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El cerebro MATERNAL El embarazo y la maternidad cambian la estructura del cerebro de las hembras de mamífero. En virtud de esa transformación, las madres se muestran diligentes con sus pequeños y les prestan los cuidados oportunos 74 Craig Howard Kinsley y Kelly G. Lambert as madres no nacen, se hacen. En los mamíferos, desde las ratas hasta los mo- nos y los humanos, las hembras expe- rimentan cambios de comportamiento durante el embarazo y la maternidad. La ex- periencia transforma organismos autónomos, dedicados a sus nec: individuos centrados en el cuidado y bienes- tar de su prole. Aunque esta transición vie- ne estudiándose desde hace tiempo, es ahora cuando se empieza a comprender sus causas. De acuerdo con la investigación reciente, las drásticas flucuaciones hormonales operadas durante el embarazo, el parto y la lactancia pueden remodelar el cerebro de la hembra mediante el aumento del tamaño de las ncu- ronas cn algunas regiones y la producción de cambios estructurales en otras. De esas regiones, unas se hallan implicadas en los procesos mentales que rigen la construe- ción del nido, la higiene de los pequeños o la protección frente a depredadores. Otras, en cambio, controlan la memoria, el aprendizaje idades y supervivencia, en y las respuestas ante el miedo y el estrés. Se ha demostrado que las raras madre superan a las no preñadas en el desplazamiento por laberintos y en la captura de presas. Amén de motivar a las hembras para el cuidado de su prole, los cambios inducidos en el cerebro por las hormonas pueden intensificar la habilidad para conseguir comida, lo que aumenta las posibilidades de supervivencia de la progenic. Es más, estas ventajas cognitivas parecen ser de larga duración, pues persisten hasta que las ratas madre llegan a la vejez. Aunque los estudios sobre cste fenómeno se han centrado siempre en roedores, la materni- dad podría conferir ventajas mentales de larga duración también a las mujeres. La mayoría de los mamíferos comparten comportamientos Imaternales, que deben estar controlados por las mismas regiones cerebrales en ratas y en humanos. De hecho, se ha sugerido que el desarrollo de la conducta materna constituyó uno de los principales motores de la evolución del cerebro de los mamíferos. En el curso de su evolución a partir de los repriles, los mamíferos remplazaron la es- traregia reproductora de “pon los huevos y corre” por “defiende el nido”; las ventajas, desde el punto de vista de la selección, que ello comportaba privilegiaría la aparición de cambios hormonales en el cerebro con las me- joras cognitivas consiguientes. Hormonas maternales Hace medio s glo se descubrió que las hor- imonas del embarazo avivaban la tendencia protectora de la hembra hacía su prole, en los mamiferos. A principios de los años cuarenta del siglo pasado, Frank A. Beach, de la Uni- versidad de Yale, demostró que el estrógeno y la progesterona, las hormonas de la repro- ducción femeninas, regulaban la agresividad, la sexualidad y otras respuestas en ratas, háms- teres, gatos y perros. En otro trabajo pionero, 1. LOS CAMBIOS DE COMPORTAMIENTO acompañan a la maternidad en casi todos los mamíferos. Nuevos estudios sugieren que las alte- raciones que las hormonas inducen en el cerebro femenino provocan que las madres estén más alerta, más entregadas y más sintonizadas con las necesidades de su prole, a la vez que mejoran Su memoria espacial y aprendizaje. TEMAS 57 JUSTINE COOPER EL CEREBRO, 1OY refuerza el comportamiento maternal, Puestas a elcgir entre cocaína y las crías recién nacidas, la madre prefiere sus crías. Craig Ferris, de la facultad de medicina de la Universidad de Massachusetts, ha estudiado el cerebro de ratas madre lactantes mediante resonancia magnética. Con esta técnica de for- mación de imágenes no invasiva que registra cambios en la actividad cerebral, descubrió que la actividad en el nucleus accumbens de la ma- dre se intensificaba cuando cuidaba de sus crías. El nucleus accumbens es una región clave para el sistema de motivación y recompensa. Por su parte, Ronald ). Gandelman, de la Universidad Rutgers, ha demostrado que, cuando a una madre sc le ofrecía la oportu- nidad de hacerse cargo de crías ajenas —el múrido presiona