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Arte Medieval Bertos, Apuntes de Historia del Arte

Asignatura: Hª del Arte Medieval, Profesor: Pilar Bertos Herrera, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UGR

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 05/11/2013

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HISTORIA DEL ARTE MEDIEVAL.
Introducción.
El cristianismo se extiende pronto en todos los países helenísticos, Mesopotamia, el
Imperio Romano y por último en el Islam. De estas religiones toma sus temas y las
formas de su arte. En consecuencia, cuando se promulga el Edicto de la Paz, en el s. IV
bajo Constantino, el arte cristiano posee ya unas tradiciones generales y unas
costumbres particulares que se mantienen o se combinan y dan lugar a aspectos muy
diversos que originan temas y disposiciones comunes con una disciplina de base fuerte
y de liturgias fijadas a partir de entonces.
En este panorama se produce un hecho trascendental: la escisión de Oriente y
Occidente. Esto determinó: 1º: El predominio de ciertas formas y normas y 2º: la
progresiva diferenciación oriental y occidental, aunque perduren las influencias y una
base común.
El arte cristiano tiene una idea del tiempo como fluencia de origen y fin,
previsto por la voluntad de Dios. El tiempo, a partir de entonces, tiene, pues, un
comienzo (Génesis) y un final (la Eternidad del Apocalipsis). El espacio entre ellos es la
historia del Universo, y ahí dentro está la redención de Cristo. El tiempo cristiano tiene,
por tanto, un pasado, un presente y un futuro, además de ser irreversible. Lo que ha
pasado así ha sido y según ello tendrá pena o gloria el Día de la Resurrección. Por eso,
para el cristiano hay un tiempo externo y un tiempo interno (el del alma). Como
consecuencia el tiempo vence al espacio y rige la angustia (el mal) o la esperanza (el
bien) en el Apocalipsis. El tiempo finito (con principio y fin) se pone frente al tiempo
del alma, porque el hombre tiene la necesidad de infinitud, que llega con el Juicio Final.
Todo esto se traduce en el Arte. Con la civilización cristiana, la idea de Dios no es
víctima del tiempo como en los paganos, se expresa y activa precisamente a través del
proceso temporal. El cristiano, en su transcurrir, ve la huella temporal de Dios, y en el
futuro ve la posibilidad de su contemplación y de su gozo. Igualmente, consideramos
que el tiempo del arte cristiano está unido a los grados de infinitud que les separan. Por
ello, este arte usa técnicas que les permitan llegar a esa ruta metafísica y hay formas
descarnadas de materia, puras y esquemáticas, en las que se apoya la idea sin perder su
significado. Ejemplos notables son la pintura románica y la técnica impresionista con
formas en pleno devenir (Greco) y Zurbarán (con volúmenes de perfiles secos y claros
que le dan a la pintura estatismo), que indican la plenitud de cada cosa en su destino.
Frente a la idea del tiempo del arte cristiano, el cristianismo crea formas dinámicas
abiertas a la esperanza.
El significado de la luz que se toma en este época es muy importante: ésta se
identifica tradicionalmente con el espíritu, y es la manifestación de la moralidad, la
intelectualidad y las Siete Virtudes. Se interpreta como fuerza creadora, como energía
cósmica y como irradiación. Siempre se une al color (alta Edad Media), como en las
paredes de los templos románicos, en los que vibra la luz de las pinturas murales. Su
importancia se refleja también en el espacio (como en el Pantocrátor, en San Clemente
de Tahull), que personifica en mismo la Luz Divina, y se refleja en la leyenda que
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HISTORIA DEL ARTE MEDIEVAL.

Introducción.

El cristianismo se extiende pronto en todos los países helenísticos, Mesopotamia, el Imperio Romano y por último en el Islam. De estas religiones toma sus temas y las formas de su arte. En consecuencia, cuando se promulga el Edicto de la Paz, en el s. IV bajo Constantino, el arte cristiano posee ya unas tradiciones generales y unas costumbres particulares que se mantienen o se combinan y dan lugar a aspectos muy diversos que originan temas y disposiciones comunes con una disciplina de base fuerte y de liturgias fijadas a partir de entonces.

En este panorama se produce un hecho trascendental: la escisión de Oriente y Occidente. Esto determinó: 1º: El predominio de ciertas formas y normas y 2º: la progresiva diferenciación oriental y occidental, aunque perduren las influencias y una base común.

El arte cristiano tiene una idea del tiempo como fluencia de origen y fin, previsto por la voluntad de Dios. El tiempo, a partir de entonces, tiene, pues, un comienzo (Génesis) y un final (la Eternidad del Apocalipsis). El espacio entre ellos es la historia del Universo, y ahí dentro está la redención de Cristo. El tiempo cristiano tiene, por tanto, un pasado, un presente y un futuro, además de ser irreversible. Lo que ha pasado así ha sido y según ello tendrá pena o gloria el Día de la Resurrección. Por eso, para el cristiano hay un tiempo externo y un tiempo interno (el del alma). Como consecuencia el tiempo vence al espacio y rige la angustia (el mal) o la esperanza (el bien) en el Apocalipsis. El tiempo finito (con principio y fin) se pone frente al tiempo del alma, porque el hombre tiene la necesidad de infinitud, que llega con el Juicio Final. Todo esto se traduce en el Arte. Con la civilización cristiana, la idea de Dios no es víctima del tiempo como en los paganos, se expresa y activa precisamente a través del proceso temporal. El cristiano, en su transcurrir, ve la huella temporal de Dios, y en el futuro ve la posibilidad de su contemplación y de su gozo. Igualmente, consideramos que el tiempo del arte cristiano está unido a los grados de infinitud que les separan. Por ello, este arte usa técnicas que les permitan llegar a esa ruta metafísica y hay formas descarnadas de materia, puras y esquemáticas, en las que se apoya la idea sin perder su significado. Ejemplos notables son la pintura románica y la técnica impresionista con formas en pleno devenir (Greco) y Zurbarán (con volúmenes de perfiles secos y claros que le dan a la pintura estatismo), que indican la plenitud de cada cosa en su destino. Frente a la idea del tiempo del arte cristiano, el cristianismo crea formas dinámicas abiertas a la esperanza.

