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Asignatura: Història Medieval Universal II, Profesor: Francisco Javier Faci, Carrera: Història, Universidad: URV
Tipo: Apuntes
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El texto elegido para esta recensión se basa en el libro de Las sociedades musulmanas. Este resumen se centra en el capitulo tres del libro, concretamente en el Califato Omeya. Se habla sobre toda su historia, dividida en seis capítulos. El primero, nos habla sobre la época sufyaní, donde se presentan los vínculos personales, el poder que tenia la aristocracia y la cuestión sucesoria. El siguiente habla sobre la guerra civil que supuso un colapso de la autoridad omeya. El tercer capítulo trata sobre los intentos, llevados a cabo por Abd al-Malik, de centralización del Imperio árabe. El siguiente habla sobre la segunda oleada de conquistas, la cual llevó al Imperio de los Omeyas a su máxima expansión. El quinto va sobre la aparición del faccionalismo después de la muerte de Abd al-Malik. Finalmente la desintegración del califato Omeya es el ultimo capitulo y es donde aparecen los Abasíes, rivales de los Omeyas, que formaran un nuevo gobierno.
Las fuentes encontradas sobre la dinastía de los Omeya son muy hostiles. Se ve su gobierno como un período oscuro y se les acusa de dos hechos: el convertir el rango de califa en un título hereditario y el perseguir a la familia de Mahoma. La hostilidad de las fuentes viene dada porque se empezaron en el siglo VIII, época en que los Abasíes llegaron al poder, lo cual explicaría la mala propaganda hecha por estos contra la familia rival, los Omeyas.
Lo cierto es, que la época Omeya que abarca del año 661 hasta el 750, donde los Abasíes llegaran al poder, fue importante en desarrollo y expansión del Islam como religión gracias a las conquistas hechas por los omeyas.
La dinastía Omeya se divide en dos períodos: el sufyaní, que fa desde los inicios en 661 hasta el califa Yazid, en 684; y el periodo marwani (684-750) donde el califato pasa a una rama diferente de la familia.
La época Sufyaní empieza por el califa Mu’awiya (661-680) que llegó al poder gracias al apoyo de la aristocracia tribal, siendo esta la beneficiada durante las conquistas. En este periodo se vio potenciada la diferenciación social entre los árabes.
Este hecho permitió a la aristocracia rodearse de una clientela propia. Los clientes (o mawla ) tenían una relación de dependencia ( wala ) con un señor. Gracias a esta dependencia el mawla o cliente tenia la protección del señor, que a cambio de esta, el cliente debía prestar diversos servicios, como por ejemplo un pago regular o la ofrenda de regalos. Estos vínculos también se establecían con esclavos, los cuales eran liberados por el señor pero les ligaba a su persona a través del wala. El vínculo de dependencia también se estableció con la gente libre de los territorios conquistados, de esta forma, convertían a esta gente al islam y podían integrarse dentro de la sociedad árabe.
Todos estos vínculos tenían un objetivo: cuando de esclavos se trataba, el objetivo era ligarle a su antiguo amo, mientras que si se trataba de una persona libre de un territorio conquistado, lo que se quería era que esta se integrase en la sociedad árabe pero con un rango social inferior. Aún así, el rango de un esclavo manumitido y un aristócrata converso no podía ser el mismo aunque los dos se llamasen mawali.
El objetivo de Mu’awiya era tener contenta a la aristocracia, la cual le había ayudado a conseguir el poder. Algunos de ellos incluso recibieron el derecho de tener autoridad política sobre los miembros de sus tribus.
La capital del califato era Damasco, situada en Siria. Para poder gobernar las tres grandes provincias que formaban el Imperio omeya (Kufa, Egipto y Basra), el califa nombro a gobernadores o emires. Estos tenían como objetivos la percepción de tributos, el reparto de estipendios, el mantenimiento del orden y la dirección de campañas militares dentro de sus territorios. Esta organización administrativa era muy laxa y su buen funcionamiento dependía de las aristocracias. El problema se originó cuando Mu’awiya propuso a su hijo Yazid como sucesor del rango de califa. El califa siempre había sido elegido por un consejo compuesto por miembros aristócratas de la sociedad. Mu’awiya recurrió a todos los medios para ganarse apoyos. Finalmente dejó claro que el viejo orden se mantendría y que una vez proclamado Yazid como califa gobernaría solo nominalmente, quedando el poder en manos de la aristocracia.
A su muerte, Yazid (680-683) fue elegido califa, pero empezaron a estallar rebeliones. La más importante fue llevada por al-Husayn, hijo del califa Alí. Este marchó a Kufa, donde encontró apoyos militares para reclamar el califato. El emir de Kufa se enteró de los planes del rebelde y derrotó fácilmente a los rebeldes, donde al-Husayn murió. El suceso impactó en la sociedad ya que se vendió como la muerte de un descendiente de Mahoma.
