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Una revisión exhaustiva de las enfermedades del árbol biliar, abarcando desde la anatomía y fisiología hasta la fisiopatología, pruebas analíticas y métodos de imagen utilizados para el diagnóstico. Se detallan las variaciones anatómicas de las vías biliares, la función de la vesícula biliar y la composición de la bilis. Además, se exploran las causas y tipos de cálculos biliares, así como las complicaciones asociadas, como la colecistitis aguda y crónica. Se discuten los tratamientos conservadores y quirúrgicos, incluyendo la colecistectomía laparoscópica y otras técnicas intervencionistas. El documento proporciona una base sólida para comprender las enfermedades biliares y su manejo clínico.
Tipo: Apuntes
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Las enfermedades biliares constituyen un problema frecuente en la práctica médica y quirúrgica. La colelitiasis es la patología más común, afectando hasta un 10-15% de la población adulta, aunque en muchos casos es asintomática. Sin embargo, cuando aparecen síntomas, pueden evolucionar a complicaciones graves como la colecistitis aguda, la colangitis o la pancreatitis biliar. El diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades han mejorado significativamente con los avances en imágenes médicas y el desarrollo de la colecistectomía laparoscópica, que ha reemplazado a la cirugía abierta en la mayoría de los casos. ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA Las variaciones anatómicas de las vías biliares son comunes y se presentan en hasta un 30% de los pacientes, lo que hace crucial que los profesionales de la salud comprendan tanto la anatomía normal como las variaciones para el tratamiento de enfermedades biliares. Las vías biliares, que incluyen componentes intrahepáticos y extrahepáticos, se posicionan por encima de la vena porta y son laterales e inferiores al suministro arterial. El conducto hepático izquierdo tiene una porción extrahépática más larga y drena varios segmentos del hígado, mientras que el conducto hepático derecho, más corto, drena segmentos diferentes en su bifurcación casi inmediata. La vesícula biliar, adherida a la superficie inferior del hígado, contiene entre 30 y 60 ml de bilis y se divide en cuello, infundíbulo, cuerpo y fondo. Su drenaje se realiza a través del conducto cístico, que puede presentar variaciones en longitud e inserción. Dentro de la vesícula, las válvulas de Heister contribuyen a la conservación de la bilis. El colédoco se distingue en tres porciones: supraduodenal, retro-duodenal y pancreática, terminando en la ampolla de Vater, donde también se une el conducto pancreático en algunas variantes. La división entre conducto hepático común y colédoco se realiza a través del conducto cístico, que drena los conductos hepáticos. La confluencia de estos conductos se encuentra en la placa hiliar, un área sin estructuras vasculares, facilitando su exposición durante intervenciones quirúrgicas, a través de técnicas como el descenso de la placa hiliar. Este entendimiento anatómico es fundamental para cualquier procedimiento relacionado con las vías biliares. ANATOMIA VASCULAR La anatomía vascular del hígado y el árbol biliar, según Couinaud, se organiza en lóbulos y segmentos lobares. A diferencia del hígado, que recibe riego sanguíneo tanto de la arteria hepática como de la vena porta, el árbol biliar solo recibe irrigación arterial, lo que lo hace susceptible a lesiones isquémicas. La arteria cística, que surge generalmente de la arteria hepática derecha, presenta variabilidad en su origen, pudiendo provenir de diversas arterias como la hepática izquierda o la gastroduodenal, y su trayectoria puede ser anterior o posterior al colédoco. Comúnmente se encuentra asociada a un ganglio linfático conocido como ganglio de Calot, que puede aumentar de tamaño con enfermedades de la vesícula biliar.
