¡Descarga La Muerte de Venecia: Una Fotografía de la Desaparición de una Ciudad y más Apuntes en PDF de Turismo solo en Docsity!
MUERTE DE VENECIA
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U~4INOSO
TE DE Rt~
Martín P~rr{Epsom, Reino Unido.1952), autor de las imágenes deeste reportaje, es unode los f<lt6grafos vivos más importantes del mundo, gracias a SlJ acercamiento, lleno de ironia, a la documentación social. Miembro de la agencia Magnum desde 1994, el turismo masivo ha sido durante años una de sus obsesionEs. Estasfotosprollienen desusviajes aVenecia en los ultimos25 años. EN ESTA DOBLE PÁQINAV EN LA ANTERIOR Hordas de turistas en laentradaala plaza de San Marcos, conel Palacio Ducal ala izquierda.
de padres y abuelos- a viajeros que sabían lo
que coropraban y loque debían pagar por ello.
Aquella Venecia ya nc existe. No sabe cmlnto lo
siento, pero ha lIegadousled cuarenta años tar-
de. Todos aqueUosnegocios fueron cerrando y
en su lugar abrieron tiendas de bisutería para
el turismo. Venecia se ha convertido en Dis-
neylandilL Unparquetemáticodonde, alprecio
de un euro, unos chincs venden a otros chinos
máscarasvenecianasfabricadasenChinaOJ •
Es un discurso amargo, resignado, que
atraviesa los 455 puentes que unen
entre si las 118islas de una ciudad que,
a mediados del siglo pasado, contaba con
174.000 residentes y que ahora apenas llega
a los 57.000. Son los últimos lllohicanos del
amor incondicional a la belleza. ahora sitiada,
de Venecia. Sus nuevos dueños, un ruidoso
, ejército fotmado por 24 millones de turistas
al año, marchan de la mañana aJa tarde desde
el puente de Rialto a la plaza de San Marcos
agrupadosdettás de un banderin -o de un pa-
raguas abieno, o de un osito de peluche, o de
un bastón desplegable con un moño rojo eo
la punta-o con el tiempo imprescindible para
tomar unas cuantas fotografías, comprar una
máscara autéoticarnente falsa y regresar de-
prisa ycorriendoa la nave o alauwbúsque les
aguarda al otro lado del resbaladizo puente de
Calatrava. Algunos operadores incluyen en
el circuito turístico un "inolvidable paseo en
góndula por los canales". Se pueden observar
entonces fiJas interminables de turistas -de
preferencia asiáticos- quevan embarcando en
las góndolas del atracadero de Hacina Orseolo,
.justo a la espalda de San Marcos, sin apenas
descanso .. como si se subieran a un carrito de Janoriaoau.nade esasatraccionesquesortean
cataratas de pega en los parques acuáticos. Al
pasarpor enfrente del mUerde restauradónde
Bruno Rizzato, el gondolero de turoo les seña-
lará una lápida de mármol y les dirá:
-En este paJaciode aqui pasó unos días el
joven Mozall. ..
ada día, desde la ventana de su taller de restau-
ración de muebles antiguos, junto al Ponte dei
Barcalori, alladodelteatrodeLaFenice, Bruno
Rizzato escucha a Los gondoleros repetir una
y orra vez que en el palacio de enfrente vivió
WolfgangAmadeus Mozart durante el carnaval
de 1m. cuando solo tenía 15años. Los turistas
asienten y disparan sus cámaras fotográficas
ante una placa de mármol blanco que, desde
1971,recuerda al "muchacho salzburgués" que
convirtió la música en "purísimapoesia".
-Pues es mentira. Se trata de un falso histó-
lico. En realidad fue aquí donde vivió Mozart.
Si no me cree, vaya al conservatorio. AlIÍ\e
guardan aún las cartas que su padre le escrI-
bió a esta dirección. Pero las autoridades, tal vez porque se equivocaron o qui.zás..porqul
aquel edificio es más bonito, colocaron a1llen-
frente la placa con motivo del bicentenario. El
caso es que los periódicos publicaron el error,
pero, como es natural tratándose de Italia, allí
se quedó la placa y aquí sigo yo, escuchando
cada dia. una y otra vez. la mentira repetida
en todos los idiomas. Otra másde las mentiras
en que se ha convertido Venecia.
