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Asignatura: artes populares, Profesor: Esther Fernandez de Fernandez de Paz, Carrera: Historia del arte, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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ARTE OCEANICO (símbolos, imágenes y tradición estética)
Resulta difícil detectar cuales son los símbolos, las imágenes o los rasgos comunes en esa gran variedad de sistemas de representación que constituye el arte oceánico. La diversidad cultural de islas y de sus creaciones visuales desafía cualquier intento de clasificación. En una misma isla suele haber tradiciones artísticas muy diferentes, lo cual no excluye que en determinados lugares aparezcan estilos con tan fuerte personalidad que resultan inconfundibles: tal es el caso del estilo malaggan de la isla melanesia de Nueva Irlanda o el maorí de Nueva Zelanda.
Sin embargo, resulta evidente que en sus representaciones se da preferencia absoluta a dos temas: la figura humana y el pájaro. El pájaro, como símbolo, aparece constantemente en el lenguaje, en los mitos, danzas, canciones y en el arte visual. Sin embargo, el simbolismo está en la especie, no en el género.
En la representación de la figura humana se hace evidente el carácter marcadamente anti naturalista del arte oceánico. Es característica su tendencia a modificar las proporciones y los rasgos humanos mediante la simplificación de sus formas, creando estereotipos, a veces fantásticos, en los que se pierde en veracidad, pero se gana en valores emotivos. No producen la impresión de que se haya tenido la más mínima intención de imitar las formas humanas, pese a que los tallistas estuvieran capacitados para ello, como demuestra la escultura animalistica del Sepik, Salomón y Tahití.
Lo que interesa de la figura humana es que sea la representación de fuerzas sobrenaturales, y ello se consigue plenamente mediante la acentuación de determinados rasgos, como la cabeza o los ojos, o el aspecto masivo de sus cuerpos; aunque estén inmóviles, producen una clara sensación de fuerza, de dinamismo y de vitalidad. Un dinamismo autentico solo se deja entrever en determinados detalles; y es que, la figura en sí, solo representa al principio divino en su existencia, no en su acción. Y eso a pesar de que los temas con estas esculturas son temas dinámicos, como el del proceso de la creación. También el culto a los antepasados supone la veneración de un proceso dinámico, puesto que lo que se venera es la fuerza vital que contenían.
Resulta obvio que, como motivo decorativo, el ojo humano está también siempre presente, enmarcado por un motivo orbital, ovalado, circular, trapezoidal o espiriliforme. Sin embargo, la misma variedad de los materiales empleados afecta y condiciona la diversidad de formas, dificultando su clasificación.
Como en la mayoría de las culturas, el impulso decorativo y de creación de belleza visual, se extiende a casi todas sus formas materiales de expresión, pero especialmente a elementos que tienen connotaciones religiosas. Los sistemas religiosos producen la formulación de rituales, y los rituales necesitan objetos materiales, que les son incorporados. Sin embargo, hay que separar concepto religioso y estilo artístico, ya que pretender explicarnos unos cultos mediante unas obras artísticas es un error. Estas no ilustran directamente el complejo corpus de mitos que envuelven. Las esculturas y las pinturas actúan, más bien, como elementos mnemotécnicos, que no revelan fácilmente su mensaje, y menos a los no iniciados.
No se puede negar la existencia de un típico y original arte papúa. Por eso las manifestaciones artísticas de los papúas y melanesios ofrecen un interés cada día mas acrecido, a la curiosidad de los europeos. Este arte se manifiesta en tres aspectos principales: 1º la escultura en madera, ya sea la que podríamos llamar estatuaria, ya sea el relieve; 2º la decoración de armas y útiles; y 3º los trajes y mascaras ceremoniales.
