






Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Emocion y motivacion, Profesor: Juan Manuel Barroso, Carrera: Psicología, Universidad: US
Tipo: Apuntes
1 / 12
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!







No pensamos casi nunca en el pasado, y cuando lo hacemos es para ver que luz nos proyecta en el futuro. Son palabras de Pascal en las que es fácil apreciar la inexistencia del presente consumidos por el uso del pasado para planear el futuro. Este proceso de creación da consistencia al razonamiento y la toma de decisiones.
El propósito de razonar es decidir y la esencia de la decisión es seleccionar una opción de respuesta. Razonar y decidir están tan entretejidos que con frecuencia se usan indistintamente. Phillip Johnson-Laird los sintetizó en un dicho: “Para decidir, juzga; para juzgar, razona; para razonar, decide (sobre que razonar).
Razonar y decidir supone que el que toma una decisión conoce la situación que la exige, las distintas opciones de acción y las consecuencias de estas opciones.
Razonar y decidir implica que quien decide posea una estrategia lógica para generar inferencias válidas en las que basar su selección de opción de respuesta, y que posea los mecanismos necesarios para el proceso de razonamiento. Entre estos mecanismos encontramos la atención y la memoria operativa, pero no se dice nada sobre la emoción y el sentimiento ni sobre los mecanismos que generan un repertorio de opciones para ser seleccionadas.
De lo anterior parece deducirse que no todos los procesos biológicos que culminan en una selección de respuesta pertenecen al ámbito racional-decisorio descrito.
Existen ejemplos que ilustran lo anterior. El primero de ellos considera lo que sucede cuando baja el nivel
de azúcar en la sangre y las neuronas hipotalámicas lo detectan. Esta situación exige una acción. Hay un "know-how" fisiológico inscrito en el hipotálamo y una estrategia inscrita en el circuito neural para seleccionar una respuesta que consiste en un estado de hambre que conducirá a alimentarse. El proceso que culmina no supone conocimientos evidentes ni el despliegue de opciones ni un mecanismo consciente de inferencia.
Como segundo ejemplo considera lo que ocurre cuando te apartas de la trayectoria de un objeto que cae. Es una situación que requiere una acción inmediata en la que existen varias opciones de respuesta con consecuencias distintas, esquivar o no esquivar. Para seleccionar la respuesta no usamos conocimiento consciente ni una estrategia racional consciente. El conocimiento fue consciente cuando aprendimos por primera vez que los objetos que caen pueden herir y que detenerlos o evitarlos es mejor que ser golpeados.
La experiencia hizo que el cerebro vinculará el estímulo con la respuesta más ventajosa. La estrategia de selección de respuesta consiste en activar el nexo entre estímulo y respuesta, así la reacción es rápida y automática y no requiere esfuerzo ni deliberación, aunque puede ser voluntariamente detenida.
El tercer ejemplo reúne diversas situaciones agrupadas en dos grupos. Un grupo reúne situaciones en las que se requiere una toma de decisión, el segundo grupo reúne situaciones en la que existe un razonamiento. Todos los casos del tercer ejemplo se apoyan en el proceso de derivar consecuencias a partir de premisas anteriores, es decir, de hacer inferencias confiables que nos permitan elegir la mejor opción posible que desemboque en el mejor resultado.
Otro punto importante es la cantidad de opciones de respuesta de esos casos, que deben presentarse en la
consciencia para escoger y aplicar una estrategia de selección. Para seleccionar una respuesta al final se debe aplicar el razonamiento lo que implica la presencia de múltiples datos en la mente, la contabilidad de los resultados de acciones hipotéticas y su comparación con los objetivos; todo ello necesita un método, algún plan puesto en práctica en el pasado.
Las diferencias entre el tercer ejemplo y los dos anteriores hacen que Descartes sitúe uno fuera del cuerpo y a los otros dos los dejo en el cuerpo, tan separados que unos representan la claridad de pensamiento la
capacidad deductiva y los otros con notan la confusión y la vida menos disciplinada de las pasiones.
Los casos del tercer ejemplo difieren entre ellos, no todos son del mismo tipo. Lo extraño es que a pesar de las diferencias evidentes entre ellos, puede existir un núcleo neurobiológico compartido, una hebra común que los une a todos.