una barra de su jaula para que las crías se deslicen por una rampa—, la madre seguirá accionando la barra hasta que su jaula se llenc de criaturas rosadas agitadísimas. En opinión de varios expertos, cuando las crías lactantes se unen a los pezones de su madre pueden provocar la liberación de mi- núsculas cantidades de endorfinas en el cuerpo materno. “Tales analgésicos naturales pueden actuar de forma parecida a un opiáceo, impul- sando a la madre a establecer contacto una y otra vez, con sus crías, La acción de amamantar y el contacto con las crías provocan también la liberación de la oxitocina, hormona que puede producir un cfecro parecido en la madre. De lo amterior sc desprende que los mamí- feros inferiores (ratones y ratas), carentes sin duda de los nobles principios y motivaciones de los humanos, podrían cuidar a sus crías por el placer que los proporciona. ¿Qué decir de los motivos de una madre humana? Jelftey P Lorberbaum, de la Univer- sidad de Carolina del Sur, ha recurrido a la técnica de resonancia magnética para exami- nar el cerebro de la madre mientras oye del llanto de su infante. Jos patrones de actividad guardaban semejanza con los de las ratas: la región del APOm del hipotálamo y las corteza prefontral y otbitofrontal aparecían iluminadas (activas). Asimismo, Andreas Bartels y Semir Zeki, del Colegio Universitario de Londres, descubrieron que las regiones cerebrales que regulan la recompensa se acrivaban cuando la mujer se limitaba a contemplar a su niño, Las semejanzas entre las respuestas de humanos y roodores sugiere la exisicncia de un circuito ma- terno común en el cerobro de los mamíferos. Cambios cerebrales Para comprender el funcionamiento de este circuito, se han abordado los cambios que ex- perimenta el cerebro femenino en distintas cta- pas reproductoras. En los años setenta, Marian C. Diamond, de la Universidad de California en Berkeley, aportó algunos de los primeros datos, obtenidos en el estudio sobre la corteza cerebral de ratas preñadas. La capa más ex- terna del cerebro, la corteza, recibe y procesa la información sensorial; controla también los movimientos voluntarios. Las ratas críadas en ambientes enriquecidos sensorialmente (con ruedas, juguetes y túneles) desarrollan cortezas con plegamientos más intrincados que las ratas mantenidas en jaulas desnudas. Sin embargo, Diamond descubrió que la corteza de ratas preñadas procedentes de entor- nos pobres en estímulos sensoriales mostraba una complejidad equiparable a la de las ratas procedentes de entornos estimulantes. Y extra- jo la conclusión de la necesaria combinación de hormonas y factores fetales en la activación del cercbro de ratas preñadas. Dos decenios más tarde, demostrada la im- portancia de) APOm en el comportamiento materno, se inició el estudio de los cambios experimentados por esa región cerebral. A mediados de los noventa, Lori Keyser, de la Universidad de Richmond, mostró que el vo- lumen del cuerpo celular de las neuronas del APOm de ratas preñadas aumentaba. Y no sólo eso, la longitud y el número de dendri- tas de las neuronas del APOm aumentaban a medida que progresaba la preñez, Observó los mismos cambios en hembras sometidas a un tratamiento que imitaba la preñez, basado en la administración de progesterona y estradiol, el estrógeno natural de mayor potencia. Estas alteraciones neuronales suelen ir acompañadas de un aumento de la síntesis y actividad pro- teicas, En esencia, las hormonas del embarazo “Suben de revoluciones” a las neuronas del APOm, anticipándose al parro y a los reque- rimientos de la maternidad. Tras el parto, las neuronas del APOm dirigen la arención y la motivación de la madre hacia su camada; ello la capacita para el cuidado, protección y alimentación de las crías mediante toda la gama de comportamientos maternales. Pero la conducta maternal de las ratas com- prende múltiples tareas que trascienden los cuidados de la prole, Cabía, pues, suponer que otras regiones cerebrales podrían también sufrir cambios, relacionados con los riesgos que entraña el cuídado del nido y las crías. Con frecuencia, la madre debe abandonar cl nido para buscar comida; si permaneciera allí, ella y su camada morirían de hambre. Con ello, sin embargo, aumenta su propia vulnerabilidad y la de su