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Una reseña histórica de la evolución humana desde los primates hasta el homo sapiens. Comienza con la aparición de los primates hace setenta millones de años y continúa con la evolución de los antropoides y los primeros homininos. Se detalla la teoría de la difusión y la aparición de especies como ardipithecus kadabba y australopithecus afarensis. Además, se aborda el cambio climático que tuvo lugar hace unos 2,8 millones de años y su posible relación con la desaparición de especies y la aparición de otras mejor adaptadas a medios abiertos. Finalmente, se menciona la aparición del homo ergaster y la salida de los homos del continente africano.
Tipo: Apuntes
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Sergio Carrasco Moraleda.
Grado de Historia.
Curso 2011-2012.
Prehistoria es un término empleado por Wilson en el año 1861 en su obra “ Anales y arqueología en prehistoria de Escocia ”. Etimológicamente significa “antes de la historia”. Con este concepto quiso referirse a la parte de la historia en la que no existen documentos escritos. La Prehistoria es una ciencia social cuyo objeto de estudio es la vida del ser humano en su época más remota. La principal diferencia con el resto de disciplinas históricas es su metodología, pues se basa fundamentalmente en objetos materiales para la reconstrucción del devenir de nuestros antepasados. Por ello la fuente básica de la que se nutre la prehistoria es la Arqueología, que durante mucho tiempo estuvo rodeada de cierta visión aventurera, aunque en la actualidad queda claro que su papel es la recuperación, estudio, interpretación y divulgación de todo tipo de restos materiales dejados a lo largo de la historia por diversas culturas.
La Prehistoria guarda desde sus orígenes una estrecha relación con la Antropología Cultural. La Antropología estudia la tecnología, pautas de comportamiento, organización social y creencias para establecer regularidades en el comportamiento humano.
La Prehistoria establece relaciones con la Geología, Biología y Paleontología, que nos ayudan a tener una visión más completa de las circunstancias en que se desarrolló el pasado más remoto.
El ser humano se ha preguntado desde la antigüedad por su origen. Es un interés común a todas las culturas, ya que la mayoría de las culturas cuentan con mitos de creación propios. Las explicaciones antiguas recurrían a la existencia de dioses o divinidades provocadoras de la creación.
El interés por los restos arqueológicos procede de la antigüedad. Sabemos que Nabónido (último rey de Babilonia) se dedicaba a coleccionar antigüedades, e incluso realizó excavaciones en Ur.
El mundo grecorromano también aportó modelos de explicación sobre el origen del mundo. Dichos modelos se pueden agrupar en dos: por un lado están los que presentan el origen y evolución de la humanidad y por otro los que presentan un proceso de progresión de la misma.
Hesíodo en sus obras “ Teogonía ” y “ Los trabajos y los días ” presenta al hombre creado en una edad de oro que por su propia degradación fue cayendo en las edades de plata y de bronce.
desarrollo de la cultura europea a partir de los avances procedentes de oriente, dando lugar a la teoría “ex oriente lux”, que fue llevada a sus máximas consecuencias por los hiperdifusionistas.
Gordon Childe fue uno de los grandes partidarios del difusionismo, aunque su postura estuvo siempre algo atemperada por un evolucionismo de inspiración marxista. Una de las aportaciones teóricas más importantes de Childe fue su definición de cultura arqueológica como una serie de restos materiales distintivos que aparecen reiteradamente.
A partir de mediadios del S.XX han aparecido distintas tendencias en el ámbito de la Arqueología, como el ecologismo, la nueva Arqueología, corriente contextualista, materialismo, estructuralismo y postprocesalismo.
El Cuaternario es la era geológica en la que nos encontramos. Si la comparamos con la antigüedad de la tierra es corta, pero su importancia es evidente porque en ella se han producido los hitos más importantes del proceso evolutivo humano. En los últimos tiempos se han llevado a cabo distintas propuestas para definir el cuaternario mediante criterios como las alteraciones periódicas del clima. Actualmente se fija el inicio del cuaternario en 1,62 millones de años basándose en cronologías obtenidas a partir del análisis de microfauna (foraminíferos). El cuaternario, además, se divide en dos períodos: Pleistoceno y Holoceno.
