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COSERIU, Apuntes de Filología hispánica

Asignatura: Introduccio a l'espanyol d'hispanoamerica, Profesor: , Carrera: Filologia Hispànica, Universidad: UB

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 08/08/2013

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LOS CONCEPTOS DE «DIALECTO», «NIVEL» Y «ESTILO DE LENGUA» Y EL SENTIDO PROPIO DE LA DIALECTOLOGIA Eugenio COSERIU INTRODUCCIÓN 1.1 Me propongo examinar brevemente aquí y aclarar, en la medida de lo posible, el concepto de «dialecto» en relación con los conceptos de «nivel» y «estilo de lengua», para tratar de establecer el sentido propio de la dialécto- logía y su lugar entre las disciplinas lingúlísticas y para fundamentar una breve serie de principios metodológicos que considero de indispensable. aplicación en los estudios dialectológicos en general y en los hispanoamericanos en particular. 12. El problema que me propongo tratar es, evidentemente, un problema teórico. Pero, en las ciencias del hombre, la teoría, como hay que entenderla, aun no siendo mera «generalización» ulterior a la investigación empírica de los hechos —por ser conocimiento de lo «universal, y no de lo simplemente general —, no es tampoco mera construcción convencional o hipotética «in- dependiente de los hechos», sino que es «toma de conciencias, aclaración conceptual del saber originario que el hombre tiene acerca de sí mismo y de sus actividades, inclusive acerca de la actividad científica. El cometido de la teoría es el de dar cuenta del sentido esencial y del fundamento real de los hechos, y, en nuestro caso, los «hechos» son los estudios dialectológicos mis- mos: ¿por qué los hay, por qué debe haberlos y cuál es su especificidad? En otros términos, la teoría del dialecto y de la dialectología es la dialectolo- gía misma en su momento de reflexividad. No me propongo, pues, la tarea 1 Contrariamente a lo que —explícita o implicitamente— sostienen los estudiosos de orientación positivista, la teoría es anterior a la investigación empírica o «fácticax y no es simple comprobación de lo «común» en una serie de hechos. Por otra parte, contraria- mente a lo que piensan los constructores de teorías aprioristas, pretendidamente «indepen- dientes» de los hechos, el conocimiento teórico no es anterior a la investigación emplrica en el sentido temporal («cronológico»), sino en el sentido lógico o racional: en el sentido de que es fundamento de cualquier investigación de «hechos» (y, ello, aun cuando no se presente como fundamento declarado y explicitado). UA UL, 1981 —que considero ociosa— de establecer un concepto convencional de «dialecto» para luego aplicarlo, sino la de explicitar aquel sentido que el concepto de «dialecto» ya tiene implícitamente en los estudios dialectológicos y por el cual un estudio dialectológico se reconoce como tal y se distingue de otros estudios, no dialectológicos. 13. Tal explicitación es, sin duda, necesaria y debe por lo menos inten- tarse, pues, si es cierto que el concepto de dialecto se posee intuitivamente, y hasta constituye la base de nuestros estudios, también es cierto que el con- cepto mismo se halla muy lejos de estar firmemente es ablecido desde el punto de vista teórico, lo cual es motivo de frecuentes espejismos e incoherencias. En efecto, los dialectólogos se han ocupado mucho y bien de la técnica de la investigación dialectal, pero muy poco, en cambio, del concepto de «dialec- tos, que, sin embargo, es el concepto básico de su disciplina. Hace unos años, A. Martinet, al reseñar una importante obra sobre la dialectología (Word, VUL, págs. 260-62), lamentaba, justamente, la ausencia en ella de wna explicación del concepto de «dialecto» y, por ende, de um criterio objetivo de deslinde de los estudios dialectológicos. Por otra parte, es notorio que la «lialectología se halla como desorientada frente a algunas doctrinas que se han afirmado en la lingiiística en las últimas décadas, en particular, frente al estructuralis- mo: por un lado, se piensa que la dialectología, en cuanto disciplina descrip- tiva, tendría que adoptar el enfoque estructural y, por el otro, parece que la lengua como esistema de isoglosas» espacialmente determinadas se halla en contradicción con la lengua como «estructura funcional». Es necesario, pues, verificar hasta qué punto esta contradicción es real. 14. En cuanto a los conceptos de «nivel» y «estilo de lenguan, éstos, ciertamente, no son nuevos como tales. El concepto de «nivel» es el concepto básico de las discusiones viejas y nuevas acerca de la wejemplaridad» idio- mática y ha sido desarrollado por varios estudiosos norteamericanos, precisa- mente en relación con el problema de la lengua «estándar». Y el concepto de «estilo de lengua» se encuentra ya en la antigua retórica —y no sólo en el sentido normativo— y circula, con mayor o menor conciencia de los inves- tigadores, en la Mamada, «estilística de la lengua» y en los estudios sobre la «parole organiségs y sobre la Umgangssprache, aunque no siempre como concepto claramente distinguido del de «nivel». Pero no parece que los dos conceptos hayan tenido suficiente repercusión en la dialectología. 