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Caravaggio, Apuntes de Historia del Arte

Asignatura: Barroco, Profesor: Bustamante Bustamante, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UAM

Tipo: Apuntes

2010/2011

Subido el 17/05/2011

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Caravaggio
Era un pintor rebelde, violento y extravagante. Su religión era solo el arte y su culto el
de la realidad que deseaba reproducir despojando a la pintura de cualquier otro
significado, adelantándose al naturalismo de Courbet.
Su nombre real era Michelangelo Merisi y su padre, Fermo Merisi, era mayordomo de
los marqueses de Caravaggio por lo que se deduce que eran una familia de la pequeña
nobleza local e incluso poseían algunas tierras que el joven Michelangelo vendió
cuando quedó huérfano antes de partir a Roma en 1592.
Su iniciación en la pintura tuvo lugar en 1584 a la edad de 13 años bajo la tutela del
pintor Peterzano.
- San Juan Bautista: Hay quien desacredita la identidad de la figura ya que la
posición del muchacho hay a quien le recordaba a Leda esperando las atenciones de
su cisne y el modo en que la luz acaricia su cuerpo se ha considerado de todo menos
decorosa. No obstante se sienta sobre una piel de camello y un manto rojo, los
atributos tradicionales de San Juan, que nos arrojan luz sobre la identidad del
personaje.
Alude al amor divino en virtud del cual la humanidad fue salvada del holocausto por
Cristo, personificado en la figura del cordero que siempre acompaña a San Juan.
Partiendo de esta base, la cercanía entre ambos no busca introducir una nota de
lascivia sino el afecto entre ambos, el amor de Cristo por la humanidad y de la
humanidad redimida por Cristo.
La luz es luz divina, simboliza la gracia, redondea las figuras y borra las huellas del
dibujo exaltando los volúmenes.
- Cena en Emaus: La escena de este óleo narra los primeros pasos de Cristo
resucitado. Habiendo encontrado éste a dos de sus discípulos en el camino a Emaús,
los hombres no reconocen a su maestro hasta el momento de la cena en una posada,
pues al bendecir Jesús el pan y el vino reconocen el gesto de la Eucaristía y, por ende,
a su Señor. Caravaggio ha utilizado una composición muy frecuente en la pintura
veneciana, en especial de Tiziano, con Cristo en el centro, acompañado de un
sirviente. Sin embargo, ha llenado la escena de sutiles indicativos de la divinidad y el
misterio desvelado de la resurrección, que algunos coetáneos de Caravaggio criticaron
por ser inapropiados. Uno de estos elementos fue el cesto de frutas que adorna la
mesa: se censuró el que contuviera frutos de otoño, cuando la resurrección había
tenido lugar en primavera. Por otro lado, el resto de los manjares resume los
elementos de la Eucaristía: el pan, el vino y la jarra de agua. Los gestos y las
posiciones de los personajes también nos indican el verdadero significado de la
escena: Cristo bendice el pan con el mismo gesto del Dios Creador del Juicio Final de
Miguel Angel. Pedro extiende sus brazos en el mismo gesto de un crucificado, como
lo fue Cristo y como lo habría de ser el apóstol más tarde. Sólo los discípulos pueden
reconocer el gesto de Cristo, por lo que el criado, ignorante de lo que está
presenciando, no se ha descubierto la cabeza como haría si reconociera al Mesías. Un
último detalle que revela la divinidad de Cristo oculta a los ojos humanos es la
sombra que el criado proyecta sobre el fondo pero no sobre Jesús, quien parece
iluminado por una luz interna.
- Descanso en la Huida a Egipto: En un paisaje naturalista sin planteamiento de
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Caravaggio

Era un pintor rebelde, violento y extravagante. Su religión era solo el arte y su culto el de la realidad que deseaba reproducir despojando a la pintura de cualquier otro significado, adelantándose al naturalismo de Courbet. Su nombre real era Michelangelo Merisi y su padre, Fermo Merisi, era mayordomo de los marqueses de Caravaggio por lo que se deduce que eran una familia de la pequeña nobleza local e incluso poseían algunas tierras que el joven Michelangelo vendió cuando quedó huérfano antes de partir a Roma en 1592. Su iniciación en la pintura tuvo lugar en 1584 a la edad de 13 años bajo la tutela del pintor Peterzano.

