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Conceptos claves sobre el estudio del capital ficticios.
Tipo: Apuntes
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Capital productor de interés.
Marx:
Capital ficticio.
Hilferding y Lenin: Capital financiero.
Capital especulativo.
Carcanholo y Nakatani:
Capital especulativo parasitario.
MARX:
*Capital productor de interés o capital bancario:
XXIV. Exteriorización de la relación capitalista en la forma del capital productor de interés.
“En el capital productor de interés es donde la relación capitalista alcanza su forma más externa y fetichista. Tenemos aquí D – D´ , dinero que genera más dinero, valor que se valoriza a sí mismo, sin el proceso que media ambos extremos. En el capital comercial, D – M – D´ existe al menos la forma general del movimiento capitalista, aunque sólo se mantenga en la esfera de la circulación, por lo que la ganancia aparece aquí como mera ganancia de enajenación; no obstante, se representa como producto de una relación social, no como producto de una simple cosa. La forma del capital comercial representa, a pesar de todo, un proceso, la unidad de fases contrapuestas, un movimiento que se descompone en dos actos antagónicos, en la compra y en la venta de mercancía. Esto se borra en D – D´ , la fórmula del capital productor de interés. Cuando el capitalista presta, por ejemplo 1.000 libras esterlinas y el tipo de interés es el 5%, tenemos que el valor de 1.000 libras esterlinas como capital para un años es = C + Ci´ , donde C es el capital e i´ el tipo de interés, que aquí es, como hemos dicho, el 5% = 5 / 100 = 5 / 100 = 1 / 20, 1.000 + 1.000 x 1 / 20 = 1.050 libras esterlinas. El valor de 1. libras como capital es = 1.050 libras esterlinas, es decir, el capital no constituye ninguna magnitud simple. Es una relación de magnitudes, la relación como suma principal, como valor dado, consigo mismo como valor que se valoriza, como suma principal que
ha producido una plusvalía. Y, como hemos visto, el capital se presenta como tal, como valor que se valoriza directamente, para todos los capitalistas activos, ya funcionen con capital propio o prestado. D – D´ : tenemos aquí el punto de partida originario del capital, el dinero en la fórmula D – M – D´ reducido a los dos extremos D – D´ , donde D ´ = D + „„ D , dinero que genera más dinero. Es la fórmula originaria y general del capital, condensada en una expresión absurda. Es el capital acabado, unidad del proceso de producción y del proceso de circulación, y, por tanto, productor de cierta plusvalía en un período determinado de tiempo. En la forma del capital productor de interés esto aparece directamente, sin la mediación del proceso de producción y de circulación. El capital aparece como fuente misteriosa y autóctona de interés, de su propio incremento. La cosa (dinero, mercancía, valor) es ahora, como simple cosa, capital, y el capital aparece como simple cosa; el resultado de todo el proceso de reproducción aparece como una propiedad que corresponde a una cosa de por sí; depende del poseedor del dinero, es decir, de la mercancía en su forma constantemente cambiable, ya la gaste como dinero o la alquile como capital. Por eso, en el capital productor de interés aparece en toda su pureza este fetiche automático, el valor que se valoriza a sí mismo, dinero generador de dinero, sin que lleve ya en esta forma ninguna huella de su origen. La relación social se ultima como relación de una cosa, del dinero, consigo misma. En vez de la verdadera transformación del dinero en capital sólo se revela aquí su forma carente de contenido. Como ocurre con la fuerza de trabajo, el valor de uso del dinero se convierte aquí en el de crear valor, una valor mayor que el contenido en sí mismo. El dinero como tal es ya, potencialmente, valor que se valoriza y se presta como tal, lo cual es la forma de venta de esta mercancía peculiar. La propiedad del dinero consiste, pues, en crear valor, en arrojar interés, lo mismo que la de un peral consiste en echar peras. Y como tal cosa productora de interés es como vende su dinero el prestamista. Pero no basta con esto. Como hemos visto, el capital realmente en activo, se presenta a sí mismo de tal suerte que arroja el interés, no como capital en funciones, sino como capital en sí, como capital monetario. También se tergiversa esto: mientras que el interés sólo es una parte de la ganancia, es decir, de la plusvalía que el capitalista en funciones extrae al obrero, ahora, por el contrario, aparece el interés como fruto propiamente dicho del capital, como lo originario, y la ganancia como mero accesorio o adictamente añadido en el proceso de reproducción. Aquí está consumada la forma fetichista del capital y la idea del capital- fetiche. En D – D´ tenemos la forma empírica del capital, la inversión y cosificación de las relaciones de producción elevadas a la más alta potencia: forma productora de interés, la forma simple del capital, en la que se presupone su propio proceso de reproducción; capacidad del dinero, o de la mercancía, para valorizar su propio valor, independientemente de la reproducción, la mistificación capitalista en su forma más descarada. Para la economía vulgar, que pretende representar el capital como fuente autónoma del valor, esta forma es naturalmente un maná llovido del cielo, una forma en que ya no es posible identificar la fuente de la ganancia y en la que el resultado del proceso capitalista de producción –separado del proceso mismo- adquiere una existencia emancipada. Es en el capital monetario donde el capital se convierte en mercancía cuya cualidad de valorizarse a sí misma tiene un precio fijo, plasmado en el tipo de interés correspondiente. Como capital productor de interés y, por cierto, en su forma directa como capital monetario productor de interés (las otras formas del capital portador de interés, que aquí
