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Como entrenar a tu dragon, Resúmenes de Historia

Un libro que trata de un chico que vive en una aldea de vikingos en una isla llamada berk, el chico intenta atrapar a un dragón para que su padre lo convierta en un vikingo

Tipo: Resúmenes

2020/2021

Subido el 09/06/2021

carlos-hernandez-rios
carlos-hernandez-rios 🇲🇽

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Traducciones Adventure Cressida Cowell

Cómo Entrenar a tu Dragón

Cómo Entrenar a tu Dragón - 1

CONTENIDO

  1. Una Nota Del Autor
  2. Primero Atrapa A Tu Dragón
  3. En La Guarida De Los Dragones
  4. Héroes O Exilio
  5. Cómo Entrenar A Tu Dragón
  6. Una Charla Con El Viejo Arrugas
  7. Mientras Tanto, En El Fondo Del Océano…
  8. Chimuelo Despierta
  9. Entrenando A Tu Dragón De La Manera Difícil
  10. Miedo, Vanidad, Venganza Y Bromas Tontas
  11. Jueves, Día De Thor
  12. Thor Está Molesto
  13. La Muerte Verde
  14. Cuando Gritar No Funciona
  15. El Plan Diabólicamente Ingenioso
  16. Batalla En El Morro De La Cabeza De La Muerte
  17. El Plan Diabólicamente Ingenioso Sal Mal
  18. En La Boca Del Dragón
  19. El Extraordinario Valor De Chimuelo
  20. Hipo El Útil
  21. Notal Del Autor
  22. Extras
  23. Sobre El Autor

UNA NOTA DEL AUTOR

ABÍA dragones cuando era un niño. Había enormes, sombríos, dragones voladores que anidaban en la cima de acantilados, como gigantescos y aterradores. También había dragones pequeños, marrones y escurridizos que perseguían a los ratones y a las ratas en grupos bien organizados.

Dragones de Mar absurdamente enormes, que eran veinte veces más grandes que la gran ballena azul y que mataban sólo por diversión. Ustedes tendrán que creer en mi palabra, pues los dragones están desapareciendo tan rápido que es posible que pronto desaparezcan.

Nadie sabe lo que está sucediendo. Se están arrastrando de vuelta el mar, del de dónde alguna vez salieron, sin dejar un sólo hueso o un sólo colmillo en la tierra para los hombres del futuro puedan recordarlos. Por lo tanto, para que estas sorprendentes criaturas no caigan en el olvido, relataré esta historia verdadera de mi infancia. No era el tipo de chico que podía entrenar a un dragón con el simple movimiento de una ceja. El negocio del Heroísmo no se me daba con naturalidad. Tuve que trabajar por ello.

Esta es la historia de cómo convertirse en un Héroe de la Forma Difícil.

H

¡Oh, vieiras hervidas! , pensó Hipo.

“¡Los dragones son lo que nos hace superiores!” rugió Bocón. “¡Seres humanos inferiores entrenan halcones para cazar y caballos para viajar! ¡Sólo los HÉROES VIKINGOS se atreven a domesticar a las criaturas más salvajes y peligrosas de la tierra!” Bocón escupió solemnemente en la nieve.

“Hay tres partes en la Prueba de Iniciación del Dragón. La primera y más peligrosa parte consiste en una prueba de coraje y habilidad en el robo. Si ustedes desean entrar a la Tribu de Gamberros Peludos, primero debe atrapar su dragón. Y es por ESO” continuó a Bocón a todo volumen, “que los he traído a este pintoresco lugar. ¡Observen! ¡El gran Acantilado del Dragón Salvaje!”

Los diez muchachos inclinaron la cabeza hacia atrás. El acantilado se alzaba por encima de ellos, oscuro y siniestro. En el verano, apenas se podía ver el acantilado debido a todos los dragones de diferentes tamaños que se amontaban en el lugar, gritaban y mordían y enviaban una cacofonía de ruidos que podía escucharse por todo Berk.

Pero en el invierno, los dragones hibernaban y el acantilado quedaba en silencio, salvo unos aterradores murmullos, producto de sus ronquidos. Hipo podía sentir las vibraciones a través de sus zapatos.

