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Asignatura: Historia universal contemporanea II, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UGR
Tipo: Apuntes
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Tema 1º: La crisis del Antiguo Régimen. 1.- La revolución demográfica. Uno de los factores que señala el inicio de los tiempos contemporáneos es, sin lugar a dudas, el crecimiento de la población. La importancia de este fenómeno ha hecho que se hable de revolución demográfica para señalar lo que es el paso del ciclo demográfico antiguo -con elevadísimas tasas de natalidad y mortalidad y alta incidencia de la mortalidad catastrófica, traducido todo ello en un lento crecimiento demográfico- al ciclo demográfico moderno, en el que la mortalidad catastrófica desaparece en un alto porcentaje, las tasas de mortalidad descienden rápidamente y las de natalidad se mantienen, traduciéndose todo ello en un crecimiento vegetativo hasta entonces desconocido. El crecimiento de la población mundial, pese a lo fragmentario de la documentación y a lo escaso de las investigaciones sistemáticas, es un hecho innegable. Podemos estimar que entre 1800 y 1900 la población mundial crece en un 77 por ciento, con un ritmo desigual, como más adelante tendremos ocasión de ver. Este crecimiento demográfico se produce debido a la existencia de una serie de factores que lo posibilitan. Si para explicar la desaparición de la mortalidad catastrófica pueden alegarse parcialmente razones de tipo sanitario/higiénico, presentes también en el descenso de la tasa normal de mortalidad, habrá que aceptar igualmente la importancia que en este fenómeno tuvo la mejor alimentación de la población, biológicamente más fuerte gracias a ello y, a su vez, esta mejor alimentación deberá explicarse en base a un incremento de la productividad que, al menos en parte, debe achacarse a los progresos realizados en el sector agrícola, progresos que en determinadas zonas pueden merecer el calificativo de revolucionarios. El incremento demográfico tendrá unas consecuencias determinantes en la evolución de la sociedad. Todos los aspectos de la vida se irán viendo modificados por la presencia de una población cada vez más numerosa, cuya esperanza media de vida aumenta progresivamente y cuya demanda de puestos de trabajo será cada vez mayor.
Por supuesto, el crecimiento demográfico llamó la atención de los intelectuales, que se preguntaron cuáles iban a ser las consecuencias de un aumento de la población hasta entonces desconocido. En su Ensayo sobre la población (1798), Malthus plantea el problema de la alimentación sobre la conocida apreciación de que mientras los alimentos crecen en progresión aritmética, la población lo hace en progresión geométrica, de donde el hambre se convierte en el horizonte, más o menos próximo, de la humanidad. 5 Al margen del carácter reaccionario de sus juicios sociales, la obra de Malthus estará llamada a ejercer un notable influjo en algunos de los más importantes pensadores del siglo XIX, como Stuart Mill y David Ricardo. Los pensadores socialistas y nacionalistas, en general, criticarían sus planteamientos y conclusiones. Pero de una u otra forma, todos ellos se verían precisados a tomar una postura en relación con el tema. 1.1.- La revolución demográfica en Europa. El crecimiento demográfico se dejó sentir, inicialmente, de forma fundamental en Europa. Aquí encontramos el motor de uno de los factores característicos de los nuevos tiempos: la emigración masiva de los europeos a otros continentes. Si a comienzos del siglo XIX la población europea podía estimarse en 187 millones de habitantes, en 1850 alcanzaba los 266 y en 1900 sobrepasaba ligeramente los 400 millones, ello a pesar de la fuerza de las migraciones, cuyo punto álgido se alcanza precisamente en los años finales del siglo y primeros del XX, previos a la Primera Guerra Mundial. Como consecuencia de las fuertes migraciones, crece también con rapidez la población de las dos Américas y de Australia. Este protagonismo europeo en lo referente al crecimiento demográfico se aprecia en el siguiente cuadro: EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN MUNDIAL DE 1800 A 1929 (cifras estimativas en millones de habitantes) (cifras absolutas y % sobre el total mundial) 1.800 1.850 1.900 1. Europa 187 (20'6) 266 (22'7) 401 (26'2) 478 (26'2)