El significado de la luz que se toma en este época es muy importante: ésta se identifica tradicionalmente con el espíritu, y es la manifestación de la moralidad, la intelectualidad y las Siete Virtudes. Se interpreta como fuerza creadora, como energía cósmica y como irradiación. Siempre se une al color (alta Edad Media), como en las paredes de los templos románicos, en los que vibra la luz de las pinturas murales. Su importancia se refleja también en el espacio (como en el Pantocrátor, en San Clemente de Tahull), que personifica en sí mismo la Luz Divina, y se refleja en la leyenda que

aparece en el librito que sostiene Cristo: Ego sum lux mundi (Yo soy la luz del mundo). La luz es, por tanto, espacio, y Cristo es la esencia de la Luz Divina recogida en la inscripción. La posición de la luz frente a las sombras significa verdad frente a engaño (Luz de Dios frente a Luz del Infierno), luz de la belleza frente a la luz de la tragedia. La luz surge de la pintura, y ésta refleja todo lo que rodea al hombre (belleza, vida, que son aspectos asociados a la luz). Como consecuencia, la luz casta de la imagen de la Venus de Botticelli, enlaza en su simbolismo con esa pureza con otra obra importante en la Edad Media: El Matrimonio Arnolfini de J. Van Eyck, porque la vela encendida de la escena simboliza el carácter sagrado de la ceremonia (como luz) y el espejo del fondo del cuadro significa la verdad del acto (de la boda), y es, por tanto, como un documento acreditatorio. La luz, en general, frente a la sombra, es claridad y tinieblas, es también luz conceptual y luz real y produce algo a considerar: el claroscuro (muy usado, y muy impactantemente, por Caravaggio). Éste puede ser: lumínico, realista, tenebroso, vital y compositivo.

En conclusión, las formas de toda pintura, la luz, el color y la sombra dan lugar a ella tal y como la conocemos.

Tema I: El Arte Paleocristiano.

El arte medieval parte desde antes de que empiece la Edad Media porque el arte medieval cristiano empieza en la época paleocristiana, es decir, en plena Edad Antigua, terminando en plena Edad Moderna, dado que el gótico en algunos casos poseía convivencia con el renacimiento. Cronológicamente, por ello, empezamos en el s. II y terminaremos en el s. XVI.

Los primeros años, hasta el 1000, son los de la Alta Edad Media, siendo éstos los del arte cristiano DIVIDIDO , que está entre el mundo de Oriente y Occidente. El primero da lugar al Arte Bizantino y el segundo al Arte Paleocristiano. Desde el año 1000 al 1500, se le da vida al Arte Cristiano Unificador , de la Baja Edad Media, dando lugar a dos corrientes: el Románico y el Gótico. Por tanto, hablar de Arte Paleocristiano implica internarse hasta los primeros siglos de nuestra era y salirse de la Edad Media, siendo otro problema a considerar la calidad artística de este primer arte cristiano. Una realidad que, a veces, es muy reducida y nos plantea el problema de este arte y el no cristiano (pagano), por la inferioridad notable del primero. Para aclararlo hay que fijarse en la cronología llamándose primer arte cristiano a aquél dentro de los límites del mundo romano, existiendo a la vez dos centros neurálgicos de interés: occidente con Roma y oriente con Jerusalén. En consecuencia, habrá arte paleocristiano oriental y occidental.

El límite para este primer arte cristiano está en el año 313, que es cuando se edicta el Edicto de Milán o de la Paz por Constantino. Este arte nos ofrece dos cualidades contradictorias: la Unidad y otra la Pluralidad.

La Unidad surge de la intención con que se hacen las obras de arte: es cierto en ese sentido que el arte cristiano crea formas permanentes hasta ahora: basílica…, y se gloria de haber creado formas básicas perdurables. Y hay unidad en el desarrollo de una iconografía que nos une para ver la vida de Cristo y en la que hay temas del Antiguo Testamento que predicen su misión. Tiene conexión esto con el mundo judío. La

remotas la piedra del Lacio (resistente), provoca la creación de una red de galerías con una finalidad hidráulica, con la que se encontró la solución del problema funerario cristiano por dos causas: 1: el espacio que se necesitaba y 2: el elevado coste de los terrenos suburbanos.

Sólo una de las catacumbas era propiedad de la Iglesia: la llamada “El Cementerio” (de principios del s. III d.C.) o de “San Calixto” (su nombre actual). En ella se enterraron a todos los Papas del s. III d.C. por ser la oficial de la Iglesia. Poco a poco, casi todas se convirtieron en propiedad de ella, con algunas excepciones de familias ricas que querían conservarlas a perpetuidad. Una característica notable de las catacumbas y cementerios de Roma es que casi todas se encuentran en la periferia de la ciudad (entonces, no hoy, ya anexionadas por el imparable crecimiento urbano actual).

Las cuadrillas de fosores cristianos alcanzaron pronto una notable maestría técnica, sobre todo para las salas más importantes y futuras guardianas del esperado perfeccionamiento que las elevaría sobre las demás de la catacumba. Las galerías normalmente tenían 1 m de ancho por 2 o 3 m de alto. Constaban de un pasillo principal del que salían ramales. Una vez cubierto todo el espacio de la catacumba, bien se ahondaban hacia abajo nuevas galerías o se creaban más niveles en alto, surgiendo varios pisos.

Para la ventilación y la entrada de luz se utilizaban lucernarias. En estas construcciones subterráneas, se localizaban los lóculos (especie de nichos), que era la forma más simple de enterramiento. Eran unas cavidades rectangulares hechas en las paredes, donde se colocaban los cadáveres (a veces más de uno entre familias). Se solían cerrar con una placa de mármol que podía tener pintado o esculpido el nombre del difunto o de la familia.

La siguiente formación en nivel de rango era el arcosolio , una forma, como decimos, más rica de sepulcro. Se excavaba en la pared un arco que servía para cerrar y guarecer la tumba en un nivel inferior, y que se decoraba con frescos. Los arcosolios, además, estaban normalmente en una pequeñas habitaciones aparte llamadas cubículos, que constituían tumbas de familias o corporaciones. Se iluminaban por lucernarias abiertas en las bóvedas, y solían tener las paredes cubiertas de pinturas. Algunos autores afirman que podrían haber sido lugares apropiados para las celebraciones litúrgicas (en algunos se aprecia como un pequeño altar, para comuniones, bautizos, eventos eucarísticos…). En éstos casos, el culto congregacional sería a pequeña escala, dado el reducido espacio que presentaban, y además, en las catacumbas sólo se solían celebrar funerales, también con un número de asistentes poco elevado. Aparte de todo, también había cementerios al aire libre en los que la reunión podía ser mayor, y eran los que preferían los primeros cristianos para ser enterrados.