prole ante los depredadore: En nuestra opinión, dos cambios cognitivos mejorarían la eficacia de la rata en la ejecución de esta arriesgada tarca. En primer lugar, un aumento de la destreza para conseguir alimen- T to; por ejemplo, una mayor capacidad espacial para desplazarse por el entorno reduciría el período de tiempo que pasa alojada del nido. En segundo lugar, una disminución del miedo y la ansiedad le ayudaría a tomar la decisión de abandonar el nido, le permitiría encontrar comida con mayor prontitud y le armaría de valor para enfrentarse a un entorno hostil. En 1999 encontramos respaldo para la pri- mera hipótesis: demostramos que, en ratas, la maternidad incrementaba el aprendizaje y la memoria espaciales. Las hembras jóvenes que habían experimentado uno o dos embarazos se las ingeniaban mucho mejor que las no preña- das de la misma edad a la hora de recordar la ubicación de una recompensa alimenticia en dos tipos de laberintos: uno radial de ocho brazos y una versión en tierra firme del labe- rínto acuático de Morris, un recinto circular con nueve pocillos con comida provistos de cebo, Se observó una mejora en la habilidad para conseguir comida en hembras lactantes, así como en madres que llevaban al menos dos semanas sin amamantar a sus crías, Además, las hembras sin preñar al cuidado de crías ajenas se comportaron de forma similar a las lactantes. Este resultado sugiere que la mera presencia de la prole potencia la memoria espacial, bien mediante la estimulación de actividades cete- brales que alteran estructuras neuronales o bien provocando la secreción de oxirocina. ¿Se estimula en las madres alguna otra ha- bilidad relacionada con la obtención de comi- da? En un trabajo reciente sobre ratas, Naomi Hester, Natalie Karp y Angela Orthmeyer, del laboratorio de uno de los autores (Kinsley), han demostrado que las madres son más rápidas que las no preñadas en la depredación. Progenitoras y no preñadas, ambas privadas de alimento, se colocaron en un recinto cuadrado de 1,5 me- tros de lado tapizado de virutas de madera, ente las que se escondía un grillo. Las ratas sin preñar tardaron por término medio unos 270 segundos en descubrir Ja presa; las lacran- tes, en cambio, apenas si tardaron algo más de 50 segundos. Incluso cuando la prueba se realizó con ratas no preñadas más hambrientas o cuando se enmascaró el ruido del grillo, las progenitoras hallaron mucho antes la pieza, Én relación con la segunda hipótesis, Inga Neumann, de la Universidad de Regensburg, ha demostrado que las ratas preñadas y lac- tantes padecen menos miedo y ansiedad que las ratas no preñadas al enfrentarse a desafíos como la natación forzada. (Esos parámetros se estiman a partir de la concentración sanguí- nea de hormonas de estrés.) Jennifer Wartella confirmó estos resultados. Para ahondar en ellos, examinó el comportamiento de las ratas en el recinto cuadrado de 1,5 metros de lado; 78 descubrió que las progenitoras eran más propensas a investigar el terri- torio y menos propensas a perma- necer quietas, dos rasgos indicativos de audacia. Además, se detecró una disminución de la actividad neuronal en la región CA3 del hipocampo y la amígdala basolateral, dos zonas del cerebro que regulan el estrés y las emociones. La resultante mitigación del miedo y del estrés, junto con la intensificación de las habilidados es- paciales, aseguran que la progenitora se decida a abandonar el nido para conseguir comida y regresar lo antes posible al hogar para cuidar de su vulnerable camada. Las alteraciones del hipocampo, que regula el aprendizaje, la memo- ría y las emociones, parecen desem- peñar un papel fundamental en estos cambios de comportamiento. Cathe- tine Woolley y Bruce McEwen, de la Universidad Rockefeller, demos- traron que durante el ciclo estral de la tata hembra (cl equivalente al ciclo menstrual humano) se produ- cen oscilaciones en la región CAl del hipocampo. En esta zona, la densidad de las espinas dendríticas aumentó conforme crecía la con- centración de estrógeno de la hembra, (Las espinas son unas diminutas prolongaciones acuiformes que aportan una mayor superfi- cie para la recepción de señales nerviosas.) Si las leves Auctuaciones hormonales que tienen lugar durante el ciclo estral provocaban cam- bios estructurales