en un club determinado estarían más
dispuestas a pasar por situaciones desagradables para
conseguir la admisión que las personas que tienen poco
interés inicial. Por lo tanto, si un club exige una iniciación
dura o desagradable para la admisión, tenderían a
incorporarse a él sólo aquellas personas con un fuerte deseo
de convertirse en miembros. Por otra parte, un club que no
requiera una iniciación severa estaría constituido por algunos
individuos que deseen mucho pertenecer a él y por otros que
estén relativamente poco interesados. A causa de esta
autoselección, uno debería esperar que las personas que son
miembros de un club que exige iniciaciones desagradables
pensaran más positivamente sobre su club, en promedio, que
los miembros de clubes sin iniciaciones severas.
Pero, ¿hay algo en la iniciación por si misma que pueda
explicar esta relación? ¿Se relaciona positivamente la dureza
de la iniciación con la valoración de pertenecer a un grupo si
se mantiene constante la motivación de ser admitidos? Tal
relación esta implícita en la teoría de Festinger de la
Disonancia Cognitiva (1957). La teoría de la Disonancia
Cognitiva predice esta relación de la siguiente manera.
Independientemente de lo atractivo que un grupo pueda
resultar para una persona, raramente es del todo satisfactorio,
es decir, casi siempre hay aspectos del grupo que no le gustan
al individuo. Si ha tenido que superar una iniciación
desagradable para obtener la admisión en el grupo, su
cognición de haber tenido que pasar una experiencia
desagradable para ser miembro es disonante con su cognición
de que hay cosas del grupo que no le gustan. Puede reducir su
disonancia de dos maneras. Puede convencerse a si mismo
que la iniciación no fue tan desagradable, o puede exagerar
las características positivas del grupo y minimizar los
aspectos negativos. En la medida en que crece la dureza de la
iniciación se hace cada vez más difícil sostener que la
iniciación no fue tan mala. De esta manera la persona que ha
vivido una iniciación dolorosa antes de ser miembro de un
grupo tendería a reducir su disonancia sobrestimando el
atractivo del grupo. La hipótesis concreta sometida a prueba
en el presente estudio es que los individuos que pasan por una
iniciación severa para llegar a ser miembros de un grupo
incrementan su valoración positiva del mismo; esto es,
encuentran el grupo más atractivo que las personas que llegan
a ser miembros del grupo sin una iniciación severa.
MÉTODO.
Para diseñar el experimento fue necesario hacer que la gente
formara parte de grupos similares en todos los aspectos
excepto en la severidad de la iniciación previa a la admisión,
y después medir la opinión o la evaluación que hacía cada
sujeto respecto del grupo. También fue preciso aleatorizar la
motivación inicial de los sujetos (Ss.) por pertenecer a los
diversos grupos, con el objeto de reducir los efectos
sistemáticos de las diferencias en motivación. Estos
requisitos se consiguieron de la siguiente forma: se
obtuvieron voluntarios para participar en discusiones en
grupo. Se les asignó aleatoriamente a una de las tres
condiciones experimentales: Una condición de iniciación
"severa", una condición de iniciación "suave" y una
condición "control". En la condición "severa", se pidió a los
Ss. que leyeran en voz alta un material perturbador antes de
entrar a formar parte del grupo, en la condición "suave" se les
hizo leer un material no tan turbador; y por último, los sujetos
del grupo control no tuvieron que leer nada para ser
miembros del grupo. Cada S. escuchó la misma grabación de
lo que parecía ostensiblemente una discusión, o debate,
mantenido por los miembros del grupo al que acaba de
incorporarse. Los Ss. experimentales evaluaron después la
discusión .
Las Ss. fueron 63 universitarias. 33 de ellas se prestaron
voluntarias para participar en una serie de discusiones en
grupo sobre Psicología de la Sexualidad. Las restantes treinta,
a las que se pasó la prueba unos días más tarde, fueron
"voluntarias forzosas" del curso de psicología, ya que
prefirieron participar en el grupo de debate sobre la
Psicología de la Sexualidad a tomar parte en otros
experimentos. Se analizaron conjuntamente los datos de una
y otra muestra, ya que los resultados obtenidos en ambas
fueron muy similares.
Cada S. se había de incorporar a un grupo de forma
individual. Cuando la chica llegaba a la habitación
experimental, el experimentador (E.) le decía que estaba
moderando unos debates sobre Psicología de la Sexualidad.
Le informaba de que iba a formar parte de un grupo que ya se
había reunido anteriormente desde hace varias semanas, y
que ella ocuparía el puesto de una chica que había tenido que
dejar el grupo porque le coincidían los horarios. El E.
aseguraba que el debate acababa de empezar y que la S.
podría reunirse con los otros miembros del grupo en cuanto él
le explicase la naturaleza del experimento. El propósito de las
instrucciones antes mencionadas era hacer creer al sujeto que
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EL EFECTO DE LA SEVERIDAD DE LA INICIACION SOBRE LA INCLINACION POR UN GRUPO

ELLIOT ARONSON

Stanford University y JUDSON MILLS U.S. Army Leadership Human Research Unit, HumRRO

Artículo publicado en Journal of Abnormal and Social Psychology , 1959. Vol. 59, 177-181.