Con relación a las excavaciones arqueológicas : hasta el s. XV se desconocía la existencia de las catacumbas. Un investigador del s. XIII, realizó una lista de las posibles existentes, pero muy confusa. No es hasta el s. XVI, debido a un hallazgo casual (como suele ocurrir en estos casos) de unas galerías con unas pinturas en la Vía Salari cuando se empiezan a estudiar. Los arqueólogos del XVII y XVIII no siguieron el método topográfico para estudiarlas del s. XVI, sino que las despojaron a muchas de sus riquezas (epígrafes, sarcófagos…) para llevarlas a los museos (como el Lateranense de

Pío Clementino). En el s. XIX se volvió a la exploración científica y se trazaron las líneas maestras de la arqueología cristiana, surgiendo la llamada “Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada” (institución, como su propio nombre indica, de la Iglesia), que cambió el sistema de estudio. Las catacumbas se consideran hoy día por los principales estudiosos como de capital importancia para el estudio del cristianismo primitivo, como documentos que hablan de aspectos de su sociedad, de su jerarquía, de sus dogmas, de su arte (claro está), etc….

Destacamos tres catacumbas sobre todas las demás por su importancia:

  • La Catacumba de “San Calixto”: que es el cementerio oficial más antiguo de la cristiandad albergada en Roma. Tuvo su origen en un cementerio al aire libre, y en ella fueron enterrados con seguridad nueve Papas del s. III d.C. Esto dio lugar a que se llamara también La Cripta de los Papas (dentro de San Calixto). Sus galerías se desarrollan a través de más de 10 km y es muy significativa la riqueza de sus pinturas.
  • La Catacumba de “Domitila”: tiene dos niveles principales. Su núcleo cristiano más antiguo es de la segunda mitad del s. II d.C., y ésta catacumba limitaba con la Basílica de los Santos Nereo y Aquileo. Los cuerpos de estos mártires se colocaron en una cripta del segundo piso de la catacumba que el Papa Sandámaso transformó en basílica.
  • La Catacumba de “Priscila” : se construyó con dos pisos y se da la circunstancia de que sus galerías (las del segundo piso) no tienen un rumbo simplemente casual (como en el primer piso y en los demás casos de catacumbas), sino que actúa correspondiendo aun proyecto ideado de antemano. Su origen es diferente (las otras son redes hidráulicas), pues inicialmente fue un Arenarium (una cantera de roca volcánica) usada en el s. III d.C. Dentro está la llamada “Capilla Griega”, también nombrada “El Cubículo de la Fractio-Panis”. Es una estancia rectangular interrumpida hacia su mitad por un arco. En las paredes hay nichos, y su nombre deriva de la presencia de dedicatorias en griego en ellos. Sus frescos son de la segunda mitad del s. II d. C., y en el nicho absidiar (del ábside), se encuentra el tema más importante desde el punto de vista iconográfico: se reproduce un banquete eucarístico (de ahí también lo de “fractio-panis”, -“partir el pan”-).

También hay que hablar de Las BASÍLICAS. Un caso evidente de las Iglesias Domésticas es la de Doura-Europos. Está fechada en la primera mitad del s. III, y tiene una gran sala de reunión y un batisterio (una especie de pila bautismal) decorado con pinturas religiosas. Se trata de una Domus-Eclesiae (“ Casa-Iglesia ”) primitiva y precursora como otras de las Grandes Basílicas del s. IV, sus antecedentes más directos. Un interrogante lógico sería el de cómo se llegó a la idea de lo sacro de estos lugares (de que pasaran de ser casas normales a lugares sagrados). En el s. III d.C. se extendió la idea de que estos centros eran lugares santos. Al filo del s. III d.C. ya tenían los primeros cristianos sus recintos sagrados marcados, y al principio (en general), es difícil distinguir una casa-iglesia de una casa normal, y más aún si no presentaba restos de signos religiosos (pinturas, por ejemplo). Tras el Edicto de la Paz, estas casas debieron ser suplantadas por edificios más suntuosos. Según la opinión de algunos investigadores, el plan de la casa fue lo que debió influir más en la construcción de las Iglesias, porque en Jerusalén los apóstoles (como en la ocasión de la recepción del

(considerado como el lugar de nacimiento del Sol, simbología del nacimiento de Cristo). Ejemplos de Basílicas Paleocristianas Occidentales más notables (en Roma):

1ª: La Basílica de “San Juan de Letrán”o Lateranense : El nombre le viene de los primitivos propietarios del terreno donde descansa. Es la más importante dentro de las Basílicas por dos razones: es la primera construida y sirve como modelo a las siguientes. Fue construida por Constantino después del 313 y fue dedicada a Nuestro Salvador. Su aspecto actual no corresponde con el de entonces, pues se hizo sobre ella una restauración de tipo barroco (sobre todo en las naves), dirigida por el arquitecto italiano Borromini en el s. XVII. A pesar de ello, respetó y mantuvo sus proporciones iniciales, la distribución espacial y la luz. Reúne en su interior prácticamente la historia de los primeros siglos del cristianismo en Roma. Se celebraron en ella tres Concilios Ecuménicos, conservando además reliquias.

Tenía una planta basilical de 5 naves, la central más ancha, y un ábside semicircular con ventanas superiores. Las naves se separaron por columnas y la cubierta (como en casi todas) es a doble vertiente (a tijera). Otro elemento de interés que alberga es su Batisterio San Juan Letrán o Lateranense , situado tras el ábside, que tiene una planificación central tomada de los balnearios romanos. Es importante porque es el único existente que nos ha llegado. Se levantó sobre los restos de una casa de campo del s. I y tuvo una planta circular. La actual octogonal es fruto de una reconstrucción bajo el Papa Sixto III en el s. IV. El hecho de que en los batisterios, a partir de entonces, predomine la forma octogonal no es casual: el número ocho está ligado al concepto o la idea de la Resurrección. Además, después del séptimo día en que Dios terminó su Creación, descansó el octavo. El interior de este batisterio de San Juan de Letrán presenta a su vez ocho columnas alquitrabadas, que separan el espacio central (inicialmente cubierto por una cúpula por ser de planta circular y ahora por un cimborrio al ser octogonal) del resto, que es el anillo exterior cubierto por una bóveda de cañón. La iluminación se consigue mediante otras ocho ventanas.