  • San Juan Bautista : Hay quien desacredita la identidad de la figura ya que la posición del muchacho hay a quien le recordaba a Leda esperando las atenciones de su cisne y el modo en que la luz acaricia su cuerpo se ha considerado de todo menos decorosa. No obstante se sienta sobre una piel de camello y un manto rojo, los atributos tradicionales de San Juan, que nos arrojan luz sobre la identidad del personaje. Alude al amor divino en virtud del cual la humanidad fue salvada del holocausto por Cristo, personificado en la figura del cordero que siempre acompaña a San Juan. Partiendo de esta base, la cercanía entre ambos no busca introducir una nota de lascivia sino el afecto entre ambos, el amor de Cristo por la humanidad y de la humanidad redimida por Cristo. La luz es luz divina, simboliza la gracia, redondea las figuras y borra las huellas del dibujo exaltando los volúmenes.
  • Cena en Emaus : La escena de este óleo narra los primeros pasos de Cristo resucitado. Habiendo encontrado éste a dos de sus discípulos en el camino a Emaús, los hombres no reconocen a su maestro hasta el momento de la cena en una posada, pues al bendecir Jesús el pan y el vino reconocen el gesto de la Eucaristía y, por ende, a su Señor. Caravaggio ha utilizado una composición muy frecuente en la pintura veneciana, en especial de Tiziano, con Cristo en el centro, acompañado de un sirviente. Sin embargo, ha llenado la escena de sutiles indicativos de la divinidad y el misterio desvelado de la resurrección, que algunos coetáneos de Caravaggio criticaron por ser inapropiados. Uno de estos elementos fue el cesto de frutas que adorna la mesa: se censuró el que contuviera frutos de otoño, cuando la resurrección había tenido lugar en primavera. Por otro lado, el resto de los manjares resume los elementos de la Eucaristía: el pan, el vino y la jarra de agua. Los gestos y las posiciones de los personajes también nos indican el verdadero significado de la escena: Cristo bendice el pan con el mismo gesto del Dios Creador del Juicio Final de Miguel Angel. Pedro extiende sus brazos en el mismo gesto de un crucificado, como lo fue Cristo y como lo habría de ser el apóstol más tarde. Sólo los discípulos pueden reconocer el gesto de Cristo, por lo que el criado, ignorante de lo que está presenciando, no se ha descubierto la cabeza como haría si reconociera al Mesías. Un último detalle que revela la divinidad de Cristo oculta a los ojos humanos es la sombra que el criado proyecta sobre el fondo pero no sobre Jesús, quien parece iluminado por una luz interna.
  • Descanso en la Huida a Egipto : En un paisaje naturalista sin planteamiento de

perspectiva se nos presenta a la derecha a la Virgen sosteniendo al Niño en actitud amorosa mientras que a la izquierda se encuentra san José sosteniendo la partitura para el ángel músico.

