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El documento ofrece una introducción histórica al movimiento artístico del Impresionismo, su contexto y características. Se abordan los géneros prioritarios, la importancia de la luz y el color, y la evolución de la pintura al aire libre. Se mencionan a artistas clave como Monet, Manet y Degas.
Tipo: Apuntes
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Este movimiento se fragua en torno a 1863 cuando se exponen en el Salón de Rechazados una serie de obras que no habían sido admitidas en el Salón Oficial. Sin embargo, el término Impresionismo nace para designar a esta pintura en 1874, en la exposición de la Sociedad de Pintores, escultores y artistas celebrada en la galería del fotógrafo Nadar. El título del cuadro de Monet Impression, soleil lévant , fue utilizado por el periodista Leroy en su crónica el Charivari para designar las pinturas de la exposición: a partir de ahora todas ellas llevarán el calificativo de impresionistas. El impresionismo como grupo organizado se desenvuelve entre 1874 y 1886, aproximadamente. Su pintura escandalizó al principio al público ya que resultaba demasiado antiacadémica tanto en técnica como en temática. El punto de arranque del movimiento está en la tradición paisajista de Barbizon y en la figura de Manet. En este periodo, los géneros inferiores (escenas cotidianas, paisajes, bodegones y retratos) desplazan progresivamente en cantidad y calidad a los géneros superiores (historia, religión, alegoría y mitología). Poco a poco el tema pierde su antigua importancia y tiende a convertirse en un mero pretexto. Hay otra subversión que altera el orden de los medios expresivos: composición, dibujo, expresión de las figuras, claroscuro. Color y pincelada. En la pintura moderna, se confiesa y destaca su carácter de pintura, y lo que la ordena es la fidelidad del medio pictórico, haciendo que el espectador tenga que considerar el cuadro como superficie, como lo que es; una tela manchada. Tienen una pincelada visible, y unos colores variados, ya que lo que se busca es la identificación de lo que es (pelo, ropa o piel, en lugar de un amarillo cadmio, blanco plomo o azul ultramar). La trayectoria del arte pictórico del siglo XIX está presidida por la preocupación por la luz. La captación de luz mediante toques cromáticos sueltos fue ambición de todos los grandes maestros, de los que se ha afirmado que tuvieron una “fase impresionista”, y de ahí que el Impresionismo se nos aparezca a la vez como una constante del arte y como un fenómeno de época. Respecto a los colores, no los funden en el lienzo, sino que es el ojo humano quien lo hace. Afirman que los objetos sólo se ven en la medida en que la luz incide sobre ellos. Hay que dejar de pensar en la paleta y en los objetos, y estudiar el color como una modalidad de la luz y la pintura como un entretejido de tonalidades luminosas. Pretenden captar la luz del natural lo que les obliga
a pintar al exterior y emplear una factura rápida capaz de captar algo cambiante. Un mismo tema es pintado repetidas veces sin más cambios que matices de iluminación cromática, de intensidad solar o de espesor de la neblina. Las sombras dejan de ser oscuras y se reducen a espacios coloreados con las tonalidades complementarias. Para traducir mejor las vibraciones de la atmósfera rehúyen cualquier retoque de las pinceladas y prefieren la mancha pastosa y gruesa. Suele ser corta, en forma de “coma” y rápida, pues se pretende captar un momento concreto que al instante siguiente será distinto. Los pintores huyen de los talleres al campo. Es una pintura generalmente al óleo sobre lienzo, aunque algunos pintores emplean otras como el pastel sobre papel. A la pincelada suelta se une un predominio del color