de tanta importancia, ¿qué le ocurriría al hipocampo durante la preñez, cuando las concentraciones de estrógeno y progesterona se mamenen elevadas durante un período prolongado? Graciela Stafisso-Sandoz, Regina Trainer y Princy Quadros, del grupo de Kinsley, exami- naron el cerebro de tatas durante las etapas finales de la preñez y el de otras hembras tratadas con hormonas del embarazo, Hallaron una concentración de espinas en la región CA] superior a la normal. Dado que éstas envían información a sus correspondientes neuronas, el aumento de su densidad durante la preñez podría contribuir al reforzamiento de la capa- cidad dé las progenitoras para desenvolverse por el laberinto y depredar. La oxitocina, la hormona que provoca las contracciones del parto y la producción de leche, parece producir efectos también sobre el hipocampo, que mejoran la memoria y el aprendivaje. Según los resultados de Kaauhito Tomizawa, de la Universidad de Okayama, la TEMAS 57 E: z DEA DESTREZAS MATERNALES En los experimentos se ha comprobado que la maternidad potencia el aprendizaje y la memoria espaciales, al tiempo que mitiga el miedo y el estrés. Estos cambios de comportamiento mejoran la capacidad de la madre para conseguir alimento, lo que aumenta las posibilidades de supervivencia de la prole. LABERINTO RADIAL DE OCHO BRAZOS Se empezó por familiarizar a las ratas con un laberinto radial; en un principio, se colocaron cebos con comida en los ocho brazos, después en cuatro, luego en dos y, por fin, sólo en uno. A continuación, se midió la destreza de las ratas para recordar qué brazo seguía conteniendo comida. Las progenito- ras con dos partos o casi culminaban siempre el laberinto con éxito desde el primer día de experimentación; es decir, encontraban el cebo en menos de tres minutos. En cambio, las ratas sin preñar no lo lograban hasta el séptimo dia. Rata no preñada Rata madre dd Ratas madre a Ratas no preñadas completaron el laberinto dd (de un total de ocho intentos) > Número de veces que las ratas o pS! 5 07 9 om 13 1 Día de ensayo LABERINTO ELEVADO CRUCIFORME En este laberinto en cruz, eleyado a 1,2 metros del suelo, se midió cuánto tiempo pasaban las ratas en los dos brazos abiertos, que los múridos tienden a evitar dado que, a diferencia de los brazos cubiertos, no ofrecen cobijo. A cualquier edad, la madre evidenciaba mayor audacia que la no preñada: pasaba más tiempo en los temidos brazos desprotegidos. Rata madre E > ES E Madres con un parto e 8 Porcentaje de tiempo en los brazos desprotegidos Hembras núbiles 6 do Ta Te 22 Edad en meses 80 TEMAS 57 un ritmo inferior. Nosotros añadiríamos que el embarazo y la posterior experiencia ma- ternal podrían haber potenciado el cerebro de las mujeres durante un período crucial, justo cuando la disminución de las hormonas reproductoras inducida por la menopausia daba comienzo. Los beneficios cognitivos de la maternidad pueden haber contribuido a contrarrestar la pérdida de las hormonas que ayudan a conservar la memoria, lo que se traduce en una mejor salud neuronal y una mayor longevidad. ¿Confiere la maternidad ventajas para com- petir con otras mujeres? Por desgracia, escasean en humanos los estudios comparados que cote- jan la capacidad de aprendizaje y memorística espacial de las madres y de las que no han procreado, En 1999, J. Galen Buckwalcer, de la Universidad del Sur de California, demos- tró que las embarazadas obtenían resultados inferiores a la media en varias pruebas de memoría verbal, si bien, poco después del parto, sus puntuaciones remontaban, El es- tudio, basado en una muestra estadística de sólo 19 individuos, no encontró cambios en la inceligencia general, En 1be Mommy Brain, Katherine Ellison aporta numerosos ejemplos que sugicren que las destrezas adquiridas a través de la maternidad podrían ayudar a las mujeres también en su puesto de trabajo, pues la capacidad de liderazgo requiere sensibilidad hacia las necesidades de los empleados y un estado de alerta permanente ante desafíos y amenazas inminentes. ¿Se transfiercn tales ha- bilidades de la cuna a la sala de reuniones? Las investigaciones han empezado a centrar- se en una habilidad que tradicionalmente se asocia a la maternidad: la capacidad para hacer varias cosas a la vez. ¿Son los cambios en