Había otro foco en la rebelión iniciada por el ascenso de Yazid al califato. Este, situado en La Meca, era protagonizado por Ibn al-Zubayr. Su idea era que el califato no era excusivo de los Omeyas y que cualquier Qurasi podía ejercer ese cargo. Al-Zubayr consiguió numerosos apoyos en La Meca y Medina. Yazid murió en 683 y la rebelión de Ibn al-Zubayr aún no había sido reducida. Esto desarrollo una crisis dinástica, ya que el hijo de Yazid duró muy pocos meses. Ibn al-Zubayr aprovechó la ocasión para autoproclamarse califa y envió a sus propios emires.
A parte, aparecieron también facciones rivales en Siria: los Qaysies y los Kalbies. Los Kalbies habían sido favorecidos por los Omeyas y se inclinaron por buscar un miembro de esta misma familia para ser califa. Los Qaysies habían sido apartados del poder y llegaron a la conclusión de que se necesitaba un cambio en el poder y se decantaron por apoyar al movimiento de Ibn al-Zubayr.
A la muerte de al-Malik en 705 le sucedieron sus cuatro hijos y su sobrino, Umar II. El problema empezó con las rivalidades de los Kalbies y Qaysies, que aumentaron. Así, cada califa favorecía a un grupo o a otro dependiendo de sus prioridades. Esto provocó que las luchas faccionalistas se extendieran por todo el imperio. Eran luchas entre grupos políticos, más que de grupos tribales, ya que presentaban idearios políticos. Lo que querían estos grupos era alcanzar el poder provincial en el sistema centralizado y apropiarse de sus recursos fiscales. Finalmente, estas rivalidades conllevaron que la autoridad califal dependiera del apoyo de las diferentes facciones, creando una serie de rebeliones y enfrentamientos que llevaron a la desintegración del califato.
Solo durante el gobierno del califa Umar II (717-720) se intentó parar los enfrentamientos y el faccionalismo existente. Siguió una política de equilibrio entre Kalbies y Qaysies y se propuso atraer a los no-árabees convertidos con unas nuevas medidas fiscales y imponiendo barreras al poder de la aristocracia. Aún así, el intento de Umar II no sirvió de nada ya que murió al poco tiempo y ninguno de sus sucesores siguió el camino de reformas iniciado por él.
Durante el califato de Hisam (724-743) se buscó un equilibrio con la situación de rivalidades. Siguió una política de opresión fiscal, de la que pronto se vieron las consecuencias: en las zonas más nuevas del imperio empezaron las rebeliones. En el año 737 se consiguió apaciguar la revuelta, aún así, la zona del Jurasán siguió siendo conflictiva. En el norte de África también estallaron revueltas ocasionadas por los beréberes entre 730 y 740. A partir de esta rebelión, África y Al-Ándalus también se vieron afectadas por el faccionalismo y los vínculos con el poder central se fueron deteriorando.
Después de la muerte de Hisam el sistema se colapsó. Las causas de esta crisis dieron origen a una tercera guerra civil. El califa sucesor de Hisam, fue su sobrino al-Walid II. Los primeros en oponerse fueron los Kalbies, que se apoderaron de Siria y ejecutaron a al-Walid II. Yazid III le sucedió e intentó arreglar las cosas igual que lo hizo Umar II, pero murió a los pocos meses. Marwan II (744-750) fue el ultimo Omeya al poder. Se apoderó de Siria y favoreció a los Qaysies. A él se enfrentó Sulayman, hijo de Hisam, que protagonizo diversas revueltas. Marwan II pudo someterlo en 747 pero todo el imperio estaba fraccionado.
En Jurasán se inició el movimiento Abasí, que se apoderó de Irán y Kufa entre 748 y 749. En la batalla de Zab (750) las fuerzas Omeyas fueron derrotadas por los abasíes y Marwan tuvo que huir a Egipto. Los Abasíes aniquilaron a toda la familia omeya y se proclamaron como la nueva dinastía califal.
Solo Abd al-Raham logró sobrevivir, que marchó a Al-Ándalus donde en 755 logró instaurar su propia dinastía en el territorio.
Para acabar, expondré un poco mi visión sobre el tema, opinando un poco sobre el período de los Omeyas. Básicamente se puede observar con lo que dice el texto que el gobierno y la administración de los omeyas fue correcta hasta que los problemas empezaron con Mu’awiya. El hacer que el titulo de califa fuera hereditario fue lo que empezó las rivalidades entre las diferentes tribus del imperio árabe. El que los Omeyas resistieran en el poder después de tantas revueltas demuestran que tenían una mayoría de apoyo entre estos grupos y que fue gracias a ellos que siguieron gobernando. También se puede ver que la gestión centralista del poder de al-Malik pudo mantener el equilibrio durante su gobierno, pero que a la muerte de este se desmoronó todo lo que él había mantenido. Los hijos de este no hicieron nada por mejorar el imperio y esto demostró que no tenían intenciones de reorganizar la política del imperio. Solamente Umar II lo intentó, pero por desgracia murió pronto, pero creo que hubiese podido solucionarse la situación si los siguientes califas hubiesen seguido su ejemplo y no se hubiesen limitado a mantener lo que había. Con todo esto, el final de esta dinastía se veía venir con todas las facciones y revueltas que se desarrollaron durante los últimos años de la dinastía, ya que la fragmentación del imperio era bien clara y solo hacía falta alguien que aprovechara la situación para ocupar el sitio de los Omeyas.