15. Ciertamente, esta situación se dehe también al hecho de que el plan- teamiento de los problemas aludidos supera los límites de los estudios pura- mente dialectológicos: como cualquier otra disciplina, la dialectología, para percatarse (y dar cuenta) de sus fundamentos debe, de algún modo, situarse fuera de su propio objeto. Por ello, no es de extrañar que ciertas sugerencias 2 U4 ll, 1981 s tiplicidad, la variedad aparentemente infinita de los hechos de lenguaje. Pero, para que un orden introducido en los hechos sea efectivamente científico, este orden debe ser objetivo y real, y no un orden arbitrario y convencional. Un orden es «objetivo» si se establece con criterios obje- tivos y es «arbitrarios si sus criterios son subjetivos, Así, si clasifico las palabras de una lengua en palabras que me agradan y palabras que me desagradan, introduzco, ciertamente, un orden en los hechos Ingiiísticos, pero se trata de un orden arbitrario (aunque esto no significa que ca- rezca de fundamento real). Por otra parte, un orden «real» es un orden que corresponde a un sentido real de los hechos ordenados; de otro modo, es un orden «convencional». Por consiguiente, un orden puede ser «objetivo» y, sin embargo, no ser «real», como suele suceder con las ordenaciones que se realizan con fines meramente prácticos. Así, por ejemplo, si clasifico las palabras españolas (escritas) según el número de sus letras, establezco, sin duda, un orden objetivo; pero este orden no es real y, por consiguiente, no es científico, porque carece de sentido real, aunque pueda servir para fines prácticos, por ejemplo, para descifrar crucigramas. Lo mismo se puede decir del orden alfabético que se emplea con: finalidad práctica en los diccionarios. El sentido real de los hechos lingúísticos está determinado por su valor o función; por ello, toda ordenación Eingiística científica debe fundarse en el valor, en la función de los hechos ordenados, puesto que sólo por su fun- + ción estos hechos son, precisamente, «hechos lingilísticos», y no meros acon- teceres materiales: contrariamente a lo que piensan los lingiiistas mecanicis- tas, no hay ciencia lingúiística independiente del valor de las formas, si la ciencia se entiende aún según el concepto griego de tmorhun, es decir, como actividad que establece la verdad misma de las cosas, y no coma simple or- ganización práctica y convencional, carente de sentido real3. 2.12. Por tanto, si la dialectología es ciencia —como lo es—, nuestro problema es el siguiente: ¿cuál es el orden real peculiar que la dialectología introduce o, mejor dicho, descubre en los hechos lingúísticos al organi- zarlos mediante el concepto de «dialecto»? Y si los «dialectos» pertenecen, por lo mismo, al orden real del lenguaje: ¿cuál es el lugar que ocupan en ese orden real? 2.2. La palabra «dialecto procede del griego Buádextos, que significa «modo de hablar», y esta palabra griega es, a su vez, un derivado del verbo Siahéropes, que significa «hablar uno con otros. Por consiguiente, en el 3 Pero, naturalmente, aun la clasificación de las palabras de una lengua según su di mensión tendría sentido y sería científica si, por ejemplo, todas las palabras de más de tres sílabas fueran, pongamos, palabras derivadas o fueran todas sustantivos. 4 LOS' CONCEPTOS DE «DIALECTO», «NIVEL» Y «ESTILO DE LENGUA sentido etimológico, o sea, según la visión griega de las cosas del lenguaje ¿ola que, por otra parte, no ha cambiado mucho en este caso-—, un «dialecto» “s un modo interindividual de hablar, un «genus loquendi» + tradicional, Ahora bien, un modo común y tradicional de hablar es un sistema de isoglosas realizable en el hablar mismo; y un sistema de isoglosas «completo», o sea, realizable —directa o indirectamente— como actividad lingiiística, es una len- gua, En efecto, el concepto general de «lengua» es el de asistema de iso- glosas comprobadas en una actividad lingúística completa, es decir, que con- siente el hablar y el entender de varios individuos de acuerdo con una tradi- ción históricamente común». Lós límites de la tradición pueden ser diversos, según los casos considerados, y hasta pueden establecerse convencional y oca- sionalmente. Así, podemos hablar de la lengua de una familia, de un barrio, de una ciudad, de una región, de la lengua literaria española, de la lengua española del Siglo de Oro, etc.; todo sistema que pueda funcionar en el hablar (o se deduzca de su funcionamiento en la actividad lingtiística) es una «len- gua» 3, Ello significa que también el concepto de «dialecto» cae bajo el concepto general de «lengua» y que entre dialecto y lengua no hay diferencia de naturaleza o «sustancial». Intrínsecamente, un dialcto es simplemente una lengua; un sistema fónico, gramatical y léxico. Y, de hecho, ya los griegos empleaban en este sentido de manera indiferente sus términos yleoa y Sudhexros. 2.3.1. Así, pues, en sentido «objetivo» (por lo que designa), el término dialecto —contrariamente a una opinión muy difundida— no significa otra cosa que el término lengua. Pero, si todo «dialectoz es una lengua, no toda «lengua» es un dialecto, En efecto, tanto en el uso corriente como en la lin- gúística, hablamos de «dialectos de una lengua», por ejemplo, de «dialectos del español» (de la lengua española), «del italiano», «del francés», etc. es decir, que subordinamos los dialectos a determinadas «lenguas». En tales ca- sos empleamos un concepto particular de «lengua», que también cae bajo el concepto general de lengua como «sistema de isoglosas», pero no evincide con el de un sistema lingúístico inmediatamente realizable en el hablar. Se 4 Es el térmivo que emplea Quivriniano, Inst. orat., L, 5, 29, al referirse a los dia- Tectos griegos. 