y un retroceso de la línea. El modelado deja la forma tradicional y con el tiempo acabará disolviendo las formas y volúmenes en impactos luminosos y cromáticos. La luz es un elemento esencial. Los cuadros van a ser luminosos y claros. El color está en relación directa con la luz. Utilizan colores claros, vivos y puros; se prescinde bastante de las mezclas en la paleta y, siguendo las teorías sobre los colores de Chevreul, prefieren aplicar colores puros yuxtapuestos y que la mezcla se produzca en la retina, en el que se llama mezcla óptica (la proximidad de azules y amarillos produce el efecto de verde...) Aprovechan también el saber que la percepción de la intensidad de un color depende de los colores que le rodeen, se potencia cuando está próximo su complementario (cada color colorea su complementario: según esto el rojo y el verde se potencian mutuamente por son complementarios). En general renuncian al negro, por lo que las sombras aparecen coloreadas. Se dieron cuenta de que los colores de las sombras incluían complementarios de los colores que tenían los objetos que las proyectaban. En cuanto a los temas hay una marcada preferencia por los paisajes (rurales, urbanos), pero para captar los inmediato, lo fugaz (agua, humo...) Son paisajes reales, modernos en los que aparecen elementos considerados como feos (ferrocarril, estaciones...), escenas intrascendentes, de ocio, baile, tabernas. Se renuncia a los temas importantes con mensaje (se niega el tema). Los impresionistas acometieron temas que no respondían a los criterios consagrados por la autoridad oficial. Ointan paisajes, ciudades, estaciones de ferrocarril, ríos y puentes, puertos, escenas de café, de teatro o de ballet... Una de las razones que explica esta libertad temática es que no son obras
Lo característico de Manet era el “ver por manchas” simples y energéticas, suprimiendo las medias tintas prescritas por el claroscuro académico y subrayando en negro los contornos: el resultado es una imagen plana, sin modelado. Entre sus obras, cuenta con algunas con cierto misterio, como es El balcón y El Ferrocarril. No se sabe si son cuadros con tema o bien unos retratos múltiples. En el caso de El balcón , la mujer sentada parece instalada para mirar la calle, mientras que la otra lleva guantes como si se dispusiera a salir. En El Ferrocarril, una de las niñas está de espaldas. En ambos cuadros falta toda comunicación entre figuras. En el cuadro de El bar del Folies-Bergère , la situación es más compleja. El escenario es el famoso teatro de variedades. El personaje principal es la camarera, rodeada por un llamativo despliegue de colores que sugieren también sonidos, aromas, sabores y texturas, como una alegoría a los cinco sentidos. La camarera tiene una expresión inexpresiva, indiferente. Tras ella, en el espejo se ve a una muchacha de espaldas, inclinada para atender a un cliente; es la misma camarera. El reflejo no se sitúa justo detrás de ella, sino desplazado Maia la derecha, en un ángulo inexplicable. Uno de los propósitos del pintor puede haber sido combinar dos puntos de vista opuestos sobre el cuerpo femenino, para verlo por delante y por detrás a la vez. Pero hay un juego más sutil, que puede haberle sido inspirado a Manet por Las Meninas, con el reflejo de los reyes en el espejo. A pesar de los fracasos, Manet nunca abandonó su empeño de triunfar en la exposición oficial (solo conseguiría al final de su visa, en 1881, el dudoso trofeo de una medalla secundaria). Un único gesto de rebeldía: en 1867, al verse excluido de la Exposición Universal, había construido su propio pabellón para exponer sus cuadros. Por entonces ya se congregaban en torno a él algunos de los futuros miembros del grupo impresionista: Degas, Monet, Renoir, Cézanne...