cambio social con la emancipación de los siervos, cuyas condiciones de vida, dentro de lo míseras que siguieron siendo, mejoraron con respecto a períodos anteriores. Un tercer tipo de motivaciones que contribuyen al crecimiento demográfico, junto con las económicas y las sociales, son las políticas, presentes sobre todo en países que han experimentado un importante proceso, como es el caso de las unificaciones de Alemania e Italia. El retroceso relativo de Francia se debe al rápido descenso de la natalidad en este país, a diferencia de lo que ocurre en otros países, adelantándose a lo que constituirá un segundo paso de la revolución demográfica. Finalmente, el caso de Irlanda está relacionado con la grave hambruna de mediados de siglo y la fuerte emigración que produce. 1.2.- Causas y consecuencias del crecimiento demográfico. Una de las consecuencias más inmediatas de este fuerte incremento de la población es la expansión de los países europeos fuera de sus fronteras. El crecimiento de la población está en la base de la formación del Imperio Británico, o en la colonización de Siberia por Rusia, así como en las presiones de este país en la zona de los Balcanes. En el caso de Alemania, incorporada muy tarde al proceso colonial, el crecimiento se traduce en una abundante mano de obra que posibilita un proceso de industrialización excepcionalmente rápido. 7 Por supuesto, este crecimiento no se produce de una forma continuada y regular a lo largo del siglo. Podemos distinguir cuatro fases diferentes: 1.- Hasta 1820. Es una fase de alza a pesar de las guerras napoleónicas, con una subfase de crecimiento más pronunciado a partir de 1814. 2.- De 1820 a 1850. La crisis económica tiende a paralizar el crecimiento demográfico. 3.- De 1850 a 1880. Fase prosperidad y cambios sociales que se traduce en un sensible incremento de la población. 4.- De 1880 a 1914. Se produce un cierto descenso en el ritmo de crecimiento debido a las crisis agrícolas y a la fuerte emigración. Desde finales del siglo XIX se hace notable el descenso de la natalidad y el envejecimiento de la población. Del cuadro anteriormente mencionado podemos deducir los factores que explican en conjunto el crecimiento demográfico. Sin lugar a dudas el factor clave es el acusado descenso de la mortalidad. Gran Bretaña, con una tasa de mortalidad del 18 por mil en 1900, presentaba un 27 en 1800. Normalmente las tasas de natalidad se mantenían, con lo que el crecimiento vegetativo resultaba muy acusado.
Los progresos en el campo de la higiene y de la medicina explican este proceso en buena parte. En 1796 se descubre la vacuna contra la viruela (Jenner), iniciándose de esta forma la era de la medicina preventiva. A partir de este hecho van proliferando los avances médicos gracias sobre todo a la microbiología (Pasteur, Koch) y mejorando las condiciones asistenciales a los enfermos (introducción de la anestesia parcial en 1846 y de la antisepsia en 1867). Paralelamente, las mejoras en la habitabilidad de las ciudades -agua potable, servicios de limpieza en las calles...-, de las condiciones de vida personales -uso de la ropa interior, del jabón...-, y la revolución de los transportes que limita los efectos de las crisis de subsistencia, contribuyen a este drástico descenso de la mortalidad. En consecuencia, la vida se alarga. La esperanza media de vida se eleva en aquellas comunidades que más se benefician de los adelantos materiales y científicos, con especial incidencia en los ricos y las mujeres. ESPERANZA MEDIA DE VIDA hacia 1850 hacia 1900 Francia 40 50 Alemania 37 49 Reino Unido 40 47 Japón 44 Rusia 31 India 25 8 El incremento de la esperanza media de vida es, como vemos, una conquista de los países ricos. En los subdesarrollados, donde la miseria sigue siendo general, este fenómeno no se produce. (Recordemos que en la España de 1900 la esperanza media de vida se sitúa entre los 30 y los 35 años). De igual forma, en los países en que se produce este incremento, las estadísticas que comentamos tienden a darnos una idea global de lo ocurrido; pero el proceso resulta muy diferente según el estrato social en que fijemos nuestra atención. En París, hacia 1885, la tasa de mortalidad de los barrios acomodados era del 14 por mil, frente al 30 por mil en los populares. Este es un hecho que puede descubrirse en cualquier ciudad en que se realice este estudio. No podemos olvidar que la Revolución