5 Hay, por supuesto, sistemas de isoglosas que no pueden funcionar. Así, por ejemplo, las isoglosas que corresponden a la extensión mundial de las vocales cardinales constitu- yen, sin duda, un «sistema», mas tal sistema no puede funcionar en el hablar: no puede realizarse bajo forma de actividad lingilística. Ante todo, debe tratarse de un sistema fónico, gramatical y léxico. Pero, por ejemplo, el sistema de isoglosas que representa la unidad de las lenguas románicas es un sistema fónico, gramatical y léxico y, sin embargo, tampoco puede funcionar, ya que presenta demasiados «huecos» (en los numerosos puntos de diver- sidad entro esas lenguas). En cuanto al modo de realizarse en el hablar las «lenguas» y los «dialectos», cf. 2.46. LOS CONCEPTOS. DE «DIALECTO», «NIVEL» Y «ESTILO DE LENGUA» de la expresión xotvh Slexros, «dialecto común» no es una contradicción en los términos, pues designa, por un lado, un modo de hablar que se opone a otros dentro de la misma lengua histórica y, por otro, la virtual coinciden- cia de este modo de hablar con la grecidad. En efecto, también la «lengua común», en cuanto se oponga a otras modalidades de la: misma lengua histó- rica, es un «dialecto». 2.3.3. Una lengua histórica se constituye —es decir, que se delimita como tal y, por ende, como conjunto de «dialectos»— ante todo (y de manera ine- quívoca) por la existencia de una lengua común por encima de la variedad dialectal o, si no hay lengua común, por la conciencia de los hablantes de que sus diversos modos de hablar corresponden a una tradición única (con- ciencia motivada a su vez, sobre todo, por la intercomprensión), como en el caso del griego antiguo antes de la constitución de la'koiné. Las dificultades que a menudo se presentan en la delimitación «objetiva» de las lenguas no son dificultades conceptuales, sino «fácticas»: significan que nos encontramos frente a casos en los que la delimitación histórica «real» simplemente no se da (o no se da de forma cabal) y donde, por tanto, tenémos que empren- derla nosotros para los propósitos de la investigación, como en el 'caso de la mayoría de las lenguas africanas y de las indígerias de América. En tales casos, precisamente, se adoptan criterios como el de la conciencia de los hablantes o el de la intercomprensión, o aun el de la afinidad ' específica objetiva (semejanza intrínseca entre los dialectos considerados y, al mismo tiempo, ' diversidad con respecto a otras lenguas históricas), y también varios criterios a la vez; y, como los resultados logrados sobre la base de tales criterios pueden ser divergentes y no hay un grado absolutamente «decisivo» de semejanza intrínseca, también las delimitaciones correspondientes pueden ser diversas, según las pautas y los propósitos con que se efectúen?. Si, en cambio, hay lengua común constituida (incluso sólo como lengua literaria), los modos de hablar («dialectos») que se relacionan con esta lengua más que con ninguna otra del mismo tipo se atribuyen ——conjuntamente con la lengua co- mún (o literaria) y con el dialecto que constituye su base— a una misma len- gua histórica. En este sentido, justamente, las lenguas comunes son pautas constantes para la 'delimitación de las lenguas históricas. Así, si en la Penín- sula Ibérica hubiese surgido una sola lengua común, hablaríamos de una sola lengua histórica y los dialectos gallego-portugueses, españoles y catalanes se- rían dialectos de la misma lengua. Pero, como históricamente se han desarro- $ Por otra parte, un estatus histórico real se alcanza en todo caso a través de un proceso histórico. Por ello la pregunta ¿lengua o dialecto? puede, eventualmente, no féner contestación objetiva tajante y unívoca, pues un dialecto puede hallarse en vías de inde- pendizarse y de constituirse en lengua histórica autónoma, así como una lengua histórica puede, en principio, hallarse en vías de perder su autonomía y de confluir en otra lengua histórica. GA HE 1981 llado tres lenguas comunes y literarias, tenemos también tres lenguas históri- cas; y el gallego, por ejemplo, no se atribuye al sistema dialectal «española, sino, con la lengua común a la que más se parece, al sistema «gallego-portu- gués» (o simplemente «portugués»). 2.4, La típica relación de inclusión entre «lengua histórica» y «dialecto» y la manera como se delimitan las lenguas históricas implican una serie de corolarios y consecuencias que es oportuno destacar. 