sacrifica y se incrementa a sí mismo. Es, por tanto, bajo esta forma como el capital se presenta, principalmente, [a la imaginación]. Es el capital por antonomasia. Como, a base de la producción capitalista, una determinada suma de valor, representada en dinero o en mercancía –propiamente, en dinero, la forma metamorfoseada de la mercancía- otorga el poder de extraer gratis al trabajador una determinada cantidad de trabajo, de apropiarse un determinado surplus value, surplus labour o surplus produce , es evidente que el dinero mismo puede venderse como capital, como una mercancía sui generis o que el capital puede ser comprado en forma de mercancía o dinero. Puede venderse el capital como fuente de ganancia. Con dinero, etc., permite a otro apropiarse plusvalía. Es legítimo, pues, que yo me apropie una parte de ella. Del mismo modo que la tierra tiene valor porque me permite captar una parte de la plusvalía y, por tanto, con la [renta de] la tierra, no hago más que pagar esta plusvalía así captada, en el capital pago la plusvalía creada por él. Como, en el proceso capitalista de producción, el valor del capital se perpetúa, se reproduce, aparte de su plusvalía, está dentro del orden el que, si el dinero o la mercancía se vende como capital retorne al cabo de determinado periodo al vendedor, que no lo ha enajenado como la mercancía, [sino que] retiene la propiedad sobre él. Lo que quiere decir que el dinero o la mercancía no se venden en cuanto tales, sino en segunda potencia, como capital , como dinero que se incrementa o como valor-mercancía. Y no sólo se incrementa, sino que se conserva en el proceso total de la producción. Sigue siendo, pues, capital para el vendedor, retorna a él. La venta consiste en que un tercero, que lo emplea como capital productivo, tenga que pagarle al poseedor del capital determinada parte de la ganancia que ha obtenido solamente gracias a este capital. Éste se arrienda, al igual que la tierra, como una cosa creadora de valor, que se conserva con esta virtud creadora, que rinde constantemente y puede por tanto, dar un rendimiento a su vendedor originario. Solamente mediante el rendimiento que aporta a éste es capital. De otro modo, aquél lo vendería como [una] mercancía o lo compraría con dinero. Pero, en todo, la forma, considerada de por sí (en realidad, el dinero se enajena periódicamente como medio de explotación del trabajo, de creación de plusvalía), está en que la cosa se manifiesta, aquí, como capital y el capital simplemente en cuanto cosa, lo que es un resultado del proceso capitalista de producción y circulación como una cualidad inherente a una cosa y [que] depende del poseedor del dinero, es decir, de la mercancía, bajo su forma constantemente cambiante, el que quiera gastarlo como dinero o alquilarlo como capital. Aquí, la relación entre el capital como la matriz consigo mismo como fruto y con su propio valor es lo que mide la ganancia que arroja, sin perderse en este proceso (como corresponde a la naturaleza del capital). Resulta, por tanto, evidentemente por qué la crítica superficial, partidaria de la mercancía y que combate el dinero, enderece aquí toda su sabiduría reformadora contra el capital a interés, sin tocar a la producción capitalista real y atacando solamente a [lo que es] uno de sus resultados. Esta polémica contra el capital e interés desde el punto de vista de la producción capitalista, [polémica] que hoy en día se presenta con ínfulas de “socialismo” se presenta, por lo demás, como una etapa del desarrollo mismo del capital, por ejemplo en el siglo XVII, en que el capitalista industrial comenzó a imponerse contra el usurero chapado a la antigua, que en aquel tiempo se enfrentaba todavía a él como una potencia superior. //893/ La total cosificación, inversión y el absurdo del capital como capital a interés –en el que, sin embargo, no hace más que manifestarse bajo su forma más tangible la naturaleza interior de la producción capitalista, el absurdo de ésta- es el capital que
rinde “ compounded interest” y que aparece como un Moloch reclamando el mundo entero como víctima sacrificada en sus altares, pero que, impulsado por una misteriosa fatalidad, no logra nunca satisfacer, sino que ve siempre contrarrestadas sus justas aspiraciones, nacidas de su propia naturaleza. El movimiento característico del capital, tanto en el proceso de producción como en el de circulación, es el retorno del dinero o de la mercancía a su punto de partida, al capitalista. Esto expresa, de una parte, la metamorfosis real que convierte a la mercancía en sus condiciones de producción y a éstas de nuevo en la forma de la mercancía: reproducción. Y, de otra parte, la metamorfosis formal, en que la mercancía se convierte en dinero y el dinero nuevamente en mercancía. Por último, la multiplicación del valor, D – M – D´. El valor originario, pero que se incrementa con la ganancia, sigue en manos del mismo capitalista. Sólo cambian las formas en que lo tiene