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Una introducción al calentamiento global, sus principales causas, el papel de América Latina en el fenómeno y sus consecuencias. Se mencionan los mayores contribuyentes a las emisiones de gases de efecto invernadero y el papel de la división internacional del trabajo en la región. Se destaca la importancia de la adaptación y mitigación al cambio climático, y se menciona la historia del primer aviso sobre el calentamiento global.
Tipo: Diapositivas
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13/05/
1.La globalización, ciudades y ambiente 10 - 19 2 .1.El Protocolo de Kioto 2 .2.La negativa de los Estados Unidos. El ejemplo de la U.E. y del Ecuador 2.3.ONU y la realidad del Protocolo de Kioto 3.1. Efectos climáticos 3.2. Efectos en los sistemas de producción 3.3. Efectos en la biodiversidad 3.4. Efectos en el recurso hídrico, ártico y glaciares andinos 3.5. Efectos en la salud 4.CONCLUSION 04 - 09 35 - 39 Cuestionario : Pág. 40- 54
Esta multidimensionalidad de cambios planetarios discrepa con la forma de abordar la situación ambiental de hace apenas unas décadas atrás, pues los problemas ambientales se miraban desde solo una perspectiva local. El tiempo de la globalización es también el tiempo del “cambio global” en el ambiente mundial; estos cambios se ven reflejados en rubros específicos que permiten configurar la idea de la magnitud del problema. Las perturbaciones humanas de los ecosistemas mundiales se dan, por el cambio de la vegetación primaria, por otra secundaria y por la extracción total de determinado recurso, por consiguiente, se generan flujos de materia con un alto desequilibrio en el ciclo mundial del carbono y la lógica concentración de CO2 en la atmósfera provocado por la quema de combustibles fósiles. 1.La globalización, ciudades y ambiente El actual proceso de industrialización cuya hegemonía la ejerce la industria trasnacional, hace que esta controle las diversas economías del mundo expresándose tal dominio desde lo cultural, lo político, lo ideológico y lo social, por medio de la doctrina multidimensional llamada neoliberalismo, es decir, la globalización. Esta doctrina es la idea base de los modelos económicos actuales que generan la destrucción de su propio entorno. Por lo tanto, la globalización, se define por muchos como: “la disputa de todos contra todos donde se van quebrando fábricas, se destrozan empleos y aumentan la migración masiva y los enfrentamientos interétnicos y regionales”. Por otro lado, el mismo García Canclini, continúa definiendo que para empresarios y políticos: “la globalización es la convergencia de la humanidad hacia un futuro solidario”. Mucha otra incluyéndole afirman que, la globalización es sinónimo de “americanización”, que es “circular y tangencial”9 por último, García Canclini nos afirma que es “más que un orden social o un único proceso, es el resultado de múltiples movimientos”10. Para nuestros efectos entenderemos a la globalización como: una ramificación o evolución del sistema mundo capitalista y de las relaciones del mercado, donde imaginariamente trae más libertad a más lugares y a las actividades humanas, pero acentúa y perpetúa una crisis global11 que destruyen la humanidad y la naturaleza. Los problemas ambientales originados por el sistema económico, político y social son parte de la crisis global actual. Los problemas ambientales globales no han dejado de aumentar desde la revolución industrial, y se ponen de manifiesto en las constantes emergencias de desastres naturales, pues derivan de los cambios globales que suceden en la atmósfera (calentamiento climático, destrucción de la capa de ozono y contaminación atmosférica) y de los cambios estrictamente locales (el cambio de uso de la tierra, la pérdida de la biodiversidad y las invasiones biológicas).