RAZONAMIENTO Y TOMA DE DECISIONES EN UN AMBITO SOCIAL Y PERSONAL
Razonar y decidir puede ser una tarea ardua, pero especialmente cuando se encuentran en juego en nuestra vida personal y su entorno social. Existen motivos para tratar este tema por separado.
En primer lugar un profundo deterioro en la habilidad para decidir en lo personal no se acompaña de un déficit en el dominio impersonal como lo confirman los casos de Phineas Gage y otros pacientes. Estos se desempeñarán mejor mientras más alejado de su vida personal y social en los problemas.
En segundo lugar una observación de la conducta humana muestra una disociación similar de las habilidades racionales en ambas direcciones.
El terreno personal y social inmediato son los más cercanos a nuestro destino y los que incluyen la mayor incertidumbre y complejidad. Decidir en este dominio correctamente es elegir una respuesta ventajosa para el organismo en términos de supervivencia y de la calidad de la supervivencia.
Es complicado definir lo que es ventajoso, pues para algunos individuos ciertos resultados pueden ser beneficiosos mientras que para otros pueden ser nefastos.
Cuando se dice ventajoso nos referimos a resultados personales y sociales básicos como son la supervivencia individual y familiar, la seguridad de un domicilio y el mantenimiento de la salud física y
mental entre otros.
LA RACIONALIDAD EN FUNCIONES
Ante una situación que exige una elección, el cerebro de un adulto reacciona ante ella creando escenarios de opciones probables de respuesta y sus consecuencias. Esos escenarios se presentan en la conciencia como múltiples escenas imaginarias, no es una película continua, sino imágenes clave, secuencias entrecortadas.
La mente no es un espacio en blanco cuando empieza el proceso de razonamiento. Está llena de un repertorio de imágenes que entran y salen de la conciencia y configuran un espectáculo que resulta difícil abarcar totalmente.
Para poder entender este escenario hay dos posibilidades precisas: la primera de ellas corresponde a una concepción “racional tradicional” de la toma de decisiones y la segunda derivada de la “hipótesis del marcador somático”.
El punto de vista racional es el sentido común. La lógica formal nos ofrece la mejor solución para cualquier problema, un aspecto importante de la concepción racionalista es que para obtener los mejores resultados debemos dejar fuera las emociones, la razón no debe ser obstaculizada por las pasiones.
Conforme a la versión racional el procedimiento consiste en separar los escenarios posibles, analizar la relación coste/beneficio de cada uno. Sin perder de vista la utilidad subjetiva infieres lógicamente lo bueno y lo malo, es decir, se considera la consecuencia de cada opción en distintas etapas de un futuro y sopesamos las ganancias y pérdidas consecuentes.
Si esta estrategia es la única disponible, la racionalidad no funcionará. En el mejor de los casos la
decisión tomaría largo tiempo y en el peor es probable que no se llegue a ninguna elección, ya que no es fácil conservar en la memoria la múltiple plantilla de ganancias y pérdidas que se necesitan consultar para la comparación.
La experiencia con algunos pacientes sugiere que esta estrategia se adapta mejor a la forma de razonar y decidir de los pacientes con lesiones lobulofrontales que al estilo de razonamiento y decisión normales.
La elaboración de marcadores somáticos adaptativos requiere un cerebro y un entorno cultural normales, si alguno de los elementos es defectuoso la adaptabilidad de tales es poco probable de hecho en algunos pacientes afectados por la condición llamada sociopatía o psicopatía de desarrollo existe un claro ejemplo de cerebro defectuoso. Estos pacientes son la clara imagen de la sangre fría y un ejemplo de un estado patológico en que un deterioro de la racionalidad se acompaña de ausencia de sentimiento. Es muy probable que la sociopatía surja de alguna disfunción en el nivel cortical o subcortical, pero, más que una consecuencia de una lesión grosera durante la vida adulta se debe a un deterioro en la circuitería y señalización química que comenzó temprano en el desarrollo. Cuando la maquinaria neural que es la base específica del despliegue de los marcadores somáticos se daña durante la vida adulta el dispositivo se desajusta y deja de funcionar adecuadamente.
Por otro lado es importante tener en cuenta los efectos de la cultura, una cultura enferma en un sistema de razonamiento adulto y normal parecen ser menos dramáticos que los de una lesión cerebral focalizada en el adulto sin embargo existen ejemplos que probarían lo contrario.