terísticas de nuestro mundo contemporáneo. En un segundo momento, la mecanización del campo acrecienta este trasvase de la población, al exigir las tareas agrícolas menos mano de obra. El proceso, por supuesto, se plantea de muy diversas maneras según las características del medio rural. Las monta- ñas, zonas en las que la subsistencia es más difícil, son las primeras en quedar abandonadas, antes que las llanuras. Las grandes propiedades en las que el campesino trabaja como bracero serán abandonadas antes que las pequeñas propiedades que constituyen el medio de vida de una familia. Reino Unido Francia Alemania Rusia EE.UU. 1851 - 1911 1851 - 1911 1871 - 1911 1851 - 1914 1840 - 1910 pobl. rural 13'5 - 12'6 27'6 - 22'0 26'2 - 25'9 51'6 - 114 15'2 - 49' % de pob. rural 52 - 57 74'5 - 55'8 63'9 - 40'0 92'2 - 81'4 89'2 - 54' Al movimiento de población desde el campo a la ciudad se une, como ya hemos mencionado anteriormente, el movimiento de la población que marcha fuera de su país. A lo largo del siglo XIX y primeros años del XX se calcula que unos 40 millones de europeos marcharon fuera del continente: 17 millones de británicos, 9 de italianos, 6 de alemanes... que marchan preferentemente hacia los EE.UU., Australia, América del Sur y Siberia. Las motivaciones económicas parecen ser fundamentales a la hora de explicar estos movimientos cuya dirección obedece a motivos geográficos (caso de Siberia para los rusos) o culturales (afinidades lingüísticas), junto con las ofertas económicas que presentaron los países receptores. Las salidas se convierten en masivas hacia mediados del siglo, en parte favorecidas por la revolución de los transportes marítimos, pero también impulsadas por los gobiernos y asociaciones profesionales, que ven en la emigración un medio de estabilizar y garantizar el nivel de los salarios. La principal causa de las salidas es la miseria. El hambre de Irlanda en la segunda mitad de la
década de los cuarenta arroja del país a cerca de 1.200.000 irlandeses. El aumento de la presión demográfica en los países menos desarrollados de Europa oriental y mediterránea es el motor del éxodo producido desde la última década del siglo hasta la I Guerra Mundial. Las persecuciones religiosas y polí- ticas están también entre las causas de los movimientos de población. 2.- La revolución industrial En la segunda mitad del siglo XVIII se inicia en Inglaterra un fenómeno que transformará de manera radical la vida del hombre, convirtiéndose en la base del mundo contemporáneo. La revolución 10 industrial, planteada como un proceso que se extiende a lo largo del tiempo, constituye un fenómeno complejo, difícil de explicar en su conjunto, en el que coinciden una serie de aspectos cuya importancia real en el total del proceso no siempre resulta fácil de calibrar. Dentro de lo complejo que resulta intentar definir la esencia de la revolución industrial sí podemos, al menos, señalar algunas de las características más importantes. Por ejemplo, desde un punto de vista cualitativo podemos decir que la sociedad que emana de ella evoluciona de modo continuo, tratándose por consiguiente de un proceso dinámico. Desde un punto de vista cuantitativo podríamos hablar de la constitución de las grandes fábricas en las que se concentran numerosos trabajadores. Por supuesto, los distintos autores que han analizado el tema difieren en sus consideraciones. Lo que inicialmente fue considerado por los historiadores del siglo XIX como un fenómeno esencialmente técnico, fue interpretado a comienzos del siglo XX como un fenómeno básicamente social. El estudio de los orígenes, tanto como el del propio desarrollo de la revolución constituye, pues, un motivo de discusión. En síntesis, podríamos decir que la revolución industrial viene a ser un proceso de cambio constante y crecimiento continuo, en el que intervienen técnicas (máquinas), descubrimientos teóricos (ciencia), capitales y transformaciones sociales, acompañado por una renovación de la agricultura, que permite el desplazamiento de una parte de las masas campesinas a las ciudades. Sobre la base del modelo inglés podemos considerar que la revolución industrial constituye un elemento de modernización de la sociedad en cuya realización influyen una serie de factores.