2.4.1. En primer lugar, en todos los casos en que el criterio de delimita- ción es la existencia de tna lengua común, los criterios del grado de seme- janza intrínseca y de la intercomprensión se suspenden y quedan inoperan- tes, tanto en sentido positivo como en sentido negativo. Por tanto, las diferencias entre dos lenguas históricas (por ejemplo, español-portugués o danés-noruego, noruego-sueco) pueden ser menores, y hasta mucho menores, que entre los dialectos de una tercera lengua histórica (como, por ejemplo, piamontés y siciliano, o calabrés, dentro de la lengua histórica italiana). Es decir, que puede haber intercomprensión aun tratándose de lenguas históri- cas diferentes y, al revés, aun no habiendo intercomprensión, puede tratarse de dialectos de la misma lengua histórica, 2.42, Más aún: es, en rigor, posiblé que dos lenguas comunes se parez- can entre sí más que los correspondientes dialectos a cada una de ellas, pues lo importante y decisivo es sólo que los dialectos de una lengua histórica se relacionen con la lengua común correspondiente más que con cualquier otra lengua común. Así, en una serie de dialectos A,, Az, Ay A, Ai, As Ar (orde- nados: de acuerdo con sus semejanzas intrínsecas), dos dialectos contiguos y muy semejantes —pongamos A, y A,— podrían constituirse en lenguas co- munes y motivar, por consiguiente, la delimitación de dos lenguas históricas. En tal caso, los dialectos A,, As y A, se atribuirían a la-lengua histórica corres- pondiente a A, y los dialectos As y A, a la correspondiente a Ay: [A Ap Ap As] | Ao Aso Ari, y entre A, y A,, por ejemplo, habría menos semejanza que entre A, y As, pero, precisamente, más que entre A; y A, Es decir, que dialectos muy afines (como A, y As) pertenecerían a lenguas históricas diferentes y dialectos bas- tante diversos (como A, y A,, 0 Á, y A»), a una misma lengua histórica. 2.43. Por lo mismo, dentro de una serie de dialectos, un grupo puede quedar negativamente, o sea, indirectamente, delimitado como lengua histórica autónoma por la constitución de otras lenguas históricas. Así, por ejemplo, si en una serie de dialectos históricamente afines A,, Az, Ap A, 8 UA Ml, 1981 2,46, Si se dejan de lado las lenguas reducidas a un solo modo de hablar (cf. 3.2.2), una lengua histórica, siendo, por lo común, un conjunto de siste- mas lingúíísticos interdependientes, no funciona, es decir, que no se habla, en rigor, como tal: no puede realizarse directa e inmediatamente en el hablar. En efecto, funciona (se realiza) sólo a través de sus «variedades»: de los sis- temas autosuficientes que abarque. Así, nadie habla «el español» (todo el español, o sea, al mismo tiempo, castellano, asturiano-leonés, Davarro-ara- gonés, etc.); lo que se habla es siempre alguna forma determinada del es- pañol, A este respecto se dice a veces que las lenguas «no existen», que son «abstracciones», y que sólo existen los dialectos, que constituirían en este sen- tido la realidad primaria e inmediata del lenguaje; y se entiende que no exis- ten como «lenguas» las lenguas históricas y que sólo existen los sistemas lin- giñísticos inmediatamente realizables en el hablar, que serían, precisamente, «dialectos». Pero ello no es aceptable en esta forma *. Sin duda, las lenguas históricas no existen como «lenguas» si por «lenguas se entiende un sistema lingiiístico completo y autosuficiente (realizable de manera inmediata en la actividad de hablar), pues no existen de este modo. Pero, tratándose de sis- temas lingúiísticos autosuficientes considerados como tales, no hay, en reali- dad, diferencia entre «dialecto» y «lenguas; y esos sistemas se llaman más bien «lenguas» que «dialectoss. Por otra parte, un «dialecto», en el sentido propio del término (que es el de «lengua menor subordinada a una lengua mayor»), puede ser un sistema autosuficiente, pero no lo es necesaria- mente. Al contrario; como la única condición para un «dialecto» es que se trate de un sistema de isoglosas incluido en una lengua histórica (lo cual no implica ninguna exigencia absoluta acerca de su extensión ni acerca de su configuración interna), también los dialectos pueden abarcar —y normalmente abarcan— toda una serie de variedades y, por tanto, como las lenguas his- tóricas, las más de las veces funcionan en el hablar sólo de manera «mediata» ía través de esas variedades). Así no se habla propiamente «el asturiano- leonés», y menos aún «el castellano», sino, en cada caso, una forma determi- nada de asturiano-leonés o de castellano. Adviértase, asimismo, que, de acuer- do con la actitud aludida, se llegaría a la conclusión paradójica de que no existen las lenguas como el español, el inglés, el italiano, etc. y sólo existen las lenguas reducidas a un solo modo de hablar, que, normalmente, son len- guas que se hallan en vías de desaparecer (o son ya, en gran parte, «lenguas muertas»). En realidad, el español existe como conjunto de tradiciones, es decir, bajo muchas formas, y, al mismo tiempo, como unidad ideal de estas formas; unidad que, por lo demás, no deja de realizarse en la actividad lin- giiística, pues se presenta en todo hablar «español». M1 Otra cosa es decir que las lenguas (y los dialectos) sólo existen en h- lingúística y en la conciencia de los hablantes. 