en su mano, como dinero, mercancía o bajo la forma del mismo proceso de producción. Este retorno del capital a su punto de partida cobra en el capital a interés una forma totalmente externa , desglosada del movimiento real cuya forma es. A no entrega su dinero en cuanto [tal] dinero, sino como capital. El dinero, aquí, no cambia para nada. No hace más que cambiar de mano. Sólo en su mano se convierte realmente en capital. Pero para A , el retorno se efectúa del mismo modo que la enajenación. Vuelve a pasar de manos de B a manos de A. Éste presta el dinero, en vez de gastarlo. Todo cambio de lugar del dinero en el proceso real de la producción del capital expresa un momento de la reproducción, ya sea la conversión del dinero en trabajo, ya la de la mercancía terminada en dinero (final del acto de producción), ya la retroconversión del dinero en mercancía (renovación del proceso de producción, reiniciación de la producción). El cambio de lugar del dinero, cuando éste se presta como capital , es decir [cuando] no se convierte en capital, sino que entra como capital en la circulación, no expresa otra cosa que la transferencia del mismo dinero de manos de uno a manos de otro. El título de propiedad permanece en manos del que presta [el dinero] pero la posesión pasa a manos del capitalista industrial. Pero, para aquél la conversión del dinero en capital comienza a partir del momento en que, en vez de gastarlo como dinero, lo invierte como capital, es decir, lo pone en manos del capital industrial. (Para él, sigue siendo capital, aunque no se lo preste al industrial, sino a un dilapidador o al trabajador que no puede pagar el alquiler). [En esto se basa] todo el negocio de las casas de préstamo.) Cierto es que el otro lo convierte en capital, pero esto es [ya] una operación que sale del marco de la realizada entre prestamista y prestatario. En vez de la real conversión del dinero en capital, sólo se manifiesta aquí la forma de ella, carente de contenido. Como en la fuerza de trabajo, aquí es el valor de uso del dinero el que [tiene que] crear valor de cambio, un valor de cambio mayor del que en él se contiene. Se presta como valor que se valoriza , [como] mercancía, sólo que [como una] mercancía que se distingue precisamente mediante esta cualidad de la mercancía en cuanto tal y que, por tanto, posee también una forma peculiar de enajenación. El punto de partida del capital es el poseedor de mercancías, el poseedor de dinero, en una palabra, el capitalista. Y, como en él coinciden el punto de partida y el punto de llegada, el capital retorna al capitalista. Pero, aquí, el capitalista existe dos veces: [es] el propietario del capital y el capitalista industrial, que convierte realmente el dinero en capital. De hecho, el capital //894/ fluye de él y retorna a él. Pero, sólo en cuanto poseedor. El capitalista existe de dos modos. Jurídicamente y económicamente. En cuanto propiedad, el dinero retorna, pues, al capitalista jurídico, al left handed Sam.* Ahora bien, el retorno del capital, que incluye la conservación de su valor, que implica
está que estas transacciones se hallan determinadas por los rendimientos reales, pero esto no se manifiesta en la misma transacción. //895/ El interés, como [algo] aparte de la ganancia, representa solamente el valor de la mera propiedad sobre el capital , es decir, convierte de por sí la propiedad de dinero (suma de valor o mercancía, bajo cualquier forma) en propiedad de capital y, por tanto, la mercancía o el dinero de por sí en el valor que se valoriza. Claro está que las condiciones de trabajo sólo son capital siempre y cuando funcionen frente al trabajador como no-propiedad de éste y, por consiguiente, como propiedad ajena. Y sólo funcionan como tales en contraposición al trabajo. La existencia antagónica de estas condiciones frente al trabajo convierten a su propietario en capitalista y a estas condiciones poseídas por él en capital. Pero, en manos del moneyed capitalist*^ A no posee el capital, este carácter antagónico que lo convierte en capital [propiamente dicho] y que, por tanto, hace que la propiedad sobre el dinero sea propiedad sobre un capital. El moneyed capitalist A no se enfrenta para nada al trabajador, sino solamente a otro capitalista, B. Lo que le vende es, en realidad, el “uso” del dinero, los resultados que de él se deriven when converted into productive capital**^ Pero no es el uso, en realidad, lo que él vende directamente. Cuando compro dinero con una mercancía, compro el valor funcional de uso que el dinero tiene como la forma metamorfoseada de la mercancía. No vendo el valor de uso de la mercancía conjuntamente con su valor de cambio, ni compro el valor de uso específico del dinero conjuntamente con el dinero mismo. Pero, en cuanto dinero, el dinero –antes de que se transforme en funciones como el capital que es en manos del money-lender - ***^ no posee otro valor de uso que el que tiene como valor (oro, plata, su sustancia material) o como dinero, como forma transfigurada de la mercancía. En realidad, lo que el money-lender vende al capitalista industrial, lo que efectúa en esta transacción, es solamente esto: le vende la propiedad sobre el dinero por determinado tiempo. Enajena su título de propiedad por a certain term,†^ con lo que le capitalista industrial compra la propiedad por a certain term ; simplemente la propiedad del dinero o la mercancía –separada del proceso de producción