El Pleistoceno, a su vez, se divide en tres etapas: Pleistoceno Inferior (entre los años 1.620.000 y 730.000 a.c.), que corresponde al período interglaciar de Gunz-Mindel; Pleistoceno Medio (entre los años 730.000 y 127.000 a.c.), que se da entre los períodos interglaciares de Gunz-Mindel y Riss-Würm; y el Pleistoceno Superior (entre los años 127.000 y 12.000 a.c.), que abarca desde el período interglaciar Riss-Würm hasta el Holoceno.
Una de las manifestaciones más destacadas del cuaternario es el glaciarismo (además de las glaciaciones anteriormente citadas existieron otras dos: Donau y Biber). Como las glaciaciones no han sido una manifestación común a todo el planeta, en la actualidad, para estudiar el cambio climático del Cuaternario se emplea el O 18 almacenado en los caparazones de los foraminíferos. Como el O 2 pasa a formar parte de estos animales mientras están vivos, la
temperatura queda grabada y esta información se deposita lentamente en el fondo del mar. A partir de estos análisis de los fondos marinos se ha determinado una curva de paleotemperaturas en la que los números impartes corresponden a las fases cálidas.
Entre los intentos de explicación causal razonable de las alteraciones climáticas, podemos destacar las teorías de Milankovic, basadas en el estudio de las fluctuaciones naturales de la órbita terrestre alrededor del sol. Según Milankovic, la posición de los equinoccios y solsticios cambia levemente cada año. Actualmente, el invierno en el hemisferio norte empieza cuando el sol está más cerca de la tierra, con lo que los inviernos no son especialmente frios. Dentro de once mil años el invierno se producirá cuando el sol esté en su posición más lejana de la Tierra. Así mismo, Milankovic también achaca el cambio climático al cambio de la inclinación del eje terrestre de rotación. Esto se debe a que el eje terrestre está inclinado en 23’5º, pero dicha inclinación fluctúa entre 21 y 23’5º cada cuarenta y un mil años. Milankovic, además, estudió los cambios en la forma de la órbita terrestre alrededor del Sol y concluyó en que también constituyen un elemento clave en la explicación de los cambios climáticos, ya que cada cien mil años la órbita terrestre alrededor del Sol varía de una forma más redonda a una forma más alargada.
Los cambios climáticos producidos a lo largo del Pleistoceno modificaron los paisajes vegetales, lo cual conllevó importantes cambios en la fauna que se desplazó hacia estos ecosistemas. Durante el Pleistoceno existieron los mismos ecosistemas que en la actualidad pero con una distribución geográfica diferente. En cambio, la fauna si se modificó considerablemente (desaparecieron algunas especies). Los ecosistemas fundamentales de Eurasia en el Pleistoceno fueron tres: la tundra, los bosques y las estepas.
La tundra es un paisaje vegetal abierto compuesto por musgos adaptados a un clima muy frio cubierto de nieves la mayor parte del año. La fauna adaptada a este ambiente está formada por herbívoros como el mamut, el rinoceronte lanudo, el reno o el buey almizclero, y carnívoros como el glotón y el zorro ártico.
Los bosques eran de dos clases: la taiga y el bosque templado. La taiga es característica de los climas fríos y su suelo está cubierto estacionalmente de nieve. La especie vegetal característica es la conífera. La fauna es variada y está compuesta mayoritariamente por renos, alces, uros, lobos y linces. La otra clase de bosque es el bosque templado, que se caracteriza por una fauna compuesta por equinos y bisontes.