Bruno Rizzato es el último de una estirpe
de restauradoresvenecianos que se remonta a
1880. Se sabe una especie en extinción. No tan-
to por su oficio de restaurador de antigüedades
-"aunque ahora la gente prefiere los muebles
de Ikea, todo blanco y cristal"-. sino por su
linaje veneciano. "La explotación salvaje del
turismo de masas", sostiene, "le ha robado el
alma a la ciudad. En la zona de Rialto. hace
veinte o treinta años. vivían venecianos que vendían a otros venecianos el pan. la verdura,
el pescado, y talleres donde se ofrecía artesa-
nía auténtica -collares de cristal de Murano,
máscaras hechas a mano según lasenseñanzas
PÁGINA ANTE~ 10 R Elcanal Unhombreoon un sombrero blanco mira, desde laplazadeSan Marcos, en direooión a la iglesia yel monasterio de San Glorgio Maggiore. en unadelas118 islas da una ciudad qua ha perdido, desde mediados del siglo pasado, casi dos tercios de sus habitantes.
i~~
-+El.. 'TURISMO MASIVO
alocado, este turismo de muerde y huye, está
destruyendo la ciudad sin que uuestros gober-
nanteshagan nada por impedirlo".
Hablar con Susanna Bressan en el inte-
rior de su taller de disfraces y de ves-
tuario, proYeedor de teatros y óperas
de todo el mundo,essumergirseen un pasado
esplendoroso, preludio de un presente que
pado ser y no es. "El problema de esta ci<Idad
no es el turismo ni los turistas-, intenta poner
el dedo en la llaga, "sino el tipo de turismo y
la respuesta que nuestros gobernantes son ca-
paces de dar. La ausencia de itinerarios preci-
sos, de un ci.rcuito cultural que alguna vez se
intentó y fracasó, de unaeducaci6nciudadana
que empieza por poner papeleras en las calles,
nos ha llevado a encontramos con lo que te-
nemos ahora: un turismo que, después de una
semana de recorrer Italia, puede decir que ha
estado en Roma, en Florencia y en Venecia,
pero que en realidad no ha sentido nada del
perfume, del espíritu que esta ciudatl. como
ias otras, puederepresenrar. Nosquejamos del
turismo, pero ¿qué le ofrecemos nosotros? En
nInguna parte del mundo he visto esta pasi-
vidad, en ningún lugar dejan que las grandes
naves de los cruceros entren hasta el corazón
de la ciudad, poniendo en peligro un pasado
que es nuestra única riqueza; en ningún país
es tan palpable la indOlencia". Por delante de
la puena de caoba y cristal, siempre cerrada,
del taller de Susanoa -el Nicalao Alelier- pa-
sean los escasas turistas que, de das en das, de
cuatro en cuatro, hanelegido Cannaregio, uno
de los seis barrios de laciudad, paradejarpasar
el tiempo tranquilamente, para formar pane
-darante unos minutos y de prestado- del pai-
saje fastuoso, irrepetible dela cotidianidad de
Venecia. Tan cerca y tan lejos de ana multitud
que, en la plaza de San Marcos, lucha a bta
partido por unos metros desomhra.
-De frente tienen 1a basílica Dentro pue-
den ver las reliquias de Cristo, de san Marcos,
de otros santos ... Laentradaesgratis, pero tie-
nen que dejar antes los bolsos y las mochilas
en una consigna que est'¡ en un lateral, que
tamblénesgraris. Eso sí. hayoola yestáal sol.
Maria es italiana, pero hace de guJa por
toda Italia de una excursión de estadouni·
denses que acaban de negar en aurobús a la
dadad. se desgañita para que su ya cascada
voz se sobreponga a la del guía ruso que, a es-
casos centímetros, también tiene agrupada a
sugteybajo lasombradiagonal deja torre. No
son los únicos. Aojo de buen cubero, son m>\s
de una dooena las excursiones organi2adas
que trabajosamente se abren paso entre una
multitud acosada a su vez por vendedores de
comida para las palomas, sombrillas chinas
para el sol y juguetes para los críos. Los ven·
dedores de bolsos de imitación aguardan tras
los soportales. Dice con guasa John, uno de
los turistas del grupo de Maria, que viajar así
requlerecierta práctica: "Hayque hacervarias
cosas al mismo tiempo. Entender lo que te es,
tán explicando. hacer fotos sin que, en vez del
monumento, salga todo el grupo detrás, y po-
ner atención para no perder de vista a la guJa".
Un estrés. "Sí, eso, un estrés. Es muy boulto
todo, pero hay tanto que ver y tenemos tanta
prisa que apenas lo disfrutas". ¿Pero no esnin
de vacaciones? "SI, pero hay vacaciones para
descansaryotras para ver cosas. No hemosve·
nidodesdeEE UU para tumbamos en una pla-
ya. Hay que ver todo lo que se pueda y estirar
el dinero. Antes solo viajaban los ricos, ahora
afortunadamente podemoshaoerlo casi todos.