2ª: La Basílica de “San Pedro del Vaticano” : Fue creada poco después de la lateranense. Se alzó en el lugar donde San Pedro fue martirizado en la primera mitad del s. IV. Para ello se destruyeron cementerios cristianos y paganos. Después fue destruida ella misma a comienzos del s. XVI para hacer la actual, de Bramante y Miguel Ángel. La primitiva tenía una disposición muy similar a la de San Juan de Letrán. Variaba en su mayor tamaño y en que la nave central era adintelada y las laterales tenían arcos. Muy importante era el ábside, transformado en el 600. La cripta (tumba del apóstol), estaba a más bajo nivel que el ábside, lo cual requería unas escaleras para acceder de él a la parte inferior, y un pasillo redondo. Esto es de crucial importancia, pues dará lugar a la idea de Girola de las Iglesias de peregrinación de la Edad Media. Otra diferencia es que su fin era conmemorativo de San Pedro; era, por tanto, una “ Martiria ”. Desde fines del s. II las tumbas se extendieron hacia el sur de Roma, y cubrieron el Circo de Gallo y Nerón (en desuso), y una de las construcciones más importantes que trajeron consigo fue una Rotonda con un atrio de lados curvados dedicada a San Andrés y consagrada a fines del s. V o principios del s. VI. Después, la obra se unió al Mausoleo de Honorio, parte de la Basílica de San Pedro. Se destinaron inicialmente para albergar los restos de la familia imperial de Teodosio.

3ª: La Basílica de “San Pablo de Extramuros” : Su espacio camino es gigantesco e impresionante. Se levantó a finales del s. IV o principios del V. La actual es una reconstrucción, pues la primera fue víctima de un incendio del s. XIX. Conserva su esquema primitivo, la amplitud de dimensiones y algunas estructuras que no se quemaron. Tenía un gran patio con pórtico. El interior tenía 5 naves separadas por columnas unidas por arcos, un crucero continuo (poco sobresaliente lateralmente), un gran ábside (tan ancho como la nave principal) y con cubierta a dos aguas.

4ª: La Basílica de “Santa María la Mayor” : Construida en el s. V. Dedicada desde su origen a la Theotocos (madre de Dios con el Niño en brazos). Hay estudiosos que piensan que se levantó para contraponer el culto cristiano al pagano (con Diosas como Atenea). También se ponía en relación con la construida por el Papa Liberio en el s. IV, pero estudios posteriores (de la segunda mitad del s. XX y principios del XXI) rechazan esta relación, y en lo que coinciden es en que fue seguramente dedicada por el Papa Sixto V a Santa María. Sufrió alteraciones en el Románico y en el Renacimiento , pero a pesar de ello la estructura que presenta respeta la inicial. Tiene 3 naves (que conservan sus proporciones primitivas), con grandes columnas, un ábside semicircular y con el techo de casetones (reconstruidos en el Renacimiento). También es importante la leyenda (muy difundida en Roma) que existe sobre su construcción, que sugiere que fue la propia Virgen aparecida a Sixto V la que le dio la idea de dedicarle una Basílica.

5ª: La Basílica de “Santa Sabina” : Es muy importante por sus innovaciones. Marca una modificación en la anchura y altura de las naves en relación con otras basílicas. Ésta es de menores proporciones que las anteriores. Se levantó en el s. V, y presenta un esquema sencillo: 3 naves con columnas corintias unidas por arcadas, un ábside y una fachada precedida por un arco. Lo que destaca (y lo que no se ve en otras) son las ventanas con celosías que matizan la luz y que son placas de alabastro agujereadas. Esto es de capital importancia, porque luego se ve este uso lumínico en las Iglesias Asturianas del Arte Prerromanico, como en la de San Miguel Lillo o la Románica de Cervantos.

6ª: La Basílica de “Santa Inés” : del s. IV, reconstruida posteriormente. Es importante por ser la primera con Triforio (un pasillo angosto que sirve para circular por el piso superior de una construcción) para facilitar el movimiento de los fieles. El conjunto también destaca porque no sólo está formado por la Basílica, sino que presenta restos de un cementerio y el “Mausoleo de Santa Constanza” (prototipo de “ memoriae ”). Bajo la Basílica se extienden las galerías de una Catacumba. Fue levantada en la época Constantiniana. Tenía un atrio, 3 naves (la central mayor), un gran ábside y un pasillo continuo, con cubierta de doble vertiente.

El “Mausoleo de Santa Constanza” es el más importante de planta central en la actualidad. Se destinó para recibir los restos de la hija de Constantino, construido en el 350 (mitad del s. IV). Precedido por un atrio rectangular que se rodeaba de su pórtico. En el interior (dividido en dos espacios concéntricos por doce columnas por parejas sobre las que descansan arcos) hay cuatro grandes nichos y junto a ellos doce menores intermedios. Es de gran interés que sobre las columnas hay entablamentos (los arcos no descansan directamente en los capiteles de las columnas). Esto es de gran importancia porque así se da más altura a la construcción (la Catedral de Granada, de planta gótica, usa este sistema para ganar altura). En el anillo interior del Mausoleo, el tipo de

cabecera y las del arte paleocristiano. Siempre según él, dice que para basar su modelo hay que irse a las Iglesias compuestas por una rotonda exenta unida a una Basílica, obras de importancia en el modelo arquitectónico de la Alta Edad Media. Los alzados de estas rotondas no tienen grandes analogías con la rotonda de la Catedral de Granada, ni en la forma ni en las proporciones que ésta tendría después. Como consecuencia, y al no encontrar un antecedente convincente ni en el Gótico Español, ni en el Renacimiento Italiano ni en la Europa Medieval nacen distintas hipótesis: unos piensan que el cabecero de la Catedral de Granada fue invención imaginativa de Diego de Siloe, lo cual es poco probable, y otros grupos, como al que pertenecía Rosenthal, piensan que el antecedente está, pues, en el Arte Paleocristiano: al combinar una Capilla Mayor circular con una nave basilical, Siloe creó una planta similar a la de añadir una nave a un Martiria. Tal vez son ejemplos de base para esta curiosidad de la Catedral de Granada la Iglesia del Santo Sepulcro , que une el Mausoleo de Santa Elena con la Iglesia de los Mártires Pedro y Marcelo, y la Iglesia de los Apóstoles de Constantinopla que une una Basílica antesala de un Mausoleo Octogonal (También mandada construir por Constantino). Otras pueden ser como la de la Natividad de Belén (que en el período primitivo antes de su reforma en el s. VI) tenía una base de 5 naves con un Monumento Conmemorativo Octogonal en el lugar donde nació Cristo.