En las estepas se diferencian dos tipos: la estepa de loes y la estepa continental. La estepa de loes se caracteriza por poseer vegetación herbácea, clima frío y una fauna compuesta por animales como el mamut, el reno o el rinoceronte lanudo. La estepa continental presenta árboles de hoja caduca que alternan con matorrales, prados y pastos.
tamaño, por la pérdida de capacidad en la visión nocturna y por el avance de las órbitas oculares hacia el frente de la cara. Los antropoides se dividen, a su vez, en dos infraórdenes: platirinos y catarinos. Los catarinos se subdividen también en dos superfamilias: cercopitécidos y hominoideos. La superfamilia de los hominoideos engloba a los hilobátidos, a los póngidos y a los homininos.
Los primeros homininos aparecieron hace unos seis o siete millones de años. Tal y como ha demostrado la Biología Molecular, este lapso temporal es fundamental para alcanzar una visión completa del origen del ser humano y de su evolución. Según Le Gross Clark, esta evolución se caracteriza por el crecimiento de la capacidad craneal, por la desaparición de los arcos supraorbitales, por el aumento de la dentición, por el cambio en la forma del paladar, por la disminución del ángulo facial y por la posición erecta, que supone un cambio en la morfología de los pies, la pelvis, las vértebras y el orificio occipital.
En África se encuentra la cuna de la humanidad. Los fósiles de los primeros homininos se han hallado en el oeste de África, en el valle del Rift, que es una enorme fractura de la corteza terrestre que se extiende desde Mozambique hasta el Mar Muerto.
Los chimpancés son los homoideos mas parecidos a nosotros, ya que el ser humano comparte el 98% del material genético con ellos. Según los estudios de los biólogos moleculares, la línea evolutiva humana se separó de la del chimpancé hace unos seis millones de años. Esta fecha coincide con el cambio climático que provocó la desaparición de las grandes selvas del Mioceno y el desarrollo de las grandes sabanas herbáceas. Este cambio ambiental conllevó la extinción de algunas especies y favoreció la aparición de otras, entre las que probablemente se encontraba la nuestra. Este período es vital para conocer nuestro origen y ahí se ha centrado la búsqueda del eslabón perdido. Esto ha dado lugar a debates, controversias e incluso fraudes, como el cráneo de Piltdown, que durante más de cuarenta años fue considerado el eslabón perdido hasta que en 1953 se descubrió que era un engaño fruto de manipular y unir un cráneo humano con una mandíbula de orangután.
Hasta hace pocos años los fósiles más antiguos de hominino conocido correspondían al Ardipithecus Ramidus , que fue descubierto por Tim White y su equipo en Afar (Etiopía). Estos restos están compuestos por ciento diez fragmentos cuya mayor parte corresponden al cráneo, pies, piernas y pelvis del esqueleto de una hembra. En un principio se dató en una antigüedad de 4’5 millones de años, se estimó la altura del esqueleto en un metro veinte y se estimó que pesaba unos cincuenta kilogramos. En julio de 2001 se dio a conocer una falange del pie que demostró que caminaba erguido y se estimó su edad de nuevo, esta vez en 5 millones de años. White considera a esta especie como un mosaico que presentaría un tipo de locomoción diferente a cualquier ser vivo actual. En 2004 se recuperaron nuevos restos de Ardipithecus con
una antigüedad de entre 5’2 y 5’8 millones de años que se atribuyen a una especia diferenciada del Ardipithecus Ramidus, el Ardipithecuus Kadabba.
En diciembre del año 2000 Senut y Pickford dieron a conocer el hallazgo de unos fósiles de homininos muy antiguos encontrados en las colinas Tuges (Kenia). Lo denominaron “el ancestro del milenio”, más conocido como Orrorin Tugenensis. Los restos del fémur de este hominino parecen demostrar que caminaba erguido, aunque su cabeza era bastante primitiva. Lo más sorprendente era su antigüedad, que rondaba los 6 y 7 millones de años.
En el 2002 el equipo de Michelle Brunet dio a conocer el hallazgo un cráneo de unos 350 cm^3 de una antigüedad de entre 6 y 7 millones de años y de características similares a las del chimpancé, aunque su cara presentaba rasgos humanos. Estos restos aparecieron al norte del Chad y fueron denominados como Sahelanthropus Chadensis, también apodados como “toumai”. Aunque no se han encontrado restos postcraneales, la posición de inserción de la espina dorsal en la base del cráneo parece indicar que sería bípedo.