“Ahora” dijo a Bocón “¿Ven esas cuatro cuevas justo a la mitad del acantilado, las que parecen formar un cráneo?” Los chicos asintieron.

“Dentro de la cueva que vendría a ser el ojo derecho del cráneo, está la guardería de los dragones, donde se encuentran, EN ESTE MISMO MOMENTO, 3 mil dragones jóvenes disfrutando de sus últimas semanas de sueño invernal.”

“¡OOOOOOOH!” murmuraron con entusiasmo los muchachos.

Hipo tragó con fuerza. Daba la casualidad de que él sabía considerablemente más acerca de dragones que cualquiera en la isla. Desde que era un niño pequeño, había estado fascinado con las criaturas. Había pasado horas y horas observando a los dragones en secreto. (Los observadores de dragones eran considerados bichos raros y extraños, de ahí la razón para mantenerlo en secreto.) Y lo que Hipo había aprendido sobre dragones le decía que caminar a una cueva con 3 mil dragones era un acto de pura locura. Sin embargo, nadie parecía demasiado preocupado.

“En unos minutos quiero que tomen una de estas cestas y empiecen a escalar el acantilado,” ordenó Bocón el Rudo. “Una vez que lleguen a la entrada de la cueva, estarán por su cuenta. Soy demasiado grande como para adentrarme en los túneles que llevan a la guardería de dragones. Entrarán a la cueva en silencio… te hablo a ti, Verrugoso. ¡A menos que quieran convertirse en la primera comida de primavera de 3 mil dragones hambrientos!”

“¡JA, JA, JA, JA!” Bocón rio efusivamente de su pequeña broma, y luego continuó. “Dragones de este tamaño normalmente son algo inofensivos para los humanos, pero con estos números, pondrían atacarlos como pirañas. No quedaría nada de ustedes, ni siquiera de

un gordo como tú, Verrugoso. Sólo un montón de huesos y sus cascos. ¡JA, JA, JA, JA! Así que… ustedes tendrás que caminar EN SILENCIO a través de la cueva y cada chico robará un dragón dormido. Levanten suavemente al dragón de su roca y colóquenlo en la cesta. ¿Alguna pregunta hasta aquí?”

Nadie tenía preguntas.

“En el dudoso caso de que despierten a los dragones—y tendrían que ser INCREÍBLEMENTE ESTÚPIDOS para hacerlo—corran como el viento hasta la entrada de la cueva. A los dragones no les gusta el frío y es probable que la nieve los detenga por un tiempo.”

¿Probable? pensó Hipo. Oh, genial, eso sí que es tranquilizador.

“Les sugiero que se tomen un poco de tiempo escogiendo a su dragón. Es importante conseguir el tamaño correcto. Ya que ese dragón será el que atrape los peces y derribe a los ciervos para ustedes. Atraparán al dragón que los llevará a la batalla, cuando sean mayores y verdaderos Guerrero de la Tribu. Ustedes desean un animal impresionante, por lo que un buen consejo sería… elijan a la criatura más grande que entre en su cesta. Y no se dediquen a pasear por mucho tiempo ahí adentro…”

¿Pasear? dijo Hipo en su mente. ¿En una cueva llena de 3 mil dragones dormidos?

“No necesito decirles,” continuó Bocón alegremente “que si vuelven sin un dragón a este lugar, de poco les habrá servido el regresar con vida. Quien no cumpla con esta tarea, será exiliado inmediatamente. La Tribu de Gamberros Peludos no tiene ningún uso para los fracasados. Sólo los fuertes pueden pertenecer.”

Hipo miró hacia el lejano horizonte con tristeza. Nada más que nieve y mar hasta donde alcanzaba la vista. El exilio tampoco era una idea prometedora.

“BIEN,” dijo Bocón enérgicamente. “Que cada chico tome una cesta para dragones y pónganse en marcha.”

Los muchachos corrieron por sus cestas, charlando alegremente y con entusiasmo.