Los marcadores somáticos se adquieren por la experiencia bajo el control de un sistema interno de preferencias y el influjo de circunstancias externas que incluye las entidades y sucesos con la que el organismo tiene que lidiar y las convenciones normales y normas éticas.
La base neural del sistema interno de preferencia consiste en disposiciones reguladoras innatas, situadas para asegurar la supervivencia del organismo que coinciden con la reducción de los estados corporales displacenteros y el logro de estados homeostáticos, es decir, equilibrados.
Desde una edad temprana premio y castigo son aplicados no sólo por los mismos sujetos sino por padres y por otros adultos que representan las convenciones sociales y normas éticas a las que pertenece dicho sujeto. La interacción entre un sistema interno preferencial y conjunto de circunstancias externas amplía el repertorio de estímulos que serían marcados automáticamente. Este tipo de repertorios se adquiere durante la infancia y la adolescencia pero la acumulación de los estímulos marcado somáticamente sólo se sabe cuándo termina la vida por lo tanto podemos decir que es un proceso mi aprendizaje continuo.
Cuando la elección de una opción que desemboca en un pésimo resultado es seguida de un castigo, por lo tanto, un estado corporal penoso, el sistema de marcadores somáticos incorpora la representación disposicional de la conexión de experiencia. La reiteración de la exposición del organismo a tal opción tiene el poder de reactuar en el estado corporal penoso y servir de recordatorio de las malas consecuencias.
UNA RED NEURAL PARA MARCADORES SOMÁTICOS
El sistema neural decisivo para adquirir marcadores somáticos se encuentra en las capas corticales prefrontales dónde es coextensivo con el sistema para las emociones secundarias. La disposición que presentan las capas corticales prefrontales es ideal para su propósito Primero las capas corticales prefrontales reciben señales desde la regiones sensoriales en que se forman las imágenes constitutivas del pensamiento. Esta recepción de señales no se circunscribe a percepciones del mundo externo; también captan pensamientos acerca del entorno o sucesos del cuerpo. Así las capas corticales contienen alguna de las regiones cerebrales confidentes de señales relativas a cualquier actividad mental o corporal que ocurre en el cerebro.
Segundo, las capas prefrontales reciben señales de distintos sectores biorregulatorios del cerebro humano que incluyen los núcleos neurotransmisores del tallo cerebral y del prpsencéfalo basal así como la amígdala, la corteza cingular anterior y el hipotálamo.
Las preferencias innatas del organismo que conciernen a su supervivencia son transmitidas a través de estas señales a las capas corticales prefrontales siendo así parte esencial del aparato de razonamiento y toma de decisiones.
Los sectores prefrontales ocupan una posición de privilegio entre otros sistemas cerebrales. Sus capas corticales reciben señales relativas al conocimiento de los fenómenos que se desarrollan en el mundo externo, a las preferencias regulatorias biológicas innatas y a los estados del cuerpo. No es extraño por tanto que estén tan involucradas en la categorización de nuestra experiencia vital.
Tercero, las mismas capas prefrontales representan categorizaciones de las situaciones en que el organismo se ha visto, clasificaciones de las contingencias de nuestra experiencia vital concreta lo que indica que redes prefrontales establecen representaciones disposicionales para determinar las combinaciones de sucesos de la experiencia individual según su relevancia para la persona.
La noción de contingencia está relacionada con la experiencia personal, sucesos que no varían en el individuo, de esta forma las zonas de convergencia situadas en las capa prefrontales son el lugar donde se almacenan las representaciones disposicionales para las categorizadas contingencias de la experiencia de la vida de cada uno.
Toda la región prefrontal parece estar dedicada a categorizar contingencias en la perspectiva de su importancia personal, esto fue establecido por los trabajos de Brenda Milner, Michael Petrides y Joaquín Fuster. Se sabe que existen otras estructuras frontales que son decisivas para el proceso de categorización.
Una cuarta razón por la que las capas corticales prefrontales se ajustan para participar en el razonamiento y toma de decisiones es que están directamente conectadas con todas las avenidas de respuesta motriz y química disponibles en el cerebro. Los sectores dorsolateral y medial superior pueden activar las capas corticales premotora y poner en línea la corteza motora primaria y el área motriz suplementaria y la tercera área motora. Las capas corticales prefrontales también tienen acceso a la maquinaria motora subcortical de los ganglios basales. Por último, como demostró Walle, Nauta las capas corticales prefrontales ventromediales envían señales a efectores del sistema nervioso autónomo y pueden promover respuestas químicas relacionadas con la emoción en el hipotálamo.