Así, este grupo, a mediados del s. XII, abrió el Anástasis del Santo Sepulcro, para unirlo con la Iglesia de la Resurrección del Gólgota. De esta forma, esta importante iglesia se convirtió en un ejemplo tardío de este estilo arquitectónico que aparecerá después en la Catedral de Granada. Además, en el s. XVI sólo la Iglesia del Santo Sepulcro conservaba esta forma. Sin duda, el proyecto de Diego de Siloe está relacionado con este antecedente paleocristiano uniéndolo con el estilo renacentista. El tipo de estilo seguido en la cabecera (de rotonda alta con cúpula de ventanales) se encuentra ya en el arte antiguo (como en los Panteones Romanos). Fue muy usado, como decimos, en el mundo romano, pasando a las construcciones paleocristianas (como al Mausoleo de Santa Constanza, ya estudiado), y a la Europa Medieval en los batisterios, las Iglesias Templarias y a través de las construcciones del Santo Sepulcro. A pesar de todas las similitudes, para Rosenthal, este no fue el modelo más directo seguido para la construcción de la Catedral de Granada, sino el mencionado Sto. Sepulcro y Sta. Constanza, que posee una cúpula alta con ventanales y un deambularlo inferior con Capillas alrededor (como en Granada). Siloe debió conocer el Sto. Sepulcro mediante las ilustraciones y la transmisión oral de los peregrinos, además de las escrituras. Esto hizo que no tuviera demasiado en cuenta su importancia. En el Renacimiento (con su retorno al gusto clásico aunque con aportaciones medievales), se ve al Sto. Sepulcro como una reconstrucción arqueológica (de ahí su importancia). Estos teóricos renacentistas (como Rosenthal) se basan en su estado en el s. XVI, corrigiéndolo por el concepto espacial que existe en su siglo y por la idea que tenían del mundo antiguo romano. Este filtro hace que Siloe haga surgir la Catedral de Granada con la idea espacial renacentista y su compleja y curiosa estructura.

Otro importante arte oriental es el que surge en Siria. A grandes rasgos, en el norte de Antioquía, se da una Basílica de tipo rectangular (con cubierta a doble vertiente) que por lo general tiene un ábside semicircular en la cabecera pero con una novedad: dos cámaras cuadradas a los lados: una como prótesis para la ofrenda y otra como diaconicum para el vestuario. Otra novedad es la aparición de la fachada: el

ejemplo crítico es la Basílica de Turmanin. Su fachada está precedida por un Nartex y encuadrada por dos torres. Pero lo importante de esta estructura es que esos elementos están tratados con trabazón y unidad, lo que les confiere una sensación de haber estado meditados. Luego será muy usada.

Otro rasgo muy importante en Siria es la aparición de su MONASTICISMO****. Ocurre en los s. V y VI fundamentalmente este fenómeno. Su significado se refleja en que sus esquemas duraron mucho y son el germen del monasticismo occidental medieval (aunque hay quien piensa que no lo son). Suelen estar bien conservados. Su esquema era el siguiente: alrededor de un patio se organizaban todas sus dependencias, como siendo éste un eje central. Junto al camino donde se situaban se encontraba la Iglesia, que tenía una zona de santuario y un foro para los frailes o monjes, con habitaciones auxiliares. Separada de la Iglesia estaba la Tumba Monástica. Otro edificio era el Pórtico, cuya función era una mezcla entre refectorio y hospicio de caridad (siempre relacionado con el sustento). La última zona eran los llamados edificios de Habitación y Comunes, que eran los únicos no públicos y donde vivían y se albergaban los monjes. Tenían una torre vigía para defensa de sus campos que los sustentaban.

Qlat Siman de San Simeón el Estilita. Es del s. V y muy importante, porque a la estructura monástica que acabamos de ver se añade dentro un “Martirium”: el levantado alrededor de las reliquias del Santo, que es la columna donde vivió toda su vida y que marca el eje arquitectónico de toda la Iglesia. Su planta se levanta en función a ella, es cruciforme (no basilical), y su estructura centrada es típica de los santuarios martirianos. También es llamativo el elemento exterior (muy usado luego en el Románico) que conforman las columnas adosadas a la fachada y los arcos ciegos. Aclaramos que San Simeón representa un tipo de monje muy bien definido: fue un gran asceta místico, y su fama en vida acercó a muchos visitantes al lugar, lo cual jugó un papel importante en la política de Bizancio, pues a su muerte su fama es aprovechada por el Emperador Zenón, que levanta un gran Centro de Peregrinación (el mencionado Monasterio) y de camino atrae a las gente de su provincia más problemática de aquél tiempo.

La ESCULTURA PALEOCRISTIANA. El arte paleocristiano es cristiano por el contenido pero romano en lo artístico, y como consecuencia sus principios son difíciles de determinar. La mayor parte de la escultura paleocristiana tiene un carácter funerario.

El SARCÓFAGO era la forma más lujosa de sepultura, y por tanto en él se suelen representar con más asiduidad las esculturas paleocristianas.

  • Su forma es de pila oval o de caja rectangular , las básicas.
  • La cubierta podía ser como de tejado (a doble vertiente) o ser plana con un ático inscrito con una leyenda.
  • Entre los temas (muchos y todos cristianos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento) que decoran sus caras principales están: la Creación, el Pecado Original, el Sacrificio de Abrahán, Jonás y la Ballena y el profeta Daniel entre los Leones. Del Nuevo Testamento los más representados son los milagros relacionados con Cristo : las Bodas de

modelo continuo en dos frisos: arriba los temas del Nuevo Testamento: la Resurreción de Lázaro y San Pedro entre los Soldados por ejemplo, y abajo los del Antiguo Testamento: Jonás, de cuya historia representa la carga de su nave, su naufragio, él en la playa y su posterior descanso. La idea central de esta representación de Jonás es la Resurrección: su tema de la salvación aparece dos veces, una cuando es engullido por la Ballena y otro cuando es devuelto a la playa. Esto no es casual, sino que entra en esos nuevos temas, pues Jonás alude como símbolo a la Muerte y Resurrección de Cristo (estuvo también tres noches y tres días en el vientre de la Ballena después que ésta lo expulsara).

Existe un arte importante que hay que mencionar antes de la etapa Constantiniana: el ARS HUMILIS. Según algunos grupos de investigadores, hay un grupo de obras cristianas en las que se observa un estilo popular, que no queda desconectado del mundo pagano romano. El uso de un estilo popular sencillo no es debido a la menor capacidad de los artistas sino que tiene una deliberada intención excepcional.

