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El problema de las reuniones
“Basta de reuniones”, “no voy más a la parroquia porque no tengo tiempo para perder en reuniones“, “las reuniones no son productivas “, “en las reuniones solo se pierde el tiempo y se calientan sillas”......
Estas son solo algunas de las tantas frases que estamos acostumbrados a escuchar, y que en algunos casos también nosotros empleamos a partir de nuestra experiencia personal o grupal sobre el tema. Debemos reconocer que gran parte de la vida de nuestra institución y nuestra misma Iglesia gira en torno a reuniones de estudio y de trabajo. En todo momento, para distintos niveles y en busca de diversos fines nos vinculamos a través de reuniones. Si bien no son el único medio, es posiblemente el más utilizado, y quizás por repetición, saturación o mala preparación y conducción de las mismas, estas como tales, van perdiendo su valor, su crédito y dejan de ser medios eficaces para lograr nuestros objetivos formativos, apostólicos y comunicativos.
Con el deseo de colaborar con quienes tienen la “desafiante” tarea de preparar, animar y conducir reuniones grupales, comparto algunos puntos prácticos a tener en cuenta. Los mismos está tomados de la experiencia propia y de diversos agentes y grupos, y tienen como fin acercar algunas pautas que indudablemente, deberán ser enriquecidas por quienes conocen (o deberían conocer) el ámbito y el grupo humano con el que comparten la misma fe. Estas ideas pretenden ser un “disparador” de nuestro ingenio y creatividad, y posiblemente (eso espero!) puedan ayudar a mejorar nuestro trabajo pastoral.
Hablando en términos generales y más allá de la diversidad de fines y carismas de grupos, instituciones, movimientos, etc...Nuestras reuniones suelen tener muchos aspectos en común, que en mayor o menor medida se asemejan y repiten a pesar de la diversidad de la que hablábamos anteriormente. Tal es el caso de los fines de nuestras reuniones. Es obvio decir que nuestras reuniones no deberían ser un “fin en si mismo” (como muchas veces suele suceder), sino conservar su carácter de “medio”, y como tal, contribuir a los siguientes logros:
-Formarse y formarnos.
-Compartir la Palabra de Dios y la oración.
-Proyectarnos hacia la misión que nos reúne y que tenemos como cristianos.
Estos aspectos señalados pueden ser un “tamiz”, un “filtro” por donde pasar periódicamente nuestras reuniones, ya que se trata de elementos básicos y centrales que se deberían dar comúnmente en nuestros ámbitos de reunión. Pero recordemos que comenzábamos este párrafo también preguntándonos ¿por qué y para qué reunirse“?, preguntas que nos deberíamos hacer de modo permanente dado que muchas veces lo hacemos por “costumbre”, “porque hay que hacerlo”, “porque es lindo y bueno estar juntos”, etc...Entonces justificamos sin demasiado sentido una reunión para brindar información o comentarios que se podrían hacer a través de otras vías y mecanismos más familiares y comunes en nuestros días como el correo electrónico, teléfono, fax, etc... ¿O acaso no hemos experimentado alguna vez la sensación de bronca o malestar al reflexionar: “¡y para esto me convocaron a una reunión!, luego de haber tenido que abandonar por la misma causa, compromisos familiares, tiempo personal de estudio, trabajo, esparcimiento, etc....?
Reuniones dinámicas
Si observamos nuevamente el párrafo anterior, al decir que en nuestras reuniones deberíamos formarnos, crecer, proyectarnos , etc., tenemos que reconocer que Estamos hablando de verbos, de acciones....es decir, de ámbitos y espacios dinámicos. Cuando hacemos referencia a algo “dinámico”, pensamos inmediatamente en todo aquello contrario a lo “estático”, a lo quieto e inmóvil. Por ejemplo, decimos que una persona es dinámica, cuando nos transmite vida, fuerza, energía, acción, movimiento, etc...y se destaca del resto por ello. En un mundo en constante evolución, tendiente a rápidos y acelerados cambios, se viene hablando bastante últimamente acerca de la necesidad de que todo tipo de reunión, debe ser dinámica. Teniendo en cuenta lo que reflexionábamos en el párrafo anterior, ¿qué significaría que una reunión nuestra sea dinámica? ¿Qué debemos realizarla en un gimnasio? ¿Qué sus integrantes tiene que ser acelerados o rápidos en sus actos? ¿Qué tenemos que hacer de modo apresurado o con rapidez lo que nos demandaría mayor tiempo de tratamiento?. Desde ya que no queremos decir eso. Remitiéndonos a lo que dicen los especialistas en el tema, una reunión es dinámica cuando, a través de la metodología y los recursos empleados.....:
-en la reunión se consigue un verdadero diálogo (participación igualitaria de todos)
-la reunión permite el crecimiento del grupo (cuando todos participan, el grupo crece)
acompañamiento y motivación periódica del sacerdote, asesor, religioso, etc...poniendo claridad y atendiendo las dudas e inquietudes que puedan surgir en la tarea. También sería oportuno que quien/es planifican, inviten periódicamente a otros a conocer, participar y aportar, a fin de vivir directamente la experiencia de realizar y llevar adelante esta función.