Es frecuente observar que las personas que atraviesan por una gran dificultad o dolor para lograr algo, tienden a valorarlo más que las personas que alcanzan esa misma cosa con un mínimo esfuerzo. Por ejemplo, podría esperarse que quienes han de viajar a través de grandes distancias para ver una película quedasen más impresionadas por ella que aquellas que ven la misma película en un cine cercano. Del mismo modo, individuos a los que se somete a una iniciación dura, desagradable, severa, para conseguir ser admitidos en un club o en una organización, tienden a valorar más esa organización que aquellos que no pasan por una iniciación dura para ser admitidos.

Hay dos problemas relevantes en este punto: 1. ¿Es valida esta "observación cotidiana", es decir, seguirá siendo cierta cuando se la someta a prueba bajo condiciones controladas?

  1. Y, si la observación es válida, ¿cómo explicarlo?. Las relaciones pueden ser simplemente el resultado de diferencias iniciales de motivación. Siguiendo con el tema de las iniciaciones, las personas que originalmente tienen un fuerte deseo de ingresar en un club determinado estarían más dispuestas a pasar por situaciones desagradables para conseguir la admisión que las personas que tienen poco interés inicial. Por lo tanto, si un club exige una iniciación dura o desagradable para la admisión, tenderían a incorporarse a él sólo aquellas personas con un fuerte deseo de convertirse en miembros. Por otra parte, un club que no requiera una iniciación severa estaría constituido por algunos individuos que deseen mucho pertenecer a él y por otros que estén relativamente poco interesados. A causa de esta autoselección, uno debería esperar que las personas que son miembros de un club que exige iniciaciones desagradables pensaran más positivamente sobre su club, en promedio, que los miembros de clubes sin iniciaciones severas.

Pero, ¿hay algo en la iniciación por si misma que pueda explicar esta relación? ¿Se relaciona positivamente la dureza de la iniciación con la valoración de pertenecer a un grupo si se mantiene constante la motivación de ser admitidos? Tal relación esta implícita en la teoría de Festinger de la Disonancia Cognitiva (1957). La teoría de la Disonancia Cognitiva predice esta relación de la siguiente manera. Independientemente de lo atractivo que un grupo pueda resultar para una persona, raramente es del todo satisfactorio, es decir, casi siempre hay aspectos del grupo que no le gustan al individuo. Si ha tenido que superar una iniciación desagradable para obtener la admisión en el grupo, su cognición de haber tenido que pasar una experiencia desagradable para ser miembro es disonante con su cognición de que hay cosas del grupo que no le gustan. Puede reducir su disonancia de dos maneras. Puede convencerse a si mismo que la iniciación no fue tan desagradable, o puede exagerar las características positivas del grupo y minimizar los aspectos negativos. En la medida en que crece la dureza de la iniciación se hace cada vez más difícil sostener que la iniciación no fue tan mala. De esta manera la persona que ha vivido una iniciación dolorosa antes de ser miembro de un

grupo tendería a reducir su disonancia sobrestimando el atractivo del grupo. La hipótesis concreta sometida a prueba en el presente estudio es que los individuos que pasan por una iniciación severa para llegar a ser miembros de un grupo incrementan su valoración positiva del mismo; esto es, encuentran el grupo más atractivo que las personas que llegan a ser miembros del grupo sin una iniciación severa.

MÉTODO.

Para diseñar el experimento fue necesario hacer que la gente formara parte de grupos similares en todos los aspectos excepto en la severidad de la iniciación previa a la admisión, y después medir la opinión o la evaluación que hacía cada sujeto respecto del grupo. También fue preciso aleatorizar la motivación inicial de los sujetos (Ss.) por pertenecer a los diversos grupos, con el objeto de reducir los efectos sistemáticos de las diferencias en motivación. Estos requisitos se consiguieron de la siguiente forma: se obtuvieron voluntarios para participar en discusiones en grupo. Se les asignó aleatoriamente a una de las tres condiciones experimentales: Una condición de iniciación "severa", una condición de iniciación "suave" y una condición "control". En la condición "severa", se pidió a los Ss. que leyeran en voz alta un material perturbador antes de entrar a formar parte del grupo, en la condición "suave" se les hizo leer un material no tan turbador; y por último, los sujetos del grupo control no tuvieron que leer nada para ser miembros del grupo. Cada S. escuchó la misma grabación de lo que parecía ostensiblemente una discusión, o debate, mantenido por los miembros del grupo al que acaba de incorporarse. Los Ss. experimentales evaluaron después la discusión.