“Voy a conseguir una de esas “Pesadillas Monstruosas” con las garras extra-extensibles. Son realmente aterradoras” se jactó Patán.

“Oh cállate, Patán. No puedes hacerlo” dijo Rapipuño. “Sólo Hipo puede tener una “Pesadilla Monstruosa,” porque él es el hijo del jefe.”

El padre de Hipo era Estoico el Vasto, el temible jefe de la Tribu de Gamberros Peludos.

“¿Hi-po?” se mofó Patán. “Si es tan inútil para esto como lo es en Golpebol, estaremos de suerte si llega consigue uno de los “Marrones Básicos.”

El ‘Marrón Básico’ era el tipo más común de dragón, una bestia con poco atractivo.

EN LA GUARIDA DE LOS DRAGONES

UIZÁ ya lo habrás adivinado, pero Hipo no era el Héroe Vikingo habitual. Para empezar, no se VEÍA como un Héroe. Debía ser alguien como Patán, por ejemplo, quien era alto, musculoso, con tatuajes de huesos y con los indicios de un pequeño bigote. Éste consistía en unos cuantos pelos amarillos dispersos en su labio superior, era bastante desagradable a la vista, pero aun así, impresionantemente varonil para un niño que todavía no cumplía los trece.

Hipo era pequeño y su rostro no era nada memorable. Su pelo SÍ era Heroico, era de un rojo muy brillante y se levantaba verticalmente sin importar su cuanto lo mojara con agua de mar. Pero nadie podía verlo porque estaba oculto bajo su casco la mayor parte del tiempo.

De los entre los diez chicos, NADIE habría escogido a Hipo como el Héroe de esta historia. Patán era bueno en todo y un líder natural. Aliento-de-Perro era tan alto como su padre y podía hacer cosas divertidas, como echarse gases con la melodía del himno Nacional de Berk.

Hipo era sólo absolutamente promedio, el tipo de muchacho corriente, flaco, pecoso que fácilmente se perdía entre la multitud.

Por lo que, cuando Bocón sopló el cuerno y se alejó para encontrar una roca agradable para sentarse y comer su sándwich de tomate y mejillones, Patán empujó a Hipo para que no estorbara y tomó el mando.

“De acuerdo, escuchen bien todos,” susurró de manera amenazante. “YO estoy a cargo, no el INÚTIL. Y cualquiera que se oponga se ganará un emparedado de nudillos de Aliento-de- Perro el Obvio.”

“Mhm,” gruñó Aliento-de-Perro, golpeando sus puños con una expresión alegre. Aliento-de- Perro era el compañero Patán y un enorme gorila con forma de chico.

“Golpéalo, Aliento-de-Perro, para que entiendan a lo que me refiero…” Aliento-de-Perro estuvo encantado de ayudar. Empujó a Hipo con fuerza y lo envió de cabeza directo a la nieve, para después poner su pie sobre él.

“¡Presten atención!,” gruño Patán.

Los chicos alejaron la vista de Aliento-de-Perro y de Hipo y se observaron a Patán. “Amárrense entre ustedes. El mejor escalador debe ir primero…”

“Bueno, ese eres TÚ, Patán” dijo Patapez. “Eres el mejor en todo, ¿no?”

Patán observó fijamente a Patapez. Era difícil decir si Patapez se burlaba de él o no, debido a su estrabismo.

“Así es, Patapez” dijo Patán. “SOY YO.” Y en caso de que él estuviera burlándose de él: “¡Golpéalo, Aliento-de-Perro!”

Q

Mientras Aliento-de-Perro empujaba a Patapez para que se uniera con Hipo en la nieve, los demás comenzaron a amarrarse entre ellos. Hipo y Patapez fueron los últimos en atarse. Y quedaron justo detrás del enrojecido y triunfante Aliento-de-Perro.

“Oh, brillante,” murmuró Patapez. “Estoy a punto de entrar en una cueva llena de reptiles devoradores de hombres amarrado a ocho completos lunáticos.”

“Si es que llegamos a la cueva…” dijo Hipo nerviosamente, mirando el acantilado negro y escarpado.