MARCADORES SOMÁTICOS: ¿TEATRO EN EL CUERPO O TEATRO EN EL CEREBRO?
A la vista de lo anterior, esperar que los mecanismos de los marcadores somáticos fueron dos y no uno. Gracias al mecanismo básico, las capas corticales prefrontales y la amígdala comprometen al cuerpo a asumir un perfil de estado, cuyo resultado se señala a la corteza somatosensorial, ingresa en el campo de la atención y se torna consciente. En el mecanismo alternativo, se elude al cuerpo y las capas corticales prefrontales y la amígdala sugieren a la corteza somatosensorial que se organice conforme al patrón explícito de actividad que habría asumido si el cuerpo hubiera sido puesto en el estado deseado y enviado señales. La corteza somatosensorial se comporta como si recibiera señales sobre un estado corporal, y puede influir en la toma de decisiones aunque el patrón de actividad “como si” no sea igual al patrón de actividad provocado por un estado corporal.
Los mecanismos “como sí” son un resultado del desarrollo. Es probable que mientras se nos sintonizaba socialmente en la infancia y niñez los estados somáticos vinculados recompensa o castigo hayan configurado la mayoría de nuestra capacidad de decisión. Pero a medida que maduramos y categorizamos las situaciones que se repiten, decrece la necesidad de apoyarnos en estados somáticos y se desarrolla otro nivel de automatización. Las estrategias decisorias empiezan a depender de símbolos de estados somáticos; esos símbolos son los “como sí” y esa dependencia es variable de persona en persona.
El marcador somático dispone de más de una avenida para la acción una a través de la conciencia y otra fuera de ella. El patrón neural correspondiente a estados corporales, ya sean reales o “como si”, puede ser consciente y constituir un sentimiento. Pero, aunque muchas elecciones involucran sentimientos y un gran número de ellas ocurren al margen de los sentimientos, no quiere decir que no se haya producido la evaluación que conduce a un estado corporal o que éste no se haya comprometido.Sucede que se puede haber activado una señal del estado corporal sin convertirse en foco de atención por lo tanto no serán conscientes.
El gatillamiento de la actividad de núcleos neurotransmisores puede inclinar de manera encubierta el proceso cognitivo influyendo en la forma de razonamiento y toma de decisiones. En organismos cuyo cerebro no provee razonamiento y conciencia esos mecanismos encubiertos son el núcleo el aparato decisorio.
MADRESELVAS EN FLOR
Las abejas obreras están equipadas con un aparato visual que les permite diferenciar los colores de las flores y un equipo locomotor con el que vuelan y se posan. Investigaciones recientes demuestran que después de visitar algunas flores de distintos colores aprenden a distinguir las que contienen el néctar, comportándose como si fueran capaces de predecir cuáles tienen más cantidad.
Como dice Leslie Real, las obreras establecen probabilidades sobre la base de encuentros de diversos tipos de estados gratificantes y comienzan sin una estimación previa de las posibilidades.
Logran estos resultados mediante un sistema sencillo capaz de detectar estímulos y que constituye una recompensa, además de responden a la presencia de una recompensa (o ausencia) con un sesgo que puede influir el sistema motor hacia una conducta determinada por ejemplo posarse o no cuando una situación que entrega, o no, una recompensa, por ejemplo una flor de un determinado color, aparece en el campo visual.
Montague, Dayan y Sejnowski propusieron un modelo para este sistema utilizando datos neurobiológicos y conductuales.
Desde una perspectiva evolucionista el dispositivo más antiguo de toma de decisiones concierne a la regulación biológica, el siguiente al campo personal y social, y el último a las operaciones abstractas y simbólicas según la cuales hallamos el razonamiento científico y artístico razonamiento, el utilitario y técnico y el desarrollo del lenguaje y las matemáticas.
A pesar de que muchos años de evolución otorgaron alguna independencia, cada uno de esos módulos de toma de decisiones y razonamiento se cree que todos son interdependientes.