La realidad en que se desarrolla el libre comercio global, nos da como respuesta que el crecimiento económico “verde” es algo que aún está por verse, y que la permanencia de la globalización no alivia el estado del ambiente mundial, sino todo lo contrario. Por consiguiente, las variadas “soluciones” que se dan dentro del sistema global o sistema mundo capitalista para resolver la crisis ambiental son improcedentes, es decir solo se quedan en los discursos de las millonarias e impactantes conferencias mundiales y los foros gubernamentales14. En tal caso, también sucede lo mismo con todas aquellas organizaciones sociales que tratan de demostrar un ilusorio imaginario de un posible crecimiento eco- nómico ambientalmente sano y equilibrado bajo el concepto de “desarrollo sostenible”, pues estas lo único que logran es legitimar la globalización neoliberal. La contaminación ambiental por la alteración humana de los flujos naturales de los elementos y compuestos tienen como consecuencia el aumento de las concentraciones de sustancias peligrosas en el aire, el agua y el suelo, provocando la disminución de los recursos alimenticios y un impacto en la biodiversidad, pues según Rodríguez Murillo, se da la extinción de unas 5 000 especies al año12. De esta manera se evidencia la influencia indirecta y directa de la globalización en la degradación ambiental: por un lado, el debilitamiento de las normas ambientales ante la preferencia del libre comercio, consagrada en los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), como nos lo dice Retallack: “los conflictos entre normas ambientales y libre comercio se han saldado en su casi totalidad a favor del libre comercio”13. Por lo tanto, la competitividad inter- nacional del modelo del libre comercio global induce a que se sacrifiquen normas ambientales en aras de la libre competencia, así como para incentivar el modelo de Inversión Extranjera Directa de las empresas multinacionales, pues es bien sabido que las mismas son las principales provocadoras de fuertes impactos ambientales.
Las grandes ciudades se vuelven lugares donde las econom í as se conectan, son centros de servicios, donde las chimeneas se cambiaron y se esconden detr á s de la publicidad transnacional, surgiendo un nuevo contaminante, el visual, las v í as r á pidas y edificios se saturan de publicidad, veh í culos y transporte comercial, todo realizado a base de la extracci ó n y uso del petr ó leo. Por lo tanto, compartimos con Castells, el pensar que la ciudad global est á dise ñ ada para las é lites, con un alto poder adquisitivo y donde ocurren los focos decisivos de las redes econ ó micas (especulativas) y comunicacionales a escala global (tr á nsito), (Londres, Par í s, Tokio, Nueva York). Otras urbes mundiales continuaron su rol hist ó rico como es el caso de algunas de las latinoamericanas, que siguen siendo ciudades articuladoras, funcionan como centros regionales y ciudades mundiales (M é xico, Buenos Aires, Lima), otras siguen siendo puertos que se hibridizaban entre s í y se transformaron en las ciudades multiculturales (por ejemplo, R í o de Janeiro, Porto, Á msterdam, Panam á , Lima).
A estos rubros se le deben sumar, lo que se le llama “deslocalización productiva” es decir, el uso de dispositivos y procesos que se llevan a cabo en zonas geográficamente distantes para obtener un producto dado, lo que provoca necesidades de transporte e incita la producción de todo tipo de mercancías, lo cual representa un mayor uso de energía y recursos, traducido en un mayor deterioro ambiental y en una alta emisión de gases de efecto invernadero.
La conferencia de Río de Janeiro, entre el 3 y 14 de junio de 1992, sirve como punto de partida, porque es en materia ambiental donde se impulsa la Agenda 21 y dos tratados internacionales fundamentales: la Convención sobre el Cambio Climático y la Convención sobre la Diversidad Biológica.
Precisamente, el primer informe del IPCC publicado en 1990 se usó para lograr la negociación del Convenio sobre Cambio Climático para mayo de 1992, en la primer convención sobre Cambio Climático hecha en Nueva York, donde se acordó definir el cambio climático como: “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables” (IPCC, 2001). Conforme a lo establecido en la Convención, se llevó a cabo la primera reunión de las partes el 21 de marzo de 1995 en Berlín. El objetivo planteado fue: estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y prevenir los niveles de peligro en el sistema climático, esta vez, la IPCC contribuyó en la conclusión de esta primera reunión diciendo: “el conjunto de las evidencias sugiere una influencia humana discernible sobre el clima global”31, a su vez en el informe, se afirmaba que los compromisos contraídos en virtud del Convenio, inclusive si se consumaban, no resultarían suficientes para impedir la interrupción negativa con el clima.
