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Asignatura: anali, Profesor: Joaquín Aguirre, Carrera: Comunicación Audiovisual, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Se conoce popularmente en España como cine "kinki" o cine costumbrista al género cinematográfico que narra las vivencias y aventuras de conocidos delincuentes (habitualmente jóvenes) que han alcanzado la fama gracias a delitos cometidos. Este género se hizo muy popular en España a finales de los años setenta y a principios de los ochenta1 debido a la gran inseguridad ciudadana que vivía el país en aquella época. Fue además en la década de los ochenta donde alcanzó su máximo esplendor,2 rodándose multitud de películas y sagas.
Es muy frecuente que en las películas de cine quinqui un delincuente habitual se convierta en actor y que se interprete a sí mismo o a otro delincuente (al cual conoce o ha conocido) pretendiendo darle así un mayor realismo a la cinta.
Muchas de estas películas son biográficas o pseudobiográficas, centradas en narrar la vida de un determinado delincuente así como: su entorno, sus fechorías, la situación de exclusión social sufrida, torturas sufridas en comisaría, etc. Es común presentar al delincuente como un personaje "noble" fiel a unos determinados valores como la lealtad grupal, el amor a una determinada mujer "arrebatada" en ocasiones a un clan o grupo social rival o la preocupación por el bienestar de su familia.
El tema central del cine quinqui es la delincuencia y la marginalidad que la rodea. Así se presente como algo normal el mundo de la droga y lo que lo rodea.3 Tal es así que no es extraño ver en estas películas a toxicómanos preparando la dosis de "caballo" (heroína), "chutándosela" (inyectándosela), "colocados" (drogados) o con "el mono" (síndrome de abstinencia).
En algunas de estas películas se muestra al protagonista en situaciones en las que delinque con el objetivo de ayudar económicamente a su familia.
No es extraño ver tampoco escenas eróticas e incluso ver a los protagonistas practicando el sexo 3 o mostrando su cara más romántica.
También existe una gran crítica social, y ataque directo a muchos estamentos sociales a los cuales se acusa de corrupción o desigualdad: políticos, fuerzas de seguridad, clases adineradas, consumismo, etc
Otro tema habitual relacionado con la delincuencia es el robo de coches (roban por ejemplo muchos Seat 124, Seat 1430 Seat 131 y Seat 132, Chrysler 150 y Chrysler 180 o renault 12 y las posteriores persecuciones que transcurren por carreteras secundarias o grandes ciudades entre los quinquis y la "madera" (la Policía Nacional).
En el argot utilizado en estas películas se pretende imitar el habitual de barrios humildes, de ambientes delictivos y también se utilizan algunas palabras originales del caló.
Dentro del cine quinqui hubo varios directores, pero por encima de todos y debido al número de películas que rodaron para este género hay que destacar a José Antonio de la Loma (1924-2004), considerado el padre del cine quinqui, y a Eloy de la Iglesia (1944-2006).
Actores del cine quinqui
Ángel Fernández Franco, "El Torete" (1960-1991, fallecido a los 31 años)
José Luis Manzano (1962-1992, fallecido a los 29 años)
José Luis Fernández Eguia, "El Pirri" (1965-1988, fallecido a los 23 años)
Antonio Flores (1961-1995, fallecido a los 33 años)
José Antonio Valdelomar, "El Mini" (1958-1992, fallecido a los 34 años)
Juan José Moreno Cuenca, "El Vaquilla" (1961-2003, fallecido a los 42 años)
Sonia Martínez (1963-1994, fallecida a los 31 años)
Películas dirigidas por José Antonio de la Loma
El último viaje (1973)
Perros callejeros (1977)
Nunca en horas de clase (1978)
Perros callejeros II: Busca y captura (1979)
Los últimos golpes de El Torete (1980)
Yo, "El Vaquilla" (1985)
Perras callejeras (1985)
Tres días de libertad (1995). Aunque es de 1995 se engloba dentro del cine quinqui.
Películas dirigidas por Eloy de la Iglesia
Los placeres ocultos (1976)
El diputado (1978)
Miedo a salir de noche (1980)
Navajeros (1980)
Colegas (1982)
El pico (1983)
El pico 2 (1984)
La estanquera de Vallecas (1987)
Películas dirigidas por otros directores
La córea (1976) Pedro Olea
¿Y ahora qué, Sr. fiscal? (1977) León Klimovsky
Juventud Drogada (1977) José Truchado
Las que empiezan a los 15 años (1978) Ignacio F. Iquino
Este fué el caldo de cultivo de los protagonistas del cine kinki el cual nos narra la forma de vivir al limite de algunos de los delincuentes juveniles de a quella época y de aquellos barrios.