La escultura, en madera casi siempre y excepcionalmente en piedra, utiliza como temas preponderantes la figura humana y las de animales. Las esculturas humanas son estatuillas de pequeño tamaño, de carácter religioso, como por ejemplo los KOWARS de las tribus de la bahía de Geelvink, si bien esto no priva que en algunos casos se tallen también grandes postes en forma humana de tamaño a veces superior al natural. Todas ellas se distinguen por su estilización caricaturesca; los miembros y la cabeza suelen ser muy alargados, y bien marcados los rasgos de la cara. Los ornamentos se suelen representar también, siendo los mismos que llevan los indígenas. La posición encogida es frecuentísima en tales representaciones, casa natural, ya que esta es la favorita de los papúas. En algunos casos, pocos empero, tales esculturas representan escenas; por ejemplo: un cocodrilo devorando a un hombre perseguido por otros hombres. La escultura en madera es casi siempre policromada y se aplica sobre todo a la decoración de las casas, y dentro de ellas, la que la recibe con más profusión es la casa dedicada al templo y a lugar de asamblea. Hemos de advertir que en trabajos modestos aparecen gran número de motivos geométricos, sobre todo circulares.
El arte melanesio difiere poco del Papúa. Encontramos aquí las mismas mascaras y esculturas, iguales motivos humanos, zoomorfos y geométricos de decoración. En Fiji hay muchas influencias del arte polinesio. Destacar las rocas con signos grabados de Nueva Calcedonia. Se trata de grandes rocas naturales, en las cuales por medio de un instrumento, al parecer de piedra, se han grabado representaciones muy variadas: animales, arboles; líneas que parecen azagayas; líneas cruzadas en diversos sentidos, que se han interpretado como figuraciones de cortezas de árbol, de las utilizadas para vestir; líneas onduladas, círculos, signos cruciformes, etc.; todo muy rudo y muy torpe. Estas rocas con grabados bastantes numerosas y, de seguro, investigaciones mas detenidas aumentaran el numero de las catalogadas, de la misma manera que extenderán su área geográfica. Los indígenas actuales no tan solo no saben el objeto de tales grabados, sino que ignoran su misma existencia cuando no están en lugares visibles. ¿Se trata de una influencia polinesia? ¿O bien, por el contrario, de una época en la que se decoraba la piedra como ahora se decora la madera? Como veremos más
En Nueva Gales del Sur, en cuevas y también en rocas al aire libre, existen pinturas y grabados con representaciones de manos humanas y figuras de animales y de hombres muy estilizadas.
En el Queensland es donde estas interesantes representaciones son más numerosas, a juzgar por las estaciones conocidas hasta ahora. Citemos las localidades de Cooktown, Bloomfield, Huhghenden, Mackinlay, Clocurry, la isla de Clack (las primeras conocidas), entre muchas otras, en las que, en refugios bajo rocas y en cuevas, se han realizado tales hallazgos. Hamy encuentra en ellos verdaderas similitudes con el arte rupestre Europeo. En tales pinturas y grabados hay representaciones de hombres; y en general pueden calificarse de más torpes que las obras de arte del Paleolítico de Occidente. Entre las pinturas del Queensland las hay que parecen más modernas.
Puestos en contacto con los blancos, los australianos pueden llegar a aprender a dibujar hasta con maestría; y todo parece abonar la opinión de que se ha exagerado su falta de inteligencia.
Los polinesios poseen un sentido artístico nada despreciable. Este se manifiesta en especial en la talla de la madera, en la que los maoríes de Nueva Zelanda llegaron a producir obras maestras. Se distinguen por la profusión de espirales y las estilizaciones de la cara humana, resueltas de una manera original y sugestiva. Las esculturas no difieren en esencia de las melanesias.
Grabados rupestres, con figuras humanas más o menos estilizadas y con otros signos de difícil interpretación, se encuentran también en Hawái, Las Marquesas y otras islas (Linton).
Los polinesios llegaron a poseer una verdadera literatura oral, que en algunos lugares había empezado a fijarse por escrito. Los cantos samoanos y los hawaianos entonados durante el Hula, son muestras de lo primero; y de los segundos tenemos las llamadas tabletas parlantes de la isla de la Pascua, de que hablaremos luego. También hay que citar como manifestación artística las representaciones de títeres en Hawái, quizá de influencia directa malaya.
Dos son las cosas que diferencia Rapa Nui de las demás islas de la Polinesia y que constituyen su misterio y su originalidad: las grandes estatuas de piedra, de las que existen más de seiscientas en toda la isla, toscas representaciones de la figura humana, que resultan imponentes a pesar de su rudeza, y las tabletas llenas de signos grabados que parecen una escritura.