Los trabajos de Amós Tversky y Daniel Kahneman demuestran que el razonamiento objetivo que usamos en las decisiones cotidianas es menos eficaz de lo que parece y lo que debería. Nuestras estrategias racionales son defectuosas y Stuard Sutherland ha dado en la tecla cuando habla de la irracionalidad como un enemigo interior. Pero aunque estas estrategias racionales estén perfectamente afinadas parece que no pueden habérselas bien con la incertidumbre y complejidad de los problemas sociales y personales.
Es más complicado de lo que parece, aunque hace falta un mecanismo corporal que ayude a la razón es cierto que las señales de base corporal pueden perjudicar al razonamiento. Las pulsiones biológicas y las emociones pueden influir en la toma de decisiones.
Pero aunque las pulsiones biológicas y las emociones pueden provocar irracionalidad en algunas circunstancias, son indispensables en otra pues las pulsiones biológicas y el mecanismo de marcadores somáticos que en ella se apoya son esenciales para algunas conductas racionales, especialmente personales y sociales.
Los marcadores somáticos pueden perjudicar nuestra conducta en algunas circunstancias, sin embargo existen ejemplos de las consecuencias de no tener un mecanismo automático de toma de decisiones pues nos ayudan a tomar las decisiones, lo que hace que ahorremos tiempo. Visualizando la pérdida de tiempo el paciente forma cuadros internos en su mente, pero la carencia de un marcador le impidió fijar la atención en ellos como correspondía.
Por último se plantea algo que tiene que ver con el tipo y abundancia de la marcación automática aplicada diferentes marcos del problema por solucionar. El piloto encargado de aterrizar un avión en un día de mal tiempo no puede dejar que sus sentimientos interfieran con su atención a los detalles de que depende su decisión, y no obstante debe tener sentimientos para mantener el objetivo final de su conducta. En esa situación demasiado sentimiento o escaso puede tener consecuencias desastrosas.
En un estudio de Herbert von Karajan, los psicólogos y G. y H. Harrer observaron patrones de respuesta automáticas de Von Karajan en varias circunstancias: cuando aterriza su jet privado en el aeropuerto de Salzburgo, cuando dirigía en el estudio de grabación y cuando escuchaba la pieza grabada.
El desempeño musical de von Karajan se acompañaba de cambio de repuesta la frecuencia. Su pulso aumentaba más en los pasajes de gran impacto emocional que en aquellos que obligaban a mayor ejercicio físico. El perfil de su pulso cuando escuchaba la grabación era el mismo que cuando dirigía y cuando aterrizaba con su avión como si fuera una pluma o se le instruía para despegar de emergencia del impulso se aceleraba un poco, pero nunca como durante sus ejercicios musicales. Su corazón estaba en la música.
ADEMÁS Y MÁS ALLÁ DE LOS MARCADORES SOMÁTICOS
El mecanismo de marcadores somáticos es necesario pero no suficiente para construir una neurobiología de la racionalidad. La competencia lógica juega más allá de los marcadores somáticos. Por otra parte, para permitir la operación de los marcadores, deben darse distintos procesos previos, paralelos o subsecuentes. Lo que interesa es saber cuáles son esos procesos, cuál es su base neural y qué es lo que sucede para qué las imágenes sobre las que razonamos se mantengan en el cerebro un determinado tiempo.
Para ello debemos volver a recordar el momento en el que nos enfrentamos a una situación en la que debemos tomar una decisión de entre varias opciones. Jean-Pierre Changeux propone la expresión “generador de diversidad” para las estructuras prefrontales que realizan esta función y que permiten la formación de un amplio repertorio de imágenes en el cerebro.
Este generador exige una acumulación de conocimiento fáctico sobre las situaciones a las que nos vamos a enfrentar, de los actores en las mismas, de lo que pueden hacer y de cómo sus acciones generan
distintos resultados. El conocimiento fáctico se categoriza, lo que contribuye a la toma de decisión mediante la clasificación de tipos de opciones, tipos de resultados y relación de opciones con los
resultados. Esta categorización también nos permite descubrir si una opción es ventajosa o no y en qué grado.