Las Ss. fueron 63 universitarias. 33 de ellas se prestaron voluntarias para participar en una serie de discusiones en grupo sobre Psicología de la Sexualidad. Las restantes treinta, a las que se pasó la prueba unos días más tarde, fueron "voluntarias forzosas" del curso de psicología, ya que prefirieron participar en el grupo de debate sobre la Psicología de la Sexualidad a tomar parte en otros experimentos. Se analizaron conjuntamente los datos de una y otra muestra, ya que los resultados obtenidos en ambas fueron muy similares.

Cada S. se había de incorporar a un grupo de forma individual. Cuando la chica llegaba a la habitación experimental, el experimentador (E.) le decía que estaba moderando unos debates sobre Psicología de la Sexualidad. Le informaba de que iba a formar parte de un grupo que ya se había reunido anteriormente desde hace varias semanas, y que ella ocuparía el puesto de una chica que había tenido que dejar el grupo porque le coincidían los horarios. El E. aseguraba que el debate acababa de empezar y que la S. podría reunirse con los otros miembros del grupo en cuanto él le explicase la naturaleza del experimento. El propósito de las instrucciones antes mencionadas era hacer creer al sujeto que

existía grupo de debate y de esta manera hacer verosímil la discusión grabada a la que ella iba a asistir.

El E. le "explicaba" el objeto del experimento. Le decía que estaba realizando una investigación sobre los "procesos dinámicos de los debates en grupo". Si se había elegido la sexualidad como tema había sido por ofrecer un material lo suficientemente atractivo como para que se presentasen voluntarios sin dificultad. El E. continuaba con lo siguiente:

"Pero el hecho de que los debates traten de sexo hace que la gente plantee principalmente un problema. Aunque la mayoría de las personas están interesadas en el sexo, a menudo los participantes se muestran tímidos cuando hay que entrar en discusión acerca de ese tema. Y esto es muy negativo desde el punto de vista del experimento; si una o dos personas no se atreven a participar con la naturalidad con que suelen hacerlo en las tertulias con los amigos porque se sienten turbados al hablar de sexo, se distorsiona la imagen que se obtiene acerca del proceso de discusión. Por ello es sumamente importante disponer las cosas de tal modo que los miembros del grupo hablen tan libremente y con tanta franqueza como sea posible. Hemos encontrado que el factor que más les inhibe a la hora de la discusión es la presencia de otras personas en la habitación. De algún modo es más fácil hablar sobre temas escabrosos cuando nadie te mira. Para solucionar esto, se nos ocurrió una idea que parece que funciona. Cada miembro del grupo se sitúa en una habitación separada y los participantes se comunican a través de un intercomunicador con auriculares y micrófono. De esta manera hemos conseguido que la gente se relaje y que además aumenten su participación individual"

La explicación precedente servía de pretexto para presentar la cinta grabada, que según se le decía a la S., era una discusión en vivo llevada a cabo por tres personas en tres habitaciones distintas.

El E. mencionaba que, a pesar de esta precauciones, ocasionalmente algunas personas se sentían demasiado turbadas como para implicarse en la discusión, y había que invitarlas a abandonar el grupo de debate. Entonces le preguntaba a la S. si pensaba que podría hablar libremente sobre sexo. La chica invariablemente contestaba que sí. En este punto, a las Ss. de la condición de control se les dijo que ya podrían ser miembros del grupo

En las otras dos condiciones, el E. continuó diciendo a las Ss. que era muy violento para él tener que pedir a la gente que dejara el grupo una vez que formaban parte de él. Por esto, había decidido evaluar a los candidatos antes de admitirlos en los grupos de debate. Se describió la estrategia de evaluación como un "test de turbación", que consistía en leer en vez en voz alta material de naturaleza sexual en presencia del E. Se dijo a las Ss. que el E. se formaría un juicio clínico sobre su grado de turbación, basándose en su indecisión, sonrojo, etc. y ese juicio determinaría si la S. estaba o no capacitada para participar en el debate. Insistió en que no estaba obligada a realizar este test, pero no podría ser miembro del grupo a menos que lo hiciera. Sólo una S. rehusó hacer el test, y se la excluyo del experimento. También se enfatizó en este punto, que el "test de turbación" era una innovación, y que los otros miembros del grupo no habían tenido que pasarlo para entrar. Estas instrucciones se incluyeron para contrarrestar cualquier tendencia a identificarse más fuertemente con el grupo por el hecho de haber compartido una experiencia desagradable común. Tal proceso podría posiblemente provocar una preferencia mayor por el grupo de discusión en los sujetos de

la condición "severa", introduciendo cierta ambigüedad en la interpretación de los resultados.

