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Resumen para emprender criterios ambientales
Tipo: Monografías, Ensayos
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EXCMO CABILDO INSULAR DE TENERIFE
EQUILIBRIO TERRITORIAL
Noel MACHÍN BARROSO
Fernando LÓPEZ-MANZANARES FERNÁNDEZ
1 Introducción y objetivos
Uno de los retos en la gestión de cualquier territorio es conciliar la protección del medio ambiente con la necesidad humana de explotar la naturaleza para obtener alimentos. Los objetivos ambientales y agrícolas no siempre coinciden, aunque gran parte de las divergencias puede llegar a complementarse. La ordenación territorial de la isla trata de equilibrar ambos aspectos. Al mismo tiempo que se intenta evitar la degradación de recursos esenciales, tales como el agua, el suelo o la biodiversidad, es necesario facilitar el desarrollo de las actividades productivas, sin las cuales asumiríamos los riesgos derivados de no ser capaces de producir alimentos.
En este documento analizamos las repercusiones que la agricultura tiene sobre el medio ambiente, tanto positivas como negativas, tratando de relacionarlas con la ordenación territorial de la actividad. Posteriormente, abordamos un análisis subjetivo sobre la forma en que el planeamiento refleja las relaciones entre agricultura y medio ambiente.
2 Repercusiones ambientales de la actividad agraria
El objetivo de este apartado es examinar en detalle los aspectos en que la agricultura y el medio ambiente comparten intereses, y aquellos en que hay incompatibilidades entre los valores medioambientales del conjunto de la sociedad y los valores de quienes trabajan la tierra para ganarse la vida 1.
La contaminación atmosférica es uno de los principales problemas ambientales de la sociedad industrial, aunque se concentra fundamentalmente en las zonas urbanas. La contribución de la agricultura a este respecto es en general modesta, favorable en algunos aspectos y desfavorable en otros. Destacaremos tres tipos de impactos: La contaminación acústica, la emisión de partículas y la emisión de contaminantes químicos, fundamentalmente fitosanitarios. La emisión de gases de efecto invernadero (GEI) se tratará en el apartado específico sobre cambio climático.
Contaminación Acústica Se asocia fundamentalmente al empleo de maquinaria diversa, en general de pequeño tamaño como motocultores, motodesbrozadoras, motosierras o equipos de tratamientos fitosanitarios. Se emplean al aire libre y tienen dificultades para incorporar mejoras que reduzcan sus emisiones de ruido. No obstante, su uso no suele ser intensivo en las explotaciones, se concentra en épocas determinadas y sólo durante el día. Por ello su impacto es puntual, temporal y de reducida intensidad.
Emisión de partículas y polvo Se derivan principalmente de labores de suelo. Su impacto puede ser localmente importante en días ventosos, aunque es costumbre evitar estos trabajos en tales condiciones, dadas las dificultades para el propio agricultor. La aplicación de fitosanitarios en espolvoreo también es
susceptible de provocar contaminación por partículas, aunque no es habitual porque, por lo general, los tratamientos se dan en forma de pulverizaciones con agua. Prácticamente el único producto que se aplica en espolvoreo es el azufre, importante en zonas de viña.
Foto 1. El azufre en viña es prácticamente el único caso de producto fitosanitario en forma de polvo. Las partículas que se consideran más peligrosas desde el punto de vista de la salud son aquellas con diámetros comprendidos entre 0,1-2,5 micras. Las partículas con diámetros superiores a las 10 micras suelen permanecer en el aire periodos de tiempo relativamente cortos. Las partículas de polvos insecticidas suelen tener un diámetro de entre 0,05-10 micras, con lo que pueden resultar peligrosas desde este punto de vista.