Hipo puso la antorcha encendida entre sus dientes para dejar sus manos libres y comenzó a subir detrás de los otros. Fue un ascenso peligroso. Las rocas estaban resbaladizas por la nieve y los otros chicos estaban innecesariamente emocionados, haciendo el ascenso demasiado rápido. En cierto punto, Despistado perdió su punto de apoyo y cayó… afortunadamente encima de Aliento-de-Perro, quien lo tomó por la parte trasera de los pantalones y lo acercó de nuevo al acantilado, antes de que se llevara a todo el grupo con él hasta el fondo.

Cuando finalmente llegaron a la entrada de la cueva, Hipo miró brevemente al mar golpear fuertemente la base del acantilado, y tragó con fuerza…

“¡Desaten las cuerdas!,” ordenó Patán, sus ojos brillaban de emoción ante la idea de los peligros por venir. “Hipo entrará primero a la cueva porque él es el hijo del jefe…” se burló. “¡Y si alguno de los dragones despierta, él será el primero en saberlo! Una vez en la cueva, cada hombre está por su cuenta. Sólo los fuertes pueden pertenecer…”

Aunque no era el típico rufián sin cerebro de la Tribu, Hipo tampoco era un cobarde. Estar asustado no es lo mismo que ser un cobarde. Quizá era tan valiente como cualquiera de los otros, porque fue a atrapar un dragón a pesar de saber cómo son los dragones. Y cuando escaló peligrosamente hasta la entrada de la cueva y se encontró son un túnel largo y sinuoso, entró en él junto con los demás, a pesar de que no le gustaban mucho los túneles largos y sinuosos con dragones esperando al final.

El túnel era húmedo y fría. En partes, era lo suficientemente alto para los chicos caminaran erguidos. Luego, se cerraba en agujeros estrechos y claustrofóbicos en donde los muchachos apenas podían pasar apretando sus estómagos a las paredes y con las antorchas en sus bocas.

Después de diez largos minutos de caminar y arrastrarse en el corazón del acantilado, el hedor a dragón--un hedor salado de algas marinas y cabezas de pescado viejo—se hizo más y más intenso, hasta que finalmente se volvió insoportable y el túnel se abría en una enorme caverna.

En la caverna había más dragones de los que Hipo jamás hubiera imaginado. Eran de todos los colores y tamaños, y eso incluía todas las especies que de las que Hipo había oído hablar y muchas más de la que no.

Hipo comenzó a sudar mientras miraba a los incontables montones de animales a su alrededor, acomodados en cada superficie disponible; incluso colgados boca abajo desde el

Hipo dejó escapar un suspiro. Tal vez estos dragones estaban tan muertos para el mundo que nada los despertaría de su letargo.

Hipo volvió a tragar con fuerza, dedicó una plegaria a Loki, el dios de los ataques furtivos, y se movió con cautela para atrapar al dragón que pareciera estar más inconsciente, y de esa forma, salir de aquella pesadilla tan rápido como fuera posible.

Es un hecho poco conocido que los dragones bajan su temperatura cuando están dormidos. Es incluso posible que los dragones entren en Comas de Sueño, lo que hace que sus cuerpos se vuelvan tan fríos como el hielo, sin un pulso detectable, o respiración, o latidos del corazón.

Pueden permanecer en este estado durante siglos, y sólo un experto altamente calificado puede decir, con sólo mirarlos, si están vivos o muertos. Pero un dragón que está despierto, o ligeramente dormido, es de hecho muy cálido, como un pan recién salido del horno.

Hipo encontró uno que tenía el tamaño y la temperatura adecuada, y lo colocó cuidadosamente en la cesta tan rápido como pudo. Era un “Marrón Básico” muy básico, pero en ese momento, a Hipo eso no le importaba. Y aunque apenas era un dragón joven, era sorprendentemente pesado.

¡Lo hice, lo hice, lo hice! cantó felizmente en su mente.

