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Este documento proporciona información detallada sobre la peste, incluyendo sus dos formas principales (bubónica y neumónica), vías de transmisión, síntomas, diagnóstico, tratamiento y medidas de prevención y control. se describe la importancia del diagnóstico y tratamiento precoz, especialmente en la peste neumónica, y se detallan las estrategias de gestión de brotes, incluyendo la protección del personal sanitario y la eliminación de la fuente de infección. el documento también destaca la respuesta de la oms y la ops en la prevención y control de la enfermedad.
Tipo: Resúmenes
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Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud. Actualización Actualización Epidemiológica: Sarampión, 27 de octubre de 2017. Washington, DC: OPS/OMS; 2017.[CITADO EL 03 DE MARZO DEL 2025] Disponible en: https://iris.paho.org/handle/10665.2/. Organización Panamericana de la Salud. Difteria [Internet]. Washington, DC: OPS; [citado 2025 Abr 03]. Disponible en: https://www.paho.org/es/temas/difteria Organización Mundial de la Salud. Peste [Internet]. Ginebra: OMS; [citado 2025 Abr 03]. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/plague La peste es causada por Yersinia pestis, una bacteria zoonótica que suele encontrarse en pequeños mamíferos y en las pulgas que los parasitan. Las personas infectadas por Y. pestis suelen presentar síntomas tras un periodo de incubación de 1 a 7 días. Hay dos formas clínicas principales de peste: bubónica y neumónica. La peste bubónica, caracterizada por la tumefacción dolorosa de los ganglios linfáticos, denominados «bubones», es la más frecuente. La peste se transmite entre los animales y los humanos por la picadura de pulgas infectadas, contacto directo con tejidos infectados o inhalación de gotículas respiratorias infectadas. La peste puede ser una enfermedad muy grave para el ser humano. En ausencia de tratamiento, la peste bubónica tiene una tasa de letalidad del 30% al 60%, y la neumónica resulta invariablemente mortal. El tratamiento con antibióticos es eficaz contra la peste, de modo que el diagnóstico y el tratamiento precoces pueden salvar vidas humanas. En la actualidad, los tres países más endémicos son Madagascar, la República Democrática del Congo y el Perú. La peste es una enfermedad infecciosa causada por Yersinia pestis , una bacteria zoonótica que suele encontrarse en pequeños mamíferos y en las pulgas que los parasitan. La transmisión entre los animales se hace a través de las pulgas. El ser humano puede contaminarse por: la picadura de pulgas infectadas;
contacto directo con líquidos corporales infectados o materiales contaminados; la inhalación de gotículas respiratorias o pequeñas partículas de pacientes con peste neumónica. La peste es una enfermedad muy grave para el ser humano, sobre todo en sus formas septicémica (infección sistémica causada por la presencia de bacterias en el torrente sanguíneo) y neumónica. En ausencia de tratamiento, la tasa de letalidad oscila entre el 30% y el 100%. La forma neumónica, invariablemente mortal si no se trata pronto, es especialmente contagiosa y puede desencadenar epidemias graves con transmisión de persona a persona a través de gotículas respiratorias suspendidas en el aire. Entre 2010 y 2015 se notificaron 3248 casos en el mundo, 584 de ellos mortales. A lo largo de la historia, la peste ha provocado grandes pandemias con una elevada mortalidad. En el siglo XIV se la conoció como «peste negra» y provocó la muerte de unos 50 millones de personas en Europa. Hoy día, la peste puede tratarse fácilmente con antibióticos y la aplicación de las precauciones habituales para evitar la infección.
Tras un periodo de incubación de 1 a 7 días, las personas infectadas suelen presentar una enfermedad febril aguda con otros síntomas sistémicos inespecíficos, tales como fiebre de aparición súbita, escalofríos, dolor de cabeza y dolores generalizados, debilidad, náuseas y vómitos. Hay dos formas de peste, en función de la vía de infección: bubónica y neumónica. La peste bubónica , provocada por la picadura de pulgas infectadas, es la forma más frecuente. El bacilo de la peste, Y. pestis , entra en el organismo por la picadura y se desplaza por el sistema linfático hasta el ganglio linfático más cercano, donde se multiplica. El ganglio linfático inflamado, tenso y doloroso se denomina «bubón». En las fases avanzadas de la enfermedad, los ganglios linfáticos inflamados pueden convertirse en llagas abiertas supurantes. La peste bubónica raramente se transmite entre personas. Sin embargo, puede evolucionar y diseminarse a los pulmones, causando una forma más grave de la enfermedad denominada peste neumónica.
tiempo. Si no se trata, la peste neumónica puede ser mortal a las 18 a 24 horas del inicio de la enfermedad, pero los antibióticos utilizados habitualmente contra las enterobacterias (bacilos Gram-negativos) pueden curarla si se administran con prontitud.