Un caso particular de emisión conjunta de partículas y gases es la quema de rastrojos y restos de cosechas. En el caso de la quema de restos de poda o de cosecha, responde a la necesidad de eliminar inóculos de plagas o enfermedades presentes en dichos restos. Su incorporación directa al suelo es ambientalmente desaconsejable, por dificultar el mantenimiento de un nivel fitosanitario adecuado. La forma de reducir estas quemas pasa por cambios en el modo de gestión de los residuos, aspecto que se tratará en el apartado referente a residuos. Si las quemas se deben a la eliminación de residuos como plásticos o envases, se trata de actividades ilícitas que es necesario perseguir y erradicar. Las quemas de rastrojos o para regeneración de pastizales son prácticas tradicionales con escaso impacto. Es fundamental que siempre se hagan de forma controlada, para evitar el riesgo de incendio.
Contaminación por fitosanitarios Los aspectos referentes a fitosanitarios se desarrollan con más detalles en los apartados de impactos sobre aguas, suelos y salud pública. En cuanto a la contaminación atmosférica, suele ser un impacto temporal y de ámbito local. Está afectado, al igual que en el caso de las partículas, por la deriva que pueda provocar el viento. No obstante, las gotas de agua de las pulverizaciones suelen tener un diámetro de 100-1000 micras, por lo que su tiempo de permanencia en la atmósfera es relativamente corto. Hay que tener en cuenta también la dispersión de los
Por tanto, el consumo de energía que está detrás de cada labor agrícola y de cada factor de producción, es un aspecto a examinar con atención. Optimizar este consumo se revela un criterio útil para priorizar medidas de política agrícola: rotaciones y asociaciones con leguminosas, redes de riego colectivas a presión, estanques elevados, empleo de compost, aguas regeneradas, energías renovables, etc, son aspectos que pueden mejorar el balance energético de la actividad, susceptibles de fomentarse mediante contratos territoriales.
La importancia de estos aspectos queda patente al analizar el efecto de los circuitos de proximidad. Suele asociarse la producción local con una mayor eficiencia energética, como consecuencia de la disminución de las necesidades de importación de alimentos de territorios alejados. Sin embargo, la cercanía de insumos y de puntos de venta no garantiza un menor consumo energético.
Según un informe de la OMS, la relación entre la producción local de alimentos y la reducción de kilómetros por alimento dista de estar clara. Todo depende de la cantidad de alimento producida y de la energía usada como insumo. Si el contenido energético es grande y la cantidad pequeña, el impacto comparativo del transporte es muy pequeño. 3
Para que la cultura de la proximidad aporte todos sus beneficios, es necesario que se base en la eficiencia energética del proceso productivo. Los puestos de venta directa, por ejemplo, deben tener una localización optimizada respecto de los potenciales clientes, y una variedad de productos que “rentabilice” su movilización en coches particulares.
La Estrategia Canaria de Lucha contra el Cambio Climático (ACDSCC, 2007) propone medidas generales relacionadas con el sector agrícola para reducir la emisión de GEI, como la promoción de la agricultura ecológica o de los circuitos cortos de comercialización. Estas medidas pueden resultar positivas si se cuida su implantación y se prima la eficiencia. Una agricultura ecológica sostenida con insumos externos (abonos y semillas certificados del continente europeo, aceite de neem de Sudáfrica o India,…), o circuitos cortos de comercialización basados en sistemas de distribución de los productos poco eficientes en el consumo de energía, pueden resultar contraproducentes en su objetivo de reducir las emisiones de GEI totales. Los puntos de venta alejados de los núcleos de población pueden diluir las ventajas ambientales de la producción ecológica.
Por el lado de las aportaciones positivas, destaca la posibilidad de que los suelos agrícolas acumulen materia orgánica, actuando como sumideros de carbono. En general hay margen para aumentar el contenido de materia orgánica actual de los suelos agrícolas, pero se debe tener presente que esta capacidad tiene un límite. Además, una vez alcanzado el contenido óptimo, es necesario mantenerlo para que no se reviertan sus ventajas, lo que exige un adecuado manejo por parte del agricultor. A cambio, los beneficios no se limitan a la fijación de carbono. Mejora la estructura del suelo agrícola, aumenta la capacidad de retención de agua y nutrientes, aumenta la eficacia en el aprovechamiento de los abonos y permite reducir tratamientos fitosanitarios, algunos de ellos importantes en Tenerife. A la inversa, en suelos manejados intensivamente y sin los aportes adecuados de materia orgánica, se pueden producir los efectos contrarios. Las adecuadas prácticas agrarias tienen un papel destacado en este aspecto. Como ejemplo, según estudios del
CSIC en platanera, el contenido de materia orgánica del suelo se asocia a la antigüedad de la explotación^4 , por lo que se puede afirmar que las prácticas tradicionales de estercolado y enterrado de restos vegetales realizadas en este cultivo resultan positivas en este sentido.