cl ce- rebro materno responsables de que las madres sopesen las exigencias simultáneas —cuidado de los niños, trabajo, obligaciones sociales, ercétera— mejor que las que no son madres? lgnoramos la respuesta. Sí sabemos que el cerebro humano posee una elasticidad notable: su escruetura y actividad cambian cuando una persona se enfenta a un desafío. Arne May y su grupo, de la Universidad de Regensburg, han detectado cambios estructura- les en el cerebro de hombres y mujeres jóvenes que habían aprendido a hacer malabarismos con tres pelotas en el aire; las regiones dedi- cadas a la percepción y a la predicción del movimiento se expandieron después de que aprendieran los malabarismos; luego, cuando dejaron de practicar, se contrajeron, Asimismo, es posible que las alteraciones que tienen lugar en el cerebro materno capacicen a la madre para realizar con destreza los “malabarismos” que exige la maternidad, EL CEREBRO, HOY La investigación animal revela que las ratas parturientas son particularmente buenas en la realización simultánea de varias tareas (capacidad multitarea). Los experimentos realizados en el laboratorio de Lambert han demostrado que las ¡madres casi siempre superan a las no preñadas en las pruebas que incluyen el seguimiento si- multáneo de imágenes, sonidos, olores y otros animales, En una carrera por descubrir uno de sus alimentos preferidos (aritos de cereales con sabor a frutas), las ratas que habían experimen- tado dos o más embarazos eran las primeras en conseguir el manjar el 60 por ciento de las veces. Las ratas que habían parido en sólo una ocasión consiguieron el premio el 33 por ciento de las veces; las no preñadas sólo el 7 por ciento. ¿Qué decir del cercbro paterno? ¿Adquieren alguna ventaja mental los padres que cuidan de su prole? Los estudios realizados con el tit común, un pequeño mono de Brasil, aportan algunas pistas, Los titís son monógamos; ambos progenitores participan en el cuidado de la prole. En colaboración con Sían Evans y V. Jessica C pri, de la Jungla de los Monos cn Miami, Anne Garretr, del Jaboratorio de Lambert, estudió ambos progenitores en un “árbol comedero” en el que los monos debían descubrir qué conte- nedores escondían la mayor parte de la comida, Los progenitores (madres y padres) superaron a los que no habían tenido descendencia. La investigación confirmó otros estudios anteriores realizados sobre tatones de la especie Peromyscus californicus. Aquí el macho contri- buye de forma notable al cuidado de las crías Erica Glasper y otros alumnos del laborato- rio de Lambert descubrieron que los ratones progenitores de ambos sexos sacaban mejores puntuaciones que sus homólogos “solteros” en el laberinto de tierra firme. Ashley Everome y Kelly Tu demostraron que los padres eran más rápidos también a la hora de examinar piezas de Lego y otros estímulos nuevos, En resumen, la experiencia reproductora promueve cambios en el cerebro de los ma- miferos que alteran el comportamiento y la destreza, sobre todo en las hembras. Para éstas, el mayor desafío consiste, desde un punto de vista evolutivo, en asegurar la prosperidad de su inversión genética. La conducta maternal ha evolucionado para incrementar las posibili dades de éxito de la hembra. Ello no significa que las madres scan mejores que sus homólogas sin preúar en la realización de cualquier tarca; lo más probable es que se potencien sólo los comportamientos que afectan a la superviven- cia de la camada, Con todo, son muchos los beneficios cognitivos que la maternidad aporta a medida que el cercbro macerno va superando el desafío reproductor, En otras palabras, la necesidad aguza el ingenio. Bibliografía complementaria MOTHER NATURE: MATERNAL INSTINCTS AND HOW THEY SHAPE THE HUMAN SPECIES. Sarah B. Hrdy. Ballantine Books, 2000 THE MATERNAL BRAIN: NEU- ROBIOLOGICAL AND NEUROEN- DOCRINE ADAPTATION AND DISORDERS IN PREGNANCY AND POST PARTUM. Dirigido por J. A. Russell, A, J. Douglas, R..J. Windle y €. D. Ingram. Elsevier, 2001. ATRIBUTE TO PAUL MACLEAN: THE NEUROBIOLOGICAL RELE- VANCE OF SOCIAL BEHAVIOR. Dírigido por K. G. Lambert y R, T, Gerlai, Número especia de Physiology and Behavior, vol. 79, n.2 3; agosto 2003, THE NEUROBIOLOGY OF PARENTAL BEHAVIOR, Michael Numan y Thomas R. Insel, Springer Verlag, 2003. 81