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Breve introducción a la violencia de género
Tipo: Apuntes
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Definición de violencia. La violencia es un mal que corrompe y destruye a las personas y sociedades de manera lenta y gradual pero efectiva. Conceptualmente la violencia se presenta como un estadio más avanzado de la agresividad. Violencia y familia: violencia familiar e intrafamiliar. Violencia doméstica. La primera pregunta a abordar es: ¿Es lo mismo violencia intrafamiliar que violencia doméstica? NO. A nivel europeo se define la violencia en la familia como: “todo acto u omisión que atente contra la vida, la integridad física o psíquica o la libertad de una persona, o que ponga gravemente en peligro el desarrollo de su personalidad, considerando que tal violencia afecta en particular, aunque en condiciones diferentes, por una parte, a los niños y por otra, a las mujeres. Violencia familiar se entiende como las agresiones físicas y/o simbólicas que se dan en el contexto de la vida privada, en la que se implican vínculos genealógicos primarios. Sin embargo, se entiende como violencia doméstica la que tiene lugar en un ámbito que igual implica condiciones de vida privada, pero que no necesariamente involucra lazos de parentesco primarios, ya que es posible la presencia de relaciones de parentesco en grados secundarios. Por lo tanto, vemos como violencia familiar es aquella violencia ejercida entre los integrantes del núcleo familiar. Y violencia doméstica, sin embargo, es la violencia que se desarrolla entre las personas que conviven dentro del “domo”. De este modo, aquí quedarían incluidas diferentes personas que sin ser familia comparten una vivienda. La conclusión a extraer es que el término “domestica” resulta ser más amplio que el término “familiar”. Violencia doméstica y violencia de género. Si se presta atención únicamente a las mujeres de la casa o de la familia se encuentra una nueva distinción, pues mientras la violencia doméstica encuentra su explicación en las relaciones asimétricas propias de la estructura familiar y puede afectar tanto a hombres como a mujeres; la violencia de género hunde sus raíces en la discriminación estructural del sexo femenino propia de la sociedad patriarcal y por eso sus víctimas siempre son las mujeres. Por lo tanto, la categoría de violencia de género constituye una categoría específica de violencia sociológicamente definida. No es lo mismo violencia de género y violencia doméstica porque una apunta a las mujeres y otra apunta a la familia como sujetos de referencia. La violencia doméstica es de varios tipos dependiendo del sujeto que la lleve a cabo: violencia de género, violencia sobre ancianos, violencia sobre menores… Es por ello que la violencia de
género resulta ser un parte de la violencia que puede llevarse a cabo dentro del ámbito doméstico. Violencia y mujeres. La violencia no es un problema que atañe solo a las mujeres, pues son ellas quienes padecen sus consecuencias, sin embargo, el hecho nos incumbe a todos. La violencia no es un problema “de” sino un problema “para” las mujeres, un problema de la cultura masculina, patriarcal y de los varones. Las agresiones a las mujeres no son una forma más de violencia familiar, sino son un tipo específico de violencia social vinculado de modo directo al sexo de la víctima – al hecho de ser mujer – y cuya explicación se encuentra en el reparto inequitativo de roles sociales o, lo que es igual, en pautas culturales que favorecen las relaciones de posesión y dominio del varón hacia la mujer. Violencia de género. Violencia en contra de la mujer y violencia de género. En el ámbito internacional no existe una definición única, aunque todos los organismos involucrados en el asunto coinciden en que la violencia contra la mujer es una forma de discriminación que es preciso erradicar. La violencia contra la mujer y sus variantes son reflejo de estructuras de dominación. Fue en el ámbito internacional donde empezó a diferenciarse la violencia ejercida contra las mujeres de las violencias sufridas por el resto de familiares. Se definió violencia contra las mujeres como “todo acto, omisión, conducta dominante o amenaza que tenga o pueda tener como resultado el daño físico, sexual o psicológico de la mujer” o “como cualquier acción o conducta, basada en su género, que causa muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. Se debe prestar especial atención a la distinción entre violencia en contra de la mujer y violencia de género, pues ambos conceptos no son lo mismo. La violencia contra las mujeres hace referencia a las formas de violencia cuyas víctimas son las mujeres y que se centra en sus causas, explicaciones y efectos, por lo que no todos los estudios que se realizan en este ámbito aplican un enfoque de género. Sin embargo, violencia de género se refiere a aquella violencia que hunde sus raíces en las definiciones y relaciones de género dominantes en una sociedad, enfoque por el que se pueden analizar diferentes formas de violencia, incluidas algunas que no tienen como víctima directa a una mujer. Extraemos como conclusión, por lo tanto, que violencia contra la mujer es un concepto más amplio que el de violencia de género, pues en el primero cabrían todas aquellas agresiones llevadas a cabo contra mujeres, sin embargo, en la segunda solo podríamos considerar aquellas que son manifestación de desigualdad y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres.