Chavales que con la temprana edad de diez años comenzaban su carrera delictiva y al llegar a los dieciseis ya tenian un historial mayor que muchos delincuentes adultos. Sus objetivos eran desed robos en bancos, estancos, gasolineras, farmacias, supermercados, hasta robos con intimidación, tirones, ajenciamiento de coches, generalmente a mano armado, por lo que los enfrentamientos con la policia, a la cual tenian en completo jaque, eran sangrientos ya que viendolos armados no dudaban en disparar.
muchas de estas acciones acababan con sus protagonistas en el reformatorio del cual volvían a escapar para seguir delinquiendo. Los dieciseís era una fecha clave ya que con esta edad uno podía ingresar en la carcel y escapar de allí ya no era tan fácil, muchos fueron a parar allí ,otros decidieron abandonar por miedo al encarcelamiento.
Su filosofia de vida consistia en vivir la vida al límite, hacer lo que les diera la gana sin pensar en las consecuencias, ser libres, a su manera.
La pelicula trata de ser una crítica de la sociedad de la época, mostrándonos la triste realidad de los jovenes del extrarradio de las grandes ciudades y su entorno, normalmente compuesto por familias desestructuradas, con padres muertos, alcoholicos, drogadictos o en la carcel, el paro, el hecho de andar todo el día patendo las calles sin nada que hacer de provecho mas que estar rodeados de gente cuya forma de vida era robar, drogarse o las dos a la vez. "Perros callejeros" narra las aventuras y desventuras del "torete", un joven delincuente de el barrio de la Mina, nos muestra su modo de vida, la incapacidad de las instituciones para darle una alternativa a su modo de actuar y la dureza de la policia de la época. Cabe apuntar que Antonio de la Loma queria llevar al cine la vida de "el Vaquilla" ,pero estando este en la cárcel escogió a Ángel Fernandez Franco alias "el trompetilla", un joven tambien del extrarradio amigo de "el vaquilla" que pasó a apodarse el "torete" trás el estreno de la película. Esto hizo que en la pelicula se mezclasen al final escenas de la vida de el "vaquilla" con escenas de la vida de el "torete".
El exito que tuvo " Perros Callejeros", hizo que otros directores se interesasen por esta temática aportando cada uno su visión. Tenemos a Eloy de la Iglesia que debutó con la película "Navajeros"(1977) e hizo también debutar a otro actor y a la vez delincuente José Luis Manzano interpretando a el "jaro". Esta película tiene escenas que recuerdan a la naranja mecanica de Kubrick, como cuando se pelean el Jaro y sus colegas contra unos nazis en el retiro, o a la peli de the Warriors cuando una enorme masa de quinquis(kinkis de verdad y no extras profesionales) camina por madrid ocupando toda la calle.
Posteriormente estrenaria "colegas"(1982), cuyos protagonistas son Antonio y Rosario Flores y José Luis Manzano, los cuales las pasan canutas para conseguir 25.000 pelas para pagar el aborto de Rosario. En 1983 estrena "El Pico" en la que se narra de forma muy explicita el mundo de la heroína a través de las vivencias de un par de amigos, el hijo de un guardia civil y el de un pólitico abertzale, los cuales comienzan a alejarse de la familia, dejan los estudios y acaban arrastrandose por un pico. En 1984 se estrenaría la continuación "El Pico II"
Carlos Saura presenta en 1981 "Deprisa, deprisa", otra historia de jovenes cuyo objetivo es conseguir dinero para realizar sus ilusiones, y como bien indica el título, de forma rápida.
Tambien en los 80 se estrena "Chocolate" de Gil Carretero, narra la historia de tres jóvenes que se dedican al trapicheo de drogas, y nos muestra como una de las protagonistas que en un principio no sufre de problemas económicos acaba perdiendo la dignidad por una dosis.
en 1981 Jordi Cadena estrenaría "Barcelona Sur" en la cual también participó José Luis Manzano.
Con la llegada de los 90 cambia el clima en España, se dejan de hacer películas de este género, en parte porque los protagonistas de estas, que como ya hemos dicho antes eran delincuentes reales, o bien han reecho su vida, o muerto de SIDA o de sobredosis, o están en la carcel tras haber seguido su carrera delictiva después de los dieciseís o se estreyaron con el coche en alguna persecución. La heroina deja paso al extasis, los barrios conflictivos son reformados o bien derribandose o instalando ecuelas, institutos, comisarias y más cosas que no se tuvieron en cuenta al principio.