Este rol suele ser llevado adelante también por el planificador, debiendo trabajar de modo muy directo y cercano en el caso de que estos sean personas distintas. El conductor es quien precisamente conduce y anima la reunión generando que el desarrollo de la misma sea ordenado, en un clima fundamentalmente comunitario y de respeto. Para ello, deberá hacer cumplir los tiempos establecidos, avanzar cuando un tema ha sido resuelto o agotado y motivar la aclaración de aquellos que no han sido entendidos o dejen dudas entre los participantes. Deberá estar muy atento y ser “sensible” ante el clima de trabajo y reflexión generado en el grupo, atendiendo necesidades, imprevistos y “tomando el pulso“ de los asistentes. Demás estará decir que sus intervenciones y aportes al trabajo grupal deberán hacerse con suma prudencia y mucha caridad. Recordar estos aspectos, que parecen sumamente obvios pero que no siempre son tenidos en cuenta, nos ayudarán a orientar nuestro trabajo hacia los objetivos deseados, a fomentar la participación de todos y a crecer como comunidad cristiana.
Es quien apoya la tarea del conductor anotando en un papel, pizarrón, pápelografo, etc...los temas que se van viendo, las decisiones que se van tomando, los propósitos que genera el grupo. Suele ser la “memoria” del mismo ya que puede traer a la reunión lo decidido anteriormente o en otras jornadas, refrescar ideas y conceptos ya tratados, etc...Para lograr esto sin que nada se pierda, podría llevar un libro de actas o algún registro escrito que permita asentar las decisiones, el trabajo y la “historia” del grupo. También puede ayudar al conductor, tomando y recordando los tiempos establecidos.
Se suele aconsejar que los roles que venimos citando, sean vividos y experimentados periódicamente por aquellos que simplemente asisten y participan de nuestras reuniones sin tener alguna otra ocupación o responsabilidad. Se sugiere también que estos roles pueden ser ejercidos de manera “rotativa” por los miembros del grupo. En estos casos, con el objeto de que se fomente la participación y de que se vayan “autoformando” nuevos animadores. Esta decisión obviamente correrá por cuenta de quienes ejercen alguna autoridad en nuestros grupos y conocen la situación y realidad de los que los conforman. Al margen de ello, no podemos dejar de recordar que como “simples” miembros o participantes de un grupo que se reúne periódicamente, merecen recibir respeto y seriedad por parte de los demás integrantes del grupo y de quien lo conduce. Esto significará generar un clima cordial, de diálogo profundo, de respeto cuando alguien toma la palabra, preparar a conciencia el o los temas a tratar, evitar improvisaciones, etc..
Los “vicios” y “pecados” de nuestras reuniones
Como decíamos al comienzo, a pesar de nuestros esfuerzos y buena voluntad, no siempre nuestras reuniones son efectivas, ni llegan a cumplir los objetivos deseados. Buena parte de ello, se debe a una serie de situaciones y casos que se presentan muy a menudo y que podríamos llamar “vicios” o “pecados”. Estos, lamentablemente, se suelen repetir más seguido de lo que uno cree, más allá de la variedad de grupos, personas y carismas; generando diversos inconvenientes hasta provocar fastidio y desgano en los participantes. Y lamentablemente, nos acostumbramos a convivir con ellos casi sin darnos cuenta.... Vamos a enumerar algunos de estos verdaderos problemas y en cada caso, veremos y analizaremos algunas pautas posibles para erradicarlos.