capitalista de producción- en cuanto capital. El hecho de que sólo funcione como capital después de su enajenación no hace cambiar para nada los términos de la cosa, como no hace cambiar para nada el valor de uso del algodón el hecho de que el valor de uso sólo funcione como tal valor de uso después de haberse enajenado al hilandero o que el valor de uso de la carne sólo se afirme en cuanto tal cuando pasa de la tienda del carnicero a la mesa del consumidor. Por tanto, el dinero que no vuelve a invertirse en el consumo o la mercancía que no sirve nuevamente para que su propietario lo consuma, convierten, por tanto, a su propietario en capitalista y son de por sí separados del proceso capitalista de producción y antes de convertirse en capital “productivo” o capital. Son, por tanto, valores que se valorizan a sí mismos, que se conservan e incrementan. Es una cualidad inmanente suya esta de crear valor, de arrojar interés, como es cualidad del peral el producir peras. Como tal cosa productora de interés, vende el money-lender su dinero al capitalista industrial. Y, como [este dinero] se conserva, es un valor que permanece, el capitalista industrial puede devolvérselo, una vez que expire el plazo convenido. Como crea anualmente determinada plusvalía, [determinado] interés, [como] se incrementa en realidad con nuevo valor dentro de cualquier plazo, [el prestatario] puede pagar al prestamista esta plusvalía anualmente o en el plazo convertido cualquiera que él sea. El
dinero en cuanto capital arroja, en efecto, plusvalía diariamente, al igual que el trabajo asalariado. Mientras que el interés es simplemente una parte de la ganancia plasmada bajo un nombre especial , el interés se manifiesta aquí , como [creación peculiar] del capital en cuanto tal, independientemente del proceso de producción y que, por tanto, pertenece solamente a la propiedad sobre él, a la propiedad del dinero y de la mercancía, independientemente de las relaciones que imprimen a esta propiedad la impronta de propiedad capitalista, como lo contrapuesto al trabajo; [el interés se manifiesta, aquí] como una creación de plusvalía inherente simplemente a la propiedad sobre el capital y propia y peculiar de ella, mientras que la ganancia industrial , por el contrario, se manifiesta como una adición que el prestatario añade al capital mediante el empleo productivo de éste (o, para decirlo en los términos que también suelen emplearse, mediante su trabajo como capitalista; la función del capitalista se equipara aquí al trabajo; más aún, se identifica con el trabajo asalariado, puesto que el capitalista industrial //896/ que realmente actúa en el proceso de producción se contrapone, en efecto, como agente activo de dinero, el cual personifica la función de la propiedad, al margen del proceso de producción y fuera de él), es decir, adquiere la explotación de los trabajadores por medio del capital prestado. Es, por tanto, el interés , y no la ganancia , lo que aparece, así, en cuanto tal, en cuanto la simple propiedad sobre el capital, como la creación de valor que del capital emana; es decir, como el ingreso creado por el capital e inherente [a él]. Bajo esta forma es, pues, como los economistas vulgares lo conciben también. En esta forma se esfuma toda mediación y se redondea y se culmina la forma fetichista del capital, como la representación del capital-fetiche. Esta forma surge necesariamente cuando se desglosa la propiedad jurídica del capital de su propiedad económica y la propiedad y la apropiación de una parte de la ganancia afluye, bajo el nombre de interés, a un capital en sí o al propietario de [un] capital totalmente desglosado del proceso de producción. Para el economista vulgar, que pretende prestar el capital como fuente independiente de valor, de creación de valor, esta forma [representa], naturalmente, una [manera de] devorar que se ha descubierto, una forma en que la fuente de la ganancia es irreconocible y el resultado del proceso capitalista cobra existencia independiente, al margen de este proceso. En D – M – D´ aparece todavía [una] mediación. En D – D´ tenemos la forma carente de concepto del capital, la inversión y cosificación de la relación de producción elevada a su máxima potencia.”
“Revenue and its sources”, Teorías sobre la plusvalía .Tomo III. K. Marx, FCE, 1980
*Capital ficticio:
“...el divorcio entre la realidad económica y su traducción en términos financieros, entre el capital real y el capital ficticio, es una característica permanente del capitalismo, que alcanza su paroxismo en las crisis y en las guerras. Esta separación entre capital real y capital ficticio se manifiesta en la existencia de un mercado específico, el de las finanzas, distinto del mercado en el que transan las mercancías reales. Acciones y obligaciones emitidas por las empresas, créditos bancarios, obligaciones gubernamentales para el financiamiento de la deuda pública, etc., circulan en el mercado financiero como mercancías en buena y debida forma, mercancías sui generis , como las designa Marx. El precio de estos títulos fluctúa en el mercado financiero y se fija según las leyes que le son propias, ©confirma la apariencia de que constituirían un capital real junto al capital o al derecho a ese capital, derecho del que posiblemente sean
de un capital que habría fructificado, puesto que no se ha constituido tal capital, sino los ingresos del impuesto percibido por el Estado.