Las medidas preventivas consisten en informar a la población en el momento en que la peste zoonótica esté presente en su entorno y en recomendarles que tomen precauciones contra las picaduras de pulgas y no manipulen cadáveres de animales. También debe evitarse todo contacto directo con tejidos y líquidos corporales infectados. Deben aplicarse las precauciones generales durante el contacto con pacientes posiblemente infectados y la obtención de muestras.
La OMS no recomienda la vacunación, excepto para grupos de alto riesgo (por ejemplo, personal de laboratorio expuesto constantemente al riesgo de contaminación y profesionales sanitarios).
Localización y eliminación de la fuente de infección: detectar la fuente más probable de infección en la zona donde han estado expuestas las personas afectadas; por lo general, hay que buscar zonas donde se haya registrado la muerte de un gran número de animales pequeños. Aplicar procedimientos apropiados de prevención y control de infecciones. Implantar medidas de control de los vectores, y después matar los roedores. Evitar matar los roedores antes que los vectores, porque entonces las pulgas se trasladarían a nuevos huéspedes. Protección del personal sanitario: informarlos y capacitarlos en materia de prevención y control de la infección. El personal en contacto directo con pacientes con peste neumónica debe adoptar precauciones generales y recibir profilaxis con antibióticos durante 7 días, o al menos mientras estén expuestos a pacientes infectados. Tratamiento correcto: verificar que se administra a los pacientes un tratamiento antibiótico adecuado y que las existencias locales de antibióticos son suficientes. Aislamiento de los pacientes con peste neumónica para que no infecten a otros a través de las gotículas respiratorias. La utilización de mascarillas por estos pacientes puede reducir la propagación.
Vigilancia: identificar y seguir a los contactos íntimos de los pacientes con peste neumónica y administrarles quimioprofilaxis durante 7 días. También deben recibir quimioprofilaxis las demás personas que vivan en la misma casa que los pacientes con peste bubónica. Obtención de muestras con todas las precauciones de prevención y control de infecciones, y envío al laboratorio para análisis. Desinfección: se recomienda lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón o frotárselas con alcohol. Otras zonas más extensas pueden desinfectarse con una solución de lejía doméstica al 10%, cuya preparación se repetirá cada día. Observancia de prácticas de inhumación sin riesgos: Debe abandonarse el rociado de la cara y el tórax de los cadáveres con sospecha de peste neumónica. Esas zonas deben cubrirse con un paño impregnado en desinfectante o un material absorbente.
La vigilancia y el control de la peste requieren una investigación de las especies de animales y pulgas que intervienen en el ciclo de la enfermedad en la región y la elaboración de programas de gestión ambiental que permitan entender el ciclo natural de la zoonosis y limitar su propagación. La vigilancia activa a largo plazo de los focos animales y la intervención rápida ante los brotes en animales han permitido reducir el número de brotes de peste humana. Para gestionar de forma eficaz y eficiente los brotes de peste es fundamental que el personal sanitario y la comunidad estén informados y vigilantes a fin de diagnosticar y tratar rápidamente a los pacientes infectados, identificar los factores de riesgo, garantizar una vigilancia continua, controlar los vectores y los huéspedes, confirmar el diagnóstico mediante pruebas de laboratorio y comunicar los resultados a las autoridades competentes.
La OMS tiene como objetivo la prevención de los brotes de peste manteniendo la vigilancia y la prestación de apoyo a los países en riesgo para que elaboren planes de preparación. Como el tipo de reservorio animal varía según la región e influye en el riesgo de transmisión humana y las condiciones en que esta se produce, la OMS ha elaborado directrices específicas para el subcontinente indio, Sudamérica y el África subsahariana.