- La mala costumbre de improvisar
“En una oportunidad viajé a una provincia del interior del país, para concurrir a una reunión. La misma comenzaba con la proyección de un video, el cual motivaría el trabajo posterior. Al llegar el momento de la proyección, los animadores no podían hacer funcionar la video casetera que reproduciría la cinta. Con visibles signos de nerviosismo, intentaron de diversas maneras hacer funcionar el aparato. Tocaron todos los botones que encontraron a su alcance, enchufaron y desenchufaron el aparato una y mil veces, a esta altura, acompañados por varios de los participantes que por querer ayudar, no hacían otra cosa que generar mas confusión al asunto.... Los animadores, al ver que el problema no se solucionaba, decidieron “explicar“ de modo oral lo que el video (¡que se había grabado solo para esa proyección!) mostraba...es decir, nos “contaron “como pudieron, lo que deberíamos haber visto una hora antes en el video. A esa altura, el ánimo de los participantes (que como yo, habían hecho muchos kilómetros para llegar allí ,habían gastado dinero en el traslado y habían dejado su familia y su tiempo por aquella cuestión) no era el mejor. Al contrario, la reunión continuó en un clima de fastidio y decepción. Al finalizar la reunión, consulté a los organizadores y me confiaron que al video que debía reproducirse no lo habían probado nunca y que gran parte de la reunión se había improvisado.”
Esto suceso lo viví personalmente y lamentablemente, no fue el único de similares características. Este es un punto fundamental a tener en cuenta para todos aquellos que trabajan en el tema. La improvisación en nuestras reuniones (y podríamos decir, en todas las actividades eclesiales que llevamos adelante) es un vicio, diría “un mal” que debemos desterrar. No podemos abordar una reunión sin la más mínima preparación previa de contenidos y recursos. No podemos tampoco, tratar temas “a la ligera”, generando más dudas que certezas en los presentes y mucho menos, elegir temáticas y modalidades de trabajo
Recordar constantemente el valor de la puntualidad en todo lo que hacemos, y preguntarnos constantemente....¿rara vez llegamos tarde al cine, un recital, un estadio, un espectáculo, ...etc. no? ¿y porqué a nuestras reuniones si?
Fijar desde un principio, normas claras de participación.
Tener en cuenta todas las variantes y posibilidades de los integrantes, precisamente en lo que hace a sus posibilidades horarias si el grupo es integrado por personas de distintas razón social y ocupación (trabajadores, amas de casa, estudiantes, etc...)
- Las reuniones son demasiado largas
Otro de los motivos por los que la gente se “espanta” son las reuniones que parecen no tener fin nunca. Los especialistas del tema, sugieren que estas no superen las dos horas. El tema del tiempo de duración está muy relacionado con la capacidad de conducir y de ordenar lo que se haga, por lo tanto para mejorar este punto es conveniente:
Poner normas claras de participación
Priorizar los temas a tratar
Establecer tiempos para cada tema y tratar de que estos se cumplan estrictamente (obviamente, en las medida de las posibilidades y el sentido común)
Evitar que la reunión se convierta en una “tribuna” o en una “tertulia”, acotando los aportes y comentarios de los participantes
Avanzar cuando consideramos que un tema o decisión esté agotada o definida.
Como decíamos anteriormente, esto se logrará a partir de un buen trabajo del “conductor o facilitador” quién deberá tener una sensibilidad mayor que el resto, en esta cuestión de manejar los tiempos de una reunión y del grupo que conduce. Para esta tarea, puede ser útil la ayuda de un colaborador que controle el tiempo a reloj y ayude recordando el cumplimiento del mismo.
- Discutimos y nos vamos por las ramas
Este síntoma se suele presentar no solamente cuando se discute, sino también cuando son muchas y variadas las opiniones y los comentarios que se vierten sin que haya un orden o moderación que haga “volver a su cauce” la conversación. Por lo tanto:
Armar un “orden del día” u orden de la reunión que ayude a los presentes y al conductor a seguir los temas asignados evitando derivaciones innecesarias. Esta tarea puede ser asumida también por el secretario o bien algún otro colaborador.
Seguir el orden de los temas a tratar evitando (siempre que sea posible y necesario) alterarlo.
Que los temas estén orientados y se adecuen a la realidad y necesidad del grupo.
No desalentar la participación y espontaneidad de los presentes al plantear la necesidad de acotar y ordenar los aportes.
- La gente no participa y se distrae
¿Cuantas veces hemos visto que algunas personas se distraen haciendo garabatos en un papel o directamente no participan ni expresan comentarios, aportes, etc...en las reuniones que participamos?