Lógicamente, la revolución industrial se manifestó primero en aquellas actividades industriales que, por su tradición secular, ofrecían una base más apta para la aplicación de las nuevas técnicas de producción. Es el caso de la industria textil, desarrollada en Italia, Países Bajos, España e Inglaterra desde muy antiguo. El desarrollo de esta industria, sin embargo, no se producirá ya sobre la base de la lana, materia prima tradicional, sino del algodón. Ello es debido a la abundancia de la oferta (producción de Norteamérica, Egipto e India), y a lo bajo de sus precios. El crecimiento de la producción resulta vertiginoso. La industria algodonera británica duplica su volumen cada diez años hasta 1830, fecha a partir de la cual se mitiga el crecimiento, aunque sin detenerse. Manchester se convierte en el gran centro de concentración de la producción, y Londres primero y Liverpool más tarde, en los grandes puertos exportadores. Un segundo sector de crecimiento se localiza en torno a la hulla y el hierro. La importancia creciente del carbón como combustible, en sustitución de la cada vez más escasa madera, posibilita el desarrollo de la industria siderúrgica. El carbón es más barato, más abundante y posee una mayor potencia calorífica. Los centros industriales comienzan a establecerse en las cercanías de las minas. El hierro se convierte en un elemento imprescindible. La producción de las fundiciones inglesas se multi- plica por 100 entre 1750 y 1850. Y la siderurgia va sustituyendo a la industria textil algodonera como motor de crecimiento. 2.3.- La revolución de los transportes. Así pues, el inicio de la industrialización en Inglaterra ofrece la presencia de nuevas materias primas, como el algodón y el hierro, y nuevas fuentes de energía, como la hulla y, sobre todo, el vapor. Este, aplicado primeramente a la industria textil, alcanzará su pleno significado desde el momento en que sea aplicado a los medios de transporte. El ferrocarril, y la revolución en las comunicaciones que
implica, constituye una perfecta muestra de lo que significó la revolución industrial. Sin lugar a dudas, la revolución de los transportes constituye uno de los fenómenos que más va a contribuir al cambio de las formas de vida de la humanidad. En pocos años el mundo va a quedar al alcance del hombre. De una forma progresiva y rápida, los desplazamientos ven reducido de una forma sustancial el tiempo necesario para realizarlos, de la misma forma que la telegrafía aérea permite que las noticias sean conocidas en cualquier rincón del mundo en un mínimo tiempo. En el origen de estos cambios se encuentran una serie de innovaciones técnicas que afectan a todos los medios de comunicación, pero fundamentalmente son tres las grandes innovaciones que constituyen la base de la revolución de los transportes: el ferrocarril, la navegación a vapor y el telé- grafo eléctrico. Iniciada a finales de los años veinte la construcción de la red ferroviaria inglesa con la línea Liverpool-Manchester (1826-1830), en los cuarenta se incorporan al nuevo medio de transporte otros países como Francia, Alemania, Bélgica, España..., de forma que uno de los índices de desarrollo de los países será la densidad de su red ferroviaria. El desarrollo del ferrocarril se convierte en un fenó- meno de tal importancia, aumentando progresivamente su velocidad y potencia gracias al aprovechamiento de los continuos adelantos tecnológicos, que algunos historiadores lo han considerado como el motor fundamental de la revolución industrial, lo cual resulta muy cuestionable, pues más que impulsor de la industrialización habrá que considerarlo como una respuesta a la expansión económica. Su desarrollo implica un gran esfuerzo técnico para conseguir continuas mejoras, unas fuertes inversiones, que en gran parte proceden de los beneficios de la industria inglesa del algodón y, por supuesto, una gran expansión de la industria siderúrgica, cuya demanda se vio incrementada de forma continua por el auge del ferrocarril. No hay que pensar, pese a ello, que su construcción llevara implícito el enriquecimiento del pa-