Este despliegue de conocimiento sólo es posible si se cumplen dos requisitos. El primero de ellos es que debemos poder apoyarnos en mecanismos de atención básica que permitan mantener una imagen mental, excluyendo las demás, lo que depende de la potenciación del patrón de actividad que provoque una imagen con respecto a las demás. Y el segundo requisito hace referencia a que es necesario un mecanismo de memoria operativa básica que conserve estas distintas imágenes por periodos relativamente extensos (segundos). Se cree que lo que impulsa la atención básica y la memoria operativa básica es el valor básico de las imágenes. Sin ninguno de estos elementos no sería posible una actividad mental coherente ni podrían operar los marcadores somáticos.
Además se sabe qué atención y memoria de trabajo también son necesarios para el proceso posterior al mecanismo de marcador somático, son necesarios para el proceso de razonar en el que se comparan los resultados posibles.
En individuos normales los marcadores somáticos que surgen en la activación de una contingencia determinada vigorizan la atención y la memoria operativa en el sistema cognitivo, sin embargo en pacientes con daño en la región ventromedial estas acciones estarían afectadas en mayor o menor grado.
SESGOS Y LA CREACIÓN DEL ORDEN
Existen tres participantes en el proceso de razonar sobre los escenarios que genera el conocimiento fático y son: los estados somáticos automatizados, la memoria operativa y la atención. Los tres parecen ocuparse del problema de crear orden a partir de los despliegues espacialmente paralelos, problema que reconoce Karl Lashey y que surge porque el cerebro sólo permite una cantidad limitada de output mental consciente.
Las imágenes de nuestro pensamiento se estructuran en frases que a su vez se ordenan conforme un “orden sentencial” y los marcos de movimiento que constituye nuestra repuesta externa se frasean de un modo preciso y esta frase se disponen de un modo particular para que un movimiento tenga el efecto deseado. La selección de los marcos se hace a partir de un despliegue paralelo de posibilidades. Y como el pensamiento y el movimiento requieren un procesamiento conjunto la organización de varias secuencias ordenadas se realiza de manera continua.
Si consideramos de la razón se basa en una selección automática o en una deducción lógica mediada por un sistema simbólico, o en ambas, no se puede ignorar el problema del orden. Para ello se propone lo siguiente: el orden debe estar jerarquizado, para ello hacen falta criterios que son suministrados por los marcadores somáticos, que expresan las preferencias acumulativas que se han recibido o adquirido.
El problema está en saber cómo funcionan los marcadores somáticos como “criterios”. Una posibilidad de explicación es cuándo se yuxtaponen diferentes marcadores somáticos a distintas combinaciones de imágenes, modificando la forma en que el cerebro las maneja, operando así como un sesgo qué puede asignar potenciación atencional de distinta forma a cada componente y la consecuencia de esto es la asignación de distintos grados de atención a diversos contenidos. El foco de procesamiento consciente puede pasar de componente en componente jerárquicamente. Para ello los componentes deben permanecer expuestos por intervalos de tiempo estable y esto lo logra la memoria operativa. Esta idea se ve respaldada por recientes estudios de William T. Newsome.
La cognición y movimiento normales requieren la organización de secuencias interactivas y concurrentes. Donde hace falta orden hay necesidad de decisión, y donde se requiere decisión tiene que haber un criterio para adoptarla. Dado que muchas decisiones impactan el futuro de un organismo, algunos criterios se arraigan a las pulsiones biológicas del organismo. La acción de estas pulsiones biológicas, de los estados corporales y las emociones puede ser la base de la racionalidad.
La falta de respuestas dermoconductivas junto con el testimonio de los pacientes dañados frontalmente acerca de la ausencia el sentimiento convenció a los experimentadores de que la hipótesis del marcador somático debía ser investigada.
Los pacientes del experimento tenían disponible el rango completo de conocimientos, excepto el conocimiento que confronta un hecho particular con el mecanismo para activar una respuesta emocional. Los pacientes podrían evocar internamente conocimiento fáctico pero no podrían producir estado somático ni estado somático del que tuvieran consciencia.
RIESGOS: LOS EXPERIMENTOS EN VIVO
Para seguir poniendo a prueba la hipótesis del marcador somático se usa una tarea diseñada por Antoine Bechara, que frustrado por naturaleza artificial de la mayoría de las pruebas neuropsicológicas experimentales quería desarrollar un medio parecido a la realidad para medir el desempeño de la toma de decisiones. La serie tareas que imaginó, fue refinada después por Hanna Damasio y Steven Anderson, que se conoció en el laboratorio como “apuestas experimentales”.