Al menos no iba a ser el único chico en la clase que no tuviera un dragón. Parecía que todo el mundo ya había conseguido su dragón y se dirigían tranquilamente hacia la salida. Todo el mundo, con excepción de… Patapez, quien estaba cubierto por un salpullido de color rojo brillante. Y en ese momento, el chico se acercaba con pasos muy fuertes a una montaña revuelta de peligrosos Nadders. Patapez era aún peor en el robo que Aliento-de-Perro.

Hipo se detuvo en seco.

“No lo hagas, Patapez… POR FAVOR ¡no lo hagas!,” susurró.

Pero Patapez estaba harto de todas las burlas, acosos y mofas que había sufrido a manos de Patán. Él se iba a conseguir un increíble dragón para sí mismos y se ganaría el respeto de todos.

Patapez se acercó a la pila de dragones, tenía los ojos entrecerrados y se rascaba violentamente el cuello. Y cuando estuvo lo suficientemente cerca, estiró su mano hasta alcanzar uno de los dragones del fondo, tomó una de sus patas y con mucho cuidado… tiró de él con todas sus fuerzas. La pila entera se vino abajo en una furiosa maraña de extremidades y las alas y orejas. Todos los chicos en la caverna dieron un suspiro de terror puro.

La mayoría de los Nadders gruñó con furia al resto de sus compañeros antes de volverse a dormir. Uno de los más grandes abrió los ojos y parpadeó un par de veces. Pero Hipo observó, con mucho alivio, que su tercer párpado seguía cerrado. Los muchachos esperaron a que los dragones cerraran sus ojos. Y entonces, Patapez estornudó.

Cuatro GIGANTESCOS estornudos rebotaron e hicieron eco en las paredes de la caverna. El Nadder más grande levantó su cabeza y se quedó congelado como una enorme estatua de dragón. Pero, muy débilmente, un ominoso ronroneo se generó en su garganta. Y muy lentamente... el dragón abrió su tercer párpado.

“Uh-oh” susurró Hipo.

La cabeza del Nadder giró repentinamente hasta quedar frente a Patapez, sus felinos ojos amarillos se enfocaron en chico. El reptil desplegó sus alas en su totalidad y avanzó sigilosamente, como una pantera a punto de atacar. Abrió su boca lo suficiente como para mostrar su lengua bifurcada y...

“¡CORRAAAAAAN!” gritó Hipo, agarrando el brazo de Patapez y arrastrando a la entrada. Los otros chicos también corrieron hacia la salida. Y Patapez e Hipo fueron los últimos en llegar.

No había tiempo para recoger las antorchas, por lo que tuvieron que correr en completa oscuridad. La cesta con el dragón “Marrón Básico” dentro rebotaba en la espalda de Hipo.

Tenían una ventaja de dos minutos sobre los dragones, porque le tomó un tiempo al primer dragón despertar al resto de sus compañeros. Pero Hipo pudo escuchar unos furiosos rugidos y aleteos cuando los dragones comenzaron a perseguirlos a través del túnel. Corrieron un poco más rápido.

Los dragones podían moverse más rápido que los chicos porque podían ver bien en la oscuridad, pero tuvieron que aminorar la marcha cuando el túnel se hizo más pequeño y los forzó plegar sus alas para poder pasar

“No... atrapé... un... dragón,” jadeó Patapez, quien corría un par de pasos detrás de Hipo.

“Ese” dijo Hipo, mientras se agachaba para pasar por un túnel aún más estrecho “es el MENOR... de... de nuestros problemas. ¡Los dragones nos están alcanzando”!

“Sin... dragón,” repitió Patapez obstinadamente.

“Oh, ¡por amor de THOR!” aulló Hipo.

Arrojó su cesta a los brazos de Patapez, y tomó la cesta vacía de la espalda de su amigo.

“Toma el MÍO, entonces. ¡Espera aquí!” Hipo dio media vuelta y regresó al estrecho túnel, a pesar de los rugidos se hacían más fuertes y parecían acercarse más con cada segundo.

“¿QUÉ...ESTÁS...HACIENDO?” gritó Patapez, mientras brincaba frenéticamente en el mismo lugar. Hipo regresó a través del estrecho túnel de nuevo unos pocos instantes después. Patapez lo tomó por el brazo y lo ayudó a salir de aquel lugar.