10 LOS CONCEPTOS DE «DIALECTO», «NIVEL» Y «ESTILO DE LENGUA» 2.4.7. Las variedades identificadas dentro de un dialecto serán a su vez «lenguas» o «dialectos» (y, eventualmente, «subdialectos» y «sub-subdialec- tos), según el punto de vista que se adopte. Se llamarán «lenguas», si se delimitan independientemente de su relación con otros sistemas (por ejemplo, «la lengua de Montevideo»); se llamarán «dialectos» si se delimitan direc- tamente dentro de una lengua histórica (por ejemplo, «el dialecto dei Valle de X») y se llamarán «sub-» y «sub-subdialectosa si se delimitan dentro de un dialecto. Así, el andaluz de Sevilla, si se considera absolutamente (en virtud de una delimitación ad hoc), será «la lengua popular de Sevilla». Y -si se considera desde el punto de vista.de su estatus histórico será: «el dialecto de Sevilla», si se deslinda directamente dentro de la lengua histórica espa- ñola; «el subdialecto de Sevilla», si se deslinda dentro del «dialecto andaluz» ; y «el sub-subdialecto de Sevilla», si se deslinda dentro del andaluz y éste se considera, a su vez, en relación con el «dialecto castellano», como «subdialec- tos del mismo. Es decir, que, tratándose de la relación «lengua»-«dialector y siendo el concepto mismo de «dialecto» un concepto «relacional» (concerniente a entidades determinadas como «dialectos» exclusivamente por su relación de subordinación a una lengua histórica y que, de otro modo, son simplemente «modos de hablara o «lenguas»), también la aplicación de la terminología correspondiente será «relacional*: los mismos términos se aplicarán a enti- dades diferentes y las mismas entidades se designarán mediante términos dife- rentes, según la relación que se considere en cada caso. 2.5. A los rasgos definitorios del concepto de «dialecto» implícitos ya en el significado griego de Séhexros —«modo de hablar» («lenguan) y «subordi- nación a una lengua históricas — se añade comúnmente (aunque no siempre), en el uso terminológico de la lingúlística y de la dialectología (e incluso en el empleo corriente del término), el rasgo «delimitación en el espacio». Ello, también ya en la dialectología griega: desde Clemente Alejandrino el «día- lector se define como modo de hablar propio de «un lugar» y Gregorio de Corinto (siglos xm-xmm) habla explícitamente, a propósito de los dialectos, de «subdivisiones espaciales» (GroStarptomie romixet). Es cierto que, precisamente te con respecto al griego, hablamos también de un «dialecto homérico», ca- rente de localización precisa, pero lo hacemos ononiendo (por lo menos im- plícitamente) este dialecto a otros dialectos (eólico, dórico, etc.) que sí la tienen: el criterio. aun en este caso, es la extensión espacial, aunque tomada como rasgo negativo. En este sentido, un dialecto es, pues, «una lengua subordinada a una len- gua histórica como variedad espacial de éstas. Y, desde este punto de vista, _£oda lengua considerada en el espacio geográfico será un «sistema dialectal» o un udíalecto». Incluso las lenguas comunes serán «dialectos» cuyos límites podrán coincidir con los de los sistemas dialectales correspondientes, que podrán superar la extensión de esos sistemas (como sucede con el español o u LOS CONCEPTOS DE «DIALECTO», «NIVEL» Y «ESTILO DE LENGUA» puedan distinguirse en el mismo nivel sociocultural (o independientemente de los niveles): por un lado, los «lenguajes»' de los grandes grupos «biológicosa («lenguaje de los varones», «lenguaje de las mujeres», muy diferentes en ciertas comunidades) y de las generaciones («lenguaje de los adultos», «lenguaje de los niños»); por el otro, los «lenguajeso de los grupos. sociales y profesiona- les 15, Los tipos muy generales de estilos conexos, correspondientes a aspectos amplios de la vida y de la cultura y a tipos conexos de circunstancias (por ejemplo, «lengua hablada», «lengua escrita», «lengua literaria»), pueden lla- marse registros idiomáticos. 3.13, Hay que advertir, sin embargo, que todas esas unidades son homo- géneas, en cada caso, desde un solo punto vista, es decir, que la homogenei- dad en un sentido no implica la homogeneidad en los otros dos sentidos: dentro de cada unidad sintópica suele haber diferencias diastráticas y diafá- ticas (de nivel y de estilo); en cada nivel podrán comprobarse diferencias diatópicas y diafáticas, y en cada estilo de lengua, diferencias diatópicas y diastráticas. Por otra parte, no se trata, en la realidad de la lengua histó- rica, de unidades cerradas e «incomunicantes», sino de unidades que ínter- fieren unas con otras y que suelen presentar numerosos elementos comunes: entre los dialectos sintópicos hay comúnmente numerosas isoglosas «diatópi- cas»; entre los niveles, aún más numerosas isoglosas «diastráticas», y entre los «estilos», numerosísimas isoglosas «diafáticas». Un sistema lingiiístico unitario desde los tres puntos de vista, o sea, una lengua «sintópica», «esinstrática» y «sinfática» (es decir, una unidad sintópica tomada en un solo nivel y en un solo estilo de lengua), puede llamarse lengua funcional. Tal nombre se justifica por tratarse, precisamente, del tipo de «lengua» que funciona de manera inmediata en el hablar; en cada punto de un discurso «en español», no se realiza, como se ha apuntado anteriormente, «el español» en general, sino siempre una variedad enteramente determinada del mismo, una de las numerosas «lenguas funcionales» contenidas en la lengua histórica española , En este sentido, una lengua funcional es, dentro de una lengua histórica, un sistema autosuficiente mínimo Y. 16 Cf. a este propósito lo observado (para el léxico) ya por F. De OLivema, Gramática da lingoagem portuguesa, Lisboa, 1536, cap. 38: «E esta particularidade... se faz átre offígios e tratos, como os cavaleiros que té his vocabolos, e os lavradores outros, e os corteskos outros, e os religiosos outros, e os mecanicos outros, e os mercaderes outros.» 37 Pero, naturalmente, en varios puntos de un mismo discurso pueden realizarse varias lenguas funcionales. 