teoría-, y cualquier hombre con la suficiente capacidad puede desempeñar cualquier cargo dentro de la nueva sociedad. Pero los principios igualitarios de las revoluciones burguesas no implicarán esa misma igualdad en la práctica. Las diferencias sociales en función de los medios de fortuna y cultura son sensibles. Así, el enriquecimiento de los países industrializados, y de sus clases dirigentes, se llevó a efecto mediante la explotación y la miseria de amplias masas de trabajadores, cuya situación fue especialmente trágica durante las primeras fases, en las que se tendía sobre todo a la acumulación de capital, lo que implicaba reducciones drásticas en el consumo y en la inversión. La abundancia de mano de obra disponible posibilita la existencia de esta masa obrera que trabaja en condiciones infrahumanas -las 15 mujeres y los niños tanto como los hombres-, y vive hacinada en viviendas deficientes, mal vestida y mal alimentada. Sin embargo, en donde la demanda de mano de obra no resultó tan abundante - caso de los EE.UU.- la situación de los trabajadores no llegaría a ser tan lamentable. 16 Tema 2º: La Revolución francesa. 1.- Causas y orígenes: los Estados Generales. Desde los tiempos inmediatos a la Revolución hasta nuestros días, la interpretación del fenómeno revolucionario francés ha ido variando de acuerdo con las distintas corrientes historiográficas. Hoy día podemos estimar que los orígenes de la Revolución Francesa pueden situarse en cuatro aspectos:
creciente déficit con la intensificación del sistema impositivo que gravaba a las clases no privilegiadas, los sucesivos ministros de Hacienda pretenden introducir reformas que obliguen a contribuir a las clases privilegiadas. La respuesta de éstas consistirá en solicitar una reunión de los Estados Generales (que no se reunían desde 1614). Ante la convocatoria, cada estamento redacta sus cuadernos de quejas, planteando sus reivindicaciones: clero y nobleza defendiendo sus privilegios y pidiendo que se arbitren medidas para terminar con el excesivo gasto, unificar pesos y medidas, conceder la libertad a la prensa y la convocatoria perió- dica de los Estados Generales. El Tercer Estado solicita la igualdad de los tres Estados , la renuncia de los privilegios por parte de la nobleza y el clero, la libertad de expresión, reunión y comercio... al tiempo que manifiesta su preocupación por la desfavorable evolución de los precios y salarios. Los campesinos piden la abolición de las cargas e impuestos. Los 40.000 cuadernos redactados nos permiten conocer bien toda la problemática socioeconómica de la Francia prerrevolucionaria. La crisis financiera por la que atravesaba el Estado francés no era, como en ocasiones se ha dicho, consecuencia del mantenimiento de la Corte de Versalles. Los motivos, como en otros Estados, hay que buscarlo en el elevado coste que suponía el mantenimiento de los ejércitos, así como en la importancia de la deuda pública contraída como consecuencia de guerras anteriores. La imposibilidad de hacer frente a la deuda estribaba en la desproporción entre gastos e ingresos, y ésta, a su vez, era consecuencia, más que de una supuesta pobreza del país, de la mala distribución de las cargas como consecuencia del sistema estamental del Antiguo Régimen. No solo las clases privilegiadas estaban exentas del pago del principal impuesto la talla-, sino que incluso representativos miembros de la burguesía podían acceder a la exención. Jacques Necker, encargado por Luis XVI de las finanzas en 1777, intentó introducir reformas que
implicaran a las clases privilegiadas en el pago de los impuestos. Fue destituido. Su sucesor, Calonne, intentó establecer un impuesto general que recayese sobre todos los terratenientes sin excepción, una suavización de los impuestos indirectos y la abolición de los aranceles interiores para estimular la producción interior entre otras medidas. Sus reformas implicaban un ataque a la triple organización jerárquica de la sociedad, y para conseguir su aprobación Calonne convocó en 1787 una asamblea de notables, 18 pero no se llegó a ningún acuerdo porque los notables pidieron a cambio de su apoyo participar en el control del gobierno. Destituido Calonne, fue designado Brienne, que abordó la misma reforma pero a través del Parlamento de París, que rechazó el proyecto aduciendo que su aprobación solo podía ser realizada por los Estados Generales. El 5 de mayo de 1789 se abre en Versalles la reunión de dichos Estados Generales. Obtenida una mayor representatividad personal por parte del Tercer Estado, nobleza y clero defienden el voto estamental frente a la petición de un voto por representante planteada por el Estado Llano. Se trata de un problema jurídico -planteado por el abate Sieyés en enero de ese mismo año a través de su folleto ¿Qué es el Tercer Estado?- que refleja dos concepciones diferentes de la sociedad y cuya no solución lleva a la retirada de los miembros del tercer Estado y su reunión en París, en el Juego de Pelota, local donde el 17 de junio se declara en Asamblea Nacional Constituyente, firmando el día 20 el Juramento del Juego de Pelota, comprometiéndose a no disolverse hasta que hubiera redactado una Constitución. Simultáneamente, en el país se viene produciendo movimientos de descontento desde agosto de 1788, motivados por el continuo aumento de los precios del pan entre otros factores. Tras la reunión de los Estados Generales el pan sube en París y otras ciudades, produciéndose algunos incidentes violentos. El 14 de julio se produce el asalto a la Bastilla por las masas acuciadas por el hambre. En los campos, el fenómeno del miedo, que a lo largo del proceso revolucionario hará su aparición en varias ocasiones, provoca los levantamientos del campesinado contra sus señores. El movimiento de masas alcanza desde