  • Muchacho con cesto de fruta : El cuadro ofrece algo que podría tomarse como una instantánea fotográfica, dado el realismo y la espontaneidad del modelo. Éste sería un joven muy apuesto y con una expresión provocadora y sensual. La boca carnosa y entreabierta se acompaña de unos cabellos negros y ensortijados, además de unos ojos negros y aterciopelados. La armonía del rostro y los hombros torneados se corresponden con la exuberancia suave y colorida del cesto de frutas que el muchacho ofrece. La sensualidad de las frutas parece anticipar la del propio personaje, que ha desatado todo tipo de especulaciones acerca de las inclinaciones del pintor. Lejos de esas hueras discusiones, se ha de alabar del artista su habilidad a la hora de retratar la aspereza del cesto, el blanco sucio de la camisa, la piel suavísima del joven... características que le convierten en maestro de un naturalismo que va más allá de la propia realidad, algo que aprendió de su estilo un pintor como Zurbarán.
  • Baco Enfermo : Caravaggio era muy joven cuando realizó esta obra. El óleo representa al dios Baco, que patrocinaba la fiesta de la recolección y el vino. Aparece representado como un mancebo de complexión musculosa y atractiva, pero de piel amarillenta y labios descoloridos. Se debe a que el propio pintor se estaba autorretratando como el dios durante su estancia en un hospital. La causa eran las heridas que le había provocado la coz de un caballo. Durante su convalecencia, y dada la pobreza proverbial de este artista italiano, se utilizó a sí mismo como modelo (otro ilustre ejemplo de pintor "disfrazado" era Rembrandt). El hecho de que se trate de un autorretrato explica la retorcida postura que adopta el modelo, sentado de lado pero con el rostro vuelto hacia el espectador, la misma pose que debía adoptar el joven ante el espejo para retratarse.
  • Baco : La pintura representa a un joven dios Baco, reclinado a la manera clásica con uvas y hojas de parra en el pelo, manoseando el cordel de la floja toga que le cubre. Sobre una mesa de piedra enfrente de él hay un bol de fruta y una jarra grande de cristal con vino tinto; con su mano izquierda ofrece al espectador un cáliz o copa de vino llana y ancha, aparentemente invitando al espectador a unirse a él. El vino se ha servido hace poco, como indican la espumilla en la jarra, mientras que Baco sostiene en la mano el cáliz con poca seguridad como muestran las vibraciones; las mejillas, como las manos, están sonrojadas y contrastan con la palidez de la piel, indicando un estado de ligera ebriedad. Debido a la sensual poesía de la realista pintura de Caravaggio, sería desacertado pensar en una caricatura o disfraz. No obstante, aunque no fuera esa la pretensión de Caravaggio, hay humor en esta pintura. El Baco sonrojado es un retrato adecuado de un adolescente medio borracho vestido con una sábana y apoyándose en un colchón en el palacio romano del cardenal, pero resulta menos convincente como dios grecorromano. No es Baco, sino un individuo ordinario disfrazado de Baco, el que mira al espectador, tedioso y despierto. Las ondas en la superficie de su vino son mala señal: no será capaz de mantener la pose durante mucho más tiempo, y más vale que el artista se dé prisa y acabe de pintar la mano izquierda.

sucios, pero su pose es algo más digna: se limita a escuchar la inspiración divina, eso sí, en una pose extremadamente inestable sobre un banco que bascula peligrosamente al borde del lienzo. El ángel le dicta los hechos que habrá de escribir, enumerándolos cuidadosamente. Pese a la calidad de esta segunda versión, echamos de menos la delicadeza y la fuerza expresiva de la primera versión. Éstas se han perdido definitivamente, puesto que el cuadro inicial fue destruido en los bombardeos sobre Alemania de la II Guerra Mundial.

