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La Muerte de Venecia: Una Fotografía de la Desaparición de una Ciudad, Apuntes de Turismo

Una serie de fotografías tomadas por pablo ordaz durante los últimos 25 años en venecia, italia. Las imágenes muestran la transformación de la ciudad, que ha pasado de ser un lugar lleno de historia y cultura a una atracción turística masiva. El autor describe cómo venecia ha perdido su identidad y se ha convertido en una ciudad llena de turistas, especialmente asiáticos, que se desplazan por las calles y los canales en busca de experiencias auténticas. El documento también incluye comentarios de gondoleros y otros venecianos sobre la situación actual de la ciudad.

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 27/10/2015

mario94108740
mario94108740 🇪🇸

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¡Descarga La Muerte de Venecia: Una Fotografía de la Desaparición de una Ciudad y más Apuntes en PDF de Turismo solo en Docsity!

MUERTE DE VENECIA

pORPabloOrdaz

FOTOGRAFiA DE MarlinPal1'

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U~4INOSO

TE DE Rt~

Martín P~rr{Epsom, Reino Unido.1952), autor de las imágenes deeste reportaje, es unode los f<lt6grafos vivos más importantes del mundo, gracias a SlJ acercamiento, lleno de ironia, a la documentación social. Miembro de la agencia Magnum desde 1994, el turismo masivo ha sido durante años una de sus obsesionEs. Estasfotosprollienen desusviajes aVenecia en los ultimos25 años. EN ESTA DOBLE PÁQINAV EN LA ANTERIOR Hordas de turistas en laentradaala plaza de San Marcos, conel Palacio Ducal ala izquierda.

de padres y abuelos- a viajeros que sabían lo

que coropraban y loque debían pagar por ello.

Aquella Venecia ya nc existe. No sabe cmlnto lo

siento, pero ha lIegadousled cuarenta años tar-

de. Todos aqueUosnegocios fueron cerrando y

en su lugar abrieron tiendas de bisutería para

el turismo. Venecia se ha convertido en Dis-

neylandilL Unparquetemáticodonde, alprecio

de un euro, unos chincs venden a otros chinos

máscarasvenecianasfabricadasenChinaOJ •

Es un discurso amargo, resignado, que

atraviesa los 455 puentes que unen

entre si las 118islas de una ciudad que,

a mediados del siglo pasado, contaba con

174.000 residentes y que ahora apenas llega

a los 57.000. Son los últimos lllohicanos del

amor incondicional a la belleza. ahora sitiada,

de Venecia. Sus nuevos dueños, un ruidoso

, ejército fotmado por 24 millones de turistas

al año, marchan de la mañana aJa tarde desde

el puente de Rialto a la plaza de San Marcos

agrupadosdettás de un banderin -o de un pa-

raguas abieno, o de un osito de peluche, o de

un bastón desplegable con un moño rojo eo

la punta-o con el tiempo imprescindible para

tomar unas cuantas fotografías, comprar una

máscara autéoticarnente falsa y regresar de-

prisa ycorriendoa la nave o alauwbúsque les

aguarda al otro lado del resbaladizo puente de

Calatrava. Algunos operadores incluyen en

el circuito turístico un "inolvidable paseo en

góndula por los canales". Se pueden observar

entonces fiJas interminables de turistas -de

preferencia asiáticos- quevan embarcando en

las góndolas del atracadero de Hacina Orseolo,

.justo a la espalda de San Marcos, sin apenas

descanso .. como si se subieran a un carrito de Janoriaoau.nade esasatraccionesquesortean

cataratas de pega en los parques acuáticos. Al

pasarpor enfrente del mUerde restauradónde

Bruno Rizzato, el gondolero de turoo les seña-

lará una lápida de mármol y les dirá:

-En este paJaciode aqui pasó unos días el

joven Mozall. ..

ada día, desde la ventana de su taller de restau-

ración de muebles antiguos, junto al Ponte dei

Barcalori, alladodelteatrodeLaFenice, Bruno

Rizzato escucha a Los gondoleros repetir una

y orra vez que en el palacio de enfrente vivió

WolfgangAmadeus Mozart durante el carnaval

de 1m. cuando solo tenía 15años. Los turistas

asienten y disparan sus cámaras fotográficas

ante una placa de mármol blanco que, desde

1971,recuerda al "muchacho salzburgués" que

convirtió la música en "purísimapoesia".

-Pues es mentira. Se trata de un falso histó-

lico. En realidad fue aquí donde vivió Mozart.

Si no me cree, vaya al conservatorio. AlIÍ\e

guardan aún las cartas que su padre le escrI-

bió a esta dirección. Pero las autoridades, tal vez porque se equivocaron o qui.zás..porqul

aquel edificio es más bonito, colocaron a1llen-

frente la placa con motivo del bicentenario. El

caso es que los periódicos publicaron el error,

pero, como es natural tratándose de Italia, allí

se quedó la placa y aquí sigo yo, escuchando

cada dia. una y otra vez. la mentira repetida

en todos los idiomas. Otra másde las mentiras

en que se ha convertido Venecia.

