



















Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Psicologia de la comunicacion, Profesor: Carolina Vargas, Carrera: Periodismo, Universidad: Nebrija
Tipo: Apuntes
1 / 27
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!




















Se debe destacar una vez mas que, a los fines de nuestro análisis comunicacional, las motivaciones respectivas de los dos individuos carecen totalmente de importancia.
Supongamos que el pasajero A sea el que no quiere hablar. Hay dos cosas que no pueden hacer: no pueden abandonar físicamente el campo y no puede no comunicarse. La pragmática de este contexto comunicacional se ve así limitada a unas pocas reacciones posibles:
“Rechazo de la comunicación”
El pasajero A puede hacer sentir al pasajero B, en forma más o menos descortés, que no le interesa conversar. Puesto que ello es reprobable desde el punto de vista de la buena educación, se necesita valor para hacerlo y da lugar a un silencio más bien tenso e incómodo, de modo que, de hecho, no se ha evitado una relación con B.
Descalificación de la comunicación
A puede defenderse mediante la importante técnica de la descalificación; esto es, puede comunicarse de modo tal que su propia comunicación o la del otro queden invalidadas. Las descalificaciones abarcan una amplia gama de fenómenos comunicacionales, tales como autocontradicciones, incongruencias, cambios de tema, tangencializaciones, oraciones incompletas, malentendidos, estilo oscuro o manierismos idiomáticos, interpretaciones literales de la metáfora e interpretación metafórica de las expresiones literales, etc.
Para evitar un frecuente malentendido, conviene destacar una vez más que la simetría y la complementaridad en la comunicación no son en sí mismas “buenas” o “malas”, “normales” o “anormales”, etc. Ambos conceptos se refieren simplemente a dos categorías básicas en las que se puede dividir a todos los intercambios comunicacionales. Ambas cumplen funciones importantes y, por lo que se sabe sobre las relaciones sanas, cabe llegar a la conclusión de que ambas deben estar presentes, aunque en alternancia mutua o actuando en distintas áreas. Ello significa que cada patrón puede estabilizar al otro toda vez que se produce una escapada en uno de ellos, y asimismo que no sólo es posible, sino también necesario, que los dos participantes se relacionen simétricamente en algunas áreas y de manera complementaria en otras.
Definición del self y del otro En el nivel relacional las personas proponen mutuamente definiciones de esa relación.
El otro es indispensable en la práctica
de uno mismo
El “otro” es mediador para que “yo” logre mi identidad.
El sujeto no es una sutancia fija “ni siempre idéntica a si misma”. El sujeto humano es una forma de ser históricamente condicionada.
En cada persona se establecen formas de relaciones diferente, formas de conocernos difernetes y ellas constituyen históricamente al sujeto. La identidad propia no se adquiere en el vacio sino en relaciones individuales y sociales.
La vasta gama de emociones que los individuos experimentan los unos con respecto de los otros – desde el amor hasta el odio- probablemente no existiría, y viviríamos en un mundo vacío de todo lo que no fueran las actividades más utilitarias, un mundo carente de belleza, poesía, juego y humor. Parecería que, completamente aparte del mero intercambio de información, el hombre tiene que comunicarse con los otros a los fines de su autopercepción y percatación, y la verificación experimental de este supuesto intuitivo se hace cada vez más convincente a partir de las investigaciones sobre la deprivación sensorial, que demuestra que el hombre es incapaz de mantener su estabilidad emocional durante períodos prolongados en que sólo se comunica consigo mismo. Conciencia incrementada de sí mismo que sobreviene como resultado de establecer una relación con otro individuo.
La segunda respuesta posible de una persona frente a la definición que que otra propone de sí mismo consiste en rechazarla. Sin embargo, por penoso que resulte, el rechazo presupone por lo menos un reconocimiento limitado de lo que se rechaza y, por ende, no niega necesariamente la realidad de la imagen que tiene de sí mismo.
Desconfirmación
No cabe mayor duda de que tal situación llevaría a una “pérdida de la mismidad”, que no es más que una traducción del término “alienación”. Tal como lo observamos en la comunicación patológica, la desconfirmación ya no se refiere a la verdad o falsedad – si existen tales criterios- de la definición que uno da de sí mismo, sino más bien niega la realidad de la existencia como fuente de tal definición. En otras palabras, mientras que el rechazo equivale al mensaje: “Estás equivocado”, la desconfirmación afirma de hecho: “Tú no existes”.
La puntuación de la secuencia de los hechos
Las discrepancias en cuanto a la puntuación de las secuencias de hecho tienen lugar en todos aquellos casos en que por lo menos uno de los comunicantes no cuenta con la misma cantidad de información que el otro pero no lo sabe. Lo que podemos observar en casi todos estos casos de comunicación patológica es que constituyen círculos viciosos que no se pueden romper a menos que la comunicación misma se convierta en el tema de comunicación.
Un ejemplo simple de tal secuencia sería el siguiente: P escribe una carta a O proponiéndole un negocio e invitándolo a participar. O acepta la proposición, pero su carta no llega a destino. Después de un tiempo, P llega a la conclusión de que O no ha tenido en cuenta su propuesta y, a su vez, resuelve no interesarse más por él. Por otro lado, O se siente ofendido porque no tuvo contestación a su carta y también decido no establecer nuevo contacto con P. A partir de ese momento, su disputa silenciosa puede durar eternamente, a menos que se decidan a investigar qué sucedió con sus comunicaciones, esto es, a menos que comiencen a metacomunicarse. Solo entonces averiguarán que P no sabía que O había contestado, y que O no sabía que su respuesta nunca había llegado a manos de P. Como puede verse, en este ejemplo un hecho exterior fortuito interfirió la congruencia de la puntuación.