El capital como cuyo vástago (interés) se considera al pago estatal, es ilusorio, capital ficticio. No sólo porque la suma que se prestó al estado ya no exista en absoluto. Pues esa suma nunca estuvo destinada, en general, a ser gastada, invertida como capital, y sólo en virtud de su inversión como capital se la hubiese podido transformar en un valor que se conserva a sí mismo [K, VII, 599]
Esta distinción fundamental entre lo que es una suma gastada «en tanto que capital» y una suma gastada «en tanto que ingreso», puesta en evidencia en el capítulo 6, está en el centro del análisis de las diferentes categorías de gastos públicos (administración pública, inversiones productivas, trabajos públicos, servicios sociales, etc.) y de sus respectivos papeles en la acumulación del capital, como veremos en el capítulo siguiente. Los otros títulos, como las acciones y las obligaciones de la empresa privada, no representa, como en el caso de la deuda pública, una capital puramente ilusorio. Representan un capital realmente invertido en la empresa de cara a su fructificación. Sin embargo, como acabamos de ver, tiene una existencia relativamente autónoma frente a este capital real. Su valor de mercado puede fluctuar sin que se modifique el valor del capital real. Este valor es en parte especulativo «ya que está determinado no sólo por las entradas reales, sino también por las entradas esperadas, calculadas por anticipado» [ Ibid ., 602]. Oscila con el monto de las sumas que se espera y en función de la evolución de la tasa de interés con la que estas sumas son descontadas.
Su valor es siempre sólo el rendimiento capitalizado, es decir el rendimiento calculado sobre un capital ilusorio conforme al tipo de interés imperante. En tiempos de estrechez en el mercado dinerario (de escasez de la moneda), estos títulos y obligaciones bajarán doblemente de precio: en primer lugar, porque aumenta el tipo de interés, y en segundo término porque se los lanza masivamente al mercado para realizarlos en dinero. Esta caída de precio tiene lugar independientemente de si el producido que aseguran estos papeles a su poseedor es constante, como en el caso de los títulos del estado, o de si la valorización del capital real que representan, como ocurre en las empresas industriales, también resulta afectada posiblemente por las perturbaciones del proceso de reproducción. En este último caso sólo se suma a la desvalorización mencionada otra desvalorización. Una vez pasada la tempestad, estos títulos vuelven a ascender a su nivel anterior, en tanto no representen empresas fracasadas o fraudulentas. Su depreciación durante la crisis obra como un poderoso medio para centralizar el patrimonio dinerario [ Ibid ., 602-603; el paréntesis es mío, LG]
La llamada al orden de la economía real
El análisis del crédito y de la gran diversidad de formas con las que interviene permite medir el poder de este instrumento como factor de la acumulación del capital. Gracias al crédito, la producción capitalista parece capaz de superar sus límites. Trasgrediendo él mismo su función natural de financiamiento de las actividades industriales y comerciales el crédito se despliega en una actividad autónoma interna de
la esfera financiera en la que el dinero parece hacer dinero sin relación con el proceso real de producción de valores. La esfera financiera, ampliamente artificial, es por ello el lugar propicio para la especulación, para la manipulación y el fraude, el lugar en el que los «iniciados» se esfuerzan en influir en las fluctuaciones de los valores y los títulos y obtener una ganancia de ello. Las transacciones bursátiles que se hacen sobre las acciones de una empresa pueden producir un rendimiento financiero superior al que esta misma empresa obtiene en la esfera real por la fabricación y la venta de sus mercancías. Es normal que la esfera financiera, autónoma respecto a la economía real en la medida en que tiene sus propias leyes, puede dar lugar, por ejemplo, a una elevación de las cotizaciones bursátiles en un momento particular en el que sin embargo, la economía se encuentra estancada. Pero esta autonomía, por real que sea, sólo puede ser relativa. Si bien la liberación respecto a la ley del valor es posible durante cierto tiempo, ella no puede prolongarse de manera permanente. Tarde o temprano, la evolución financiera que parece alimentarse de sí misma debe sufrir el choque de los datos reales de la economía. La afirmación de la ley del valor a través de la crisis puede ser aplazada; no puede ser evitada. En el contexto de la economía moderna, en la que las operaciones financieras están cada vez más integradas a escala mundial con la interconexión de las plazas financieras, la liberalización de los organismos financieros y la interpenetración de sus actividades, en las que por otra parte están cada vez más informatizadas y programadas, el choque, cuando se produce, no es sino más violento. Los medios técnicos, que tienen como objetivo facilitar las operaciones financieras, contribuyen por el contrario a precipitar la desbandada y a aumentar sus efectos cuando, sobreviene; una desbandada que, subrayémoslo, no puede ser explicada por simples factores psicológicos, el pánico o la histeria colectiva, como sostienen algunas interpretaciones impresionistas. Cualquiera que sea la importancia del efecto de pánico que acaba por amplificar, incluso precipitar, el movimiento de hundimiento, sus