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Capitulo 3 el pasado indigena, Resúmenes de Historia

Un breve resumen del capitulo tres del libro el pasado indigena

Tipo: Resúmenes

2019/2020

Subido el 15/04/2020

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El pasado indígena | Capitulo 3
El Clásico Mesoamericano:
El inicio del periodo puede fijarse en el año 200 dC.; pero mucho tiempo atrás, a partir de
400 aC, se encuentran sus gérmenes en el aumento demográfico, la concentración de la
población, la creciente división de trabajo, y su consecuente especialización, la producción
de bienes destinados al intercambio regional y la jerarquización creciente de las aldeas, los
centros regionales y las capitales protourbanas.
Bases para el Clásico:
La profundización de las diferencias de clase, el desarrollo de las redes de intercambio, la
aparición de las redes de intercambio, la aparición de los regímenes señoriales de linaje y el
nacimiento de sistemas complejos de numeración, calendario y escritura. Surge el
gigantismo arquitectónico. El cambio de mayor trascendencia consistió en la polarización
de Ciudad/Campo. El campo fue la fuente del sustento y la ciudad se convirtió en la gran
concentradora y distribuidora de la riqueza. Condiciones propicias para la transformación:
Cosechas abundantes; vías adecuadas para el flujo de recursos de la periferia a los centros,
manufactura especializada, y una gran escala de bienes destinados al comercio; integración
de sistemas productivos regionales; solides del intercambio interregional; control de redes
mercantiles, y existencia de complejos aparatos administrativos y burocráticos capaces de
impulsar y organizar la producción, de dirigir y proteger el comercio y de redistribuir los
bienes que afluían a las capitales.
Teotihuacán dispuso de minas de obsidiana próximas y que fueron capaces de manufacturar
enormes cantidades de instrumentos, de este vidrio volcánico en sus numerosos talleres
especializados. Las ciudades además de funcionar como centros de producción y
distribución manufacturera a gran escala, fueron cede de las decisiones políticas de mayor
relevancia para la sociedad y teatro de las principales actividades religiosas.
Uno de los retos más difíciles para la arqueología del Clásico ha sido la determinación de
las técnicas agrícolas, que hicieron posible la subsistencia de las ciudades. El Clásico
destaca por los avances mayas en la escritura y el computo del tiempo.
Es muy interesante comprobar que el pueblo más poderoso del Clásico, el teotihuacano, no
utilizara, ni una escritura, ni una numeración, ni un calendario semejante al de los mayas.
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El Clásico Mesoamericano: El inicio del periodo puede fijarse en el año 200 dC.; pero mucho tiempo atrás, a partir de 400 aC, se encuentran sus gérmenes en el aumento demográfico, la concentración de la población, la creciente división de trabajo, y su consecuente especialización, la producción de bienes destinados al intercambio regional y la jerarquización creciente de las aldeas, los centros regionales y las capitales protourbanas. Bases para el Clásico: La profundización de las diferencias de clase, el desarrollo de las redes de intercambio, la aparición de las redes de intercambio, la aparición de los regímenes señoriales de linaje y el nacimiento de sistemas complejos de numeración, calendario y escritura. Surge el gigantismo arquitectónico. El cambio de mayor trascendencia consistió en la polarización de Ciudad/Campo. El campo fue la fuente del sustento y la ciudad se convirtió en la gran concentradora y distribuidora de la riqueza. Condiciones propicias para la transformación: Cosechas abundantes; vías adecuadas para el flujo de recursos de la periferia a los centros, manufactura especializada, y una gran escala de bienes destinados al comercio; integración de sistemas productivos regionales; solides del intercambio interregional; control de redes mercantiles, y existencia de complejos aparatos administrativos y burocráticos capaces de impulsar y organizar la producción, de dirigir y proteger el comercio y de redistribuir los bienes que afluían a las capitales. Teotihuacán dispuso de minas de obsidiana próximas y que fueron capaces de manufacturar enormes cantidades de instrumentos, de este vidrio volcánico en sus numerosos talleres especializados. Las ciudades además de funcionar como centros de producción y distribución manufacturera a gran escala, fueron cede de las decisiones políticas de mayor relevancia para la sociedad y teatro de las principales actividades religiosas. Uno de los retos más difíciles para la arqueología del Clásico ha sido la determinación de las técnicas agrícolas, que hicieron posible la subsistencia de las ciudades. El Clásico destaca por los avances mayas en la escritura y el computo del tiempo. Es muy interesante comprobar que el pueblo más poderoso del Clásico, el teotihuacano, no utilizara, ni una escritura, ni una numeración, ni un calendario semejante al de los mayas.

