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Asignatura: Sociología, Profesor: Desconocido Desconocido, Carrera: Contabilidad y Finanzas, Universidad: ULL
Tipo: Apuntes
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1.La Historia de la Filosofía es una materia compleja que puede suscitar el interés o el rechazo de los alumnos por muy diversos motivos, como puede ocurrir con cualquier otra materia del Bachillerato. El objetivo de estas páginas es evitar que ese rechazo pueda estar motivado por la falta de recursos a la hora de abordar su estudio, o por no saber cómo aplicar los recursos de los que disponemos.
Porque como veréis, esos recursos están ya en vuestras manos, y los habéis aprendido a utilizar a lo largo de vuestros estudios en otras materias. Aquí vamos a seleccionar solamente aquellos que son indispensables para comprender la Historia de la Filosofía y tratar de explicar de qué manera se pueden aplicar al estudio de la Filosofía. Entre ellos, algunos recursos metodológicos para exponer nuestros conocimientos sobre la materia, muy útiles para los llamados "exámenes".
O sea: que la lectura es el primer instrumento necesario para nuestro propósito y, en relación con ella, claro, tendremos que hablar del resumen, del análisis, del comentario de textos y de otro conjunto de técnicas útiles para exponer, llegado el caso, lo que hemos aprendido.
El resumen consiste básicamente en la reducción a términos breves y concisos de lo esencial de un asunto o materia. La capacidad de resumir va ligada, por lo tanto, a la capacidad de comprender con precisión lo que se considera esencial. En cuanto tal, es el paso previo a todo análisis y comentario de texto, por cuanto nos garantiza que hemos comprendido con exactitud lo esencial de aquello que tenemos, posteriormente, que analizar o comentar.
El resumen debe ser claro y bien redactado. Puede ocurrir que tengamos que resumir un texto literariamente defectuoso, aunque plagado de excelentes ideas. En ese caso debemos evitar contagiarnos de los defectos del texto utilizando un castellano oscuro e incorrecto.
1.-Leer el texto tantas veces como sea necesario.
2.-Repensar el texto y "medirnos" con él, hasta estar seguros de haberlo comprendido.
3.-Discernir la importancia de cada elemento.
4.-Elegir qué elementos debemos sacrificar y cuáles destacar.
5.-Expresar, por último, lo que hemos comprendido.
A) ¿De qué se trata? ¿De qué trata exactamente?
desde siempre una de las partes fundamentales de todo análisis filosófico: el conocimiento de la estructura argumentativa del texto objeto de análisis.
A diferencia del resumen, que consiste básicamente en transmitir abreviadamente el contenido esencial de un texto, el análisis consistirá en explicar dicho texto. Es decir, básicamente, en explicar su significado y su estructura argumentativa (lo que se dice y cómo se dice). El análisis no es todavía un comentario de texto sino, junto con el resumen, el paso previo a todo comentario de texto (o una parte del comentario de texto, según la escuela metodológica que se siga).
1) Analizar es, pues, explicar los contenidos de un texto, es decir, las ideas y conceptos que en él se expresan; y también explicar las relaciones que existen entre esas ideas, conceptos, es decir, explicar su estructura argumentativa.
2) En primer lugar hemos de fijar el sentido del texto, lo que podemos hacer apoyándonos en la técnica del resumen, hasta estar seguros de lo que el autor nos quiere transmitir. Hemos de distinguir lo esencial de lo secundario; y ser capaces de discernir las razones en las que se apoya para afirmar lo esencial del texto. Esta distinción nos orienta, por supuesto, respecto a la estructura argumentativa del texto.
3) En el análisis hemos de dejar clara la distinción entre las partes del texto, explicando su significado y su papel en la argumentación de conjunto, dando las referencias precisas de las líneas en que se encuentran y añadiendo todas las observaciones que consideremos necesarias para aclarar tanto su significado como el papel que juegan en el conjunto.
4) La estructura lógica de un texto, su estructura argumentativa, no tiene por qué coincidir con su presentación literaria. Ésta responde a la presentación de una idea o de un conjunto de ideas, pero puede que nos confunda sobre su estructura lógica: la estructura lógica es un "todo" en el que, partiendo de determinadas premisas, y por lo general a través de un razonamiento intermedio, se llega a una determinada conclusión. La recursos retóricos y literarios pueden hacer que sea conveniente presentar de modos muy diversos los elementos de la argumentación.