  • Vocación de San Mateo: La pintura representa la historia que se narra en el Evangelio según san Mateo (Mateo 9:9): Jesús vio un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme», y Mateo se levantó y le siguió. Se ha ejecutado en torno a dos planos paralelos: el superior, ocupado sólo por una ventana, y el inferior, en el que se representa el momento preciso en el que Cristo apuntando a san Mateo lo llama al apostolado. El santo está sentado frente a una tabla con un grupo de personas, vestidas como los contemporáneos de Caravaggio, como en una escena de taberna. En cierto sentido, la mayor parte de los habitantes plebeyos de la mesa de cambios de Levi, de tamaño prácticamente natural, son el equivalente, si es que no están modelados por aquellas personas en otras pinturas de Caravaggio. El hecho de que vistan como en la época del pintor, y sean pinturas realistas, sin ninguna idealización, transmite la percepción del artista de la actualidad de la escena, su participación íntima en el acontecimiento representado, mientras que de forma totalmente antihistórica se ponen justamente a Cristo y al mismo san Pedro, envueltos en una túnica atemporal. En esta pintura, el brillo y la ventana con lienzo parece que sitúa la tabla puertas adentro. Cristo trae la luz verdadera a este espacio oscuro de los recaudadores de impuestos. Para acentuar la tensión dramática de la imagen y focalizar sobre el grupo de los protagonistas la atención del que mira, recurre al expediente de sumergir la escena en una penumbra cortada por rayos de luz blanca, que hace emerger los gestos, las manos, o parte de la ropa, y deja casi invisible el resto. Esta pintura refleja así la colisión entre dos mundos: el poder ineluctable de la fe inmortal y el ambiente mundano de Levi, que se inclina sobre su dinero, ignorando a Jesús. Éste le atraviesa con un rayo de luz, haciendo, aparentemente sin esfuerzo, un gesto con la mano que ejerce una gravedad sublime, sin necesidad de lucir musculosidad. Los pies desnudos de Jesús son simplicidad clásica, en contraste con los recaudadores emperifollados; estando descalzo puede simbolizar igualmente santidad, como si estuviera en suelo sagrado. Caravaggio hace la crónica del momento en que la rutina diaria queda interrumpida por lo milagroso. Alrededor del hombre que se convertirá en Mateo hay otros espectadores, que no lo perciben o que permanecen indiferentes. No es casual que uno de los compañeros de Mateo lleve gafas, casi como si lo hubiese cegado el dinero. Siguiendo la línea del brazo izquierdo de Cristo, parece que se invita a Mateo a seguirle al mundo. Este gesto de Cristo lo repite san Pedro, símbolo de la iglesia Católica que media entre el mundo divino y el humano, lo cual es muy coherente con la época de la contrarreforma, y es a su vez repetido por Mateo. Es la representación simbólica de la salvación, que pasa a través de la repetición de los gestos instituidos por Cristo (los sacramentos) y reiterados, en el tiempo, por la iglesia.
  • Martirio de San Mateo : La luz esculpe las posturas de las figuras laterales y se concentra en el grupo del santo y el verdugo. Los volúmenes surgen de la oscuridad en un ambiente poco definido desde el punto de vista espacial. Los únicos elementos que marcan el ritmo de la secuencia de los planos son los escalones y el altar.
  • Conversión de San Pablo : Este cuadro constituye la primera versión de la Conversión de San Pablo encargada para la capilla Cerasi de Santa María del Popolo. Sin embargo, y como ya le había ocurrido anteriormente con sus trabajos para la iglesia de San Luis de los Franceses hubo de pintar velozmente nuevas versiones. Tenemos, pues, un primer acercamiento al tema de la caída de Saulo en el camino, cegado por la luz divina. Junto a otras, éstas son las primeras incursiones de Caravaggio en el arte monumental de la esfera pública, lejos de los encargos privados de cultos protectores. Así pues, el joven artista recurre a una composición más segura, pero algo arcaizante, y que al final se le desmorona un tanto. Los modelos que emplea son manieristas, e incluso puede decirse que la figura caída de San Pablo está tomada de Miguel Ángel, probablemente de los frescos de la Capilla Paolina. El número de figuras no es excesivo, pero da la impresión de ser una multitud, por el movimiento y la gestualidad. La composición está abigarrada y se apelotona en el tercio superior, con poca gracia. Además, Caravaggio ha renunciado a su habitual sutileza para referirse a la presencia divina, que normalmente simboliza con la llegada de la luz. En este lienzo, pese a que Saulo está caído e iluminado por una luz artificial y misteriosa, por el ángulo opuesto se precipita una figura con los brazos tendidos hacia su futuro seguidor, apenas contenido por un ángel más prudente. Mientras, Saulo en el suelo se tapa el rostro con dolor, incapaz de enfrentarse aún a los designios divinos.
  • Conversión de San Pablo (Segunda Versión): Caravaggio nos cuenta esta historia bajo la apariencia de lo trivial hasta el punto de ser tremendamente criticado: en primer lugar, la escena parece tener lugar en un establo, dadas las asfixiantes dimensiones del marco. El caballo es un percherón robusto y zafio, inadecuado para el joven soldado que se supone era Saulo. Y para rematar las paradojas, el ambiente es nocturno y no el del mediodía descrito en los escritos de San Pablo. Estos recursos, que vulgarizan la apariencia de la escena, son empleados con frecuencia por Caravaggio para revelar la presencia divina en lo cotidiano, e incluso en lo banal. Existen detalles que nos indican la trascendencia divina de lo que contemplamos, pese a los elementos groseros. Estos signos de divinidad son varios: el más sutil es el vacío creado en el centro de la composición, una ausencia que da a entender otro tipo de presencia, que sería la que ha derribado al joven. Por otro lado tenemos la luz irreal y masiva que ilumina de lleno a Saulo, pero no al criado. La mole inmensa del caballo parece venirse encima del caído, que implora con los brazos abiertos. Los ojos del muchacho están cerrados, pero su rostro no expresa temor sino que parece estar absorto en el éxtasis. Siguiendo estas claves, Caravaggio nos desvela magistralmente la presencia de la divinidad en una escena que podría ser completamente cotidiana. Siendo, como es, pareja del cuadro con la Crucifixión de San Pedro, las dimensiones elegidas son iguales para ambos, así como el tono de la composición, con idénticos sentido claustrofóbico y gama de colores.
  • Crucifixión de San Pedro : La pintura representa el martirio de San Pedro por