La irrigación del colédoco y el conducto hepático común proviene de la arteria hepática derecha y la arteria cística, pasando la primera detrás del conducto hepático común. En aproximadamente el 20% de la población existe una arteria hepática derecha accesoria. La perfusión de la parte inferior de la vía biliar proviene de arterias pancreatoduodenales y gastroduodenales. Durante intervenciones quirúrgicas, como la colecistectomía, hay riesgo de lesión isquémica de estos vasos debido a su proximidad con el tejido areolar. FISIOLOGIA La unidad funcional más pequeña del hígado es el lobulillo hepático, que contiene de cuatro a seis espacios porta y está centrado en una vénula hepática. Cada hepatocito rodea canalículos biliares que se combinan para formar vías biliares. Las sales biliares, como el ácido cólico, se forman del colesterol y se secretan a los canalículos. La mayor parte de las sales biliares son reutilizadas por el cuerpo a través de la circulación enterohepática. La bilis se secreta a los canalículos desde los hepatocitos y las uniones estrechas en el árbol biliar mantienen estos componentes en la vía biliar. La secreción biliar estimula el flujo de bilis, que depende de la actividad osmótica. Aunque las sales biliares no crean presión osmótica, los cationes que se secretan con ellas atraen agua al conducto, manteniendo la bilis neutra electroquímicamente y con osmolalidad similar a la del plasma. Después de ser absorbidos en la parte final del íleon, los ácidos biliares regresan al hígado unidos a albúmina. En el hepatocito, la superficie que está en contacto con el espacio de Disse absorbe los componentes de la bilis. La reabsorción de sales biliares implica un transporte eficiente y simultáneo de sodio. La eliminación de sales biliares depende del transporte a través de la membrana canalicular. Menos del 5% de las sales biliares se pierde en las heces. Sin embargo, cantidades excesivas en el colon pueden causar inflamación y diarrea, que pueden aumentar después de una colecistectomía. La bilis también contiene proteínas, lípidos y pigmentos, siendo los principales lípidos los fosfolípidos y colesterol. Estos lípidos ayudan a eliminar el colesterol del cuerpo y protegen a los hepatocitos de la toxicidad de la bilis. La bilirrubina es un pigmento biliar derivado de la degradación de hemoglobina y se transforma en bilirrubina conjugada dentro de los hepatocitos. La bilirrubina da color a la bilis y, tras ciertas reacciones, aporta el color a las heces. El flujo de bilis se regula por estímulos nerviosos, hormonales y químicos. La secreción de bilis es estimulada por la actividad vagal y la hormona secretina. La colecistocinina (CCK) provoca la contracción de la vesícula biliar y la liberación de bilis hacia los intestinos. La vesícula biliar actúa como un reservorio y cambia la química de la bilis a través de la absorción de agua y sodio. Este proceso puede favorecer la formación de cálculos de colesterol. La actividad del esfínter de Oddi también se coordina con la liberación de bilis y permite el vaciamiento de hasta el 70% del contenido de la vesícula biliar en dos horas tras la secreción de CCK. FISIOPATOLOGÍA DEL ÁRBOL BILIAR Pruebas analíticas Las pruebas hepáticas evalúan aspectos metabólicos y funcionales del hígado y vías biliares. El aumento de bilirrubina y fosfatasa alcalina indica un proceso colestásico, mientras que las
Colelitiasis La colelitiasis es la afección más común de la vesícula y el árbol biliar, afectando entre el 10- 15% de la población. Se clasifica en dos tipos principales: cálculos de colesterol y cálculos pigmentarios, siendo más del 70% de los casos en EE. UU. causados por colesterol y calcio. Los cálculos pigmentarios se dividen en negros, asociados a condiciones hemolíticas y cirrosis, y marrones, vinculados a infecciones en las vías biliares. La formación de cálculos biliar puede explicarse por cuatro factores: sobresaturación de la bilis, concentración de bilis en la vesícula, nucleación de cristales y alteración de la motilidad. Las altas concentraciones de colesterol y lípidos en la bilis predisponen a cálculos de colesterol, mientras que en cálculos pigmentarios se observa un aumento en el procesamiento de la hemoglobina. En la vesícula, la bilis se concentra, elevando las concentraciones de solutos y calcio. Las sales biliares ayudan a solubilizar el colesterol, que precipita en cristales cuando su concentración excede la solubilidad. Además, la motilidad anormal de la vesícula puede llevar a una mayor formación de cálculos, siendo notable en condiciones como ayunos prolongados o nutrición parenteral total. Evolución natural Los cálculos biliares pueden ser asintomáticos, encontrándose ocasionalmente en pruebas de