Bruno Rizzato es el último de una estirpe

de restauradoresvenecianos que se remonta a

1880. Se sabe una especie en extinción. No tan-

to por su oficio de restaurador de antigüedades

-"aunque ahora la gente prefiere los muebles

de Ikea, todo blanco y cristal"-. sino por su

linaje veneciano. "La explotación salvaje del

turismo de masas", sostiene, "le ha robado el

alma a la ciudad. En la zona de Rialto. hace

veinte o treinta años. vivían venecianos que vendían a otros venecianos el pan. la verdura,

el pescado, y talleres donde se ofrecía artesa-

nía auténtica -collares de cristal de Murano,

máscaras hechas a mano según lasenseñanzas

PÁGINA ANTE~ 10 R Elcanal Unhombreoon un sombrero blanco mira, desde laplazadeSan Marcos, en direooión a la iglesia yel monasterio de San Glorgio Maggiore. en unadelas118 islas da una ciudad qua ha perdido, desde mediados del siglo pasado, casi dos tercios de sus habitantes.

i~~

-+El.. 'TURISMO MASIVO

alocado, este turismo de muerde y huye, está

destruyendo la ciudad sin que uuestros gober-

nanteshagan nada por impedirlo".

Hablar con Susanna Bressan en el inte-

rior de su taller de disfraces y de ves-

tuario, proYeedor de teatros y óperas

de todo el mundo,essumergirseen un pasado

esplendoroso, preludio de un presente que

pado ser y no es. "El problema de esta ci<Idad

no es el turismo ni los turistas-, intenta poner

el dedo en la llaga, "sino el tipo de turismo y

la respuesta que nuestros gobernantes son ca-

paces de dar. La ausencia de itinerarios preci-

sos, de un ci.rcuito cultural que alguna vez se

intentó y fracasó, de unaeducaci6nciudadana

que empieza por poner papeleras en las calles,

nos ha llevado a encontramos con lo que te-

nemos ahora: un turismo que, después de una

semana de recorrer Italia, puede decir que ha

estado en Roma, en Florencia y en Venecia,

pero que en realidad no ha sentido nada del

perfume, del espíritu que esta ciudatl. como

ias otras, puederepresenrar. Nosquejamos del

turismo, pero ¿qué le ofrecemos nosotros? En

nInguna parte del mundo he visto esta pasi-

vidad, en ningún lugar dejan que las grandes

naves de los cruceros entren hasta el corazón

de la ciudad, poniendo en peligro un pasado

que es nuestra única riqueza; en ningún país

es tan palpable la indOlencia". Por delante de

la puena de caoba y cristal, siempre cerrada,

del taller de Susanoa -el Nicalao Alelier- pa-

sean los escasas turistas que, de das en das, de

cuatro en cuatro, hanelegido Cannaregio, uno

de los seis barrios de laciudad, paradejarpasar

el tiempo tranquilamente, para formar pane

-darante unos minutos y de prestado- del pai-

saje fastuoso, irrepetible dela cotidianidad de

Venecia. Tan cerca y tan lejos de ana multitud

que, en la plaza de San Marcos, lucha a bta

partido por unos metros desomhra.

-De frente tienen 1a basílica Dentro pue-

den ver las reliquias de Cristo, de san Marcos,

de otros santos ... Laentradaesgratis, pero tie-

nen que dejar antes los bolsos y las mochilas

en una consigna que est'¡ en un lateral, que

tamblénesgraris. Eso sí. hayoola yestáal sol.

Maria es italiana, pero hace de guJa por

toda Italia de una excursión de estadouni·

denses que acaban de negar en aurobús a la

dadad. se desgañita para que su ya cascada

voz se sobreponga a la del guía ruso que, a es-

casos centímetros, también tiene agrupada a

sugteybajo lasombradiagonal deja torre. No

son los únicos. Aojo de buen cubero, son m>\s

de una dooena las excursiones organi2adas

que trabajosamente se abren paso entre una

multitud acosada a su vez por vendedores de

comida para las palomas, sombrillas chinas

para el sol y juguetes para los críos. Los ven·

dedores de bolsos de imitación aguardan tras

los soportales. Dice con guasa John, uno de

los turistas del grupo de Maria, que viajar así

requlerecierta práctica: "Hayque hacervarias

cosas al mismo tiempo. Entender lo que te es,

tán explicando. hacer fotos sin que, en vez del

monumento, salga todo el grupo detrás, y po-

ner atención para no perder de vista a la guJa".