En la condición "severa" el "test de turbación" consistía en hacer leer a las Ss. en voz alta 12 palabras obscenas, escritas en tarjetas de 3 x 5. También tuvieron que leer dos descripciones explícitas de actividades sexuales tomadas de novelas contemporáneas. En la Condición "suave", las Ss. leyeron en voz alta cinco palabras relacionadas con el sexo, pero no obscenas, p. ej., prostituta, virgen, acariciarse. En ambas dos condiciones, después de que cada S. terminase de leer el material, se le decía que lo había hecho satisfactoriamente y, por lo tanto, ya era un miembro del grupo y podía incorporarse a la reunión que estaba teniendo lugar.

Era de suma importancia evitar cualquier tentativa de la S. por participar en la discusión; si lo hacía, en seguida se daría cuenta de que nadie respondía y descubriría que la discusión había sido grabada. Para asegurar su silencio, se dijo a todas las Ss. que antes de comenzar cada reunión, el grupo leía un escrito que era la base del debate. En esta ocasión, el grupo había leído fragmentos del libro "Comportamiento sexual en animales". Tras indicar el sujeto que nunca había leído ese libro, el E. le decía que entonces ella estaría en desventaja y que, consecuentemente, no podría participar en la discusión tan de lleno como si lo hubiese leído. Continuaba el E.: "Puesto que la presencia de un participante que no contribuye óptimamente puede proporcionar una idea inadecuada de la dinámica de la discusión en grupo, sería mejor que no participases hoy, para que no se distorsione la dinámica de los otros tres miembros del grupo. Mientras, puedes limitarte a escuchar la discusión y hacerte una idea de cómo funciona el grupo. Para la próxima reunión, te lees el libro y formas parte de la discusión". Las Ss. se mostraban invariablemente dispuestas a aceptar esta sugerencia. Las instrucciones arriba indicadas no sólo evitaron que las Ss. participan en el debate, sino que sirvieron para orientarlas sobre el verdadero contenido de la discusión.

Con el pretexto de conectar los auriculares y el micrófono, el E. iba a la otra habitación y ponía en marcha el magnetófono. Volvía a la habitación experimental, y se colocaba los auriculares, cogía el micrófono y fingía interrumpir la discusión que supuestamente estaba en marcha. Tras mantener una breve conversación con los "miembros del grupo" les presentaba a la sujeto. Entonces le pasaba a ella los auriculares. La cinta estaba programada para que, en el preciso momento en que el sujeto ajustase los auriculares, los "miembros del grupo" se presentaran y continuaran con su debate.

El uso de una cinta grabada proporcionó a todas las Ss. una experiencia idéntica. La grabación consistía en una discusión de tres postgraduadas. Deliberadamente se hizo que fuese lo más insulsa y banal posible para aumentar la disonancia de las Ss en la condición "severa". Las participantes hablaron con aridez e indecisión acerca del comportamiento sexual secundario en animales inferiores, contradiciéndose "inadvertidamente" a sí mismas y una a la otra, mascullaban por lo bajo que no tenían ganas de seguir, empezaban frases que no terminaban, carraspeaban, vacilaban al hablar y, en general, llevaban a cabo uno de los más inútiles y absurdos debates que puedan imaginarse.

Cuando la cinta terminaba, el experimentador volvía y explicaba que, después de las reuniones, cada miembro del grupo rellenaba un cuestionario para contar sus impresiones