De las ultimas, que los indígenas llaman Kohau Rongo Rongo, “maderos de los cantos recitados”, no hay más de veinte ejemplares distribuidos por todas los museos del mundo, y ningún erudito ha sido capaz hasta el momento de descifrar las inscripciones.
Respecto de las estatuas, todo hace indicar que se trata de representaciones de antepasados, ya que se colocaban formando parte de tumbas monumentales: los llamados Ahu.
Al lado de la estatuaria en piedra, progreso el de la estatuaria en madera, con obras notables por el aspecto esquelético de los seres representados, en los que parece se transparentan los huesos y órganos interiores. La escuela ha perdurado hasta nuestros días para la exportación. Relacionadas con estas artes plásticas están los petroglifos, que representan tortugas, piraguas, hombres con cabeza de pájaro, mascaras de divinidades, signos estilizados, etc.
Antes de analizar los objetos artísticos de estas culturas convendría definir lo que consideramos arte, lo que entendemos por arte primitivo, y lo que entendemos por estética, para poder aplicar estos términos cross-culturally. La Historia del Arte occidental los utiliza en un sentido que les hace totalmente inadecuados para analizar creaciones de otras culturas, en especial de las calificadas como primitivas. Puesto que estas no son producto del mundo occidental, es lógico que no se ajusten a sus principios. Por ejemplo, los objetos de fibra de coco, todo el ámbito artístico del mimbre, que se teje, se trenza, se enrolla, etc., no se ajusta en absoluto a los conceptos estéticos occidentales, donde el objeto tejido aparece, como mucho, dentro del mundo de los oficios. Sin embargo, las imágenes de paja trenzada de Tahití, constituyen una forma artística importante, mas, incluso, que las madera que, según criterio occidental, ocuparía un rango más elevado.
Definiremos, pues, el arte como formas culturales, resultado de un proceso creativo que manipula movimientos, sonidos, palabras o materiales en el espacio y en el tiempo; estética, como los modos de pensar sobre esas formas; y entiende en los propios términos en que lo hace la cultura que los produce.
Por desgracia, los occidentales suelen aportar muy poco esfuerzo para tratar de entender el arte primitivo como manifestación de tradiciones estéticas diferentes de las suyas, y aplican, casi siempre, para juzgarlo, el punto de vista occidental, que es, a tu entender, el universal; lo cual se traduce en rechazo, provocado, inevitablemente, por el desconocimiento.
malanggan es confuso. Se refiere a toda una serie de complejas ceremonias funerarias, características de algunas sociedades de Nueva Irlanda, pero también a todos los objetos relacionados con estas ceremonias: mascaras, postes funerarios, frisos de las casas ceremoniales, etc. Los especialistas encuentran dificultades para ponerse de acuerdo, porque la cultura tradicional se ha perdido, y su significado resulta hoy confuso y contradictorio, lo cual resulta frustrante para la lógica del pensamiento occidental.
Para el occidental el estilo Malaggan resulta fuerte y turbador. Antiguamente se decía que sus mascaras eran productos de pesadillas febriles, de mentes esquizofrénicas o del pozo insondable del inconsciente. Aunque hoy se desechen interpretaciones tan pueriles, lo cierto es que la sofisticación de sus objetos desafía cualquier interpretación. En la actualidad, solo es posible obtener una información fragmentaria: qué clase de serpiente se representa mediante bandas blancas y negras, etc. Pero su particular significado o su conexión con otros elementos de un determinado diseño resultan oscuros.
Por otra parte, cuando se acaba la ceremonia para la cual se ha tallado una obra determinada, el contexto de esta desaparece, y resulta extraordinariamente difícil de reconstruir su significado particular.
Sin embargo, si pueden identificarse temas y motivos recurrentes. El número de especies de animales objeto de su escultura es limitado. Predominan las serpientes, las aves y los peces, que hacen referencia a los elementos de la Naturaleza, tierra, aire y agua; de vez en cuando aparece algún jabalí, pero el resto de la fauna de la isla brilla por su ausencia. Estas figuras también codifican su estructura social, que se divide en dos grupos, generalmente designados como el halcón y el del águila. Cada grupo se subdivide en clanes, asociados a animales totémicos, que son, precisamente, los más representados.
