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Conversión de Recaredo, Apuntes de Historia del Derecho

Asignatura: HISTORIA DEL DERECHO, Profesor: Feliciano Barrios, Carrera: Derecho, Universidad: UCLM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 17/10/2014

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neskita7 🇪🇸

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LA CONVERSIÓN DE RECAREDO
Cuestiones:
-¿Qué es el arrianismo?
El arrianismo es una doctrina teológica formulada por Arrio (256-336), así como por algunos de sus
discípulos y simpatizantes. Arrio fue sacerdote de Alejandría y después obispo libio, al parecer tenía origen
judío; y destacaba por su gran elocuencia y erudición. Discípulo de Luciano de Antioquía (fundador de una
célebre escuela teológica), fue ordenado sacerdote ejerciendo su ministerio en Baucalis, una de las nueve
iglesias de Alejandría. No fue sino hasta haber alcanzado la edad de 60 años cuando comenzó a predicar
sus particulares doctrinas, caracterizadas por un descarnado realismo teológico tendiente a eliminar el
sentido del “misterio” que, para muchos, se debió a una fuerte influencia de las escuelas filosóficas vigentes
por entonces. Tales influencias resultaron a la postre, la clave para que sus ideas se impusieran
rápidamente entre sus contemporáneos.
Ellos propagaron desde el 318 la idea de que no hay tres personas en Dios, sino una única persona: el
Padre. Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por Dios de la nada como punto de apoyo para su
Plan de creación. El Hijo es, por tanto, criatura y el ser del Hijo tiene un principio, ha habido un tiempo en el
que no ha existido. Al sostener esta teoría negaba su divinidad. A Jesús se le puede llamar Dios, pero sólo
como una extensión del lenguaje, por su relación íntima con Dios.
El arrianismo admitía la existencia del Dios único, eterno e incomunicable; el Verbo, Cristo no divino sino
pura criatura, aunque más excelsa que todas las otras y escogido como intermediario en la creación y la
redención del mundo. Aunque Arrio se ocupó principalmente de despojar de divinidad a Jesucristo, hizo lo
mismo con el Espíritu Santo, que igualmente lo percibía como criatura, incluso inferior al Verbo.
Arrio, tras formarse en Antioquía, difunde sus ideas en Alejandría. La historia nos relata la rápida difusión
que las doctrinas arrianas tuvieron por el imperio romano, principalmente entre los cuadros militares, los
nobles y hasta en el clero, no así respecto del común del pueblo. Ante el imparable proselitismo de los
arrianos y advertido de sus nefastas doctrinas, el obispo de Antioquía, Alejandro, actuó en consonancia,
generándose una fuerte controversia entre los dos partidos en pugna: el católico y el arriano. Ante esta
situación, el emperador Constantino I, el Grande (280-337), quien en un principio se había mantenido al
margen; junto al papa san Silvestre (313-335) decidieron convocar a un concilio que zanjara este asunto.
Así, el 20 de mayo del año 325, en Nicea, se llevó a cabo el I Concilio Ecuménico, en el cual participó un
gran número de padres conciliares entre los que se encontraban los legados del Papa y los representantes
del arrianismo. En este concilio el partido anti-arriano, bajo la guía de San Anastasio, diácono de Alejandría,
logró una definición ortodoxa de la fe y el uso del término homoousion (consustancial) para describir la
naturaleza de Cristo.
Los representantes del arrianismo se negaron a firmar a firmar el célebre “Símbolo de Nicea” como la
condena impuesta a las doctrinas de Arrio, terminaron por retirarse del concilio.
Fueron condenados los escritos de Arrio, pero él no se retractó y por esto tanto Arrio como sus seguidores
fueron desterrados.
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LA CONVERSIÓN DE RECAREDO

Cuestiones:

- ¿Qué es el arrianismo?

El arrianismo es una doctrina teológica formulada por Arrio (256-336), así como por algunos de sus discípulos y simpatizantes. Arrio fue sacerdote de Alejandría y después obispo libio, al parecer tenía origen judío; y destacaba por su gran elocuencia y erudición. Discípulo de Luciano de Antioquía (fundador de una célebre escuela teológica), fue ordenado sacerdote ejerciendo su ministerio en Baucalis, una de las nueve iglesias de Alejandría. No fue sino hasta haber alcanzado la edad de 60 años cuando comenzó a predicar sus particulares doctrinas, caracterizadas por un descarnado realismo teológico tendiente a eliminar el sentido del “misterio” que, para muchos, se debió a una fuerte influencia de las escuelas filosóficas vigentes por entonces. Tales influencias resultaron a la postre, la clave para que sus ideas se impusieran rápidamente entre sus contemporáneos.