Tácticas de presión. Intimida, manipula, amenaza. Falta de respeto. Interrumpe, no escucha, no responde, no respeta tus derechos ni opiniones. Abuso de autoridad y confianza. Invade tu intimidad, no responde tu correspondencia, escucha tus conversaciones telefónicas. Incumplimiento de promesas. Nos respeta los acuerdos, no asume su responsabilidad. Tiranía emocional. No expresa sentimientos, no ofrece apoyo, no respeta tus sentimientos. Control económico. Te niega el derecho a trabajar, te impide el acceso al dinero. Comportamiento destructivo de la personalidad. Abusa del alcohol o las drogas, amenaza con el suicidio. Aislamiento. Evita o dificulta que puedas verte con amistades o familiares, controla tus llamadas, te dice donde puedes y donde no puede ir. Acoso. Te llama constantemente por teléfono en un afán enfermizo de controlarse, te sigue. Intimidación. Gestos de enfado y amenazantes, ostentación de fuerza física, gritos, conducción temeraria de vehículos. Destrucción. Destrucción de posesiones, rotura de objetos contra las paredes. Violencia sexual. Trago degradante de su sexo, coacción para mantener relaciones sexuales contra la voluntad. Violencia física. Golpear, pinchar, tirar del pelo, abofetear, agarrar, morder, empujar, intentos de estrangulamiento, tirar objetos, utilizar armas, quemar, asesinar.
Esta teoría que fue formulada por la antropóloga Leonor Walker es útil para poder llegar a entender los comportamientos de algunas mujeres que sufren violencia por parte de sus parejas. Este ciclo ayuda a intentar comprender porque muchas víctimas vuelven con su agresor. La violencia de género en la pareja se mantiene a lo largo del tiempo, llevándose a cabo de una forma intermitente, alternándose momentos de tensión y violencia con otros de calma, tranquilidad o incluso afecto. Esta intermitencia sigue normalmente tres etapas: a) Acumulación de tensión. Cambios imprevistos y repentinos en el estado de ánimo del agresor. Aquí la víctima intenta controlar la situación con comportamientos que anteriormente le han servido. Tiende a minimizar los incidentes, a excusarlos o justificarlos. Esta primera fase puede mantenerse durante periodos de tiempo largos. b) Explosión de la violencia. En esta segunda fase, el agresor descarga la tensión acumulada durante la fase anterior a través de un incidente más grave que los anteriores. La motivación del maltratador resulta ser el hecho de castigar los comportamientos de la mujer que bajo su planteamiento de poder y desigualdad son inadecuados. Este incidente se detiene en el momento en el que el hombre considera que ella ya ha aprendido la lección. La víctima, es decir, la mujer vive esta fase como que el enfado de él está fuera de control. La mujer al finalizar esta segunda fase, queda en un estado de conmoción, no queriendo creer lo que ha sucedido, minimizando el ataque e incluso llegando a negar la situación. c) Luna de miel (reconciliación). La última fase, consiste en la manipulación efectiva que se caracteriza principalmente por la disminución de la tensión. El maltratador puede pedir perdón, prometer no volver a hacerlo, reconocer la culpa y plantear cambios. El agresor no mantiene estas conductas violentas de forma continuada para evitar así que la mujer pueda adoptar conductas evasivas o de escape. La victimización de la mujer se hace más profunda en esta fase estrechándose la relación de dependencia mujer – maltratador, la mujer suele retirar los cargos y abandonar el tratamiento amarrándose a la esperanza de que todo va a cambiar. Esta tercera fase es de duración limitada, pues no responde al arrepentimiento, sino que el maltratador en el momento en el que perciba que ya no hay riesgo de que la relación se destruya, el ciclo se iniciará de nuevo y se volverá a repetir.