El primer hominino del que se tiene casi total certeza de su bipedismo es el Australopithecus Anamensis. Este hominino vivió entre hace unos 3’9 y 4’2 millones de años. Su mandíbula es arcaica, pero sus molares tienen una capa de esmalte gruesa parecida a la del género homo. Este cambio dental sugiera una modificación en la dieta y en el hábitat. Entre los restos recuperados más interesantes destaca una tibia considerada la más antigua prueba de bipedismo.
La siguiente especie en aparecer en África es el Australopithecus Afarensis , definido a partir de los trabajos de Johanson en Etiopía durante los años setenta, cuando se descubrieron los restos de “Lucy”. Los Afarensis vivieron en África Oriental entre hace 3’9 y 2’8 millones de años. Su apariencia sería similar a la de un chimpancé erguido. Su altura oscilaría entre 1 y 1, metros y tendría una capacidad craneal de unos 400 cm^3. Su alimentación tendría su base en vegetación, aunque con cierta tendencia omnívora. Además, presentaban un fuerte dimorfismo sexual. El bipedismo de los Afarensis fue plenamente ratificado tras el hallazgo por parte de Mary Leakey de unas huellas fosilizadas en Laetoli de una antigüedad de 3’5 millones de años. Estas huellas demostraban que caminaban de una forma similar a la del ser humano actual.
El Australophitecus Africanus vivió hace unos 3’5 millones de años, su definición se produjo tras el descubrimiento en 1924 del famoso “niño de Taung” en Sudáfrica cuyo descubridor fue Dart , que contaba con la dificultad de definir una especie a partir del fósil de una criatura infantil, pero tuvo claro desde el primer momento que era una especie distinta a la de homo. Su cráneo se asemeja más al de los humanos que el de los Australopithecus Afarensis, pero su cuerpo es más primitivo pues posee brazos largos y piernas cortas, mediría en torno a 1’20.
partir de los restos hallados en las gargantas de Olduvai por Louise y Mary Leakey estimándose que su antigüedad no podía ir más allá de los 2 millones de años.
Desde los años 90 se han dado a conocer fósiles de Homo con una antigüedad de entre 2’3 a 2’5 millones de años: una mandíbula procedente de Malawi, un fragmento de cráneo del Lago Boringo (Kenia) y un maxilar superior en Hadar (Etiopía), 20 útiles líticos que representan el caso más antiguo de asociación entre industria lítica y restos de homo, que define que producimos tecnología, transformando la naturaleza de forma consciente.
En los últimos años se ha planteado la posible existencia de un Homo contemporáneo al Habilis: se trata del Homo Rudolfensis , definido a partir de los restos encontrados por Wood cerca del lago Turkana (Kenia). Esta especie poseía una cara ancha y larga con arcos superciliares menos permanentes que los Habilis, un aparato masticador y una cavidad craneal más grande y redondeada. La especie Rudolfensis no es unánimemente aceptada pues algunos investigadores piensan que podría incluirse dentro de los Habilis, explicando las diferencias anatómicas por dimorfismo sexual.
Recientemente, Meave Leakey ha sugerido la posibilidad de que el Homo Rudolfensis fuese en realidad un Keniantrhropus Rudolfensis. Por otro lado, se discute si el Habilis debe ser clasificado dentro del género Homo o constituiría un tipo avanzado de Australophitecus. Uno de los aspectos fundamentales en torno a los homos más primitivos ha sido hasta ahora su indudable relación con la fabricación de los primeros útiles.