1 A este respecto, no es ni necesario ni oportuno llegar a la «lengua individual (ni al llamado «idiolectoz de algunos lingilistas norteamericanos). Por un lado, no hay propia- mente lengua estrictamente «individual», es decir, lengua no hablada con otros, Aun una lengua reducida a un único individuo hablante, sí se habla, se habla por lo menos como si se hablara con otros, Por otro lado, todo individuo hablante conoce en alguna medida 13 UA !L, 1981 3.14. En lo que concierne en particular a los dialectos, cabe hacer toda- vía una distinción ulterior, necesaria para la comprensión de las relaciones entre dialectos, niveles y estilos de lengua en las comunidades idiomáticas en las que hay lengua común. Los dialectos que se atribuyen a una lengua histórica en su delimitación originaria («constitución») en virtud de la existencia de una lengua común ño son, por supuesto, dialectos de esta: última, Al contrario, es la lengua co- mún la que, ya por su base dialectal, es uno de esos dialectos, Pero, por la diferenciación diatópica de la lengua común, pueden surgir nuevos «dialectos» y éstos, sí, pueden considerarse como sus dialectos. Así, el español de América es, fundamentalmente, un dialecto (mejor dicho, un conjunto de dialectos) de la lengua española común (es decir, del castellano en cuanto lengua común); y lo mismo cabe decir del andaluz, del canario y hasta del judeo-español, Los dialectos más antiguos que la lengua común (incluido el dialecto del cual ésta procede), así como los dialectos de las lenguas históricas carentes de forma común, pueden llamarse dialectos primarios; los dialectos surgidos dentro de la lengua común, dialectos secundarios. Y si, dentro de la lengua común, se establece una modalidad ejemplar (lengua estándar), también ésta puede dife- renciarse en el espacio y presentar, por tanto, variedades regionales, que serán dialectos terciarios Y, Las diferencias diastráticas y diafáticas se dan tanto en los dialectos pri- marios como en la lengua común y en la lengua «ejemplar», pero suelen ser más apreciables en la lengua común. Por otra parte, en las comunidades en que hay lengua común y en que, al mismo tiempo, subsisten dialectos pri- marios, éstos suelen corresponder a ciertos niveles y/o a ciertos estilos de lengua, mientras que en otros niveles y para otros estilos se emplea la len- gua común. 8.2.1. En las lenguas europeas (y, probablemente, en general) las diferen- cias internas más notables y, por ello, mejor conocidas son las diatópicas, varias lenguas funcionales (y puede emplearlas en sus «cliscursosa). Incluso los estilos de lengua (aun prescindiendo de los estilos que son alenguajes de grupos») no se distin- guen como tales dentro de la llamada «lengua individual». Pueden darse en un mismo individuo hablante, en el sentido de que todo individuo puede conocer (y normalmente conoce) varios estilos; pero, en cuanto estilos de lengua, no son «individuales»: no son formas de la «lengua individual» (o «idiolecto). 19 Los «dialectos primarios» son los únicos que se llaman constantemente «dialectos», En cambio —y muy en particular si se trata de regiones en que persisten dialectos prima. rios—, los dialectos «secundarios» y «terciarios» no suelen denominarse «díalectos», sino formas «regionalesa de la lengua considerada: «español regional», «francés regional», etc, Ello, porque la lengua común (sobre todo en cuanto «lengua nacional») se identifica táci- tamente con la lengua histórica, Así, en Francia hasta las formas pertenecientes a otras lenguas históricas (occitano, catalán, italiano, vascuence, bretón, alemán) se presentan como 14 BA LIL, 1981 3,3. De acuerdo con los dos primeros rasgos del concepto de «dialecto» («modo de hablar», «subordinado a una lengua»), todas las unidades menores que se distingan dentro de una lengua histórica (o sea, también los «niveles», «estilos», «registros», etc.) podrían llamarse «dialectos». Y, en efecto, ya se ha hablado de «dialectos sociales», por lo cual, por analogía, se podría hablar también de «dialectos estilísticos» (así como de «dialectos de grupos», «dia- lectos literarios», etc.). Sin embargo, conviene mantener distintos los dialectos «espacialess —y, por tanto, reservar sólo para ellos el término dislecto—, pues los modos de hablar distinguidos en el espacio son, efectivamente, diferentes de los demás modos de hablar «intraidiomáticos». 3.8.1, En primer lugar, en nuestras comunidades (y aun en general), los dialectos «espacialesa —en la medida en que son homogéneos— suelen ser sistemas «completos» desde el punto de vista fónico, gramatical y léxico, mien- tras que los niveles y estilos de lengua (si no son al mismo tiempo «dialectos» diferentes: cf. 3.3,2,) son, por lo común, sistemas «incompletos»: en lo que los caracteriza y distingue como tales, son, en cada caso, sólo formas parcial- mente divergentes de un mismo «dialectos. En otros términos: lo «dialectala caracteriza íntegramente un modo de hablar, mientras que los hechos carac- terizadores de los niveles y estilos de lengua conciernen comúnmente sólo a aspectos parciales (aunque, a veces, de validez intrínseca muy amplia). 