las figuras, que tienden hacia un aspecto escultórico, así como un espacio más amplio, lejos de los enmarcamientos claustrofóbicos de su primer esplendor.

  • Muerte de la Virgen : Es un lienzo de gran tamaño representando la muerte de la Virgen María. Era un tema debatido y no resuelto por la doctrina católica. Este cuadro se realizó en un tiempo en que el dogma de la Asunción de María no se había enunciado formalmente ex cátedra por el papa. Aunque su asunción en cuerpo y alma sea un dogma, no hay evidencia documental en relación con la muerte de la Virgen. Cómo murió no es un dogma. Algunos imaginaron una dormición post-mortem como un momento en el que Dios resucitó su cuerpo no pútrido y lo llevó al cielo. Otros señalaron que no sintió dolor ni enfermedad, ni miedo por la muerte, pues murió sin pecado, y que ella fue asumpta en cuerpo sano y alma antes de la muerte. La pintura recuerda al Entierro de Cristo en el Vaticano en cuanto a su tamaño, sobriedad y el naturalismo fotográfico. Su naturalismo es típico de la Contrarreforma. Las figuras casi tienen tamaño real. El centro de atención del cuadro es la figura de la Virgen María, representada de manera muy parecida a una mujer del pueblo, sin atributos místicos, evidenciándose su santidad sólo en el halo. Por otro lado, la María de Caravaggio sí está muerta; sus pies, hinchados. No hay una nube de querubines llevándola al cielo como hizo una década antes Carracci en la Capilla Cerasi. No representa una asunción sino su muerte, con la mano apuntando al suelo. Si sintió dolor o no es algo que no se sabe, pero queda claro que es víctima de una enfermedad. Sus contemporáneos acusaron a Caravaggio de usar como modelo de la Virgen a una prostituta. Alrededor de la Virgen se encuentran María Magdalena y los Apóstoles. En primer plano, María Magdalena llora sentada en una simple silla, con la cabeza entre las manos. Los Apóstoles, a su alrededor, también se muestran entristecidos, pero no mediante expresiones exageradamente emotivas, sino ocultando los rostros. Caravaggio, maestro de los lienzos oscuros y tenebristas, no está interesado en un ejercicio manierista que capte la variedad de emociones. De alguna forma este es un dolor silencioso, no una llamada a los plañideros. Los gemidos discurren en un silencio emocional sin rostro. El hombre mayor a la izquierda puede ser san Pedro, y el que se arrodilla, a su lado, quizá sea Juan el Evangelista. La escena transcurre en un ambiente humilde. Los colores son muy oscuros, con los únicos toques luminosos del rojo de la ropa de la muerta y un gran telón rojo que pende por la parte superior del lienzo, motivo usual en un cuadro fúnebre. Es prácticamente el único elemento de una escenografía pobre. Nada hay en este cuadro que revele la naturaleza sagrada de su tema. Su tratamiento es naturalista, incluso brutal y de gran crudeza, lo que motivó su rechazo. Para comprender el cuadro se ha de tener presente que Caravaggio estaba próximo a las posiciones pauperísticas de muchos movimientos religiosos contemporáneos, como los Oratorianos, sus variantes iconográficas fueron realizadas teniendo presente las exigencias devocionales de estos movimientos: la Virgen es retratada como una joven, porque representa alegóricamente la Iglesia inmortal, mientras que el vientre hinchado, simboliza la gracia divina de la que está "grávida". Algunos consideran inadecuado este último particular, nace la leyenda de que el artista se inspiró en una prostituta ahogada en el río Tíber. Se trata de una obra trascendental dentro de la historia de la pintura. El tema sagrado se ha despojado de todo manierismo e irrealidad. Los personajes se representan según modelos del natural, personas del pueblo, y se iluminan de manera tenebrista. Representa de manera realista el dolor de la pérdida de un ser querido. En este