En 1999 Tim White dio a conocer una nueve especie el Australophitecus Ghari que había vivido en el territorio correspondiente a la actual Etiopía hace unos 2’5 millones de años. En la lengua Afar, Ghari significa sorpresa y realmente lo fue, pues apareció junto a huesos de otros animales con claras evidencias de marcas de corte y de haber sido aprovechados con fines alimenticios. Ademas, en el yacimiento cercano de Gona se encontraron herramientas de piedra datadas en 2’6 millones de años, siendo hasta ahora el Australophitecus Ghari el único hominino contemporáneo de estos.
El Australopithecus Sediba cuya datación oscila entre 1,8 y 2 millones de años se ha encontrado en Sudáfrica y se ha definido a partir de los hallazgos realizados por Berger. La mayor parte de los restos pertenecen a un macho de unos diez años y una hembra de unos veinte a treinta años. Aunque también hay restos de otros, como un niño de entre 1 a 1,5 años. Su capacidad craneal de 400 y 450 años y la anatomía de su mano sugiere que podría realizar instrumentos. Además, sus descubridores consideran que podía tener una posición fundamental en la filogenia humana pudiendo incluso desbancar al Homo Habilis. En cambio, otros como Tim White consideran que se trataría de una rama sudafricana tardía de Australopithecus y coetánea a miembros ya existentes del género homo.
Estos últimos descubrimientos obligan a replantearnos ciertas ideas ya establecidas, especialmente el principio que atribuía la fabricación de útiles únicamente al género homo. A partir de esta idea podemos plantear al menos dos posibilidades: primero, que los Australopithecus ya fabricaron herramientas de piedra; y segundo, que los útiles encontrados próximos a los Australopithecus Ghadi no hubieran sido fabricados por él sino por algún representante del género Homo cuya existencia en esa época está demostrada.
Fuesen Homos o Australopithecus los responsables, lo cierto es que hace 2,5 millones de años se empezó a desarrollar la primera industria lítica, conocida como la de los cantos trabajados, también llamada “ Olduvayense ” o “ Modo I ”, caracterizada por su simplicidad técnica y escasa variedad de útiles entre los que podemos citar los Chopper y los Chopping-tool. A pesar de su aspecto tosco revela el dominio de una técnica que requiere cierta capacidad mental y de coordinación. La fabricación de estas rudimentarias herramientas coincide con la paulatina reducción de algunas piezas dentales, sobre todo los incisivos, y permitió el acceso a ricas proteínas animales que se encuentran bajo gruesas capas de piel o en el tuétano. Este acceso a la dieta animal se llevó más acabo como carroñero que como cazadores.
Hace 1,8 millones de años se produce la aparición del Homo Ergaster que supone un notable salto evolutivo. Sus restos más antiguos proceden del yacimiento de Koobi Fora, aunque el ejemplar más conocido es el muchacho de Turkara en 1984 por Richard Leakeys y Alan Walker, se trata del primer tipo de homo que presenta un parecido consistente con nosotros.
No existe unanimidad sobre el antepasado directo del Ergaster pero es evidente que ofrece una imagen radicalmente distinta a los Australopithecus. Su cara, su cabeza, su tórax y su estatura están más cerca de los actuales humanos y alcanzó un grado de desarrollo tecnológico que le hizo capaz de adoptar un comportamiento flexible. Su capacidad craneal oscila entre 900 y 1300 cm^3 , su estatura es de 1,5-1,8 m, el cráneo es achatado y prolongado hacia atrás, la frente
estrecha, la mandíbula robusta, la nariz destaca en el perfil de la cara y se reducen notablemente los molares, además su cerebro presenta una mayor asimétrica y en él aparecen bien marcadas las áreas de Broca y Wernicke implicados en la producción y comprensión del lenguaje.
En el Ergaster se aprecian importantes avances tecnológicos y sociales. Es muy probable que con él se iniciara el concepto de infancia como periodo necesario para compensar la inmadurez del feto. Se reorganizarían las relaciones entre machos y hembras y se organizarían grupos sociales más cohesionados, lo cual parece corroborarse con el hallazgo de un esqueleto femenino de 1,7 millones de años cuyos huesos presentaban una grave deformación causada por una enfermedad denominada hipervitaminosis A que acaba postrando con fuerte padecimientos a quien la sufre. A pesar de la cual pudo vivir varios meses gracias a los cuidados del grupo. La anatomía del Ergaster le capacitaba para cubrir largos distancias.