causas últimas siguen siendo las condiciones reales de la economía, en última instancia las dificultades de valorización del capital, que brutalmente llaman al orden a la esfera financiera, como lo ilustran en particular las crisis bursátiles de 1987 y 1989. El 19 de octubre de 1987, la bolsa de Nueva York experimentó el peor hundimiento de la historia con una caída de 508 puntos (23%) del índice Dow Jones en una sola jornada, un hundimiento dos veces más importante que el del «jueves negro» de la célebre quiebra de 1929. Más de 500.000 millones de dólares de activos financieros se volatilizaron en el espacio de una seis horas, un billón de dólares en total a partir del nivel bursátil más alto alcanzado dos meses antes. Esta crisis bursátil fue la expresión del límite alcanzado por un crecimiento de los índices financieros sin relación con la salud real de la economía. Después de haber oscilado entre 800 y 1.000 puntos de 1965 a 1981, el Dow Jones se triplica en seis años para alcanzar los 2.722 puntos en agosto de 1987, un crecimiento que dejaba muy atrás el crecimiento real de la economía. Durante el mismo periodo, el índice mundial de los mercados financieros aumentó el 130% mientras que el PIB de los países capitalistas industrializados sólo aumentó el 13%, o sea, diez veces menos. Detrás de las optimistas apreciaciones sobre la situación de la economía estadounidense, que se apoyaban en los «sesenta meses de crecimiento ininterrumpido» desde 1982, se levantaban profundas taras, entre las cuales se encontraban las caídas de la competitividad frente a los competidores europeos y japoneses, un déficit crónico de la balanza comercial y un deterioro de la balanza de pagos corriente, un déficit presupuestario crónico y un endeudamiento exterior creciente (400 mil millones de dólares a finales de 1987, o sea, la deuda externa más elevada del mundo, cuatro veces la de Brasil). La caída de la Bolsa de Nueva York repercutió en
dividendos y la ganancia real del empresario de la corporación no es muy estrecha, porque la gerencia puede decidir pagarles una parte grande o pequeña de la ganancia de empresario como dividendos o pagar un flujo más estable de dividendos que el flujo de la ganancia de empresario. El mercado capitalizará el flujo esperado de dividendos a la tasa de interés vigente, al igual que capitaliza el interés pagado sobre la deuda del Estado. El valor del capital resultante puede exceder en gran medida el valor del capital realmente invertido por la corporación, donde el exceso corresponde a capital ficticio, a pesar del hecho de que el capital realmente invertido en la producción puede no haber cambiado en absoluto, o sólo un poco. El precio de la tierra, incluyendo todos los recursos naturales productivos, constituye un caso similar. Puesto que la posesión de recursos productivos escasos permite la apropiación de un flujo de ingresos de renta, el mercado también capitalizará este flujo en relación con la tasa de interés. De esta manera, se crea una riqueza sustancial en términos privados sin que exista una contraparte social en capital acumulado.”
Para entender El capital. Duncan K. Foley. FCE, 1989. pp. 120-121.
*Capital financiero:
“La dependencia de la industria con respecto a los Bancos es, pues, la consecuencia de las relaciones de propiedad. Una parte cada vez mayor del capital de la industria no pertenece a los industriales que lo emplean. No pueden disponer de este capital más que a través de sus capitales. Así, se convierte en un capitalista industrial en proporciones cada vez mayores. Llamo capital financiero al capital bancario, esto es, capital en forma de dinero, que de este modo se transforma realmente en capital industrial. Frente a los propietarios mantiene siempre la forma de dinero, es invertido por ellos en forma de capital monetario, de capital productor de intereses, y pueden retirarlo siempre en forma de dinero. Pero, en realidad, la mayor parte del capital invertido así en los Bancos se ha transformado en capital industrial, productivo (medios de producción y fuerza de trabajo), y se ha inmovilizado en el proceso de producción. Una parte cada vez mayor del capital empleado en la industria es capital financiero, capital a disposición de los Bancos y utilizado por los industriales. El capital financiero se desarrolla con el auge de la sociedad por acciones y alcanza su apogeo con la monopolización de la industria. El rendimiento industrial adquiere un carácter seguro y continuo, y, con él, adquiere una extensión cada vez mayor la posibilidad de inversión del capital bancario en la industria. Pero son los Bancos los que disponen del capital bancario y el dominio sobre ellos lo tienen los propietarios de la mayoría de las acciones bancarias. Es evidente que, con la concentración creciente de la propiedad, se identifican cada vez más los propietarios del capital ficticio, que da el poder sobre los Bancos, y los del capital, que da el poder sobre la industria. Y tanto más cuanto que hemos visto cómo el gran Banco se apodera cada vez más del capital ficticio. Aunque hayamos visto que la industria cae en una dependencia cada vez mayor del capital bancario, esto no significa que los magnates de la industria dependan de los magnates de los magnates bancarios. A medida que el capital mismo, en su grado