Las repercusiones del contenido de materia orgánica en el suelo agrícola hacen que sea un parámetro de gran interés para su toma en consideración en posibles contratos territoriales. No en vano, las Directrices Estratégicas Comunitarias establecen que son actuaciones básicas la preservación del efecto de sumidero de carbono y la materia orgánica en la composición de los suelos. (DEC 3.2. iii)
El inventario de emisiones de GEI elaborado a nivel autonómico estima una serie de emisiones para el sector agrícola, basadas fundamentalmente en quemas de restos de cosecha y en manejo de residuos ganaderos, no existiendo datos sobre los gastos sectoriales en energía o transportes, dado que estos epígrafes se estiman de forma global para todos los sectores económicos (ACDSCC, 2005). Dejando de lado la mayor o menor corrección de estas estimaciones, sobre todo las de quemas de residuos de cultivos, lo cierto es que, como ya comentamos, la quema de residuos de cosechas o podas son prácticas excepcionales, relacionadas normalmente con problemas fitosanitarios que impiden la simple incorporación de los mismos al propio suelo. La quema de pastizales o rastrojos se puede considerar una práctica poco relevante desde el punto de vista de emisión de GEI.
A pesar de la existencia de este tipo de inventarios y estimaciones, no existe información contrastada de los consumos energéticos y de las emisiones asociadas a los distintos cultivos y sus diversas prácticas agrícolas locales, ni siquiera de carácter indicativo. Es necesario trabajar en esta línea de investigación, como primer paso para acometer medidas que reduzcan las emisiones de GEI del sector agrícola. La realización de Auditorías Energéticas, o abordar el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) de los productos agrícolas, podrían ser un punto de partida para suplir esta falta de información básica. Dentro de este ámbito se puede destacar como ejemplo el proyecto AgriClimateChange, cuyo objetivo es desarrollar una herramienta informática que permita calcular las emisiones asociadas a las actividades agrícolas, y que tiene como colaboradores a entidades del sector agrícola de Canarias. Desde Asprocan también están trabajando en un proyecto de investigación denominado “Gestión sostenible del sistema de producción del Plátano de Canarias” para potenciar la sostenibilidad del cultivo de la platanera mediante la reducción del consumo de energía y la mejora de la gestión de los residuos.
Una opción para la reducción de emisiones agrícolas derivadas del consumo de combustibles fósiles es sustituirlas por la generación de energía en las explotaciones a partir de fuentes renovables (eólica, solar térmica y fotovoltaica o biomasa). La implantación de este tipo de energías se ve favorecido en muchos casos por el carácter de aisladas que tienen las explotaciones agrícolas, lo cual favorece la introducción de este tipo de iniciativas frente al coste de realizar acometidas a la red eléctrica. Si la energía generada se vierte a la red, supone una actividad complementaria de implicaciones territoriales más complejas, ya que puede entrar en competencia con la actividad principal.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que el cambio climático puede tener efectos sobre la agricultura, con posible incidencia de fenómenos meteorológicos adversos como sequías o
No obstante, es necesario apuntar que existe un gran dificultad para determinar con exactitud los consumos agrícolas; la antigüedad de muchas instalaciones de transporte y distribución, la variedad de fuentes de agua que pueden tener las explotaciones agrícolas, la complejidad de su gestión y la escasa implantación de equipos de medida fiables, hace que en la mayoría de los casos se trate de estimaciones. Sería necesario incidir en un aumento del control del agua consumida, mediante equipos de medida en finca, para disponer de una información de partida más fiable.