Un sector más exaltado, los demócratas, defiende, por medio de Carnot, el sufragio universal y la asunción directa de la soberanía nacional por el pueblo. Relacionado con ellos, pero actuando en la calle en vez de en la Asamblea, se desenvuelve el grupo de Marat. Una de las primeras medidas de la Asamblea Constituyente, adoptada el 4 de agosto de 1789, será la abolición de los derechos feudales y el diezmo. El 26 de agosto se aprueba un documento fundamental: la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Obra de la Asamblea será también la Constitución Civil del Clero, por la cual los sacerdotes se consideran funcionarios públicos y han de jurar fidelidad a la Constitución. Para hacer frente a la crisis financiera se recurre a dos medios: la venta de bienes del clero y la creación de un papel moneda, el asignado, cuya más inmediata consecuencia será un incremento de la inflación. A pesar del incidente provocado por Luis XVI en su intento de huida (Varennes, junio de 1791.) y de la amenaza exterior que supone la declaración de Pillnitz (25 de agosto de 1791: Federico Guillermo de Prusia y Leopoldo II de Austria publican en Pillnitz una declaración contrarrevolucionaria), símbolo de la reacción de las monarquías europeas en favor de Luis XVI, el 3 de septiembre de 1791 es proclamada la nueva Constitución. Se trata de un texto que no puede considerarse pensado para el pueblo, sino para la burguesía moderada que había dirigido los primeros pasos de la Revolución. En ella se establecía como forma de gobierno la monarquía constitucional y se aplicaba la teoría de la separación de poderes, siguiendo los 20 principios establecidos por Montesquieu, así como la descentralización de las atribuciones ejecutivas y el sistema electoral para la designación de todos los cargos. El poder ejecutivo correspondía al Rey, el cual tenía la capacidad de elegir libremente a los ministros, en número de seis, quienes debían responder ante la Asamblea de su gestión. Dichos ministros no podían ser designados de entre los miembros de la Asamblea.
Jefe del Ejército y de la Marina, director de la política internacional francesa, con poder para designar a los altos funcionarios administrativos, el Rey se convertía desde este momento en un funcionario más, aunque fuera el de mayor categoría de la Nación. Su poder respecto a la redacción de las leyes se limitaba al veto suspensivo, ejercible por dos legislaturas. Pero carecía de poder para disolver la Asamblea. El poder legislativo y la verdadera dirección del Estado recaía en un Cuerpo Legislativo, la Asamblea, renovable por elección cada dos años. Recogía las atribuciones de los antiguos Consejos Reales, disueltos todos ellos, la responsabilidad del impuesto público y la promulgación de toda clase de leyes. Era indisoluble e inviolable. El poder judicial, finalmente, recaía sobre un Tribunal de Casación y una Alta Corte de Justicia, cuyos miembros eran designados por sorteo. La Asamblea legislativa, formada por 745 miembros, se constituirá a partir de una clasificación previa de los ciudadanos en activos y pasivos, siguiendo el criterio censitario establecido en la ley de 22 de diciembre de 1789. Puede decirse que el ciudadano activo es la célula sobre la que se construye todo el nuevo sistema. Se trata del francés varón, mayor de edad, no doméstico, que paga al Estado una contribución directa equivalente al valor local de tres días de trabajo (de libra y media a tres libras según el lugar). Por el contrario, los ciudadanos pasivos, los componentes del ahora llamado cuarto estado, quedan relegados a una posición secundaria, gozando de los mismos derechos civiles, pero privados del derecho al voto. El principio censitario reserva al ciudadano activo el derecho a la designación de los electores, sobre la base de un elector por cada cien ciudadanos activos. Dichos electores tenían que pagar una mayor contribución directa, equivalente al valor local de diez días de trabajo (entre 5 y 10 libras). Reunidos en la capital de su nuevo departamento, los electores procedían a la elección de los diputados para la legislatura nacional. Estos tenían que poseer una propiedad territorial cualquiera y pagar una contribución de un marco de plata, aproximadamente 52 libras. Recordemos que el principio electoral se aplicaba también a la designación de los cargos municipales y departamentales, así como al nombramiento de casi todos los cargos judiciales. 21