Cuestiones prácticas
A) Para realizar un análisis debemos comenzar la lectura del texto buscando el significado y la estructura lógica del mismo. Por lo que respecta a la estructura, hemos de prestar atención a los párrafos en que se divide el texto, así como a los signos de puntuación y a todas aquellas partes del lenguaje -conjunciones, adverbios...- que ponen en relación las distintas partes del texto. Hemos de atender igualmente a todas las expresiones utilizadas por el autor para fijar el orden y la importancia de los contenidos, así como la naturaleza propia de su discurso.
B) Hay que releer el texto tantas veces como sea necesario hasta estar completamente seguros de haber determinado su sentido y estructura.
C) Al tiempo que hacemos este trabajo podemos ir anotando todas las sugerencias que se nos vayan ocurriendo: aunque la mayoría no vayan a resultar fructíferas siempre habrá algunas que podrán sernos útiles, ya para fijar el sentido del texto o su estructura, ya para un posible y ulterior comentario (si el análisis que estamos realizando forma parte de un comentario de texto).
D) Resumir el texto nos permite, por supuesto, comprobar el grado de comprensión del mismo que hemos alcanzado.
E) Hemos de dar todas las explicaciones que consideremos necesarias para fijar con precisión el significado del texto y su estructura argumentativa.
F) Como se ha dicho más arriba, prestar atención a los términos en los que se expresan las distintas transiciones lógicas es fundamental para obtener rápidamente la comprensión de la estructura lógica. A continuación presentamos aquellas expresiones más comúnmente utilizadas relacionadas con su valor lógico:
1) La expresión de la continuidad lógica entre dos proposiciones.
-Para recalcar la identidad o equivalencia: es decir, o sea, en otras palabras, en una palabra, brevemente, en resumen, del mismo modo, lo mismo ocurre, así, así como, como, etc. -Para recalcar el fin : por esto, por ello, a fin de que, con este fin, en esta perspectiva, en vistas a, etc. -Para recalcar la causa : a causa de, por este motivo, por el hecho, lo que hace que, etc. -Para recalcar la consecuencia: pues, de ahí, de donde, en consecuencia, por consiguiente, por lo que, por lo tanto, etc. -Para recalcar la simultaneidad o implicación lógica : al mismo tiempo, correlativamente, por lo mismo, teniendo en cuenta el hecho, etc. -Para recalcar la idea de medida o proporción: en tanto que, tanto como, tanto más que, etc.
2) La expresión de la divergencia lógica entre dos proposiciones.
-De carácter concesivo : bien que, aunque, a pesar de, de todos modos, sea como fuere, etc. -De carácter restrictivo : al menos, por lo menos, cuando menos, todavía menos, aún menos, solo, solamente, etc. -De oposición : pero, por contra, al contrario, por el contrario, a la inversa, no obstante, sin embargo, etc. -De elección : sea... sea, bien... bien, o... o, o bien... o bien, etc.
Cómo estudiar. El comentario
¿Qué significa comentar un texto?
1. Comentar un texto no significa parafrasearlo, es decir, repetir exactamente lo mismo que dice el texto pero con otras palabras. Y tampoco limitarse a explicar el significado de las ideas del texto, ya que eso forma parte del análisis y no del comentario de texto propiamente dicho que, en tal caso, quedaría reducido a un análisis. 2. Prestad atención, sin embargo, a la siguiente consideración: si el análisis debe formar parte o no del ejercicio conocido como comentario de texto ha sido y es objeto de discusión y debate; por supuesto que no se puede comentar un texto sin haberlo analizado previamente, pero ello no quiere decir que necesariamente el análisis deba plasmarse como tal en el ejercicio llamado comentario, o que deba ser una parte del comentario. Mayoritariamente se tiende a considerar que el análisis debe ser una parte del comentario, pero estad atentos a las exigencias de vuestros profesores en cuanto a la necesidad o no de incluirlo como tal en el ejercicio (ya hemos visto en
1. Preparativos
Numerar el texto. Lo habitual es cada 5 líneas. Esto nos permite localizar cualquier frase con rapidez y citar con precisión, lo que nos evita pérdidas innecesarias de tiempo, posteriormente.
Disponer de folios para utilizarlos como borrador. Asegurarse de disponer de todo lo necesario para la realización del trabajo.