El ejemplo clave de este arte podemos encontrarlo en el Pórtico de la Basílica de Santa Sabina: es del s. V, de cedro y ciprés, decorado por ambos lados con 18 paneles. Los temas desarrollados son del antiguo y nuevo testamentario, siendo un ejemplo máximo del Ars Humilis el de la Crucifixión de Cristo. A pesar de la desaparición de algunos paneles, las representaciones del Antiguo Testamento se usan aquí de manera diferente: en este pórtico los paneles van por en forma y en contenido, asemejados a las formas de un díptico (como este libro de madera pintado o en relieve por ambas caras interiores). El primero estaba dedicado al Antiguo Testamento y el siguiente al Nuevo (de los Evangelios). Esa comparación se consigue mediante unos recursos estilísticos: comparando los temas e iconográficamente los sitúa juntos, dándoles luego las mismas dimensiones, para finalmente separar los milagros por un motivo: un elemento horizontal que marca el suelo. Con ello pretenden hacer un paralelismo entre los temas configuradores del panel, aunque no consiguiendo siempre una total simetría (a veces aparecen tres milagros de Cristo frente a cuatro representaciones del Antiguo Testamento).

Algo también de interés de las Puertas de Sta. Sabina es el recurso que aumenta la viveza de yuxtaposición de luces, que, vistas bajo los trabajos de Exégesis contemporáneos, se cree que intentan revelar un sentido tipológico en las escenas: por ejemplo se representa el árbol que vuelve dulces las aguas amargas así como la figura de Cristo, que convierte también lo amargo (el pecado, el mal), en bien. En la iconografía de estas puertas se manifiesta cómo acontecimientos del Antiguo Testamento anuncian algunos del Nuevo, usando las figuras premesiánicas que anuncian el nacimiento del misterio de la Eucaristía: el pasaje del maná caído del cielo o el sacrificio de Isaac por su padre Abrahán, que argüirán una futura diferencia entre Verdad Revelada o Inspirada. Para aumentar la fuerza de lo representado intentan igualar en los paneles proporciones y organizaciones. Otro recurso es la yuxtaposición física de imágenes y también de los detalles de las escenas, repetidos aumentando sus semejanzas. Hay testimonio de dos estilos diferentes: en los paneles más grandes se sigue un arte más cuidado con diferencia (refinado, pulido, con más tratamiento en los paisajes, en las figuras y en los movimientos), mientras que en los más pequeños es

donde se desarrolla este estilo más sencillo y popular ( ars humilis ), y cuyo ejemplo más representativo, antes bosquejado, es el del panel de la crucifixión, el primero conocido hasta ahora que trata esta representación plática (Discurso en que se enseña la doctrina cristiana, se elogian los actos de virtud o se reprenden los vicios o faltas de los fieles). En ella se coloca a Cristo triunfante y victorioso sobre la Cruz y la Muerte, de pie (ni moribundo, desvencijado o caído), con los ojos abierto (vivo), sin aureola de Santidad y colocado entre los dos ladrones (de menor tamaño que jerarquizan la figura de Jesús). Los tres cruces tienen esbozado debajo un patíbulo. Los personajes están desnudos, sólo vestidos con el Paño de Pureza. Todas estas representaciones se sitúan sobre una arquitectura de fondo muy estilizada, que enmarca la situación de la obra en un espacio abierto, para que lo resaltable sea la figura de Cristo. Destaca, en suma, su sencillez y su importancia dentro de este ars humilis.

Los SARCÓFAGOS Constantinianos: Dejando atrás el Ars Humilis , entramos de lleno en la época de mayor esplendor decorativa de los Sarcófagos Cristianos, inmediatamente posterior a las tres etapas que vimos con anterioridad, y la de mayor importancia. La idea predominante en ellos es la que en general presentan todos: un mayor contenido teológico como premisa fundamental y junto a él (de importancia), también en general, presentan un mayor rigor en la distribución de las escenas. En esta época de Constantino se centran en el simbolismo de las ideas principales con conexiones del mundo griego estilístico. Los Sarcófagos más relevantes son:

El Sarcófago “Dogmático” : llamado así por su profundo contenido teológico. Es del s. IV, de tendencia clásica, presenta un doble friso y fue encontrado en el s. XIX en la Basílica de San Pablo Extramuros. Vamos a tratar los temas que representa en su cara lateral, de arriba a abajo y de izquierda a derecha: primero aparece la Creación del Hombre y la Mujer por medio del Misterio de la Santísima Trinidad, luego el Redentor Cristo entregando a Adán y Eva los medios de subsistencia tras el Pecado Original, y cerca el Árbol con la Serpiente, como símbolo de él. En el centro aparece el Clipeo (concha) con los retratos esculpidos de los difuntos. La siguiente escena son las Bodas de Canáan y la Multiplicación de los Panes y los Peces, para terminar la parte superior con la Resurrección de Lázaro. Abajo se representa primero la Epifanía (la Adoración de los Reyes Magos a Cristo recién nacido, implícito en él el reconocimiento de todos los pueblos de la Tierra del Nacimiento de Dios, y uno señala la Estrella Polar), luego la curación del Ciego (representado más pequeño) y, correspondiendo con el Clipeo central de arriba aparece Daniel entre los Leones con el Profeta Habacuc. A la derecha, siguen las escenas con Cristo prediciendo la Triple Negación de Pedro (fácil de identificar ésta siempre por la aparición del gallo implícita en ella), y las finales: la Captura de San Pedro y éste en el milagro donde hace brotar agua de la Roca (aunque otros discuten que podría ser Moisés).

Los Rasgos más destacables de éste sarcófago son: 1º: el tema inicial (de la Creación), es interpretado por algunos como el Juicio de Salomón, cosa poco probable, pues el de la Creación tiene un profundo contenido teológico y dentro del contexto general del sarcófago ayuda a que en su contemplación se produzca una sucesión de ideas más lógica. 2º: la escena de la Epifanía es de las primeras representadas y reviste importancia por los vestidos orientales de los magos, que revelan el gusto de representar las diferencias entre pueblos con el contenido teológico que conlleva (como hemos

Coronación de Cristo no con una corona de espinas sino de Gloria (escena simbólica como coronación de Vida Eterna a la que lleva la Pasión, que es el proceso representado), el espacio central y a su derecha: la Conducción de Cristo ante Pilato, y el Lavatorio de la Manos de éste último. El centro, en el que ahora nos fijamos, tiene un tinte especial: representa una Cruz sostenida por el pico de un Águila con una Corona de Laurel impuesta, y en su interior el Crismón (símbolo constituido por las letras Chi y Rho, las dos primeras del nombre de Cristo en Griego, y visto en infinidad de obras del arte medieval cristiano posterior –como el Crismón Trinitario de Jácar-). Este tema refrenda la idea de la Victoria de la Vida sobre la Muerte con la Crucifixión de Cristo (sobre la cruz, el águila y la corona de laureles representan esta idea de triunfo, y Cristo es representado por el Crismón). Debajo de la cruz aparecen dos legionarios en actitud pasiva.