El escenario para estos experimentos es pintoresco, tanto los individuos normales como los pacientes se entretienen y la naturaleza de la investigación proporciona episodios divertidos.
En el experimento básico el sujeto llamado jugador se sienta frente a cuatro barajas de cartas denominadas A B C y D se le otorga un préstamo de 2000 dólares y se le dice que el objetivo del juego es ganar lo máximo posible. Se van dando vueltas a las cartas una por una hasta que el experimentador interrumpe los movimientos. El jugador ignora las cartas que debe voltear para finalizar el juego. Se le dice que con cada carta que voltea gana dinero pero algunas lo forzar a pagar una determinada cantidad al experimentador, no se revelan ni la ganancia ni la pérdida que genera cada carta ni el orden de aparición de estas, esto se aclara después de haber sido volteada y no se permite que el sujeto tome notas.
Cualquier carta de las barajas A y B pagan 100 dólares mientras que las Barajas C y D sólo pagan 50. A y B obligan a que el jugador pague una gran cantidad que a veces alcanza al préstamo inicial mientras que las cartas C y D también requieren que el jugador pague pero la suma es menor, estas reglas que no son reveladas y se mantienen inmutables. El partido acaba tras las 100 jugadas, cosa que el jugador ignora.
El jugador no tiene forma de predecir lo que va a ocurrir ni puede contar mentalmente las ganancias y pérdidas, tal y como en la vida real reina la incertidumbre.
Nuestro conocimiento se configura según el mundo con el que interactuamos y según los sesgos propios de nuestro organismo, por ejemplo nuestra preferencia por el beneficio sobre las pérdidas o el premio sobre el castigo.
Es interesante lo que hace la gente común en el experimento, comienzan haciendo un muestreo en las 4 barajas buscando pistas, después prefieren las barajas más premiadas y al cabo de unos 30 movidas van cambiando su preferencia y se dedican y las barajas C y D. La mayoría se suele a tener a esta estrategia hasta el final, sin embargo los más arriesgados en ocasiones pueden volver a las barajas A y B.
Los jugadores no tiene manera de calcular sus ganancias y pérdidas, más bien desarrollan una corazonada, intuyen que unas barajas son más peligrosas que las otras. Se podría pensar que intuyen que las menores penalidades de las barajas C y D le harán ganar a largo plazo. Antes de esto hay un proceso no consciente que formula una predicción para cada movida diciéndole al jugador que el castigo o la recompensa están a punto de ocurrir si una determinada carta es volteada. En resumen, no se trata de un proceso totalmente consciente o de uno únicamente no consiente el cerebro opera en la toma de decisiones con la cooperación de ambos procesos.
La conducta de los pacientes con daños frontales ventromediales es interesante en el juego de cartas, hicieron algo parecido a lo que suelen hacer en la vida real desde que tiene la lesión y diferente a lo que hacían antes. Su conducta es opuesta a las de los jugadores normales.
Tras un muestreo general los pacientes con daño frontal voltearon más cartas de las barajas A y B y cada vez menos de las barajas C y D. A pesar de las mayores ganancias que percibían las penalidades que tenían que pagar a mitad del partido eran mayores y tenían que solicitar préstamos al experimentador.
El caso de Elliot es interesante porque aún se considera conservador y amante del menor riesgo y porque los sujetos normales que se consideraban jugadores arriesgados se desempeñaron de manera distinta y prudente. Al finalizar el juego Elliot sabía cuáles eran las barajas buenas y cuáles no. Cuando se repitió la experiencia meses después con barajas distintas y etiquetadas de otra forma Elliot siguió comportándose como en la vida real persistiendo en sus errores.
Los pacientes con daño en el lóbulo frontal cuya conducta y lesiones son comparables con la de Elliot han mostrado un patrón similar en esta tarea.
Esta tarea tiene éxito allí donde otras fracasan porque se parece a la vida real, se desarrolló en tiempo real y es igual a los juegos de cartas habituales, propone recompensas y castigos, incluye valores monetarios e incita al jugador a buscar ventajas, plantea riesgos y ofrece opciones pero no dice que elegir o cómo hacerlo.