superior, se convierte en capital financiero, el magnate del capital, el capitalista financiero, va reuniendo en sí la disposición de todo el capital nacional en forma de dominio del capital bancario. La unión personal también juega aquí un papel importante. Con la formación de cartels y trust el capital financiero alcanza su mayor grado de poder, mientras que el capital comercial vive su degradación más profunda. Al principio del desarrollo capitalista el capitalista monetario, en calidad de capital usurero y comercial, juega un papel importante tanto en la acumulación de capital como en la transformación de la producción artesana en capitalista. Pero entonces empieza la resistencia de los capitalistas “productivos”, es decir, de los que obtienen beneficio, esto es, de los comerciales e industriales contra los capitalistas del interés.^1 El capital usurero se subordina al capital industrial. Como capital mercantil ejecuta las funciones monetarias que hubieran tenido que realizar los mismos industriales y comerciales en la metamorfosis de sus mercancías. Como capital bancario gestiona las operaciones de crédito entre los capitalistas productivos. La movilización del capital y la expansión cada vez mayor del crédito van cambiado completamente la posición de los capitalistas monetarios. Crece el poder de los Bancos, se convierten en fundadores y, finalmente, en dominadores de la industria, apoderándose de los beneficios como capital financiero, igual que arrebataba antes el usurero con su “interés” el rendimiento del trabajo de los campesinos y la renta del latifundista. El hegeliano podría hablar de negación de la negación: El capital bancario fue la negación del capital usurero y es negado a su vez por el capital financiero. El capital financiero es la síntesis del capital usurero y del capital bancario, y, como éstos, aunque en un grado infinitamente superior del desarrollo económico, se apropia de los frutos de la producción social. El desarrollo del capital comercial es muy distinto. El desarrollo de la industria lo va desplazando poco a poco de la posición dominante que tenía sobre la producción en el período de la manufactura. Pero este retroceso es definitivo y el desarrollo del capital financiero reduce absoluta y relativamente el comercio, y transforma al comerciante, antes tan orgulloso, en un agente de la industria monopolizada por el capital financiero”.
El capital financiero. R. Hilferding. Técnos.1985 pág. 247-
“¨Una parte cada día mayor del capital industrial –escribe Hilferding- no pertenece a los industriales que lo utilizan. Pueden disponer del capital únicamente por mediación del banco, que representa, con respecto a ellos, a los propietarios de dicho capital. Por otra parte, el banco también se ve obligado a dejar en la industria una parte cada vez mayor de su capital. Gracias a esto se convierte, en proporciones crecientes, en capitalista industrial. Este capital bancario –por consiguiente, capital en forma de dinero-, que por ese procedimiento se trueca de hecho en capital industrial, es lo que llamo capital financiero¨. ¨Capital financiero es el capital que se halla a disposición de los bancos y que utilizan los industriales¨.∗
(^1) De hecho, “la usura era un medio principal para la acumulación de capital, es decir, mediante su
participación en la renta del propietario de la tierra. Pero el capital industrial y el comercial están más o menos unidos con los propietarios de la tierra contra esta forma del capital, pasada ya de moda”(Marx, Teorías sobre la plusvalía , tomo I, pág.19). ∗ (^) Hilferding. El capital financiero , Moscú, 1912, págs. 338-339.
De esa manera, en nuestra concepción, la fase actual de la globalización del capitalismo se constituye en una fase de predominio internacional de la lógica especulativa sobre la productiva, con la consiguiente exacerbación de la competencia entre los grandes capitales productivos que actúan en el ámbito internacional. Dicha exacerbación posee como punto de partida, precisamente, la descomunal presión que las ganancias especulativas^3 ejercen sobre el plusvalor producido. La fase capitalista de la globalización se caracteriza por el aumento de la explotación de los asalariados en todo el espacio capitalista y también, de forma paradójica, por la ampliación desmedida del consumo de productos dispensables. Finalmente, es indispensable destacar que los análisis que privilegian nuestro punto de vista deberían concentrarse en la oposición o antinomia entre la capacidad de creación de riqueza por parte del capital^4 y su exigencia de apropiación, definida, en nuestros días, en gran parte, por la lógica especulativa.”
Capital especulativo parasitario versus capital financiero. Págs 1-2, Reinaldo A. Carcanholo, Paulo Nakatani
“De esa manera, el capital especulativo parasitario es el propio capital ficticio cuando sobrepasa en volumen los límites soportados normalmente por la reproducción del capital industrial. Su característica básica está en el hecho de que no cumple ninguna función en la lógica del capital industrial. Es un capital que no produce plusvalía o excedente y no favorece ni contribuye a su producción. Sin embargo, se apropia de excedente y lo exige en magnitud creciente. Su lógica es la apropiación desenfrenada de plusvalía, o mejor, de ganancia (la ganancia especulativa); realiza así, o por lo menos intenta hacerlo, los deseos derivados de la propia naturaleza íntima del capital: el no compromiso con el valor de uso y, a pesar de ello, la autovalorización^5.