Podían escuchar unos horribles resoplidos que sonaban como si la nariz de un dragón estuviera justo del otro lado del túnel. Hipo arrojó una roca en él y el dragón chilló indignado. Dieron vuelta una esquina y de repente vieron la luz exterior al final del túnel.

HÉROES O EXILIO

OS chicos treparon por la arena viscosa al borde de la playa y subieron por el Sumidero de la Señora, el desfiladero que habían escalado unas horas antes. Esta era una estrecha grieta en los acantilados llenos de grandes rocas. Intentaron moverse lo más rápido que pudieron. Pero esto resultó difícil cuando se resbalaban y se deslizaban sobre enormes piedras cubiertas de hielo, y su progreso era agonizantemente lento.

Un dragón que no había sido desanimado por la nieve se lanzó chillando al desfiladero. Aterrizó en la espalda de Verrugoso y comenzó a atacarlo salvajemente, hundiendo sus colmillos en el hombro de Verrugoso y dejando líneas rojas en sus brazos. Bocón golpeó al dragón en la nariz con el mango de su hacha, y el dragón lo soltó y se alejó.

Pero una ola entera de dragones lo reemplazó, cayendo en el cañón con terribles y ásperos gritos, el fuego salió disparado de sus fosas nasales y derritió la nieve frente a ellos, sus garras se extendieron perversamente mientras se abalanzaban hacia abajo.

Bocón se detuvo, con las piernas separadas, y giró su gran hacha de dos cabezas. Echó hacia atrás su gran y peluda cabeza y dio un terrible grito primitivo que resonó en los costados del desfiladero e hizo que los pelos de la nuca de Hipo se erizaran como las espinas de un erizo de mar.

Individualmente, los dragones tienden a tener un sano sentido de auto-conservación, pero son más valientes cuando cazan en manadas. Ahora sabían que tenían la ventaja con sus masivos números, por lo que, por un instante, no checaron por donde volaban. Sólo seguían atacando. Bocón lanzó su hacha.

Girando de un extremo a otro, el hacha se elevó a través de la nieve que caía suavemente. Golpeó al dragón más grande del grupo, matándolo instantáneamente, y luego continuó, aterrizó en una pila de nieve a cientos de metros de distancia y desapareció. Esto hizo que el resto de los dragones pensaran un poco. Algunos se apiñaban entre sí en su prisa por alejarse mientras aullaban como perros. Los otros se detuvieron, flotando con incertidumbre, gritando en desafío pero manteniendo la distancia.

“Desperdicio de una buena hacha,” gruñó Bocón. “¡Continúen, chicos, podrían volver!”

Hipo no necesitaba que le dieran ánimo para seguir. Tan pronto como salió del desfiladero y se adentró en la tierra pantanosa detrás de él, estalló en una carrera tambaleante, cayendo de vez en cuando boca abajo sobre la nieve.

Algún tiempo después, cuando Bocón calculó que estaban a una distancia segura Acantilado del Dragón Salvaje, les gritó a los chicos que se detuvieran. Con mucho cuidado volvió a contar cabezas para comprobar que no había perdido a nadie.

Bocón había pasado unos desagradables diez minutos de pie en la boca de la cueva de los dragones preguntándose por qué se escuchaba aquel terrible barullo, y qué le diría a Estoico el Vasto si perdía para siempre a su precioso hijo y heredero. Algo Considerado y Sensible ,

L

supuso, pero la Consideración y Sensibilidad no eran los puntos fuertes de Bocón. Se tomó los primeros cinco minutos para pensar en algo como “Hipo lo estropeó. LO SIENTO,” y luego pasó los segundos cinco minutos rascándose la barba.

Así que, aunque secretamente aliviado, no estaba de buen humor y, tan pronto como pudo recuperar el aliento, explotó por todos lados, mientras los niños estaban de pie, temblando violentamente, en una enlodada línea.

“NUNCA... en más de CATORCE AÑOS... me había encontrado con tal grupo de PERCEBES SIN ESPERANZA como ustedes. ¿QUIÉN DE USTEDES MOLUSCOS ES EL RESPONSABLE DE DESPERTAR LOS DRAGONES?”