Ellos propagaron desde el 318 la idea de que no hay tres personas en Dios, sino una única persona: el Padre. Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por Dios de la nada como punto de apoyo para su Plan de creación. El Hijo es, por tanto, criatura y el ser del Hijo tiene un principio, ha habido un tiempo en el que no ha existido. Al sostener esta teoría negaba su divinidad. A Jesús se le puede llamar Dios, pero sólo como una extensión del lenguaje, por su relación íntima con Dios. El arrianismo admitía la existencia del Dios único, eterno e incomunicable; el Verbo, Cristo no divino sino pura criatura, aunque más excelsa que todas las otras y escogido como intermediario en la creación y la redención del mundo. Aunque Arrio se ocupó principalmente de despojar de divinidad a Jesucristo, hizo lo mismo con el Espíritu Santo, que igualmente lo percibía como criatura, incluso inferior al Verbo.

Arrio, tras formarse en Antioquía, difunde sus ideas en Alejandría. La historia nos relata la rápida difusión que las doctrinas arrianas tuvieron por el imperio romano, principalmente entre los cuadros militares, los nobles y hasta en el clero, no así respecto del común del pueblo. Ante el imparable proselitismo de los arrianos y advertido de sus nefastas doctrinas, el obispo de Antioquía, Alejandro, actuó en consonancia, generándose una fuerte controversia entre los dos partidos en pugna: el católico y el arriano. Ante esta situación, el emperador Constantino I, el Grande (280-337), quien en un principio se había mantenido al margen; junto al papa san Silvestre (313-335) decidieron convocar a un concilio que zanjara este asunto. Así, el 20 de mayo del año 325, en Nicea, se llevó a cabo el I Concilio Ecuménico, en el cual participó un gran número de padres conciliares entre los que se encontraban los legados del Papa y los representantes del arrianismo. En este concilio el partido anti-arriano, bajo la guía de San Anastasio, diácono de Alejandría, logró una definición ortodoxa de la fe y el uso del término homoousion (consustancial) para describir la naturaleza de Cristo.

Los representantes del arrianismo se negaron a firmar a firmar el célebre “Símbolo de Nicea” como la condena impuesta a las doctrinas de Arrio, terminaron por retirarse del concilio. Fueron condenados los escritos de Arrio, pero él no se retractó y por esto tanto Arrio como sus seguidores fueron desterrados.

Sin amilanarse, continuó difundiendo sus doctrinas heréticas hasta lograr el favor y la protección de gran parte de la nobleza, del ejército y del clero. Por su parte, el emperador Constantino gradualmente relajó su posición anti-arriana bajo la influencia de su hermana , que tendía simpatías arrianas. A Eusebio de Nicomedia (obispo de Constantinopla) y otros se les permitió regresar y pronto comenzaron a trabajar para destruir lo hecho en Concilio de Nicea. Por los manejos de Eusebio de Nicomedia, Constantino intentó traer a Arrio de regreso a Constantinopla y rehabilitarlo, pero murió antes de que llegara, en misteriosas condiciones; probablemente envenado. Aprovechando esta nueva situación, el partido arrio fue ganando terreno y logró el exilio de San Anastasio, quien ya era obispo de Alejandría.

En el año 341 se celebró el Concilio de Antioquía, el cual no fue reconocido como concilio ecuménico y fue encabezado por Eusebio de Nicomedia. Este concilio aceptó varias afirmaciones heréticas sobre la naturaleza de Cristo. La oposición fue tal en Occidente, que Constancio II, emperador de Oriente, y Constante, de Occidente, convinieron en convocar un Concilio en Sárdica en el 343, donde se logró el regreso de Atanasio y su restauración como obispo de Alejandría, así como la deposición de sus sedes de muchos obispos arrianos. Tras la muerte de Constante y el advenimiento de Constancio como único emperador en el año 350, los arrianos recuperaron mucho de su poder, generándose persecuciones anticatólicas en el Imperio. Durante este período se dio el momento de mayor poder y expansión de la herejía arriana con la unificación de los diversos partidos en el interior del arrianismo en el año 359 y su máximo triunfo doctrinal en los concilios de Seleucia y Arimino.

Cuando parecía humanamente que la fe católica se perdía, las cosas se volvieron en contra del arrianismo. Constancio murió en el año 361, dejando al arrianismo sin su gran protector. Más adelante los semiarrianos, escandalizados por la doctrina de sus copartidarios más radicales, empezaron a considerar la posibilidad de algún arreglo. Bajo el gobierno del emperador Valentiniano (364-375), el cristianismo ortodoxo fue restablecido en Oriente y Occidente, y la ejemplar acción de los Padres Capadocios condujo a la derrota final del arrianismo en el Concilio de Constantinopla en el año 381. Fue definitivamente condenado y considerado como herejía en el mundo católico. Sin embargo,el arrianismo se mantuvo como religión de algunos pueblos germánicos hasta el siglo VI, cuando Recaredo I, rey de los visigodos, se bautizó como católico en el año 587 e impuso el catolicismo como religión oficial de su reino dos años después con la lucha y oposición de los visigodos arrianos, tras el III Concilio de Toledo (589).

