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El documento reflexiona sobre el sentimiento de odio y el rencor, y cómo lastiman a quienes los acumulan. El autor argumenta que el verdadero yo humano es el amor, y que el guardar resentimientos contra el mundo nos priva de disfrutar de la vida. Se ofrece la perspectiva de que el perdón es el primer paso hacia la armonía y la paz interior.
Tipo: Apuntes
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¿Cómo se siente el perdón?
El odio-dice el Maestro- es un sentimiento autodestructivo para el ser humano; es una emoción que lo desarmoniza en el instante en que lo genera: lo hace sentirse mal y lo lastima hasta el punto en que con frecuencia le causa daños físicos, como hipertensión arterial o ulceras. Algunos piensan que el rencor es parte esencial de la naturaleza humana, que la agresión destructiva es un impulso natural del hombre. Esto no es verdad, si lo fuera no dañaría, pues lo que es natural para el organismo humano no lastima ni perjudica. Y sin embargo, este sentimiento es tan común en nuestros días, que se ha llegado a creer que es parte intrínseca del hombre. Esto sería el equivalente a decir que, puesto que en nuestros días es común que los países posean armamentos nucleares, las bombas atómicas son esenciales para la sociedad. ¡Por supuesto que no lo son! El hecho de que el hombre aun no haya aprendido a transmutar su rabia en amor, y que todavía siga generando rencor, no significa que este sentimiento sea parte esencial de su naturaleza.
Al único que dañas cuando generas y acumulas resentimiento y odio es a ti mismo; sin embargo, continuas coleccionando corajes y rencores, y de esa forma te sigues hiriendo a ti mismo, haciéndote sentir mal e impidiéndote disfrutar de la paz y la armonía; pues cada instante que dedicas a odiar es un momento en el que pierdes tu alegría, y el primero en recibir las consecuencias eres tú mismo.
Tu verdadera naturaleza es amor. Ese es tu YO, pero en la medida en que te entretienes en la rabia o el coraje, te privas del gozo gratuito de lo que eres en esencia. La plenitud de la vida es tu derecho, pues a cada momento se te ofrece para que la disfrutes y en ella te regocijes, pero en vez de aprovechar tú existencia en lo que en realidad te edifica, la empleas en atesorar rencores que tu dicha desvanecen. Guardas resentimientos contra el mundo entero, algunos enormes y otros diminutos, pero cada uno de ellos, por pequeño que parezca, te priva de disfrutar de tu existencia.
Con frecuencia el ser humano piensa que si se olvidara de sus rencores, seria vulnerable que cualquiera dañarlo podría. ¡Insensato! ¿Acaso no se da cuenta de que su fragilidad radica precisamente en el daño que a si mismo se causa atesorando sus pesares?
Nadie te puede lastimarte si tú no te lastimas!
Entiéndelo bien: ¡Nadie te puede herir si tú no te hieres!
Para que me entiendas, voy a explicártelo en forma muy sencilla. Si tu estuvieras totalmente seguro de tu dignidad y de tu valor, aunque alguien te insultara no te ofenderías, si estas por completo convencido de que eres un individuo inteligente, hábil, capaz, industrioso y creativo, nada te importa que alguien te diga que eres un estúpido o un idiota, ¡No importa porque sabes que no es verdad! ¡No te afecta!, ¿Cómo podría lastimarte el que alguien te diga lo que no eres? ¡Imposible! pero si tú tienes dudas, aunque sea una, por mínima que sea sobre tu inteligencia y otra persona te dice “imbécil”, ¡entonces si te sientes herido! ¡Te sientes herido porque su palabra
tiene resonancia en ti, hace eco en tu interior, toca un punto sensible! Lo que en realidad te daña no es lo que te dicen, sino lo que te dices a ti mismo.
Si tú te respetas a ti, no permites que te falten al respeto, pero si lo intentan no te hieren, porque tú te sabes respetable. Eso no quiere decir que si te amas vas a ir buscando en forma masoquista que te traten indignamente, ¡de ninguna manera! Si te amas, te retiras de las situaciones que no te agradan, pero lo haces sin sentirte lastimado y sin generar odio ni resentimiento. ¡Porque no te agredes a ti mismo!