Hace 1’2 millones de años encontramos seres humanos en Europa se trata concretamente del Homo Antecessor. El continente europeo cuenta con significantes restos de actividad humana de más de un millón de años de antigüedad entre lo que destaca la Sierra de Atapuerca donde en la Sima del Elefante (yacimiento) se han encontrado evidencias de ocupación humana de 1’3 millones años de antigüedad. Podríamos citar otros yacimientos europeos en torno a 1 millón de años de antigüedad en Francia, Bélgica, Alemania, Chequia… Otro yacimiento de Atapuerca es la Gran Dolina, con una cronología de 800.000 años. Aquí se han recuperado restos de seis cuerpos con muestras evidentes de haber sido devorados por otros humanos. Un caso especial es el representado por los yacimientos de Orce (Granada), envueltos en polémica desde los años 80, cuando en Venta Micena se halló un fragmento óseo de 1’ millones de años atribuido por su descubrir (Gibert) a una especie antigua de homo. Hoy en día la polémica sigue viva y algunos atribuyen este fragmento a un rumiante, mientras que otros lo consideran un resto humano. Lo que sí es cierto es que en otros yacimientos del entorno de Orce, como Barranco León 5 y Fuente Nueva 3 se han encontrado evidencias de presencia humana con una cronología entre 1’2 a 1’4 millones de años.
El Homo Antecessor tendría una estatura similar a los seres humanos actuales y una capacidad craneal 900 y 1.000 cm3 aunque antepasado directo nuestro, hoy se tiende a considerar que estaría más emparentado con el Neandertal y se baraja que su origen se encuentra en Asia y no en África, es decir, Homo procedentes de África habían evolucionado en Asia Oriental desde donde llegarían a Europa siguiendo una importante migración de fauna hace unos 1’2 millones de años.
Los ejemplares europeos serían reemplazados por otros procedentes de África que podemos incluir bajo la denominación Homo Rodesensis y Homo Heidelbergensis , que aparecen en Europa hace 1’5 millones de años, aportando la tecnología “Achelense” (Modo II). Protagoniza importantes progresos, como el dominio del fuego, preservación de cadáveres, uso de un lenguaje básico, elaboración de ornamentos para vestir, producción de lanzas de madera… Las pruebas de este carácter “humano” son: en la Sima de los Huesos tuvo lugar el hallazgo de un cráneo de unos 500.000 años de antigüedad de un niño algo menor de diez años que sufría alguna patología llamada craniosinostosis (la fusión prematura de las suturas entre los distintos huesos del cráneo), lo que provoca un retraso psíquico y que tenía signos de haber recibido cuidados por parte del grupo. Estos “humanos” traen industria “Achelense” o Modo II, restos más antiguos 1’6 millones de años aunque recientemente han aparecido evidencias que podrían remontarse a unos 1’7 o 1’8 millones de años. El “Achelense” se caracteriza por la presencia de bifaces (útiles tallados total o parcialmente por las dos caras) junto a ellos irán apareciendo otros objetos retocados sobre lascas y hendedores. Los útiles “Achelenses” muestran cierta estandarización y requieren una prolongada secuencia de gestos.
El Homo Heidelbergensis, en condiciones de cierto aislamiento geográfico, fue evolucionando hasta dar lugar al Homo Neanderthal hace 130.00 años. El Neanderthal es uno de los tipos prehistóricos más populares. Los primeros restos fueron encontrados en 1830 en Engis, pero los más conocidos proceden del Valle alemán de Neander, de donde procede su nombre, en 1856; estos primeros restos tienen diversas interpretaciones: podría ser un enfermo de raquitismo, un idiota que vivió en una guerra o un cosaco muerto en las Guerras Napoleónicas. Desde mediados del XIX han aparecido numerosos restos por buena parte de Europa, Próximo Oriente e incluso Asia Central. Algunos yacimientos con restos de Neanderthal más destacados son: Shanidar, La Ferrassie (Francia) y La Chapelleaux Saints (Francia). Sus características físicas más destacadas son 1’50-1’70 de estatura, una capacidad craneal 1.500-1.700 cm^3 , potente musculatura, frente huidiza, arcos supraorbitales mas
marcados, apertura nasal grande y mandíbula sin mentón.