Por tanto,el arrianismo es definido como aquellas enseñanzas defendidas por Arrio opuestas al dogma trinitario determinado en los dos primeros concilios ecuménicos y mantenido en la actualidad por la Iglesia católica, las Iglesias ortodoxas orientales y la mayoría de las iglesias protestantes.

A pesar de que el Arrianismo como tal fue exterminado, se considera continuadores de ciertos aspectos del arrianismo a varias comunidades religiosas: la cristología de los Testigos de Jehová, quienes consideran, igual que el arrianismo que Jesús es el unigénito del Dios Padre, y no Dios mismo. Los socinianos, no creen en el aspecto de Jesús Dios, por lo que en parte son considerados herederos del arrianismo. Teologías actuales surgidas en la Iglesia católica acusadas de reproducir

episcopado arriano y católico. Devolvió las propiedades confiscadas por su padre Leovigildo e instituyó los Seniores Gothorum, asamblea del consejo real donde se reunían los aristócratas visigodos más poderosos.

Gracias a estas medidas, quizás, no se produjeron atentados contra su reinado. Pacificar el reino godo significaba resolver también el problema religioso. Él se había convertido al catolicismo y desde ese momento se propuso que todo el pueblo godo adoptara el catolicismo. A lo largo de dos años, el rey movió sus piezas y logró convencer a nobles y obispos, garantizándoles sus privilegios si se convertían al cristianismo. El reino visigodo tomó a partir de entonces un nuevo rumbo marcado por la entente entre Iglesia y Estado. En el año 589 se va a producir el acontecimiento, sin duda, más importante en el reinado de Recaredo: el III Concilio de Toledo, por el cual el rey convierte al pueblo suevo y godo al cristianismo. Este suceso lo trataremos más detallado a continuación.

Recaredo falleció el 21 de diciembre del año 601. Más allá de su reforma religiosa, su reinado se caracterizó por asumir el legado de Leovigildo: la unidad territorial de la Península Ibérica y la instauración del principio de sucesión dinástica.

-¿En qué concilio se produce la conversión?

Poco después de su acceso al trono, el rey Recaredo se convirtió a la religión cristiana, haciéndose bautizar en secreto. Desde ese momento intentó convencer a los obispos arrianos para que aceptaran la doctrina trinitaria, celebrando tres reuniones: una con los obispos arrianos, a los que animó a reunirse con obispos católicos para discutir los problemas teológicos y determinar cuál era la verdadera fe; una reunión conjunta de obispos católicos y arrianos, con fuertes polémicas entre ambos bandos y con un Recaredo presionando a favor de los católicos; y finalmente, no habiendo logrado convencer a los arrianos, una reunión con los obispos católicos a los que comunicó que ya había realizado su opción por el catolicismo. En el momento en el que comunica a los obispos su fe estaban presentes muchos nobles visigodos, y al parecer lo siguieron, y en torno al verano del año 587 las iglesias arrianas fueron expropiadas y entregadas a los católicos.

Conversión de Recaredo I a la religión católica.

Dos años después, en 589, se celebró el III Concilio de Toledo. Poco antes de celebrarse dicho Concilio, Recaredo comunicó que dejaba sin efecto la prohibición para la Iglesia de celebrar sínodos provinciales de obispos. En el Concilio

Toledano, el papel de Recaredo fue el de monarca ortodoxo que hace la profesión de fe en nombre del pueblo que ha conducido hasta el umbral de la Iglesia. El rey visigodo había convocado a los obispos a reunirse en asamblea, y en su presencia tuvo lugar la inauguración oficial del Concilio, la mañana del 8 de mayo de 589. Las palabras de Recaredo en el aula conciliar, dirigidas el Episcopado del reino subrayan el protagonismo del monarca en la conversión de sus súbditos. Los godos y los suevos eran los dos pueblos que Recaredo había arrancado de las tinieblas de la herejía y ofrendaba ahora a la Santa Iglesia.

Asistieron a este Concilio setenta y dos obispos, personalmente o mediante delegados; además de los cinco metropolitanos, siendo las figuras más destacadas Leandro de Sevilla (instigador de la conversión de Hermenegildo) y el abad de Servitanum, Eutropio.