La eficiencia de uso del agua de regadío es un concepto complejo que se relaciona, entre otros factores, con las necesidades hídricas de los cultivos, los sistemas de riego utilizados, la formación e información del regante o la calidad del agua empleada:
Los datos de diversos estudios de regadíos elaborados en la isla de Tenerife en los últimos 40 años^6 permiten constatar una mejora en la eficiencia de uso del agua de riego, al pasar de sistemas de riego por superficie a sistemas de riego a presión, y particularmente a sistemas de riego localizado,
Foto 3. El caso concreto del plátano supone aproximadamente el 50% del consumo hídrico agrícola a escala insular, o lo que es lo mismo, aproximadamente la cuarta parte del consumo total de agua, por lo que representa un punto destacado. Según los datos del Estudio de Regadíos7, la eficiencia de riego en platanera se encontraría en aproximadamente el 75%. Las posibilidades técnicas, generalizando el empleo de sistemas de riego localizado, permitirían teóricamente llegar al 90%, aunque sería necesaria una importante inversión.
reduciéndose paralelamente los consumos hídricos por unidad de superficie para los distintos cultivos. Estas mejoras en eficiencia son especialmente destacadas en los cultivos más consumidores de agua, como el plátano o el tomate.
A nivel regional e insular existen redes de estaciones agroclimáticas cuyos datos se emplean para mantener sistemas de asesoramiento en riegos para diferentes cultivos durante todo el año, servicio al que pueden acceder gratuitamente los agricultores mediante Internet, prensa o sms (Agrocabildo, ICIA). Potenciar la difusión de estos servicios permitirá mejoras adicionales de la eficiencia, reduciendo los consumos.
El siguiente paso en esta línea podría ser desarrollar acciones de I+D+i en el uso de tecnologías de control de riego en función de datos climáticos y de humedad de suelo a nivel de explotación. Trabajos desarrollados en el ICIA apuntan posibilidades en este sentido, con reducciones en el consumo de al menos un 25% frente a un manejo tradicional sin mermas en la productividad en platanera^8.
La protección mediante invernaderos tiene un efecto positivo sobre el consumo de agua, al reducir las necesidades de riego de los cultivos por limitar el efecto secante de los vientos, y al aumentar la humedad relativa en su interior disminuye además la evapotranspiración de los cultivos.
El uso del agua, por otro lado, tiene repercusión sobre el consumo de energía en los riegos a presión, fundamentalmente si hay necesidades de bombeo, y secundariamente para el control de los sistemas. Estos consumos energéticos, derivados en ocasiones de acciones dirigidas a mejorar la eficiencia, se pueden ver reducidos con el uso de redes de riego a presión comunitarias, con depósitos en cabecera, limitándose las necesidades de impulsión.
El empleo de otras fuentes de agua diferentes a las convencionales, como las aguas desaladas y las regeneradas conlleva ventajas e inconvenientes. Por un lado, supone un mayor consumo energético. Pero al mismo tiempo permite reducir la presión sobre el recurso natural.
Por otra parte, el empleo de aguas regeneradas en el riego permite disminuir los aportes de fertilizantes, dado que suelen tener contenidos importantes de fósforo o nitrógeno, entre otros. Sin embargo, es necesario tener precauciones en su empleo, y respetar la normativa que define los usos a los que pueden dedicarse en función de sus características. Un problema concreto de las aguas depuradas en Tenerife es su alto contenido en sales, lo que obliga a emplear sistemas de filtrado y desalación actualmente en funcionamiento, pero que requiere una buena gestión y tiene costes de implantación y mantenimiento relevantes.
Contaminación por fertilizantes
Un exceso de fertilización, un exceso de riego o la abundancia de precipitaciones concentradas en periodos cortos favorecen el lavado de los fertilizantes y su lixiviación, pudiendo contaminar los acuíferos subyacentes a las áreas agrícolas.