Un estrés. "Sí, eso, un estrés. Es muy boulto

todo, pero hay tanto que ver y tenemos tanta

prisa que apenas lo disfrutas". ¿Pero no esnin

de vacaciones? "SI, pero hay vacaciones para

descansaryotras para ver cosas. No hemosve·

nidodesdeEE UU para tumbamos en una pla-

ya. Hay que ver todo lo que se pueda y estirar

el dinero. Antes solo viajaban los ricos, ahora

afortunadamente podemoshaoerlo casi todos.

Yahemos visto Italia y ahora vamos aFrancia".

AlotroladOdelaCiUdad.aTiziatl\lTeT2i

se la lievan los diablos. "¿Los ha\¡¡sto '

ustedr, se pregunta sin esperar res-

puesta en una funeraria plagada de fotos sub-

marinas, "¿se ha dado cuenta de que estamos

Invadidos?Y no escuestiónde riqueza, sino de

actitud. Se bajan del avi6n o del barco y se en-

chufan a la moda del GoogleMaps. Van de un

lado a otro de una ciudad que es un mllSeo, en

la que es una joya cada puerta, cada picaporte,

como si fueran zombis, solo pendientes de su

teléfono. Yoayer fui aRialto. tomé el vaporetto

y había un grupo de jÓYenestirados sobre el

puente, tomando el sol, como si estuvieran en

la playa. ¿QuétendráqueYeresocon el dinero?

¿En Roma hacen igual?Yo desde luego no sé si

vienen por moda o por qué, pero lo que tengo

claro es que no saben a dónde vienen. Estos

mristasde ahora no aman Venecia",

Ferruccio della Pieta no comparte la amar-

gura de T1ziana Es de los pocos que parecen

encantados con la deriva turisticadesu ciudad.

Tal vez porque Ferruccio encarna el arquetipo

del gondolero. Guapo, bronceado, ni joven ni

viejo, ana mueca fija de donju>\ny unas gafas

de sol de montura azul y cristal de espejo 0010-

cadasamododediadema. Dlceque, hasta hace

veinte años, la única forma de ser gondolero

era teniendo enchufe. "Había que ser hijo, so-

brino o hermano de un gondolerocon influen-

cia". ¿Yahora?, le pregunto. "Ahora, también",

responde con picardia para, cambiando elges-

to, añadir que desde1993 funciona unaescuela

de gondoleros por la que hay que pasar antes

de estrenar el polo de franjas horizontales. ¿A.

ustedes les preocupa el turismo masivo? "Ni

mucho menos. Alrevés. Lagóndola veneciana

es un producto único en el mundo. Y para la

gente, por poco dinero que maneje, resulraria

triste pasar por Venecia sin subir a una gón'

dola. ¿Cómo le vas a quitar a un niño, o a una

novia, esa ilusión? Prefieren tomarse un mal

bocadillo que privarse de la góndola".

Durante la oonversación, unos turistas

revolotean alrededor de su embarca-

ción,que se balanceajuntoal puente de

Rialto. Ferruccio se.cerca No necesita máSde

ungolpedevista parasaberquéldiomaháblan

y de qué pie oojean. "Lo más dificil de este tra·

bajo·, admite, "es tratar con los desoonfiados".

Unadelasmayores preocupaciones de muchos

turistas al viajar a Italia es!a posibilidad de ser

timados. Hay sabla20S mítioos que ya han pa-

sadoala historia, aunque no esláclaro si en el

capItulo de la picaresca o directamente en el

delcrlmen, oomoel deunosespaguetisoon Jan-

gosta al precio de 366 euros en un restaurante

de Cerdeña "Por eso",zanja el gondolero DeUa

pjetil, "nosotros ponemosen cada estaci6nlos

precios del paseo. Desde 80 euros el recorrido

b>\slooa lo que cada uno quiera o pueda pagar-

se. Pero nose crea tado loque Iedigan, estáciu-

dadsigue siendo hermosaapesarde todo".

Aunque el ánimo ya decaído de Ja ciudad

haya sufrido un ~ golpe tras la detención

del alcalde -acusado junto a o!toS altos cargos

de desviar fondos de la construcción deun so-

fisticado sistema de compuertas para librar a

la ciudad de las mareas-, los venecianos son

conscientes de que, todavia, poseen casi en

exclusiva das momentos mágicos. "El alba y el

ocaso", dice BrunoRizzato, y susonrisailumina

los 19metros cuadrados de su taller de repara-

ción de muebles antiguos: "Yosiempre les doy

el mismo oonsejo a los turistas, po<;os,que en-

tran en el taller y pierden el tiemp\l hablando

conmigo. Les digo: no compréis esas m>lscaras

falsas de un euro, no compréis na,da en esas

tiendas donde todo es mentira. Pero levantaos

al amaneoer o esperad al atardecer y disfrutad

de la ciudad antes de que llegue la¡nvasión de

turistas o cuando ya se hayan ido. Solo enton-

cespadréisencontrar, por algunas instantes, él

rastromaravi1loso de laverdaderaNeneci¡¡" e.

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