2. Lecturas, anotaciones y análisis
Leer el texto varias veces, hasta estar seguros de haberlo comprendido. Podemos hacer un brevísimo resumen del mismo (la idea central nunca debe estar ausente del mismo; en el resumen se trata simplemente de abreviar el texto, recoger lo esencial).
Anotar, en el borrador, todas las ideas que se nos ocurran en las sucesivas lecturas del texto, aunque inicialmente parezcan no tener nada que ver con él o con nuestro propósito.
Analizar el texto, (¿cómo? ver el análisis), anotando en el borrador todas las ideas que se nos sigan ocurriendo, de forma que podamos recuperarlas posteriormente si las creemos útiles.
3. Plan para la elaboración de comentario
Más tiempo nos llevará seleccionar y ordenar las ideas del borrador y hacer un plan para la elaboración del comentario. Es la parte central del ejercicio: de qué vamos a hablar, qué posición defenderemos, qué criticaremos, en qué orden, con qué extensión cada parte, etcétera. Una vez hecho esto tendremos clara la conclusión que se impone. Conociendo el desarrollo y la conclusión estaremos en condiciones entonces de preparar una buena introducción.
4. Desarrollar el comentario según el plan fijado
Por último, comenzaremos el desarrollo del ejercicio siempre según el plan de trabajo que nos hemos trazado.
Cómo estudiar. La disertación
1. La disertación es una de las formas más habituales de realizar exámenes en filosofía y suele asimilarse a lo que más coloquialmente llamamos desarrollo de un tema. El tema sobre el que se realiza este ejercicio puede ser alguno de los más conocidos que se ha planteado la filosofía a lo largo de los tiempos, como la libertad, por ejemplo, o puede limitarse a la explicación de tal o cual teoría de cualquier filósofo, como sería la disertación sobre la teoría del conocimiento en Platón, por ejemplo. Cada una de estas opciones tiene sus propias variantes, por supuesto; pero nosotros vamos a comenzar por lo que sería la estructura básica de la disertación, que hemos de considerar común a los dos casos citados. (Claro que lo común, como veremos a continuación, suele resultar demasiado general y, con frecuencia, demasiado evidente). 2. La disertación se suele dividir en tres partes claramente diferenciadas: la introducción, el desarrollo propiamente dicho, y la conclusión. Sobre la introducción y el desarrollo es válido lo que se ha explicado para el comentario. La introducción ha de ser proporcional a la extensión del ejercicio, pero partiendo siempre del principio de su necesaria brevedad; su objeto es situar
al lector en el terreno adecuado para la mejor comprensión y valoración de lo que decimos a continuación. No se ha de anticipar, pues, nada que no sea estrictamente necesario para dicho fin. En virtud de esa relación, es fácil comprender que no podremos hacer una introducción adecuada sin saber lo que vamos a decir, por lo que la introducción, pese a ser lo primero que va a ser leído por el corrector es, realmente, lo último en lo que nosotros debemos pensar (de dónde se sigue, espero que se vea esto con claridad, que necesariamente hemos de elaborar al menos un guión previo de nuestro trabajo, lo que requiere utilizar una hoja como borrador).
3. Ya que se supone que conocemos el tema sobre el que hemos de disertar es de esperar que tengamos claras las ideas fundamentales que podemos utilizar. Se trata de seleccionarlas adecuadamente, ordenarlas, buscar otras ideas adicionales que puedan mejorar la comprensión de lo que queremos decir y elaborar con todo ello un discurso coherente en el que se supone que defendemos determinado punto de vista. En esto consistirá la parte central del ejercicio, el desarrollo propiamente dicho, sobre el que espero poder ofreceros, más adelante, algunas observaciones significativas. La conclusión tiene que presentarse como una consecuencia directa del desarrollo que hemos planteado, por lo que conviene, antes de ordenar los contenidos del desarrollo, tener muy claro a qué conclusión queremos llegar. Por paradójico que parezca, pues, la conclusión, que es lo último que leerá el corrector, es lo primero que tenemos que tener claro al iniciar el ejercicio. El orden de la reflexión sería, pues, el siguiente (sobre el tema de la disertación):
El orden de la exposición sería, por supuesto, el inverso, al igual que en el comentario:
Introducción Elaborada en función del desarrollo y la conclusión. Desarrollo Cuerpo del ejercicio con el desarrollo de los argumento que me permiten defender la conclusión. Conclusión Breve exposición y valoración de la tesis defendida.