“Fui yo,” dijo Hipo. Lo cual no era tecnicamente cierto.

“¡Oh, eso es BRILLANTE!,” bramó Bocón, “¡simplemente BRILLANTE! ¡Nuestro futuro líder muestra sus magníficas habilidades de liderazgo! ¡A la tierna edad de diez años y medio, hace lo posible por aniquilarse a sí mismo y al resto de ustedes en un SIMPLE EJERCICIO MILITAR! “

Patán rio.

“¿Encontraste algo divertido en todo esto, Patán?” preguntó Bocón, con peligrosa suavidad. “TODOS COMERÁN LAPAS PARA LAS PRÓXIMAS TRES SEMANAS.”

Los chicos gruñeron.

“Bien hecho, Hipo,” se burló Patán. “No puedo esperar para verte en acción en el campo de batalla.”

“¡SILENCIO!” gritó Bocón. “¡ESTA ES SU INICIACIÓN, NO DÍA DE CAMPO! ¡O SE CALLAN, O ALMORZARÁN GUSANOS LUMINISCENTES POR EL RESTO DE SUS VIDAS!”

“Ahora,” continuó Bocón, con más calma, “aunque eso fue un desastre absoluto, no fue un desastre total. PRESUMO que todos ustedes TENGAN un dragón después de ese fiasco...”

“Sí,” corearon los chicos.

Patapez miró de reojo a Hipo, quien sólo miraba al frente.

“Por suerte para ustedes,” dijo Bocón, ominosamente. “Así que todos ustedes han pasado la primera parte de la Prueba del Dragón. Sin embargo, todavía quedan dos partes por completar antes de que puedan convertirse en miembros plenos de la Tribu. Su próxima tarea será entrenar a esos dragones ustedes mismos. Esta será una prueba de la fuerza de su personalidad. Impondrán su voluntad sobre estas criaturas salvajes y les mostrarán quién son sus Amos. Se espera que sus dragones obedezcan órdenes simples como “ir” y “quedarse,” y cazar peces para ustedes, en la forma en que los dragones han cazado para los Hijos de Thor, desde que se puede recordar. Si están preocupados por el proceso de entrenamiento,

“Y encima de todo,” continuó amargamente Patapez, “una caminata de tres kilómetros llevando a un dragón trastornado en mi espalda” - la canasta en la espalda de Patapez se movía salvajemente de un lado a otro mientras el dragón que llevaba dentro intentaba escapar salvajemente - “y sólo una horrible cena de lapas nos espera al final de ella.”

Hipo estuvo de acuerdo en que no era una expectativa deliciosa.

“Puedes tener este dragón de regreso si quieres, Hipo. Te lo advierto, se vuelven muy pesados cuando están mojados y enojados,” dijo Patapez, miserablemente. “Bocón explotará como un tifón cuando descubra que no tienes un dragón.”

“Pero SI TENGO uno,” dijo Hipo.

Patapez se detuvo y comenzó a quitarse la cesta de la espalda.

“Sé que ES tuyo REALMENTE,” suspiró cansinamente. “Creo que voy a pasar de largo al pueblo y seguir corriendo hasta llegar a algún lugar civilizado. Roma tal vez. Siempre he querido ir a Roma. Y de todos modos no tengo ninguna esperanza en el Valhalla de pasar la Iniciación. Así que—.”

“No, tengo otro , en mi cesta,” insistió Hipo.

La mandíbula de Patapez se abrió con incredulidad.

“Lo obtuve cuando volví al túnel,” explicó Hipo.

“Vaya, pústulas en mis percebes,” dijo Patapez. “¿Cómo, en el nombre de Thor, sabías que estaba allí? Estaba tan oscuro que no podías ver los cuernos frente a ti.”