imagen, y solo entre el 20% y 30% de los pacientes desarrollan síntomas en un plazo de 20 años. La colecistectomía profiláctica no se justifica en pacientes asintomáticos, salvo en ciertos subgrupos de alto riesgo. Estos incluyen pacientes con anemias hemolíticas, como la drepanocítica, que tienen una alta formación de cálculos pigmentarios y riesgo de complicaciones. Otros casos son los pacientes con vesícula biliar de porcelana, cálculos grandes (>2,5 cm) y aquellos con anomalías en los conductos biliares, con mayor riesgo de cáncer de vesícula. La colecistectomía puede ser considerada en pacientes asintomáticos sometidos a cirugía bariátrica debido a la rápida formación de cálculos, aunque es un tema controvertido. También se recomienda un umbral más bajo para la colecistectomía en pacientes diabéticos, ya que presentan una mayor tasa de complicaciones como la gangrena. Tratamiento conservador El tratamiento médico de la colelitiasis tiene limitaciones. La terapia con sales biliares y disolución por contacto tienen altas tasas de recidiva, hasta un 50%. La litotricia extracorpórea ofrece una menor recidiva del 20% pero es apta solo para cálculos de 0,5 a 2 cm. La colecistectomía laparoscópica se considera más segura y eficaz, relegando el tratamiento conservador a pacientes en riesgo por anestesia general. Colelitiasis aguda litiásica La colecistitis aguda litiásica es causada por la obstrucción del conducto cístico debido a cálculos. A diferencia de la colecistitis crónica, el bloqueo es permanente y puede generar
inflamación, edema y hemorragia. Si no se resuelve, puede llevar a isquemia, necrosis, y evolucionar a formas más graves como la colecistitis gangrenosa o enfisematosa. Presentación Los cambios inflamatorios en la pared de la vesícula biliar presentan síntomas como fiebre y dolor en el hipocondrio derecho. Este dolor se agrava con la palpación y puede asociarse con colecistitis aguda cuando hay obstrucción luminal debido a cálculos. La obstrucción provoca dolor visceral que se manifiesta en el epigastrio o en el hipocondrio derecho. La aparición del signo de Murphy, que indica inflamación de superficies peritoneales, es relevante en este contexto. En ausencia de infección, el cólico biliar no genera signos físicos específicos ni síntomas generales. La clasificación de la colecistitis aguda es crucial para evaluar la gravedad y guiar el tratamiento. Las directrices de Tokio y las de la American Association for the Surgery of Trauma (AAST) categorizan la enfermedad en grados, desde inflamación localizada hasta condiciones severas como abscesos y peritonitis. Un diagnóstico de colecistitis aguda puede apoyarse en elevaciones de fosfatasa alcalina, bilirrubina y leucocitosis, aunque la ictericia intensa es rara y podría indicar colangitis. Además, se debe considerar el síndrome de Mirizzi en casos de inflamación que afecten las vías biliares adyacentes. Diagnóstico La ecografía transabdominal es una herramienta eficaz para el diagnóstico de la colecistitis aguda, con una sensibilidad del 85% y especificidad del 95%. Además de identificar cálculos biliares, puede revelar líquido pericolecístico, engrosamiento de la pared de la vesícula biliar y el signo de Murphy ecográfico. Un diagnóstico preciso generalmente implica anamnesis, exploración física, pruebas analíticas y ecografía. En casos atípicos, se considera la HIDA para evidenciar obstrucciones. Aunque la TC puede mostrar hallazgos similares, es menos sensible que la ecografía para esta patología. El tratamiento de la colecistitis aguda varía según la gravedad de la enfermedad y el estado del paciente. Puede incluir desde cirugía inmediata hasta un tratamiento conservador. La obstrucción del conducto cístico y la infección secundaria son fundamentales en esta afección, donde los antibióticos de amplio espectro se consideran necesarios debido a la presencia de aerobios gramnegativos, anaerobios y aerobios grampositivos. Los pacientes suelen ser sometidos a una dieta absoluta y reciben líquidos y analgésicos intravenosos. Opciones de Tratamiento Colecistectomía: Este procedimiento, ya sea laparoscópico o abierto, es el tratamiento preferido. La cirugía se recomienda en la primera semana de la enfermedad, mostrando tasas de morbilidad y duración de la hospitalización óptimas. Tratamiento conservador : Este es viable para pacientes con síntomas no resueltos que puedan requerir cirugía más tarde. Sin embargo, entre un 20% de los pacientes pueden no responder a este enfoque y podrían necesitar cirugía temprana. Colecistotomía percutánea: Para pacientes de alto riesgo quirúrgico, se sugiere esta técnica para drenar bilis infectada, ofreciendo alivio sintomático y permitiendo una eventual colecistectomía diferida.