La poca o nula participación de los integrantes de la reunión como así también la dispersión o evasión de los mismos, es otro problema muy común a tener en cuenta. Ese desinterés y falta de integración se suele reflejar en actitudes concientes e inconscientes como silencio absoluto, miradas perdidas, escribir y dibujar como única ocupación del tiempo, etc... Será fundamental que el conductor y el planificador replanteen periódicamente su trabajo y las metodologías empleadas, a fin de evaluar las causas de estas situaciones que pueden provenir del desinterés que generen los temas tratados, metodologías inadecuadas o ineficientes, falta de espacios para la expresión, etc... En esto, nos ayudará:
Evitar el monopolio de la palabra: tanto para el conductor como para aquellos que tienen facilidad de palabra y son de hablar más. En el caso del conductor, mas aún, ya que es un servidor del grupo y quién más debe escuchar al resto y motivar a que participen todos.
Que los temas tratados respondan a las inquietudes y necesidades de los presentes.
Fomentar la participación y la creatividad de los asistentes.
Evitar y/o corregir fraternalmente climas agresivos, burlas o excesos que terminan generando temores, ofensas y malestar. Generar siempre un ámbito de respeto, es un punto muy importante para el crecimiento de la comunidad.
Evitar monólogos y discursos. Fomentar el trabajo a través de dinámicas participativas e integradoras.
En los casos de exposiciones de profesionales o especialistas, generar espacios de consulta (preguntas orales, por escrito, paneles, etc...) y de reflexión a niveles personal y grupal.
necesidades de sus integrantes. Las distintas posibilidades y formas de participación en la institución, nos amplia el horizonte en un mundo cambiante y en constante evolución, en donde los seres humanos intentamos “hacer equilibrio” y adaptarnos a los distintos y cambiantes escenarios que se nos presentan y las diversas exigencias de vida actual. Por lo tanto, debemos hacer el esfuerzo de adaptar nuestras “históricas” formas, modos y tiempos de reunión, a las distintas realidades que se nos presenten hoy en la actualidad, a partir del ritmo de vida de aquellos a los que queremos llegar con nuestro mensaje. Pensemos, por ejemplo, en la denominada “generación intermedia”, los “adultos jóvenes”, los “jóvenes mayores”, etc. Y preguntémonos: ¿qué espacios y propuestas les estamos ofreciendo?
- Nunca llegamos a nada
“Terminamos la reunión y todo queda en la nada” suele ser una queja muy repetida, que traduce otro vicio bastante común. Se suele escuchar que en reuniones en donde se toman decisiones, se generan propósitos y pasos a seguir; pero luego por algún motivo todo queda en el olvido. Para evitar eso:
Buscar la posibilidad de “traer a la memoria” lo decidido y adoptado en anteriores reuniones, leyendo el “libro de actas” o las anotaciones del secretario o de algún colaborador.
Registrar todas las decisiones por escrito. Generar colectivamente la “ memoria del grupo”.
Hacer un síntesis y enviarla o entregarla unos días después a quienes no pudieron estar, y a los que estuvieron también (para esto serán de suma utilidad los medios de comunicación que estén a nuestro alcance. Fax, teléfono, e-mail, etc...)
Registrar lo decidido a medida que la reunión avanza, en medios visibles para todos: pizarron, cartelera, afiches, libro de actas, etc.
No dejar para más adelante la toma decisiones y evitar expresiones como: “ lo vemos después al final”, “si queda algo de tiempo lo hablamos”, etc...
Generar la conciencia de que todos somos responsables de llevar a cabo las decisiones tomadas en la reunión grupal.
Realizar periódicamente, alguna “revisión de vida apostólica“ u otra metodología que nos permita ir evaluando nuestro trabajo.
Precisamente, evaluar nuestras reuniones y mejorar la calidad de estos encuentros, será un desafío de gran valor para nuestra tarea. Ofrecer un espacio de diálogo y reflexión, de opinión y de estímulo para los presentes a fin de expresar y “sacar hacia fuera” lo que se llevan de nuestros encuentros. Qué cosas ven como positivas o negativas, opinar acerca de las formas y los climas de trabajo como así también, proponer nuevos aspectos y propuestas para participar, mejorar o cambiar. También se podría nombrar un “observador” dentro del grupo, para que como el secretario, registre por escrito aspectos positivos y negativos del encuentro y estos sean tratados y compartidos entre todos.
La importancia de nuestro trabajo: un esquema a “nuestra medida”
“No sé porqué nos fue tan mal con ese esquema de trabajo.....si era una copia del que usó el grupo de la parroquia vecina! Lo copiamos tal cual lo hicieron ellos...”