Los iones de tipo catiónico quedan retenidos en el suelo, siendo los de tipo aniónico los más fácilmente lavables. Destaca el nitrógeno en forma de nitratos como el mayor contaminante de las aguas subterráneas. Su origen puede ser tanto las actividades agrícolas como la contaminación por aguas residuales.
Debido a las características geológicas de las Islas Canarias (su juventud y elevada pendiente media entre otras) y al clima árido dominante, los suelos de buenas características agronómicas son escasos. Se concentran en determinados ámbitos geográficos, fundamentalmente de las medianías, donde la humedad y el desarrollo de la vegetación ha permitido la formación de suelos de gran potencia y buena calidad en términos de textura, estructura, capacidad de retención de agua, capacidad de intercambio catiónico, etc.
Los desniveles que presenta Tenerife dan lugar a fuertes pendientes que han hecho necesaria la construcción de bancales, generalmente con muros de piedra del lugar, para permitir el cultivo en terrazas y frenar la erosión de los escasos suelos existentes. El resultado es que son pocos los enclaves donde no es necesario el abancalado, como Los Rodeos, La Vega Lagunera o Trevejos.
Por otra parte, la escasez de suelos adecuados, sobre todo en las franjas costeras de clima apropiado para cultivos intensivos, ha propiciado su importación de enclaves con suelos naturales de gran potencia, como Erjos, en el Tanque, para la construcción de huertas de cultivo artificiales en abancalados denominados “sorribas”. Estas sorribas han supuesto un incremento del suelo agrícola disponible, a costa de provocar un impacto negativo en el entorno donde se produce la extracción. No obstante, como caso anecdótico, la extracción incontrolada de tierras en Erjos hasta horizontes arcillosos más impermeables, ha provocado la formación de charcas que se han convertido en un hábitat para las aves único en la isla. Sin embargo, esto no es óbice para que en otros ámbitos de posible extracción de tierras para cultivo se tomen medidas adecuadas de ordenación de la actividad y restauración del medio una vez finalizada la misma.
Uno de los problemas ambientales más importantes actualmente es la desertificación, provocada por un deficiente manejo de la cubierta vegetal y los suelos, agravado por la aridez y los efectos del Cambio Climático, que aceleran los procesos de erosión y degradación de los suelos.
En el caso de Tenerife, precisamente el abancalado del terreno permite luchar contra la erosión fundamentalmente hídrica, debida a las fuertes pendientes y las lluvias a menudo torrenciales. Sin embargo, los abancalados necesitan de mantenimiento, y el abandono de la actividad agrícola provoca su degradación, por lo que dejan de ser efectivos en su función de retener el suelo.
La actividad agrícola puede provocar la contaminación de los suelos que ocupa. El empleo excesivo de pesticidas y fertilizantes o el uso de aguas de riego de mala calidad puede ser el origen de estas contaminaciones.
Como ejemplo, en una campaña de muestreos de suelos y aguas realizada en Vilaflor por el Servicio de Extensión Agraria del Cabildo de Tenerife, sus resultados pusieron de relieve “ una fuerte carga de fertilizantes químicos y productos fitosanitarios, propios de la práctica de una agricultura convencional ” (Cabildo de Tenerife, 2009). La realización de este tipo de estudios y el diseño de medidas para reconducir las situaciones similares que se detecten son fundamentales para avanzar en una gestión más racional de lo recursos.
La condicionalidad de las ayudas de la PAC para los agricultores de la Unión Europea ya exige el respeto a una serie de buenas prácticas y compromisos ambientales, entre los cuales se incluyen medidas para una adecuada gestión de los suelos. En esta línea se deben promover buenas prácticas de manejo de suelo mediante formación.
La relativa abundancia de tierras de préstamo, bien por su extracción de lugares habilitados para ello, o por reciclaje de las tierras extraídas de sorribas que se iban a dedicar a la urbanización, favoreció la aparición de malas prácticas en explotaciones muy intensivas que preferían aplicar una nueva capa de suelo sobre uno degradado por un mal uso antes que asumir los costes de realizar un buen manejo. Estas prácticas aparentemente se han reducido, dado que actualmente no hay tanta abundancia del recurso. No obstante, no existe información fehaciente de la magnitud del impacto de este tipo de prácticas, que atentan contra cualquier lógica de gestión de un recurso no renovable y escaso como es el suelo, y que deberían ser controladas.