Repito: no guardar resentimientos no quiere decir tolerar una situación que no te gusta, ¡al contrario! Si te amas no te ofendes sin motivo como blanco para las flechas de otros, pero si alguien te agrede no te sientes agredido. ¡Porque no hay resonancia en tu interior para esa hostilidad!
Lo que te dio es que la agresión destructiva te lastima, y si la atesoras eres en verdad vulnerable a los ataques que recibes. Solo si no te agredes a ti mismo eres invulnerable, y para no agredirte es primero necesario eliminar de tu vida aquello que tanto te daña y te lastima: el odio, el rencor, y el resentimiento; solo erradicando esos sentimientos de tu ser podrás descubrir la armonía, pues si vives en el odio, ¿Cómo podrás encontrar el amor?
Muchos son los que piensan que el ser agresivos les da seguridad y los protege; no se percatan de que fomentando la hostilidad lo único que consiguen es lastimarse a sí mismos, hacerse más vulnerables e invitar a los demás a comportarse con ellos de manera agresiva. Con frecuencia dicen que a tal o cual persona jamás podrán perdonarla, pues fueron muchas las ofensas que de ella recibieron; no se dan cuenta de que mientras conserven el rencor, se encuentran atados a esas ofensas y que cada vez que recuerden con resentimiento las heridas, lo único que logran es revivir los momentos dolorosos y causarse aun mas penas. Pues el odio ata a los seres que lo abrigan, no separa, no libera, no sana, encadena, lastima, aprisiona a aquel que lo conserva.
A veces la gente guarda rencores contra personas a quienes hace mucho que no ve, e incluso contra seres que ya pasaron a otra vida; mientras siga aferrada a su coraje, continuara atada a esos seres, y no podrá liberarse de ellos hasta que no se deshaga del odio que les tiene.
No es raro oír a personas decir que a fulano jamás lo perdonaran porque no se merece su perdón. No están conscientes de que, aunque el otro no mereciera nada, ellas si merecen liberarse de la amargura que llevan a cuestas. Pero, por otro lado, ¡¿Quién es el hombre para decidir si su prójimo merece el perdón?! Y si el Padre no condena, ¿Quién es el hombre para hacerlo? ¡Que deje ya de ocuparse de lo que no le incumbe! ¡Y que se dé así mismo la vida que merece! Y si quiere ser tratado con amor, ¡que deje de odiarse conservando rencores y amarguras! ¡Que se trate a sí mismo con amor! ¡Que deje de sembrar la hostilidad que ahora cosecha!, si quiere amor, ¡que primero se ame y ame a los demás! ¿Cómo pretende ser amalo si lo único que hace es generar resentimiento? ¿De qué se queja, si lo que hoy recoge es lo que él mismo género? ¡Primero que ame!, ¡Y que se dé a si lo que desea! ¿Quiere amor? ¿Qué espera
clavado en las equivocaciones y sigues reviviendo en dolor lo que podría ser fuente de nueva vida.
El odiarte por haber hecho lo que supuestamente no deberías haber hecho, o por no haber realizado lo que podrías haber llevado a cabo, ese odio no te permite aprender, sino que te impide crecer y desarrollarte. El primer paso, entonces, será perdonarte a ti mismo y aprender de cada experiencia, sin juzgarla como buena o como mala. Recuerda, no es mediante el odio y la culpa como podrás llegar a la armonía. Y si no te perdonas y te amas ni a ti mismo, ¿Cómo esperas que el amor de los otros podría satisfacerte?, ¿…o como supones que podrías amar a los demás? Elimina el odio contra ti y contra tus semejantes y des-cubrirás el amor que yace en tu interior. Perdónate, si el Perfecto no guarda resentimientos contra ti, si el Eterno no te culpa, si el Infinito no te condena, ¿Quién eres tú para hacerlo?
JL
www.jlvillanueva.es.tl
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Gracias
Perla Dejesus