Ss en la condición "severa" y en la situación control alcanzan el nivel de significación del 1 %. La diferencia global entre las clasificaciones de las Ss en la condición "severa" y las Ss en la condición "suave" alcanza el nivel del 5 %. Estas diferencias no pueden explicarse en función de diferencias en la motivación inicial para convertirse en miembros del grupo, dado que las sujetos (con grados diferentes de motivación) fueron asignadas a las tres condiciones experimentales al azar. Las diferencias en la inclinación de las Ss. hacia el grupo deben considerarse como consecuencia de una experiencia desagradable. Los resultados apoyan claramente la hipótesis: las personas que han pasado por una iniciación dura para conseguir ser miembros de un grupo aumentaron su inclinación hacia el grupo. Esta hipótesis se sigue directamente de la teoría de la disonancia cognitiva de Festinger. De acuerdo con esta teoría, los sujetos que están en la condición de iniciación dura mantenían la impresión de haber pasado por una experiencia dolorosa para llegar a ser miembros del grupo de debate. Después, escucharon un debate tonto y banal. Las cogniciones negativas sobre el debate, que se formaron después de haberlo escuchado, eran disonantes con la cognición de que habían pasado por una experiencia dura para ganarse el ser miembros del grupo. La presencia de disonancia cognitiva provoca la necesidad de reducirla. Los sujetos en esta condición podían reducir su disonancia tanto negando la dureza de la iniciación como cambiando sus cogniciones relativas al grupo de debate en una dirección positiva. La iniciación de los sujetos en la condición severa fue aparentemente demasiado dolorosa para ellos como para negarla. Por tanto, redujeron sus disonancias sobrestimando el atractivo del grupo.

No hubo una diferencia apreciable entre las clasificaciones hechas por las sujetos en la situación de control y las hechas por las sujetos en una condición suave. Podría parecer que la condición suave estaba tan libre de desagrado como para constituir un problema, aunque leve. Por tanto se crea una pequeña disonancia. Si se produjera disonancia en esta situación seria más realista para el sujeto reducirla minimizando la dureza de la iniciación que cambiando sus cogniciones sobre el debate. De este modo no es la iniciación "per se" la que lleva a aumentar la inclinación por el grupo. La iniciación debe ser lo suficientemente dura para constituirse en un genuino "gasto" para la S., y hacer así difícil la reducción de la disonancia cognitiva reduciendo la extensión o magnitud de la dureza de la situación padecida.

La tabla I muestra que las puntuaciones de las escalas relativas al debate muestran mayores diferencias entre las condiciones que las escalas que evalúan a los participantes del debate. Hay al menos dos posibles explicaciones para este resultado: (a) Puede ser más fácil para la gente expresar una crítica hacia un debate impersonal que hacia la gente implicada en ese debate. Así, las Ss. en las condiciones leve y control pueden haber "inflado" sus puntuaciones de los participantes para evitar juicios negativos sobre estudiantes compañeras de Universidad. (b) Es posible que las Ss. en la condición "severa" tuvieran menos necesidad de cambiar su percepción de los participantes que de la discusión en sí. La disonancia de las Ss. en la condición "severa" resultaría de la discusión concreta: Ellas experimentaron disonancia entre pasar por una experiencia desagradable y tomar parte en unos debates pesados y nada interesantes. La forma más directa para ellas de reducir la disonancia podría ser cambiando su percepción del debate en un sentido positivo. Si las Ss. en la condición "severa" tuvieron menos necesidad de cambiar sus percepciones acerca de los participantes que sus percepciones

acerca del debate, sus evaluaciones de los participantes podría pensarse que estaban mas cercanas a las evaluaciones de los participantes hechas por los sujetos en las condiciones de control y "suave".

RESUMEN Y C ONCLUSIONES

Se realizó un experimento para comprobar la hipótesis de que las personas que pasan por una iniciación desagradable para llegar a ser miembros de una grupo, incrementan su inclinación positiva hacia ese grupo; es decir, encuentran el grupo más atractivo que las personas que llegan a ser miembros del grupo sin tener que pasar por una iniciación dura. Esta hipótesis se deriva de la teoría de la disonancia cognitiva de Festinger. Mujeres universitarias que participaron voluntariamente en grupos de debate fueron asignadas al azar a una de las tres condiciones experimentales: Una condición de iniciación severa o dura, una condición de iniciación suave o leve y una condición control. En la condición dura, se pidió a los sujetos que leyeran cierto material embarazoso; en la condición control, los sujetos no tenían que leer ningún material antes de llegar a ser miembros del grupo.

Cada sujeto escucho una cinta que aparentaba ser un debate en directo del grupo al que se acababan de unir. Después las sujetos rellenaban un inventario evaluando el debate y los participantes en el mismo. Los resultados claramente verificaron las hipótesis. Las sujetos que pasaron por una iniciación dura percibieron el grupo significativamente más atractivo que aquellas que pasaron por una iniciación suave, o que las que no pasaron por ningún tipo de iniciación. No hubo diferencias apreciables entre las puntuaciones de las sujetos que pasaron por una iniciación leve y aquellas que no pasaron por iniciación.

REFERENCIA

Festinger, L. A theory of cognitive dissonance. Evanston: Row, Peterson, 1957.