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El documento discute el concepto filosófico del contractualismo y sus orígenes históricos controvertidos. El autor examina cómo la concepción de las normas éticas y políticas se relaciona con el contractualismo y cómo este puede limitar o restringir nuestra comprensión de las prácticas éticas y políticas humanas. Se mencionan diferentes filósofos y obras relacionadas con el tema.
Tipo: Monografías, Ensayos
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You pay a great deal too dear for what’s given freely. WILLIAM SHAKESPEARE: The Winters Tale , acto I, escena I
tractualista de la moral). [...]. Quizás todo pro- ceda de cierto hábito del lenguaje en este con- texto. Algunos deberes son deberes hacia al- guien; tal vez la mayoría de ellos. Ello establece entonces cierto patrón en el lenguaje, y ciertas expectativas conectadas a él. Y, así, los deberes se deben, y se le deben a alguien.^32
dría contar con una utilización más destacada de este concepto —véase, por ejemplo, Moses Stern- stein, «Improvisation and the Islamic Constitution», Sound Politicks , vol. 11, n.º 2 (2005), pp. 47-50—; pero ésta quizá no sea sino una más de las radica- les transformaciones que ese movimiento significa para el conjunto de la civilización islámica (sin ol- vidar, por lo demás, que los iraníes más bien perte- necerían a la rama jafética que a la semita, si de- seamos conservar tal terminología bíblica).
Paz, « Non solum peritos in ea glorificare », en Teresa Oñate, Cristina García Santos y Miguel Ángel Quin- tana Paz (eds.), Hans-Georg Gadamer: ontología esté- tica y hermenéutica , Madrid, Dykinson, 2005, pp. 613- 677; Miguel Ángel Quintana Paz, «Dos problemas del universalismo ético, y una solución», en Quintín Racionero y Pablo Perera (eds.), Pensar la comuni- dad , Madrid, Dykinson, 2002, pp. 223-253; Miguel Ángel Quintana Paz, «On Hermeneutical Ethics and Education: “Bach als Erzieher”», en Jirí Fuka, Alena Mizerová y Vladimír Strakos (eds.), Bach: Music bet- ween Virgin Forest and Knowledge Society , Santiago de Compostela, Compostela Group of Universities, 2002, pp. 49-109; Miguel Ángel Quintana Paz, “Alas- ka, Heidegger y los Pegamoides”, en Víctor del Río García, Cortao , Salamanca, El Gallo, 1998, pp. 104- 135; Miguel Ángel Quintana Paz, «Ethos de la esci- sión, la Historia, lo humano», en VV.AA., Humanis- mo para el siglo XXI. Congreso Internacional , Bilbao, Universidad de Deusto, 2003, pp. 2-6.
v
la filosofía política de los últimos decenios, cuando ha querido oponerse al modelo liberal y contractua- lista. Véase en Victoria Camps, Per una filosofia mo- desta. Dalla filosofofia pratica all’etica applicata. Mi- lán, Guerini e Associati, 2000, pp. 61-65, una digna recapitulación de tales críticas al hecho de que «el ciudadano venga considerado, solamente , como un sujeto de derechos » ( ibíd. , p. 63). Se trata siempre de reivindicar lo que Augusto Salazar Bondy, Para una filosofía del valor , Santiago de Chile, Editorial Uni- versitaria, 1971, llamó en nuestro ámbito iberoame- ricano «la plurivocidad» de lo moral, y no reducirlo a la univocidad del «contrato».
Ahora veo las cosas como no vi las cosas. La pasión por los hechos trascendentes, la seducción maligna por los grandes enigmas, ficción de una realidad alzada en andamiajes de papel, me cegó el sentimiento por las cosas vulgares. Maravillas que fueron las cosas sorprendidas en el gozo de ver, palpar y acariciar sus formas virginales que ni el tiempo corrompe ni la costumbre estraga; pulso vivo de objetos sin pasiones, que prestan su servicio sin exigir otras compensaciones que el demorado goce de los sentidos, oscuramente caen en nuestro desamor, en polvoriento olvido. Patenas silenciosas en que se alzó la forma de las celebraciones familiares, ahora, al cabo del tiempo, y cuando el tiempo de la vida apremia y con nosotros desaparecerán, me muestran en silencio sus semblantes atónitos.
También las cosas mueren si no las contemplamos en su fulgor doméstico, si no las inventamos cada día y lavamos su cara polvorienta y tocamos con mimo su relieve, el terciopelo ajado de las horas o su gasa sonora de rozar en la sombra, sus turgencias doradas de durazno, su vientre femenino. Pues las cosas nos miran y nos aman y sienten por nosotros y están cerca velándonos, y en esas veladuras que el tiempo va dejando en pulidos marfiles, cristales musicales, en blancas florecientes porcelanas, o en las desconchaduras de jarrones florales, verdecientes cerámicas de juveniles pieles, raspaduras de alpaca que reflejó el semblante grave de nuestras madres, aún estamos sintiendo la pasión de un amor, la exaltación sagrada de la vida. Ahí están diciéndonos que todo sigue igual, como aún sigue la vida de los antepasados que un día nos dejaron y ahora cumplen sus ciclos de tanagras arcaicas, más vivas que los libros. Libros, copias fungibles, calcos, tantas veces inertes objetos sin objeto y sin el brillo, la belleza y la gracia que atesoró en silencio, imagen de las cosas, el alma de las cosas. Ojos de niño tienen las cosas que no vi y ahora estoy tocando con los dedos febriles, con el temblor vidrioso de mis ojos cansados, con la esperanza cierta de que estos seres mudos, monstruosos, oblicuamente esquivos, sibilinos, eternamente opuestos a la razón pensante que no acertó a entenderlos, brillarán a otra luz, luz plena y sin envés, con la cara sin doble de cuerpos inmanentes. Ser viejo quizá sea entrar en otro mundo, a la luz de otro mundo, con otro corazón, otros sentidos, intrascendente ver y escuchar una música inoíble para el oído joven. Aunque no sin dolor y el sentimiento de saber que algún día dejaremos las cosas para siempre.
Cosas