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Asignatura: Análisis de la Imagen, Profesor: Jacoste Jacoste, Carrera: Comunicación Audiovisual, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Gran Bretaña, convertida en una súper potencia internacional, y otros imperios de la vanguardia capitalista utilizaban sus mayores recursos para competir por territorios y pueblos de Europa y sus inmediaciones.
La guerra desempeñó un papel fundamental en esas reconfiguraciones imperiales.
Si por un lado la guerra era el camino que con más rapidez emprendían los imperios, por otro el poder económico resultaba crucial para conservar los dominios o intentar extenderlos. Nuevas posibilidades políticas, culturales e intelectuales comenzaron a traspasar las fronteras imperiales. Los fundamentos y las funciones de la soberanía fueron puestos en entredicho durante el s XIX.
En respuesta a los nuevos conceptos de la soberanía, todos los imperios hicieron experimentos con sus instituciones políticas, incluidos los parlamentos, y llevaron a cabo reajustes de los derechos de sus súbditos. Todos los imperios miraban con envidia, y también con recelo, las políticas coloniales de británicos y franceses.
Los rusos, los otomanos, alemanes y los Habsburto llegaron a 1914, con ejércitos modernizados y con expectativa de conflicto breve.
Rusia desempeñó un papel fundamental en la lucha por remodelar Europa. Tras el ataque de Napoleón a Rusia en 1812, se formó contra Francia una nueva alianza, encabezada por Austria, G Bretaña, Rusia y Prusia. En el Congreso de Viena, los imperios vencedores se repartieron Europa para proteger aún más sus intereses.
El Congreso produjo dos alianzas formales, fundamentadas en principio distinto. La Santa Alianza, en la que los firmantes acordaron que en su política interna y en las relaciones de unos con otros seguirían los dictados de la religión. La mayoría de las potencias europeas de adhirieron a los principios cristianos. Un 2º pacto dio lugar a una continuidad a la Cuádruple Alianza de Austria, G Bretaña, Rusia y Prusia, creada para combatir a Napoleón. Esta alianza puso en marcha la “Europa de congresos”, compromiso de las grandes potencias a celebrar reuniones y a intervenir en los casos que consideraran oportuno.
En Rusia, las adaptaciones de Alejandro de las formas y maneras europeas eran selectivas. Él y muchos nobles y altos cargos trazaron la vieja línea divisoria. Alejandro muere de forma inesperada, varios comandantes permanecieron fieles y aplastaron a los que no. El nuevo zar Nicolás. Intensificó la vigilancia por medio de la infame Tercera Sección de la Cancillería Imperial. El culto imperial no pretendía sustituir reforma
alguna, sino sirvió para que Nicolás se asegurara de que cualquier iniciativa emanaría del zar y sus ministros.
Los debates acerca del destino de Rusia y su pasado insular pusieron en marcha otra una serie de reconstrucciones históricas sumamente imaginativas.
Los pueblos de toda Europa buscaban una combinación adecuada de expresión artística, logros históricos y virtudes populares, para reivindicar su lugar en el mundo civilizado. Esta búsqueda se transformó en un arma en las rivalidades entre imperios. Las potencias Europeas siguieron obstaculizándose decididamente unas a otro cualquier intento de dominación.
Tras todos estos tumultos, los soberanos de Rusia, Austria y Prusia acordaron ayudarse mutuamente en caso de sufrir problemas.
A partir de 1848 quedaron restaurados en Europa los regímenes imperiales, pero Nicolás seguía temiendo un nuevo contagio revolucionario.
Nicolás metió a su país en una guerra que no podía ganar. Napoleón III proclamó su derecho a custodiar lugares sagrados de Palestina para ganarse el apoyo católico.
La rivalidad la provocaba el control de los estrechos del Bósforo y de Dardanelos y el acceso al Mediterráneo desde el mar Negro y viceversa. Gran Bretaña, Francia y Austria se pusieron de parte del sultanato de los turcos. Los imperios debilitados resultaban útiles para poner freno a rivales potentes.