Además de la conversión de suevos y godos al catolicismo, se acordaron otras decisiones como, por ejemplo, transferir la jurisdicción de las iglesias arrianas a los obispos católicos, adoptar el credo, y prohibir los matrimonios que los eclesiásticos arrianos practicaban; estas leyes fueron promulgadas por el rey en la llamada “Lex in confirmatione concilium”. También el latín se impuso sobre la lengua goda, y se sometieron todos los habitantes a una Lex Romana custodiada por los visigodos que adoptaron todos los usos y costumbres hispanorromanos.

Otra contribución que el III Concilio de Toledo efectuó fue la asistencia no sólo de obispos, sino también de muchos nobles, servidores y cooperadores del rey. Surgía, de este modo, un primer modelo de Asambleas. A partir de la conversión de Recaredo, estas asambleas, eclesiásticas y romanas en su origen, alcanzaron una extraordinaria importancia política y se convirtieron en uno de los órganos fundamentales del Estado visigodo. Sin embargo, estas Asambleas traerían una aportación negativa. El imperio romano había considerado el judaísmo como religión lícita, lo que facilitó mucho la diáspora hebrea por Europa, alcanzando a Hispania. El romano San Agustín elaboró una doctrina por la cual consideraba que el pueblo elegido era el judío, de donde partió el cristianismo. Por esto, era necesaria una tolerancia al judaísmo. Frente a esta doctrina, el III Concilio de Toledo aprobó otra antagónica: no era posible la convivencia entre dos religiones.

Las decisiones del Concilio adquirieron fuerza de ley al publicar el rey un Edicto de confirmación. La desobediencia era castigada con duras penas.

El III Concilio de Toledo dejó una huella indeleble en la historia religiosa española. Pero su importancia desborda el estricto marco histórico hispánico para alcanzar una dimensión más amplia: católica. Se contempla el Sínodo toledano, proyectado sobre el horizonte de la Iglesia universal, como el acontecimiento que representa la definitiva victoria de la Ortodoxia sobre el Arrianismo.

El Concilio aparece a la vez como el origen de la unidad católica de España y el punto de agotamiento del ciclo vital de la gran herejía trinitaria de la Antigüedad cristiana. Por tanto, vale la pena poner de relieve esta doble dimensión -española y ecuménica – que tuvo en la historia de la Iglesia el III Concilio de Toledo.

intervención exclusiva de los sacerdotes (obispos, presbíteros y diáconos autorizados), y sólo después se discutía acerca de otras cuestiones concernientes a la vida política del reino, con asistencia entonces de los magnates del Aula Regia. Los acuerdos del concilio o decretos conciliares (cánones), una vez redactados, eran promulgados y a continuación firmados por todos los que habían asistido a dicha reunión. Estos decretos conciliares, cuya violación era castigada con la excomunión, tenían que ser firmados por el Rey mediante la promulgación de una ley( Lex in confirmatione Concilii) en confirmación de las decisiones del Concilio, con lo que dichos acuerdos adquirían fuerza de ley civil.

Como hemos mencionado, en los Concilios se trataban principalmente asuntos doctrinales religiosos y pautas de comportamiento eclesiástico, aunque también otros de naturaleza diversa como las condiciones necesarias para la elección del monarca, o la forma en que debía llevarse a cabo. También supervisaron la legitimidad de de los levantamientos otorgando su refrendo moral a quienes por la fuerza habían alcanzado el poder, asegurando las garantías judiciales de magnates y eclesiásticos. Por otra parte, los Concilios de Toledo sancionaron con su autoridad moral las leyes y decisiones regias, definieron las normas morales a las que debía ajustarse la actuación real, aprobaron los edictos del rey, de su familia y de los “fieles al rey”; el castigo o perdón de los rebeldes al Estado y las persecuciones religiosas contra los judíos. Con ello lograron los Concilios la intervención de los obispos en la elección de los reyes, en la administración pública y en las funciones legislativas y judiciales.

Estos Concilios toledanos fueron de gran trascendencia para la historia de la Iglesia Católica. Con el correr del tiempo se han transformado en fuente de consulta para la liturgia, la praxis pastoral de la Iglesia y la disciplina. Son una fuente importante del derecho eclesiástico. Los cánones de un Concilio se resumían en el siguiente y así sucesivamente hasta que se formaron colecciones de cánones. La más famosa de ellas es la llamada Hispania.

Actualmente, en Toledo encontramos un museo de dichos Concilios, así como de la cultura visigótica en la Península. Este museo se instaló en 1969 en la Iglesia de San Román. Contiene códices en letra visigótica y ejemplos de hallazgos arqueológicos, de orfebrería y joyería, procedentes tanto de la ciudad de Toledo como del resto de la provincia.

L A

C ONVER

SI ÓN DE

R ECARE

DO I

Cristina Soto Sánchez (1º de Derecho)

Historia del Derecho.