“Fue extraño,” dijo Hipo. “De alguna manera lo sentí cuando estábamos corriendo por el túnel. No podía ver nada, pero cuando estábamos pasando, sólo sabía que había un dragón allí, y que estaba destinado a ser mi dragón. Iba a ignóralo, en realidad, porque estábamos un poco apurados, pero luego dijiste que no tenía un dragón y volví, y ... allí estaba, acostado en este estante en el túnel, tal como lo había imaginado que sería .”

“Bueno, niguas en mis medusas,” dijo Patapez, y los chicos comenzaron a correr de nuevo.

Hipo estaba magullado por todos lados, temblando por el shock, y tenía una desagradable herida que le había hecho dragón en la pantorrilla, que le dolía como loco por el agua salada. Estaba helado y había un irritante pedazo de algas en una de sus zapatos.

También estaba un poco preocupado porque sabía que no debería haber arriesgado su vida tratando de obtener un dragón para Patapez. Este no fue el acto de un Héroe Vikingo. Un Héroe Vikingo sabría que no debía no intervenir entre Patapez y su destino.

Por otro lado, Hipo había estado preocupado por el Día de Atrapar-al-Dragón por más tiempo del que podía recordar. Había estado seguro de que sería el único que regresaría sin un dragón, y la vergüenza, la terrible vergüenza y el exilio que le seguirían.

Y ahora, aquí estaba: un Guerrero Vikingo CON un dragón.

Entonces, en general, se sentía bastante satisfecho de sí mismo. Las cosas estaban mejorando.

...Sabes, Hipo,” dijo Patapez un poco más tarde, cuando las fortificaciones de madera de la aldea aparecieron en el horizonte, “eso suena como el Destino, tú sintiendo de esa forma que el dragón estaba allí. Se podría decir que fue algo que “Tenía Que Suceder.” Podrías tener algún tipo de dragón maravilla allí. ¡Algo que haría que una “Pesadilla Monstruosa” pareciese una rana voladora! Después de todo, eres el hijo y el heredero del Jefe Estoico, y ya es hora de que llegue el Destino diera una señal de tu destino.

Los chicos se detuvieron, resoplando de cansancio.

“Oh, estoy seguro de que sólo es un “Común o de Jardín” que se alejó del resto,” dijo Hipo, tratando de parecer desinteresado pero incapaz de mantener la excitación de su voz. ¡Podría tener algo maravilloso allí!

Quizás el Anciano Arrugas tenía razón. El viejo Arrugas era el abuelo de Hipo por parte de su madre. Había empezado con la adivinación en su vejez y seguía diciéndole a Hipo cómo había visto hacia el futuro, y que Hipo estaba destinado a grandes cosas.

¡Este asombroso dragón podría ser el comienzo de su transformación del torpe y ordinario Hipo, que no era particularmente bueno en nada, en un futuro Héroe!

Hipo se quitó la canasta de la espalda y se detuvo antes de abrirla.

Hipo se quitó la canasta de la espalda y se detuvo antes de abrirla.

“Está profundamente dormido,” dijo Hipo. “Estaba muy frío cuando lo recogí.”

De repente, tuvo la fuerte sensación de que los dioses estaban de su parte. Él SABÍA que este dragón estaba vivo.

Con dedos temblorosos, Hipo desabrochó el pestillo, quitó la tapa de la cesta y miró dentro. Patapez se unió a él. Las cosas ya no se veían tan bien.

Allí, acurrucado y profundamente dormido en el fondo de la canasta, yacía tal vez el Dragón “Común o de Jardín” más común que Hipo había visto alguna vez.

Lo ÚNICO absolutamente extraordinario de este dragón era lo extraordinariamente pequeño que era. Era algo realmente extraordinario.

La mayoría de los dragones que los Vikingos usaban para cazar eran del tamaño de un Labrador Retriever. Los dragones jóvenes que los chicos habían atrapado no eran tan grandes, pero casi eran adultos. Este dragón parecía más un West Highland Terrier.

Hipo no podía recordar cómo había pasado esto por alto cuando levantó al dragón en el túnel. Supuso, miserablemente, que se debió al momento de bastante presión, cuando tres mil dragones estaban intentando matarlo. Y los dragones en un coma de sueño profundo tienden a pesar más que cuando están despiertos.