Clase de Prácticas II: En esta clase de prácticas dimos los siguiente: primero, y más importante, aprendimos a crearnos el esquema básico para el reconocimiento de una obra, después de haberla comentado. Primero averiguaremos el Nombre , luego el Autor , su Cronología (siglo o año al que pertenece), su Localización (principalmente el país de donde viene la obra de arte) y por último el Estilo (Barroco, Gótico, Renacentista...). También se ha dicho que se trataría posteriormente la importante diferencia entre fachada y portada. Después, la mayor parte de la clase estuvo dedicada al RETABLO (mediante tres diapositivas, una de dos retablos con sus partes diferenciadas, otra un retraro y una última de un sagrario con un manifestador). El contenido fue el que sigue: hay que saber distinguir, a la vista de un retablo: 1º: Si es el principal (el mayor de una Iglesia, en su Capilla más grande) o uno lateral, 2º: El Material con el que está hecho, 3º: Su Sección (recta, cóncava o trapezoidal-poligonal, hasta a veces combinadas. La recta es si el retablo es paralelo a la pared sobre la que se apoya, la cóncava si se abomba hacia fuera y la poligonal si es como un tablero) y 4º: Los Elementos que tiene: sus calles, pisos... etc.

Los pisos son horizontales y las calles verticales. Puede darse la circunstancia (sobre todo en los retablos más pequeños, laterales), que tenga pocos o estos sean hasta únicos. La parte inferior (desde la primera calle al suelo) se llama BANCO (el espacio de debajo del piso primero) y el SOTOBANCO, otro cuerpo más abajo del banco (pueden existir los dos o no). Entre las calles puede haber Entrecalles , más pequeñas y entre medias de las principales. La Calle más importante siempre es la central, más grande y ancha que las laterales. El resto de la iconografía del retablo, sea la que sea, siempre va en función de la lectura que tenga la de ésta calle principal. El TEMA que tratan siempre se centra en ella, y puede sobresalir hacia delante, destacando además siempre por el ÁTICO, su parte superior y prolongación, que destaca en altura encima de las laterales. Normalmente, el ático tiene un tema iconográfico que suele ser un Cristo en el Calvario (crucificado) o el Misterio de la Santísima Trinidad, siendo el porqué de esto que todos los programas iconográficos, sean el que sean, todos rematan en la Muerte y Resurrección de Cristo.

Los límites entre los pisos son los ENTABLAMENTOS, compuestos de alquitrane, friso y cornisa (aunque puede faltar alguno de estos tres elementos). Entre las calles son los ELEMENTOS DE SUSTENTACIÓN, que son columnas, estípites...etc. El ático aparece siempre que haya 3 calles o más, pero si la capilla donde

está colocado el retablo es pequeña y éste tiene sólo una calle puede no haberlo, todo depende de la intención y destino. En la parte inferior aparece en los retablos el SAGRARIO, que guarda el Copón (recipiente abombado con tapadera) que guarda a su vez las sagradas formas y la Patena (plato muy plano donde se colocan las sagradas formas que el sacerdote ha consagrado). El Sagrario siempre está colocado bajo la Calle Principal y puede tener encima un MANIFESTADOR (muy frecuente en la antigüedad, pero ahora cayendo en desuso), que sirven para manifestar la CUSTODIA. Los hay de distintos tipos, siendo uno muy común el en forma del colmena (por sus paneles). Es como un espacio superior al sagrario y que se puede cerrar mediante unas puertas (con forma de arcada), donde en su interior se encuentra la custodia con la sagrada forma. Su decoración está fundamentalmente basada en espejos con motivos florales. Nunca narra historias (aunque en el techo puede llevar algunas pinturas excepcionalmente), porque pretende transmitir que es un espacio sobrenatural (donde se alberga Dios), de grados infinitos que manifiesta el carácter divino de la Eucaristía. El significado y razón de los espejos se encuentra en que como antiguamente los retablos de iluminaban mediante velas (y no con luz eléctrica como ahora), éste tipo de luz vibraba, y al reflejarse en los espejos ayudaba a acrecentar esa sensación mística y sobrenatural. Por tanto, la Teatralidad barroca es muy importante en este elemento, que se abre en un momento determinado... etc. Así, que sea de madera dorada (muestra de esplenor y gloria), su brillo, su relación iconográfica con el Sagrario... todo tiene que ver con la magnificencia y la mencionada teatralidad que quiere transmitirse con este elemento. No tiene porqué tener nada que ver con el tema del retablo donde se encuentre.

El Sarcófago de “Junio Basso”: Es el sarcófago más importante dentro de los de la línea de la Passio Christi. Está realizado en mármol, siendo de columnas variadas (unas decoradas con estrías, otras con motivos figurativos divinos…), de doble friso y con cinco compartimentos dedicados al tema de la Pasión. Uno de los aspectos más importantes de él es que está fechado en una inscripción que aparece en un bordecito de su parte superior, donde además se alude al difunto que guardó: Julio Basso. La fecha es el 359 d.C. (mitad del s. IV). Los temas que se representan en sus paneles son (de arriba abajo y de izquierda a derecha, como siempre): el Sacrificio de Abrahán, la Prisión de San Pedro, Cristo adoctrinando junto a San Pedro y San Pablo, el Prendimiento de Cristo y por último el Lavatorio de Pilato (en la parte superior). Abajo están Job (aunque algunos investigadores actuales lo ven como un precedente del Cristo de la Meditación) con su mujer (aunque otros creen que es San Pedro), Adán y Eva tras el Pecado Original, en el centro la Entrada de Cristo en Jerusalén, Daniel entre los Leones y por último la Detención de San Pablo (o San Pedro). A parte de su rica iconografía, sus lados menores están también decorados, uno con las escenas de la vendimia (tema natural en el arte pagano) y el otro con la recolección de la mies adornado con símbolos estacionales.

Los Rasgos Destacables de este sarcófago son: 1º: El fuerte influjo clásico en algunas de sus figuras (en el tratamiento de paños y actitudes sobre todo, siendo precisamente la figura de Eva víctima del influjo de la Afrodita de Cnido de Praxítedes). 2º: Cada escena está inscrita firmemente en su propio marco arquitectónico , sin elementos sobresalientes, sino bien definidos sus límites. Los recursos usados están pensados para ello. 3º: Se tiene en cuenta la prioridad de los cuadros , y aunque exista entre ellos una lógica sucesión temporal, están separados por rango de importancia,

En la segunda mitad del s. IV aparece otro tipo de Cristo, que es el adulto. Por lo tanto se muestra barbado y con melena. Esta nueva creación da comienzo en la época Teodosiana, apareciendo por primera vez en los sarcófagos de “ Puertas de Ciudad ”, llamados así por tener sus escenas un fondo arquitectónico (de también nuevo uso, dejando atrás el fondo neutro) en el que se ve una ciudad, que representa simbólicamente a la Jerusalén Celestial. Este tema iconográfico está muy usado, por ejemplo, en el Monasterio de Santo Domingo de Silos (España).