Ultimamente se estan haciendo peliculas que tratan el tema de la juventud marginal como "Volando voy" de Miguel de Albadalejo en 2006, la historia del mítico delincuemte juvenil "el Pera", pero la cosa ha cambiado, todo es demasiado limpio, pulcro, políticamente correcto, no hay escenas duras y reales de como alguien se prepara un chute y se lo mete, de mujeres desnudas porque si, ni de calles y descampados llenos de desechos y rodeados de mastodontes de acero y hormigón. Tenemos tambien "7 virgenes", "El Bola", "Yo soy la Juani", pero como hemos dicho antes no es lo mismo empezando por que los interpretes son actores y no chavales directamente sacados del arrabal.
El bar Lago de Sanabria del Pueblo de Vallecas donde se rodaron algunas escenas de ‘DEPRISA DEPRISA’ ha sido sustituido por un dispensario de kebab; las chabolas en las que vivían o pillaban jaco muchos de los protagonistas de este género de películas ahora son pisos de protección oficial; y los Chunguitos y sobre todo los Chichos, que ponían la banda sonora a los puentes de los Seat 124 y las huidas de la pasma, ahora son viejas glorias que pasean sus canas por algunos platós de televisión. Pero durante una época fueron parte del escenario de películas de ese género que se vino a llamar 'quinqui', que narraba las aventuras de los delincuentes juveniles en la primera década de la democracia, una época marcada por la llegada de la droga a las barriadas marginales de las grandes ciudades, sobre todo Madrid y Barcelona.
A‘EL LUTE: CAMINA O REVIENTA’ y ‘EL LUTE II: MAÑANA SERÉ LIBRE’, son películas que quizá pertenecen a la versión más 'mainstream' del cine quinqui pero que tiene uno de los ingredientes principales: el héroe de barrio. En el caso de ‘EL LUTE’ Imanol Arias, ya un actor muy conocido en el año en que se estrenó, interpretaba al personaje real de Eleuterio Sánchez, que entró por primera vez en prisión por robar tres gallinas y salió por última vez de la trena con un título de abogado bajo el brazo. Pero no todos los protagonistas de las películas de este género son ejemplos de superación como El Lute. De hecho, una gran parte de los actores eran delincuentes en la vida real, a los que los directores escogían para dar ese grado de espontaneidad y verosimilitud que en el cine español no ha tenido igual.
El más famoso de todos ellos fue El Torete, un joven delincuente barcelonés al que José Antonio de la Loma eligió para interpretar a El Vaquilla en una de las obras cumbres del género, ‘PERROS CALLEJEROS’. El Torete actuó en cuatro películas, la tercera de las cuales, ‘LOS ÚLTIMOS GOLPES DEL TORETE’ estaba inspirada en sus propios hechos
producciones a sus espaldas. Es justo destacar también la influencia de pesos pesados como Carlos Saura y su película Deprisa, deprisa (1981), ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín. En las obras de estos tres directores se refleja la realidad del momento: la marginación social, una juventud con problemas, el consumo de drogas o las dificultades sociales. En resumen, la “cara b” de una época y de la propia Transición Española.
La mayoría de las veces que el gran público se acerca al cine quinqui sale con ideas preconcebidas centradas únicamente en la anécdota. Y perdón por la generalización. La espectacularidad de las persecuciones en Seat 124, el desafío de la autoridad y la libertad de sus protagonistas construida a golpe de arrebato, sea por el robo, las drogas o por una mala decisión, se comentan más que los cuestionamientos sociales y políticos presentes también en este tipo de películas. Poco ha ayudado a nuestros ojos analíticos la generalización de unos cánones de belleza audiovisual que no conciben una interpretación amateur o una obra “fea” producto de un ajustado presupuesto.
Los condicionantes políticos y sociales van de la mano en este tipo de cine y se constituyen como base. El subgénero quinqui retrató las “andanzas” de unos personajes que coparon los medios de comunicación del momento y bebió de la misma realidad para mostrarla, relatarla o denunciarla.
Para llegar a este momento hay que tener en cuenta una serie hechos (históricos, económicos, sociales…) acontecidos en España, que encuadran el devenir de este fenómeno. Alguno de los cuales son:
El período del desarrollismo[3] marca una serie de pautas sociales y económicas que deriva en los años setenta. Fruto de aquel es el cambio urbanístico, los nuevos barrios y la creación de periferias en las grandes ciudades. Derivado de estas recientes construcciones surge un nuevo espacio de ocio y reunión juvenil, el descampado. En la película Colegas (1982), de Eloy de la Iglesia, el descampado es el lugar de encuentro y recreo para sus protagonistas.