Los sistemas de hidroponía reducen la presión sobre el recurso suelo, al hacer innecesario su manejo intensivo, e incluso pudiendo realizarse cultivos en terrenos sin suelo natural y sin necesidad de hacer “sorribas”. No obstante, se puede producir contaminación del suelo e incluso de las aguas subterráneas si no se gestionan correctamente los drenajes.
En algunas zonas de Tenerife está presente una técnica particularmente interesante de disponer de un sustrato en lugares donde la edafogénesis se ha visto ralentizada por la aridez. Consiste en el acolchado de la superficie de las huertas con jable, material volcánico de tipo pumítico, inerte y
Estrategia de Biodiversidad, luego integrada en una Estrategia de Desarrollo Sostenible, que implica acciones en diferentes ámbitos, como la protección de hábitats y especies, y, como no, la actividad agrícola.
La cercanía y a veces coincidencia entre hábitats de interés natural y espacios agrarios requiere de una gestión adecuada para compatibilizar conservación y aprovechamiento económico. Las sucesivas reformas de la Política Agraria Comunitaria (PAC) han introducido mecanismos como las medidas agroambientales, que buscan una mejor integración de estas actividades. Otra vertiente es el apoyo a la conservación y gestión de la biodiversidad agrícola. Otras medidas más generales, como el desacoplamiento de las ayudas y la condicionalidad también tienen efectos positivos sobre la biodiversidad.
En el ámbito nacional, la Ley 45/2007 para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural incluye la herramienta de los Contratos Territoriales, donde se establece un contrato como medida de apoyo de la administración a los agricultores que realicen actividades de interés territorial, entre las que podrían incluirse acciones a favor de la biodiversidad, distintas de las medidas agroambientales ya contempladas en la PAC.
Otra herramienta útil para integrar actividad agrícola con Biodiversidad es la conocida como “Custodia del Territorio”, (integrada en la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad) que se puede definir como “un conjunto de estrategias e instrumentos que pretenden implicar a los propietarios y usuarios del territorio en la conservación y el buen uso de los valores y los recursos naturales, culturales y paisajísticos. Para conseguirlo, promueve acuerdos y mecanismos de colaboración continua entre propietarios, entidades de custodia y otros agentes públicos y privados”. Existen precedentes a nivel nacional, y recientemente se ha creado la primera entidad de custodia del territorio a nivel insular (Mundo Rural de Tenerife, nº11).
Existe controversia sobre las afecciones que el empleo en agricultura de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) puede provocar sobre el medio ambiente, y especialmente sobre la biodiversidad. En este aspecto, Canarias ha sido declarada como zona libre de cultivos transgénicos por el Gobierno de Canarias desde el 2008.
Por otra parte, existe también riesgo de erosión genética por hibridaciones entre especies autóctonas con especies introducidas para su uso agrícola. Ejemplos como la hibridación de palmera canaria con palmera datilera, o del acebuche con el olivo son muestra de ello. No hay datos precisos del nivel posible de afección sobre especies autóctonas por este problema, que debería ser estudiado en profundidad.
En el caso concreto de Canarias, y en Tenerife en particular, vamos a poner énfasis en los efectos de la agricultura sobre la biodiversidad en tres ámbitos concretos: los incendios forestales, las especies exóticas invasoras y los fitosanitarios.
Incendios forestales
El empleo del fuego para la limpieza de terrenos antes de la siembra, o para la eliminación de residuos de cosecha puede estar en el origen de algunos de estos sucesos. Sin embargo, la
administración realiza un control sobre estas actividades, que requieren autorización e incluso la presencia de efectivos de los operativos contra incendios, y la colaboración es la nota dominante entre los agricultores, aunque siempre es necesario incidir en concienciación y mantener la vigilancia sobre estas actividades, buscando a la vez potenciar los medios alternativos para reducir su uso al mínimo imprescindible.