Este protocolo convenido en Kioto, Jap ó n, en diciembre de 1997, contiene diversas metas pol í ticamente obligatorias para los pa í ses desarrollados, que es donde se ubica la mayor í a de las ciudades globales y mundiales, y quienes deben reducir las emisiones combinadas de seis gases de efecto invernadero claves: di ó xido de carbono (CO2), metano (CH4), ó xido nitroso(N2O), los hidrofluorocarbonos (CFC ), los perfluorocarbonos (PFCs) y los hexafluoruros de azufre (SF6), se propuso un 5,2 % de reducci ó n como m í nimo a lo largo del per í odo del 2008 al 2012 (IPCC, 2001). Las acciones tomadas por los países que más emisiones de dióxido de carbono producen han sido muy lentas. Sin embargo, hay buenas actitudes de países como Rusia y China; estos han ratificado el protocolo desde noviembre de 2004 y hasta la fecha los países que lo amparan constituyen el 61,6 % de las emisiones, aunque desgraciadamente para el primer trimestre del año 2013, “la concentración de partículas de dióxido de carbono cruzó la línea de las 400 ppm. Por lo tanto, se calcula que, si el 20% de las reservas mundiales de crudo, gas natural y carbón fueran consumidas, el descontrol del cambio climático es más que seguro”
Los Estados Unidos, se han negado a suscribir y ratificar el protocolo. Aunque es el mayor emisor de gases a nivel mundial, este país afirma que el tratado de Kioto afecta su economía, a pesar que varios sectores del país continúan ejerciendo presión para la ratificación del protocolo.
La Agencia de Protección del Medioambiente de Estados Unidos, (EPA) reconoce la existencia del calentamiento global como: consecuencia de los abusos del refino del petróleo, la generación de electricidad y la combustión en los vehículos. Datos de la Agencia registran que para el 2011, se produjeron 6 702 millones de toneladas métricas de CO2” (EPA, 2013, abril) en los Estados Unidos de fuentes antropogénicas donde “33% proviene de la electricidad, 28% del transporte, 20% de la industria, 11% residencial – comercial y el 8% de la agricultura” (ibíd.). El informe proporciona que, a pesar de no estar en el Protocolo los EE.UU., las emisiones se redujeron en “6,9% los gases comparado con el 2005”36. Esto se refleja probablemente, porque muchas transnacionales estadounidenses han optado por la compra y venta de emisiones de efecto invernadero, que prevé el Protocolo para facilitar su cumplimiento; los países que superan su nivel de emisiones tienen la oportunidad de comprar derechos de emisión a otros países menos contaminantes. Esto es posible realizarlo en torno al programa “Intercambio Climático de Chicago”, en el que participan firmas como Ford, Baxter, Dupont, Motorola o IBM. El motivo de la acción es que este tipo de empresas se forman en los Estados Unidos, pero interactúan comercialmente con países donde el Protocolo entra en vigor.