Yahemos visto Italia y ahora vamos aFrancia".
AlotroladOdelaCiUdad.aTiziatl\lTeT2i
se la lievan los diablos. "¿Los ha\¡¡sto '
ustedr, se pregunta sin esperar res-
puesta en una funeraria plagada de fotos sub-
marinas, "¿se ha dado cuenta de que estamos
Invadidos?Y no escuestiónde riqueza, sino de
actitud. Se bajan del avi6n o del barco y se en-
chufan a la moda del GoogleMaps. Van de un
lado a otro de una ciudad que es un mllSeo, en
la que es una joya cada puerta, cada picaporte,
como si fueran zombis, solo pendientes de su
teléfono. Yoayer fui aRialto. tomé el vaporetto
y había un grupo de jÓYenestirados sobre el
puente, tomando el sol, como si estuvieran en
la playa. ¿QuétendráqueYeresocon el dinero?
¿En Roma hacen igual?Yo desde luego no sé si
vienen por moda o por qué, pero lo que tengo
claro es que no saben a dónde vienen. Estos
mristasde ahora no aman Venecia",
Ferruccio della Pieta no comparte la amar-
gura de T1ziana Es de los pocos que parecen
encantados con la deriva turisticadesu ciudad.
Tal vez porque Ferruccio encarna el arquetipo
del gondolero. Guapo, bronceado, ni joven ni
viejo, ana mueca fija de donju>\ny unas gafas
de sol de montura azul y cristal de espejo 0010-
cadasamododediadema. Dlceque, hasta hace
veinte años, la única forma de ser gondolero
era teniendo enchufe. "Había que ser hijo, so-
brino o hermano de un gondolerocon influen-
cia". ¿Yahora?, le pregunto. "Ahora, también",
responde con picardia para, cambiando elges-
to, añadir que desde1993 funciona unaescuela
de gondoleros por la que hay que pasar antes
de estrenar el polo de franjas horizontales. ¿A.
ustedes les preocupa el turismo masivo? "Ni
mucho menos. Alrevés. Lagóndola veneciana
es un producto único en el mundo. Y para la
gente, por poco dinero que maneje, resulraria
triste pasar por Venecia sin subir a una gón'
dola. ¿Cómo le vas a quitar a un niño, o a una
novia, esa ilusión? Prefieren tomarse un mal
bocadillo que privarse de la góndola".
Durante la oonversación, unos turistas
revolotean alrededor de su embarca-
ción,que se balanceajuntoal puente de
Rialto. Ferruccio se.cerca No necesita máSde
ungolpedevista parasaberquéldiomaháblan
y de qué pie oojean. "Lo más dificil de este tra·
bajo·, admite, "es tratar con los desoonfiados".
Unadelasmayores preocupaciones de muchos
turistas al viajar a Italia es!a posibilidad de ser
timados. Hay sabla20S mítioos que ya han pa-
sadoala historia, aunque no esláclaro si en el
capItulo de la picaresca o directamente en el
delcrlmen, oomoel deunosespaguetisoon Jan-
gosta al precio de 366 euros en un restaurante
de Cerdeña "Por eso",zanja el gondolero DeUa
pjetil, "nosotros ponemosen cada estaci6nlos
precios del paseo. Desde 80 euros el recorrido
b>\slooa lo que cada uno quiera o pueda pagar-
se. Pero nose crea tado loque Iedigan, estáciu-
dadsigue siendo hermosaapesarde todo".
Aunque el ánimo ya decaído de Ja ciudad
haya sufrido un ~ golpe tras la detención
del alcalde -acusado junto a o!toS altos cargos
de desviar fondos de la construcción deun so-
fisticado sistema de compuertas para librar a
la ciudad de las mareas-, los venecianos son
conscientes de que, todavia, poseen casi en
exclusiva das momentos mágicos. "El alba y el
ocaso", dice BrunoRizzato, y susonrisailumina
los 19metros cuadrados de su taller de repara-
ción de muebles antiguos: "Yosiempre les doy
el mismo oonsejo a los turistas, po<;os,que en-
tran en el taller y pierden el tiemp\l hablando
conmigo. Les digo: no compréis esas m>lscaras
falsas de un euro, no compréis na,da en esas
tiendas donde todo es mentira. Pero levantaos
al amaneoer o esperad al atardecer y disfrutad
de la ciudad antes de que llegue la¡nvasión de
turistas o cuando ya se hayan ido. Solo enton-
cespadréisencontrar, por algunas instantes, él
rastromaravi1loso de laverdaderaNeneci¡¡" e.
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