Por otro lado, la realización de labores agrícolas de limpieza y cultivo tiene un efecto positivo a este respecto, sobre todo en zonas colindantes o dentro de espacios naturales, al constituir los suelos cultivados barreras al desarrollo de incendios forestales. Al mismo tiempo, el abandono de terrenos agrícolas conlleva el desarrollo de especies silvestres oportunistas, generalmente de tipo pirófito, que favorecen la propagación de incendios y dificultan las labores de extinción. Por tanto, el mantenimiento de la actividad agrícola en entornos cercanos a espacios forestales tiene un efecto global positivo en cuanto que reducen las posibilidades de aparición y expansión de incendios forestales.
Especies Exóticas Invasoras
Se conoce como Especie Exótica Invasora (EEI) “la que se introduce o establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural y que es un agente de cambio y amenaza para la diversidad biológica nativa, ya sea por su comportamiento invasor, o por el riesgo de contaminación genética.” (Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad).
Las EEI son especialmente peligrosas en ecosistemas insulares como los de Canarias, ya que su carácter de aislados y la relativa poca competencia que pueda existir en determinados nichos ecológicos les da más oportunidades de adaptación.
La actividad agrícola puede ser punto de origen de invasiones biológicas, al introducir para su cultivo, o para usos relacionados con la agricultura, determinadas plantas con potencial invasor. La tunera o la caña común serían ejemplos de este tipo de especies agrícolas que han devenido en invasoras.
Por otro lado, la actividad agrícola puede convertirse en una barrera para la expansión de EEI, sobre todo vegetales, al realizar labores de limpieza de los terrenos, linderos, caminos, etc. Asimismo, en la vertiente opuesta, los suelos agrícolas abandonados resultan un lugar ideal para la expansión de estas especies, generalmente de carácter oportunista y adaptadas a ambientes antropizados.
Por tanto, al igual que en el caso de los incendios forestales, la agricultura puede tener un impacto global positivo en el control de las EEI, siendo necesario mantener el control sobre las especies que se pretenda introducir, para evitar aquellas que presenten riesgo de invasión.
Productos Fitosanitarios:
Desde que Rachel Carson publicara “La primavera silenciosa” en 1962, se ha estudiado y discutido mucho acerca del efecto de los productos fitosanitarios sobre el medio ambiente, y
La población tiene derecho a acceder a una cantidad y variedad de alimentos de calidad, a la vez que seguros e inocuos para su salud. Esto es lo que se conoce como “Seguridad Alimentaria”.
Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana. (Cumbre Mundial sobre la Alimentación, 1996)
Determinadas crisis alimentarias, como la enfermedad de las vacas locas, la contaminación por dioxinas en carne de pollo, o la contaminación por coliformes en verduras, ponen de manifiesto la necesidad de mantener una vigilancia y control sobre la calidad e inocuidad de los alimentos que consumimos. En la UE existe una política comunitaria de seguridad alimentaria que persigue garantizar dentro de lo posible que los alimentos que se consumen sean de calidad y no afecten a la salud de los consumidores.
Una de las principales fuentes de contaminación de los alimentos en la actividad agrícola es el empleo de productos fitosanitarios, cuyos residuos quedan en los alimentos. La legislación establece los productos que se pueden aplicar y sus condiciones de uso, que velan por que los residuos que queden en el alimento no resulten perjudiciales para la salud del consumidor. Al mismo tiempo, estas condiciones de uso garantizan también la seguridad de los operarios encargados de su aplicación.
Actualmente es necesario tener una formación específica que autoriza al empleo de productos fitosanitarios, que en nuestro caso se concreta en los carnés de manipulador de fitosanitarios. El nivel de implantación de esta formación en los agricultores es cada vez más amplio, aunque es más intenso en los cultivos más profesionalizados.