Los neandertales clásicos tenían una estructura anatómica algo rechoncha muy adaptada a temperaturas frías de forma similar a como sucede actualmente con los inuit (esquimales), su nariz es ancha y pudo ser una adaptación para humedecer el aire y calentar el aire frío que respiraban, probablemente poseían una piel blanca con ojos claros y con un elevado porcentaje de pelirrojos. El desarrollo de los neandertales se produjo en la primera mitad de la glaciación Würm, caracterizada por un clima muy riguroso que dificultó la supervivencia de esta especie que según algunos estudios no llegó a superar los 15.000 individuos pareciendo hace unos 110.000 años un cuello de botella demográfico. Los Neanderthales eran buenos cazadores y poseían una cierta especialización en cazar determinadas especies. Al vivir en una época de condiciones climáticas adversas, no resulta raro descubrir huellas de hambre y patologías óseas, aunque también prácticas de canibalismo. En los Neanderthales se han encontrado claras evidencias de un culto al más allá, por ejemplo a través de inhumaciones claramente preparadas,
altura de 1’80 cm. Han aparecido restos en Ndutu, en Bodo y en el lago Turkana, y también en yacimientos de Sudáfrica. destaca un fémur encontrado en Namibia que pudo pertenecer a un individuo de unos 2 metros de altura. Un cambio climático producido hace 200.000 años pudo favorecer ciertas modalidades anatómicas que cristalizarían la aparición del Homo Sapiens. Existen bastantes yacimientos africanos en los que se han documentado restos fósiles de humanos anatómicamente modernos con dotaciones superiores a los 150.000 años de antigüedad; podemos destacar los aparecidos en Herto (yacimiento), dos cráneos de adulto de unos 1.450 cm^3 datados 150.000-160.000 años y cerca de ellos el cráneo de un niño (6-7 años)
con marcas de cortes que indicaban que la carne había sido cuidadosamente separada del hueso y la superficie del cráneo pulida. Uno de los restos más sorprendentes procede de la laguna Langeban donde se han documentado tres huellas de Sapiens con una antigüedad de 117. años.
El homo sapiens inicio su primera expansión fuera de África hace unos 100.000 años, llegando hasta el Próximo Oriente donde coincidió con los Neanderthales. Sin embargo, la colonización más amplia tardo en llegar, quizás porque nuestra especie estuvo muy cerca de la extinción hace 75.000 años, diezmada por unas condiciones climáticas de extrema sequía y una drástica reducción de las temperaturas. Hay investigadores que dicen que fue debido a la erupción del Volcán Tobai (Isla de Sumatra). Esta situación de sequía y temperatura anormalmente baja duró casi un milenio y provocó una reducción de la población de Homo Sapiens (unos 2000 en grupos dispersos), y al límite de la variabilidad y viabilidad genética.
Esta situación se superó hace unos 60.000 años y se inició una nueva oleada migratoria que llevó a colonizar casi todo el planeta.