Este testimonio nos presenta la situación que vivió un joven dirigente al implementar en su grupo la planificación de un año de reuniones y actividades de otra parroquia. Le pareció interesante, atrayente por los temas y la forma de plantearlos....pero esa planificación respondía a otra gente, a otra realidad, a otros intereses e inquietudes y no a los de los jóvenes de su grupo. Entonces las reuniones no salieron como pensaba, tampoco los frutos del trabajo y de allí, la incertidumbre y decepción posterior. Es indudable que no existen recetas infalibles ni mágicas, y que es muy útil por cierto tener en cuenta la experiencia vivida por otros, de hecho lo estamos haciendo al traer estos relatos como ejemplos de la realidad. Pero hay algo que si es insustituible, irreemplazable y primordial en esta desafiante tarea: nuestro trabajo. Nosotros como conductores, animadores o dirigentes de nuestros grupos, debemos o al menos deberíamos intentar conocer a nuestra gente y sus necesidades e inquietudes. Es parte del servicio al que nos debemos como cristianos y una necesidad de nuestra parte, dado que esa información vital nos permitirá planificar y elaborar reuniones y actividades acordes a nuestra gente.
Acabamos de ver algunos “vicios“y dificultades que a menudo se presentan en el desarrollo de nuestras reuniones. Ahora, pasaremos a enumerar algunos puntos fundamentales a tenerse en cuenta a la hora de prepararlas e intentar que nuestras reuniones sean efectivas. Este pequeño esquema puede ser útil y “adaptable” a todo tipo de reunión y encuentro, evitando que se nos escapen detalles o que repitamos errores ya cometidos. Pero necesita del enriquecimiento que pueden aportar animadores, dirigentes, etc....ya que son ellos quienes conocen mejor que nadie a los destinatarios del trabajo. Aunque suene repetido y cansador, vuelvo a insistir en la importancia que tiene el proceso de preparación que evite caer en riesgosas improvisaciones, aún hasta en aquellas cuestiones que parezcan demasiado obvias, de poco valor o muy sencillas. ¿Recuerdan el relato del video?
Un esquema común para nuestro trabajo
Aquí se presenta un esquema muy sencillo como ejemplo, con una breve explicación de cada paso:
1) Definir el objetivo de la reunión
Es fundamental, como primer paso, formular el objetivo que tendrá la reunión y los logros que esperamos alcanzar al finalizar la misma. Podemos clasificar los objetivos en primarios y secundarios, según su importancia. Esto nos ayudará a priorizar si son varios los temas a tratar, evitando perder tiempo en discusiones o a postergar asuntos principales para otro momento o “para después” (que termina siendo nunca) y a evitar irnos por las ramas.
Tener en cuenta dónde nos reuniremos, y hasta incluso reservar el sitio con anticipación, nos evitará sorpresas como la de encontrar ocupado el espacio que imaginábamos vacío...o tener que andar deambulando por la casa parroquial, escuela, etc...,perdiendo tiempo en busca del rincón que nos albergue. No olvidar que el lugar debe se cómodo y limpio, facilitando así el trabajo a los participantes. Deberá estar ordenado y organizado en función de la tarea que se realizará (disponer de los elementos necesarios como sillas, mesas, pápelo grafo, pizarrón, etc.., de manera tal que su uso ayude al desarrollo de la comunicación y relación grupal.) También habrá que tener en cuenta la ambientación de este espacio (carteles, cuadros, afiches, carteleras, fotos, plantas, música ambiental, etc...) de acuerdo al tema y la forma en que se lo tratará. Otra cuestión que no debemos olvidar a la hora de pensar en un ambiente para reunirnos, es que nos debe permitir trabajar sin interrupciones. Evitar, en lo posible, los salones cercanos a mucho tránsito interno, despachos y la calle. Si esto no se puede evitar, tratar de informar al resto de la comunidad presente, la necesidad y la importancia de no interrumpir la reunión por motivos menores. Incluso, se puede poner en la puerta del salón o en los alrededores, carteles informativos.
5) Preparación de los materiales y recursos
Un punto importantísimo es el de preparar con anticipación los materiales que suelen o se van a utilizar (papeles, tijeras, marcadores, etc...) y los que se entregarán a los participantes (fotocopias, orden del día, documentos, etc...). Por último, nunca dejemos de probar con anticipación el funcionamiento de los equipos y accesorios que se vayan a utilizar: videograbadoras, casetes de video, proyectores, retroproyectores, micrófonos, equipos de audio, etc...