diferentes temporalidades nacionales, los grupos empresariales - verdaderas corporaciones capitalistas - actúan simultáneamente, por la riqueza financeirizada y por la produción, produciendo, intermitentemente, las instabilidades oriundas de la contradicción entre realización del ingreso (produto) y de la capitalización financiera. Y, además, dejando el sistema, en el interior de este proceso, como si estuviera permanentemente en crisis, o mejor, a la orilla de la crisis”. Braga (1993, p. 47 – trad. nuestra). Ver otras partes del mencionado artículo, especialmente pp. 37, 38 y 43. (^3) Para nosotros, la lógica especulativa y la exorbitante remuneración del capital especulativo es lo que
exige la exacerbación de la competencia inter-capitalista y el cambio tecnológico, hasta llegar a los patrones actuales de tecnología flexible. “Estoy, por tanto, tendiente a ver la flexibilidad obtenida en la produción, en los mercados de trabajo y en el consumo más como resultado de la búsqueda de soluciones financieras para las tendencias de crisis del capitalismo de que lo contrario. Eso implicaría que el sistema financiero ha alcanzado un grado de autonomía frente a la produción real sin precedentes en la historia del capitalismo, llevando este último a una era de riesgos financieros igualmente inéditos”. Harvey (1989, p. 181 – trad. nuestra) (^4) Para Marx, es el capital quien produce riqueza y, por lo tanto, excedente (plusvalor). Lo hace a través
del trabajo, del consumo de la fuerza de trabajo, que es uno de sus aspectos materiales. Y esa idea, por más que se desarrolle la tecnología, por más que se incremente la composición orgánica del capital (proceso muy destacado por él mismo y punto de partida para entender la tendencia descendente de la tasa de ganancia) se sustenta en la estructura lógica de su teoría. (^5) En otra circunstancia y en otro nivel completamente diferente de abstracción, Marx, a propósito del
ciclo del capital dinero y a diferencia de los demás, destaca que ese ciclo: “Expresa, además, que el fin en sí, el factor determinante del movimiento (del capital, RC) es el valor de cambio, y no el valor de uso. Precisamente porque la forma-dinero del valor es la forma independiente y tangible en que se manifiesta,
Conduce o pretende conducir la contradicción valor / valor de uso al extremo de su desarrollo, es decir, teóricamente, a la destrucción del valor de uso. Al realizar los deseos más íntimos, pero inconfesables, del capital y presentarse como no dependiente de la lógica del capital industrial , el capital especulativo parasitario subordina la lógica de todos los capitales concretos que se relacionan con él. Así, el propio capital productivo queda dominado y los capitales individuales concretos que por ventura cumplan las funciones autonomizadas de capital productivo se someten crecientemente a la lógica parasitaria y pasan a actuar cada vez más de manera especulativa. Siguen existiendo capitales individuales concretos que cumplen las funciones exigidas por el capital industrial pero, cada vez más, estarán contaminados por la lógica especulativa. El capital especulativo parasitario no se restringe a aquella parte del capital que solamente actúa especulativamente; contamina todo el capital industrial. Éste, como un todo, conviértese en capital especulativo. Lo que antes era capital industrial , síntesis de las formas autonomizadas de capital productivo , capital comercial y capital que devenga interés, hegemonizado por el primero (el capital productivo ) y dominante sobre el capital ficticio , se convierte en capital especulativo, síntesis de las mismas formas funcionales, pero antinómico y dominado por el capital especulativo parasitario , ya mencionado. El capital industrial , cuya lógica es la apropiación basada en la producción de plusvalía, se convierte, no en capital parasitario, sino en capital especulativo, por haberse tornado aspecto dominado de la contradicción_._ En verdad, mientras éste último es la síntesis, el capital especulativo parasitario , fuera de él, es la dimensión que se remunera parasitariamente; es, por lo tanto, aspecto parasitario y pasa a dominar toda la lógica de la sociedad capitalista. Es necesario destacar que, en realidad, el capital especulativo parasitario no constituye, de ninguna manera, forma funcional (aunque fuera dominante) del capital especulativo , por el hecho de que, en lo fundamental, no cumple función útil al lado del capital productivo. Se trata de algo exterior a este y que con él forma una otra contradicción. Al igual que ocurría con el capital industrial , el capital especulativo es un valor substantivado, pero mucho más complejo. Por otro lado, el capital especulativo parasitario , aunque riqueza ficticia, se substantiva; se torna agente capaz de dominio económico e, incluso, político; posee existencia contradictoria: aunque real, es al mismo tiempo ficticio. Vimos que, desde el punto de vista individual y, por lo tanto, de la apariencia, él es real y, desde el punto de vista global, ficticio, por faltarle sustancia. Sin embargo, aún visto de esta última manera y por el hecho de que el exige remuneración (y, por lo menos en parte, remuneración real) debe ser considerado, así, como real. En resumen, del punto de vista de la apariencia, el capital especulativo parasitario es real; del punto de vista de la esencia es ficticio y real al mismo tiempo.^6
Capital especulativo parasitario versus capital financiero. Págs 12-13, Reinaldo A. Carcanholo, Paulo Nakatani
la forma de circulación D ... D', cuyo punto de partida y cuyo punto final es el dinero efectivo, el hacer dinero, expresa del modo más tangible el motivo propulsor de la producción capitalista. El proceso de producción no es más que el eslabón inevitable, el mal necesario para poder hacer dinero”. Marx (1968, Libro II, Cap. I, p. 52) (^6) Que nos perdonen los positivistas!