Los mecanismos neuropsicológicos tras esta conducta son fascinantes, sobre todo en participante con daño frontal está claro que Elliot se entregaba al jueg,o estaba atento, cooperador e interesado en los resultados, de hecho quería ganar lo que le hizo optar tan desastrosamente. No hay falta de conocimiento ni de entendimiento de la situación, a medida que juego progresaba las premisas para optar iban estando disponibles. Se dio cuenta cuando perdió mil dólares sin embargo insistió en elegir las barajas A y B los cuales le acarreaban pérdidas cada vez mayores. A medida que se acumulaban las pérdidas Elliot y otros pacientes frontales recurrieron a nuevos préstamos que indicaban el curso negativo de sus jugadas, sin embargo, todos insistían en la opción es menos ventajosas durante más tiempo que cualquier otro grupo de sujetos.
Sin embargo los pacientes con amplia lesiones en cualquier otra parte del cerebro jugaban y apostaban al igual que los normales.
Lo que estaba sucediendo en el cerebro de los pacientes con daño frontal es que: 1. Ya no son sensible al castigo como los sujetos normales y sólo se pueden controlar mediante recompensas, 2. Que han desarrollado tal apetito de gratificación que la presencia de un premio le hace desdeñar el castigo y 3. Que son sensibles a premio y castigo pero ninguna de las dos alternativas contribuye a la marcación automática de predicciones de resultados futuros, prefieren las opciones de gratificación inmediata.
Para deslindar entre estas posibilidades Bechara desarrollo otra tarea consistente en trastocar el programa de recompensas y castigos, ahora venía primero el castigo pues con cada carta volteada en tanto que los premios aparecían inesperadamente las dos barajas generaban ganancias y las otras dos pérdidas. En esta nueva tarea Elliot se desempeñó más o menos igual que los sujetos normales por lo tanto la idea de que fuera un insensible al castigo no podía ser correcta.
Otra evidencia contra la teoría de la insensibilidad al castigo provino de un análisis cualitativo del desempeño de los pacientes, en la primera tarea los perfiles mostraron que puede verse obligados a pagar, los pacientes evitaban la baraja del caso igual que los normales pero después al contrario que los normales retornaban a ella, que sugería que siguen siendo sensibles al castigo cuyos efectos no parecían durar mucho.
MIOPÍA ANTE EL FUTURO
Para un servidor externo los mecanismos descritos en la tercera hipótesis traducirían en estos pacientes una mayor preocupación por el presente que por el futuro. Desprovistos de la marcación somática los pacientes son controlados por perspectiva inmediatas y pareces insensibles al futuro, lo que sugiere que las personas con daño frontal sufren una exageración de lo que puede ser una tendencia normal básica querer ahora y no apostar al futuro, mientras esa tendencia logra ser controlada por individuos normales y socialmente adaptados en pacientes con lesiones frontales es una tentación se puede describir la condición como una “miopía ante el futuro” concepto propuesto para explicar la conducta de personas influidas por el alcohol y drogas.
Concluyendo, en estos pacientes se descarta lo que su cerebro no ha querido mediante la socialización y la educación. Uno de los rasgos humanos más distintivos es la capacidad de guiarse por perspectivas futuras más que por resultados inmediatos algo que se aprende durante la niñez, pero en estos pacientes esta capacidad se ve disminuida.
No se sabe por qué la destrucción anula la consideración de las consecuencias futuras en el proceso de toma de decisiones. Es concebible que las imágenes relativas a escenarios futuros sean débiles e inestables, estas imágenes se activarían pero no se mantendrían en la conciencia el tiempo suficiente para desempeñar un papel en las estrategias de razonamiento. En términos neuropsicológicos, la memoria operativa o los mecanismos de atención ya no funcionan bien para imágenes relativas al futuro.
Otra descripción recurre a la idea de los marcadores somáticos, aún si las imágenes de las consecuencias futuras fueran estables la lesión de las capas corticales prefrontales ventromedial ocluiría la evocación de las señales de estado somático por lo que los escenarios futuros relevantes no serían marcados, su significado y su impacto en el proceso de toma de decisiones se anularía, podemos decir que se pierde un mecanismo para generar predicciones sobre lo de mi ubicación de un resultado futuro.
PREDICCIÓN DEL FUTURO: CORRELATOS FISIOLÓGICOS
Hanna Damasio sugirió una forma natural de completar estos experimentos, su idea era monitorear la dermoconductividad de sujetos normales y de paciente afectados por daños frontales durante los juegos.