Existen numerosos estudios sobre la presencia de residuos de fitosanitarios y sus metabolitos en el ser humano, incluso a nivel local14,15^. También sobre los efectos que pueden causar por sus propiedades cancerígenas, mutagénicas, o su actividad como disruptores endocrinos, aunque en este caso no a nivel local. No obstante, se trata generalmente de productos muy persistentes en el medio y acumulativos, con lo cual no se puede identificar su origen, máxime en una sociedad como la nuestra, que importa la mayor parte de sus alimentos. Además, dependiendo del producto, resulta complejo estimar cuánto tiempo permanecen en el medio. Esto impide reconocer los avances que se hayan podido hacer en cuanto a la reducción en su uso, dado que es difícil precisar cuánto tardan en reconocerse dichos efectos.
Este es un ejemplo de la dificultad para establecer relación entre las prácticas agrícolas locales y la presencia de fitosanitarios en sangre. El propio texto deja patente las dudas del autor sobre el verdadero origen de la contaminación, dado que ésta se produce en mayor medida en poblaciones urbanas, y el origen de los alimentos mayoritariamente no es local: “[…] Ha de mencionarse que los sujetos procedentes de áreas urbanas presentaron niveles mas altos del DDT técnico sin metabolizar (p,p´-DDT), de la carga total de DDT y de dieldrin (tablas 4 y 5). Este dato a su vez conlleva que, respecto al cociente DDT/DDE, el conjunto de la población canaria urbana muestre valores más altos de este cociente que la no urbana (tabla 4). Es posible que los alimentos como vehículo de residuos de COPs, puedan estar influyendo en estos resultados. En este sentido se han de tener en cuenta los resultados de ENCA indicando que los habitantes de áreas urbanas de Canarias presentan una elevada ingesta de productos de origen animal y productos lácteos. En muchos casos, estos alimentos son importados de zonas en las que aun esta permitido el uso del DDT y otros pesticidas organoclorados.” Dominguez-Boada, Luis, et al. (2011) Convenio de Estocolmo: monitorización de los niveles de contaminantes orgánicos persistente en la población de las Islas Canarias. Revista Biocancer, nº5.
La aplicación de la legislación europea, mencionada en al apartado anterior, reduce cada vez más la cantidad de materias activas disponibles y los niveles de residuos admisibles, con lo que se hace necesario por parte del sector agrícola el empleo de sistemas de control integrado y biológico cada vez más sofisticados para reducir la necesidad de empleo de fitosanitarios, seleccionando preferentemente los menos tóxicos. Se están haciendo importantes avances en este sentido, con la implantación de sistemas de control integrado y biológico, incluso certificados mediante normas específicas, ya sea por entidades públicas o privadas.
En el ámbito autonómico, las certificaciones del ámbito público están actualmente gestionadas por el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA), existiendo normas específicas para plátano, tomate, papa y viña. Además, el sector de plantas ornamentales está trabajando conjuntamente con este organismo para poner a punto una normativa de control integrado propia para este subsector, necesaria desde su punto de vista como medio de reconocimiento y diferenciación de su buen hacer frente a posibles competidores.
La implantación de sistemas de etiquetado, trazabilidad y de control de la seguridad alimentaria mediante Análisis de Peligros y Puntos de control Críticos (APPCC) en agroindustrias es general, destacando los cultivos más profesionalizados por su nivel de desarrollo de dichos sistemas, aunque es necesario seguir trabajando por su total aplicación en cultivos menos relevantes, sobre todo de mercado interior.
La presencia de residuos de plaguicidas sobre los alimentos se controla a nivel europeo mediante un programa de control de residuos gestionado por los estados miembros en coordinación con la autoridad europea. En España este programa se desarrolla a través de las Comunidades Autónomas. De los datos publicados a nivel nacional (Programa Nacional de Vigilancia de Residuos de Productos Fitosanitarios en Alimentos, 2010), se desprende que de las 1.817 muestras tomadas en frutas y hortalizas, el 42,5% no presentaba residuos detectables, el 53% presentaba niveles de residuos por debajo del nivel admisible, y sólo el 4,5% presentaron residuos superiores a los