Hay muchos tipos de maltrato y maltratador, pero es posible encontrar características típicas en este tipo de agresores. Mucha gente cree que el maltratador es una persona de baja formación, con poco nivel adquisitivo, ideas machistas y tendencia a la violencia, pero eso es un mito, no hay un perfil social del maltratador. La situación familiar, económica o profesional no es lo que convierte a un hombre en un agresor, son las ideas que se le enseñan desde la infancia o las actitudes que ven en los familiares más cercanos. Podemos decretar algunas características que son comunes en muchos casos de violencia de género: En primer lugar, generalmente los maltratadores suelen tener buena imagen pública, es decir, fuera del hogar suelen actuar con total normalidad. Es en el hogar o en la vida privada donde se desarrollan los malos tratos. Una característica común en casi todos los tipos de maltratadores es el sentimiento de inferioridad respecto a sus semejantes, y esto le provoca una frustración que se puede transformar en violencia contra quien está en situación de vulnerabilidad. Estas personas necesitan ejercer dominio sobre las personas a quien consideran inferior, que en estos casos es la pareja. Suelen tener actitudes sexistas, se creen todos los estereotipos sobre la mujer. Son personas de valores tradicionales de género. Cuando el hombre agrede a la mujer tiene un objetivo y es ejercer el poder sobre ella y mantener el control. El individuo tiende a tener una elevada necesidad de poder y necesidad de imponer sus propias opiniones, es decir, necesitan que las cosas se hagan a su manera, y si no lo consiguen pueden imponerlo a la fuerza. Defienden sus necesidades y/u opiniones sin tener en cuenta los deseos de la otra persona, son egocéntricos/as y por este motivo pueden surgir violaciones conyugales, es decir, las relaciones sexuales en la relación sin el consentimiento de uno de los cónyuges. Otra característica fundamental es que no suelen tener capacidad de responder asertivamente a los diferentes problemas que les surgen, es decir, no responden bien a los cambios, les frustran los problemas y esa es una de las razones por las que puede surgir una conducta violenta. Una característica de los maltratadores, aunque no se cumple en todos los tipos, es el alto grado de dependencia hacia la mujer. Como ya hemos dicho antes, suelen tener un sentimiento de inferioridad, y eso puede provocar miedo al abandono, por eso se producen los celos, el intento de aislar a su pareja y que ésta dependa de ellos. La persona maltratada es considerada un objeto de su propiedad que debe permanecer fiel y cumplir sus deseos. Este tipo de agresor suele reiterar estas conductas con todas las mujeres con las que tiene relaciones de pareja. Por norma general tienen un elevado nivel de neuroticismo, pueden pasar de la felicidad a la tristeza o del afecto al desprecio, no tienen estabilidad y esto produce frustración, que junto a la elevada impulsividad puede llevar a posibles agresiones. Además de esto, tienen niveles bajos de empatía, no piensan en los sentimientos de la otra persona, solo piensan, como ya hemos comentado antes, en sus propios deseos, por eso no se dan cuenta o no quieren ver que están maltratando a su pareja, o en algunos casos, tienden a considerar que la violencia
está justificada, disminuyen la importancia de las agresiones o culpabilizan a otra persona o incluso a la persona maltratada. No asumen su violencia, no la consideran un problema. Posiblemente los hombres que maltratan a sus parejas hayan sido maltratados por algún familiar en la infancia. Además de todo lo dicho anteriormente, en muchos casos los maltratadores poseen una gran capacidad de manipulación. Los maltratadores convencen a las víctimas de que las agresiones fueron llevadas a cabo por el bien de éstas.
Rusia, un país donde cada 40 minutos muere una mujer asesinada, despenalizó la violencia de género, rebajándola a una simple sanción económica. Por el contrario, el Parlamento de Túnez adoptó la ley contra la violencia de género más ambiciosa del mundo árabe, la cual castiga todos los tipos de agresiones sexistas y el acoso sexual. En torno al 24 % de las adolescentes y niñas en todo el mundo están casadas antes de cumplir los 18 años, frente al 30% de los años noventa. El matrimonio no termina únicamente con el proyecto educativo y vital de millones de niñas y mujeres menores de edad, sino que es un factor que acentúa la probabilidad de que estas sufran violencia por parte de sus maridos. En términos relativos, los países donde más se lleva a cabo esta práctica son África central y occidental, donde el 40% de las jóvenes se casan antes de los 18 y el 14% antes de los 15, India y Bangladés. En todo el mundo, todavía hoy existen 34 países donde no se juzga a los violadores si están casados con sus víctimas o si se casan posteriormente con ellas. En muchos otros, concretamente en África Subsahariana y Asia, la violación no se contempla si se produce dentro del matrimonio, hecho que deja a las mujeres desvalidas si quien las viola es su marido. Por último, mencionar que la violencia machista en el ámbito de la pareja de forma proporcional al total, se da más en jóvenes que en parejas adultas. Este hecho puede resultar a oídos de la población algo inverosímil, no obstante, según Unicef, casi la mitad de los jóvenes entre 15 y 19 años creen que en ocasiones la violencia contra la pareja puede justificarse. Esto es un claro indicador de que una de cada tres mujeres del mundo es víctima de malos tratos por parte de su pareja a lo largo de su vida. PAÍSES QUE NO CASTIGAN EL ACOSO SEXUAL.
Para mostrar las cifras oficiales de violencia de género en España, utilizaremos el programa VioGén. El Sistema de Seguimiento Integral en los Casos de Violencia de Género (sistema VioGén), dependiente de la Secretaría de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior, tiene como objetivos: reunir a las diferentes instituciones públicas que presentan competencias en materia de violencia de género, integrar toda la información que se estime necesaria y realizar valoraciones del riesgo llevando a cabo un seguimiento y una protección a las victimas dentro del territorio nacional. DICIEMBRE DE 2018. Casos de violencia de género – distribución territorial (Datos a 31/12/2018). País de nacimiento víctima: todos los países. Edad víctima: todas las edades. TOTAL = 529.762.