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Este artículo investiga la relación entre las emociones y la percepción del tiempo. Según el documento, la velocidad con la que pasa el tiempo varía según nuestras emociones. Los estudios mostraron que el miedo acelera el cronómetro interior, mientras que las emociones secundarias como la vergüenza o el orgullo hacen que la duración sea más corta. Además, las expresiones faciales de otras personas pueden influir en nuestra percepción del tiempo. El artículo también explica el mecanismo neuronal que permite al ser humano estimar el tiempo y cómo la dopamina interviene en este proceso.
Tipo: Ejercicios
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La velocidad con la que pasa el tiempo varía según nuestras emociones. Si estamos haciendo algo divertido y que nos gusta entonces el tiempo pasa rápido, en cambio, si estamos haciendo algo aburrido y que no nos gusta el tiempo pasa lento.
Los estudios sobre la percepción del tiempo muestran que el ritmo del reloj interno varía según el estado emocional: dependiendo de si se acelera o ralentiza el tiempo, este nos indica si debemos darnos prisa o tomárnoslo con calma.
Para investigar la relación entre emoción y percepción temporal, los científicos se han centrado en el miedo. Para obtener respuestas a sus preguntas los investigadores hicieron experimentos a personas con cosas que les daban miedo y concluyeron que el ser humano sobre estima el tiempo que pasa cuando tiene miedo o está estresado.
El ser humano tiene un mecanismo neuronal que le permite estimar el tiempo de forma precisa. También se sabe que algunas fluctuaciones de la percepción del tiempo dependen de la cantidad de dopamina presente en el cerebro. Cuando sentimos miedo aumenta la frecuencia cardiaca, respiramos más deprisa y transpiramos en exceso, estas reacciones van de la mano de la liberación de dopamina en el cerebro. Esta respuesta produce el efecto de acelerar el reloj interno. De esta manera, la función de la dopamina en el funcionamiento del reloj interno y en la expresión cerebral de las emociones explicaría la correspondencia entre los estados emocionales y el modo de percibir el paso del tiempo.
Las ilusiones temporales de un individuo varían según la expresión facial de otro sujeto.
Si ves que la expresión de otra persona transmite señales de amenaza inminente, el ritmo del reloj interno se acelera y prepara a tu organismo para actuar con rapidez. En cambio, si ves que la expresión de esa otra persona es feliz (una sonrisa), el reloj interno se activa para permitir que se pongan en marcha de forma célere los comportamientos de cooperación.
Al acabar la investigación los científicos concluyen que no todas las expresiones faciales alteran la velocidad del reloj interno.
Existen las emociones primarias (còlera, desagrado, alegría, miedo, tristeza o sorpresa) y las emociones secundarias (vergüenza, orgullo, apuro o culpa). Resulta que el efecto de las emociones secundarias sobre la percepción del tiempo es que la duración es más corta.
El efecto de las expresiones faciales sobre la percepción del tiempo resulta más pronunciado en los sujetos que se ponen con mayor facilidad en el lugar de otro o que manifiestan mayor empatía con los demás.
Cuando una persona siente aquello que el otro experimenta, lo comprende mejor. Esto explica fenómenos como el contagio emocional.
Básicamente, experimentar las emociones y el tiempo del otro permitirá a ambos individuos sincronizar sus ritmos con el fin de optimizar su interacción.
Los contextos emocionales no siempre influyen de la misma manera a la percepción del tiempo. Todo depende del estímulo emocional y de su significado, pero no todos estos estímulos implican las mismas distorsiones temporales. Por ejemplo, ver una escena desagradable provoca una sobreestimación temporal (el reloj interno se acelera), en cambio ver un alimento que te repele, provoca una subestimación temporal (el tiempo se ralentiza).
En conclusión, cada situación emocional presenta un sentido propio e implica procesos cognitivos diferentes.