33.2, Por otra parte, dentro de una lengua histórica (o de una comuni- dad idiomática), la relación entre dialectos, niveles y estilos de lengua es una relación «orientada», precisamente en este sentido: dialecto > nivel > estilo de lengua. Es decir, que un dialecto, al igual que un idioma, puede funcionar en una comunidad como nivel de lengua (por ejemplo, como «nivel popular», si en los demás niveles se habla la lengua común, otro dialecto u otra lengua), y un nivel puede, a su vez, funcionar como estilo de lengua (así, el «nivel popular» puede ser al mismo tiempo «estilo familiar» en otros niveles); lo cual implica que un dialecto puede incluso funcionar como estilo de lengua (constituir, por ejemplo, ese mismo uestilo familiar») *. En cambio, lo con- trario no es cierto: un estilo de lengua no puede funcionar como nivel y un nivel no puede funcionar como dialecto A, 22 Muy Hpivo en este sentido es el caso del griego antiguo, donds, como es sabido, va- rios dialectos —aunque, en parte, en formas especiales funcionaban en el ámbito de la literatura, precisamente, como estilos de lengua (así, el dialecto «homérico», como lengua de la poesía épica y, en general, de las composiciones en hexámetros; el eólico, como lengua de la lírica monódica; el dórico, como lengua de la lírica coral). Análogo es el caso del gallego empleado. en la lírica medieval castellana (en particular, por Alfonso el Sabio). 2 Salvo que los demás niveles o estilos de lengua desaparezcan en la región (o co- munidad) considerada. Pero, en tal caso, el nivel o estilo que persista será al mismo tiempo un «dialecto» fno habiendo otros niveles o estilos que se le opongan). 16 errar LOS CONCEPTOS DE «DIALECTO», «NIVEL» Y «ESTILO DÉ LENGUA» 8.83. Por lo mismo, entre los sistemas de isoglosas que pueden distinguir- se dentro de una lengua histórica, los dialectos son lo más cercano a esta última: en efecto, pueden independizarse y volverse lenguas históricas autó- nomas, mientras que los niveles y estilos de lengua (con la salvedad indicada en la nota 24) no tienen tal posibilidad 3. DIALECTOLOGÍA Y LINGUÍSTICA SINCRÓNICA 4.1, La variedad diatópica, diastrática y diafática, así como las corres- pondientes tradiciones comunes u homogéneas (unidades sintópicas, sinstráti- cas y sinfáticas) se presentan en su ractualidad» en lo que se llama «estado de lengua», o sea, en la sincronía: de Ja lengua histórica. Por tanto, la com- probación y el estudio de los relativos sistemas de isoglosas «actuales» —en sus tres formas fundamentales: estudio de los dialectos, o dialectología; es- tudio de los niveles, o sociolingiiística; y estudio de los estilos de lengua, o estilística idiomática— pertenecen a la lingistica.sincrónica o descriptiva. En cambio, en la perspectiva diacrónica —que puede aplicarse a un solo dia- lecto, un solo nivel, un solo estilo, o a varios a la vez (en cuanto diacronía comparada) — se comprobarán y estudiarán la constitución y el desarrollo. de esos sistemas de isoglosas; se establecerá, por ejemplo, que ciertas isoglosas «actuales» son antiguas en tales y cuales dialectos (niveles, estilos) y recientes en otros, que se han extendido de ciertos dialectos (niveles, estilos) a otros sis- temas del mismo tipo, o también de un dialecto a un nivel o a un estilo de otro dialecto (o al revés), etc. 42.1, ¿Se tratará, entonces, en la dialectología sincrónica, de dividir una lengua histórica en varias porciones espaciales (unidades sintópicas) y descri- bir por separado cada una de esas unidades desde el punto de vista fónico, morfosintáctico y léxico? Pues, precisamente no. Por un lado, tal tarea no tendría mucho sentido (y sería en gran parte ociosa) desde el punto de vista práctico, ya que las (normalmente numerosísimas) unidades sintópicas dentro de una lengua histórica coinciden en muchos aspectos ias con otras y, por tanto, la descripción debería repetirse para los mismos «hechos» tantas ve- ces como unidades sintópicas se hayan distinguido *%. Por otro lado —y es 25 Todo esto, claro está, vale en primer ligar para los dialectos primarios. Pero los dialectos secundarios pueden volverse primarios, si los dialectos anteriores a la lengua .co- mún desaparecen; y los dialectos terciarios pueden, en principio, volverse secundarios (y luego primarios). Así, los dialectos actualmente «primarios» del griego moderno proceden casi integramente de la xowvh helenística (y no de los dialectos primarios del griego antiguo). 28 Y, en rigor, aun dos unidades sintópicas que se distinguieran por un único elemento serían, por lo mismo, unidades diferentes. 17 LOS CONCEPTOS DE «DIALECTO», «NIVEL» Y «ESTILO DE LENGUA» es la geografía lingtiística, que encara directa e inmediatamente la variedad idiomática. Por otra parte, el estudio de la variedad pone de manifiesto también la homogeneidad idiomática (al establecer en cada caso sus límites), mientras que el estudio puntual de las unidades sintópicas (u otras) no puede, por supuesto, atender al mismo tiempo a la variedad del idioma considerado (cf. 4.8,8.). 