sentido, se acerca al tratamiento que pintores de la Reforma como Rembrandt dieron a los temas religiosos.

Esta obra es la última del periodo romano y se concluyó poco antes del homicidio perpetrado por el artista en 1606 que le llevaría a exiliarse.

  • Virgen del Rosario : La composición de Caravaggio se ha refinado de manera extrema, consciente de la dignidad del tema y su destino, así como de su precaria situación. Caravaggio abandona sus atrevidas composiciones de juventud para recordar las enseñanzas de Leonardo y Rafael para estos mismos temas. De tal modo, plasma los personajes en una estructura piramidal muy tradicional en la representación de la Virgen adorada por los fieles. El tono de la luz y los contrastes con la sombra se han vuelto más naturales, más justificado por el ambiente general de la estancia, sin los dramatismos artificiales de sus primeras obras. El rojo que suele emplear para avivar las superficies continúa presente en el gran dosel que cierra por arriba la composición. Los personajes continúan con el rostro y el aspecto de los desfavorecidos, con sus pies sucios en primer plano como muestra de la humildad de su condición. La escena se plantea en tres estratos, con diferentes funciones religiosas: abajo, arrodillados ante un dominico que sostiene unos rosarios, se encuentran los pobres y los personajes del pueblo, que no rezan directamente ante la Virgen sino que imploran la protección de los monjes. Entre ellos, y mirando directamente al espectador, está el retrato del personaje que encargó y pagó el cuadro para la iglesia dominica. Los monjes aparecen en un segundo nivel, más serenos y con los ojos vueltos hacia la Virgen. Son los elementos de unión entre los fieles y su madonna, los que reclaman la intercesión divina para ellos. La Virgen mira al dominico de los rosarios y señala a los fieles mientras el Niño se gira para mirar al espectador, el fiel real en el supuesto de la época. Como vemos, se trata de una compleja escena de elaboración teórica que deja en muy buen lugar a los monjes de Santo Domingo ante sus posibles feligreses.
  • Flagelación : La flagelación era un tema muy popular dentro del arte religioso de la época, y también dentro de la práctica religiosa contemporánea, donde la iglesia fomentaba la autoflagelación como medio para que los creyentes pudiesen tomar parte del sufrimiento de Cristo. Supuestamente, Caravaggio habría tenido en mente el famoso fresco de Sebastiano del Piombo que se encuentra en el templete de San Pietro in Montorio en Roma. Caravaggio adaptó la creación de Piombo reduciendo drásticamente el espacio de la pintura, de modo que los personajes aparecen en un escenario de poca profundidad. No obstante, mantuvo la visión de Piombo de la flagelación como un ballet sádico, donde las figuras están dispuestas rítmicamente dentro del lienzo. La obra de Caravaggio introduce una realidad de gran precisión a la escena: Cristo aparece colgando, no para otorgar de gracia al momento, sino porque su torturador de la derecha está pateándole detrás de la rodilla mientras que el personaje de la izquierda sostiene firmemente el cabello de Cristo en su puño.
  • Degollación de San Juan : El cuadro se caracteriza por el balance de todas sus partes. No es por accidente que el artista introduce referencias precisas en cuanto al escenario, situando la austera arquitectura del siglo XVI de la prisión como telón de fondo de los personajes. En la ventana, dos figuras silenciosas son testigos de la