El imperio Británico entró en guerra contra los rusos, al igual que el imperio francés en
Los líderes otomanos reforzaron su poder central, en detrimento de los notables de las provincias y de otros intermediarios. La burocracia vio aumentar sus responsabilidades al tener que ejercer un control más directo de la población; los
Los administradores de la nación intentaron hacer partícipe del Estado a un sector de la clase obrera, extendiendo el derecho a voto y proporcionando una especie de seguridad social. En el continente, su principal preocupación fue Francia. Para proteger Alemania en caso de que estallara una guerra, recuperó la alianza de Austria, Prusia y Rusia con la firma de la llamada Liga de los Tres Emperadores
En 1870 Alemania, Francia y G Bretaña se habían asegurado un lugar destacado en el mundo de los imperios; sus instituciones parecían definir un camino europeo dar poder.
La guerra de Crimea había empujado a las élites rusas a poner en marcha un montón de iniciativas. Necesidad de aumentar la producción y de mejorar la tecnología. El Estado asumió un papel muy activo en la regulación del trabajo en las fábricas y mantuvo a los colectivos agrícolas de campesinos como colonos de las tierras de cultivo.
No había solidaridades bien afianzadas en la sociedad rusa.
Para anexionarse Asia Central, Rusia recurrió a una serie de tácticas administrativas, como tolerar el islam o aliarse con clérigos musulmanes.
Las potencias Europeas seguían sin querer que Rusia ocupara una posición de predominio en la zona. En las últimas décadas del siglo, los administradores rusos trataron de seguir una política nacionalista desde arriba, aunque nunca la implementaron plenamente.
En las regiones occidentales de los imperios, el gobierno emprendió campañas de rusificación exigiendo, por ejemplo, el uso de la lengua rusa en escuelas y trabajos.
Ante la imposibilidad de avanzar en los Balcanes, los modernizadores rusos se centraron en el este del imperio, extendiendo la producción de algodón en Asia central y promoviendo la emigración de campesinos a Siberia para colonizar esta vasta región.
La guerra ruso-japonesa supuso un fracaso por parte de Rusia, no fue ayudada por otros países. Los liberales rusos organizaron una campaña de anquetas para impulsar reformas constitucionales.
A partir de 1909 los reformadores unionistas se alejaron de su anterior liberalismo generalizado para apoyar un régimen más turco, más islámico y controlador, provocando todavía más descontento
Encontramos una primera respuesta en el constitucionalismo de los Habsburgo. La ley de ciudadanía de 1867 había concedido a los judíos los mismos derechos legales que el resto de la población. Una segunda consecuencia fue la expansión de las organizaciones políticas legales.
La etnicización de la política del imperio obligó a los socialdemócratas a tomarse muy en serio la cuestión de la nacionalidad en un futuro Estado socialista.
Austria tenía una prensa menos censurada, una opinión pública más activa y una política de partidos mejor desarrollada. Su sistema educativo, su sociedad de profesionales y sus infraestructuras técnicas habían experimentado una expansión desigual.
En los últimos años del imperio de Habsburgo, los esfuerzos de los nacionalistas por atraer a las gentes a su causa topaban con varios obstáculos, como la dispersión de naciones distintas a lo largo y ancho de los territorios del imperio, el control a largo plazo de las instituciones imperiales…
La debilidad de Austria suponía un peligro más inminente. G Bretaña y el sistema de congresos habían ayudado a los Habsburgo en las competiciones que se desarrollaban en los Balcanes. No era absurdo pensar que Austria fuera el siguiente plato del menú de grandes potencias. Todo ello llevó a Rusia y Serbia a prometerse apoyo mutuo contra Austria.
Tras la derrota de Napoleón, los cien años siguientes de rivalidades imperiales, militares y de otra especie, crearon una Europa identificable de grandes potencias reconocidas como tales por los imperios cercanos.
El reto más evidente estaba relacionado con la capacidad militar, y los gobiernos rusos, otomano y austriaco tuvieron como objetivo principal de sus reformas la reestructuración del ejército. Estos esfuerzos militares vinieron acompañados de reformas políticas y proyectos sociales. Tanto los Habsburgo como los otomanos concedieron a sus súbditos varones la ciudadanía.
Los reformadores imperiales también se fijaron en el gran salto hacia delante que había dado la economía de Europa occidental. Las economías de todos los imperios experimentaron un boom en el s XX. Los otomanos, romanos y Habsburgo contrajeron enormes deudas con G Bretaña, con Francia y con Alemania.
Los 3 imperios adaptaron tecnologías imperiales de sus vecinos, emprendiendo lo que podríamos calificar de vía romana hacia un gobierno más sistemático con plena participación del pueblo.