6) Pausas
De acuerdo con la intensidad que creemos o imaginamos que la reunión tendrá, se pueden prever pausas programadas. Estas ayudarían a la distensión y recopilación de lo tratado en algún momento oportuno, en lugar de que surja cuando los participantes lo pidan porque “ya no dan más “debido al cansancio, como cuando advertimos esas situación y nadie se anima a sugerirlo. En muchos casos estas pausas pueden ir acompañadas de algún café, caramelo o algo que permita compartir incluso ese momento de distensión. Considerar esta posibilidad con el desarrollo del punto número dos.
7) Distribución de roles
Distribuir roles, como por ejemplo, los que habíamos visto anteriormente, en función del mejor desarrollo de la reunión. Estos roles deben ser asignados, previo acuerdo, conociendo el perfil de quiénes van a llevar adelante las responsabilidades que les correspondan y como también dijimos en otro momento, intentando generar un clima de participación e integración de todos los componentes del grupo. (Ver nuevamente el capítulo sobre roles)
8) Cierre
Será importante que el cierre de la reunión sea oportuno en cuanto a la forma y al momento en que se haga; procurando sintetizar lo tratado, las conclusiones a las que el grupo llegó y los compromisos ya asumidos (tarea del conductor o secretario), poniendo en manos del Padre Bueno y de María, lo trabajado y decidido en alguna oración acorde. No es aconsejable dejar para el final los tradicionales avisos, datos e informaciones qué se suelen dar a los presentes. Esta información y el comentario posterior, puede hacernos olvidar lo que estuvimos viviendo y tratando en el transcurso de la reunión. Además, como se hacen tarde y al finalizar la reunión, todos se quieren ir y nadie presta atención. Entonces, estos mismos avisos se pueden comentar al inicio de la reunión, pudiéndose detallar sin apuros y ser agendados, y vueltos a repetir en el momento que se lo considere necesario.
9) Evaluación
Con el fin de mejorar la calidad de nuestras reuniones, y en lo posible, evitar la repetición de errores, es conveniente someter a nuestras reuniones a algún proceso de evaluación. Puede ser a través de alguna técnica o dinámica (existe bibliografía sobre diferentes métodos y formas de participación) o informalmente. Es importante que el grupo tenga un espacio para evaluar si las reuniones son productivas o no, y que permita a los participantes expresar lo que sienten, si entienden la metodología y la forma de trabajo, etc....Otra posibilidad puede ser proponer que se destaquen los aspectos positivos y negativos y sugerencias para el caso, en una hoja que servirá para el análisis y la reflexión de quienes conduce al grupo. Como decíamos anteriormente, lo fundamental es que exista ese ámbito de reflexión y de opinión, en donde todos podamos manifestar nuestras inquietudes y sensaciones acerca del trabajo realizado, y que a través de este compartir crezcamos también como comunidad.
Poner nuestro trabajo en manos del Señor
En más de una oportunidad, hemos denominado como “desafiante” a la tarea de organizar, planificar y conducir reuniones grupales. Sin duda que es un desafío por lo que significa el trabajo en sí como tal : formarse, informarse, donar nuestro tiempo, etc.. en un momento en que se cuestiona demasiado el valor de la palabra porque se habla más de lo que se hace. Pero además de esto, no debemos olvidar otro valor importantísimo a considerar: el bien que le hacemos al hermano, destinatario directo de nuestro servicio. ¿Has pensado detenidamente alguna vez sobre lo extraordinario de esta tarea, que quizás por costumbre, se ha hecho ordinaria y rutinaria?
Pidamos al Señor la luz, la fuerza y la constancia necesaria para poder seguir brindando a nuestros hermanos, a través del trabajo cotidiano, un ámbito propicio en donde la fe pueda ser despertada y alimentada. Que valoremos siempre esta verdadera gracia que nos regala el Padre Bueno, de colaborar con EL en la construcción de su Reino de amor y paz. Y que cada vez que debamos encarar una nueva tarea, podamos como dice el salmista, ser... ”Como árbol plantado junto al río, Que da fruto a su tiempo Y tiene su follaje siempre verde. Todo lo que hace el le resulta...” (Salmo1,3)
Sencillo, confiado y fiel Como una simple azada, Que todas los días Pueda entregarme a vos, Señor, Para hacer realidad Tu palabra y tu amor En la vida de todos mis hermanos. Amén
Adaptación de la oración original de Marcelo Murúa.