Sin embargo, hay muchos sectores provenientes de la doctrina neoliberal que promueven proyectos relacionados con la protección a los recursos naturales no por sus íntimos valores ecológicos o ambientales, sino, porque coadyuvan al progreso económico y a la sostenibilidad del sistema mundo capitalista que se basa en el modelo de extracción, pero además están los que buscan el embargo por deuda (cambio de deuda por naturaleza) o el rentable negocio de la bioprospección37 impulsado por la ola de la economía ecológica y ratificado en la última “Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible Rio+20 (2012). En este juego hay “Compañías biotecnológicas que suelen patentar cultivos genéticamente modificados para soportar la presión del cambio climático, sin importarles que perjudican a los agricultores”38. Muchos se preguntan cómo es el caso del gigante asiático China frente al protocolo. Aquel, al contrario de los EE.UU., ratificó el protocolo en el 2002 y en el 2011 apoyó la extensión del mismo e incluso instó en ese momento a Ja- pón39 de no retirarse y apoyar el segundo periodo del Protocolo40. Mientras tanto a EE.UU., con su empeño de no apoyar ni ratificar el Protocolo, se le unió ahora Canadá, quien decidió abandonar el Protocolo el 11 de diciembre de 2011 durante la cumbre de Durban. Su justificación fue: que lo hacía para no pagar las multas por el incumplimiento en la reducción de emisiones. Canadá cuenta con Toronto en el lugar 14 y Montreal en el 31 dentro del Ranking de las ciudades globales y mundiales. Por último, la UE, el 6 de noviembre de 2013, presentó la legislación para que cada uno de sus países miembros ratifiquen el segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto para la reducción de emisiones que cubra el periodo 2013- 2020 y al día siguiente utilizando el sistema de especulaciones de los bonos de carbono, la UE, decide aplazar la subasta hasta el 2019, de manera que esto pueda limitar el exceso de oferta existente que desvalorizó el valor del bono hasta ponerlo a 2,5 euros por tonelada de emisión. Sin duda alguna es una buena medida - aunque paliativa para el calentamiento- no obstante, obligará a la industria a actualizar su tecnología y aumentar el valor de los permisos o bonos de emisión de carbono lo que muestra un mensaje de voluntad por parte de la Comisión Europea de mitigar lo más pronto posible y con las respectivas medidas de salvaguardia los efectos del calentamiento global, después del mensaje negativo que provocó la COP19 de Varsovia del 2013 en los sectores ambientalistas.
El protocolo de Kioto, hasta ahora, es el resultado de una maniobra de imagen de los gobiernos. Precisamente, se hace necesario destacar el papel obstruccionista de las multinacionales insertadas en la procuración de sus intereses; estas se establecen en grupos de presión como la Coalición Global del Clima (GCC) en EE.UU., y la Mesa Europea de Industriales (ERT) en Europa, cuyos objetivos giran en torno a oponerse a cualquier disminución imperativa de emisiones, y a las cuales parafraseando a Rodríguez Murillo (1999) hay que atribuirles los resultados negativos del Protocolo. Los intereses empresariales involucrados en las negociaciones sobre el clima y sus expertos parecen no conocer la realidad y están ideando sagaces proyectos para evitar tomar las decisiones acertadas. Entre los esquemas más arteros está la creación del “mercado del carbono”, que versa sobre el uso de bosques y plantaciones forestales como sumideros de carbono41 o como se apreció en la COP 19 de Varsovia, hacer un fuerte lobby para no lograr los acuerdos necesarios. En la Convención de Río en 1992, los países desarrollados prometieron estabilizar las emisiones, pero las superaron en un 12%. En el Protocolo de Kioto se prometió una reducción de 5,2% de las emisiones mundiales, pero segura- mente se logrará solo 0,4%42. Sin embargo, hay que tomar en cuenta, que quienes prometieron fueron los políticos, que seguramente no seguirán en su cargo cuando llegue el momento de mostrar los resultados43. Por consiguiente, si las negociaciones continúan estancadas, si la negativa de adquirir los compromisos de países como Estados Unidos persiste y las actuaciones continúan en rumbo paliativo, el Protocolo de Kioto estará lejos de ser la herramienta internacional para afrontar el calentamiento global.
3. EL PAPEL DE AMÉRICA LATINA Históricamente, la base del desarrollo económico de América Latina y el Caribe, se basa en la explotación de los nutridos recursos naturales, además, la actual división internacional del trabajo, ha originado que los países latinoamericanos (receptores de grandes inversiones de capital externo) acepten empresas con altos niveles de contaminación, aunque son conscientes que los efectos del calentamiento global afectan claramente las bases de su desarrollo. No obstante, los países de la región han comenzado, aunque de manera tardía (y no sabemos el grado de compromiso) a tomar medidas pertinentes dentro de sus agendas gubernamentales. Si bien es cierto, las prioridades de la región siguen siendo la pobreza, higiene, educación, vivienda y el acceso a servicios como el agua o energía, en Latinoamérica el tema del calentamiento global está tomando fuerza en la agenda de desarrollo y en la participación internacional. Esta tendencia es parte de una respuesta a la Convención y el Protocolo de Kioto, donde todos los países latinoamericanos son parte y ya lo han ratificado en sus respetivos congresos.