Actualmente existen varias teorías para explicar el origen del ser humano moderno:
- Shinwger y Andrews propusieron el modelo “Arca de Noé” o “El jardín del Edén”, que concibe la aparición del ser humano moderno como un acontecimiento único sucedido entre hace 150.000 y 200.000 años y probablemente en África. Estas poblaciones sustituirían a otras autóctonas, como los Neardenthales en Europa y los Erectus en Asia. Las investigaciones genéricas dirigidas por Alan Wilson parecen confirmar esta teoría, al concluir que el ser humano actual deriva de la primera mujer Africana que habría vivido en África Oriental hacía 150.000 años. A esta primera mujer Sapiens se le llama “la Eva mitocondrial”. Wilson y su equipo analizaron el ADN mitocondrial de 147 mujeres actuales de distintas poblaciones del mundo y descubrieron que el pueblo de ascendencia Africana- Subsahariana mostraba las mayores variaciones, lo que implica que su ADN mitocondrial es el más antiguo pues ha tenido más tiempo para mutar. (Es la teoría más aceptada)
Mientras un grupo de investigadores se centraba en el estudio del ADN mitocondrial, otro equipo se interesó por el ADN que se encuentra en el cromosoma. Éste se trasmite a través de los hombres y se ha podido comprobar que 21 de las 27 variaciones del cromosoma proceden de África, donde hace unos 70.000 años vivió un hombre que poseía el cromosoma ancestral de todos los hombres actuales.
Por otro lado, a partir de análisis lingüísticos de las más de 6000 lenguas vivas de todo el mundo, se ha podido comprobar que la mayor diversidad lingüística está en África. Por lo tanto, ahí debería rastrearse la raíz de todas las lenguas que se conservan.
Entre los rasgos físicos más notables del Homo Sapiens se pueden citar: capacidad craneal de 1400 a 1500 cm 3 , frente alta, arcos supra orbitales poco marcados, pómulos salientes, hueso de la nariz más largo y mentón prominente.
El Homo Sapiens no sólo supone una innovación anatómica, sino también cultural, produciendo considerables cambios. Uno de ellos se da en la tecnología, con la incorporación de la talla laminal, característica del Modo IV. Otro es la especialización económica, que llevará a una explotación del entorno cada vez más intensiva y selectiva. Además, aparecen tipos de asentamiento con estructura de habitación cada vez más desarrolladas. Otro elemento es el comportamiento religioso y el desarrollo del arte reflejo de nuestra notable capacidad simbólica y de abstracción.
humana: los animales más representados son potenciales piezas de caza destacando bóvidos, caballos, ciervos, mamuts, cabras y renos. Parece que la gama de animales era más amplia en una época inicial, y que hace unos 25.000 años se centro en una mitología basada en el caballo y el bisonte.
Entre las primeras explicaciones que se dieron sobre el Arte Paleolítico encontramos:
-Teoría del “arte por el arte” : según la cual la abundancia de recursos permitía a los cazadores paleolíticos disponer de un tiempo para el ocio que dedicaban a la creación artística. Esta explicación fue pronto rechazada por autores como Brevil, que defiende que este arte es un integrante de ritos mágicos y religiosos: la caza era una preocupación fundamental para estos grupos humanos y para obtener éxito en la caza era precioso realizar ritos al ejecutar estos paneles en los que es importante la fidelidad del animal representado. Estos ritos se basarían en una magia homeopática, según la cual lo semejante produce lo semejante, es decir, para obtener un determinado fin u objeto hay que simularlo o imitarlo. Las cuevas quedarían como santuarios para ritos de iniciación e invocación de la fertilidad y la fecundidad.
- Autores como Leroi-Gourham y Laming-Emperaire entienden que las cuevas constituyen un contexto unitario donde la disposición de los temas no es casual, ya que responde a un esquema de santuario que forma parte de un complejo sistema de mitos y creencias. Estos autores apreciaron que los caballos y los bisontes son los animales más representados y asociados. Señalan, además, que en realidad son signos que representan dos principios contrapuestos: masculino y femenino.
-Clottes y Lewis-Williams aportan nuevas interpretaciones a partir de sus investigaciones sobre pueblos primitivos actuales llegando a la conclusión de que algunas representaciones de estas cuevas podrían estar vinculadas a alucinaciones de chamanes.
Quizá los estudios realizados hasta la fecha hayan partido de un error de base: considerar que estamos ante formas artísticas cuando en realidad podría tratarse de la expresión de un lenguaje que emplea la plástica como vehículo, es decir, que su finalidad sea transmitir un mensaje.