El Sarcófago de “San Ambrosio de Milán” Inicia la serie de estos sarcófagos de “Puertas de Ciudad”, y está considerado una obra monumental. Es de finales del. S. IV. En él, aparece también Cristo entregando las Leyes a San Pedro. Los talleres que más trabajaron este tipo de sarcófagos fueron los del centro y norte de Italia. Al parecer, este sarcófago contuvo los resto del Santo que le da nombre, y está esculpido por sus cuatro caras, con gran influjo del arte griego (en las figuras, los gestos, las expresiones, las telas…). Sus temas están relacionados con el Nuevo y el Antiguo Testamento, y en el principal (colocado en la cara frontal) se representa a Cristo de pie sobre el Monte del Paraíso rodeado de los apóstoles, y en la cara posterior a Cristo Maestro, sentado adoctrinando a los Discípulos (siendo la primera imagen de Gloria y la segunda más sometida). En los lados laterales están los temas del Antiguo Testamento: Elías portado en el carro tirado por caballos y el Sacrificio de Abrahán.

Para finalizar el estudio de los sarcófagos hay que tener en cuenta los Talleres de la ciudad de Raabe , los cuales al desaparecer los de Roma debido al saqueo de los bárbaros en el 410, llegan a desarrollar una escultura importante en los años siguientes, presentando algunas novedades: la tapa que cubría los sarcófagos ahora es semicircular, y las representaciones adquieren unas connotaciones mayoritariamente simbólicas con menos figuras (quizás una sola decore el frontal). Se ahonda en lo personal, perdurando la elaboración de este foco hasta los s. V y VI.

También, por último, se le debe prestar atención a las ESCULTURAS DE BULTO , aunque sean muy poco frecuentes. Entre ellas destaca el tema del Buen Pastor , habiendo quien lo relacionara con la representación pagana del “Moscóforo”, un devoto pagano que llevaba las ofrendas al Templo. Otros investigadores lo niegan, dado que los Evangelios aluden directamente al tema del Buen Pastor específicamente. Además, hay que señalar el significado diametralmente opuesto al del arte pagano, porque el Buen Pastor alude a Cristo como Pastor de Ovejas, como Cordero Inmaculado, que deja al rebaño para salvar a la oveja descarriada cargándola sobre sus hombros, lo cual engloba un significado eucarístico (pues da la vida por ella). Por eso aparece mucho en las puertas de los Sagrarios. Sin embargo, el Moscóforo en el paganismo tiene un carácter más bucólico en relación con las estaciones.

El Tema del Buen Pastor se representa siguiendo distintos tipos:

1º: El Señor cogiendo al cordero con una sola mano y sostenido con la otra por un cayado.

2º: De la misma forma pero además acompañado por dos reses a sus pies que lo miran y una palmera a sus espaldas (formando una escena más completa que equilibra la composición)

3º: Cogiendo al cordero con las dos manos, sin cayado, pero llevando una alforja como una bandolera. Éste tipo será el más desarrollado en las obras de arte posterior cristiano, amén de en el paleocristiano, porque mantiene un hilo de conexión directa con la descripción del Buen Pastor que hace el Evangelio de San Lucas.

Una representación que sigue este tipo, del s. IV , lo representa con el cabello rizado, joven e imberbe, poseyendo una mezcla del arte romano, dado que porta una túnica exómide. Parece en ella desviar la mirada a un punto lejano, seguramente el rebaño, que da una amplitud magistral a la estatuilla entre lo visto y lo que no se ve. El tipo del cayado se considera más tosco que éste, el cual dio paso a la representación del Cristo Doctor , Maestro, que aparece en los sarcófagos (como en el que hemos estudiado de Julio Basso), y que es otro icono que perdurará y se enriquecerá incluso hasta nuestros días.

Para finalizar la Escultura de Bulto señalamos la Estatua Sedente (conservada en el Museo de las Termas de Roma), esculpida en el 360. En ella se representa a Cristo como Maestro (Doctor). El tipo iconográfico que sigue es el de Christus Puer , Cristo juvenil, y sentado sobre una Cátedra (signo de grandeza para los romanos), la cual perdurará en la Historia del Arte como en la de la Iglesia como elemento litúrgico (el Papa, cuando salía del Vaticano, iba portado antiguamente en una). Lleva en las manos el rollo de los Evangelios para enseñarlos.

LA PINTURA PALEOCRISTIANA

Dejamos la escultura y pasamos a la gran manifestación por antonomasia del Arte Paleocristiano. Es considerada una fuente de gran interés para el estudio de todo este arte en general. Hasta el s. XX existía una postura tradicional que suponía esta pintura como una ruptura con el mundo clásico, siendo un arte nuevo nacido de la nada dentro del mundo romano. Esta postura es desechada totalmente en la segunda mitad del mismo siglo, pues un arte no se puede improvisar sin ningún fundamento de partida. La cuestión ineludible es la pregunta de cómo era el arte pagano cuando surge este nuevo, cristiano. Pues era expresivo, tendiendo a la desmaterialización, despreciando en cierto modo la forma plástica. Todo este arte orientalizante queda recogido en la obra literaria Estética , del antiguo filósofo pagano Plotino , que recoge las tesis para estudiar el arte cristiano bizantino y medieval, dado que contiene herencias neoplatónicas del ambiente general de la época. Junto a la importancia de este aspecto, el arte cristiano presenta influencias del mundo judío:

1ª: Siempre se ha hecho hincapié en que la falta de imágenes en el cristianismo es por culpa del judaísmo , pero cada día más estudios revelan la relación que existe entre él y las sinagogas que estuvieron decoradas con pinturas,

2ª: el mundo judío experimenta unos programas iconográficos ya desarrollados y tratados antes del mundo cristiano, el cual toma como suyos algunos ya muy elaborados, del Antiguo Testamento , que es la base del mundo judío.

La Iconografía de la Pintura Paleocristiana : Las escenas bíblicas se representan de la misma forma casi siempre, lo que se considera no como una falta de inspiración de los artistas, sino como la muestra de un respeto por la lectura simbólica que contienen, cuyo mensaje es siempre el mismo. Uno de los conceptos fundamentales