43.1. A este propósito se plantea el problema de la relación entre dia- lectología y estructuralismo. Se ha afirmado que la dialectología, siendo dis- ciplina descriptiva, no sólo podría, sino que debería ser «estructural», Pues bien, en nuestra opinión, la dialectología, en lo que la caracteriza y determina como disciplina autónoma, no puede ser propiamente «estructural»; y la pro- pia expresión dialectología estructural, o es una contradicción en los términos, o se aplica a una disciplina sólo extrínsecamente estructural y que, por otra Parte, no puede corresponder a toda la dialectología. Más aún: en cierto sen- tido, la dialectología es exactamente lo contrario de la lingúística estructural. Una disciplina propia e intrínsecamente estructural es una disciplina que es- tudia las relaciones internas entre los elementos constitutivos de un sistema, que establece por sí misma las oposiciones funcionales entre esos elementos y las estructuras que tales oposiciones. implican y configuran. Y en este sen- tido la disciplina lingiiística por excelencia «estructural» es la gramática (como morfosintaxis, fonología y lexicología descriptiva), que, en efecto, en el sen- tido que le es propio, establece y describe las oposiciones y estructuras fun- cionales internas de un sistema lingiiístico. No así, en cambio, la dialectología, cuyo objeto específico es muy diferente. 43.2. La teoría lingúística, como teoría de las lenguas, se ha concentrado en las últimas décadas sobre todo —y casi exclusivamente— en las relaciones internas o «de estructuras de los sistemas idiomáticos y, con ello, en el objeto y en el fundamento «real» de la gramática, que, tomada en sentido amplio (como descripción global de un sistema lingiiístico), coincide con la lingiiís- tica estructural %, De aquí que también en otras disciplinas se busquen uni- dades («sistemas») que puedan tratarse de acuerdo con los planteamientos propios de la gramática, es decir, la tendencia a tomar la gramática como mo- delo para todas las disciplinas lingúísticas, así como la tendencia a subordinar —e incluso a reducir— a la gramática esas otras disciplinas y a identificar la 29 Adviértase que ' gramática, en el sentido corriente del término (morfosintaxis), ha sido siempre «estructural», por lo menos implicitamente, y que el estructuralismo moderno no es, en el fondo, sino explicitación fundada del punto de vista «gramaticalo y extensión coherente de este punto de vista a los restantes dominios de la lengua (sistema fónico y sistema léxico). 19 UA Il, 1981 lingúística descriptiva o sincrónica con la descripción gramatical («estructu- ral»). Pero, en realidad, es empírica y racionalmente imposible subordinar (o reducir) a la gramática todas las disciplinas lingilísticas y es un error to- mar la gramática como modelo para disciplinas que tienen otro se ntido, por atender a otras dimensiones del lenguaje. Y, si es lícito identi- ficar la gramática con la descripción estructural, no es lícito identificar a ésta con toda la lingúiística sincrónica o descriptiva. La lingúística estructural re- presenta un enfoque, sin duda, muy importante —y hasta esencial para la comprensión del funcionar de los sistemas lingiiísticos—, pero, al mismo tiem- po, representa una visión necesariamente parcializadora, pues, por su misma índole, se concentra en la homogeneidad idiomática, mientras que en las len- guas históricas la dimensión de la variedad no es menos importante, ni menos «real», que la de la homogeneidad. 4.33. En efecto, el supuesto o postulado fundamental de la descripción estructural es el de la unidad del sistema que se describe, pues las oposiciones y estructuras funcionales sólo pueden establecerse en un sistema único y uni- tario, y no en varios sistemas a la vez. Sólo lo que es estructura funcional en la lengua misma puede —y dehe-— describirse estructuralmente, y no tam- bién lo que no lo es; y «estructura funcional» significa, justamente, estructura comprobada en tn sistema, en un modo de hablar enteramente determinado *. De aquí que la distinción entre sincronía y diacronía no sea suficiente para delimitar el objeto propio de la descripción estructural: de hecho, dentro de la sincronía, hay que distinguir ulteriormente entre unidad y diversidad, es decir, entre sintopía, sinstratía y sinfasía, por un lado, y diatopía, diastratia y diafasta, por el otro. En rigor, objeto de una descripción estructural puede ser únicamente una lengua, no sólo sincrónica, sino también sintópica, sinstrática y sinfática: un dialecto puntual (u homogéneo) considerado :en un solo nivel y en un solo estilo de lengua, o sea, una «lengua funcional» (cf. 3.13,). Es lo que, en el fondo, se admite en todo tipo de estructuralismo, por lo menos in- tuitiva y tácitamente. Por ello, la descripción estructural («gramática»), considerada en sí misma, no es nunca edialectología», ya que, al concentrarse en un solo sistema lin- gilístico, ignora (hace abstracción de) las diferencias diatópicas, así como, por otra parte, también ignora las diferencias diastráticas y diafáticas 31, Mejor 30 Así como no tendría sentido tratar de establecer oposiciones “comunes para español largo, burro, e italiano largo, burro, que no significan lo mismo en ambas lenguas, tampoco tiene sentido el tratar de establecerlas para castellano vereda y rioplatense vereda, que también tienen significados diferentes («sendero»-«aceran). 31 El hecho de que también en este caso los materiales puedan reunirse mediante inves- tigaciones ede campo» no es motivo para identificar la gramática con la dialectología, pues las disciplinas Uingiísticas no se distinguen por la técnica empleada en la recolección de sus materiales. 20