Rituales funerarios
Los objetos más utilizados son las esculturas exentas, los postes funerarios, las mascaras, los frisos y el Malaggan.
Hay pocas representaciones humanas que se conservan, las formas reducidas a lo esencial de su anatomía, a puros volúmenes geométricos, son muestra de personalidad y de la maestría de sus artesanos.
En el arte decorativo predomina una decoración marcadamente geométrica y rectilínea, de motivos menudos que se repiten, en los que el sentido del orden y de la reglamentación ha sustituido a la calidad emocional que es propia de las culturas agrícolas, como las de Indonesia y Melanesia; por el contrario, los pueblos de pescadores tienden a formas más simplificadas. En este aspecto, gran parte de las
creaciones de Micronesia parecen vinculadas a las islas de la Polinesia central. Sin embargo, el mundo curvilíneo de las formas de Indonesia está también presente, lo que no es extraño, dada su proximidad geográfica.
El culto a los muertos arraigado en Micronesia, con aspectos distintos en las diferentes islas. En Ponape, por ejemplo, fue muy difícil para los arqueólogos y antropólogos trabajar allí, por el respeto a los antepasados.
Arte Polinesia
En la mayoría de las sociedades polinésicas, lo que llamamos arte no ha sobrevivido, o esta tan alterado que si exceptuamos el maorí, apenas son reconocibles las formas o el significado indígenas. La influencia de la estética occidental sobre Polinesia ha sido profunda. Desde finales del XVIII los artistas polinesios tuvieron que enfrentarse con nuevos imágenes importadas, nuevas ideas y nuevas herramientas e instrumentos. Todo ello fue incorporado rápidamente, y quedo inextricablemente unido a su tradición cultural y artística.
Por supuesto, las artes efímeras, que tanta importancia tuvieron en su día, como el trenzado del mimbre y de la paja.
Habría que preguntarse, en primer lugar, por el origen de los dos elementos más característicos del arte maorí: la espiral, quintaesencia de su estilo, y la manaia.
La manaia es una especie de perfil ganchudo, que igual puede representar un pájaro, un reptil monstruoso, o un perfil humano; la espiral y la doble espiral, se identifican, a veces, con una esvástica, y se supone inspirada en el nudo marinero o en el follaje de ciertos arbustos.
Algunos autores han propuesto la existencia de una población melanesia anterior a la llegada de los polinesios: según aquellos, los primeros habitantes de Nueva Zelanda serian melanesios; los maoríes convivieron con ellos durante un tiempo, pero acabaron por eliminarlos. Estos melanesios serian los responsables de un cierto tipo de población indígena de piel oscura y ojos huidizos. A estos podrían atribuírseles, también, las fuertes tendencias caníbales que encontraron los primeros colonizadores europeos entre los nativos: es decir, todos aquellos elementos culturales poco dignos de la raza polinesia, afín con la caucásica, podrían imputarse a este fondo de población anterior, un punto de vista que resultaba muy atractivo a los anglosajones. Sin embargo, estos individuos de raza polinesia, supuestamente inferiores, serian, también, los responsables del estilo curvilíneo maorí, cuyos motivos
encaja dentro del punto de vista del arte por el arte, es decir, de un proceso artístico basado en la evolución lógica de las formas, que en nueva Zelanda se desarrollo en diseños curvilíneos, quizá porque la tendencia artística coincidía con una gran abundancia de maderas blandas, que facilitaban la labor del tallista. En cuanto a la evolución estilística, supone que se paso de la representación de objetos familiares y formas naturales a un interés creciente en la exploración de las formas utilizadas, lo cual dio como resultado la tendencia hacia formulas cada vez más convencionales y abstractas.
De esta manera, la manaia, por ejemplo, que se había considerado como representación de un pájaro, de un reptil monstruoso, especie de genio protector, o de la simbiosis de un águila y de una serpiente, no sería tal, sino que derivaría de una cabeza de frente, presentada de perfil.