Edgar Degas (1834 - 1917) procedía al igual que Manet, de una familia acomodada. Frente a su tendencia improvisadora, Degas trabajaba a partir de estudios previos, con deliberación académica. Lo que hacía era resultado de la reflexión y del estudio de los grandes maestros. Participó en la mayoría de las exposiciones del grupo impresionista, aunque su estética poco tiene que ver con el paisaje al aire libre ni su estilo se puede considerar impresionista en el sentido estricto. Le distingue su devoción por Ingres. Su carrera sería una evolución del dibujo al color, de lo lineal a lo pictórico, en la cual la técnica del pastel, que cultivó asiduamente, le sirvió como puente. Hasta mediados de los años setenta, casi la mitad de la obra de Degas son retratos. Pero al igual que Manet, él no era retratista por encargo, sino por gusto, sobre todo para amigos y familiares. Degas fue un gran observador de las clases trabajadoras, con sus abundantes imágenes de planchadoras, sombrereras o en sus mismas bailarinas, que también eran asalariadas. Degas dedicó muchos estudios y cuadros a los espectáculos: el ballet y la ópera, el music-hall y el circo, además de las carreras de caballos. Contra lo habitual del género, no muestra casi nunca a los animales al galope. Ya durante su vida recibió el sobrenombre de “ pintor de bailarinas ”, lo que le horrorizaba. Tanto las bailarinas como los jinetes ofrecen al pintor grupos de figuras en acción sin necesidad de urdir ninguna historia: se trata de una acción puramente deportiva. Sus cuadros suelen tener una composición asimétrica en diagonal y desplaza alguna de las figuras hacia un rincón, creando un efecto inestable, de impresión casual e instantánea. Tal efecto suele atribuirse a la influencia de la fotografía y de las estampas japonesas. Degas nunca dejó de hacer experimentos materiales; tan pronto usaba veladoras, al modo tradicional, como mezclaba diversas técnicas o aplicaba la pintura de la manera más heterodoxa, incluso con los dedos y con trapos. Degas había comenzado a modelar estatuillas de caballos y bailarinas para resolver ciertos problemas planteados por su pintura, pero paulatinamente les dedicó más tiempo y esfuerzo. En una de sus figuras de bailarinas se advierte, como en su pintura, la búsqueda del movimiento instantáneo sin renunciar a cierto equilibrio clásico.
Junto a Monet, Alfred Sisley representa la opción más pura y ortodoxa del impresionismo. Inicialmente Sisley se sintió atraído por el realismo de Courbet y Corot. El contacto con Monet le orientó definitivamente hacia el Impresionismo dedicándose casi en exclusividad al paisaje. Concibe sus cuadros con un gran sentido de síntesis produciendo un ordenado efecto de simplicidad, como en Inundación en Port-Marly , en la que los componentes la representación, el edificio, los árboles, el cielo y las aguas desbordadas se combinan en una preciosa ordenación. La pintura de Sisley traduce en armonía lo que es una realidad fluida y cambiante para proporcionar a sus cuadros un efecto de orden y serenidad. Mantuvo una adscripción estricta el Impresionismo durante toda su trayectoria. Con 25 años llega a París con la finalidad de dedicarse a la pintura. Le interesó especialmente el mundo de Corto, su dedicación al paisaje y su profundo entendimiento de la naturaleza.
Pissarro va a actuar constantemente en relación con la naturaleza y especialmente con el mundo rural del que el pintor impresionista sería uno de sus más destacados y constantes representantes. Sin embargo, cuando Pisarro se une a los impresionistas, Corot lo desaprueba, mientras que Courbet le apoya, especialmente el trasladarse a Londres con motivo de la guerra franco- prusiana. Cuando vuelve a su casa se encuentra que ésta ha sido saqueada y sus pinturas, cerca de mil, han sido destruidas. Pisarro fue también pintor de la vida moderna como su Avenida de la Ópera. Fue, además, un pintor que apoyó a los artistas de una generación más joven y con ideas nuevas acerca de la renovación de la pintura, como Gauguin, Seurat y Signac.
Vivió en los mismos años que Monet, sin embargo, su pintura tuvo una evolución diferente. En 1862 estaba en el Atelier Gleyre , donde encuentra a Monet y Sisley que constituyen el germen del futuro grupo de los impresionistas, exponiendo en la célebre exposición de 1874. Realiza entonces obras de un impresionismo radical, como El columpio. Es la movilidad de las luces y las sombras que se filtran a través de la hojarasca de los árboles, proyectada las personas y objetos, lo que define estas obras como auténticas imágenes de lo instantáneo y una congelación de la luz. Algunos paisajes como Sendero entre las hierbas son un ejemplo de la transformación de la naturaleza en sensaciones, a través de la mancha, el color y la luz. En 1881 Renoir realiza un viaje a Italia en el que descubre a Rafael, que le influye y le hace abandonar muchos de sus planteamientos impresionistas y orientarse hacia una concepción académica de la pintura.