Muerte de Franco en 1975 y período de Transición. Estos dos hechos influyen fuertemente en la juventud de la época, a la que se la carga de esperanzas. Aunque a aquellos que viven en los márgenes sociales la Transición no les dotará ni de nuevas ni de buenas perspectivas. En este sentido, el director Eloy de la Iglesia precisa: “La delincuencia de estos chicos es la consecuencia de una sociedad agresiva, responde a las ofertas de una sociedad de consumo a la que no tienen acceso”[4].
Desarraigo juvenil. Fenómeno presente en la juventud quinqui pero no exclusiva de esta. La falta de perspectivas y de futuro son la base de este grupo de jóvenes que años más tarde impregnará otros estratos sociales.
La droga. Un elemento presente en mayor o menor medida dentro del cine quinqui como lo estuvo dentro de la sociedad de la época. En este sentido, en los filmes de Eloy de la Iglesia El Pico I (1983) y El Pico II (1984) será donde con más crudeza se muestre el mundo de la droga y, en concreto, de la heroína, el narcótico más extendido y el que más estragos causó a todo el espectro juvenil.
El cine quinqui no solo se inspiró en estos elementos anteriores, básicos en su argumentación, sino que también introdujo otros tantos temas de corte social: los dudosos métodos policiales, la
homosexualidad, el aborto (Colegas), el terrorismo (Navajeros y El Pico I), las condiciones de vida en la cárcel y los motines (Perros callejeros II) e incluso se atrevió a reflexionar sobre el pasado más inmediato y las condiciones sociales presentes (Deprisa, deprisa o La estanquera de Vallecas). Es por tanto que el calado de este subgénero es más profundo de lo que a simple vista puede parecer.
Aunque la pieza clave de este tipo de cine es el quinqui: joven proveniente, la mayoría de las veces, del lumpen, con pocos recursos y localizado dentro del mundo de la delincuencia. Una figura que unos cuantos directores ficcionaron, para dar vida en la pantalla a aquellos de carne y hueso que inundaron aquel momento. Sin embargo, este proceso intentó ser tan fiel a la realidad que los personajes protagonistas, y los secundarios, muchas veces se eligieron de entre los mismos quinquis. En la trilogía de Perros callejeros se cuenta la vida de Juan José Moreno Cuenca, “El Vaquilla”, el delincuente más conocido. Por diversas razones, entre las que se cuentan que Moreno Cuenca carecía de mínimas dotes interpretativas, José Antonio de la Loma eligió a Ángel Fernández Franco, otro chico de la calle, para darle vida. Aun así, Moreno Cuenca fue el protagonista de otra película biográfica realizada por De la Loma: Yo, el Vaquilla. Otra de las figuras es José Luis Manzano, que dio vida a “El Jaro” en Navajeros, de Eloy de la Iglesia. Con este realizador, Manzano repitió en otros cuatro títulos de temática quinqui, casi constituyéndose en un emblema del subgénero. Y así, en este ejercicio, se podrían ir desgranando personas y personajes que, en último término, se estarían interpretando a sí mismos o por lo menos sabrían de primera mano el ambiente que les tocaba interpretar.
Este tipo de cine ha tenido un interesante efecto mitificador en la persona del quinqui. Como también los medios de comunicación de la época o las canciones que glosaron sobre ellos o su entorno. Sin embargo, este proceso mitificador se ha ido consolidando con el paso del tiempo, gracias al distanciamiento y la pérdida del contexto social. Esta última causa tal vez sea la que más tierra de por medio ha puesto entre el espectador y este tipo de filmes. Sería necesaria la revisión de estas obras social y cinematográficamente, para ir desmitificando elementos culturales y ponerlas en valor, el que se merecen, en la construcción de la historia del cine español.
Dicen que en un casting del director Eloy de la Iglesia había más síndrome de abstinencia que en diez conventos de clausura. A uno de los padrinos del cine quinqui le gustaba emborracharse de realidad para repartir personajes en sus películas. Esa realidad de cucharas ennegrecidas, elásticos mohosos y pelotillas de papel de plata. Las papelinas como papel protagonista. Un cine profético que condenaba a los actores a interpretarse a sí mismos a ‘caballo’ del guión-oráculo y la jeringuilla compartida.
Tarde de Perros. Homenaje del grupo punk Los Lügers al cine quinqui.
Pero no fue el bueno de Eloy más que uno de los mecenas de un subgénero arraigado al Campo de la Bota, las VPO del barrio de la UVA o un pequeño estanco en Vallecas. El director José Antonio de la Loma bautizó el género pariendo tres sórdidos Perros Callejeros a finales de los setenta, poco después de abandonar el ejercicio del magisterio para jóvenes marginales en otro barrio de putas con cultura: el chino de Barcelona.