Dada la intensidad de los tratos entre mayas y teotihuacanos durante el Clásico Temprano, la carencia de estos sistemas en el Centro de México, solo es explicable por la existencia de estructuras sociales y de gobierno que no necesitaban de estos conocimientos. Ni los teotihuacanos ni los mayas fueron pueblos pacíficos, y los segundos Vivian en un sistema de tención bélica que casi podría calificarse de endémica. En el nivel general, el comercio mesoamericano a larga distancia fue el factor cohesivo más importante durante el Clásico. Al vincularse las grandes capitales entre sí para entablar relaciones de intercambio se proporcionó como nunca la interacción cultural. La eficacia comercial fue posible por la existencia de una red de circulación, sumamente organizada, promovida y dirigida, por los teotihuacanos hasta mediados del siglo VIII. Después del colapso de Teotihuacán, la red se fragmento y otras ciudades tomaron las riendas mercantiles; pero nunca más pudo reintegrarse al orden interior. El urbanismo es el rostro más ostentoso del Clásico. Teotihuacán es única por su modelo ortogonal, con calles espaciadas regularmente. Monte Albán se yergue majestuosa en las alturas, dominando la amplitud del valle, y a partir de su Gran Plaza, va descendiendo por las terrazas laderas. Las ciudades mayas siguen por lo común los contornos del terreno, pero conservan siempre la armonía de sus conjuntos arquitectónicos: Plazas, templos, palacios, y juegos de pelota. En las distintas áreas de Mesoamérica todas las ciudades se erigen obedeciendo los modelos cósmicos y los movientes marcados por los astros sobre el horizonte. El urbanismo es complejo, desarrollado, cuidadoso de los detalles, y el proceso se emprende a partir de centros arquitectónicos masivos, propiamente administrativos y ceremoniales, para continuar en extensas zonas residenciales que pueden llegar a ser demasiado compactas. Las ciudades fueron los centros de producción de bienes de prestigio que eran ostentados por los muebles locales e intercambiados en toda la superárea. En sus talleres se elaboraban tallas de piedras semipreciosas, tocados de plumas, prendas finas de algodón, adornos de concha, además de cerámicas de lujo de las más variadas formas, funciones y decoraciones. También se manufacturaban enormes cantidades de bienes utilitarios, principalmente de cerámica, y de piedras como obsidiana y el pedernal. Por lo común estos objetos eran de formas y tamaños estandarizados, y algunos de ellos se producían en serie gracias al uso de

El Valle de Teotihuacán tiene una extensión de 505 km2, lo que significa menos de 6.5% de la superficie total de la Cuenca. Rico en tierras aluviales, se beneficia de flujos de agua, entre ellos ríos San Juan, San Lorenzo y Huixulco y números manantiales de aguas permanentes. Además, en época prehispánica en Lago de Texcoco llegaba a las fértiles planicies de Acolman. A su potencial agrícola se sumaba el recurso mineral más importante en la economía de la época: La obsidiana. Otras condiciones muy favorables para el desarrollo urbano de Teotihuacán fueron, por una parte, la posición privilegiada de su valle como lugar de paso en la ruta comercial más directa, entre el Golfo de México, y la Cuenca y por otra parte, la presencia de numerosas cuevas que, sacralizadas convirtiendo la zona en un prestigiado Santuario. La pirámide del Sol, fue levantada a fines del Preclásico., sobre una de esas cuencas subterráneas. La primera fase del Clásico, Teotihuacán puede considerarse una verdadera ciudad. No creció en extensión, pero si en densidad y complejidad. De esta época data la construcción del eje norte-sur, organizador del espacio urbano, que después fue nombrado por los mexicas , El camino de los muertos. También fue erigido en ese momento, la Ciudadela, El Templo de Quetzalcóatl y posiblemente el Templo de la Agricultura, y el Grupo Viking. En Tlamimilolpa (250-400), aumento la población Teotihuacana, se construyó la Plaza de la Pirámide de la Luna, El Templo de los Caracoles Emplumados, y el Gran Conjunto, enfrente de la Ciudadela. La mayoría de los conjuntos habitacionales también datan de esta época. Xolalpan (400-500) fue la fase del máximo esplendor, la población llego aproximadamente a una medida de 125, 000 habitantes, pero posiblemente alcanzo 200 000 en su apogeo. La última fase del Clásico teotihuacano fue Metepec (550-650). La población decreció en esta fase a 85, 000 habitantes. Además, existen indicios de que el centro de la Ciudad fue incendiado y saqueado. Se calcula que fueron por lo menos, 147 edificios los dañados por el fuego. A pesar de que perdió su hegemonía mesoamericana, sus dimensiones lo situaban como el centro más importante del Altiplano Central.

A pesar del increíble volumen de la producción de alimentos, Teotihuacán debió su auge económico a su carácter de ciudad artesanal, pues esta urbe dependía en buena medida de la exportación de manufacturas, y, en primer término, las de obsidiana. El análisis de los materiales arqueológicos obtenidos en el conjunto, permite caracterizar a sus habitantes, pues poseemos los estudios sobre sus prácticas funerarias, los objetos usados y producidos por sus moradores, y las pinturas murales. Hoy en día no hay duda de que Teotihuacán fue una ciudad plurietnica, dividida especialmente en conjuntos habitacionales, que facilitaban tanto la cohesión de los grupos étnicos, como la conservación de sus especifidades lingüísticas y culturales. A diferencia de las unidades políticas del Clásico maya compuesta por grupos relativamente uniformes e integrados en torno a gobiernos de linaje, Teotihuacán debió de haber ejercido sobre su propia población un dominio de índole territorial. En pocas palabras, Teotihuacán no pudo erigir su periodo sobre la tradicional estructura de parentesco. El resultado fue, en cambio, que todos los linajes de la urbe se colocara una elite gobernante.