Al otro lado de la realidad, la España de Naranjito crecía fascinada viendo quemar supermirafioris a el Meca (Jesús Arias Aranzueque) en Deprisa, Deprisa; pirómano drogado por el fuego y su hedor a ‘plasticurri’. Con el dolor inhumano de la cercenación fálica de el Torete (Ángel Fernández Franco) en Perros Callejeros. O la falsa candidez angelical de un José Luis Manzano embrutecido por las tetitas de la Verdú en La Estanquera de Vallecas. Homenaje cañí a las ubres de la Amarcord de Fellini. Los tres actores acabaron sin lechugas y matando las malvas de sus tumbas con toda la mierda acumulada en sus venas.
corneta de su padre. Canutos, gasolina y jaco. Zancos para llegar a los pedales. Bordón 4 y los Chichos de banda sonora y una mujer como directriz y columna vertebral en su corta pero intensa existencia: la Sole. Con 15 años ya había participado en más de 100 atracos a gasolineras y joyerías con la banda de Pepe ‘el Majara’ pero “Sin una gota de sangre y sin robar a un pobre” como le gustaba recordar. Según el Vaquilla, Ángel Fernández Franco no tenía madera de delincuente y era un poco blando. Pero a él mismo le gustaba recordar en todas sus entrevistas que inspiró aquella escena de duelo en Perros Callejeros retando de pie, sin inmutarse, al coche de policía a variar su trayectoria. El Torete falleció de un SIDA prestado en jeringuilla en 1991, cuando estaba intentando rehacer su vida con su mujer e hijo en Murcia. Otra cruz más.
El Torete haciendo lo único que sabía hacer bien frente a una cámara. Conducir
Torear a el Vaquilla fue aún más complicado. Juan José Moreno Cuenca no vestía la candidez, ingenuidad y docilidad de Manzano o de el Torete. Era un delincuente crónico, maduro y enquistado en su redención. Su cara daba más miedo y su currículo, antes de su primera película, incluía ya tres hermanos muertos trágicamente, 13 años de experiencia carcelaria, un motín y una mujer fallecida accidentalmente aplastada bajo las ruedas del ‘buga’ cuando forcejeaba por su bolso. Un reptil tan escurridizo que fue encarcelado aún siendo menor de edad y fuera de toda legalidad para evitar sus constantes huidas de los reformatorios. Era el niño de la Cárcel Modelo y un pésimo actor que daba muy mal a cámara. Tanto que José Antonio de la Loma, después del casting para Perros Callejeros y sin la autorización pertinente del juez, no contaría con él para interpretar a el Torete, su alter ego en el celuloide. Su debut y esperpento interpretativo tuvo que esperar a la primera escena de su biopic: Yo, el Vaquilla.
“El Torete, el Vaquilla y sus compañeros robaban, a sus 12 años, 5 o 6 coches cada día solo por el placer de conducir. Eran unos mocosos que rompían a llorar cuando se les detenía”. Miguel Infantes García, Jefe de la Policía Judicial de Poble Nou.
“Dale caña, Torete, que es robado”… fue uno de los gritos de guerra de toda una generación de espectadores embobados por la realidad paralela de extrarradio. Espectadores que mezclábamos las andanzas de Parchís con las de el Torete, las aventuras de Enrique y Ana con los pajotes de el Pirri o las canciones de Teresa Rabal y las bellotas con nivea de los Colegas Manzano y Antonio Flores. ¡No nos pidáis cordura ahora!
Instrucciones claras para ‘bajarse al moro’
La saga quinqui fue para algunos solo una escuela de delincuencia. El verdadero Jaro confesaría más tarde que aprendió y puso en práctica técnicas delictivas —como el tirón a la abuelita— después de ver a el Torete en Perros Callejeros. Nada más lejos de la realidad, la verdadera escuela de criminalidad fue el índice de paro de finales de los setenta, legado del régimen franquista y del vacío institucional de una supuesta ‘transición modélica’. Todo ello regado con la nieve y el caballo importado por la burguesía adinerada y por las clases sociales más castigadas por la reconversión industrial, saltando de vena en vena hasta convertirse en la pandemia adictiva de toda una generación.
“El problema de Perros Callejeros nace con el crecimiento excesivo de las ciudades. Todos vienen atraídos por las fábricas, el dinero, las horas extras. Llegan, no tienen trabajo, duermen donde pueden, los chavales anodadados… Se mezclan con los habituales de la delincuencia, no van a la escuela. No hay dinero o no quieran invertirlo en eso, no sé. Entonces se sublevan contra sus propios limites.” José Antonio de la Loma